Nota de autora para el lector de cualquier fanfiction mío:
¿Qué decir? Han pasado años desde la última actualización de algún fic largo. Mis disculpas por ello.
Mi principal problema en , es que está dejando mucho que desear, tanto en formato de página como en fanfics. En formato, la forma de dar reply a los reviews es horrenda. Antes no se podía darle reply varias veces a un review, lo cual me hacia el contestarlos más fácil. Ahora si se puede, como si uno llevara la cuenta de a quien le contesto y a quién no.
está en decadencia desde hace años, pero ahora es peor que nunca. La única razón por la que no huyo sin mirar atrás es por algunos lectores que siguen mis historias por aquí, y poquísimos autores que todavía me interesan (curioso, tampoco actualizan xD).
Prefiero Amor Yaoi, que me deja ver a quien le he contestado y a quien me falta. Porque joder, si me dejas comentario, lo mínimo que puedo hacer es contestarte para agradecer.
Fuera de fanfiction y yéndome a lo personal, me prometí no publicar nada que no tuviese completo o al menos bien adelantado o finalizado. En material, tengo fics con más de treinta paginas hechas, pero no lo subo porque no quiero que pase lo mismo que Cuerpos En Venta o Pirate Blood..
De paso, si han pasado por la lista de cosas hechas por mí, quizás hayan notado que un viejo fic que tenia, viaje, ha desaparecido. Y nunca volverá. Demasiado mal escrito.
Otra cosa es que estoy pasando por un momento en que lo que mas se me antoja escribir, es te terror, crimen, misterios, etc. Y eso si que se toma tiempo para hacerse bien (y eso que ni llego a bien).
Los que quieren mantenerse a la par conmigo, están invitados a pasarse por mi livejournal (ver profile) (de hecho, en livejournal habemos muchos fans de pot), porque generalmente posteo los fics primero ahí y luego, cuando la pereza me deja, aquí.
Ahora me callo y les dejo leer el segundo capítulo que no deberá existir, pero eratoriae es una bruja. Plus, se supone que hay una continuación para finalizar. Crap.
Capítulo II
Tres semanas, casi un mes. Habían pasado semejante cantidad de tiempo, y Ryoma seguía sin recibir siquiera una llamada Keigo. No es que la quisiese desesperadamente, pero se suponía que luego de… conocerlo a fondo en aquella ridícula fiesta acuática, Atobe lo estaría acosando sin descanso. Burlándose de él por la forma en que cayó e invitándolo a dejarse atrapar nuevamente por sus palabras y caricias.
¿Qué demonios podía estar haciendo Atobe para no ufanarse en su cara de cómo se lo cogió de la forma en que quiso?
Ryoma había llegado a la conclusión de que había algo peor que oír a Keigo regodearse de su hazaña: No oírlo. Maldita sea, ¿Le era tan difícil llamar y decirle: "Me masturbo con tu bañador para recordar cómo te rendiste en mis brazos aquella vez", para que así él, Ryoma Echizen, pudiese colgarle el teléfono? No era nada del otro mundo, a menos… a menos que para Atobe, él haya sido nada más que otro par de piernas abiertas.
—Por favor, espere aquí —le dijo una de las tantas sirvientas de la mansión de los Atobe.
—"Estúpido" —dijo para sus adentros. Y lo decía tanto por Atobe cómo por él. ¿A que había ido? ¿A pedirle que le devolviera su bañador? Si, era era una excusa. Patética, pero excusa al fin. Mejor que decir "¿Por qué no me has llamado?" cual novia en pleno ataque de celos.
Le hubiese gustado tener tiempo para inventarse algo mejor que decir, pero la desagradablemente atractiva empleada domestica volvió bastante rápido, diciendo unas palabras que fueron cómo un balde de agua fría.
-El joven Atobe le recibirá en la alberca.
Una inmensa palabrota, seguida del nombre de pila de Atobe, resonó en la cabeza de Ryoma Echizen.
Ryoma debía admitirlo, era una linda alberca. Rodeada de césped y arboles, con mesas plásticas y sus respectivas sillas y sombrillas plegables. Y era enorme, seguro una representación física del ego del heredero de la fortuna familiar.
Hablando del Rey de los simios, este estaba acostado en una de esas sillas para tomar el sol, justo al otro lado de la piscina. Se veía bastante relajado, cómo si no se hubiese percatado de su presencia. Que cabrón.
Echizen, sin saber aún que decir, o más importante; si matarlo o no. Bordeó la alberca y pronto se encontró al lado de Atobe. Desde allí ya podía verlo mejor. Llevaba unas gafas oscuras de sol, y una cadenilla rodeaba su cuello. Casi se muere al notar que el Rey de los simios llevaba puesto el slip que le había robado en su último encuentro. Ryoma se asqueó de si mismo al sorprenderse pensando sobre la ¿esperanza? De que Atobe se lo hubiese puesto sin saber de su llegada.
—Oye —habló para llamar su atención. El muy desgraciado había seguido mirando hacia el frente, como si nada.
Le vio sonreír antes de sentarse y quitarse las gafas con un movimiento muy a su estilo. Sin siquiera borrar esa egocéntrica sonrisa de su rostro, finalmente se giro a verlo.
—¿Puedo ayudarte?
Echizen frunció el seño. Eso era todo, iba a matarlo. No sin antes hacerle tragar el slip –y no precisamente por la boca-. Qué bien que tenía esa cadena, podía estrangularlo con ella. Vería su cara estupefacta retorcerse por la falta de aire y luego lo lanzaría a la alberca.
Suspiro para sus adentros. Debía calmarse. Intercambiar un par de palabras más no lo matarían, matarían a Atobe si no cuidaba lo que decía.
—Han pasado tres semanas… —empezó el chico, esperando a que Atobe tuviese la decencia de no hacerle terminar la frase. Esperó en vano.
—¿Tres semanas, de qué hablas? —Atobe ni siquiera intentó disfrazar su risita con alguna expresión de duda. Vaya que disfrutaba del apuro de Ryoma. ¿Era un sonrojo lo que veía aparecer en el rostro del chico?
—Han pasado tres semanas desde que tuvimos relaciones en tu estúpido parque acuático —Echizen no estaba para juegos, y su tonó lo dejó notar.
—No, Ryoma. —habló Atobe—. Los casados tienen relaciones. Yo te hice el amor de una forma que sólo se puede clasificar cómo grandiosa. Han pasado tres semanas, y finalmente estás aquí. ¿Viniendo por más?
Aquella burla fue todo lo que necesitó Ryoma. Sin ningún reparo, le propinó una sonora bofetada al otro joven con el dorso de su mano. Le hubiese dado un puñetazo, pero quería que estuviese lo suficientemente equilibrado cómo para escuchar sus próximas palabras.
—Yo no soy tu juguete —dijo agriamente al mayor, quien estaba totalmente atónito. Esa sí que no se la esperaba.
Ryoma no pretendía darle tiempo a Atobe para reaccionar. Empezó a alejarse rápidamente, sintiéndose ofendido y humillado
Finaliza en el próximo capítulo.
