Muy Bien! Aquí estoy de nuevo con la continuación de este fic medio loco y obsesivo o_O No demoré nada.... de echo lo comenzé esta noche y ya termine :O Intenté hacer un cap donde todo transcurriera en una noche y lo logré xD aunque tampoco es muy detallado o.o

Disc: Axel y Roxas no me pertenecen, propiedad de tetsuya nomura y sus cosas locas de KH.

Lo único que me inspiró fue... la música del juego KH 358/2 days D: y la del inicio del KH2 que es muy bonita :)


Arrastrado por las Olas

El viento soplaba con fuerza y el oleaje aumentaba cada vez más, poniéndose más bravo de lo normal. Ambos jóvenes seguían, tranquilos, recostados cerca de la orilla costera. No temían al agua y confiaban de su destreza para escapar de alguna ola si es que algo así sucedía. Y mantenían sus ojos completamente cerrados, dejándose llevar por el sonido de las olas rompiéndose con fuerza. Se mantuvieron en silencio por unos pocos minutos que parecieron ser eternos para Axel. Pero no quiso romper con aquella escena luego de ver el rostro feliz y pleno de Roxas, quien gozaba del espectáculo y de aquella orquesta natural.

-Es muy hermoso… -dijo Axel con suavidad, rompiendo un poco el hielo. Luego suspiró y respiró profundamente, dejando salir el aire por su boca, formando una especie de O con sus labios.

-¿Cierto? –añadió Roxas con la misma suavidad. –no me aburro de mirar esto, aunque no pase nada.

Axel miró a Roxas y lo encontró radiante por aquella felicidad y tranquilidad que le entregaba su obsesión por el Universo. Mas no podía entender el por qué. Y se amargaba pensando que nunca sería lo que él esperaba. Sin embargo, intentaba mejorar con el paso de los días para compartir con el rubio, aunque también esperaba a que éste pudiese ponerse en su lugar para disfrutar de cosas que también el gustaran al pelirrojo. Pero eso nunca sucedería, ya que estaba completamente cegado por esos destellos, tanto de día como de noche.

Roxas se sentó repentinamente y agachó su cabeza. Axel no se movió de su lugar, sino que le vigiló con la mirada para ver lo que le sucedía.

-Sé que he sido bastante egoísta contigo, Axel. –dijo repentinamente el rubio, escondiendo su rostro del pelirrojo. –Y yo tampoco puedo entender esta obsesión. Simplemente la tengo y la siento muy cercana a mí. Tanto como te siento a ti…

-Pero sigue siendo eso más importante que yo, ¿cierto, Roxas? –interrumpió Axel con un nudo en la garganta. Estaba nervioso y asustado por lo que podría venir ahora. ¿Cómo reaccionaría el Rubio luego de enterarse de lo que Axel debía decirle? Añoraba mantener aquella amistad tan preciada por un tiempo largo, ojalá hasta la muerte. Pero tampoco podía mantenerse en pie por mucho tiempo con aquella sensación. Debía ser sincero consigo y con él. Pero, ¿cómo es posible que lo acepte después de tener reputación de galán con las chicas y de tener otras prioridades antes de salir con un chico?

-La verdad es que no lo sé, Axel… -añadió Roxas con timidez. –No estoy seguro de eso. Tampoco puedo mezclar a mis seres queridos con un anhelo.

-Tienes toda la razón. –el corazón de Axel se aceleraba cada vez que Roxas decía una sola palabra. –Pero, si tuvieses que elegir, Roxas, ¿Qué sería? –preguntó con indirecta curiosidad, esperando a que la respuesta fuese él.

-No puedo elegir.

-Si puedes. Algún día podría pasarte. –insistió Axel.

-¡Es muy difícil! –grito Roxas con todas sus fuerzas, tapando –en seguida- su rostro con ambas manos.

Axel se sentó y miró al rubio con preocupación. Luego se acercó a él y le abrazó. Notó un liguero sollozo proviniendo de Roxas, por lo que supuso que éste estaba ya bastante estresado y agobiado por la conversación que le hizo, finalmente, estallar en llantos.

Y así se mantuvieron hasta que Roxas se hubo calmado completamente en los brazos de Axel. Pero hacía tanto frío que Roxas no soltaba las manos del pelirrojo para que le diera un poco de calor corporal. Sin embargo, el otro no aguantaba más y temía dejarse llevar por sus instintos. Prefería decirle las cosas claramente con simples palabras a intentar explicárselo con acciones apresuradas. Así que se soltó como pudo y se mantuvo junto al rubio frotándole la espalda para quitarle la sensación de frío.

-Si lo deseas, podemos quedarnos un poco más. Te acompañaré hasta que quieras volver a casa. –ofreció Axel. Miraba al mar e intentaba encontrar el horizonte que divide el cielo del mar, pero no logró hacerlo por la oscuridad que había.

La única fuente de luz era la Luna llena y las estrellas que tintineaban de la Vía Láctea.

-¿Será posible posarse sobre Betelgeuse? –dijo Roxas olvidando su anterior estado anímico, siendo maravillado nuevamente por el brillo del cielo. – ¡Tengo que llegar a ese lugar! –añadió extendiendo su mano.

-¿Qué dices? –preguntó Axel despistadamente.

-Que iré hacia allá… -Roxas se levantó y miró fijamente hacia el horizonte. – Si logro llegar hacia el final, de nadar en el mar podré flotar en el espacio.

-¿Estás loco? Morirás por la falta de Oxígeno. –Axel miró a Roxas con extrañeza, completamente descolocado por lo que el otro decía con tanto convencimiento.

-Al menos podré flotar por siempre en el infinito…

Roxas comenzó a caminar hacia el mar, sacándose el polerón que llevaba encima y tirándolo sin preocupación. Poco a poco fue aumentando en velocidad y desnudándose más, hasta quedar solo en su ropa interior.

-¿¡Qué crees que estás haciendo!? –gritó Axel con impaciencia. Se levantó y se quedó mirando a Roxas, esperando a que volviese y se diera cuenta de su locura.

Pero el rubio no lo escuchó y siguió avanzando, ahora adentrándose en el mar, perdiendo el equilibrio por las olas que rompían junto a él, además de ser arrastrado por el vaivén del agua.

-Hasta acá llegaste. –dijo Axel entre dientes, enfurecido por lo que su amigo intentaba hacer. –No me das más opción que ir a buscarte…

El pelirrojo comenzó a quitarse toda su ropa en el mismo lugar en el que se encontraba, hasta quedar en ropa interior. Luego agarró velocidad y corrió hasta la orilla de la costa, adentrándose al mar con dificultad.

-¡Maldición! El agua está demasiado fría. –Axel dudó un instante en ir a buscar a Roxas, pero era su deber traerlo de vuelta, además de que no quería perderlo. No ahora. Así que luchó contra las olas del mar, siendo hundido reiteradas veces por la fuerza del gigante de agua. Pero salía a la superficie –con dificultad- y seguía nadando, buscando al rubio que se alejaba cada vez más.

Nadó hasta poder alcanzar a Roxas, tomándole desesperadamente del brazo derecho. Roxas sintió un tironeo y, completamente fuera de sí, hundió la cabeza de Axel con su mano libre, intentando ahogarlo para que le soltara de una vez. Pero Axel no lo dejó libre y logró salir nuevamente a la superficie para respirar.

-¿¡Qué me hiciste imbécil!? –le gritó Axel al rubio, pegándole una bofetada en el rostro, además de salpicarle un poco de agua en los ojos. Asustado por la anterior reacción de su amigo y perplejo por lo que intentó hacerle, se llevó a Roxas de vuelta a la orilla, arrastrándolo por la arena de mala gana.

Lograron salir después de un difícil oleaje. Caminaron por la arena con dificultad y cansancio, hasta caer los dos rendidos junto a la ropa de Axel. Los dos estaban temblando por el frío, pero no podían hacer más que recuperar el aire. Axel logró ponerse en pie y recoger sus cosas para vestirse. Sin embargo, Roxas dejó caer todo su cuerpo en la arena, rindiéndose después de haber sido detenido en su intento de llegar al infinito.

-¿Qué tenías en mente, pendejo tonto? –Regañó Axel a Roxas mientras se colocaba su ropa de nuevo (aunque siguiera mojado)

-¿Por qué me detuviste? ¡No tenías derecho a eso! –respondió Roxas con ademán de desafiar a Axel. Pero al verle el rostro, un rostro triste y preocupado, se tragó sus insultos y se levantó. Buscó sus ropas y se las colocó para volver a casa.

-¿Querías llegar a ese lugar, no? ¿Querías ir de todas formas, sin importar lo que pudiese suceder en el camino? –La voz de Axel era difusa. Tenía un nudo en la garganta que no le permitía hablar con claridad. Y, entre cada palabra que decía, un ligero sollozo se lograba escapar. -¿Prefieres eso antes que a mí?

-¡No, Axel! Eso no es cierto… - Roxas no podía mirarle a los ojos. La culpa y la vergüenza que sentía eran demasiado grandes como para dejarlas pasar.

Axel había perdido completamente la clama y ahora dejaba caer unas lágrimas de sus ojos verdes. – ¿Entonces porqué quisiste ahogarme? ¡Respóndeme Roxas! ¡Respóndeme con la verdad! –Respiraba con dificultad por la congestión que se producía en su nariz. De vez en cuando secaba sus lágrimas con sus manos e inhalaba con fuerza.

Roxas no pudo responderle. Pero tampoco podía explicarse a sí mismo esa extraña forma de actuar. Como si hubiese sido hipnotizado por algo o alguien. Y tampoco podía descifrar lo que sintió en aquel momento. Pero si de algo estaba seguro, era que, en ese instante, no fue su voluntad la que actuó. Pero cuando pudo formular una respuesta más o menos convincente, Axel ya estaba caminando de vuelta a su casa.

-¡Espera, Axel! –Roxas intentó llamarle para explicarle lo sucedido.

Axel le ignoró y continuó su camino. Sin embargo, el rubio insistió, por lo que tuvo que detenerse, al menos, para escuchar la última estupidez de la noche.

-¿Qué quieres ahora? –le dijo el pelirrojo desde la vereda. Se había volteado de mala gana con una cara de pocos amigos que cohibió al rubio en un primer momento. –Ya tuve suficiente contigo, ¿sabes?

-¡No fue mi intención! Lo prometo… -insistió Roxas, pero la mirada de Axel, aquellos ojos verdes lastimados, no dejaron le dejaron continuar con la explicación.

-¡Estoy cansado de tus ideas locas! –comenzó Axel a desahogarse. -¡Me rindo, Roxas! ¡Me rindo! –el pelirrojo extendió ambos brazos hacia los lados y continuó. –Ya no sé si pueda continuar soportando tu indiferencia hacia mí. No creo poder seguir escuchándote decir esas estupideces sobre el Universo. ¡Hasta intentaste matarme por lograr eso! ¿De verdad crees que llegarás nadando? ¡Ese horizonte se prolonga hasta el infinito!

-¡Axel escúchame!

-¡No! ¡Escúchame tú por una sola vez! –Axel, enfurecido, caminó de regreso hacia donde se encontraba Roxas. Sus pasos eran veloces y fuertes, el movimiento de sus brazos brusco y descontrolado. Cuando estuvo frente al rubio se agachó para estar a su altura y acercó su rostro al de éste, mirándole a los ojos con ira. –No vuelvas a dirigirme ni una sola mirada. ¿Me entendiste? No quiero saber nada de ti, de tus locuras y de tus intentos suicidas. –dijo entre dientes, muy lentamente. Luego comenzó a caminar, dándole la espalda a Roxas, de vuelta a su casa.

El rubio se mantuvo con los ojos abiertos, impresionado por aquellas palabras, mirando cómo Axel rompía un lazo que habían tejido juntos durante años. No tuvo la fuerza suficiente como para moverse. Sentía su rostro húmedo, pero no por el mar, sino por las lágrimas que dejaba caer incontrolables por sus ojos.

Roxas volvió a casa dando unos ligeros pasos por las calles de la ciudad. Entró por la ventana de su habitación que había dejado abierta y se recostó de inmediato en su cama. Olvidó completamente lo sucio que se encontraba, pero el cansancio y la melancolía le abrumaban. Así que miró hacia afuera por un instante y luego cerró su ventana. Ahora dirigió sus ojos a la Luna, pero tapó su ventana con las cortinas y se escondió entre las sábanas de la cama.

Aquella noche ninguno pudo conciliar el sueño.


Weeee, terminé con esto *-* Ahora debo ingeniármelas para continuar xD aunque tengo una idea que será igual media depre -_- yo y mis tragedias D:

Gracias a los reviews que dejaron o.o Y espero que este les haya gustado... hasta el momento, es lo ke mas esperaba *-* aunke debo decir que, originalmente, tenía otro curso e iba a terminar bien ._. pero así puedo alargar más esto :P