"Combate Fuego con Fuego"

8-Abril-2010

Esperó unos segundos y arrojó la granada. Los soldados distinguieron el sonido, pero estaba oscuro y no vieron dónde cayó la granada. Intentaron correr y entonces estalló, matando a 6 de ellos. Los tres restantes trataron de incorporarse, pero Carlos le dio en la cabeza a uno de ellos.

Soldado: -¡Ah, muere maldito!- sacó su rifle de asalto y comenzó a disparar hacia Carlos, quien se refugió detrás de un auto.

El otro soldado también comenzó a disparar con su rifle. La mayoría de los disparos los recibió el auto, pero uno rozó el brazo de Carlos.

Carlos: -¡Ah!- se asomó rápidamente y le disparó en la cabeza a otro soldado, pero a cambio recibió un disparo en el hombro izquierdo, que lo derribó -¡Aaaahh!-

El soldado restante se incorporó difícilmente y avanzó hacia el auto, llegó sigilosamente por el lado derecho, pero al darse la vuelta Carlos ya no estaba. Sintió de repente la punta de una pistola en la nuca.

Soldado: -¡Espera...!- sus sesos volaron por el aire, luego su cuerpo se desplomó.

Carlos recolectó lo útil de los cadáveres, después escucho pasos apresurados, y rugidos. Empezó a correr con el brazo lleno de sangre.

...

Victoria: -¡Ya casi entran!, ¡La puerta no resistirá mucho más!-

Juan: -¡Encontremos otra salida!-

Miguel: -¡Síganme!-

Corrieron hacia la parte trasera, para su suerte había una puerta que daba a un callejón. La abrieron y salieron, caminaron hacia la calle y se detuvieron un momento para observar. La calle estaba despejada.

Miguel: -¡Andando!-

Salieron a la calle y después de caminar un poco encontraron el cuerpo de un policía. Le quitaron la única arma que tenía. Miguel se quedó con ella.

Victoria: -¿Y ahora a donde vamos?-

Juan: -Necesito ir a mi casa-

Miguel: -Yo también quisiera ir a la mía, pero es muy peligroso-

Victoria: -Si no es mucha molestia quisiera ir a la mía también-

Miguel, quien estaba enamorado de Victoria, respondió inmediatamente.

Miguel: -Vayamos primero a tu casa, espero que tu familia se encuentre bien-

Juan: -De acuerdo, sugiero que vayamos por el metro, debe de estar más despejado ahí abajo-

Victoria: -Buena idea, por aquí cerca hay una entrada-

Avanzaron hasta la entrada al subterráneo y comenzaron a descender.

A Juan también le fascinaba Victoria, era una chica de 18 años bastante linda y muy popular en su escuela. En cuanto a Victoria, se sentía atraída hacia ambos. Habían formado, sin querer, un triángulo amoroso. La infección entró a sus vidas de la misma manera que entró en la de Carlos y Dayana.

---8 horas antes---

Victoria y Gabriela, una amiga suya, conversaban en el salón de clases de su facultad.

Victoria: -Qué bien, ya casi terminan las clases-

Gabriela: -Si, deberíamos ir a comprar al centro comercial-

Victoria: -No lo creo, de hecho tengo bastante tarea que hacer-

Gabriela: -Ni hablar-

Escucharon un choque. Todos los alumnos del grupo se asomaron por las ventanas del salón. Vieron dos autos en llamas.

Alumno: -¿Pero qué demo...?-

Una de las puertas de un auto cayó y de ella salió corriendo una persona en llamas, gritaba de una forma tan espeluznante que a todos les recorrió un escalofrío por la espalda.

Alumno: -¡Santo cielo!-

Gabriela: -¿A qué crees que se deba?-

Victoria: -Tal vez...-

Otro auto llegó y se estrelló, segundos después estalló arrojando una oleada de calor que alcanzó a todos los presentes.

Al salón entraron Miguel y Juan, llegaban de la dirección.

Juan: -Escuchamos una explosión, ¿qué sucede?-

Victoria: -Es horrible, tres autos de estrellaron en la calle-

Gabriela: -Si, salieron de la...-

Un autobús escolar impactó contra la fachada de la escuela. En su interior se escuchaban gritos.

Gabriela: -Esto no puede ser normal-

Del autobús empezaron a salir corriendo adolescentes, algunos llenos de sangre. Todos en el salón profirieron una exclamación. Los ensangrentados estaban atacando a los normales, los golpeaban violentamente y les escupían sangre.

Alumna: -¡Oh qué asco!-

Miguel: -Será mejor que salgamos de aquí-

Victoria: -¡Salgamos de aquí Gaby!-

Los cuatro tomaron sus cosas y salieron rápidamente del salón, detrás de ellos unos cuantos más los siguieron. Descendieron hasta el primer piso y cuando llegaron se detuvieron a observar. En el poco tiempo que habían descendido el número de infectados había crecido considerablemente.

Juan: -No perdamos más tiempo, ¡pasemos entre ellos rápido!-

Corrieron y se mezclaron en el caos, uno de los infectados le escupió sangre en la cara a Gabriela.

Gabriela: -¡Ohh noo!-

Juan pateó al infectado, derribándolo. Siguieron corriendo y de alguna manera lograron llegar hasta la salida. Luego se dirigieron hacia el otro lado de la calle.

Victoria: -Bien, ¿estás bien Gaby?- Gaby estaba agachada.

Gabriela: -Yo, no... aghh-

Juan: -¿Qué?-

Gabriela: -Aghh ¡Aghhh!-

Miguel: -Oh oh...-

Gabriela: -¡AGHHH! ¡AGHHHH!-

Gabriela levantó su rostro y dejó ver sus ojos, estaban enrojecidos totalmente. Tenía la boca abierta totalmente y dejó escurrir saliva como un perro rabioso.

Victoria: -¡No, Gaby noooooooo!- comenzó a llorar.

Miguel tomó su mochila y golpeó a Gabriela en la cabeza, quedó desorientada.

Miguel: -¡Corran!-

Victoria: -¡No, tenemos que ayudarla!-

Juan la tomó del brazo y empezaron a correr nuevamente. Gabriela los seguía de cerca. Llegaron hasta el final de la cuadra y cruzaron la calle. Un automóvil arrolló a Gabriela, lanzándola por los aires. El conductor se bajó rápidamente.

Conductor: -¡Oh por dios!- corrió hasta donde estaba Gabriela.

Gente que estaba cerca se reunió alrededor, pero Victoria, Miguel y Juan no se acercaron, siguieron corriendo sin rumbo.

Conductor: -¿Qué he hecho?-

De repente Gabriela se lanzó hacia el conductor y le mordió el cuello, arrancándole un pedazo de carne. Luego derribó a una señora y comenzó a morderla también. Todos los presentes salieron corriendo en todas direcciones. Momentos después el conductor, ahora infectado, se levantó y comenzó a perseguir a las personas. La señora derribada también se levantó y comenzó a hacer lo suyo.

En cuestión de minutos el número de infectados crecía tremendamente.

Victoria, Miguel y Juan siguieron corriendo sin rumbo. Llegaban a un lugar y tenían que huir inmediatamente. Trataron de ir a la comisaría pero vieron que el lugar estaba infestado. Policías matando policías, infectados a sanos y sanos a infectados. Las horas pasaron, y la noche los alcanzó.

...

9-Abril-2010

Aquiles, Miriam, Josué, Dalia y Cerbero seguían en busca de Carlos. En su camino se encontraron con un pelotón de soldados muertos, algunos por disparos, otros lucían chamuscados. Había bastante sangre seca por el piso.

Miriam: -¿Esto será obra de... Carlos?-

Josué: -Tal vez, quien lo sabe-

Dalia: -Hasta donde sabemos, pudo ser otro grupo de sobrevivientes-

Aquiles: - Tomemos lo que nos sirva y sigamos-

Miriam: -¡Miren, un pequeño camino de sangre!- dijo señalando el piso

Josué: -Puede ser de él, o podría ser de un infectado-

Miriam: -Es todo lo que tenemos-

Aquiles: -Andando-

Victoria, Miguel y Juan por fin llegaron a la salida del subterráneo, habían avanzado toda la noche, tuvieron mucha suerte de que no hubo infectados abajo. Por fin salieron, ya era de mañana.

Victoria: -Bien, mi casa está a 3 cuadras-

Miguel: -Vamos rápido-

Corrieron hasta la casa de Victoria, las calles estaban tan desiertas y silenciosas que provocaban miedo. Finalmente llegaron y Victoria preparó sus llaves. Abrió la puerta.

Victoria: -¡Papá, Mamá!, ¿Están aquí?-

No hubo respuesta.

Juan: -Tal vez estén arriba-

Subieron las escaleras, avanzaron hasta el cuarto de los padres de Victoria, se escuchaban ruidos adentro.

Victoria: -Lo sabía, ¡están aquí!- dijo llena de alegría

Abrió la puerta y su sonrisa se desvaneció inmediatamente: Su madre, ahora infectada, estaba devorando los restos de su padre.

Victoria profirió un grito, su madre se tornó hacia ellos y también profirió un grito, mejor dicho, un rugido.

Miguel inmediatamente jaló a Victoria, la sacó de la habitación y cerró la puerta, que no tardó en empezar a moverse por las embestidas.

Victoria: -¡Noooooooo!, ¡Mamá!, ¡Papá!-

Juan: -¡Están muertos!, ¡Salgamos de aquí!-

Victoria: -¡Nooooo!-

Juan y Miguel tomaron a Victoria como pudieron y salieron de la casa. Luego se dirigieron hacia el centro de la ciudad, sin saber muy bien lo que hacían.

...

Mientras tanto en la estación principal de policía de México.

David: -¡Todas las entradas están barricadas señor!-

Cristian: -Muy bien-

David: -Pero... perdimos a dos hombres señor... tuvimos que matarlos-

Cristian: -Ya veo-

Carla: -No puede ser señor, sólo quedamos 24 policías entonces, ¡¿24 policías en toda la maldita estación?!-

Cristian: -Calma cadete-

Carla: -¡Esto no puede estar sucediendo!, ¡Mierda!-

Cristian: -¡Contrólese cadete!-

Carla se quedó callada unos segundos.

Carla: -Lo siento, comandante-

Cristian: -Debemos de conservar los estribos si queremos sobrevivir-

David: -Bien, señor, ¿ahora qué hacemos?-

Cristian: -Reúnan a todos, nos vemos en la sala de juntas en 10 minutos-

Carla: -Entendido señor- se fue por un pasillo.

David: -Enseguida comandante- se dirigió por donde había venido.

Cristian se sentó y agachó la cabeza. Era un hombre de 54 años muy bien conservado, fuerte e inteligente. Había encabezado numerosas operaciones exitosamente a lo largo de su carrera. Pero en ésta ocasión no sabía qué hacer, y eso lo desesperaba. Se incorporó después de un rato y se dirigió hacia la sala de juntas, al llegar, todos estaban ahí. Eran 23 policías muy bien entrenados. Cristian pensó un poco y comenzó a hablar.

...

Carlos había corrido toda la noche, la sangre de su brazo eventualmente dejó de salir, pero la bala seguía dentro, lo cual era doloroso. Los infectados lo habían alcanzado horas atrás, pero se deshizo de ellos con granadas.

Sabía que si no sacaba la bala se le infectaría el brazo. No tenía alternativa. Sacó alcohol y se enjuagó la mano derecha con él. Dudó por un segundo, pero entonces se decidió y medio los dedos pulgar e índice en la herida. El dolor era tremendo. Logró alcanzar la bala, la sujetó y la jaló hacia afuera. El dolor fue mayor y lanzó un grito que asustó a los pájaros en los árboles. Arrojó la bala y se enjuagó la herida con el alcohol. Procedió a vendarse la zona. No podía mover muy bien el brazo, pero aún así estaba decidido a continuar. Buscó un lugar para descansar y tomó una siesta.

...

Victoria seguía llorando, estaban en el zócalo de la ciudad. Totalmente despejado.

Miguel: -Vicky-

Victoria no contestó.

Juan: -Dale un momento Miguel-

Miguel: -¿Crees que nuestros padres...?-

Juan: -No me gusta admitirlo, pero parece que sí-

Miguel: -¿Por qué ni siquiera nos llamaron al celular?-

Juan: -Tal vez no tuvieron oportunidad-

Siguieron ahí sentados un buen rato.

...

Cristian les expuso el plan a sus subordinados, escapar de ahí, era simple.

Carla: -¿Qué hay de las demás personas?-

Cristian: -Dudo mucho que haya sobrevivientes allá afuera-

Carla: -¿Y si los hay?-

Asael: -Debemos buscar a posibles sobrevivientes-

Cristian: -Está bien, todos prepárense, salimos en 2 horas-

Todos respondieron al unísono que sí, salieron de la sala en diferentes direcciones.

Cristian se dirigió hacia la planta baja, donde estaban los vehículos blindados, necesitarían al menos 3 de ellos. Se dispuso a revisar su estado. Al poco rato llegó David.

David: -¿Y bien comandante?-

Cristian: -Están en buen estado, ayúdame a subir armamento-

...

Mientras tanto, él seguía en su oficina, seguía observando la ciudad destrozada, le parecía impresionante que en cuestión de poco más de una noche el virus se propagó casi completamente.

Ya todo le era claro, el virus era altamente efectivo. Ahora sólo había que propagarlo por el resto del mundo, e iniciar la purga.

Su sueño se estaba haciendo realidad, había esperado esto toda su vida. Era su tiempo, tiempo de venganza, no, venganza no, simple y sencillamente era purificación. Estaba en camino de purificar la tierra.

Tomó su intercomunicador y apretó un botón.

Él: -Liberen a todas las armas biológicas que tengamos-

Soldado: -Entendido señor-

...

Victoria por fin se calmó.

Miguel: -Bien, ¿y ahora?-

Juan: -Tenemos que conseguir armas-

Victoria: -La estación de policía no está lejos-

Miguel: -Bien, vamos para allá-

Empezaron a avanzar, habían caminado tres cuadras cuando vieron un helicóptero a lo lejos. Dejó caer un inmenso paquete, luego otro, y otro.

Victoria, Miguel y Juan se miraron, algo no estaba bien.