Otra ocasión especial. Esta vez, el día de San Valentin. Técnicamente aqui aun es 13 de febrero, pero allá en España ya es 14 así que por eso lo publico.

Ahora vengo con la segunda parte de lo que se suponía era un one-shot...ahora tranformado en minific pues tiene segunda parte y estoy segura de que, tanto yo como mi querida Lady Black-Lupin, pedirémos una tercera. Creo que es en la forma en que termina este segundo capítulo, la razón por la que requeriremos un tercero, este final no es ideal... pero debo decir, a mi favor, que era la mejor manera de terminarlo con las ideas que estos personajes me dan para un tercer capítulo.

Realmente no creo que esta parte sea tan buena como la primera -a mi me gustó mas el primer capítulo n.n- ... no sé, me da la sensación que pudo haber quedado mejor. Lo único que importa es que a mi niña le guste, con eso soy feliz, así que mantengo los dedos cruzados para que sea de tu agrado.

¡Querida amiga mía, aquí está tu regalo del día de la amistad!

Espero que lo disfrutes tanto como el de Navidad. Recuerda que va con todo mi cariño y que debes esperar a la siguiente fecha de celebración para que te de la tercera parte de esta mini-historia. Muajajaja, tendrás que tener paciencia.

¡Feliz día del amor y la amistad a todas las personas!

Liz♥Malfoy


ººAlguien más…ºº

Parecía que una serie de eventos se hubieran coordinado para hacerle pasar, lo que él creía, serían las peores Navidades de su vida. Primero: tendría quedarse en el Castillo durante las vacaciones de diciembre… y aquello no le parecía tan malo pues Hogwarts era su segundo hogar y casi siempre pasaba allí las vacaciones. Segundo: habría Luna llena el 24 de diciembre… y tampoco le parecía tan malo pues estaba acostumbrado a que hubiera Luna llena en días feriados. Pero lo que vino a convertir los dos eventos anteriores en una catástrofe existencial fue el tercer suceso… que parecía haber manipulado su vida para conseguir que dos cosas que no eran tan malas se convirtieran en los peores y menos deseados hechos de su corta existencia… el tercer evento era Anna.

ººFlash Backºº

-Por fin vienen las vacaciones de Navidad –dijo Anna mientras se enderezaba en la silla de la biblioteca. Se estiró alzando los brazos, arqueándose ligeramente y emitiendo un pequeño bostezo. Remus, que se encontraba sentado frente a ella del otro lado de la mesa, captó y grabó en su memoria cada uno de sus movimientos mientras en una fugaz ilusión imaginaba como sería despertarse cada mañana y encontrarla a su lado, repitiendo esos exactos movimientos.

-Si… –Remus suspiró y bajó la vista buscando deshacerse de las imágenes en su cabeza ya que parecían demasiado buenas como para, verdaderamente, llegar a suceder algún día –¿Viajaras a tu país? –preguntó volviendo a verla.

Ella apoyó los codos sobre la mesa y su cabeza sobre las palmas de las manos –No –respondió con tranquilidad, mirándolo a los ojos y evaluando su reacción. Sabía que Remus se quedaría esas vacaciones, se lo había comentado hace unos días.

-¿Por qué no? –preguntó él, sorprendido y un poco contrariado. No le tomó mas de unos segundos unir Navidad y Luna llena con Anna en Hogwarts… y definitivamente aquello no podía tener buenos resultados.

-¿Quieres que me vaya? –dijo Anna un poco dolida por el hecho de que Remus le preguntara porque se quedaba… ¿que no era obvio?

-¡No! –exclamó de inmediato –No era eso lo que quería decir –se acercó mas a la mesa y en un extraño impulso, alcanzó la mano de la chica, ella se sonrojó levemente mas no retiró la mano… era la primera vez que la tomaba de la mano sin un motivo –A lo que me refiero es que no has visto a tu familia desde hace meses, y me daba la impresión que echabas de menos tu país.

-Y así es, pero… prefiero quedarme –dijo Anna desviando la vista. –Y tú… te quedarás también ¿verdad? –la chica sentía como la concentración de sangre aumentaba en sus mejillas.

-Claro –respondió Remus con su voz suave y tranquilizadora mientras en su mente un sinfín de desagradables posibilidades cobraban forma. Se había prometido que jamás expondría a Anna a la clase de peligro que él suponía en su estado de hombre lobo… pero no estaba seguro de cómo haría para mantenerla alejada sin revelarle lo que era.

-¿Y… tus amigos se quedarán? –preguntó la chica, aun sin mirarlo.

-No lo creo –dijo él mientras buscaba el motivo de aquella pregunta en el rostro y los ojos que rehusaban verle.

Por fin los ojos chocolate se volvieron hacia él, y Anna, a penas conteniendo una sonrisa, murmuró –Es una pena –

ººFin del Flash Backºº

En los dos meses que llevaban de conocerse, Remus no le había mentido ni una sola vez a Anna, se las había ingeniado para no hablar acerca de sus extrañas visitas a la enfermería los días cercanos a Luna llena y sus amigos se habían encargado de cubrir sus salidas de noche; así que, técnicamente, no le había dicho ninguna mentira. Supuso que aunque lo hubiera intentado, no lo habría conseguido con éxito… había algo en ella que lo llamaba a ser sincero y pues era tan fácil ser él mismo cuando estaba con la chica. Sin embargo estábamos hablando de su pequeño problema… eso no era algo de lo que puedes hablar con tranquilidad.

Aunque a Remus le costara admitirlo, tenía miedo.

Miedo de que ella se diera cuenta de lo peligroso que él era. Miedo de que en cuanto ella se enterara, quisiera alejarse de él. Miedo de que ella lo viera con otros ojos…

Miedo de que ella le temiera…

Y a pesar de todo, quería contarle la verdad, quería que ella lo supiera, quería que ella lo conociera. Entonces ¿Qué podía hacer?

Una parte de si mismo le pedía que se lo contara, que confiara en que las cosas saldrían bien… pero la otra parte le infundía terror, le decía que nada bueno podría salir de que ella se enterase de su licantropía.

En medio de tan importante decisión se encontraba Remus Lupin cuando llegó a la habitación que compartía con sus amigos, todos estaban ocupados recogiendo sus últimas pertenencias, en cuestión de minutos se irían de Hogwarts junto con los demás estudiantes que pasarían las vacaciones de Navidad en sus casas.

-Repíteme por que te quedas, Lunático –pidió Sirius en cuanto observó a su amigo entrar al lugar.

-Por que tú irás a la mansión de los Black, James viajará con sus padres a Australia, Peter se irá a Egipto y yo no puedo ir con ninguno –dijo Remus, mientras se dejaba caer en su cama pensando aun en Anna.

-La verdad, creo que la razón por la que te quedas no es ninguna de esas –agregó Sirius sentándose sobre su baúl para que éste se cerrara –creo que tu razón tiene nombre y apellido.

-Aquí vamos de nuevo. Ignóralo Remus –dijo James, que ya estaba acostumbrado a los ataques de celos del animago canino y opinaba que lo mejor era no escucharlo.

-No sabía que una razón pudiera tener apellido –añadió Peter con ingenuidad. Todos lo miraron con el ceño fruncido por la preocupación, el chico no captaba ni una.

-Y su nombre… –continuó Sirius, como si nadie hubiera interrumpido –comienza con una A y termina con nna.

Remus intentó contener una sonrisa, James rodó los ojos y Peter se mantuvo pensativo, intentando descifrar que producto tenía la unión de las letras A y nna.

-Canuto… –comenzó diciendo el licántropo con la idea de hacer una broma, pero luego cambio de opinión y dijo algo más –Y si así fuera ¿qué?

-¿¡Cómo!? –preguntaron James y Sirius al unísono, sorprendidos por la magnitud de la confesión recién hecha.

-Remus acabas de admitir que…

-¡Chicos, es hora de bajar sus cosas! –gritó una voz potente voz afuera de los dormitorios, interrumpiendo a James –¡Dense prisa!

-¡Bien! Es hora de que se vayan –apremió Remus mientras de un salto se incorporaba y ayudaba a sus amigos a sacar sus cosas, sin darles tiempo para preguntar mas y dándoles pequeños empujones para que salieran. Finalmente, y sin haber aclarado las palabras anteriormente dichas, los tres merodeadores partieron de Hogwarts dejando a Lupin finalmente solo en la habitación.

Se dejó caer en su cama una vez mas, no se arrepentía de lo que había dicho… de todas formas su amigos se enterarían algún día, mejor ahora que nunca… así tendrían las vacaciones para pensar y tratar de forma madura el asunto, en lugar de asustarle a la chica.

Anna…

Pensamientos y sucesos se arremolinaban en su cabeza, cosas que habían sucedido y cosas que, según él, podían suceder. Posibles reacciones de Anna ante su secreto, formas en las que ella podría actuar si él decidía a contarle todo, formas en las que él podría mantener oculto su secreto si decidía que lo mejor es que ella no supiera nada.

Estaba claro que, siendo que habían tan pocos estudiantes en Hogwarts, él no podría escabullirse y evitarla cuando la Luna llena se acercara y, definitivamente, no podría explicar su desaparición en Noche Buena… Entonces…

…¿Debería decirle?

Parecía lo más apropiado, lo más prudente, lo que él haría… y lo que mantendría a Anna alejada de Remus esa noche, lo que evitaría ponerla en peligro. Pero, en tal caso, sería la seguridad de Anna a cambio de su secreto, un secreto que podría alejarla de él para siempre…

¿Estaba dispuesto a arriesgarse?

Por ella, se arriesgaría una y mil veces. De acuerdo, estaba decidido… se lo diría, sin importar las consecuencias que eso tuviera para él. Y, si ella después de enterarse de su secreto quisiera alejarse de él –no puedo evitar estremecerse ante la posibilidad– pues él se alejaría… por mucho que le doliera, era lo más razonable y lo mejor para Anna. Nadie quiere estar al lado de un monstruo… y él jamás la obligaría a ella a permanecer cerca de alguien a quien teme. Remus cerró los ojos, ya estaba oscureciendo… pronto sería la hora de cenar.

¿Debería decirle ahora mismo¿O esperar?

Lo pensó un momento ¿Esperar a qué?

En definitiva, ningún momento era bueno para contar un secreto como ése… así que no importaba si se lo decía hoy o mañana. Era jueves, faltaba una semana para que fuera 24 de diciembre, así que tenía ocho días para pensar en cual sería la mejor forma de decírselo. Suspiró.

-La mejor forma sería no decírselo –se dijo a si mismo en voz alta mientras su estómago comenzaba a pedir comida.

Antes de levantarse y complacer a su estomago, tomó una última decisión… no le diría su secreto esa noche.

ºº

ºº

Lunes por la mañana, 4 días de preparación psicológica para el evento que lo hacía estremecer cada vez que lo pensaba. Debía decirle a Anna de su licantropía y lo haría ese día, ya lo había planeado todo y ahora solo quedaba esperar que las cosas salieran bien… o mal.

Habían quedado de verse en la biblioteca a las nueve de la mañana y el tiempo se le antojó eterno mientras la hora llegaba. Cada segundo era difícil mientras pensaba y volvía a pensar en las palabras mas adecuadas para decir su secreto, las palabras que asustaran menos a Anna.

Remus nunca había estado tan nervioso en su vida, no sabía por que de pronto sentía como si los sentimientos se desbordaran incontrolables dentro de sí y la ansiedad lo dominara la mayor parte del tiempo –al menos en las últimas noventa y seis horas – No sabía por qué Anna le había traído esa cantidad de sentimientos extraños, buenos y malos, que le provocaban tanto sueños como pesadillas. Claro está, las pesadillas eran aquellas donde ella se alejaba de su lado o lo miraba con ojos temerosos. Y lo sueños… lo sueños eran los que tenía siempre, ya sea dormido o despierto y en los momentos en que estaba en compañía de ella.

De pronto, una pregunta se coló entre sus pensamientos…

¿Era aquello realmente amor?

Y una misma respuesta le sucedió, una que martilleaba con más fuerza que antes…

Él no podía enamorarse, no debía enamorarse pues quien estuviera cerca de él, corría peligro.

Cerró los ojos, una imagen de Anna se mostraba detrás de sus parpados. Con su radiante sonrisa, sus preciosos ojos de color chocolate y su largo cabello caoba que combinaba perfectamente con su piel. Demasiado bueno para ser cierto. Un sueño hecho realidad, que en cuestión de minutos –cuando ella supiera su secreto–, se desvanecería.

El paso vacilante de Remus Lupin, mientras se dirigía a la biblioteca, delataba los nervios que le carcomían por dentro. Dos imágenes estaban estáticas en su mente: una de Anna con su sonrisa cándida y cariñosa, y otra de Anna con ojos temerosos y expresión horrorizada. La primera le parecía un sueño a punto de terminar y la segunda, una futura realidad.

Podía ver un día frio y nublado a través de las ventanas del Castillo, con la bufanda fuertemente anudada al cuello, se apresuró a llegar a la Biblioteca, al entrar pudo sentir la temperatura levemente mas alta que afuera. Buscó con la mirada hasta que encontró a la dueña de sus pensamientos; la chica se encontraba sentada en una mesa no muy lejos de la puerta. Con una sonrisa y un ademán le indicó que se acercara y Remus obedeció mientras sentía su corazón acelerarse por los nervios. En tres días sería Luna Llena.

-¡Hola Remus! –su nombre sonaba tan bien cuando ella lo decía.

-Hola… -respondió él mientras se sentaba al lado de Anna.

-¿Estás bien? –preguntó de inmediato la chica, dejando a un lado el libro que había estado leyendo.

-¿Por qué lo preguntas? –la sorpresa en su voz era evidente, los nervios lo estaban carcomiendo pero no sabía que eso se notara en el exterior.

-Te ves… ansioso –dijo Anna, mirándolo a los ojos y al parecer descubrió algo en ellos pues desvió la vista.

-Estoy bien, no te preocupes. ¿Y tú?

-Muy bien, gracias –respondió con educación pero aun sin verlo –Sabes he encontrado este libro fascinante… –intentó tomar el texto que había estado leyendo pero Remus la detuvo aferrándola por la muñeca, sus nervios habían desaparecido repentinamente al notar la extraña conducta de ella.

-¿Estás bien? –preguntó ahora el chico, acercando su silla un poco mas a la de ella y haciendo que ésta se girara para encararlo.

-Sí, perfectamente –agregó con rapidez, sonrojándose por la cercanía de él.

-¿Qué sucede? –insistió él, moviendo su mano instintivamente hasta colocarla bajo la barbilla de Anna… quería saber que le sucedía. Se miraron a los ojos por un momento, hasta que ella dejó caer los parpados, aun sonrojada. Y fue entonces cuando Remus notó que se había ido acercando a ella mientras la veía, y ahora solo unos centímetros los separaban; bastaba con que alguno de los dos se inclinara un poco para que sus labios se juntaran. También notó que nunca se había sentido tan cómodo en cercanía de alguien como se sentía con ella.

-Me pareció que estabas sumamente incómodo –respondió por fin la chica, sin abrir los ojos. Remus alzó las cejas, ella había malinterpretado sus nervios.

-No estoy incómodo –dijo él con sinceridad. Anna abrió los ojos y leyó en los de él, la veracidad de sus palabras.

-Pensé que… bueno como pasas todos los días conmigo desde que salimos de vacaciones… tal ves te estaba impidiendo hacer algo importante al acaparar todo tu tiempo.

Él se rió suavemente –No soy una persona demasiado ocupada o solicitada –dijo Remus sin alejarse ni un milímetro –Estoy encantado de regalarte mi tiempo.

Anna sonrió –Entonces ¿qué es? Hay algo extraño en ti, algo que no había visto.

Y tenía razón, Remus no solía ponerse nervioso o ansioso casi nunca.

-Hay… –hizo una pausa, los nervios regresaron –…algo que quería contarte –Remus apeló a las noventa y seis horas de preparación que había tenido, intentando controlar los nervios que saltaban en su estómago y amenazaban hacer un nudo en su garganta.

-Dime… –le incentivó la chica luego de unos segundos de silencio. Él sabía que sería difícil decírselo, pero no creyó que tanto. Por un momento tuvo tantas ganas de huir, que casi se echaba a correr; pero él era un Gryffindor y los de su casa son valientes y enfrentan sus miedos como fieros leones que no le temen a nada.

-¿Qué planes tenías para Noche Buena? –preguntó el chico, buscando una forma de introducir el tema de forma adecuada. Ella frunció el ceño por la extraña pregunta, pero de igual forma respondió:

-Lo mismo que tú, ir a cenar en el Gran Comedor y luego ir a la Sala Común –él continuó mirándola a los ojos, cerca como estaban, casi respirando el aire del otro. Anna se equivocaba, él no haría lo mismo que ella y a Remus le preocupó que la chica quisiera pasar con él esa noche. Ella no podía ni debía estar con él. Suspiró.

-¿Querías estar conmigo esa noche? –preguntó Remus con la esperanza de que ella quisiera hacer algo mas y así evitar contarle su secreto, pero no se dio cuenta que su pregunta podía tener mas de una connotación. Y Anna definitivamente la tomó por el lado equivocado, pues de pronto su sonrojo se volvió extremo y, a pesar de estar sentada, se tambaleó sorprendida. El problema fue la cercanía en la que habían estado, el ligero bamboleó de Anna provocó lo que ninguno de los dos había planeado hacer… Un beso…

Sus labios se juntaron y ninguno pensó siquiera en separarse, cerraron los ojos y se probaron con un suave y rítmico movimiento. Remus se sintió deleitado por el dulce sabor de los labios de Anna, que le pareció incluso mejor que el chocolate; se sintió como si flotara lejos de la fría biblioteca y se adentrara en un espacio vacío en donde sólo existían ella y él. Supo en ese mismo momento que esos labios eran lo que él deseaba probar de día y de noche y, que sin importar el tiempo que pasara, jamás se aburriría de ellos.

Y apareció aquella pregunta que tantas se había hecho:

¿Era aquello realmente amor?

Y una nueva respuesta vino consigo:

Sí lo era

Pero de pronto, algo cambió, algo en su cabeza –algo relacionado con sus instintos más salvajes de licantropía– hizo 'clic' y le envió impulsos extraños. Sus manos cobraron vida propia deslizándose hasta el cuello de la chica, donde acariciaron con insistencia y comenzaron a buscar la posición mas adecuada para acceder completamente a la boca de Anna. La respiración de Lunático se aceleró mientras aumentaba la intensidad del beso y se inclinaba más sobre la chica que le correspondía pero no con la misma desesperación. Algo que nunca había sentido recorría el cuerpo a Remus, algo que sólo fue capaz de asociar con las sensaciones que se desataban en su cuerpo durante las noches de Luna llena, esas horas en las que perdía completa conciencia y se dejaba llevar por el lobo que vivía dentro de él… algo que definitivamente no podía ser bueno.

Y se detuvo.

Se separó de ella, jadeando. Y pudo escuchar a Anna resollar por aire.

Eso había sido un poco excesivo para un primer beso.