Los Personajes de este fic no me pertenecen, a menos que el mismo fic asi lo marque. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.

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Ecos del Silencio

II

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No había podido dormir aquella noche, alegue a mi mala suerte, ¿Por qué había tenido que ocurrir de aquella manera?, vagabundee por mi estudio como gato enjaulado, eran las nueve de la mañana y todavía no había podido reencontrarme con mi caballero, la madrugada pasada me levantado de golpe a buscar papel y pluma, había bajado las escaleras a trote y al llegar a su puerta había deslizado por la rendija inferior una nota con un escrito.

"De verdad lo lamento, no debí haber entrado así tu cuarto. Te espero temprano en el estudio tenemos que hablar sobre esto. Prometo no decirle nada a nadie acerca de este asunto, tranquilo"

Me preguntaba si de verdad lo había leído. El reloj marcó la media, en quince minutos más comenzaba la junta mensual para los tratados con las naciones vecinas y no podía creer que estuviera sola.

Por primera vez en mucho tiempo sentí pánico…

El toquido en la puerta repiqueteó en ese preciso momento.

—Adelante— lo dije sin siquiera darme cuanta, al darme la vuelta casi chocó con Sir Link de frente— ¡Por las diosas y todos los guardianes de Hyrule!— espabile, se encogió de hombros, module el tono de mi voz nerviosa, respire profundo para calmarme, no tenía idea de que los retrasos de mi Sir pudieran ponerme de esa manera, aunque de cierta forma era tan extraño que llegara tarde a nuestras citas— Sir Link, estamos fuera de tiempo… y ¿Por qué se ha puesto esa ropa?

No dijo nada, estiró una mano, recogí la carta que me ofrecía, lo mire de nuevo sintiendo que algo no me cuadraba, se había puesto el uniforme plateado ese que sólo los caballeros solían usar cuando estaban a punto de partir en viaje peligroso, o en su defecto cuando por alguna circunstancia declaraban voluntariamente haber terminado con sus labores.

Sin previo aviso se arrodilló ante mí de manera respetuosa y sumisa. Trague en seco y por primera vez puse atención en la carta.

Era una renuncia.

Ni siquiera podía creer que estuviera leyendo eso. Por las diosas, no ahora. Bajo el letrado convencional se extendía el causal de la petición.

"…ya no me siento digno de permanecer a vuestro lado. Lamento que se hubiera enterado de mi condición de esta manera, con suma tristeza relego mi puesto sintiendo en pena el hecho de no haber podido servirle durante toda mi vida…"

Estruje el papel con fuerza. No podía aceptar esto de ninguna manera, vire la mirada para encontrarlo pero no pude hacerle ningún reproche, al buscar sus ojos los encontré llenos de lágrimas, tal vez ahí encontraba la razón de su retraso, le había dolido en el alma tener que tomar una decisión como esa.

—Me niego a aceptar esta petición— rechiste mientras utilizaba el papel para reñirle— ¡No quiero volver a saber nada de esto, ni ahora ni nunca, como es posible que…!

—Alteza, disculpe la interrupción, pero la esperan en la sala de reuniones y…— el despistado caballero que había asomado la cabeza por la entrada se llevó consigo mi mirada furibunda, se quedó helado al percatarse de que sin querer me había interrumpido.

—Voy enseguida— era lo único que podía decirle.

Sir Link permaneció quieto y pasmado en ese sitio, posiblemente no pensaba que fuera a responderle de esa manera, pase a su lado con pose autoritaria.

—Hablaremos de esto luego— clame incitándolo a seguirme— y no quiero volver a ver a ver este papel en mi vida,— gruñí – lo siento mucho pero no accedo sus peticiones, no después de que hubiera jurado estar a mi lado siempre— espete, el papel terminó hecho jirones cuando me decidí a destruirlo.

Y pese a que él estaba de espaldas pude ver perfectamente cómo se crispaba con cada uno de los sonidos de la hoja al separarse.

—Alteza, disculpe pero…

—Sir Link, levántese que nos vamos— lo llame evadiendo la voz del otro caballero quien pareció extrañarse de que el Sir Principal no obedeciera a mi llamado de manera inmediata— ¡Sir Link, venga aquí, es una orden!

Finalmente se paró de manera tambaleante, se posó a mi lado pero no pudo sostenerme la mirada. Durante minutos enteros ambos parecimos perdernos en ese trance, hasta que nuevamente el caballero que estaba a un lado me llamó de nuevo.

—Ya escuche, retírese, atiendo enseguida ese asunto.

El pobre salió corriendo, había tenido la mala suerte de ser mi mensajero aquel día.

Pocas cosas hubieran sido tan horribles como sentir ese vacío en la boca del estómago, ¡Y tenía que ser justo este día!, me había preparado para esta reunión durante meses, y ahora, era como si todo se hubiera ido la basura. Era extraño, aun no entendía porque todos creían que me había acostumbrado a esto, lo cierto era que participar con los líderes de los países aliados siempre me ponía por demás de nervios.

Confiaba plenamente que tendría a Sir Link siempre a mi lado para apoyarme, no entendía por qué pero ese pensamiento siempre me daba fuerzas.

Y ahora…

Únicamente caminaba tras de mí en el silencio, obviamente obligado al haber sido rechazado en su petición de renuncia, de cierta manera me hacía sentir horrible, quería hablarle y aclarar correctamente las cosas, pero para cuando entendí que era lo que de verdad necesitábamos ya habíamos llegado a la sala en donde se efectuaría el dichoso evento.

Suspire tratando de no atragantarme con mi propio aliento, el bienestar de Hyrule y muchas cosas dependían de que los acuerdos de esta reunión salieran a flote, arrastre el paso hasta que finalmente llegue a mi sitio y tome posesión en uno de los extremos de la mesa.

—Muy buenos días alteza— Era Shad, saludó alegremente, para esta ocasión le había pedido que atendiera mis deberes como secretario, le sonreí tratando de disimular mis emociones.

También me sonrió, pero cambio su semblante al ver a Sir link posarse de pie a mi lado, su sonrisa simplemente se había desvanecido.

— ¿Ha pasado algo?

—No ha pasado nada— respondí tratando de que mi voz sonara tranquila.

— ¿Sir Link renuncia a su puesto… o acaso?

—Nada— solté de golpe

—Lo lamento es que ese uniforme, bueno creí…

—Sir Link ha tenido un percance con sus otras ropas, eso es todo.

Algunos invitados miraron curiosamente pero al poco tiempo pasaron por desapercibido aquel peculiar hecho, Shad se sentó en uno de los laterales de la mesa, "menos mal, creía que algo malo había pasado" me comentó en voz baja, pues nada más al llegar la reunión había dado comienzo, tuve que dar la cara y disculparme por llegar con semejante retraso.

Y para colmo no podía concentrarme, llevábamos media hora encerrados y no había entendido absolutamente nada de lo que los demás habían dicho, a duras penas había explicado mis propuestas y argumentado el porqué de algunas decisiones. Nadie pareció notar que mis pensamientos estaban en otro lado aquel día, por el rabillo de la mirada volví a observar a Sir Link de pie posado a mi lado, estaba hecho piedra, me recordaba un poco a esos primeros días que habíamos pasado juntos, y sin siquiera pensarlo le atrape la mano por debajo de la mesa, ese leve roce basto para traerlo de vuelta.

Nuevamente nuestros ojos se cruzaron con ternura, no quería que estuviera de esa manera, no quería… sentí miedo de que la mistad tan hermosa que habíamos tejido se desbaratara.

Con paciencia busque sobre la mesa algo para escribirle, hasta que finalmente termine por robarle un lápiz y una libretita a Shad de las que había traído para tomar nota, el erudito me miró con duda, discretamente le hice una señal con la mano de que no dijera nada, y aprovechando que los demás estaba demasiado concentrados garabatee algunas oraciones.

"Perdóname… no quiero que te vayas, ¿Estás enojado?"

Le di un dobles y se lo pase por debajo de la mesa, nuevamente puso esa mirada, leyó con cautela, discretamente también tomó el lápiz y garabateó antes de devolverme el mensaje.

"¿Enojado?, nunca en la vida con mi Alteza. Pero siento tanta vergüenza, no sé si alguna vez podre volver a mirarla la cara. Anoche por unos segundos perdí la conciencia, siempre sucede… duele ser lobo, pero me duele más el hecho de haberle gruñido, creo que nunca voy a perdonarme, quizás ahora entienda porque ya no me siento digno de permanecer a su lado. La asuste mucho ¿cierto?, lo siento, de verdad LO SIENTO"

Me quede un poco pasmada "siempre sucede" había escrito, cuanto tiempo había sufrido en soledad aquella reminiscencia, nuevamente le apachurre la mano y con la diestra escribí una nueva nota.

"Es cierto, me he asustado, pero no por saber que aún es un Lobo sino más bien por la sorpresa"

Le di el papelito. Irguió una ceja al leerlo. Solté una risita discreta y después le pase otro mensaje.

"Pero lo que más me asusto fue que se cayera de la cama, azotó recio, me preguntaba si aún le dolía"

Esta vez fue él el que sonrió por lo bajo, demoró un tiempo antes de que me devolviera la nota.

"Sólo un poco, me he caído de peores lugares"

Negué con la cabeza, nuestra curiosa charla siguió casi por las dos horas restantes que duro la reunión en la sala, al fin y al cabo nadie se dio cuenta, aunque para ser sincera no me entere de nada, e irónicamente al mismo tiempo me puse al tanto de muchas otras cosas, por primera vez mi caballero y yo nos sinceramos plenamente y no tuve miedo de revelarle todo lo que sentía, insistió en preguntarme si no le importaba tener a su lado a una bestia, lo cual yo consideraba ridículo pues había sido esa misma "bestia " la que nos había salvado. Fue así como supe que la deidad de Twili nunca se había marchado, el enorme lobo se había albergado cómodamente en aquella noble alma, según había entendido se paseaba en este mundo por algunas horas al menos una vez por mes cuando había luna nueva.

"No tiene hora, solamente conozco el día. Todas las noches sin luna cuando el crepúsculo es más longevo y la línea que separa los mundos se vuelve más delgada, a veces tengo miedo de que salga antes de tiempo, de que los guardias me vean y se arme un completo alboroto, por eso siempre me voy a "dormir" temprano en esos días"

"Pero, ¿por qué no me dijiste?, quizás haya una forma de solucionarlo"

"No la hay, yo lo sé, porque lo siento. Y no lo odio, pero me pone triste, en cuanto todos se enteren no querrán tenerme cerca, y de todas formas ya no podre seguir a su lado, alteza, siempre tendrán miedo de aquello en lo que me he convertido"

Quise decirle en ese instante que nunca ocurriría, que yo cuidaría de ello para que jamás pasara. Pero no volvió a devolverme el lápiz. Con un curioso gesto me advirtió que la reunión llegaba a su clímax, me preocupaba mucho haberme quedado fuera de la plática, pero confiaba en Shad plenamente, así como en sus capacidades para ser mi intermediario en este tipo de situaciones. Afortunadamente los acuerdos fueron mutuos en casi todos los sentidos, los representantes de los países aliados estaban conformes con que los tratados comerciales siguieran vigentes (pese al dilema que aún se sustentaba después de la invasión de Zant). Suspire con un poco de cansancio pero al mismo tiempo con una longeva sonrisa. Tiempos prósperos se avecinaban tanto para Hyrule como para las demás naciones.

[***]

Era difícil creer que ya hubiera pasado un mes entero, Becker se había rendido pero eso no me quitaba a mis otros pretendientes de encima, el inocente en turno era el príncipe de los reinos del norte, un joven de buen porte, educado, melena castaña larga y ojos verdes vivarachos. No tenía demasiado de quejarme, parecía un buen prospecto, excepto quizás porque hablaba demasiado, pero por alguna razón siempre había algo muy dentro de mí que me detenía.

Vaya lio….

Suspire tratando de cortar la plática, era demasiado. Definitivamente era una de esas situaciones en las que hubiera buscado cualquier excusa para huir de ese sitio. Estando anclada en el trono sentí un leve toquecito a mi lado, me vire un poco, mi guardián a tiempo completo rodó los ojos y contuvo una risita traviesa, nuevamente había terminado por pasarme una de sus notitas, cómo se notaba que desde aquel día parecía haberle tomado cariño a esa extraña y silente manera de comunicarnos.

"No se duerma, Alteza. Seguro que se da cuenta de que cabecea más de lo acostumbrado"

Doble la nota y afloje el codo, con cierta gracia lo golpee a modo de venganza, pero únicamente sonrió descaradamente, tal gesto hizo que me relajara. Desde hacía tanto tiempo que lo sabía, podía soportar cualquier cosa solamente con tenerlo a mi lado.

"¿Tendremos tiempo para hablar luego?"

Suspire luego de leer eso, negué de forma discreta, decenas de tareas se me había acumulado esos días. Con otra seña le pedí que se aclarara.

"Necesito vacaciones…. Y, son obligatorias"

Leí con cuidado y abrí los ojos con sorpresa, mi pretendiente debió notarlo ya que contuvo su parlanchina platica por unos segundos, con un semblante nervioso le pedí que prosiguiera, aunque para ese entonces mi semblante no era el único fastidiado, los miembros del consejo interrumpieron el encuentro pidiendo que fuera más breve en sus regalías.

¡Salvada!

Realmente lo sentí como una victoria, el otro príncipe pareció enojarse, aunque de vez en cuando solía ocurrir y las citas con mis pretendientes terminaban siendo "citas entre mis pretendientes y el consejo", los cuchicheos del fondo no se aminoraron, uno de los ancianos le discutía cómo pensaba resolver las diferencias de status entre los regentes. Alce una ceja, sabía que tarde o temprano sacaría el tema de la discordia, el cual yo consideraba plenamente inútil, es decir, deberían de haberlo aceptado desde antaño, los regentes de Hyrule jamás estaríamos parejos, el reino era demasiado extenso e influyente como para querer compararlo con alguna otra nación vecina.

Carraspee de pronto, Sir Link se acuclilló a mi lado, a veces no necesitaba de palabras para hacerle entender lo que quería, con discreción y aprovechando que nadie más le veía se acercó a mi oído a susurrarme un par de palabras.

"Es mi cumpleaños", y lo dijo en un tono tan bajo que fue imperceptible para el resto de los oyentes. Alcé una ceja con gracia y vire el rostro, por un momento quedamos demasiado cerca, quien lo hubiera imaginado; después de años seguía siendo torpe para calcular ese tipo de movimientos. Finalmente no pude evitar reírme cuando lo vi retirarse como si hubiera sido un resorte. Santas diosas, que bochorno, aunque la mayor parte del tiempo ese tipo de accidentes eran divertidos. Mi gesto ocasionó que el consejo entero enfocara sobre mí su atención por unos segundos, negué con la cabeza, les indique que no había ocurrido nada, a tientas eche hacia tras la mano para que el Sir protector me prestara su libretita, habría sido bueno decírselo con palabras, pero para ese entonces la atención de los ancianos ya no estaba tan dispersa como hubiera querido.

"Sir Link, ¡su cumpleaños es en tres meses!"

Y nuevamente eche la mano hacia el costado, recibió le mensaje con cierto nervio y sin poder evitar la curiosidad ladee la mirada para ver a expresión de su rostro, estaba echo piedra y al mismo tiempo parecía no poder quitarse el rubor de encima.

"lo se…."

"¿Y entonces?"

"Es que Ilia…." …..

Alteza, ¿Puede poner atención en el asunto?— uno de mis consejeros bufó con voz molesta, sonreí de manera torpe mientras escondía el papel que mi Sir me había dado, no había logrado leerlo completamente, aunque con esas primeras palabras me daba una idea de a que se referiría.

Sir Link suspiró con nervio, supongo que lo que menos deseaba era que terminaran echándolo por ser "una mala influencia"

—Sí. Es decir…, ya basta con esto, creo que nuestro invitado no merece ser juzgado de manera tan injusta.

El noble del norte me dedicó una amable sonrisa, le devolví el gesto y seguidamente me levante de mi sitio. Me gradaba, si, y sin embargo algo dentro de mi corazón me impedía dar el paso definitivo.

—Alteza, ¿significa esto que acepta mis pretensiones?

—Todavía no puedo— desapareció su sonrisa— Pero, prometo pensarlo seriamente— añadí al tiempo que él soltaba un suspiro resignado. Bueno, al final debió sentirlo como un logro sabiendo que nadie había llegado tan lejos.

Con la reunión finalizada debí enfocarme en otras tareas, papeleos, discusiones, otro par de citas; había un gremio de comerciantes que estaba armando lio en la ciudadela, siempre era lo mismo…. a veces era tan difícil tenerlos a todos contentos.

Para cuando llegó la temprana tarde agradecí que Shad fuera a salvarme el pellejo, seguramente debió haberme visto tan pálida que el pobrecillo se apiadado de mi alma tomando un par de deberes que no le correspondían. Finalmente y con mucho cansancio me desplome en los sillones de mi biblioteca, Sir Link se posó a mi lado en silencio, parecía nostálgico, algo triste, como si algún pensamiento hubiera perturbado su cabeza.

— ¿Qué pasa con esa expresión en su cara? — Pregunte de manera apacible.

Con mucho respeto volvió a acuclillarse a mi lado, sus grandes ojos zafiros me miraron con mucha ternura, aunque quizás también con un dejo de tristeza.

— ¿Qué le pasa mi leal caballero?, no me dirá ahora que esta triste porque finalmente le he dado el medio SI a uno de mis pretendientes.

Siguió mirándome de la misma forma, el mutismo pareció envolvernos de manera extraña, lo mire de nuevo, simplemente parecía impasible, por extraño que pareciera mi corazón se volvió un poco loco en aquel instante, ¿Era cierto?, imposible, no podía ser cierto, después de todo él era demasiado bueno como para caer en estas tonterías, demasiado lindo, leal y noble. Jamás me lastimaría quebrado nuestra amistad de esta manera.

No, simplemente deseche la idea de mi mente. Aunque me sorprendió que no negara mi bromita con la cabeza. Finalmente mi propio ser pareció recuperar un latido cuando él desvió la mirada.

— ¿Acaso es eso, esta celoso?— pregunte, sentí miedo de la respuesta.

Nuevamente me miró con ojos de cachorro, con esa mirada eternamente devota. Por supuesto, de golpe entendí a donde quería ir a parar con todo este berrinche.

—A veces sigue siendo un poquito ingenuo, un poquito tonto, y extremadamente despistado. Igual que ese día— musite mirando la próxima llegada del crepúsculo.

Siempre pasaba lo mismo en esos días de luna nueva, solía ser más sincero como si de la nada su lado Twili le obligara a desprenderse de sus propias ataduras.

—Pero nunca nadie ocupara su sitio. Esos secretos son solo nuestros y solamente a nosotros nos pertenecen.

Sonrió. Debí contenerme nuevamente para no acaríciele la melena.

—No debes preocuparte por esas tonterías, al fin y al cabo, si fuera con cualquier otro noble el matrimonio solo seria para mi otro contrato.

Negó con la cabeza, quizás parecía incluso aún más triste.

—Así deben ser las cosas, nací para pertenecer plenamente al bien de mi pueblo. Pero eso no me pone triste, ¿sabéis porque?, porque siempre estas a mi lado, joven héroe eres el regalo que me han dado las diosas, la compañía de un ser que me ha brindado su cariño sincero, nada cambiaria eso, esa es la razón por la que no puedes marcharte ni siquiera siendo un lobo…

Y quizás debí morderme la lengua, porque no tenía idea que rayos era lo que había dicho, realmente lo había sentido y mi corazón me había obligado a expresarlo, aun cuando únicamente buscaba aclararle que pese a mi futuro (y posible lejano) matrimonio nuestra propia relación no se rompería.

Me miró sereno pero a la vez aturdido, ambos viramos a mirada tratando de que el rubor no nos comiera el rostro.

—Es decir….

Nuevamente se levantó como un gracioso resorte.

—Eso, será mejor que se vaya a dormir temprano.

Rechistó haciendo una mueca tímida, también le conteste de manera un poco maliciosa, definitivamente me encantaba seguirlo molestando con eso, seguí el sonido de sus botas hasta que cruzaron la puerta.

—De nada— respondí a su agradecimiento, se detuvo en el umbral mirándome nuevamente de esa forma— Soy yo quien debería haberlo dicho. Gracias. Y, lo siento, debimos haber cenado temprano.

A veces siempre se me olvidaba, pero al final esa era la excusa, me negaba a decirle Adios a esas horas, porque al fin y al cabo siempre volvíamos vernos.

[***]

Debí rascarme la cabeza tres veces en el mismo sitio al siguiente día.

—Vaya….

"Sí. Vaya" respondió de manera bajita escondiendo la cabeza con el suficiente bochorno, después de todo nunca había llegado a aclararme lo de "su cumpleaños", lo cual nos conducía a ambos a este momento.

Nuevamente leí la carta que se había estado guardando bajo el uniforme desde la mañana pasada, era una carta de Ilia, si claro "que sorpresa", evitaba pensar en eso, si me ganaba la risa seguro que lo fastidiaba. Y era una carta realmente extensa tenía diez folios aunque él solo me había prestado los tres últimos, el resto según su criterio estaba lleno de trivialidades.

La susodicha estaba muy enojada y le acusaba de haberla dejado plantada durante tres años seguidos. Eso no era bueno, aunque si bien recordaba había sido él mismo quien se había negado a abandonar la ciudadela, tal vez era mi culpa y sin pensarlo esta vez me propuse a darle descanso obligado ese día, pero… ¿Por qué ahora?

Baje la mirada.

Quiero contestación por adelantado, si no pides permiso iré yo misma a pedírselo a la princesa, Rusl y yo hemos decidido hacer una fiesta para todo el pueblo, si no vienes no será sólo a mí a quien dejes plantada este año.

Arquee una ceja, sabía lo que eso implicaba, no podía pedir simplemente ese día, si iba a viajar tan lejos necesitaría al menos una semana.

—Y de verdad quiere ir ¿cierto?— musite mientras doblaba la misiva. Lo sabía, él no era tan fácil de sobornar, incluso con esa amenazante carta. Debía extrañar a su familia ¿Por qué no aprovechar esa ocasión para visitarlos?

Aspiró aire tratando de ocultar la vergüenza mientras dibujaba circulitos imaginarios en el piso con la punta de sus botas.

—No hacía falta enseñarme esto. Y creo que puedo cuidarme sola por al menos esa semana.

Me preguntó si estaba segura, asentí sin pensarlo, una sonrisa discreta asomó por su rostro, me gustaba verlo ser feliz de esa manera, independientemente de lo triste y sola que me sentiría sin su compañía. A veces ya no pensaba mi vida sin estar a su lado, y sin embargo, debía obligarme a recordar que él tenía su propia vida.

Los meses que siguieron pasaron a reserva, tiempos demasiado prósperos ameritaban un buen descanso, había aprendido a disfrutar la vida fuera de palacio, el curioso héroe errante se había valido de sus propios medios para poder mostrarme su mundo.

Y así fue como una tarde terminamos cabalgando sobre Epona, lejos del bullicio de la ciudadela pero curiosamente muy cerca del castillo, en la pradera del norte varias arboledas había vuelto a la vida, trepamos por una colina ayudados de la fuerza de la habilidosa yegua.

La colina de Link, ese fue el nombre con el que la bautice aquella tarde, él hizo un puchero ante mi rebeldía, a veces sólo bastaba con que me encaprichara para ponerle nombre a todas las cosas. Y desde aquel instante ese fue nuestro sitio, subíamos ahí demasiado a menudo, platicábamos de trivialidades o simplemente mirábamos hacia las nubes. Desde aquel curioso accidente prometió solemne mente no guardarme más secretos, en ese aspecto sentía que nuestra relación había mejorado pese a que mi estatus como soberana lo obligaba a mantener ciertas reservas.

— ¿Qué solía hacer aquí antes?

Sonrió de manera picarona y susurró con las mejillas teñidas de vergüenza "Dormir", "Pensar", "aullarle a penumbra en las noches en las que soy una bestia"… esa última me dejó con los ojos hechos platos, lo mire discretamente, volvió a suspirar para sí mismo, con extremada dificultad retuve mis ganas de abrazarlo, no debía darle consuelo sin que me lo pidiera, eso únicamente malinterpretaría mis intenciones y lo que menos deseaba era magullar su orgullo como caballero.

—Siempre habrá cosas que pueda guardarse para sí mismo, no todos los secretos tienen porque ser malos.

"A veces sólo son secretos piados" escribió con sus notitas, ambos reímos después de eso, quien hubiera imaginado que con un simple papel fuera más fácil expresar las cosas.

[***]

Esa semana finalmente había ganado, Shad celebró el ingenio del que me había valido al instaurar varios acuerdos sin la necesidad del enlace matrimonial a cuestas. Sir Link recibió una nueva carta, a un mes de la fecha dictada para su cumpleaños Ilia parecía no querer darle un respiro, así que me di el tiempo de sentarme sobre el escritorio y mandarle una misiva, otra carta en la que le aseguraba que había dado mi consentimiento enteramente para que él se ausentara de sus deberes por esa semana.

Doble el papel y se lo entregue al erudito, Shad soltó una sonrisita traviesa.

—Tiene un corazón noble alteza, no cualquiera se toma el tiempo para semejante gesto.

—Sir Link también necesita un descanso, y yo sé que se muere de ganas por volver a ver a su familia. Sé que no debería inmiscuirme demasiado, así que guarde silencio y envié la carta por un medio discreto lo antes posible.

Asintió con solemne reverencia, al abrir la puerta de la salida se topó con mi caballero custodio, se echó la carta bajo el brazo justo a tiempo para que Sir Link no la viera.

Con extraño gesto guardo las distancias pero aun así trato de dedicarle una sonrisa, Shad lo pasó desapercibido, quizás eso; o era solamente que yo había aprendido a leer a la perfección cada una de sus expresiones.

—Ven aquí— musite.

Obedeció simplemente por instinto, lo tome de las manos y lo mire directamente a los ojos. Hoy era ese día, el día en el que la luna se marchaba, siempre que la deidad de Twili visitaba este mundo parecía ponerse muy inquieto, los ojos de la bestia comenzaban a asomarse temprano, pero no tenía miedo porque pese a todo aún estaban impregnados de amabilidad y lealtad entera. Solía ser observadora para estas cosas, así que sin mucho esfuerzo había llegado a deducir que cada vez que esto ocurría ciertos cambios se presentaban; melancolía, nerviosismo, evasión hacia otras personas, y esta vez parecía habérsele salido un lado gruñón que no era propio de su naturaleza, a veces era eso o todas las cosas anteriores juntas, igual que hacía meses cuando le había afectado demasiado el hecho de que yo diera esperanzas a uno de mis pretendientes.

—Quédate cerca— asintió, el instinto pareció abandonar su mirada, el día transcurrió de manera normal hasta que llegó el crepúsculo, para ese entonces ambos nos habíamos perdido en la rutinaria partida de ajedrez vespertina.

Era listo, comparado con otras cosas su sentido de estrategia estaba bien desarrollado, no cualquiera lograba acorralarme en ese juego, pero él solía lograrlo con una facilidad relativa. La partida se quedó a medias cuando llamaron a la puerta de manera inesperada.

— ¿Visitas?— el tono de mi voz fue así de sorpresivo.

Al parecer mi "casi prometido", el noble del norte, había venido a traerme un regalo.

—"Rayos"— gruñí para mis adentros, de soslayo mire la mueca de disgusto que dibujaban los labios de mi guardián, suspire resignadamente— bajo enseguida— asegure antes de cerrar la puerta, alce la vista hacia la ventana; el crepúsculo se estaba marchando.

Solté un respingo al sentir algo suave recargase un mi hombro, Sir Link había apoyado ahí su cabeza, le sonreí con ternura, creo que a veces no sabía ni lo que hacía cuando estaba "en sus días". El pensamiento me causó gracia pero también un poco de tristeza, le negué con la cabeza, "no puedes venir" le repetí varias veces hasta que finalmente pareció resignarse.

—Ve a dormirte.

Asintió sin más remedio, le pedí en que confiara en que podría cuidarme sola, me dio un voto de confianza aunque sabía que aquello que lo tenía inquieto era su lado de caballero sobreprotector.

Se despidió sin querer irse. Y me marche sintiendo que dejaba tras de mí una parte de mi propia vida.

Lo único que lamente ese día fue que no pudiéramos cenar juntos, mi invitado había llegado tan repentinamente que no me había dado tiempo. Era sólo una excusa… siempre era difícil excusarme para cenar tan temprano, y al igual que en los últimos meses había terminado en la cocina sobornando a las cocineras, me juraron silencio y confié plenamente en ellas. Camuflada entre la soledad de la temprana noche recorrí el mismo pasillo que había pisado la vez del accidente, se había convertido en mi corredor de los secretos, mi sendero solitario que guardaba mis pasos en las noches de luna nueva.

Al llegar a mi destino toqué la puerta tres veces para anunciarme. Abrí la puerta quitando el seguro con magia y asome discretamente.

—Voy a pasar, Link

La habitación estaba iluminada tenuemente, un candil solitario yacía alumbrando en la mesita, la cama estaba tendida como si su morador no se hubiera molestado en ocuparla, desde el borde del mueble unas curiosas orejitas puntiagudas se asomaban, eso sólo delataba la ubicación de Lobo echado entre el rincón que quedaba entre la pared y la cama.

Movió las orejas en un curioso vaivén al escuchar mis pasos, danzaron por un rato al aire; hasta que finalmente optó por asomar la cabeza para mirarme.

—Te traje la cena. Sabes que no me gusta que te duermas con el estómago vacío.

Soltó un respingo y volvió a meter la cabeza, también rechiste ante aquel berrinche y sin pedir permiso me senté el suelo y espere pacientemente.

—Lo siento, pero en este castillo no hay puerta que este definitivamente cerrada, al menos no para mí— solté con una risita— ¿Quieres que ya nunca venga?

Gimoteó y se levantó lentamente, el sonido de sus patas fue amortiguado por la delicadeza de sus movimientos, en poco tiempo fue posarse a mi lado llevando consigo un recado que obviamente había sido previamente escrito.

"No hagas esto, no tienes porque rebajarte, mi princesa no está obligada a lamentarse por este ser, ¿Quién está ciudadano a quién?, a veces lastimas mi orgullo"

—Tonto— murmure, pero no había enfado en mis palabras— ¿También te lastime cuando peleamos juntos contra Ganondorf?

Agachó la mirada. Sabía que no era su culpa, que sus palabras habían sido cegadas por el incidente de aquella tarde, menudo caballero, había ocasiones como esta en las que sentía ganas de apapacharlo, pero renuncie a la idea tal y como lo había hecho hacia tanto tiempo, porque bajo la piel del lobo Sir Link yacía atento y consiente.

—Te adoro, nunca lo olvides, tú eres mi mejor amigo.

Y por primera vez levantó la mirada.

Habíamos tenido esta misma conversación antes, el mes pasado, y el pasado ese. Siempre me lo repetía "No tienes porque cargar con esto", lo reñía y al día siguiente se disculpaba, mañana quizás diría "Perdóname. Sólo quiero estar a tu lado", porque al final su lealtad incondicional triunfaba sobre su terco orgullo.

—Deja de ser un gruñón, tú no eres una bestia, ¿Estás enojado porque cene con ese chico?

Se dio la vuelta, parecía bastante avergonzado, no pude evitar reírme debido a su comportamiento. El tiempo pareció avanzar de manera perezosa, ninguno de los dos lo expresó pero ambos parecíamos haber encontrado cierta comodidad en medio de estas locas situaciones.

Poco después debí despedirme en serio, pero antes de atravesar la puerta le ordene que cenara. Únicamente me miró con ojos traviesos, le devolví el gesto, al menos estaba segura de que nuestra conversación había pesado.

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Continuara...

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Cometarios del Capitulo:

xD Pobre Link, pero supongo que el tiene la culpa por ser asi de lindo. A este capitulo le he sumado a nuestro heroe la personalidad de Suga-kun un personaje de RPG Maker que en su momento ame con toda mi alma, asi que esa el la razon por la que ahora se comunica todo el tiempo con notitas xD

Espero que lo hayan disfrutado mucho y posiblemente la siguiente semana tengamos el desenalce de esta historia.

si es que llego a atrasarme ironicamente sera por la culpa del propio Link, es decir xD, yo + BotW = cero vida social... quizas por meses jajajajaja ok no, pero podria ocurrir :v , asi que no desesperen no estare muerta solo rotundamente viciada.

De hecho iba a publicar el dia 03 de Marzo, pero semos realistas... ¿Quien se va a poner ese dia a leer un fanfic teniendo juego nuevo ? xD xD xD