II – Paliza
Akane no era mi novia, sólo teníamos sexo de vez en cuándo, pero aun así me cabreaba que hubiera empezado a salir con otro tío. De algún modo, la había llegado a considerar mía, de mi propiedad y no quería que se marchara. No estaba enamorado de ella, pero no quería que se viera con otros chicos. En realidad no tenía derecho a ponerme así, después de todo, yo había estado viendo a otras chicas.
No sé que esperaba, el joven e inexperto era yo, ella era toda una mujer, tenía 3 años más que yo y era muy experimentada. Aún recuerdo la primera vez que la vi. Iba con Tetsuo en su moto, y al principio pensé que eran pareja, pero no: sólo eran amigos.
Era una mujer de carácter, de esas que se salen de la mujer tradicional japonesa, y eso me gustaba. Además, llevaba tatuajes y una dilatación, por lo que aún se alejaba de la imagen de mujer tranquila y agradable que yo siempre había tenido en mente para la relación que nunca tendría, porque una mujer así no querría a alguien como yo.
A pesar de que fuera de la cama era muy agresiva, dentro de ella era bastante calmada. Al menos más de lo que se esperaría de su carácter: le gustaba ponerse encima y no se cortaba a la hora de pedirme que hiciera algo que le gustara. Pero yo esperaba una tigresa, una de esas mujeres que arañan y que gimen tan alto que las oyen los vecinos.
Quizás yo no era tan bueno en la cama como me gustaba pensar. ¿Cabía la posibilidad de que me hubiera dejado por eso?
No, ella estaba en una relación, simplemente había conseguido un tío que la amaba de verdad y al que ella también amaba.
La situación me cabreaba, pero en el fondo, me alegraba por ella.
Ese día decidí ir a clase. Había intentado pasar la mañana durmiendo, pero estaba harto de recordar a Akane entre las sábanas. Aunque ya había limpiado las sábanas varias veces, bastaba con que me diera la vuelta en la cama para que sintiera el calor y el aroma de su cuerpo.
Me miró un momento a los ojos y me besó. Fue un beso casto en los labios. Supe que se estaba despidiendo, y la odié por ello.
- No te vayas todavía, preciosa – Le dije.
- No me voy – Se sentó un momento en el borde de la cama y encendió un cigarrillo – Pero no tardaré mucho, así que di lo que tengas que decir, Mitsui.
- ¿Por qué? – Sabía que ella adivinaría a qué me refería, no era estúpida.
- Porque he conocido a otro tío – Se levantó y empezó a vestirse lentamente. Me miró un momento, invitándome, pero yo no me moví, no valía la pena – Le expliqué la situación y decidió que podía despedirme.
- ¿Es otro amigo de Tetsuo? -.
- ¿Y a ti que más te da quien sea? – El tono de voz era duro, pero su mirada era tierna. Se acercó a mí y me besó de nuevo.
- Ya me has respondido – Dejé que mis dedos se enredaran con su pelo rojo a medio desteñir – Deberías volver a teñirte, esto es más naranja que rojo.
- Bésame el culo -.
- Como desees – Me acerqué lentamente a ella.
- Oh, ¿lo harás? – Preguntó juguetona.
- No – Dije cuando la tuve bien cogida, y le di una palmada en el culo – Ni de coña.
- No me ha dolido -.
- Pues claro que no, ¿pensabas que te iba a pegar en serio o qué? -.
Y se marchó sin darme una respuesta.
- Encontraré a otra – Me dije, consciente de que no me costaría mucho, Tetsuo podía presentarme a cualquier chica, o podía conocer a alguna yo mismo. Después de todo, había más pandilleras de las que se podía esperar, y eran bastante peores que las bandas de hombres.
Llegué al Shohoku para la tercera hora, y me crucé con aquel chico de primero al que aún tenía pendiente bajarle los humos: Ryota Miyagi. Estaba en el equipo de baloncesto, un motivo más para detestarlo.
- Eh, Miyagi, te espero en la terraza después de las clases – Le dije.
- Jé – Fue su única respuesta.
- Pobre de ti que no vengas -.
Y ahí estábamos todos en la terraza, esperando a ese maldito perdedor. Jugaba al baloncesto por una tía, y encima era bajito.
El muy idiota vino solo. Enseguida empezamos a apalizarlo, por lo que cayó de rodillas. Después de todo, nosotros íbamos en grupo. Aun así, empezó a darme cabezazos en la mandíbula. No sé cuánto tiempo pasó ni cuántos cabezazos recibí, pero perdí tres dientes.
OoOoOoO
Me desperté en el hospital. Era el mismo hospital en el que me ingresaron cuando me lesioné la rodilla izquierda, pero esta vez no lo decoraría con pósters de baloncesto ni tendría un balón junto a la cama.
La primera persona que vi, fue mi madre. No podía saber cual de sus dos emociones predominaban en su rostro, si la preocupación o la derrota. Mi madre me quería, y era normal que se preocupara, pero verla ahí, y ser consciente de que se sentía derrotada como madre, que tiraba la toalla y que me daba por perdido, me afectó.
N/A: Sé que la historia está avanzando muy rápido, pero quiero centrarme más en el año en el que se desarrolla el manga, por lo que estos dos últimos capítulos y el siguiente son únicamente introductorios.
