Parejas: Kai x Yuriy, menciones de Bryan x Yuriy y una que otra sorpresa.

Advertencias: Si has leído alguna de mis historias sabrás qué esperar, pero no está de más prevenir que a continuación te encontrarás con una historia llena de escenas románticas, escalofriantes, eróticas y de humor, como ya es costumbre. A diferencia de Gulag y de A los 18, en este fanfic sólo habrá advertencias generales para no dar pistas sobre el contenido de cada capítulo.

Actualización: Cada lunes

¡Espero que disfrutes de la lectura!

El País de las Manzanas

Capítulo 2: Juegos del destino

-¿A dónde vamos? – preguntó el ruso

-No tenías que revelar quién era. Después de que te ayudé, esperaba cierto agradecimiento de tu parte

-No necesitaba tu ayuda, me las podía arreglar yo solo

-Claro – Robert sacó su celular y revisó la hora, luego se lo guardó nuevamente en el abrigo – te iban a dar una paliza, y probablemente, te arrestarían por un par de días al no pagar la multa

-Dime a dónde vamos – repitió Bryan

-Te gustará éste lugar, confía en mí

-No confío en ti, por eso pregunto

-Si no confías en mí, ¿Por qué abordaste la limosina?

Bryan frunció el ceño. Robert tenía razón. ¿Qué estaba haciendo ahí?

-Supongo que no tenía opción. No tengo dinero, no quería que la policía me encontrara y luego me deportaran a Rusia.

-Creo que tienes una larga historia que contarme – el alemán se acomodó en el asiento - ¿Qué haces en Escocia, Bryan? Yo te hacía encerrado en algún Gulag en Siberia.

-Ja, ja, qué gracioso – el ruso colocó la bolsa de tintorería junto a él y se alejó un poco del alemán - ¿Tú no deberías estar en un campo de concentración, quemando gente, mandando notas de esperanza a personas que no la tienen?

En eso, el celular de Robert comenzó a sonar y el alemán observó la pantalla. Colocó el aparato en silencio y se lo guardó.

Bryan notó como la mirada del joven se entristeció.

-¿Y tú qué haces en Glasgow? – preguntó el ruso, intrigado por su actitud

-Si me cuentas tu historia te cuento la mía – respondió

Bryan frunció la boca y se giró hacia el otro lado, observando los edificios pasar a su lado.

Ninguno volvió a hablar hasta que arribaron a un restaurante muy lujoso.

-¿Vamos a comer? Estúpido, ya te dije que no tengo dinero – comentó Bryan, rehusándose a bajar

-Idiota, sabes que yo te voy a invitar. Vamos – Robert permaneció afuera mientras el ruso salía con torpeza de la limosina

-Vaya auto más incómodo – comentó acariciando el blade en su pantalón, nuevamente asegurándose que estaba ahí. Robert no pasó esto por alto.

-Cállate y compórtate

-Bienvenidos – saludó la hostess - ¿Dos personas?

-Sí – respondió Robert, resguardando su identidad con el sombrero – área de no fumar

-Por supuesto. Síganme por favor.

Cuando finalmente estuvieron en la mesa, Bryan observó el lugar.

Una de las paredes tenía un mural pintado como si fuera una casa de muñecas, en tonos azules y verdes claros. Las otras paredes eran blancas. Había aproximadamente unas veinte mesas y cada una separada por una buena distancia de la otra. Se sentía la privacidad. También había ventanas que daban a la calle y la iluminación era brindada por elegantes candelabros que colgaban del techo.

Cuando les entregaron la carta, Bryan no pudo evitar exaltarse al ver los altos precios de los platillos. Sin embargo, también debía admitir que estos estaban muy bien preparados y olían exquisitos, por lo que había notado en su camino a la mesa.

-Ya te dije que yo voy a pagar – fue lo primero que dijo Robert – así que pide lo que quieras

-Deja de comportarte como un presumido. Ya sé que eres rico. No tienes que recordármelo cada cinco minutos – Bryan escondió su rostro detrás de la carta, pero se asomó para ver cómo el alemán rolaba los ojos y bajaba la carta, indicando que ya sabía lo que quería – además – el ruso salió de su escondite – no sé qué es la mayoría de estos platillos. Recomiéndame algo.

-¿Qué te gusta?

-Carne

-Veamos… - Robert abrió su carta nuevamente y leyó los cortes que había en el menú – hay un platillo de carne argentina con crema de almendras, guarnición de papa rellena de queso Edam con tocino y alcaparras. ¿Qué te parece?

-No conozco ese queso y no sé qué son las alcaparras

-Te va a gustar

Robert llamó al mesero y pidió por los dos, la carne para Bryan y una especie de pescado, o eso creía el ruso, para él. De tomar pidió una jarra de agua de menta con guayaba.

-Agua de menta con guayaba, ja, - comentó Bryan cuando el mesero se alejó - ¿Qué clase de brujería es esa?

-Sabe rica

En eso, les llevaron el servicio de pan, el cual estaba calientito y relleno de queso crema. Al centro, mantequilla con café y salsas de fresa con frambuesa y otra de mango con paprika.

-Todo aquí es raro – comentó el ruso mientras probaba cada cosa - ¿Vienes aquí seguido?

-No. De hecho, me ando ocultando también – respondió Robert y tomó un pan

-¿De quién?

-No de mi país te lo aseguro – sonrió el alemán – es muy complicado. Además, tú debes decirme primero.

-¿Y por qué debería? – Bryan se recargó retadoramente en la silla mientras engullía un pan como si no hubiera comido en años

-Salvé tu trasero hace rato. Y te invité a comer. Debes pagarme de alguna manera. Mira – Robert colocó su pan, al cual solo le había dado una pequeña y elegante mordida, en su plato – fue una sorpresa encontrarte en ese pub. No tenía idea de que tenías permitido salir de Rusia, pero al escuchar que no tenías dinero, supuse que te fuiste sin permiso. Yo soy de las personas que creen en el destino – se acomodó el sombrero – y el que nos encontráramos en un país que no es nuestro, en una ciudad random, en la misma taberna, y en el preciso momento…

-Ya te entendí – lo interrumpió Bryan – yo no creo en eso del destino, pero sí estoy de acuerdo en que fue extraño

-No pensé que me reconocerías – admitió el alemán – jamás habíamos hablado frente a frente si mi memoria no me falla

-No – fue su simple respuesta

-Pero escuché que cerraron la abadía después del torneo. ¿Cuánto tiempo tiene ya de eso? ¿Cinco años?

-Sí – respondió antes de comenzar el siguiente pan. El cuarto ya.

-¿Qué hicieron tú y los demás cuando metieron a Boris a la cárcel y clausuraron el lugar?

-No, no fue así – Bryan terminó ese pan – al finalizar el torneo sí arrestaron a Boris, pero la abadía siguió operando como un albergue mientras nos buscaban un hogar a cada uno. Muchos de los beyluchadores eran muy jóvenes, y encontraron familias rápido. Otros se fueron con tíos o abuelos. Uno que otro… encontró quién lo mantuviera. Pero para unos cuantos, como yo, nos fue muy difícil encontrar donde vivir. Al final quedamos tres que nadie quiso y el gobierno nos consiguió un pequeño departamento a cada uno y nos facilitó trabajar. Teníamos 16 años, así que pocas cosas podíamos hacer.

Robert pensó que Bryan continuaría con la historia, pero ahora lo miraba expectante.

-Y… - el alemán dio otra pequeña mordida a su pan - ¿En qué trabajaste?

-En una tienda de tatuajes y perforaciones – señaló su arete – ganaba lo suficiente para comer. Pero… - frunció los labios unos segundos – hubo una fuga de gas en mi departamento y éste se incendió – se acomodó en la silla – lo perdí todo. Lo único que sobrevivió del fuego fue esto

Introdujo la mano en su pantalón y sacó una pequeña bolsa de tela donde, claramente, había un blade dentro. Robert iba a tomarlo, pero Bryan se lo impidió y lo guardó nuevamente.

-¿Y qué hiciste después?

Bryan se lo pensó dos veces antes de responder. Claro que Robert sólo preguntaba por curiosidad, pero el chico se había portado bien con el ruso, quizás si no fuera por él, estaría en la cárcel. Así que le dio el gusto.

-Me fui a vivir con los otros dos que tampoco fueron adoptados, mis ex compañeros de equipo, mis amigos… Ian y Spencer. Un mes vivía con uno y al siguiente me iba con el otro. Claro que yo ayudaba con los gastos de la casa, pero como sus departamentos también eran muy pequeños, yo era más lata que ayuda. Tiene como dos año del incendio, y hace unos 13 meses, un amigo de la tienda me ofreció ayuda. Me consiguió un pasaporte que servía para salir de Rusia y entrar a un país fuera de la Unión Europea y que no fuera exsoviético. El país más cercano, donde hablaran un idioma que yo conociera, es decir inglés o ruso, era Reino Unido. Ahorré por un año entero para poder comprar un pasaje directo de Moscú a este país, y el boleto más económico fue a Glasgow, supongo que por el mal clima o qué se yo.

Ambos permanecieron en silencio, y poco después llegó el mesero a retirar los platos sucios y colocar nuevos cubiertos.

-Y… ¿Tala? – Robert parecía aún más interesado en la historia de Bryan que antes - ¿Qué fue de él?

-Yuriy

-¿Disculpa?

-Su verdadero nombre es Yuriy

El mesero regresó con la jarra de agua y llenó sus vasos.

Bryan miró con atención el líquido verdoso frente a él.

-Pruébalo – lo animó el alemán dándole un trago a su propia bebida – es rico

El pelilavanda lo pensó por unos segundos, pero después lo hizo. Robert tenía razón. Era una delicia.

-No sé qué es esto, pero me gusta – asintió el ruso y sonrió sutilmente

-Te lo dije – Robert se quitó el sombrero que ya comenzaba a incomodarle

-¿Y tú que haces aquí? – preguntó el pelilavanda

-Vine a ver a alguien – respondió el mayor – pero me arrepentí

-¿Viniste a ver a tu amigo, cómo se llama…?

-Johnny -Bryan asintió- sí

-¿Y por qué te arrepentiste?

-Es una larga historia

Ambos se miraron a los ojos, la duda y el interés se reflejaba tanto en la mirada esmeralda como en los orbes miel, y al parecer, llegaron a un trato silencioso. Una larga historia a cambio de otra larga historia.

Continuará…

Adelanto del próximo capítulo:

-¿Por qué te dejó Yuriy por Kai?

-Por esto

Bryan sonrió y miró hacia la izquierda, a la mesa más cercana a ellos.

-¿Qué cosa?

Sonrió aún más ampliamente y miró al alemán.

-Je, no me sorprende que no te des cuenta. Todos saben lo que le hicieron a Yuriy, lo de Cyber-Tala. Pero pocos saben lo que me hicieron a mí.

El País de las Manzanas

Próxima actualización: Lunes 24 de Marzo del 2014

~Cloy Jubilee