¡Buenas, lectores! Os doy la bienvenida al primer capítulo de Shiki Uchiha. Este capítulo en concreto está separado en dos partes al ser demasiado largo, pero no os acostumbréis porque la mayoría de capítulos son más cortos que este. Al principio de cada capítulo pondremos las canciones con las cuales me he inspirado para escribirlos y que también pueden ser un gran acompañamiento a la hora de leerlo.
Hay una playlist en Spotify y estoy trabajando en otra en Youtube, pero por el momento no son públicas.
Empires- Hillsong United
Not Alone- Red
Relentless- Hillsong United
Army Of Angels- The Script
I: Uzumaki Naruto
Una vez, hace no mucho tiempo, existió un Lobo de Siete Colas. Con un simple movimiento de estas podía destrozar montañas, causar tsunamis u originar ciclones. Para combatir a esta bestia, la gente reunió a los más valientes Shinobis. Entre todos esos ninjas apareció uno mucho más valiente que los demás, el cual logró dominar a la bestia sellándola en un cuerpo humano, pero debido a esto perdió la vida. Este Shinobi era conocido como Rokudaime Tsukikage.
Caminar con tranquilidad por las calles de Konoha me parecía una buena forma de comenzar el día. Sabía de sobras que llegaba tarde a la academia, pero el día anterior me lo había pasado junto al Hokage revisando reportes y papeles después de una larga misión, estaba demasiado cansada como para levantarme a la hora y salir corriendo hacia las clases. Aunque, pensándolo bien, ¡Sasuke podría haberme despertado! Dejé escapar un corto suspiro y seguí mi camino, pero como era (y aun soy) bastante despistada, terminé deteniéndome frente al escaparte de una librería para ver si había alguna novedad.
– ¿Y luego dices que no llegas tarde? – escuché una voz a mi espalda.
Me giré con lentitud, adivinando de quien se trataba gracias a su flujo de chakra. Era una chica de cabello avellana por la cintura, sus ojos eran aguamarinas y era un poco más alta que yo.
– Bueno, solo me retraso un poco, Tsume – dije como excusa.
Mi compañera hizo una mueca extraña para luego sonreírme, siempre me había considerado como una hermana pequeña, lo que no me molestaba realmente.
– Ahora que lo pienso, tú también llegas tarde – comenté con una pequeña sonrisa.
La chica rodó los ojos, fingiendo no tener nada que ver con el tema, lo que me hizo reír. Varios ninjas pasaron corriendo por la calle, lo que me extrañó, pero más preocupada me dejó el hecho de ver allí a Sandaime. Tsume se escondió detrás de mí, nunca le había gustado demasiado ver a muchos ninjas juntos.
– Debe de ser él otra vez… – murmuró, más para sí misma que para mí.
– Eso espero… – dije en voz baja.
El Hokage solo intervenía si era un asunto grave, o si se trataba de ese sujeto.
Levanté la vista para poder contemplar los rostros de piedra, algo que me gustaba hacer, sin embargó quedé paralizada al encontrarme el famoso monumento cubierto de grafitis y dibujos. Tsume también estaba observando el monte de los Hokages, sorprendida porque hubiese llegado a tanto. Apreté los puños, notando como mi enfado aumentaba.
– Creo que se ha pasado… – comentó la castaña, aun oculta detrás de mí.
Yo lo mato. Pensé sin rodeos. Escuché una risa proveniente del lugar y agudicé mi vista, encontrándome con ese chico tan problemático, se trataba de Naruto Uzumaki, que pintaba los rostros de los Hokages y deshonraba su memoria.
– ¿Es que no puedes dejar de causar problemas? – preguntó uno de los ninjas del grupo de acompañaba a Sandaime.
– Siempre haces lo mismo, ¡Pero esto es exagerado! – comentó otro al tiempo que lo miraba con odio, con aquellos ojos fríos.
Tsume y yo nos acercamos con cuidado al lugar, observando como aquel rubio hiperactivo era cubierto de insultos. Parecía no molestarle demasiado, aunque no era así, el pobre ya estaba acostumbrado.
– ¡Callaros idiotas! ¡Ninguno de vosotros es capaz de hacer algo así, ttebayo! – dijo el chico con una sonrisa burlona en el rostro.
Los ninjas dejaron paso al líder de la aldea, el cual parecía visiblemente molesto. Se ajustó el sombrero y levantó la vista, su humor empeoró al ver su propio rostro lleno de grafitis. Sin embargo él mismo sabía que no podía hacer nada contra ese chico, la única persona que podía hacerlo entrar en razón era…
– Iruka-sensei, ¿No tendría que estar en clase? – preguntó Tsume al ver como nuestro sensei pasaba caminando con furia entre los ninjas.
– Menos mal que estás aquí Iruka, eres el único capaz de hacerle recapacitar – dijo el Hokage esbozando una sonrisa.
– Discúlpeme por esto, Hokage-sama – dijo el castaño al tiempo que tomaba aire, preparándose para echarle la bronca de su vida al Uzumaki. – ¿¡Qué demonios estás haciendo!? ¡Se supone que en diez minutos empiezan las clases! ¡Baja de ahí, tarado! – gritó con furia, haciendo temblar los cimientos de la villa.
Solo Naruto Uzumaki lograba sacar de sus casillas a Iruka Umino, y solo Iruka Umino era capaz de hacer entrar en razón a Naruto Uzumaki. Hacía tiempo que los vecinos habían dejado de quejarse de aquellos gritos, ya era parte de la rutina de ese par.
Después de un extraño forcejeo por parte de los dos, Naruto bajó del monumento e Iruka-sensei aprovechó para atarlo con una cuerda y llevarlo a rastras a la academia. Tsume y yo aprovechamos para acompañarle, sabiendo que si llegamos más tarde que él recibiríamos una sanción, y yo ya tenía suficientes. Cuando llegamos al aula, me senté junto a Sawaii Hitomi, otra compañera, Tsume también tomó asiento al otro lado mientras que el profesor se dedicaba a reprender la actitud del rubio, ¡Como si algo fuese a cambiar!
– ¡Mañana será el examen de graduación de la academia ninja y tú sigues haciendo el idiota! ¡Ya has reprobado dos veces! – Espetó molesto al tiempo que apuntaba al chico– ¡No es momento de estropearlo todo! ¡Idiota! – claramente había perdido los nervios con él, pero ya era costumbre.
– Lo que tú digas… – dijo el rubio al tiempo que rodaba los ojos, evitando la mirada recriminatoria del sensei y fingiendo desinterés.
Aquello molestó aún más al chunnin, el cual explotó.
– ¡Examen de Henge no jutsu! ¡Ahora! – gritó a todos los alumnos.
Se escucharon numerosas protestas, pero Iruka no estaba de buen humor, por lo que decidieron quedarse callados al ver su rostro amenazante. Todos los alumnos se pusieron en fila frente a la mesa del profesor para realizar la técnica, suspiré y me apoyé en una mesa, mostrando el poco entusiasmo que sentía por la situación. Llevaba toda la semana en incontables misiones y tenía una cantidad limitada de chakra, incluso si a veces el Hokage parecía ignorar esto último. Estaba cansada y no me apetecía hacer eso, por lo que lancé un gruñido.
– Sasuke Uchiha – llamó el sensei.
Vi como el azabache de ojos negros caminaba hacia el lugar, me lanzó una corta mirada para verificar mi estado, una manía que había cogido tres años atrás, cuando llegué a la villa y quedé a su cuidado.
Puso las manos en posición y reunió una buena cantidad de chakra para luego rodearse de humo y dejar ver al sensei Iruka. Una transformación perfecta, aunque reunía un poco más de chakra de lo necesario lo hacía mejor que muchos de los demás alumnos, por algo disputaba el primer puesto de la clase con Tsuki Mia y Suin Akure.
– Shiki Uchiha – llamó Iruka al tiempo que posaba sus ojos sobre mí.
Maldecí y avancé hasta allí, poniendo las manos en posición. Me detuve por un segundo. ¿Tengo suficiente chakra? He estado toda la semana haciendo un montón de misiones de rango B o superior y no creo haber recuperado todo el chakra… bueno, ya se verá.
– Eres muy lenta, Baka-Shiki – se quejó el rubio hiperactivo.
Me giré hacia él con un rostro que indicaba molestia, volví a concentrarme y cerré los ojos. El chakra me rodeó con rapidez y luego me rodeé de humo, en cuanto se disipó me había transformado en Iruka, había conseguido ejecutar la técnica con éxito. La deshice y caminé junto al Uzumaki lanzándole una mirada amenazante, él solo rió. Éramos cercanos, muchas veces terminábamos comiendo juntos en Ichiraku, y otras yo estaba sola y me quedaba con él. Odiaba estar sola, y él lo sabía.
– Siguiente, Naruto Uzumaki – el rubio se adelantó al tiempo que sonreía con confianza.
Creo que nunca le había visto realizar un jutsu correctamente, aunque, si lo piensas, su situación no era de las mejores.
– Todo esto es tu culpa, ¡Todos sabemos hacer el Henge no Jutsu perfectamente! – se quejó una de las futuras kunoichis, Kinna Tsuishi.
– Tiene razón – la apoyó Tsuki, que se encontraba junto a la pelirroja de ojos azules.
– No le hagas caso – intervino un chico de pelo oscuro con las puntas rojas y los ojos de color vino.
Kon Okishimaru siempre le había ayudado a salir de los problemas, algo que en parte agradecía. El rubio se ajustó las gafas que llevaba sobre la frente y puso las manos en posición para luego concentrar una cantidad considerable de chakra.
En una nube de humo apareció una chica de dos coletas rubias, completamente desnuda. Por suerte lo que quedaba del humo ocultaba sus partes íntimas, pero esto no impidió que el sensei saliera volando de una hemorragia nasal. Deshizo la técnica y estalló en carcajadas junto con el resto de la clase, yo incluida.
– Esa es mi técnica especial, el sexy no jutsu– rió el rubio.
Kon y el chocaron las manos con una gran sonrisa, pero el momento fue interrumpido por Iruka, el cual se había tapado la nariz con dos bolas de papel.
– ¡Tarado! ¡No inventes ese tipo de estupideces! – gritó de mala gana el sensei.
– Pues bien que ha tenido su efecto… – comentó un peliazul de ojos grisáceos con una sonrisa.
– ¿¡Acaso tú también quieres un castigo, Jinn!? – preguntó alterado.
La clase continuó en completa normalidad, es decir: llena de bromas por parte del rubio, risas de Jinn y Kon, travesuras por parte de Kiba Inuzuka y regaños por parte del sensei. Cuando llegó el final del día sonreí y me levanté del asiento, mirando por la ventana. Al ver el monumento de los Hokages lleno de grafitis me desanimé. Sin poder evitarlo fijé mí vista en el rostro del mejor Shinobi de todos los tiempos: Yondaime Hokage. Claramente él era una leyenda, había salvado la villa del Kyubi, además de haber sido un buen amigo de mi predecesora y el sensei del famoso Ninja Copia.
Los alumnos comenzaron a abandonar el salón de clases, Naruto estaba a punto de imitarlos, pero Iruka lo agarró por el cuello de la camisa con fuerza.
– ¿A dónde crees que vas? Tú tienes que limpiar el desastre que has hecho – dijo señalando el monumento a través de la ventana.
– ¡Pero sensei, tardaré demasiado! – puso como escusa el rubio al tiempo que hacía un puchero para dar pena, pero no funcionó.
– ¡Haberlo pensado antes! – dijo con enfado el maestro.
Tsume observaba la escena con una sonrisa, pero luego fijó su vista en el monumento.
– Oye, Naruto, ¿Qué tal si te ayudo? Así tardarás menos – se ofreció la Kinomura con una pequeña sonrisa.
– ¿En serio, ttebayo? – preguntó extrañado por aquella proposición.
– Sí, Shiki, ¿vienes? – preguntó girándose hacia mí.
Suspiré y metí las manos en los bolsillos, imitando la pose de mi hermano sin darme cuenta.
– Hmph, no tengo nada mejor que hacer – dije al tiempo que seguía al grupo.
Cuando llegamos al monumento de los Hokages, unos ninjas nos dieron las esponjas, mirándome con extrañez, pero sin decir nada al respecto. Comenzamos a limpiar el rostro de Shodaime Hokage mientras que Iruka nos vigilaba para revisar que Naruto no huía y nos dejaba con todo el trabajo.
– No os dejaré ir hasta que terminéis todo, que os quede claro – dijo con tono serio al tiempo que se cruzaba de brazos.
– ¿¡Que!? – Se quejó la castaña – ¡Pero si estamos aquí por voluntad propia! – dijo haciendo un puchero.
– Hmph – emití al tiempo que seguía frotando la piedra.
– ¡Y a mí que, no hay nadie esperándome en casa! – espetó el rubio con cierto enfado para luego ponerse a frotar con fuerza el rostro del Hokage, desgastándolo notoriamente.
Tsume posó sus ojos aguamarinas sobre él, sintiéndose mal. Era sabido en toda la villa que ese chico se había criado solo, ella tenía una familia, era normal que no entendiese sus sentimientos y que se sintiese mal por él. Al ver la extraña atmosfera que se había creado alrededor de nosotros, el rostro de Iruka perdió la sonrisa.
– Chicos… – empezó a decir al tiempo que cogía aire.
– ¿Ahora qué? – pregunté algo molesta y frunciendo el entrecejo.
Pensar en todo aquello me había quitado el buen humor, lo que extrañó bastante al chunnin.
– Estaba pensando… si lo limpiáis todo os invito a cenar ramen – dijo no muy seguro de si era una buena idea, cuando se trataba de ramen los tres teníamos un estómago sin fondo.
Mi rostro se iluminó, al igual que el de Tsume y Naruto.
– ¡Bien, trabajemos duro! – dijimos al tiempo que chocábamos nuestras esponjas.
Después de pasar varias horas limpiando los rostros de los Hokages, terminamos haciendo una pelea de agua con los cubos y las esponjas, por lo que Iruka tuvo que intervenir, pero de alguna manera terminó involucrado y terminó en el bando de la Kinomura mientras que el Uzumaki y yo tratábamos de atacarlos con agua. Era una manera interesante de pasar el tiempo, incluso si estábamos a finales de invierno y hacia fresco, nos daba completamente igual.
Después de recoger el desastre que habíamos hecho nos dirigimos hacia el mejor puesto de ramen de la villa, el Ichiraku. Estábamos caminando por las calles de Konoha con tranquilidad, habíamos tenido tiempo de secarnos mientras guardábamos las cosas, así que estábamos bien. Tsume se detuvo a un par de pasos del puesto de Ramen el tiempo que un aura oscura bastante amenazante la rodeaba.
– Tsu…Tsume-chan… ¿Pasa algo? – preguntó el Uzumaki con miedo.
Siempre que ella se ponía así quedábamos paralizados por el miedo, incluso el sensei estaba nervioso.
– ¡Se ha hecho demasiado tarde! – Exclamó con tristeza – Tengo que volver a casa, ¡No podré probar mi adorado ramen! – se quejó con lágrimas falsas.
A Iruka y a mí nos salió una gota de sudor en la sien mientras que Naruto se acercaba a ella y la tomaba de las manos.
– ¡Te entiendo perfectamente, ttebayo! – y ambos se echaron a llorar de manera falsa.
Sin poder evitarlo se me escapó una pequeña sonrisa, lo cual era extraño en mí. Cierto que con Tsume podía mostrarme más tranquila y amable, pero con el resto aun me costaba.
– Pasado mañana iremos los tres a tomar ramen y punto – dije volviendo a mi tono cortante, correspondiente a mi apellido.
– Sí, buena idea – dijo feliz el Uzumaki.
– Bueno, entonces me despido – dijo al tiempo que corría por la villa para llegar al barrio Kinomura, el cual casualmente estaba cerca del abandonado complejo Uchiha.
Sentí una punzada de dolor al pensar en ello, por lo que negué con la cabeza y seguí a los otros dos hasta el puesto de ramen. Cuando nos hubieron servido nuestras raciones de fideos comencé a comer con tranquilidad, al igual que Naruto, sin embargo Iruka aún no había probado bocado.
– Naruto… – empezó a decir con un tono algo más serio – ¿Por qué pintaste el monumento de los Hokages? ¿Acaso no sabes quiénes son? – preguntó preocupado.
Vale que Naruto era despistado, pero hasta ahí llegaba.
– Si lo sé, los que reciben el título de Hokage son los Shinobis más fuertes de toda la villa… – se detuvo por un segundo – O eso creo…– suspiré, ya ni siquiera se sabía algo tan básico.
Seguí comiendo mi ramen mientras escuchaba la conversación que mantenían los otros dos.
– Y el más fuerte de todos los Hokages fue Yondaime Hokage, el que salvo a la aldea del Kyubi – dijo feliz mientras terminaba su ración y pedía otra.
Noté como la pequeña pila de boles de Naruto iba aumentando, por lo que reí internamente al imaginarme la cara que pondría Iruka-sensei.
– ¿Entonces por qué lo has hecho? – preguntó confundido Iruka, el cual por fin había comenzado a comer su ración.
– Bueno… yo algún día conseguiré el título de Hokage – dijo como si fuera lo más obvio del mundo, – ¡Y entonces superaré a todos los Hokages anteriores! – una sonrisa se formó en mi rostro, mucho más sincera de lo que esperaba de mi misma.
No dudaba de esas palabras, incluso si a esas alturas parecían una locura… yo confiaba plenamente en él.
–…y así haré que toda la villa me reconozca – añadió con gran entusiasmo.
Un silencio agradable se formó en el lugar mientras que el Uzumaki, Iruka y yo seguíamos comiendo en silencio, bueno, al menos Iruka y yo. El rubio no paraba de hacer ruidos bastante desagradables mientras sorbía la sopa de miso, lo cual logró que me saliera una vena en la frente.
– ¡Guarro! – le dije en voz baja.
– ¡Estirada! – respondió.
– ¡Estúpido! – se la devolví.
– ¡Baka-Shiki! – apreté con fuerza los palillos, ¡Odiaba ese mote!
Escuché como el Umino soltaba una gran carcajada y luego apoyaba la mejilla en la palma de su mano.
– Vosotros hacéis una linda pareja – dijo aun con una pequeña sonrisa.
– ¡De eso nada! – dijimos al unísono, mostrando una mueca de desagrado.
Escuché la risa de Teuchi, el dueño del puesto. Sin poder evitarlo, los dos nos echamos a reír junto con ellos. Cuando llegó la hora de abandonar el lugar y pagar la cuenta, Iruka casi tuvo un infarto mientras que Teuchi y su hija reían de manera malvada.
El día del examen había llegado, lo cual en si no representaba un gran esfuerzo para mí, pero si para el resto de los alumnos, incluido mi propio hermano. La clase estaba llena de varios alumnos de la Academia Ninja que estaban al borde del colapso, probablemente ninguno hubiese logrado dormir la noche anterior por el estrés y la anticipación del examen.
– Para el examen de este año tendréis que realizar la técnica del bunshin no jutsu – sentenció Iruka al tiempo que se paseaba por la sala con un rostro serio.
Una chica de cabello pelirrojo y ojos azulados levantó la mano, por lo que el sensei le dio la palabra.
– ¿Cuántos clones debemos crear para pasar el examen, Iruka-sensei? – preguntó Kinna Tsuishi con curiosidad.
El Umino estaba por contestar, pero otro sensei que se encontraba en la sala para ayudarle con el examen se adelantó.
– Con dos clones es suficiente, pero cuantos más mejor, eso sí, recordad no sobre esforzaros en vano – dijo con una extraña sonrisa que me dio escalofríos.
– Gracias Mizuki-sensei, en fin, os iremos llamando por orden alfabético para que hagáis la prueba, que será en esa habitación – dijo al tiempo que señalaba el salón de clases que había al lado.
Miré de reojo al Uzumaki, sabiendo que esa era su peor técnica. Llamaron a los alumnos por orden alfabético, tal y como había dicho Iruka, lo que solo desesperó más al rubio hiperactivo.
– Sasuke Uchiha – el mencionado levantó la vista, manteniendo su fachada intacta.
Sonreí de medio lado y cuando pasó junto a mi agarré su mano con fuerza, indicándole que lo iba a hacer bien. Sonrió de manera arrogante y entró en la sala anexa, donde se hacía el examen. Después de un par de minutos salió con la banda de Konoha en la mano, por lo que sonreí y salté para abrazarle con fuerza. Al parecer el gesto no le molestó demasiado, puesto que no me rechazó (lo cual solía hacer cuando había gente) aunque tampoco me devolvió el abrazo, algo muy común en él cuando había gente alrededor.
– Shiki Uchiha –
Sonreí y me separé de él para ir caminando hasta el lugar y entrar en la habitación, cerrando la puerta detrás de mí.
– Bueno, bienvenida, Shiki Uchiha – saludó con tono tranquilo el peliazul, tomando su tiempo al pronunciar mi nombre.
No dije nada y puse las manos en mis caderas al tiempo que hacia una mueca.
– Iruka-sensei, Mizuki-san, ¿De verdad tengo que hacer este examen? – Pregunté yendo directa al grano – Los tres sabemos que soy capaz de hacer una multiplicación de cuerpo y mucho más, ¿De verdad que esto es necesario? – pregunté con tono suplicante.
Al ver como Mizuki sonreía de medio lado e Iruka me miraba con una sonrisa burlona me resigné, puesto que sabía que estaba teniendo una actitud completamente infantil.
– Queremos ver de lo que es capaz la Miyukage – rió el peliazul al tiempo que se acomodaba en su silla.
Lancé un corto gruñido y puse las manos en posición, concentrando la menor cantidad de chakra posible, nunca se sabía cuándo podía salir de misión y prefería no gastarlo todo en un examen que yo ya había pasado por el simple hecho de tener un nivel de jounin.
– Bunshin no jutsu (jutsu de la multiplicación de cuerpo) – dije al tiempo que una cantidad de chakra moderada me rodeaba.
En una nube de humo aparecieron seis clones, los cuales eran exactamente iguales a mí. Tenían el cabello negro por los omoplatos, los ojos azul noche y la piel clara.
– Aprobada – dijo el sensei al tiempo que escribía algo en su carpeta.
– Hmph – respondí al tiempo que agarraba la banda de Konoha de color azul oscuro y salía del cuarto con una mueca de enfado.
Mira que hacerte pasar por esto sabiendo que ya tienes un nivel de Kage… nunca comprenderé a Iruka.
Resonó una voz en mi cabeza. No dije nada y caminé hasta llegar junto a mi hermano y a mis dos mejores amigas, las cuales parecían discutir por, probablemente, el Uchiha.
– Tsuna Urin – siguieron llamando los sensei.
Vi como una chica de cabello oscuro y ojos azul noche caminaba con un porte arrogante hasta el cuarto, nuestras miradas se cruzaron, notando la rivalidad, no, el odio que sentíamos por la otra.
– Bien, el "Trio Inseparable" de Konoha es oficialmente genin – sentenció feliz la castaña al tiempo que saltaba sobre mi espalda, mostrando su banda ninja en tono violeta.
– Sí, ¡Me alegra por fin haber conseguido llegar a genin! – espetó feliz la Hitomi.
Sawaii tenía el cabello anaranjado y los ojos azules, era una de mis compañeras de clase más cercana junto con Tsume.
– Sasuke, me alegra que tú también hayas pasado – dijo la pelinaranja con una sonrisa sincera.
– Hmph, ¿Acaso lo dudabas? – dijo con su típico tono arrogante.
Los tres nos echamos a reír al tiempo que el Uchiha solo esbozaba una pequeña sonrisa, lo que ya era bastante inusual. La Kinomura fijó la mirada en el patio de la academia, el cual estaba lleno de padres que felicitaban a sus hijos por haber pasado el examen con éxito.
– Me tengo que ir, mi madre está fuera esperándome – dijo con una media sonrisa para luego salir por la puerta.
Suspiré y me senté sobre la mesa de mi pupitre, sintiéndome vacía. Lo mismo ocurría con Sasuke y Sawaii, al fin y al cabo éramos tres huérfanos sin padres que nos fueran a felicitar.
– Sawaii-chan, quería felicitarte – dijo un hombre de cabello castaño, casi pelirrojo y ojos verdes.
La pelinaranja le miró con sorpresa, pero no pudo evitar saltar sobre él y abrazarle con fuerza.
– ¡Gracias por venir, Sakaji-san! – dijo feliz de ver a su tío allí.
Los padres de la chica habían muerto durante el ataque del Kyubi a Konoha, por lo que había quedado al cuidado de su abuelo, Sandaime Hokage, aunque también solía pasar las noches en casa de su tío Sakaji Sarutobi.
Al ver la escena no pude evitar esbozar una sonrisa, me agradaba verla feliz. Había sufrido mucho por culpa de la muerte de sus padres, además de que Hiruzen no la dejó salir por un largo tiempo por culpa de su kekkei genkai.
– Hola, Sasuke-kun, Shiki-chan – saludó el castaño con un gesto de la mano.
Le devolví el gesto al tiempo que veía como Tsuna volvía a salir del cuarto con su banda ninja, aun con aquel porte arrogante que me enfermaba.
– Naruto Uzumaki – dijo Iruka mientras posaba su mirada en el rubio, el cual tenía una expresión perdida.
Muchas gracias por leer y espero que os haya gustado el capítulo.
Recordad que podéis comentar con vuestros Oc's para integrarlos en la historia, que necesito equipos para el examen chunnin (que no sean de Konoha).
¿Qué os ha parecido el primer capítulo? ¿Os gusta Shiki Uchiha?
