CAPITULO 2
REENCUENTROS
Despertó antes que él, y su aroma varonil encantó a su olfato por completo. Por un momento se sintió aturdida, perdida. Al instante, los recuerdos de la noche anterior fueron como un latigazo en su mente. Su fuerte brazo, la tomaba presa por la cintura y la tibieza del masculino cuerpo pegado al suyo, le brindaba una sensación tan exquisita, que perfectamente podría morir, y el cielo no sería un lugar tan placentero como en el que se encontraba.
Muy despacio, se levantó cuidándose de no despertarlo. Suavemente se soltó del amarre de su cintura y en su lugar, puso una de las almohadas que reposaban en la cama. El pelinegro la abrazó y se acomodó sobre ella bocabajo como un gatito consentido, dándole una vista más que espectacular de su cuerpo perfecto. Cada centímetro de su piel, era pecaminosamente irresistible. Solo lo cubría la delgada sábana blanca y nada más en el sitio interesante. Su musculosa espalada y sus piernas de deportista griego, eran demasiado para la mentecita retorcida de Serena, que ya comenzaba a maquinar todo lo que le provocaba hacerle nada más de verlo ahí tendido. Caminó de puntitas fuera de la habitación y en el pasillo, encontró la camisa de Darien, la cual procedió a ponerse. Se dirigió a la cocina y puso a funcionar la cafetera, mientras registraba la nevera, buscando algo para desayunar.
De vuelta en el dormitorio, Darien comenzaba a abrir los ojos, al notar que lo que abrazaba no era cierta rubia con la que esperaba despertar, sino que le habían metido gato por liebre y lo que estrechaba era una insípida almohada. Por su mente corrió despavorido, el pensamiento huérfano de que la rubia se había marchado, aprovechando su letargo, pero rápidamente lo desechó al percatarse de las prendas de vestir femeninas que aun yacían en el suelo y confirmó su error, al escuchar ruidos provenientes de la cocina. Se levantó velozmente, tomó una ducha rápida y tan pronto como pudo, se encaminó al encuentro de su acompañante.
Nunca una camisa suya se vio más sexy que en ese momento. Solamente la cubría un poco más arriba del muslo, dejando a la vista, sus fabulosas piernas que parecían interminables. Serena intentaba alcanzar las tazas para servir café, de uno de los estantes más altos, parada en un cajón de utensilios que había abierto, pero por más que lo intentaba y alargaba su menudo cuerpo lo más que podía, era físicamente imposible llegar hasta las susodichas. Él sonrió, viéndola comenzar a insultar por lo bajo a las inocentes tazas por encontrarse fuera de su alcance. Era uno de esos detalles que él encontraba adorables en ella. Discutía hasta con su propia sombra, cuando estaba frustrada. Se acercó por detrás y sin mayor dificultad las bajó, sorprendiendo a Serena que no se había dado cuenta de que estaba en la habitación.
-Que enana eres. –Le dijo en tono de burla, dándole un pequeño toque en su respingada nariz.
-¡Hey! Yo diría más bien que tú eres un gigante anormal. Y buenos días para ti también.
-Buenos días señorita Tsukino.
-Espero que estés listo para un gran desayuno.
-Si lo hiciste tú, espero que tengas cuidado de no intoxicarme.
Ella lo golpeó en el brazo. No era un secreto para nadie, que las habilidades culinarias no eran su fuerte.
-Mira chico listo, sigue así, y no te doy absolutamente nada. –Contestó amenazante, con su dedo índice en el aire.
-A mí no me amenaces con ese dedo. –Refutó tomando con su mano la falange y quedando muy cerca de su boca.
Ambos cerraron los ojos instintivamente y se besaron. Él le soltó el dedo, y bajó sus manos para posarlas en su espalda, mientras ella rodeaba su cuello con los brazos. Más pronto de lo esperado, se estaban casi devorando el uno al otro. Se separaron por la falta de aire y ella no pudo evitar que los interrogantes que vagaban libres por su cabeza desde la noche anterior, resurgieran evitando que se concentrara en la situación.
Aunque quisiéramos retrasar el momento, la realidad siempre nos alcanza. Lamentablemente nunca es posible perpetuar un sueño ¿o si?
-Darien, ¿Qué estamos haciendo?
-Por el momento, beso tu delicioso cuello. –Contestó distraído.
Cuanto le costó separarse de él, para obligarlo a que atendiera a lo que le estaba preguntando.
-No, Darien. ¿Qué estamos haciendo? –Enfatizó aun más su pregunta. -¿Qué significa todo esto?
Hubo un pequeño silencio, mientras intentaba ordenar sus palabras.
-Serena yo no te pido absolutamente nada. No hay que darle más trascendencia a esto de la que tiene. Digamos que te propongo que hagamos un acuerdo. Un trato simple sin ninguna clase de compromisos. Mientras estamos solos, no hay razón para estar solitarios. Es una manera de liberar tensiones. Simplemente somos un par de adultos divirtiéndose. Y no hay ninguna prohibición. Cuando quieras comenzar a salir con alguien, puedes hacerlo libremente y si se vuelve algo serio, pues terminamos nuestro acuerdo y listo. –Explicó intentando hacer parecer el asunto lo más nimio posible.
-Entiendo. Así que sería solo un arreglo entre tú y yo, sin ataduras, ni restricciones.-Se aclaró para sí misma procurando ocultar su sorpresa y proyectar normalidad.
-Exacto. No hay razón para complicarnos demasiado.
Un trato limpio; simple, ¿Cierto? Siempre hay que tener sumo cuidado con lo que pactamos y mucho más cuando está latente la posibilidad de arriesgar el corazón. El mundo gira sin detenerse y en el juego de la vida, las probabilidades de salir herido, siempre son peligrosamente altas.
-Muy bien entonces. ¿Qué te parece si nos sentamos a desayunar?
-Está bien. Oye, me encanta tu atuendo. –Le dijo coqueto mientras caminaban al comedor con los platos y las tazas de café, no sin antes echar un vistazo dentro de la abertura de su camisa en su pecho.
-¿De verdad? –Preguntó modelando para él.
-Claro. Aunque ¿sabes qué? Creo que es demasiada tela. –Le ronroneó en el oído, al ir de camino de regreso a la cocina, por otros platos. Ella solo sonrió complacida.
Se sentaron a desayunar como si fueran una pareja desde hace años. Él sabía como disfrutaba ella el café y cuantas cucharadas de azúcar le gustaban y ella untó sus tostadas con mermelada, como él las prefería. Habían sido mejores amigos desde que tenían memoria y se conocían más de la cuenta, con una comodidad extremadamente placentera.
Pero la atmósfera tranquila estaba a punto de romperse.
-¿Darien?
-Dime.
-Tengo que hacerte una pregunta.
-Dispara.
-¿Qué pasó con Kaoli?
El aire se enrareció y el pelinegro al escuchar ese nombre, tensionó todo su cuerpo y expresión.
¿A qué te refieres?- Dijo esquivo.
-Ya sabes a qué me refiero. Ustedes iban a casarse y de un momento a otro, ella fue a verme, diciendo que ustedes habían roto su compromiso y que se iba para Londres. Realmente no me explico que pasó. Ustedes estaban muy bien, de acuerdo a lo que todos me contaban, a lo que ella me contaba. Quiero que me perdones por no haber estado contigo durante esos momentos. Se que debió ser duro para ti.
-Mira, pierde cuidado. Eso pasó hace ya un año y realmente no pienso mucho en ello; no me gusta hacerlo. –Contestó lacónico.
-¿Pero qué pasó? ¿Por qué se separaron?
-Son cosas que pasan. Por favor no hablemos más de eso. –Concluyó cancelando el tema.
Ella comprendió. Probablemente aun sentía muchas cosas por Kaoli y lo más seguro, era que todo aquello le resultaba muy doloroso. Eso la entristeció. Lo sospechaba, pero confirmarlo era descorazonador. Él aun sufría por ella. Quiso distensionar el ambiente, así que hizo otra pregunta pero esta era sobre algo mucho más ligero.
-¿Darien?
-¿Sí?
-Tengo una curiosidad.
-Cuéntame.
-Bueno, hoy es sábado ¿No? –Comenzó mirando su taza de café como si fuera la cosa más interesante del planeta.
-Es correcto. –Le dijo mirándola de reojo, descubriendo de inmediato lo que ella quería preguntarle, pero fingiendo no haberlo notado.
-Bueno, este, yo me preguntaba si ustedes aun se reúnen como lo hacíamos…
-Si lo que te preguntas es, si esta noche van a venir como es acostumbrado, la respuesta es que sí. –Le aclaró interrumpiendo lo que ella decía.
-¿Y crees que habría algún problema si yo…?
-Oye, ¿Pero que pasa contigo? –Le reprochó.
Ella lo miró extrañada. -¿Qué quieres decir?
-Pareciera que el tiempo que no estuviste con nosotros te hubiera provocado amnesia. No habría absolutamente nadie, de los que siempre vienen, que no se alegraría si estuvieras con nosotros.
Ella se sonrojó. Lo sabía muy bien. Sabía que todos estarían contentos de verla de vuelta, pero necesitaba escucharlo. Necesitaba que él le confirmara que no sería una intrusa, de hacerlo.
-¡Perfecto! –Agregó.
-Pero imagino que no usarás eso. –Comentó lanzándole una mirada lasciva de arriba abajo. –Por más que me encantaría tenerte así por el resto del día, no, mejor sin nada, de cualquier forma no creo que sea apropiado para con los demás.
-Es cierto. No contaba con el pequeño desperfecto.
-¿Qué te parece si vas a casa, juntas algo de ropa y lo que necesites, y vuelves para que almorcemos juntos? De modo que sea entrada y salida. No se me olvida que eres refugiada en mi humilde morada y no te voy a dejar ir a casa hasta mañana en la noche y eso, solo porque es imperativo que vayas a trabajar el lunes en la mañana. Además, mientras tú haces eso, yo voy a hacer algunas compras que me hacen falta para la noche.
-Creo que tenemos un plan. Entonces apenas terminemos de desayunar, salgo para mi apartamento y regreso al rato para que almorcemos.
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Siguiendo lo acordado, Serena se encontraba ascendiendo por el elevador del edificio donde quedaba su apartamento. Salió al décimo piso, sacó las llaves de su bolso, e introdujo una en la cerradura de la puerta. Dejó el bolso y las llaves en la mesita donde descansaba el teléfono, y oprimió el botón de reproducir los mensajes de su máquina contestadota.
"¡Serena, ¿Se puede saber dónde diablos estás?! Estoy intentando localizarte desde ayer. Tienes muchas explicaciones que darme. ¿Qué carajos crees que estás haciendo? Repórtate apenas escuches mis mensajes. Esto no se queda así." – La voz severa de Kenji Tsukino golpeaba el contestador.
-"Mensaje borrado" –Inmediatamente oprimió el botón de borrar todos. Muy seguramente no había uno que no fuera de su padre.
Sabía lo que le esperaba apenas llegara el lunes. Era un encuentro ineludible y lo tenía muy presente. Pero esta vez no iba a ser como siempre. Después de todo lo que había pasado con Diamante, de todas esas horribles cosas que le había dicho en su último encuentro, estaba decidida a hacerlo tragarse una por una cada palabra mal intencionada y cargada de veneno que el muy descarado se había atrevido a espetarle. Estaba decidida y cuando algo se le metía algo en la cabeza no había quien la detuviera. Terminaría con ese control estúpido con el que su padre siempre la forzaba a hacer lo que a él le daba la gana. Siempre queriendo agradarle, siempre buscando su aprobación. Era tan extraño. Ejercía un poder avasallante sobre ella y quebraba su voluntad a su antojo. Así era desde que podía recordar. Él era un hombre duro, de esos de mente arcaica que pensaban que las mujeres son para estar encadenadas a una casa, cocinando y atendiendo a sus maridos o en el mejor de los casos, adornando una bella mansión como un repugnante trofeo, sin sueños ni aspiraciones a más nada. Por eso, desde muy joven, supo que si quería ser alguien en la vida, alguien por ella misma, alguien que no debiera nada de lo que fuera a su prominente apellido, tendría que hacerlo sin el apoyo de su padre. Como él pensaba que su destino era una estufa y una escoba, nunca creyó importante darle una educación formal. Esa fue la primera vez que su mamá se había opuesto a las decisiones de él. Solo por ella lo hacía. Aun no entendía como su madre podía soportar todo aquello con tanta dignidad. Nunca lo contrariaba, ni lo hacía ahora, pero si se trataba de algo referente a su pequeña, no había marcha atrás; la defendía con garras y dientes si era necesario. Contra sus deseos, el hombre tuvo que pagarle el colegio. Así que se quemó las pestañas durante todos sus años escolares por dos razones: 1) para retribuir a su madre todos sus esfuerzos y sus luchas por ella; y 2) porque en el fondo quería que su padre se enorgulleciera de su desempeño y cambiara su actitud con ella.
Él nunca le negó ningún capricho, pero cuando se trataba de reconocer sus capacidades, su machismo recalcitrante no le permitía ceder ni un milímetro. Cuan diferente era el asunto con su hermano Sammy. Él era el muchacho de papá y cada vez que Kenji podía, se lo hacía saber. A pesar de esa rivalidad que su progenitor provocaba, siempre fueron muy unidos; adoraba a su hermanito. Por alguna gracia divina, Sammy no había resultado afectado por los prejuicios de su padre y al contrario, cada vez que había oportunidad, le señalaba lo mal que actuaba al discriminar a las mujeres y aun más a ella. Él también se destacaba en lo que hacía, que por el momento era trabajar duro en la universidad. Ya casi se titulaba de abogado y como ella, siempre había sido sobresaliente desde la escuela.
Desde que tuvo conciencia de su situación, hizo hasta lo imposible por no decaer en sus notas. Darien fue de mucha ayuda en ello, porque a pesar de que era brillante, algunas materias como matemáticas, le resultaban casi imposibles de comprender, hasta que él la ayudó a estudiar.
En sus últimos años de preparatoria, le tomó el gusto a la fotografía. Irónicamente, había heredado el talento de su padre quien levantó su imperio empresarial comenzando como fotógrafo, hasta fundar Publicaciones Milenio de Plata, un consorcio que abarcaba desde editoriales y litografías hasta la producción de una de las revistas más exitosas de Japón, Tokio de Cristal, de la cual ella era ahora la editora en jefe, sin dejar de lado su amado trabajo como fotógrafa. Su padre como ella esperaba, no planeaba costearle la universidad, pues pensaba que en poco tiempo estaría casada y sería un desperdicio de su dinero. Cuando llegó a sus manos el sobre donde le informaban sobre su beca, lloró de alegría pensando que nunca tendría manera de retribuirles a sus tres conspiradores, semejante oportunidad. Así que Kenji no pudo oponerse; ella iría a la universidad, y nada se lo iba a impedir.
Luchar contra la corriente, puede ser la más de las veces una tarea además de agotante, frustrante. Cuando tienes que enfrentarte al mundo, definitivamente no hay nada como el apoyo de los que realmente te importan, para sentir que puedes contra lo que sea.
Terminó de juntar sus cosas luego de tomar un largo baño y cambiarse de ropa y emprendió el camino de regreso al apartamento de Darien. El lunes manejaría el problema con su padre y afrontaría la realidad, pero por ahora lo único que tenía en mente, era gozar al máximo lo que quedaba del fin de semana.
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Darien entraba a su apartamento con las compras que había hecho. Había traído cerveza, papas fritas, maní, almendras, y un sin fin de botanas. Ya en la noche, ordenaría tacos, nachos y toda esa comida mexicana que tanto les gustaba a todos. Esta noche era su turno de poner la comida y es que alimentar al pequeño ejército no era tarea fácil y mucho menos si Serena los iba a acompañar, porque la muchachita comía como camionero.
-Serena...-Pensó.
Era de las mejores personas con las que había tenido la fortuna de cruzarse en la vida. Por algo era su mejor amiga. Una mujer brillante en toda la extensión de la palabra. Cuando estuvo en la escuela le había pedido ayuda con algunas materias con las que tenía problemas, pero al ayudarla a estudiar, se dio cuenta que no era por falta de cabeza, sino de atención, que no le iba tan bien como ella deseaba. Con empuje y determinación, la vio progresar poco a poco y él puso todo su empeño en brindarle la mejor ayuda que había podido, sin siquiera importarle las constantes peleas que eso le había ocasionado con su novia de aquel entonces, Beryl. Su tenacidad; definitivamente esa era una de las cualidades que tanto admiraba en ella. Todo lo que tenía en la vida lo había conseguido a sudor y lágrimas. Si bien era cierto que ostentaba el más importante puesto en la revista que producía la compañía de su padre, nadie conocía los pormenores de ese arreglo. Y es que muy pocos sabían que Serena había obtenido el trabajo usando un nombre falso, pero debido a las credenciales de su trabajo, la junta directiva de Publicaciones Milenio de Plata, no permitió que Kenji la destituyera del puesto cuando se enteró. Tal vez esa era su mayor debilidad, su talón de Aquiles; necesitar constantemente el visto bueno de su padre, pero ¿quien podía juzgarla? Ciertamente, él no. No alcanzaba a imaginar lo que ella debía sufrir sabiendo que no era apreciada como debería ser, por una persona tan importante en su vida. Por eso, desde siempre había intentado ayudarle a llenar ese vacío. Tal vez era por eso mismo que su padre la quería tanto. Mamoru Chiba era un hombre sabio y lleno de compasión. Desde que se hicieron amigos y ella comenzó a frecuentar la casa, él la había tratado como una hija más y cuando ella congenió tan bien con su hermana Rei, fue mucho más fuerte el lazo entre ellos. Ambos, su padre y su madre, la consideraban parte de la familia y a pesar de ser tan amigos de los Tsukino, nunca habían aprobado la manera de pensar de Kenji respecto a ella.
Tocaron la puerta sacándolo de sus pensamientos y supo que era ella.
-Hola. –Lo saludó con un beso en la mejilla.
-Hola. ¿Cómo te fue?
-Bien. Ya traje todo lo que necesito. –Contestó mientras él tomaba el maletín donde ella traía su ropa y sus cosas.
-¿Tienes hambre?
-Si.
-Te iba a decir que comiéramos fuera, pero no creo que sea buena idea que nos vea algún periodista por ahí y comience a hacer preguntas impertinentes, así que decidí traer comida italiana.
-Hmmm, rico, tallarines.
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Después de almorzar, vieron Jack, ya saben, esa película donde Robin Williams es un niño de diez años que sufre de un desorden genético que lo hace parecer de cuarenta. En fin, como todas las veces que la veían, Darien tuvo que consolar a Serena y limpiarle las lagrimas cuando llegaban a la parte donde él sufría su crisis existencial cuando la mamá le prohibía ir a la escuela por miedo a que se lastimara. Ella era una montaña rusa de emociones; se apasionaba de tal manera, que sufría más que los mismos personajes y eso le pasaba con las películas, programas de televisión, libros, etc. Lloraba como Magdalena si el protagonista estaba afligido y se frustraba con los obstáculos que se le presentaban. Él ya estaba acostumbrado a lidiarle los pesares ficticios y tener nuevamente la oportunidad de hacerlo, se sentía demasiado bien.
-Eres una tonta. –se burló pasándole un kleenex.
-No molestes. Es demasiado triste.
-Siempre te pasa lo mismo. ¿Cuantas veces tengo que decirte que es ficción? –Habló divertido.
-No siempre me pasa lo mismo. ¡No inventes! –Reclamó indignada.
-¡Ay por favor! ¿Acaso tengo que recordarte que la muerte de (1)Mufasa es aun, uno de los sucesos más trágicos de tu infancia?
-Pero es que… es que… ¡Es que fue tan triste! –Comenzó a llorar de nuevo mientras él la arrullaba intentando calmarla completamente satisfecho de volver a esas antiguas discusiones que tanto le divertían.
Luego de eso, ya casi era hora de que llegaran todos, así que ordenaron la comida mexicana, prepararon la mesa con los bocadillos y acomodaron todo para recibir a los jugadores. Unos golpes en la puerta anunciaron el arribo de los visitantes.
-¡Espera!
-¿Qué pasa?
-Quiero darle una sorpresa a Seiya. Voy a esperar en el cuarto.
-Está bien.
El pelinegro esperó que ya no estuviera a la vista y abrió.
-¡Hola chicos! ¿Cómo están? Pasen. –Los saludó contento.
Uno a uno, fueron entrando. Primero Seiya, seguido de sus hermanos Taiki y Yaten; luego Andrew y por último, entró Haruka.
-¿Dónde está Malachite? –Indagó Darien al notar la ausencia del rubio.
-No pudo venir. Tenía una cita candente con Mina. –Respondió la última en entrar, con tono picaresco.
-¡Haruka! ¿Tienes que decirlo de esa forma? Esas son imágenes que no quiero en mi cabeza. –Se quejó Yaten.
-¿Es que aun no lo superas? –Se burló.
-¿De que hablas? Claro que sí. Pero no necesito pensar en mi ex-novia con tu hermano haciendo quien sabe que cosas. Es por simple salud mental.
-Bueno, bueno. Ya dejen de pelear. Para esta noche les tengo una sorpresa que les va a encantar. –Paró la discusión.
-Darien, ya sabes que así sean bailarinas exóticas las mujeres no están permitidas en la noche de póker y no hay excepciones. –Dijo en broma Taiki. –Sin ánimo de ofender lo presente. –Se dirigió a Haruka.
-No me ofendo. –Contestó sin darle mayor trascendencia.
-¿Ni siquiera por mí pueden hacer una excepción? –Se escuchó la voz desde el pasillo en penumbras.
Seiya ni tiempo tuvo de voltear para ver quien era, cuando sintió de golpe el peso sobre su espalda. En un microsegundo reaccionó y supo de inmediato que era ella. Desde siempre le había encantado hacerle eso. La primera vez que lo hizo, casi le rompe la columna en dos, pero luego de años de práctica, sus afilados reflejos no permitieron que fueran como tortillas al suelo.
-¡Holaaaaaaaa! –Gritó extasiada.
-¡Serena! –Dijeron todos a coro.
-¿Serena? No puede ser… -Decía incrédulo Seiya.
La cara de todos se iluminó. Su excepción permanente estaba de vuelta. Era cierto, en la noche de póker no se permitían mujeres, y con todo, Haruka y ella, habían logrado franquear la prohibición. Haruka, por razones muy obvias; realmente desde que tenían memoria nunca se comportaba como mujer y a estas alturas del partido, no era percibida como tal. Pero Serena, ella sí que era la violación de la regla y todos la rompían con gusto. Desde que todos se habían hecho amigos, ella había sido tratada como 'uno' más de la pandilla. Siempre fue una mujer poco convencional; no era como las demás. Le apasionaban los deportes, bebía cerveza y Whiskey puro, nada de esos tragos afeminados con sombrillitas, además participaba de los concursos de eructos (Cosa que siempre le recriminaron con algo de repulsión sus amistades femeninas), comía de todo sin fijarse en la línea (y sin embargo mantenía un cuerpo de diosa que nadie se explicaba), y actuaba sin remilgos estorbosos. Nunca se mostraba celosa con las chicas con las que se relacionaban, pero siempre expresaba lo que pensaba. Ella no era de esas que se callaban cuando algo le molestaba, y si alguna de aquellas mujeres no era de su agrado, no tenía ningún problema en dejárselos saber; cuando salían en grupo, era ella la que les ayudaba a clasificar a las que les gustaban y tenía un ojo clínico para el asunto, a tal punto que siempre le consultaban. Simplemente, era el perfecto 'mejor amigo' y amiga a la vez, sin contar que desde siempre habían sido todos la envidia de cuantos les rodeaban, por estar siempre acompañados de semejante belleza, sobre todo Darien y Seiya, que estaban casi todo el tiempo con ella. Siempre se vistió casi como niño: de shorts, camisetas y tenis, porque para practicar todos los deportes que practicaba y los juegos que le gustaban, no había mejor vestuario. Bueno, eso, hasta que cumplió dieciséis; de ahí en adelante, inexplicablemente su guardarropa dio un giro de 360 grados, pero aun así, mantuvo esa practicidad para todo. Sin embargo, tenía la intuición afilada de las mujeres y la sensibilidad femenina al cien. De acuerdo a la situación, podía ser la mujer más suave y de maneras más finas y aunque se movía en círculos muy formales de la sociedad, siempre conservó el desenfado y la espontaneidad que tenía desde niña. Tenía un sexto sentido para comportarse de la forma más adecuada en cada escenario, siempre con gracia. Ella era esta deliciosa dicotomía entre la niña y la mujer y una fascinante ambivalencia entre su feminidad y sus afinidades con el lado masculino.
Seiya la bajó con cuidado al suelo y se giró para abrazarla. ¡Tanto tiempo había pasado desde la última vez!
-Hola mi estrellita. –Le dijo cariñosa al pelinegro dándole un beso en la frente.
-Sere, estás aquí. –Contestó estrechándola más contra él.
-Gatita, me sorprende mucho que hayas venido. ¿Es que te soltaron la correa esta noche? –Preguntó Haruka sarcástica. Los dos hermanos Tenoh nunca habían perdido contacto con la rubia. Haruka por ser mujer, y Malachite por ser primos, aunque Diamante había intentado alejarla de él tambíen.
-No. Me la solté yo. –Le sacó la lengua haciéndole muecas. Su prima era la persona indicada, si de decir la verdad se trataba. Con ella siempre podía contar si lo que necesitaba era una opinión franca. Ya estaba acostumbrada de sobra a los comentarios de ella sobre su relación con Diamante y sabía como enfrentarlos sin que pasara a mucho más.
-¿Qué quiere decir eso? –Inquirió Taiki.
-Diamante y yo ya no estamos juntos. Ayer terminé nuestra relación.
-Te felicito gatita. Ese gusano nunca me gustó y tú lo sabes.
-Lo se. Nunca desaprovechas oportunidad para recordármelo.
-¿Y qué dice tío Kenji?
-No he hablado con él. Estoy evitando esa 'agradable' conversación. Y ustedes, ¿Es que no me van a saludar? –Preguntó refiriéndose a los demás.
-Así que la amiga pródiga regresa al nido. ¿Cómo estás novia mía? –Se acercó a abrazarla Andrew.
-¿Cómo más novio mío? Extrañándote cantidades. Oye, debemos tener cuidado. No quiero que Lita me arranque la cabeza por andar de regalado novio mío.
-No te preocupes. –Repuso guiñándole el ojo. –Ella está enterada que tú eres especial. –Continuó con el juego.
Andrew era uno de los mejores amigos de Darien de la universidad y su primer novio. No podía decir que su primer amor, pero sí su primer novio. Con él había tenido su primera cita y a él le había dado su primer beso. Y desde aquel entonces, siempre se llamaban así. Después de ella había llegado Reika; a ella sí que le molestaba que se trataran así. Nunca le había caído bien, siempre le había producido una sensación rara y por eso, cada vez que estaban juntos ella se portaba súper cariñosa con él, logrando sacar a la chica de sus casillas. Desde siempre había sabido que la única razón por la cual se involucró con aquella pelirroja, había sido por darle celos a Lita. Cuando ellos terminaron, lo hicieron porque no se amaban y para ese entonces, ella ya se había dado cuenta del gusto que el rubio había desarrollado por su amiga de la escuela. El sentimiento era mutuo, eso lo descubrió algún tiempo después. No obstante, Lita en la urgencia de los años adolescentes se había cansado de esperar a que él se decidiera, así que se involucró con un chico de la misma universidad a la que él y Darien asistían. Neflyte y ella comenzaron a salir un poco despues de que él y Serena terminaran. Pero al destino no se le engaña y estando ella con Neflyte y él con Reika, un día no aguantaron más y los mandaron a volar, para poder estar juntos. Desde aquel entonces eran inseparables.
Los siguientes en acercarse fueron los restantes hermanos Kou. Los abrazó, los besó y los mimó. Eran sus hermanitos putativos y decir que los adoraba, se quedaba corto.
-Bueno, bueno. Ya que pasó el momento cursi del reencuentro, ¿Será que podemos comenzar el juego de póker que es a lo que vinimos?
-No seas aguafiestas Haruka. Tú como si la veías cada vez que te daba la gana. –Le reprochó Seiya.
-No es mi culpa que el energúmeno de novio que tenía la gatita, fuera tan retrógrada en la vida. A demás, creo que es seguro decir que ya no se va a alejar más, así que la pueden disfrutar como antes. Pasemos a la mesa.
-Haruka tiene razón. Ya no me voy a ir más chicos. Se los prometo.
Se acomodaron en la mesa para dar comienzo a su tradicional juego de cartas. Todo era como en los viejos tiempos. Pronto comenzaron las bromas y las apuestas. Serena veía todas esas caras tan familiares y era todo lo que le hacía falta para estar bien.
La presencia de la rubia por alguna extraña razón creaba una atmósfera tan agradable, que el aire de pronto era más dulce y ligero. Pero ella no iba con contemplaciones de ninguna clase y esta noche estaba ardiendo. Uno a uno les estaba pateando el trasero.
-No, chicos. Yo pensé que después de tanto tiempo ustedes dejarían de apestar tanto, pero veo que efectivamente aquí no cambia nada. Como siempre, soy yo la ganadora. –Dijo en tono en extremo arrogante atrayendo hacia sí, las fichas producto del botín recién ganado.
-Vamos Serena, ten algo de compasión ¿quieres? –Rogó Taiki.
-Yo no estoy haciendo nada. Son ustedes los que no pueden con estas habilidades tan maravillosas para el juego. –Siguió petulante.
-Veo que Diamante te pegó lo pretencioso. –Contestó malhumorada la otra rubia en la mesa.
-Te perdonaré el golpe bajo por esta vez, pero solo porque se que hablas por la herida. Se muy bien que están ardidos por mis esplendorosos dones para este juego, pero no hay necesidad de ponernos agresivos. –Agregó todavía más pagada de sí misma.
-No me explico. –Dijo meditabundo Andrew.
-¿Qué cosa? –Indagó algo alarmado Yaten, al ver la seriedad de su amigo.
-Cómo esta personita tan pequeña y de apariencia inofensiva pueda ser tan infinitamente insoportable. –Contestó el rubio en ironía, mirando a Serena.
-Tú lo sabes. Hace parte de mi irresistible encanto. –Le replicó con ojos coquetos, a lo cual todos soltaron una sonora carcajada. – Bueno, bueno. Tanto ganar ya me dio sed. Voy a la cocina por una cerveza, ¿Alguien quiere algo?
-Yo también quiero una cerveza. –Pidió Seiya.
-¿Nadie más? Bien. Ya regreso y por favor traten de jugar en serio esta vez ¿Si? Empiezo a aburrirme. –Dijo yendo hacia la cocina.
-No puede ser. Nos está aniquilando. Tenemos que hacer algo. –Observó Taiki.
-Chicos, déjenle eso al maestro. –Dijo Darien.
-¿Otro pretencioso? –Interrogó Haruka.
-Solo esperen. –Finalizó Darien, antes de irse donde Serena.
Ella se encontraba destapando las cervezas que había sacado del refrigerador. Darien se acercó por la espalda y le susurró en el oído con voz seductora,
-Que sexy te ves cuando ganas.
Ella se estremeció por completo. La hizo girar para que quedaran frente a frente, dejándola aprisionada entre él y el mesón en el cual él apoyaba las manos. Acercó su rostro al de ella rozando suavemente su mejilla con la propia, para continuar lo que le estaba diciendo,
-No sabes las ganas que tengo de sacarte la ropa y hacerte cosas muuuy malas aquí mismo.
-Da… Darien –Balbuceaba intentando crear palabras coherentes. –No… no podemos… los chicos.
Pasó sus labios muy suavemente por los de ella, apenas tocándolos. Ella entreabrió la boca por instinto, esperando el inminente beso, pero contrario a lo que pensó, el pelinegro se alejó un poco y le dijo,
-Es una verdadera lástima. Tendremos que dejarlo para más tarde, pero te advierto que me estoy sintiendo perverso y no te imaginas todo lo que te voy a hacer.
Se retiró, dejándola acalorada y con la mente nublada.
En lo que pudo ordenar sus pensamientos y coordinar sus movimientos, se dirigió de vuelta al juego, pero la causa estaba perdida. De ahí en adelante, no logró concentrarse y sus triunfos no llegaron más. Para cuando decidieron terminar, todos sonreían complacidos y en especial Darien.
-Darien, no debí desconfiar de ti. Te debo una disculpa. Sí eres el maestro. –Habló Taiki.
-Oh, gatita, ¿Qué te pasa? ¿Ya no estás tan contenta porque te ganamos? –Le preguntó mordaz Haruka. –Tienes que contarme tu secreto. –Finalizó, refiriéndose a Darien.
-¿A qué te refieres? –Inquirió Serena empezando a sospechar de lo que escuchaba.
Darien tosió nervioso. –Ya chicos. Déjenlo así. –Pidió.
-¿Alguien quiere explicarme que pasa?
No es nada. Es solo que Darien prometió que ya no ganarías más, y resultó muy efectivo. –Explicó Seiya. -¿Qué fue lo que hiciste ah?
-Con que eso les prometiste… que interesante. –En aquellos ojos azules centelló la llama incandescente de la sed de venganza.
-Vamos, Sere, no te pongas así. –Casi suplicó. Sabía muy bien que esa mirada no era nada bueno para él.
-Ya veremos como me compensas esto. Porque ni creas que esto termina aquí.
-¿Bueno, y nos vas a decir que hiciste? –Cuestionó Andrew a Darien.
-Si Darien, ¿porque no les cuentas como lograste parar mi victoria? –Lo retó
-Creo que lo mejor es que dejemos el tema. –Tragó saliva, esquivando el tema.
El resto de la noche la pasaron bebiendo y poniéndose al día. Las noches de póker no solían extenderse hasta la madrugada, pero el regreso de Serena, bien valía la pena una desvelada; eso y mucho más. Darien observaba con gran placer como ella reía a carcajadas y recobraba ese brillo en sus ojos que hace poco más de dos años había visto desaparecer.
Entrados en materia, solo queda esperar las consecuencias de nuestras actuaciones y no hay duda de que SIEMPRE hay consecuencias. El detalle no está en si son buenas o malas, sino en cómo se afrontan. De vez en cuando el universo conspira maravillosamente y todas las piezas encajan de manera magistralmente perfecta, dándonos más de una sorpresa. ¿Será este trato una de esas conspiraciones o terminará por convertirse en un acuerdo peligroso?
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,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸ ,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸ S&D,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸ ,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸
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(1) El padre de Simba en el Rey León.
NOTAS
Bueno, he aquí el segundo capítulo. Estoy muy feliz de ver que les ha gustado el primer chap, pues no estaba segura de que fuera a agradar. Esta historia la he tenido en la cabeza desde hace mucho y ahora que la veo materializada me encanta que a ustedes les guste tanto como la quiero yo. Muchísimas gracias por sus reviews, no saben lo alegre que me ponen cuando los leo, por favor que sigan llegando.
-sangoluna: lamento la tardanza pero no desesperes. Ojala hayas disfrutado el chap.
-Isis Janet: Que bueno que lo hayas considerado un buen comienzo y espero que lo que viene te guste también.
-goordita: espero que el capitulo mitigue tus ansias. Para tu tranquilidad, desde ya te puedo asegurar que Seiya es solo un amiguito entrañable y no solo de Sere sino de Darien también, así que no hay ni riesgos de ese triangulo que temes. En cuanto a lo de Diamante, eso es algo que se va a descubrir más adelante. Si quieres enterarte, tienes que seguir leyendo.
-SereyDarien: Pues si, estoy de vuelta. Espero que a medida que avance la historia te siga gustando.
-Susy Granger: Que bien, que me acompañes con la historia desde el principio y como te pudiste dar y cuenta y observaste muy atenta, esta en definitiva va a ser una historia más atrevida que Miedos, dudas… así que espero que te guste también. Susy, muchas gracias por el rr y espero que te haya gustado el chap.
-Marta: Ya se, ya se. La verdad si me había tardado en publicar, pero es que la universidad no da tiempo ni pa' respirar. En fin, como tú misma dijiste no debes comer ansias. No sabes lo feliz que me hace que te haya gustado tanto la historia, y aunque no voy a poder actualizar tan seguido como me gustaría, espero que la sigas completa para que puedas responder a todos esos interrogantes que tienes, porque no te puedo adelantar nada; todo tienes que descubrirlo tú. Te mando bsitos y espero que me dejes tu opinión.
-Usako Suyi: no sabes el honor que me haces pasándote a leer, considerando que soy una de tus grandes admiradoras. Me alegra mucho que te haya gustado el comienzo de la historia y espero que la sigas completa. Supongo que nos estaremos leyendo ya sea en tus historias o en la mía. Bsitos! Pd: que no demoren esas actualizaciones por favorcito *.*
-karibonita: Me parece genial que te haya gustado este comienzo y que no se te olvide mi review.
-lunachibatsukino: Está muy bien que no te vayas a perder nada de la historia, (eso es bueno para mí, jajaja), la verdad espero que la disfrutes mucho y te aseguro que si va estar algo candente, jijijiji.
-SalyLuna: Sandy que alegría que te haya gustado, porque tu opinión es muy importante para mí. Cualquier observación y sugerencia, ya sabes que soy toda oídos. En cuanto a lo de Edward, yo también lo descubrí en los libros y me temo que vamos a tener que ponerlo de patrimonio femenino así como Mamo-chan, porque yo no lo suelto pero estoy dispuesta a compartir, jajajaja. La película, no te apures que yo también ando algo obsesionada y me la he visto un montón de veces, así que no estás sola. Yo aquí esperando a ver cuando nos encontramos en msn y charlamos un ratito. Bsitos!
-Cherrie SA: Genial que te haya gustado, espero que el chap también te haya parecido bien.
-moni gzz: El objetivo era ese, ke se te subieran los colores a todos lados, jajajajaja. Muchas gracias por tus felicitaciones y espero que el capitulo te haya gustado.
-liebende Lesung: Mucho calor? Jajajajajaja. Pues tienes un par de preguntas que se van a ir contestando en el transcurso del fic, así que espero que me acompañes a lo que viene y de paso te enteras que es lo que pasa.
-aiven chiba: muchas gracias por tu review, aunque si debo decir que debes dejar esa costumbre de no dejarlos, pero bastante bueno es que yo haya sido una excepción a esa costumbre. Me alegra que te haya gustado el capitulo y que le augures un buen futuro, espero que continúes leyendo y me dejes tus opiniones, bye.
-isa1181: No, pues! Ahora me resultaste penosa, jajajaja. No se que tan emproblemada estés, pero espero que aunque sea una sonrisa pueda sacarte lo que escribo, con eso me doy por bien servida. Espero que hayas disfrutado el capi, y te haya servido para distraerte al menos, muchos besitos y no se te olvide mi review.
-Patty Ramirez de Chiba: espero que no te pierdas nadita y que disfrutes mucho la historia.
-alejaym: Pues tienes absolutamente toda la razón: ni la más pudorosa tendría fuerzas para resistirse a ese ofrecimiento y diciéndonos la verdad, no creo que nadie quisiera hacerlo, jajajaja. En Definitiva, Sere es demasiado afortunada en ese aspecto. No se te vaya a olvidar mi review, bye.
-mirilla parina: Gaby, que bueno que también me vas a acompañar en este fic, porque tus reviews son de lo mejor! Muchas gracias por todo lo que me escribiste y espero que la historia llene tus expectativas.
-ForeverSerena: Duve, donde andas? Estoy como lok esperando haber cuando vas a actualizar porque me tienes en ascuas. Bueno supongo que has de estar hiper-ocupada así que entiendo, claro está siempre que las ocupaciones no te impidan continuar leyendo y que no se te pase dejarme mi review. Ahora, ¿Estás segura que no te consta eso de que lo más educados son los más atrevidos? No se, tu comentario me pareció muy seguro, como si tuvieras información de primera mano, jajajajajajajaja. En cuanto a tu comentario, lo que pasa es que cuando lo leí me pareció tan gracioso e ingenioso, que se quedó conmigo y nada que hacer, quedará para la posteridad. Espero que te haya gustado el chap, bsitos!
Bueno chicuelas, muchísimas gracias a todas por sus palabras, sinceramente siempre me ponen una sonrisa en el rostro cuando leo sus comentarios y no siendo más, yo me despido esperando que a todas les haya gustado el capitulo. Cualquier sugerencia, idea u observación, ya saben, solo tienen que dejar un review. Muchos bsitos!
Darienlover.
