MI GRAN AMOR

La pingüina que salió de aquella caja, era muy hermosa con ojos color verdes, largas pestañas coquetas y encima de su cabeza tenía un moño violeta.

-hola, mi nombre es Mireya y ustedes, ¿Cómo se llaman?.- saluda a los cuatro pingüinos con una sonrisa tierna que ocasionaba que los cuatro se quedaran embobados con su lindura y se perdieran en ella.

-hola, mi nombre es Skipper.- le contesta tratando de contenerse ante sus encantos.- soy líder de este comando y te doy la bienvenida a este zoológico.

-gracias Skipper.- agradece tiernamente.

-te presentare a mis soldados.- le contesta dirigiéndose hacia Kowalski.- el es Kowalski, el teniente del equipo.- seguido de él, se dirige hacia Rico.- el es rico, el experto en armas del equipo.- el pingüino no le había quitado la mirada ni por un segundo a esta, la consideraba la pingüina mas hermosa que había conocido en toda su vida.

-hola rico, es un placer conocerte.

-yo también digo lo mismo.- dice aun mirándola encantado.

-bueno, te mostraremos nuestro cuartel secreto, pero no los lugares más ultra secretos de él.- la explicación del líder hiso soltar una pequeña risa a esta.

-está bien, yo lo entiendo.- los 5 pingüinos entran al cuartel y comienzan a mostrarle los lugares visibles a la pingüina, rico seguía aun sin quitarle la vista a esta, ella al no ser tan tonta, se dio cuenta de las miradas de rico, volteaba a verlo al mismo tiempo en que el pingüino la seguía viendo y esta solo le sonreía.

-…y eso es todo lo que hay en nuestro cuartel.- termina de explicar el pingüino de la cabeza plana.

-todo estuvo maravilloso, gracias por esta bienvenida tan agradable.- agradece la pingüina.

-de nada.

-Skipper, necesito que vengas a mi laboratorio para que veas mi nuevo gran invento.- pide el científico desde ese lugar.

-claro Kowalski, ya vamos.- dice el líder caminando junto con cabo hasta el laboratorio del pingüino, dejando a Mireya y al experto armas solos.

-¿puedo saber por qué no me has quitado la mirada de encima?.- pregunta terminando con una pequeña risita.

-no… yo no la estoy mirando…

-claro que sí, lo note desde la primera vez que lo vi.- contesta caminando coquetamente hacia el pingüino.

-no… yo miraba hacia… otra cosa.- responde mirando hacia otro lado, la pingüina camina hacia él y lo toma del pico con delicadeza, haciendo que este voltee a mirarla.

-pues es una lástima que un pingüino tan guapo como tú no llegue a fijarse en mi.- dice coqueteándole y haciendo que este se ponga rojo por su comentario.

-yo… no… bueno no estoy diciendo que usted no sea hermosa… lo que quiero decir es que…- rico deja de tartamudear al sentir el pico de la pingüina tocar con el suyo, rico solo se dejo llevar por aquel beso lindo y de amor sincero.

-me gustas mucho rico… me enamore de ti desde el primer momento en que te vi.- le confiesa cortando el beso pero sin alejarse de él.

-¿enserio?, bueno tu eres una pingüina muy hermosa, ¿Por qué querrías estar con un pingüino como yo?

-por que eres único y especial, puedo verlo en tus ojos.- le comenta mirándolo fijamente en su mirada. En eso los animales regresan y se sorprenden al ver a la pingüina de esa manera con Rico.

-am… Mireya vas a dormir en el laboratorio de Kowalski, ¿espero que no te importe?.- pregunta el lider sorprendido.

-sí, gracias Skipper.- agradece aun sin quitarle la mirada a Rico. Se levanta y voltea a ver al pingüino de cabeza plana finalmente caminando hacia el laboratorio.

-¿Cómo lo lograste?.- le pregunta Kowalski sorprendido.

-¿Cómo logre qué?.- se confunde el pingüino de las plumas paradas.

-¿Cómo lograste conquistarla?

-no lo sé, me dijo que se enamoro de mi desde la primera vez que me vio.

-¿estás seguro?, porque eso es algo muy extraño.- duda Skipper mirando al pingüino de arriba abajo.

-si… bueno, eso fue lo que ella me dijo.

-esto sí que me sorprende mucho, pero en fin, tengo que decirte felicidades soldado, supongo.- rico aun sin creerlo camina hacia ellos para abrazarlos.

La pingüina que se había encerrado en el laboratorio, no duro ni 1 hora ahí, salió y miro hacia los pingüinos que jugaban cartas. Se acerca al pingüino de las plumas paradas en su cabeza.

-rico, ¿podrías mostrarme la ciudad?.- le pide en susurro y con voz seductora. El pingüino volteo a verla y le sonríe.

-por supuesto que sí- asintió y salió con ella afuera de la base, mientras que Skipper solo los ve alejarse con una sonrisa.

-Skipper, ¿crees que Rico por fin encontró el amor?.- pregunta cabo con una sonrisa.

-creo que si joven cabo… ya encontró el amor nuestro amigo psicópata.- le contesta terminando con una pequeña sonrisa.

Ya en las afueras del zoológico, rico llevo a Mireya a todos los grandes lugares que había a la vista, tal vez solo se veía como un simple recorrido por la ciudad, pero para ellos era como una cita… ¡su primera cita! A tan sólo pocos minutos de haberse conocido.

Rico la llevo a la fábrica de Winkis, sabía que esos chocolates sabían deliciosos, pero no sabía cómo los preparaban así que decidió descubrirlo de una vez por todas, ¿y como poder desaprovechar esta oportunidad, ahora que está bien acompañado?. Ambos pingüinos entraron sin ningún problema, solo esquivaban las cámaras de seguridad y se cuidaban de los humanos.

Al entrar al interior, sus ojos se iluminaron de grandes destellos, grandes toneladas de chocolates, los rodeaban, maquinas enormes y un poco peligrosas hacían su trabajo, haciendo la mezcla del chocolate y elaborando las envolturas de los dulces.

-woo… todo es tan grande, hermoso y misterioso.- dice Mireya con gran admiración.

-sí, la verdad si.- reafirma rico con una sonrisa, en eso la pingüina corre hacia las grandes maquinas y aprieta un botón rojo que hace que se detengan. En eso los humanos corren rápidamente alterándose y viendo el problema por el cual las maquinas se detuvieron.

-jajaja mientras los humanos investigan el problema, ven vamos a divertirnos.- le informa la pingüina tomándolo de la aleta y corriendo hacia una gran tina de metal junto con rico. El pingüino se quedo completamente con la boca abierta, la impresionaba más de lo que era, era hermosa, atrevida, divertida y traviesa al igual que él, el hubiera preferido golpearlos y dejarlos inconscientes, pero la pequeña broma de la pingüina tampoco estaba tan mal.

La gran tina a la que corrían contenía grandes toneladas de chocolate, ambos se asomaron a mirarla y se sombraron aun más. Mireya miro a rico con un poco inquieta, coloco sus aletas en su espalda y lo empujo al interior de la tina.

-jajajajaja.- comienza a reírse descontroladamente la pingüina al ver a rico completamente empapado de chocolate, el pingüino sin poder evitarlo, también empieza a reírse junto con ella. Mireya ve de nuevo el interior de la tina y se arroja a ella, cayendo entre las toneladas de chocolate y empapándose al igual que rico.

-jajaja .- rico ríe con ella mientras lamia el chocolate que había entre sus aletas.

Ambos pingüinos estuvieron nadando y sumergiéndose dentro del chocolate, ambos reían y sonrieran, se sentían tan bien al verse acompañado el uno al otro, Rico podría ver grandes brillos en los ojos de Mireya, sabia en el fondo que si la conocía más a fondo, ella podría ser muy igual a él.

Después de varios minutos, los humanos encontraron el problema en la fábrica, lograron arreglar la maquina y todo volvió a su rutina de siempre. Ya para entonces, los pingüinos lograron salir de la fábrica sin ningún problema.

-jajajaja ¿fue divertido no?

-claro que si, el chocolate sabia delicioso.

-bueno… ¿ahora a donde vamos?.- pregunto terminando con una sonrisa cálida, que hiso que el pingüino aun se encantara mas de ella.

-bueno… yo…

-¡ya se!, tengo otra idea.- la pingüina lo tomo del ala y camino junto con él hasta un estacionamiento cerca, vio a un humano que caminaba hacia su auto y esta aprovecho la oportunidad. Al momento en que el humano abrió su auto y lo encendió, estos dos entraron al interior y Mayra golpea al humano dejándolo inconsciente. Ella comienza a manejar el auto alocadamente.

Se pasaba los altos de los semáforos, no respetaba a los peatones, pocos segundos después, una patrulla comenzó a seguirlos, pero no fue problema para ella, ya que logro perderlos y continuar con su camino.

-¿A dónde vamos?.- pregunto rico con mucha impaciencia.

-jajaja ya lo veraz.- responde muy alegre sin quitar la vista del camino.

Más adelante, comenzaron a llegar a una gran bodega de los humanos. Al llegar ven que la puerta estaba cerrada con candado, pero eso no fue problema para ella, ya que miro una gran ventana, tomo una gran piedra y la aventó hacia la ventana rompiéndola.

-¡vamos rico!, hay que entrar.- dice con una gran sonrisa. Rico al entrar seguido de Mayra miro a su alrededor y vio una gran montaña de fuegos artificiales junto con cañones militares.

-wow.- dijo seguido de un chiflido. Mayra lo tomo de la aleta y camino junto con él hasta allá.

-mira todo ese armamento rico, imagina lo que podemos hacer…-la pingüina camino hasta este armamento y metió grandes fuegos artificiales encendidos adentro del cañón, seguido de esto encendió el cañón, mientras pasaban los segundos para que este lanzara los fuegos, los pingüinos se escondieron.

Una gran explosión lograron escuchar, ambos salieron de su escondite y vieron los grandes fuegos artificiales salir estallando pocos segundos después de que subieron al cielo. Toda la noche se ilumino de sus grandes colores. Ambos al mirarse a los ojos, pudieron ver reflejados los colores reflejados en ellos, se sentían tan bien el uno al otro, que poco a poco comenzaron a acercarse, finalmente besándose.

Ahora rico ya lo sabía, ella era aquella pingüina que tanto había estado esperando, un gran amor empezó a florecer en sus corazones y almas, se sentían tan bien con ese beso que poco a poco se abrazaron por los costados aun besándose.

LEJOS DE AHÍ…

-los pasajeros con destino a Nueva York, favor de abordar el avión 371.- avisa desde un alta voz un humano. Amalia al escucharlo sonríe para sí misma y saca de una bolsa que cargaba en sus aletas, la misma foto de rico a la cual le clavo el cuchillo afilado.

-ya es la hora rico… por fin me desharé de ti para siempre… jamás en mi vida te volveré a ver.- dice con sed de venganza

-mi niña Amalia, ya es la hora.- le informa una pingüina muy mayor que ella y ambas caminan hacia el avión.

Una gran disculpa por esta tardanza U.U

Gracias Teylor-Fox por creer en mí y darme ánimos para seguir con esta historia :,D

Haa por cierto, olvide decirles que en ese fic, Rico habla normal :P :B

Nos vemos en el próximo cap.