Samuel, es bueno verte, dijo Judy Fabray mientras entraba al salón en donde su hija y la visita habían estado conversando toda la tarde, fingiendo que nada había pasado, de la misma forma en la que solían fingir después de besarse, aunque todos en la casa se terminaban enterando gracias a alguna criada que los había descubierto.
El placer es mío, Señora Fabray, dijo el chico besando primero la mano que la mujer le ofrecía y luego su mejilla, después de todo la conocía desde hacía más de 10 años.
¿Cómo están tus padres? Preguntó la mujer sentándose frente a los chicos que compartían el sofá que había sido testigo del deseo mutuo de los chicos.
Ambos bien, contestó Sam sonriendo, visitando a mis tíos en Europa, se han llevado a mis hermanas con ellos.
¿Así que estás solo en tu casa? Preguntó Judy tomando un sorbo del té que una muchacha acababa de servirle, hizo una mueca de asco y le indicó a la chica que estaba frío, la muchacha no mayor que Quinn tomó la taza y se disculpó mientras se llevaba el té con una mueca de pánico en su juvenil rostro.
Así es…dijo el chico mientras junto con Quinn miraba la escena de la pobre chica, que temblaba mientras esperaba la resolución de la Señora Fabray, esa vez, el té ya era del agrado de la mujer, por lo que la chica pudo marcharse aliviada para continuar con sus labores.
Puedes quedarte aquí, Samuel, dijo ella dejando la taza sobre la mesa que tenía al frente, sabes que eres como de la familia.
Quinn asintió, dándole la razón a su madre, Sam estudió el rostro de su amiga antes de aceptar el ofrecimiento, seguido de unas palabras de agradecimiento.
No tienes nada que agradecer, estoy segura de que tus padres harían lo mismo si se tratara de mi Quinn, dijo antes de correr su mirada, en dirección a su esposo que acababa de entrar al salón.
Quinn rodó los ojos ante el comentario hipócrita de su madre y el chico se limitó a reír, antes de estrechar la mano de Russel, con quien la relación era mucho más estrecha debido a los negocios que mantenía con su padre.
¿Qué te parece si mañana temprano vamos de cacería? Preguntó el hombre después de un largo parloteo, eso era lo que Russel más resentía de no haber tenido hijos varones, el no tener un compañero constante de caza, aunque amaba a sus tres hijas, en especial a Quinn, siempre había echado en falta a otro varón en la familia.
Me encantaría, dijo Sam sonriendo, mientras la misma chica de antes les indicaba que la mesa estaba lista.
La familia Fabray y el visitante ocasional ocuparon los puestos respectivos en la mesa, con los padres de Quinn en las cabeceras de la mesa y ella sentada frente a Sam, al lado de su madre.
La cena estaba deliciosa, y transcurrió entre bromas de parte de su padre y miradas de soslayo hacia los jóvenes por parte de Judy, al final, mientras los padres de la chica se excusaron y dejaron la mesa, Sam miró a su amiga, había estado muy callada toda la noche, lo cual era raro en ella.
¿Te pasa algo? Preguntó mirándola, mientras tomaba el último sorbo de su copa antes de levantarse, ayudó a Quinn a dejar su silla y la cerró una vez que la chica estuvo de pie, agradeciendo a la joven que recogía los platos por la cena, le dedicó una sonrisa encantadora a la otra chica, mientras le pedía un vaso con agua para su acompañante.
No…solo estaba pensando, confesó mientras deslizaba su cuerpo con gracia hacia una de las ventanas que estaba abierta, la noche estaba fría, no cálida como suelen ser las noches de verano, incluso el cielo nublado amenazaba con que llovería pronto.
En él, completó el rubio la frase mientras caminaba hacia la joven, había soltado su cabello para la cena y ahora lucía otro vestido, azul, de una tela muy fina y con tirantes delgados, ideal para el verano, su cabello caía delicadamente sobre su espalda y al chico se le antojó acariciarlo, pero no lo hizo, en cambio se quedó a unos cuantos pasos de Quinn.
Si, confesó ella sin sonreír, ¿Cómo lo sabes?
Tienes esa misma cara que pones cuando me vez llegar después de mucho tiempo, y ya que estoy aquí, lo único que se me ocurre es que es por él, dijo Sam, dejando todos los dotes de modestia que le habían inculcado desde niño, ella rió, no habían secretos entre ellos, y las palabras sencillamente sobraban para que descubrieran que le pasaba al otro.
Sabes…continuó el, conocí a alguien en Francia la semana pasada, Quinn rodó los ojos malhumorada, por eso precisamente odiaba los viajes que el chico hacía en compañía de su padre, los cuales no eran ocasionales, más bien partían a diferentes lugares por semana, por espacio de unos dos o tres días, lo cual no le gustaba en absoluto a la rubia.
¿A si? Dijo ella mirándolo al tiempo que levantaba una ceja, apuesto que debe ser igual que Victoria, la chica que conociste en España, o que aquella rusa…
Él rió alegremente, habiendo logrado su objetivo.
Porque ¿estás usted celosa? Dijo mirándola por debajo de sus pobladas pestañas.
Por supuesto que no, dijo ella haciendo un mohín, ¿Por qué habría de estarlo?
No lo sé, talvez solo por que el hecho de que me enamore de ella te aterra, sonrió victorioso al mirar a la rubia estupefacta, ella se recuperó rápidamente y bebió un sorbo del vaso que la criada le ofrecía.
No sabía que eras de los que se enamoraban rápido, dijo dándole la espalda.
No sabía que eras de las que sentía celos ocasionados por una mujer a la que siquiera has visto…
Ya le he dicho, Samuel, que no lo estoy, dijo ella fríamente.
¿A si? Dijo él incrédulo, ¿entonces porque me has llamado de esa forma?
Es tu nombre, dijo ella jugueteando con el dobladillo de su vestido, a menos que hayas cambiado eso también en Francia, dijo ella después de un rato y el rubio volvió a sonreír.
Vamos Quinn…sabes que si hubiera alguien en mi vida te lo diría…dijo él intentando compensar las cosas, no mentía, había conocido a Danielle mientras estaba en París y se habían llevado muy bien, pero no era nada serio, lo decía solo para enfurecer a Quinn que siempre se mostraba indignada cuando él le hablaba de sus "amigas ocasionales"
Puedes hacer lo que quieras, dijo ella encogiéndose de hombros una vez más, su vida no es de mi incumbencia, Samuel
Por favor…dijo él entre una súplica y una carcajada, sabía que la chica estaba comportándose de manera muy infantil, pero tampoco quería que se resintiera con él, menos ahora que se quedaría por una temporada.
Escuchó una ligera brisa que agitó las hojas del viejo roble, seguidos de unas pequeñas piedras chocar contra una ventana del salón, la mirada de la rubia que se encontraba perdida se iluminó y le hizo una seña para que callara, mientras reía tontamente.
Se asomó por la ventana, al tiempo que sonreía más ampliamente, al descubrir a un chico con la cabellera rapada y vestido despreocupadamente junto al imponente árbol, con unas piedrecillas en la mano, él también sonrió al mirarla, y la saludó torpemente con la mano.
Sam contempló toda la escena en silencio, al tiempo que su corazón se quebraba lentamente, al contemplar a aquel que se estaba robando el corazón de su amada.
Te perdono, dijo Quinn mientras seguía sonriendo, pero debes hacerme un favor, si mis padres o Gretta preguntan di que fui a ver una obra con Marissa, dijo la chica tomando su abrigo, decidida a salir por la puerta sin hacer ruido.
Tienes que estar bromeando, dijo él negando con la cabeza, la rubia volteó a mirarlo incrédula. ¿Después de lo de esta tarde vas a irte con él? Dijo el tomándola de un brazo.
Ella sonrió inocentemente, sin decir nada, Sam solamente la soltó, una vez más, las palabras sobraron y él entendió todo lo que ella quiso transmitirle con esa sonrisa.
Esta vez Samuel había perdido, y Quinn había preferido irse corriendo a los brazos de Noah Puckerman.
La miró salir de la casa con prisa, desde la ventana, lo miró a él, dándole vueltas en los aires, sujetarla en sus brazos sin ninguna delicadeza, sin la ternura o suavidad con la que él lo había hecho antes, y aún así, Quinn parecía estar fascinada.
La miró con dolor, cuando ella volteó a mirar la casa, sabiendo que él continuaba observando por la ventana, se sintió culpable, y murmuró solo para ella un "lo siento"
¿Dijiste algo? Preguntó su acompañante, aligerando el paso, con su mano entrelazada a la de la chica.
Nada, dijo ella sonriendo, solo que me alegra que hayas podido venir…dijo con una sonrisa radiante, era hora de olvidarse de Samuel, estaba con Noah ahora, y estaba corriendo demasiados riesgos para poder verlo como para pasar el resto de la noche pensando en un chico que estaba en su casa, en un chico que la había besado, como nunca nadie antes lo había hecho, que la hacía sentirse como en el cielo, que había jurado cuidar de ella, que le había ofrecido tiempo…en el chico que tenía aquellos ojos tan profundos en los que se perdía al mirarlos de frente, y aquellos labios que la incitaban a besarlo…
Basta Quinn, pensó, estás con Noah.
El chico le sonrió, mientras ambos seguían caminando bajo el cielo encapotado, mientras sus manos seguían entrelazadas, su pulso también se agitaba un poco en su cercanía, pero no tanto como con Samuel, si Noah era fuegos artificiales, Sam era una estrella, si Noah era una llama, Sam la fogata entera, si Noah era una nota en el piano, Sam era la melodía completa, no había punto de comparación alguno, pero ese chico sin cabello sobre su cabeza y ojos verdes también le llamaba la atención, peligrosamente.
¿Qué deseas hacer? Dijo él rompiendo el incómodo silencio que acababa de formarse entre ambos, habían caminado por espacio de unos cuantos minutos sin rumbo fijo, sin decir nada.
No lo sé, lo que se le apetezca hacer usted, dijo ella muy cordial, solo con Sam y con su nana podía tomarse las libertades del tuteo, que no eran aceptables en la época, mucho menos para una mujer de su edad al referirse a un hombre, aunque la relación entre ambos fuese estrecha.
Algún día me gustaría conocer a sus padres, señorita, dijo él imitando su tono, como una burla ante sus buenos modales, los cuales no desencajaban tanto cuando estaba con Samuel, pero si con Noah, que era mucho menos letrado.
Ella rió tontamente una vez más, cubriendo su boca con la manga de su abrigo, el se perdió entre su risa, completamente fascinado, cuando las piernas volvieron a reaccionarle (después de un par de segundos) sonrió victorioso.
Sígueme, dijo mordiendo su labio inferior, y sujetando su mano con más fuerza, tiró de ella con brusquedad, Quinn se tropezó con sus propios pies y casi cae, pero lo imitó, corriendo hacia delante en medio del parque, ambos riendo, sin seguir un rumbo fijo, solo hacia donde sus pies que parecían tener vida propia los llevaban.
Eso le gustaba de Noah, no tener que preocuparse por si sus vestidos estaban impecablemente limpios o sus zapatos lustrados, si su cabello se mantenía en su posición o si su abdomen (mutilado por el espantoso corsé) se seguía viendo completamente plano. Con él podía ser otra persona, completamente diferente.
Noah tropezó, cayendo al suelo, ella no se separó de él y cayó aparatosamente sobre el cuerpo del chico, mientras sus respiraciones se agitaban cada vez más debido a las risas y al correteo.
Sus rostros estaban muy juntos, a escasos centímetros, hasta que las manos del chico sujetaron con fuerza su nuca atrayéndola hacia él, sus labios estuvieron a punto de tocarse, hasta que Quinn volteo su rostro suavemente, apenas un milímetro, pero fue suficiente para que Noah lo considerara una negativa.
El cabello de la rubia rozó el rostro del chico de piel bronceada, quien estaba visiblemente molesto, con un movimiento rápido y nada gentil la hizo abandonar la posición anterior. El cuerpo de la rubia rozó el césped húmedo que antes había abrazado el cuerpo del chico, acomodó su cabello al tiempo que murmuraba una disculpa, mientras él se ponía rápidamente de pie sin ofrecerle una mano para que ella imitara su acción.
Se alejó a grandes pasos, sin esperarla, ella corrió y una vez que estuvo a su lado sujetó su brazo con desesperación, no estaban muy lejos de su casa, la noche estaba fría y las calles solas, debían de ser más de las 10 de la noche, y debía volver a casa pronto.
Por favor…suplicó ella, seguido de un sollozo, al tiempo que las lágrimas comenzaron a brotar de sus hermosos ojos.
El chico suspiró, moviendo su mano hasta su rostro, limpiando sus mejillas con el dorso de su mano.
No pasa nada, dijo sonriendo, depositando un suave beso en su frente, eso era lo más cerca que una vez sus labios se habían encontrado de los de la chica, que siempre lo rechazaba gentilmente, como acababa de pasar.
Ella no dijo nada, y él tampoco, juntos retomaron el camino de vuelta a la casa de la rubia, quien no podía dejar de recriminarse en su interior lo torpe que había sido, estando con Noah, queriendo besarlo pero sin poder sacarse a Samuel de la cabeza.
¿Por qué? ¿Porque inconscientemente se negaba a besarlo?
Antes de que se diera cuenta, ya estaban de nuevo junto al árbol desde el cuál Noah había lanzado piedras a la ventana, donde habían dejado a Sam lamentándose y lleno de furia.
Todas las luces estaban apagadas, todas excepto una, la del cuarto de huéspedes, donde debía estar Sam, aún esperando por ella.
Miró sombra del chico en la ventana, no distinguía su rostro pero sabía que era él, algo en su interior se lo decía, miró a Noah por última vez, antes de despedirse, con lo que esperaba fuera un cálido beso en la mejilla, pero el joven fue más rápido esta vez, también más astuto, y no le dio tiempo de reaccionar antes de que tomara su rostro en sus manos y lo juntara con el suyo.
Los labios expertos del chico se movieron rápidamente, en busca de los suyos, Quinn sintió una extraña descarga de adrenalina recorrer todo su cuerpo, similar a cuando montaba a caballo muy rápido, era una deliciosa sensación, pero vacía.
Sin embargo ninguno de los dos se separó, las manos del chico recorrieron su espalda, se aferraron con fuerza a sus caderas e incluso continuaron bajando, Quinn no lo detuvo, solo desplazó sus manos también hacia la nuca del chico, y ahí se quedaron hasta que ambos se separaron.
Mantuvo sus ojos cerrados, pensando en lo que acababa de hacer, ¿Por qué se sentía culpable? Noah besaba muy bien, y aún así sentía que había hecho algo incorrecto, probablemente el hecho de que sus padres se encontraran durmiendo a escasos metros de ahí tenía algo que ver con esa extraña sensación, también la idea de que Sam la hubiera visto le hacía enrojecer.
Adiós, Quinn, dijo el chico simplemente, antes de darse vuelta y caminar a toda prisa lejos de ella, Quinn lo miró por unos instantes más, hasta que la figura del chico se perdió en la noche.
Caminó hasta su casa, mirando la ventana que seguía iluminada, y la figura masculina que resaltaba, observando el lugar en donde segundos antes la chica había unido sus labios con los de alguien más.
Si la sensación al verla correr a sus brazos horas antes había sido desconcertante y abrumadora para Samuel, verlos besarse era mil veces peor, imaginando sus manos recorriendo su cuerpo, y como Quinn lo atraía hacia ella también.
Tragó grueso mientras escuchaba los delicados pasos de la chica subir por las escaleras, sin querer despertar a nadie, en medio de la noche y la oscuridad de la casa, sus pasos eran algo torpes, pero aún así gráciles.
Probablemente ya Quinn había notado su presencia, así que no valía la pena fingir que dormía, tampoco hacer que no había visto nada, mucho menos hacer una escena, solo esperar a que ella llegara a hablarle.
Se dirigió hacia la cama que ocuparía, para fingir que no estaba esperando por su regreso, que no estaba dolido, se quitó las botas cafés de un tirón, dejándolas a un lado de la cama, mientras escuchaba como la puerta de la habitación se abría suavemente, seguida de unos pasos.
¿Qué haces aún despierto? Preguntó aquella voz conocida, curiosa mientras se acercaba, tomó asiento en el sofá que se encontraba junto al lecho, mirándolo fijamente, sus mejillas estaban encendidas, al igual que sus labios, tenidos de rojo.
No he podido dormir, mintió él.
Por supuesto que no, si lo has intentado aún con la ropa puesta, bromeó ella, mirando fijamente el pecho de su acompañante, que se dejaba entre ver por medio de la camisa desabotonada que traía.
Quinn sabía que el la había estado esperando, que había visto como Puck la había besado, pero si él no pensaba decir nada, tampoco ella lo haría, siquiera sabía que decir en una situación de ese tipo.
Sam rió secamente, sin ganas, mientras despeinaba ligeramente su cabello, no dijo nada, pero a su lado el silencio no era incómodo, las palabras no eran necesarias, bastaba con mirar aquellos ojos tan profundos para entenderle.
¿Quieres que me vaya? Preguntó al ver el rencor en su mirada, el negó con la cabeza y ella suspiró aliviada.
Es tu casa, puedes hacer lo que quieras.
Eres nuestro invitado, y deseo que tu estadía aquí sea placentera, así que si quieres que me marche nada más házmelo saber. Dijo ella cortésmente, pero Sam la conocía demasiado bien, su tono era amable pero sus palabras desafiantes.
Ya no sé qué hacer, Quinn, dijo encogiéndose de hombros, abotonándose los broches de su camisa para evitar las miradas curiosas de la chica. Intento comprenderte pero no puedo.
Entonces no debes de ser tan inteligente como pensé, volvió a bromear la chica, sin embargo él no rió, eso le preocupó un poco, pero se mantuvo serena.
Sabes…volví por ti, confesó el rubio, porque quería verte, rió sin ganas, mientras la chica lo estudiaba con la mirada, el se inclinó levemente, relajando su postura, aún sentado en la enorme cama matrimonial, frente al sillón en el que reposaba Quinn.
¿Ya no quieres verme? Preguntó la chica, temiendo la respuesta.
No lo sé, me haces daño, dijo sonriendo tristemente, pero de alguna forma eso me gusta, ¿Qué tonto no?
No es tonto, dijo ella mirando hacia el suelo, es tierno.
¿Quieres decir que te alegra hacerme sufrir de esta forma? Dijo él mirándola con rabia, sin subir el tono de su voz, no era necesario hacerlo para que Quinn supiera que estaba enfadado.
No…yo no… no sabía que decir, no le gustaba en absoluto verlo de esa forma, pero no lo hacía de forma consciente.
¿Recuerda cuando me preguntó si quería que se marchara, señorita? Dijo adoptando un tono frío, creo que la respuesta a su pregunta es sí, dijo levantándose para abrirle la puerta, Quinn lo miró perpleja, él nunca había sido cruel con nadie, mucho menos con ella, pero ahora era diferente, estaba a escasos metros de su lado pero nunca más distante que nunca.
No dijo más, solo salió por la puerta que el joven mantenía abierta, perdiéndose en la oscuridad de la casa, Sam cerró la puerta, y una vez que volvió a su cama, cerró también sus ojos, prometiendo cerrarle el paso a Quinn Fabray de su mente y de su corazón de una vez por todas, antes de que le hiciera más daño.
Gracias por sus comentarios! Me alegra que les haya gustado, espero que también les gustara este capitulo y dejen comentarios! Besos Fer
