Capítulo uno
Alice POV
Papá cerró con un candado mi ventana que era mi principal modo de escapar de casa a la poca libertad que me ofrecía la calle. Odio que haga esto, que no me deje ser como quiero y que no acepte que ya no soy una niña que hará todo lo que él quiera porque sí. A veces siento que me gustaría ser más pobre, quiero decir, mis amigas trabajan, pueden ir a beber a fiestas y bailar sin tener que preocuparse por las normas de sus padres.
Si no fuese mujer todo sería más fácil, de hecho podría hacer todo lo que yo quiero, salir a la hora que quiero sin tener que pedir permiso, trabajar y no discutiría tanto con mi padre por todas las cosas que quiero para mi vida. Es por eso que tampoco voy a casarme, quiero decir, no pasaré a depender de mi padre a depender a la de un marido que puede ser igual o peor. Yo haré todo lo que quiera sin tener que pedir permiso a nadie.
-Alice, cariño- murmura mi madre entrando a mi habitación mientras yo miro aburrida por la ventana- ¿Te has peleado de nuevo con tu padre?
-Papá solo quiere casarme para deshacerse de mí- susurré-, pero yo no me voy a casar, seré una solterona y me dedicaré a viajar por el mundo hasta que sea muy vieja.
-Hija, tu papá quiere lo mejor para ti, hacemos todo esto por tu bien.
-Mi papá no puede saber lo que es mejor para mí, no es mujer y no tiene ni idea de lo que es bueno para mí.
-Estás ofuscada y lo entiendo, pero ya mañana verás las cosas con más claridad. Ahora, vamos a cenar ¿está bien?
Me levanté de donde estaba sentada y bajé al salón para comer algo. La verdad es que no tenía hambre, pero no iba a dejar que papá pensara que me importa todo lo que dijo, de hecho voy a sonreír y actuar como si nada hubiese pasado. En estos casos es peor hundirse en el llanto y la amargura, tengo que ser positiva y dejar que mi papá piense que le haré caso para que me levante el castigo y pueda volver a trabajar como si nada.
Sin embargo, durante la cena la única novedad era que papá había invitado a Jasper a comer, pero todo era tan incómodo que el silencio creaba una tensión que yo no me esperaba. Normalmente cuando peleo con mi papá seguimos hablando después de un par de horas, pero esta vez solo me he ganado miradas severas y un ambiente incómodo que impregna todo hasta los alimentos.
-¿Es cierto que Alice a comenzado a trabajar?- preguntó mi hermana en un intento de entablar conversación.
-Así es- respondí antes de que papá o mamá pudieran hacerlo-, pero a papá no le ha gustado mucho la idea...
-¡Por supuesto que no!- dijo dándome una mirada de advertencia- Pero desde mañana no saldrás de la casa si es que Jasper o yo no te autorizamos.
-Claro, ahora estoy secuestrada en mi propia casa- respondí antes de beber un trago de agua-. Eso mi general, puede ser totalmente contraproducente porque no se ha puesto a pensar que tal vez el poco cariño que siento por usted está a punto de desaparecer.
-¡Alice!- exclamó mamá mirándome con el ceño fruncido- Por favor, compórtate y respeta a tu padre y a nuestro invitado.
-Jasper ya está acostumbrado a que yo pelee con papá ¿No es así?
Vale, me he excedido un poco, pero todo lo que he dicho es verdad. Papá solo piensa en reprimirme y hacer que sea como él quiere sin detenerse a pensar que eso puede hacer que me distancie aún más de él, sin pensar en que tal vez ya soy grande y no voy a cambiar.
Regreso a mi habitación a pensar en qué haré para ir al trabajo mañana, no puedo perder esta oportunidad porque había un montón de candidatas y entre todas ellas me escogieron a mi, además gasté mucho tiempo y esfuerzo en el curso de mecanografía como para ahora darme por vencida y dedicarme a los bordados y a conseguir un marido que agrade a mi padre.
Al día siguiente me despierto temprano, escojo un vestido verde esmeralda, los guantes del mismo color y un collar de perlas para completar mi atuendo. Busco mi abrigo y me dispongo a ir a la oficina de papá para usar el teléfono. Necesito hablar con Bella, mi mejor amiga, para que le explique a mis jefes que tengo gripe, pero que iré mañana al trabajo después de convencer a Jasper de que lo mejor que puede hacer es dejarme salir y fingir que cumple con su trabajo.
-Buenos días- le saludé con una sonrisa mientras él me dedicaba una mirada cansada. Supongo que cree que vengo para causarle problemas, pero esta vez juro que busco la paz-, no me mires así vengo porque quiero usar el teléfono.
-Señorita, su padre me ha dado instrucciones de que...
-Me llamo Alice, tenemos casi la misma edad así que no debes tratarme con tanta formalidad cuando el general no está presente- sentencié mirándole directamente a sus ojos azules. Jasper es muy guapo, tanto que podría gustarme si es que no fuese militar ni el hombre de confianza de mi padre-. Ahora, ¿Podrías prestarme el teléfono un momento? Quiero hablar con una amiga y necesito algo de privacidad.
-Tienes prohibido hablar por teléfono.
-¡Mentira!- exclamé frunciendo el ceño mientras Jasper intentaba sacar el papel de la maquina de escribir, consiguiendo que ésta se trabara. No pude contener una risita a lo que él me fulminó con la mirada-... Lo siento, pero lo estás haciendo mal y conseguirás que la máquina se estropee; papá se enfadará mucho contigo si se daña la maquina- luego añadí en tono burlesco solo para molestarlo:- Tendrás problemas...
-¡Maldita sea!- exclamó intentando escribir algo pero la máquina se negaba a cooperar- ¿Sabes arreglarla?
-Claro- dije sonriendo con orgullo-, puedo ayudarte pero tendrás que dejarme hablar por teléfono... Es la condición; yo no hago nada gratis.
Jasper suspiró mientras me miraba como si estuviese pensando qué era lo correcto. Sé que papá le dio instrucciones específicas de no dejarme hacer absolutamente nada, pero espero que al menos el chantaje me sirva para tener aunque sea un momento de libertad dentro de mi detención. Es absolutamente aburrido estar en casa bordando o acompañando a mi mamá mientras da órdenes a los empleados y ve que todo en la casa esté en armonía y perfección.
-Vale... puedes hablar, pero solo cinco minutos.
No pude evitar reír por la emoción y cuando él se puso de pie para que yo pudiera usar el teléfono, le besé la mejilla antes de sonreír. Pude notar que me miró extrañado, básicamente porque nunca le había besado y porque siempre he sido tan hostil con él hasta el punto que a mí misma me sorprendió hacer lo que hice. Es obvio que fue la emoción del momento, ya que por lo que sé aún sigo odiándole igual que la primera semana que papá lo trajo a trabajar a la casa.
-Tienes cinco minutos- me recalcó mientras sostenía la puerta-, cuando vuelva quiero que arregles la máquina ¿De acuerdo?
-Sí- respondí sentándome frente al teléfono-, muchas gracias.
Esperé a que él cerrara la puerta por fuera y procedí a girar la rueda para marcar el número de la compañía telefónica. Cuando la operadora respondió, le pedí que me comunicara con el despacho de abogados de Galveston y esperé unos minutos.
-Despacho de abogados, buenos días ¿Qué necesita?
-¡Bella ¿eres tu?!
-Oh, Alice- murmuró mi amiga con preocupación-. Estuve muy preocupada por ti durante toda la noche, tu papá se molestó mucho contigo ayer y pensé que tal vez te había hecho algo al llegar a casa.
-Me ha encerrado, pero he podido convencer a su asistente para que me deje usar el teléfono un momento... Quería pedirte un favor: ¿Puedes decirle a los jefes que estoy un poco enferma y que por eso me he ausentado? Mañana iré a trabajar, pero hoy lo tengo un poco difícil y ya es tarde.
-Claro, no hay problema, pero ten cuidado por favor.
-No te preocupes, estaré bien... ¿Irás a la fiesta de hoy en la noche?
-¿Irás tu? No me atrevo a ir sola, papá me dejó ir solo porque iría con amigas, pero si no vas lo entiendo y me quedaré en casa ayudando a mamá con la cena.
-Bella, ninguna cárcel es lo suficientemente segura como para que yo me quede dentro; iré aunque tenga que pagarle a alguien para que me ayude a escapar, así que no te preocupes porque a las 8 de la noche estaré en la puerta de tu casa como habíamos quedado, tu tranquila.
Bella es una buena chica, vive con su padre al otro lado del pueblo y somos muy buenas amigas, siempre que puedo le regalo los vestidos nuevos que a mi no me gustan o la ropa que he usado una vez y no usaré más. Ella sabe que la quiero y siempre que tengo problemas en casa, sé que puedo recurrir a ella para que me ayude o me consuele un momento.
Corté el teléfono justo antes de que Jasper entrara a la oficina y comencé a reparar la maquina. Se había trabado el papel, pero solo era cuestión de desconectarla y quitar el trozo atascado. Le sonreí una última vez antes de salir de la habitación para volver a mi cuarto, la verdad es que ahora iba a portarme bien el resto de la tarde para no levantar ningún tipo de sospecha de lo que haría en la noche.
Cuando Jasper se fue corrí a mi cuarto para cambiarme y arreglarme para la fiesta. Me puse un vestido dorado lleno de perlas, era tan bonito que con cada giro las perlas se movían conmigo, me coloqué los zapatos a juego y me puse labial rojo el cual guardé en mi bolsito de mano para retocarme en la fiesta. Sin lugar a dudas arreglarme no era lo difícil, lo más difícil aquí era escapar, pero ya tenía una idea de como hacerlo.
Esperé a que sirvieran la cena y le dije a mi mamá que me sentía enferma del estómago para que no me obligaran a bajar. Cuando comprobé que todos estaban en el comedor comencé a buscar una ventana abierta por la cual huir, por suerte la ventana de mi hermana Cynthia estaba abierta y daba hacia la calle. Sonreí mientras me sentaba sobre la ventana, cerraba los ojos y me lanzaba a los pocos centímetros que me separaban de la libertad.
Una vez fuera corrí a donde me reuniría con Bella para ir a la fiesta. La fiesta sería en el salón de eventos del pueblo y había muchísima gente invitada, al llegar vi a las chicas del trabajo, el charlestón sonando a todo volumen y los tragos cerca de la mesa. Rápidamente cogí 2 copas con un licor alcalino y le entregué uno a mi mejor amiga.
-¿Qué es?- preguntó mientras yo buscaba con que encender mi cigarrillo.
-No sé- respondí antes de darle un sorbo-, sabe a White lady. Es bastante rico, así que creo que te gustará.
Bella bebió con desconfianza, mientras yo seguía buscando fuego.
-¡Alice Brandon! ¿Qué hace una niña rica como tu en una fiesta como esta?- me di la vuelta para ver a Edward, un viejo amigo, sonriéndome con alegría, sujetó mi mano y la besó en el dorso- ¿Qué ha pasado que te han dejado venir?
-¡No me han dejado venir! Me escapé de casa del general para poder estar aquí...
-¡Una chica rebelde! Pensé que tu padre ya te habría casado con algún militar que sepa controlarte.
-¡¿Qué dices?! Nadie me controla- de pronto por el rabillo del ojo veo algo que me impacta nada más verlo: Jasper con un amigo bebiendo en una mesa de la esquina-...me tienes que contar de tu viaje a Europa, pero antes déjame presentarte a mi mejor amiga.
Tomé del brazo a Bella sin despegar la vista de donde Jasper estaba. Esto era demasiado extraño ¡Si me decían que el hombre de confianza de mi padre vendría alguna vez a una fiesta no me lo habría creído nunca! El chico se comporta como un militar acostumbrado a las normas y aunque todo el mundo bebe y está mas alegre con las fiestas de la ciudad, en él es demasiado anormal y raro.
-Bella, este es Edward Cullen, es hijo del director del hospital y uno de los socios en negocios de mi padre; Bella es mi mejor amiga y es hija del jefe de policía de la ciudad... ¿les molesta si los dejo un minuto? Quiero ir a saludar a un amigo, regreso en un segundo.
-No hay problema- Edward me guiño un ojo antes de dejarme ir.
Me acerqué a la mesa de Jasper, con el vaso en la mano y mi cigarrillo aún apagado. Espero que él o su amigo tengan un encendedor porque creo que con las prisas me he dejado el mío en casa.
-Hola- saludé con una sonrisa mientras Jasper me dedicaba una mirada llena de sorpresa-, buena fiesta ¿no es así?
-Alice ¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó poniéndose de pie visiblemente nervioso- Se supone que estás castigada y que debes estar en casa...
-Estamos fuera del horario de trabajo así que no tienes derecho a regañarme o decirme nada- le mire frunciendo ligeramente el ceño-. Vengo a preguntar si tienes fuego ¿Tienes?
Jasper me miró unos segundos antes de rodar los ojos y suspirar visiblemente cansado.
-Peter, dame unos minutos: llevaré a Alice a su casa y luego regreso...
-¡¿Qué?! ¡No!- chillé molesta- ¡Estás loco si crees que dejaré que me lleves a la casa!
-Amigo, no seas así con la chica- su amigo Peter se puso de pie para posicionarse a mi lado-. Es una fiesta y ella quiere estar aquí, además como un padre como el general su casa debe ser más un regimiento que un hogar.
-Prometo que no te daré problemas- dije buscando sus ojos con mi mirada, no quiero regresar a casa ni menos que me saquen de la fiesta como papá me sacó del bar el día anterior-, si quieres me voy a saludar a más gente y así tu finges que no estoy aquí para que puedas divertirte. Solo venía a saludar y preguntar si tenías un encendedor porque con la huida he dejado el mío en casa.
-¡¿Escapaste del general?!- Peter me miró con tanta admiración que parecía realmente asombrado- ¡Chica lista! ¿Qué tal si te invito a beber algo, te presto mi encendedor y me cuentas que se siente escapar del general más duro del ejército de los Estados Unidos de América?
Le miré con una sonrisa antes de asentir y tomarme del brazo que me ofrecía. Mientras avanzábamos por entre las personas me giré para darme cuenta de que Jasper nos seguía con la mirada, entonces cuando nuestros ojos se encontraron, saqué mi lengua a modo de burla y seguí avanzando con Peter al lugar donde se pedían los tragos.
