Nami sonrió con alivio al ver que el primer desayuno después de confesar que Zoro y ella estaban juntos, era exactamente igual al de cualquier otro día. Aparentemente, la única diferencia que había era que habían podido pasar la noche juntos sin tener que esconderse. Le llamaba especialmente la atención la buena reacción de Sanji, que a diferencia de lo que ella pensaba, no se había peleado con Zoro en ningún momento. Relajándose, disfrutó de su desayuno antes de que Luffy echara mano sobre él. Al terminar, todos abandonaron la cocina, marchándose cada uno a sus cosas. Se despidió de Zoro, que se marchaba a cubierta a entrenar, y se dirigió hacia su mesa para terminar el mapa que tenía a medias

Varias horas más tarde, con el mapa ya finalizado, lo guardó en su sitio, y decidió que se merecía un descanso. Se puso el primer bikini que tuvo a mano, un libro, y salió a cubierta dispuesta a tumbarse un rato bajo el sol. Dejaría pasar aún un rato antes de ir con Zoro, dejándole así que siguiera un poco más con su entrenamiento.

Ya en la tumbona, decidió dejar el libro en el suelo y simplemente relajarse bajo el sol, aprovechando el rato de tranquilidad. Sin embargo, pronto notó que Sanji comenzó a revolotear cerca de ella, sin llegar a acercarse pero tampoco alejándose. Cansada, se incorporó sobre la tumbona.

"A ver Sanji, ¿Qué quieres?"

"¿Puedo hablar contigo?" – preguntó serio el cocinero.

La actitud no era la que Nami esperaba, pensó que el cocinero estaría allí para llevarla alguna bebida o algo de eso, como hacia siempre. Asintió, y vio como Sanji se sentaba a su lado, a los pies de la tumbona.

"yo quería hablar contigo… "

"de Zoro" – terminó ella la frase, entendiendo ahora sí, la actitud del cocinero

"Él no te merece"

"¿Cómo?" – preguntó ella sorprendida.

"No te llena de halagos ni te está diciendo continuamente lo maravillosa y preciosa que eres."

"¿Y quien te ha dicho que yo quiero eso? "– preguntó enfadada

"Es lo que os gusta a las mujeres"

"No sé qué les gustará a las demás. A mí me gusta que me hagan sentirme querida y especial, cuidada y protegida. Y él lo hace perfectamente, cuando tiene que hacerlo. No necesito a un hombre que me esté molestando todo el rato para decirme que soy preciosa."

"Pero…"

"No hay peros Sanji, no he estado tan segura de algo nunca."

"Pero mi Nami, déjame enseñarte lo que podría hacerte, a donde te llevaría…"

"Sanji, no soy una puta"

"Yo no quería decir eso…"

Mira, estoy con Zoro, estoy enamorada de Zoro." – le dijo aún con más fuerza – "Y le amo, le amo tanto como para dar mi vida por él. ¿de verdad crees que le engañaría?"

"Pero yo"

"Lo siento Sanji, nunca me vas a tener." – terminó de manera muy seca, cortando al cocinero y recogiendo el libro y poniéndose en pie, marchándose hacia el interior del barco

Sanji se quedó quieto, pensando en lo que había pasado, intentando comprender las palabras de Nami. Definitivamente, aquel bruto había conseguido que Nami lo amara, había conseguido lo que él jamás podría tener. Una sombra tapándole el sol hizo que levantara la cabeza, viendo frente a él al hombre que se había llevado el amor de Nami. De pronto un escalofrío le recorrió la espalda. Cuando Zoro se enterara de esa conversación, y no tenía duda de que lo haría, se pelearía con él, y si bien no le tenía miedo, tampoco era tonto. Una lucha en serio con Zoro no le daba demasiadas posibilidades de salir bien librado.

"Asúmelo, ella nunca será tuya"

"¿Lo has oído? Entonces" – dijo Sanji sorprendido – "¿porque no has venido a cortarme en trozos?"

"Confío en ella. Sé que nunca me engañaría." – dijo dando unos pasos, hasta quedar a su lado. En ese momento se paró y llevó la mano a la espada – "Pero vuelve a intentarlo y te mato cejas rizadas"

El cocinero giró un poco la cara, viendo frente a él como la mano del espadachín acariciaba suavemente la empuñadura de su espada blanca. Sin una sola palabra más, Sanji exaló el humo del cigarrillo, asintiendo al espadachín, que entonces separó la mano de la espada y continuó su camino, entrando al interior del sunny, y dejando solo en cubierta al cocinero. Instintivamente se dirigió hacia la habitación que compartía con la navegante, seguro de que la iba a encontrar allí. Al abrir la puerta, vio a la chica sentada en la silla, frente a la mesa, dibujando un mapa. En silencio, dejó la toalla sobre la cama, saco una camiseta del armario, y tras ponérsela, se acercó a ella, abrazándola por detrás y dejándola un beso en el cuello.

"Estás enfadada."

"¿Tanto se nota?"

"Ni siquiera te has cambiado, sigues con el bikini, y más que dibujar, estas clavando el lápiz sobre el papel" – respondió él tranquilamente sentándose en la cama.

Con un suspiro de enfado, Nami soltó el lápiz y se levantó de la silla para sentarse al lado de su chico en la cama. Enseguida levanto la mirada para mirarle a la cara.

"Sanji ha cuestionado lo nuestro. Y además ha intentado que me acostase con él. A su manera, pero esa era la idea"

"¿Y tú que has hecho?" – preguntó él pasándole una mano por la espalda

"Rechazarle, por supuesto. No tengas dudas" – puso una pequeña sonrisa –"solo quiero estar contigo."

"Por supuesto, eres mía" – respondió él devolviéndole la sonrisa. Ella, juguetona le tumbó en la cama y se colocó sobre él.

"Solo tuya, para siempre. Tú eres mi vida"

"Bien" – respondió llevando las manos sobre el culo de la chica, y empezando a meter una de ellas por dentro del bikini

"¿Y tú?"

"¿Yo? No tengas dudas de mi"

"No las tengo, pero quiero oírtelo" – respondió ella subiéndole la camiseta y jugando con sus abdominales

"Bruja" – dijo con una sonrisa, antes de mirarla fijamente – "solo te amare a ti, por el resto de mi vida."

En cuestión de segundos las dos piezas del bikini de Nami estaban en el suelo, acompañadas poco después de la ropa que Zoro llevaba, mientras sus dueños unían sus cuerpos en la cama.

Mientras eso ocurría, en la cubierta Sanji regresaba a la cocina, dispuesto a preparar la comida, antes de que el pozo sin fondo de su capitán comenzara a gritar que estaba muerto de hambre. Al entrar vio a Robin sentada en el sofá, leyendo tranquilamente. Sin darle más importancia, se puso a hacer la comida del día. Mientras lo hacía, la curiosidad fue más fuerte que él.

"Robin, ¿cómo es que no has salido fuera a leer?"

"Prefería no estar de por medio cuando has ido donde la navegante"

"Vaya, entonces te has dado cuenta. Ya sabrás lo que ha pasado."

"Si, aunque si te digo la verdad, me extraña que tu esperaras otra cosa."

"Se me hace tan raro que esté con ese idiota…"

"Él es lo que ella quiere. Deberías estar contento, ella es más feliz de lo que nunca lo ha sido. Y sabes que él nunca la hará daño."

"Supongo que tienes razón. debo dar un paso adelante. Además, ¡aún te tengo a ti Robinceta!"

"Ya" – dijo ella sin ninguna emoción poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la salida – "Voy a dejar el libro. Deberías terminar antes de que el capitán venga gritando."

Cuando Robin salió de la cocina, Sanji se quedó mirando fijamente la puerta. Después de la mañana, era consciente de que había perdido para siempre a Nami, pero ahora, tenía la sensación de que Robin, también estaba ya muy lejos de él.