Chapter 1: ¿Nueva York… ¡con ella?! (Primera parte)

Era un día prácticamente normal en la casa de pos pisos en Evergreen Terrace, Springfield. Un día prácticamente normal en la familia Simpson… Bueno, Homero bebiendo una cerveza tras otra, molestando a Flanders, estrangulando a Bart por haberle gastado una broma… Lo típico. En las horas del mediodía, Homero entró en la habitación de su hijo, con una Duff en la mano.

—Muchacho, tenemos que hablar—anunció.

—Eh, ¿sobre qué, Homero? —inquirió Bart sin despegar ni por instante los ojos de la pantalla del televisor, donde jugaba "God of Stratch", justo en la parte donde un ratón Stratchy en taparrabos se enfrentaba a un Itchy gigante.

Homero no pudo evitar fruncir el ceño ante el indiferente gesto de su hijo. Marge ya se lo había dicho: "Esta pasando por la etapa… Tú ya sabes cuál". Oh, Homero sabía cuál era perfectamente: La ropa desaliñada, el arete en la oreja izquierda lo delataban: La adolescencia. La salvaje adolescencia. A sus diecisiete años, Bart había cosechado hazañas de toda índole.

Homero y Marge temían por el futuro de su inquieto hijo varón; por lo que estaban constantemente presionándolo para que solicitara una beca en un centro profesional que estaba allí mismo en Springfield. Ya había pasado un mes y no tenían respuesta. A Bart no parecía importarle, y solo se la pasaba con su patineta, Millhouse y las chicas que conquistaba.

—Bart…

—Un momento, déjame ganar este nivel.

— ¡Suficiente! — Y de un salto agarró el cable del Xbox de Bart y lo desconectó, desvaneciéndose la imagen de Stratchy empuñando un mazo con púas a punto de aplastar a cabeza de Itchy.

— ¡Hey! ¡Estaba a punto de ganar, viejo! —gritó Bart soltando el control y levantándose.

— ¡Pues ahora me escucharás! — replicó Homero— Dentro de unos días se irán a Nueva York, y…

— ¿Nueva York? ¿Por qué no lo dijiste desde el principio? ¡De pelos! ¡Será genial volver allá! —exclamó Bart con alegría… cuando cayó en la cuenta de algo: — Un segundo: ¿"Se irán"? ¿Quiénes?

— Pues… y Lisa, por supuesto—contestó Marge, quien pasaba justamente frente a la puerta— Ya sabes que es algo muy importante para Lisa… Pero no puede viajar sola; es demasiado joven… Tú eres su hermano mayor, tu deber es cuidarla…

— ¿Mi deber? —repitió Bart, incrédulo y empezando a enfadarse—: ¡Por favor, mamá! ¡Lisa ya tiene casi quince años, ya no es un bebé! ¿Por qué tengo que ir yo? ¿No pueden ir ustedes?

—Bart, sabes muy bien que tu padre trató de pedirle un descanso al Sr. Burns para poder acompañar a Lisa, y este no le dejó. Además de que todavía tengo que recuperarme de mi lesión en la pierna—replicó Marge señalando el vendaje en su pierna, producto de una caída cuando Homero regresaba ebrio del bar de Moe—Mira, sé que es algo molesto, pero en verdad necesito este favor… Y si lo haces, te… te lo recompensaré ¿está bien? Además, puede ser una gran oportunidad para que pases más tiempo con tu hermana.

— ¿Pasar más tiempo? ¿De qué estás hablando? —preguntó Bart sin entender.

—Solo hazlo, ¿sí? Recuerda: Tal vez nunca más Lisa vuelva a tocar en semejante presentación. Es una oportunidad única en su vida.

Bart contuvo un gesto de exasperación. Estaba algo harto (y porque no decirlo, celoso incluso), de la suerte de su hermana: Hacía poco, Lisa tuvo la confirmación por correo de que sería la suplente en el Saxo en un evento especial de caridad que habría en Nueva York. Al parecer, al sujeto que tocaba normalmente el Saxo en esos eventos le había agarrado una afección crónica, y no podía tocar ese día.

En un grandioso golpe de suerte, el Director Skinner era amigo de unos de los encargados del evento, a quien le envió una grabación de Lisa tocando. Según parece, Seymour lo había hecho: "Para compensar todas las veces que Lisa salvó a la Primaria Springfield de ser la peor en el estado, por sus resultados en las pruebas". Lisa nunca dejó de agradecerle ese buen gesto.

Durante tres semanas, Bart tuvo que soportar los contantes elogios de Marge y Homero hacía su hermana, sumado a que Lisa no dudó en ponerse a practicar día y noche (entre gritos de Homero porque no podían dormir y con la puerta con llave, pues temía que su hermano perdiera los estribos y volviera a arrojar su Saxo por la ventana) Cuando ocurría eso, Bart simplemente meneaba la cabeza, ponía los ojos en blanco y continuaba haciendo piruetas en su patineta con Millhouse.

Bueno, no podía negar que estuviera orgulloso de ella… De hecho, siempre lo había estado. Solo que no le gustaba admitirlo abiertamente. Y menos frente a ella.

Dejó que Homero y Marge tuvieran su momento de arrumacos en el vestíbulo y fue a otro lado. Pasó por la habitación de Lisa, la cual se hallaba entreabierta, donde él sabía perfectamente que estaría allí. Estaba tocando su Saxo, sentada sobre el borde de la cama, con los ojos cerrados, sus dedos deslizándose de manera simultánea y precisa sobre los botones, dejando que las notas graves del instrumento flotaran en el aire.

Estaba tan concentrada que no parecía advertir que su hermano se había quedado mirándola… La niña de ocho años se había vuelto una jovencita de catorce. ¿Cómo había pasado tan rápido? Bart no tenía idea. Lo único que se mantenía constante de la infancia acabada de dejar era el eterno collar de perlas en su cuello. No podía negar que su pequeña Lis, por más nerd que fuese, se había vuelto muy bonita… Y ante eso, Bart se quedó extrañado. ¿Pensaba que su hermana era bonita? ¡Qué cosas!

— ¡Toc, toc…!

— ¡Bart! —exclamó ella dejando de tocar y mirándolo con enojo—. Te dije que dejaras de asustarme así.

— ¿Qué? Siempre dices que toque tu puerta y eso hice, ¿no? —replicó Bart sonriendo— Y… ¿Cómo te sientes? Ya sabes, al respecto.

—Pues… Emocionada, y nerviosa a la vez. —murmuró Lisa alternando sus dedos sobre los botones del instrumento—No quiero equivocarme cuando tenga que tocar, quiero que toda salga perfecto… Aunque aún sigo preocupada sobre cómo me voy a ir. ¿Recuerdas lo que pasó cuando quise ir sola al Museo? —Bart asintió; recordaba bien esa vez: Homero se había puesto como loco buscando a Lisa; hasta el punto de montarse en una grúa gigante.

—Bueno, de eso ya no tienes que preocuparte…—empezó Bart haciendo una mueca—Porque… me toca acompañarte allá.

— ¿Lo dices en serio? —Lisa no lo creía. ¿Bart acompañándola? Eso más bien parecía ser algo impuesto por sus padres… Aún así, sintió enternecimiento por eso—Oh, gracias Bart. No sabes lo importante que esto es para mí… Eres el mejor—Y lo abrazó. Aunque desde siempre tuvo que chantajearlo o presionarlo para ello desde niños, a Lisa siempre le encantaba sentir el calor de los brazos de su hermano en su espalda. Le provocaba una sensación un poco extraña… pero agradable a la vez.

—Está bien… No es para tanto, Lis…—farfulló Bart en un intento algo flojo de soltarse, sin notar un ligero sonrojo en las mejillas, por algo tan… intranscendental como era el abrazo de su hermana, cuya coronilla de cabellos rubios ensortijados le llegaban a la barbilla.

"Eres el mejor, Bart". ¿Por qué se emocionaba por esas palabras? Esas mismas palabras se las había dicho la última chica con quien se acostó… ¿O era porque era su pequeña Lis quien las decía? No lo sabía, pero fuera lo que fuese, lo hizo sentirse bien.

Además, había otras buenas razones para acompañarla a Nueva York: ¡Habría una convención para fanáticos de la revista MAD! Millhouse se lo había contado hacía unos días, porque el lamentaba no poder ir. ¡Además de los múltiples sitios que no alcanzaron a ver la última vez por Homero y el auto!

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Finalmente llegó el día. Bart y Lisa caminaban por el aeropuerto de Springfield, seguidos por Homero y Marge. Maggie no pudo ir a despedirles, pues tenía una presentación en la escuela y no pudo aplazarlo para ir con sus hermanos. Habían descubierto en Maggie un talento natural hacia el canto, por lo cual Marge se había apresurado en colocarla en clases especiales en la Primaria Springfield.

—Muy bien: Su tío Herb (1) los estará esperando en el aeropuerto, cuando lleguen.

— ¿El tío Herb? —preguntó Bart—, ¿No es que estaba en Detroit?

—Sí, pero afortunadamente su tío tiene una estadía en Nueva York para una entrevista con una empresa para contratarlo por su invento del "traductor de bebés" (2). —contestó Marge—; Hablamos con él y está de acuerdo de que se queden en su apartamento mientras Lisa haga su presentación.

— ¡Qué bien! —exclamó Lisa.

—Buena suerte, mi pequeña Lisa—susurró Marge abrazando a Lisa—No sabes cuánto nos duele no poder acompañarte, pero sé que lo harás bien.

—Te acompañamos en espíritu—dijo Homero dándole un abrazo a su vez. —En cuanto a ti muchacho, ya sabes: Cuida a tu hermana.

—Cómo sea…—murmuró Bart encogiéndose de hombros, hasta que notó que…—Oye Homero, ¿Ese no es tu auto el que se está moviendo? — preguntó señalando la ventana que daba al estacionamiento del aeropuerto, donde el auto morado de Homero se movía solo.

—Homero… ¿dejaste el auto encendido con el cambio puesto?

— ¡Do'h! —exclamó Homero — ¡Bueno, mucha suerte, Lisa! ¡Adiós! —Y luego salió corriendo hacia al estacionamiento gritando a su auto, mientras Bart se desternillaba de risa—: ¡Vuelve! ¡Vuelve!

—Hummm—gruñó Marge meneando la cabeza—De acuerdo niños, creo que… ya deben abordar. —parecía tratar de no ponerse a llorar de tristeza y emoción. Por eso no pudo evitar volver a asfixiarles a ambos con un fuerte abrazo—Cuídense mucho, ¿está bien? Bart, por favor: Pórtate bien, no te metas en líos… Y cuida a tu hermana.

"Pasajeros del vuelo 757 de Springfield a Manhattan, favor abordar la plataforma. Pasajeros del vuelo 757 de Springfield a Manhattan, favor abordar la plataforma" oyeron la gélida voz del altoparlante, avisando a Bart y a Lisa de que debían ir a la plataforma.

—Eh, mamá… Ya debemos irnos—musita Lisa soltándose de su madre y mirando a Bart.

—Si… Si. —murmuró Marge soltándolos y acompañándolos a la puerta que daba a la plataforma. Los besó por última vez (entre las protestas de Bart) y los vió alejarse a través de los guardias de seguridad, mientras que las maletas de ambos ya eran llevadas al avión por el carro especial por la pista de aterrizaje. Bart y Lisa la vieron agitar la mano en señal de despedida y sonreírles… Aunque ambos logaron ver como un par de lágrimas se resbalaban por sus párpados. Sin saber porque, les dio una sensación extraña.

—Bueno… Aquí vamos, Bart—murmuró Lisa al entrar en el avión, sentándose junto a la ventana.

Bart la miró fijamente: Su hermanita tenía una sonrisa algo torcida, que siempre salía cuando estaba nerviosa y algo asustada. No podía reprochárselo, él también tenía esa misma sensación. Le devolvió la sonrisa y le apretó por un instante la mano sobre el brazo de la silla.

—Aquí vamos, Lis. Será una gran aventura. —contestó Bart también en un murmullo, recostándose sobre la silla, mientras el avión se elevaba sobre una espléndida puesta de sol.

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TBC.

Author´s Note:

(1) Herbert Powell (interpretado por Danny DeVito), tío de Bart y Lisa, es hijo ilegítimo de Abraham Simpson y hermano de Homero.

(2) Herb Powell les pide dinero a la familia Simpson para desarrollar un aparato que convierte los balbuceos de los bebés en palabras comprensibles, cosa que consiguió analizando el comportamiento de Maggie. Herb produce en masa el aparato y se vuelve millonario nuevamente, gritando a los cuatro vientos "¡U S A, U S A!" (U Ese A) en alusión al dicho que los . es el país de la oportunidades. Se despide del hogar de los Simpson devolviendo el préstamo y comprándoles regalos a cada uno de los miembros de la familia [Extraído de la Wikipedia]