Holiiii :D Pídeme esta está de vuelta con otra viñeta de un amor MUY NO correspondido xD con nuestro característico humor negro y sarcástico, haciendo mierda el pobre amor de Jun por Matt :D al igual que con Hikari en la viñeta anterior... Es que Matt tiene tanto arrastre con las mujeres que ni nosotras quedamos libres, pero creo que podemos igualarlo en sensualidad, al menos yo (Len), la Roww, perdió algunos puntos ¬¬ xDDD No mentira :D Aquí está la viñeta, disfruten ~
Disclaimer: Digimon no nos pertenece, AÚN, pero estamos untando firmas para que sea nuestro... SOLO NUESTRO (6) En nuestros sueños D:
Amor no Correspondido
"La Señora Ishida"
Podía pasar horas y horas contemplando aquel poster en su habitación.
Ella era su más ferviente fan. Sabía todo de él, su nombre completo, su edad, su fecha de nacimiento, dónde había nacido, dónde vivía, con quién vivía, dónde estudiaba, dónde ensayaba, los lugares que frecuentaba, quienes eran sus amigos… ¡TODO!
Esbozó una sonrisa al recordar lo linda que era la vida, por fin le sonreía como ella quería. Su futuro estaba a un paso tan solo.
Por primera vez su hermano no era tan inútil como ella pensó toda la vida, su querido y adorado hermano ésta vez sería su pasaporte directo a la felicidad eterna. Mordió su labio inferior aún sonriendo, simplemente no podía creer como lo lindo que era el destino. Tanto tiempo soñándolo y ahora por fin se haría realidad. Soltó un fuerte y agudo grito al mismo tiempo que se tiraba hacia atrás en su cama y comenzaba a rodar histéricamente, poco le importó que su hermano se quejara, su felicidad lo tenía bien ganado.
—¡Cállate loca! —le gritó el moreno desde la puerta de su habitación. Ella volteó hacia él, siéndole imposible borrar aquella boba sonrisa de su rostro.
Se levantó rápidamente y dando un par de brincos llegó hasta su hermano para darle un fuerte abrazo.
—¡Oye suéltame! ¿Qué te pasa? Cada día estás más rara. —la espantó él tomándola por los brazos, una vez libre de ella caminó lo más rápido que pudo hasta su habitación. No quería más cariño de la neurótica de su hermana.
—Iremos a la fiesta, ¿cierto?, ¿A qué hora es?
—¡¿Iremos? Iré, querrás decir, ¡YO IRÉ, no tú!
—¡Pero…!
—¡Pero nada! —la calló finalmente. —Yo estoy invitado.
—Pero te dijeron que podías ir acompañado… ¡Lo escuché! —agregó cuando la mirada del moreno cambiaba conforme levantaba una ceja y torcía sus labios. Su hermana lo había espiado, como solía hacerlo siempre que se trataba de aquel rubio.
—Si, pero jamás en la vida iría acompañado de ti a esa fiesta.
Él conducía en completo aburrimiento mientras Jun observaba cada detalle del camino a través de la ventana. Mientras más se acercaban a su destino, ella gritaba cada vez más emocionada. Cuando se detuvo en un semáforo en rojo volteó disimuladamente a ver a su histérica hermana… Iba moderadamente maquillada, salvo por sus labios que ahora tenían un intenso color rojo pasión y mucho brillo labial. Realizó una expresión de desagrado, aunque debía reconocer que había logrado en algo dominar su rebelde cabellera, tenía que darle puntos extra por eso, pero de igual forma ante sus ojos lucía igual de fea que siempre. Presionó gradualmente el acelerador cuando la luz del semáforo se tornó de color verde. Dobló en unas cuantas calles hasta que al fin detuvo el auto, ésta vez porque había llegado a su destino. Cuando el moreno alzó el freno de mano y se quitó el cinturón de seguridad ella chilló fuertemente, mucho más que antes. Se quitó rápidamente el cinturón y se apuró en salir del auto y arreglar su ropa, tenía que asegurarse de ser la más linda de la noche en aquella fiesta si quería atraer toda la atención de su ídolo musical.
—Más te vale que te comportes, ¿entendiste? —Jun asintió eufórica la indicación de su, ahora, amado hermano. —No me avergüences… Al menos trata de no hacerlo.
—Ay, hermanito, relájate… Todo estará bien. Si todo sale perfecto, quizás el día de mañana no solo seas Daisuke Motomiya, futbolista, sino que serás Daisuke Motomiya, ¡cuñado de Matt Ishida! —dicho esto la pelirroja comenzó a gritar, llamando la atención de unas cuantas personas a su alrededor.
—¡Cállate, mierda! Te dije que no me avergonzaras.
—¿No sería emocionante ser el cuñado de una estrella de Rock?
—¡No! Estás loca. No sé en qué estaba pensando cuando acepté traerte…
—¿En que soy la hermanita que más quieres?
—Yo creo que me drogaste…
.
—Davis, llévame a la fiesta.
—¡No! Loca…
(…)
—Hermanito…
—¡Qué no! Abúrrete Jun.
(…)
—Hermanito, mira lo que te traje. —dijo ella extendiéndole una bolsa con sus pastelillos favoritos.
—Gracias. Que linda. —dijo tomando la bolsa entre sus manos. —Aún así ni creas que te llevaré a la fiesta.
.
Después de aquellos pastelillos, todo se tornó borroso para él. La creía capaz de drogarlo y mucho más. Jun era capaz de todo con tal de estar en la misma habitación que su amor platónico.
Jun en tanto seguía con aquella sonrisa de comercial en su rostro. Todo era perfecto, el destino los quería juntos, y por fin hoy lo lograría.
¿Quién diría que el mundo era tan pequeño? Su hermanito, después de mucho luchar por ello, al fin había sido llamado a la selección de fútbol de su país, ahí había conocido a Taichi Yagami, a quien catalogaba como su ídolo, su maestro, su sensei, su ejemplo a seguir… Y casualmente, aquel ejemplo a seguir resultó ser el mejor amigo del hombre que le quitaba el sueño, Matt Ishida. Y ahora se encontraba en la fiesta de cumpleaños de Taichi, donde OBVIANEMENTE estaría el rubio, como mejor amigo no podía estar ausente, y ella había tenido la hermosa suerte de que su hermano había sido invitado y ella había escuchado por ahí que podía llevar a alguien. Quizás su hermano quería llevar a alguien especial a esa fiesta, a alguien importante, pero ¿quién más importante que su linda hermanita? Además estaría haciendo algo lindo por ella, ayudarle a ayudar al destino y hacer que por fin ella y Matt estén juntos, por siempre y para siempre.
Davis comenzó a caminar hacia el interior de la estancia, Jun caminó rápidamente hasta quedar a su lado y tomar su brazo, acto que a él le pareció extraño, sin embargo no se preocupó. De vez en cuando su hermana lo tomaba más fuerte, concluyendo él que lo había hecho porque no podía caminar con esos tacos, en cualquier momento vería a su hermana estampada en el suelo, y él no podía permitirse perderse de aquel acontecimiento. Cuando cruzó el umbral de la puerta estiró su cuello y comenzó a buscar al cumpleañero con la mirada, finalmente lo encontró. El moreno lo había visto entrar y ahora lo saludaba con su brazo en alto.
—¡Davis! Que bueno que viniste. —saludó el moreno al más joven mientras se abrazaban como machos que eran, con fuertes palmadas en la espalda. Le deseó un feliz cumpleaños para luego saludar a Sora, la novia de Tai, a quien él también conocía.
—Ella es Jun… mi hermana… —dijo a regañadientes.
Jun, como de costumbre, saludó toda eufórica al moreno y a la pelirroja, e inmediatamente comenzó a mirar hacia los otros rincones de la casa, en busca de su futuro esposo. Escuchaba como su hermano con sus dos amigos comenzaron con una cháchara sobre el fútbol, que ella no le tomó ni la menor importancia. Su concentración estaba 100% puesta en una hermosa y perfecta cabellera rubia.
Su primera idea fue irse a recorrer la casa del cumpleañero y, de ese modo, aprovechar de buscar al amor de su vida, sin embargo, sería demasiado descortés. Su hermano había sido muy amable en llevarla, además le había salido bastante difícil que accediera a invitarla, lo mínimo que podía hacer era quedarse en el lugar mientras escuchaba la nada amena para ella, conversación de los machos sobre el fútbol y los partidos que les tocaban pronto a cada uno en sus respectivos clubes. Creyó que podría hablar con la novia de Tai sobre otro tema interesante para una señorita como ella, sin embargo la pelirroja estaba igual de afanada que ellos hablando de aquel deporte que ella tanto detestaba.
Bufó aburrida al mismo tiempo que se cruzaba de piernas y brazos. Nuevamente comenzó a divagar con la mirada, en una de esas al fin podía encontrar a su gran amor. Habían muchas personas en la fiesta, la mayoría eran hombres y por lo visto, todos con un físico envidiable y para cualquier mujer, admirable, podía deducir que todos se dedicaban a lo mismo que el moreno y su hermano, sin embargo, y pese a que tenían algo que los hacía atractivos, ella estaba ahí solo por una persona, y no era ninguno de aquellos increíbles futbolistas, era un rubio y atractivo… ¡Que aún no llegaba!
—¡Feliz cumpleaños Tai!
Los tres implicados en aquella "interesante" conversación voltearon a la dueña de aquella alegre voz.
—¡Mimi! —sonrió Tai levantándose del sillón y correspondiendo su efusivo abrazo. —Oh, no tenías que traerme nada. Con que estés aquí es más que suficiente. —habló él cuando la castaña le extendió una gran bolsa de papel que contenía el regalo.
—Ni hablar. Eso será para Sora, para ella es más fácil hacerte regalos por ser tu novia, no tiene que envolverlos… Pero resulta que yo no lo soy, así que te hago regalos como la gente.
La miró de pies a cabeza, y la verdad tenía que reconocer lo linda que era esa mujer. Llevaba su largo cabello suelto y levemente ondulado hasta la cintura, unos aros largos y una pulsera eran las únicas joyas que portaba las castaña, y ya con eso solamente se veía regia y estupenda, además de aquel strapless que vestía, ajustado en el pecho y su cintura y más holgado hacia las caderas hasta sus muslos, portaba también unos tacones altos de charol, lo que acentuaban cada una de sus curvas y resaltaban sus largas piernas. ¡Era perfecta! Aún así, pese a toda la perfección que irradiaba la castaña sentada a un lado de ella, que hablaba emocionadamente con la pelirroja, no la consideraba una amenaza para su plan. Seguramente era novia de alguno de los sexys futbolistas que habían ido a saludar a Tai hace un rato.
De pronto la regia mujer comenzó a gritar agudamente, llamando así la atención de los chicos.
—¡Amo esta canción! Sora, ven a bailar conmigo. —le ordenó a la pelirroja al tiempo que la tomaba de la mano y la obligaba a levantarse para ir a bailar al compás de "Move like Jagger" junto al tumulto de gente frente a ellos.
—Se nota que son buenas amigas… —comentó por fin ella, era la primera vez que había abierto la boca desde que los saludó.
—Si… —sonrió el moreno al verlas bailar sensual y atrevidamente. —Mientras no empiecen con el lesbianismo, está todo bien.
Ella abrió los ojos. Él lo había dicho fuerte y claro "lesbianismo"… Sabía que Sora, su novia, no podía ser lesbiana, de otro modo no estaría con él. Pero le quedaba una alternativa. La castaña lo era. Mimi era lesbiana. Sonrió cuando se liberó de un peso de encima. No tenía de qué preocuparse, la mujer podía ser linda y sensual, además de ser sumamente elegante, pero con lo que se acababa de enterar, podía descartarla complemente como amenaza para ella, ahora solo tenía que preocuparse de las otras yeguas que habían asistido a la fiesta, las que no eran pocas. Tenía que permanecer atenta para cuando su Matt llegara, y no quitarle los ojos de encima o podría ser cruelmente atacado por esa manada de putas.
Siguieron bailando apasionadamente un par de canciones más, en tanto que Tai y su hermano seguían comentando porquerías de fútbol… ¡¿Qué no tenían nada más de qué hablar? Que aburridos… Suspiró pesadamente, se volvió a cruzar de piernas, apoyó su codo sobre el brazo del sillón y su mentón en su mano. Entendía que lo bueno se hacía esperar, y Matt SI que estaba bueno… Pero, ¿cómo podía demorar tanto?
Permaneció en su agónico estado. De haber sabido que tendría que esperar tanto para ver a su rubio amor, probablemente hubiese sido mejor su sicótico plan de esperarlo afuera de su camarín para su próximo concierto, evadiendo a los guardias de seguridad y personal encargado única y exclusivamente de intersectar a las fanáticas locas como ella. Bufó otra vez, una vez más. Ya completamente resignada en que su plan había fracasado de la forma más horrible y cruel, a lo lejos, tuvo un último rayo de esperanza. Volvió a situar su mirada en la entrada de la casa, cuando por fin lo vio. Una cabellera rubia destellante que era inconfundible para ella. La sonrisa que había perdido desde que se había sentado en aquel sillón, renacía, como el ave fénix, más radiante que nunca.
Se levantó del sillón. Estaba lista para ir en cualquier momento a defender lo que era suyo. Lo observó por última vez antes de comenzar a caminar hacia el rubio.
Él llevó su mano izquierda hacia su boca y con ella su cigarrillo. Dios ¡ella sabía lo mucho que a él le gustaba fumar! Le dio última calada y exhaló el humo para luego botar la colilla al suelo, pisarla y finalmente entrar a la casa. Mantenía sus manos en sus bolsillos de sus jeans negros, llevaba además una camiseta azul y sobre ella un saco negro, de forma que complementaba completamente su expresión seria. ¡Era todo un rockstar!
Lo amaba. Simplemente lo amaba, no había nadie más perfecto que Yamato Ishida en todo el universo, y esa noche sería solo de ella, había movido cielo, mar y tierra para tener aquella oportunidad con él, como nunca había demostrado todo el amor, que no sentía, por su hermano, había sido la única vez que le había sido útil… No lo podía desperdiciar, una oportunidad como aquella no se le presentaría dos veces en la vida. Su plan era simple: Lo vería, iría a hablarle sobre lo genial e inspiradora que era su música, compartirían intereses, se enamorarían, se casarían, tendrían cuatro hijos, dos niños y dos niñas, envejecerían juntos, mirarían atrás y verían como había pasado su perfecta vida, juntos, los dos… ¡Estaban destinados a estar juntos para siempre!
Respiró hondo, arregló su vestido, su cabello y se dispuso a dar el primer paso hacia su destino…
—¡Amooooor! —escuchó nuevamente aquellos gritos provenientes de la chica que había estado junto a ella hasta hace un rato atrás. Probablemente había llegado su novia y había corrido eufórica hacia ella. Por unos instantes había desviado la vista de su hombre ideal cuando escuchó los estruendos de la castaña, pero eso no la desviaría de su misión en la vida: Ser feliz junto a Matt. Volvió su vista hacia él y lo que le tocó presenciar no había sido nada lindo.
La castaña corrió hacia el rubio mientras gritaba escandalosamente, Matt se había volteado a verla y a recibirla con una sonrisa y además con sus brazos extendidos. Cuando la tuvo lo suficientemente cerca de su cuerpo, rodeó su pequeña cintura con sus brazos, la alzó levemente mientras la besaba con pasión. Cuando los pies de la castaña tocaron nuevamente el suelo, se le abalanzó a los brazos y lo abrazó fuertemente. Matt acariciaba su cabello de manera sumamente tierna. Mimi se separó un poco de él, alzó la vista para ver fijamente sus ojos y finalmente volver a besarlo.
Jun veía atónita toda aquella empalagosa escena. Al parecer Mimi no era tan lesbiana como ella pensaba, y a diferencia de lo que creyó inicialmente SI resultó ser una amenaza para sus planes… Una amenaza mayor. ¿Y cómo no serlo? Con aquel cuerpo escultural, su cabello fino, castaño, largo y ondulado, ¡ese cuerpazo! Sus senos, su cinturita pequeña, sus caderas anchas, su trasero firme, sus piernas largas… Y sin duda, lo que más admiraba y envidiaba en la castaña, era su desplante al caminar ¡incluso correr! con aquellos tacones, sin duda esa era una hazaña que ella no podía realizar, incluso con tacones más pequeños que los de ella.
Observó como ambos se acercaban hacia donde estaban Tai y Sora, un poco más alejados de ella, por lo que ahora resultaría completamente invisible para él. El rubio saludó cariñosamente a Sora y felicitó a Tai por su cumpleaños mientras ella no le quitaba la vista de encima y sus labios intentaban formar una linda sonrisa, dando como resultado solamente una extraña y fea mueca. Conversaron sobre un par de cosas y finalmente comenzaron a caminar hacia el grupo de personas bailando cuando divisó a su hermano. Ella sonrió esperanzada. Ahí era cuando su querido hermanito le ayudaría a lograr que su sueño se hiciera realidad, él hablaría con Tai, le pediría que le presente a su amigo, se ganaría su confianza, luego Davis le presentaría a Matt a ella, ella usaría todos sus encantos femeninos, lo enamoraría, lograría que dejara a la castaña que por lo demás no tenía nada que envidiarle, ella también era una mujer hecha y derecha, también tenía ese no sé qué, que a los hombres los hacía voltear a verla y suspirar. Su hermano sin duda estaba siendo un ángel con ella, siempre pasaban discutiendo, pero en el fondo, él la quería… Lo sabía.
Para su sorpresa, la reacción que ella había pronosticado era muy distinta a la que ocurría en realidad, el moreno se había acercado a saludar a Matt, y la contestación de parte del rubio no fue un simple apretón de manos, para nada, lo había abrazado casi igual de alegre que a Tai y además había rodeado el cuello de su hermano con su brazo izquierdo y con su puño derecho comenzó a frotarlo en su cabeza. Jun quedó atónita al presenciarlo. Su ídolo siempre había sido una persona muy seria, lo sabía porque lo veía en sus conciertos, cuando daba entrevistas, cuando salía en la radio y en la televisión… Y ahora veía como le proporcionaba coscorrones a su hermano, como reía con sus amigos y como era cariñoso y atento con su… novia…
—¿Quieres? —preguntó el moreno acercándole una botella de cerveza. Ella mostró una expresión de asco, ante lo que él se solo se encogió de hombros. —Bien, más para mi. —exclamó dándole el primer sorbo.
—¿Lo conoces?
—¿A Matt? Claro que si, es el mejor amigo de Tai… —contestó él como si fuera lo más normal del mundo, descolocándo aún más a su fastidiosa hermana. —Hace como un mes Tai me invitó a un bar, dijo que iban a estar unos amigos de él y ahí lo conocí…
—¡¿Qué?
—¿No te lo había comentado? Creía que si… —dijo él rascándose levemente la barbilla. —Es muy simpático… Y su novia es un amor de persona. —bebió otro sorbo de su cerveza tras decir aquello y observó como Jun abría sus ojos a más no poder. Sonrió mentalmente con malicia. —Tiene novia, ¿sabías? Así que vete olvidando de ese sueño tuyo de que yo sea el cuñado de Matt porque eso no pasará. —Jun esta vez entrecerró sus ojos y torció sus labios.
—Y si sabías que tenía novia, ¿por qué no me lo dijiste?
—Creí que lo sabías… Hermanita, me extraña, tú siempre te jactas de saber todo de Matt… ¿Cómo es posible que te consideres su fan Nº1 y no sepas que tiene novia hace como cuatro años?
—¡¿CUATRO AÑOS?!
—Vaya… No eres tan sicópata como yo pensaba.
La pelirroja alzó sus cejas, su hermano se estaba burlando de ella, era obvio. No podía ser que el amor de su vida, su razón se ser, existir y vivir lleve cuatro años con esa maniquí y ella no se haya dado ni siquiera por enterada, no podía ser posible… Ella sabía todo, TODO, de Matt, incluso los detalles más íntimos de su vida. Sabía que tenía un hermano menor llamado Takeru, que sus padres se habían divorciado cuando eran pequeños, que él se había ido con su padre a vivir a Odaiba, a los 14 había comenzado con su carrera musical con unos compañeros de la secundaria, a los 18 se había ido de su casa y se cambió a un departamento en Tokyo y que ella sabía muy bien donde quedaba. Pero, ¿una novia? Ella nunca oyó nada sobre una novia, salvo por las locas con quienes lo vincularon una que otra vez, pero una novia estable y por cuatro años, ¡JAMÁS! Ella se habría enterado, habría sido la primera en enterarse.
Tenía que ser una cruel mentira de su estúpido hermano, no podía ser más que eso.
—No. Eso es mentira… —dijo ella sin ningún argumento válido para poder refutar aquella nueva información que había recibido, y tan pronto lo hizo Davis comenzó a reír. —¡Y aunque fuese cierto! —agregó ante las burlas del moreno. —No es competencia para mi… No tengo nada que envidiarle. —se defendió.
Davis, quien había vuelto a beber de su cerveza, tuvo que hacer esfuerzos sobre humanos para que el líquido no escapara de su boca, o por su nariz. Tragó con dificultad y estalló en carcajadas, dejando a Jun aún más indignada de lo que estaba. —¿Nada que envidiarle? Te tienes demasiada fe, hermanita… Déjame mostrarte la cruda realidad. —rodeó la espalda de su hermana y posó su mano sobre su hombro, con su mano libre indicó a la castaña, se encontraba sentada en unos asientos altos del mesón de la cocina americana del moreno. Hablaba feliz de la vida con sus amigos y su novio y reían amenamente. —Mírala. Es alta, delgada, linda, tiene un cuerpo espectacular, es cariñosa, amable, tierna, es educada, una dama… Hasta fumando se ve elegante, tiene buen gusto para vestirse. Tú ni siquiera puedes caminar con esos zapatos. —dijo mirándolos. —Mientras que tú… —ella volteó a hacia él con una mirada desafiante. —Eres tú, no tienes nada de especial… Además, y lo más importante —agregó. —, es que ella tiene a Matt… Y tú no. ¿Y tienes el descaro de decir que no tienes nada que envidiarle? ¡Por favor! Te apuesto que estás deseando ir allá y matarla a golpes…
Muy a su pesar, caminó hasta el patio de la casa, ya no quería estar más en ese ambiente, en el cual tenía en frente al amor de su vida, y al amor de la vida de él, como se besaban y se juraban prácticamente amor eterno frente a sus ojos. Necesitaba un poco de aire fresco. Por otro lado, esos zapatos la estaban matando…
Su hermano se había ido a compartir con sus compañeros de equipo, dejándola sola en su agonía, aunque sinceramente, prefería estar sola en ese momento que seguir escuchando como Davis la insultaba y humillaba enumerando todas y cada una de las virtudes de la castaña. Ella también era una mujer bonita, era tierna, educada… Tenía lo suyo. Ella bien era capaz también de dejar a cualquier hombre con la boca abierta…
"Cualquier hombre menos a Matt"
Escuchó al fastidioso moreno en su mente. Bufó decidida. Le daría exactamente igual lo que pensara su estúpido hermano, ¿Qué sabía él sobre el verdadero amor? ¡Absolutamente nada! Era un estúpido de 20 años que no tenía idea lo que era amar a una persona. Era perfectamente capaz de atraer su atención.
Luego de recorrer por un rato el lugar decidió entrar a tomar algo, pasaría las penas de amor bebiendo y bailando, después de todo, había ido a una fiesta y pretendía pasarlo bien. Entró nuevamente a la casa dispuesta a ir a coquetear y hacerle saber a todos ahí que había vuelto a las pistas, cuando instintivamente volteó su mirada hacia un lado. Cual fue su sorpresa al encontrarse con aquellos ojos azules e intensos mirarla con pasión y deseo.
Tan decidida iba en un principio, dispuesta a coquetear con quien se le parara en frente, sin embargo, ahora parecía una maldita y cobarde estatua, parada ahí sin mover siquiera un músculo, parpadeando a cada rato y con sus labios entreabiertos sin saber qué hacer o decir, mientras que por su mente solo pasaban los hermosos momentos que pasaría con su Matt en el futuro.
—¿Qué te pasa? —le preguntó el moreno dándole un codazo en el hombro. —Te quedaste como imbécil mirando a la nada. —se burló él, a lo que Matt soltó una suave risa.
—Yo la he visto antes… —comentó indicándole con la mirada a quien se refería. —Estoy seguro…
—¿A la hermana de Davis?
—¿Es su hermana? —Tai asintió sin importancia. —Ah… —acotó él. Su amigo volvió a su cerveza, él también, pero además sacó su cajetilla de cigarrillos del bolsillo de su pantalón. Sacó un cigarro y dejó la cajetilla sobre el mesón, ésta vez tomó el encendedor, prendió el cigarro y aspiró el tabaco con sumo placer.
Siguió con aquella conversación trivial que mantenía con su mejor amigo, y reía de vez en cuando al ver bailar a su novia con su mejor amiga alegremente, atrayendo las miradas de uno que otro chico por ahí. Todos los que estaban ahí, la mayoría compañeros del moreno, sabían que Sora era la novia de Tai, y que él, como capitán de su equipo de fútbol, Sora prácticamente debía ser intocable y casi inexistente para ellos, pero probablemente no sabían que la chica más linda de la fiesta tenía novio… Aunque no se preocupaba mucho, la castaña sabía defenderse sola de los babosos que la miraban con otros ojos.
Aún seguía hundido en el placer que le causaba su cigarrillo, su cerveza y la conversación con su amigo. Estaba relajado, como pocas veces en la vida, donde no veía mayores preocupaciones salvo pasar un rato agradable con personas importantes para él, cuando repentinamente escuchó un estruendo… Un grito femenino que le resultaba curiosa y terroríficamente familiar.
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—¡MAAAAAAAAAAAATT! —se escuchó aquel grito muy por sobre los aplausos y las ovaciones de la gente normal y cuerda que había asistido a su concierto.
Apenas había tocado el último acorde con su bajo, habían comenzado los aplausos y con ello, aquel griterío de "su fanática Nº1", como se describía a si misma.
La vio, estaba como siempre, histérica, con una gran pancarta llena de corazones, palabras y dibujitos melosos sobre ellos dos. Él suspiró. Volteó hacia sus amigos, cual más, cual menos, hacían todos un esfuerzo increíble para no estallar en carcajadas en el lugar. Matt cerró sus ojos y respiró profundo, intentando calmarse para seguir con el concierto.
—¡MAAAAATT! ¡TE AMO MATT!
¿Cómo poder calmarse si la loca seguía con su griterío?
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¡ERA ELLA! Su grito del terror le resultaba inconfundible, no podía estar ahí, en el mismo lugar que esa loca psicópata que solo quería drogarlo y poseerlo despiadadamente y sin amor. Tenía que salir de ese lugar ahora mismo, por lo menos esconderse para que no lo vea.
Sin pensarlo más se situó detrás de su amigo, con la espalda un poco encorvada para evitar que la loca lo descubriera y comenzó a mirar por sobre el hombro del moreno. Él lo miró extrañado por su espalda.
—¿Qué mierda te pasa?
—Esa —indicó con la vista. —, la hermana de Davis, es la loca que me acosa.
—¡¿Qué? —preguntó en tono burlesco Tai. Con una sonrisa de oreja a oreja.
—Escóndeme.
—¿Esconderte? —preguntó antes de soltar una sonora carcajada. Su amigo había pasado de ser un hombre serio y maduro a ser un ridículo. —No seas maricón. Es solo una chica.
Dicho esto, Tai se hizo unos pasos al lado y lo empujó.
—No puedes ser tan mal amigo. —reclamó el rubio. —¿Recuerdas cuantas veces te salvé de tus admiradoras locas en la preparatoria?
—No es lo mismo, eran como diez locas, ahora solo es una…
—¿Tú invitaste a esa psicópata?
—Es la hermana de Davis, vino con él, y créeme que si hubiese sabido que era tu fan Nº1, con mayor razón la hubiese invitado. —habló Tai manteniendo su sonrisa. Matt en tanto entrecerró sus ojos. —Anda, tú puedes con ella, es solo una, y si no, tienes a Mimi… Que cumpla con su deber de novia: defender a su hombre de las garras de la loca.
—¿Qué cosa?
Ambos se sorprendieron, Mimi había llegado de la nada y los dos voltearon para verla detrás de ellos, con una amplia sonrisa y acompañada de su mejor amiga.
—¡Mi amor! —exclamó el moreno al notar la presencia de Sora. —¿Vamos a bailar?
La pelirroja tan solo sonrió, dando una respuesta afirmativa a la pregunta de su novio. Tai tomó su mano y ambos caminaron tranquilamente hacia el centro del living, donde todos bailaban al compás de las canciones.
Matt se dedicó a ver a sus amigos que se habían alejado cobardemente, sobre todo Tai. Él no se tragaba eso de que justo en ese momento le habían dado ganas de bailar con su novia, ¡claro que no! Lo que él quería era desligarse de ayudarlo a él, a su mejor amigo, con sus problemas existenciales… ¿Así era como le pagaba todo lo que había hecho por él? Dejándolo solo y desprotegido de las malvadas y excitadas garras de su loca admiradora.
Sintió unas suaves y delicadas manos situarse en su pecho y subir lentamente hasta sus hombros y luego entrelazarse en su cuello, volteó hacia el frente y cuando lo hizo los dulces labios de su novia ya habían atrapado los de él en un tierno pero romántico beso. Matt casi inconciente de sus acciones situó ambas manos sobre la cintura de la castaña, nada más. Cada cierto tiempo giraba un poco su rostro para verificar si la desquiciada de Jun seguía con aquel semblante cargado de deseo y locura en su rostro. Con solo notar como lo miraba se sentía… Extraño, sentía que la mujer era capaz de desnudarlo con la mirada, y no le gustaba para nada, se sentía vulnerable, como nunca antes… Seguramente lo estaba violando en su imaginación.
De pronto se sintió usado. Los escalofríos se hacían presentes en su espalda, cosa que su novia no tardó en notar.
—Mi amor, ¿te ocurre algo? —preguntó la castaña preocupada.
Él se encontraba nervioso, tenía que ser sumamente tonta o ciega para no darse cuenta, y ella no era ninguna de las dos cosas. Sus manos temblaban y su mirada divagaba entre ella y un punto lejano a un lado de él. Sintió curiosidad y volteó a ver qué era eso tan interesante que tenía en ese estado a su novio, sin embargo, cuando lo hizo, las manos de Matt se situaron en sus mejillas, obligándola a mirarlo fijamente. Cerró sus ojos inmediatamente al sentir sus labios nuevamente sobre los suyos en un fugaz beso, uno lindo y tierno, que le hizo olvidar lo nervioso que se encontraba su nombre, que por un momento la llevó a un lugar lejano, donde solo se encontraban ellos dos, ignorando completamente que a unos pocos metros de donde ellos se demostraban plenamente el amor que sentían, había una fanática loca y celosa mirando con envidia aquella escena.
No lo soportaba más, no podía dejar de mirar la escenita que protagonizaban esos dos tórtolos, así como tampoco podía evitar que le causaran ganas de vomitar.
Él tenía todo el derecho de ser así de cariñoso y de expresar abiertamente su amor, pero no con esa… Mujer que irradiaba felicidad y perfección. Con esa chica no, sino con ella, Jun Motomiya, sin duda era la mujer que más lo amaba, la mujer perfecta para estar toda una vida junto a él.
Comenzó a entrecerrar sus ojos a medida que observaba a la feliz pareja, como entrelazaban sus dedos, como se abrazaban, como se sonreían, como se miraban, como se besaban… ¡Los odiaba!
¡A Matt lo amaba con todo su ser! Pero lo odiaba cuando estaba cerca de esa niñita perfecta… Lo hacía cambiar del cielo a la tierra. Su Matt siempre había sido un hombre muy serio y dedicado a su trabajo, pero con ella era todo un romántico empedernido, ¡Él no era así! Esa yegua lo estaba cambiando, lo moldeaba como su ideal de hombre, sin importarle los sentimientos o los verdaderos gustos de él, no lo quería con la misma intensidad que ella, que lo amaba tal y como él era, en cambio aquella castaña gustaba de cambiarlo, no lo amaba tanto como decía si lo quería cambiar.
¿Qué le veía a ella?
Fuera del hecho de ser casi perfecta, era una egoísta. Acaparaba toda la atención del lindo Matt, siendo que era el cumpleaños de su mejor amigo y la muy celosa, no dejaba que estuviera con él en su día. ¿Qué clase de "novia" era? No le daba libertad a su hombre, no dejaba que compartiera con sus amigos, que hiciera nuevas amistades, ¡NADA! Y ella tampoco hacía nada, siempre estaba encima de él, como cuidando que nadie se lo fuera a quitar… Si era así, entonces, ella era bastante insegura de su misma, pues si era tan celosa, obviamente se debía a que sentía miedo que Matt se fuera a fijar en otra persona… En alguien como… Ella.
Mantuvo el abrazo con su novia, ya los nervios poco a poco habían desaparecido de su cuerpo, lo único que le importaba, era estar con su novia, con sus amigos, y pasar un rato agradable en su compañía, ya que ahora eran muy pocos los momentos que podían aprovechar de estar todos juntos y tranquilos.
De pronto Mimi se separó del cuerpo de su novio y comenzó a peinarse nerviosamente su cabello con sus dedos. —¿Cómo luzco?
—¿Qué?
—¿Estoy bien?
—Claro que estás bien mi amor, como siempre. —respondió él con una tierna sonrisa, la cual lejos de calmarla, la había puesto más nerviosa. —¿Por qué lo preguntas?
—Debe haber algo malo… —dijo Mimi, que ahora arreglaba su vestido. —Son mis zapatos, ¿verdad?
—¿De qué estás hablando?
Él amaba a su novia. Realmente lo hacía, para él, no había mujer más perfecta en la vida para él, pese a ser muy diferentes en algunos aspectos, él sabía que Mimi era la persona con quien se complementaba perfectamente y además con quien se proyectaba a futuro, no tenía ninguna duda de eso, sin embargo, habían días, como aquel, en que no entendía nada de lo que ella hablaba…
—Mi amor, estás perfecta.
—¡Mentira! —chilló la castaña, casi al borde de las lágrimas.
Él la amaba, tenía que recordarlo… El amor que sentía por Mimi, era mayor a la extrañeza que le causaba la bipolaridad de su novia.
—¿Cómo voy a estar perfecta? Por favor, Matt… ¡Mírame! —exclamó. —Debo estar hecha un desastre, despeinada, con un vestido feo, zapatos que no combinan con mi vestido ni mis ojos… ¡Mi maquillaje! Tengo que retorcarlo.
¿Qué sus zapatos no combinaban con sus ojos? Sin duda era algo que solo podía ocurrírsele a Mimi. Cuando vio que hacía un ademán de alejarse del lugar, posiblemente al baño, él la tomó del brazo, frenando sus intenciones. —Mi amor, te digo que estás perfecta, siempre lo estás. ¿Qué te ocurre?
—Es que… Ay, Matt… A todos le caigo bien, soy amable, educada y linda con todo el mundo, no tolero cuando la gente me mira con odio, no sé como actuar ni qué hacer…
—¿Quién te mira feo?
—Una chica que está más allá… —indicó con disimulo. —¡No voltees! No quiero que sepa que estamos hablando mal de ella…
—Nadie ha hablado mal de ella. —habló alzando un poco la voz. Volteó pese a la insistencia de su novia, fue ahí cuando vio a Jun, queriendo matar con su fea e insistente mirada a su pobrecita novia que no había hecho nada malo. Quizás cuantas maldiciones le había echado a la castaña para que se sintiera de esa manera… Abrió los ojos con miedo cuando la divisó y volteó rápidamente, no quería volver a sentir su mirada acosándolo y desnudándolo mentalmente. —Amor, déjala… Está loca, lo sabes.
Mimi lo miró atentamente ante aquella acusación de su novio y alzó una ceja. —¿Acaso la conozco?
—Es la fanática loca, la que me acosa. —le comentó en voz baja, acercándose más a la castaña. Ahora era ella quien abría sus ojos con suma impresión y cubría sus labios con su mano derecha, queriendo ahogar un grito lleno de histeria y desesperación. Tuvo que morderse la lengua para no gritarle un montón de improperios que definitivamente no eran dignos de una señorita fina y educada como lo era ella, y tampoco caería en aquel jueguito tan bajo de la guerra de miradas… O quizás si…
Observaba aquella escena con recelo, como todas aquellas que implicaban al amor de su vida, con aquella castaña perfecta. Él, sentado en el sillón conversando amenamente con sus amigos, a su lado, estaba Sora, la novia de Tai, y al lado de ella se encontraba el moreno. En cuanto a la señorita perfección, se encontraba ni más ni menos sentada sobre las piernas de Matt, lo abrazaba por el cuello, mientras los fuertes brazos de él rodeaban su perfecta cintura, imponiendo respeto y posesión sobre el rubio.
Alzó sus cejas y negó con suavidad y enojo, mantenía sus brazos cruzados al igual que sus piernas y no desviaba su vista de aquella melosa escenita. De vez en cuando observaba a los cuatro reír felizmente, pero la felicidad que irradiaba la castaña era de un nivel superior, y lo expresaba tanto que no podía reír sin abrazar más a su novio y acercarse más a él. Y a veces era tan maleducada, que incluso cuando su amigo, su MEJOR AMIGO, hablaba, ella no lo tomaba en cuenta y besaba a Matt. ¿Acaso ella se creía una princesa que podía hacer lo que quisiera cuando quisiera? Pues no, ella debía aprender a respetar a la gente… Muy linda será esa mujer, pero no tenía modales, era un lobo con piel de oveja… Se hacía la linda y simpática delante de todos, pero ella sabía la verdad, que era una simple manipuladora, y Matt era tan ingenuo y estaba tan cegado por sus encantos físicos que no se daba cuenta de la verdad, que era una arpía sin corazón.
—¿Vas a dejar de dar lástima ya?
Volteó a ver a su hermano. Estaba pasado a un lado de ella sosteniendo un par de vasos en cada mano, le extendió una a ella.
La verdad era que ella no acostumbraba a beber, menos algo que le ofrecía aquel hombre con quien compartía prácticamente la vida, sin embargo, en esos momentos, quizás un trago no le vendría nada de mal.
Suspiró. —Soy bonita, ¿no? —preguntó luego de aceptar en vaso que le dio su hermano. Al parecer era vodka con jugo de naranja y una pajilla.
—¡¿Bonita? —preguntó él antes de echarse a reír.
Eso sin duda le había hecho dudar sobre su belleza, tanto interna como externa. Rápidamente tomo la pajilla con su mano derecha y bebió el contenido del vaso.
Davis veía con una sonrisa en el rostro como su hermana parecía un barril sin fondo. Bebía rápidamente, el vodka con naranja de su vaso bajó rápidamente, en cambio su ron con coca-cola seguía a la mitad. Y ella ya prácticamente estaba pidiendo más. Sin duda Tai debería cumplir años todo los días. Su sonrisa pasó de ser por diversión a tornarse maliciosa, la cual se borró rápidamente cuando la pelirroja, luego de percatarse que ya no quedaba ni una sola gota de alcohol en su vaso, tomó el ron de su hermano y se lo bebió tan rápido como antes.
Presentía que su hermana estaba apunto de hacer algo vergonzoso, y él no quería ser testigo de aquello…
Sus tacones altos descansaban a un lado de ella. Agitó sus pies ligeramente dentro del agradable agua de la piscina y sonrió al igual que Matt, que permanecía sentado a un lado de ella, sentado con sus piernas cruzadas mientras conversaban tranquilamente y fumaba su cigarrillo. Ella lo vio detenidamente mientras le sonreía.
Matt, aún con respondiendo a la cálida sonrisa de su dulce y tierna novia, la miró extrañado. Le encantaba verla sonreír, en especial cuando le sonreía solo a él, pero no sabía la verdadera razón de aquella linda mueca. Ella negó con suavidad y volvió a verlo.
—Te amo.
—Sabes que yo también… —respondió Matt volteando la mirada. Nunca había sido muy bueno demostrando sus sentimientos.
—No, no lo sé. Necesito escucharlo cada día, a cada momento… —dijo juguetona ella. Obligándolo a verla, poniendo ambas manos sobre sus mejillas y juntando su frente con la de él. Levantó una ceja espesante por lo que él tenía que decir.
—Yo también te amo.
Ella sonrió. Lo sabía, sabía que Matt la amaba tanto como ella a él. Eran el uno para el otro y cada día que pasaba estaba más segura de ello. Acercó sus labios a los de él, y lo besó con ternura, demostrándole lo mucho que lo amaba y lo bien que se sentía estando junto a él, le demostró también que cada día que pasaba lo amaba un poco más, que llevaban cuatro años juntos, pero que su amor por él era infinito, quería pasar toda su vida con él, formar y compartir una vida juntos. Lo amaba con todo su corazón.
Cuando se separaron, ahora era Matt quien la veía sonriente. Pasó sus dedos por su frente y corrió un mechón de su cabello para dejarlo detrás de su oreja y luego acariciar con ternura su mejilla con su pulgar. Ella sonrió ante su acción. Estaban muy enamorados, y el sentimiento no tenía para cuando acabar.
Matt miró hacia su derecha, aún mantenía su cigarro entre sus dedos índice y medio, y con un leve movimiento del pulgar, botó las cenizas que se habían formado y lo llevó nuevamente hacia su boca para inhalar el tabaco.
Ella observó concentrada todas sus acciones, y antes de que el rubio alejara el cigarrillo de sus labios, ella lo tomó entre sus dedos para repetir la acción de su novio. Delicadamente presionó el filtro entre sus labios y fumó con delicadeza.
—Hasta para eso eres egoísta, ¿cierto? —habló alzando la voz para ser escuchada por aquella melosa pareja de tortolitos. Ambos voltearon, y cuando lo hicieron prosiguió. —No te bastó con cambiarlo tanto, ¿verdad? Ahora también le quitas su cigarro…
—¿Cambiarlo…?, ¿Qué?
No entendía absolutamente nada. La misma chica tierna, gentil, amable y tranquila que había conocido cuando llegó a la casa de su amigo, en su lugar, ahora le recriminaba que era egoísta con su novio… No comprendía qué había hecho mal para que la hermana de Davis la odiara tanto y además le dijera esas cosas horribles. No supo si era el humo del tabaco que le hacía arder los ojos, o si quería llorar desconsoladamente.
—Él no es así. Matt es una persona seria, lo sé porque lo conozco… Mucho más que tú. Sé cuando y donde nació, donde vivió su infancia, sé que sus padres se separaron cuando él era pequeño, sé que tiene un hermano menor, sé que empezó con su banda a los 14 años con sus amigos de la secundaria, que a los 18 años te ofrecieron una beca de Música en una universidad de Estados Unidos y también…
—¿Una beca en Estados Unidos? —preguntó Mimi sorprendida. Volteó a ver a su novio en busca de una respuesta. —¿Por qué yo nunca supe?
—Porque la rechacé, porque tú habías vuelto hace poco y no quería estar más tiempo lejos de ti… Quizás si me hubiese ido, nosotros no estaríamos juntos ahora. —explicó él tomando su mano y entrelazando sus dedos con los de ella mientras la veía directamente a los ojos y le dedicaba una cálida sonrisa, que ella no tardó en corresponder.
—¡¿Ves? Algo le hiciste para tenerlo a tus pies. Él no es así, él es un hombre serio que no demuestra sus emociones, y tú con tus malditos encantos de mujer perfecta, con ese perfecto cuerpo, ese perfecto cabello y todo lo tienes comiendo de la palma de tu mano… Eres una manipuladora y una egoísta. Lo manipulas para que sea el príncipe azul que una princesita como tú necesita, además no te conformaste con eso, no… Tienes que llevar en tu conciencia el peso de saber que le arruinaste el futuro a Matt, tenía una vida llena de lujos y triunfos que desperdició por estar con alguien como tú, deberías estar feliz, ¿no? —habló irónica la pelirroja.
El moreno reía con los comentarios de uno de sus amigos, mientras otro miraba hacia un costado, en dirección a la piscina y su mirada de ancló a ella. De pronto llegó un compañero del equipo de la selección hacia donde se encontraban ellos, y con una gran sonrisa.
—No van a creer lo que está pasando allá. —habló él, y ante las expresiones de duda que había sembrado en sus amigos, prosiguió. —Hay una loca gritándole a una pareja en la piscina. —dicho eso volvió a reír.
—¿Una loca? —preguntó Davis. Era obvio que se trataba de su hermana.
Miró, al igual que todos sus compañeros, hacia la piscina, y reconoció una inconfundible cabellera pelirroja, su "querida" hermanita estaba haciendo de las suyas. Llevó su mano derecha hacia su rostro y suspiró pesadamente.
—¿Qué te pasa?, ¿La conoces? —preguntó uno de sus amigos.
—¿Conocerla…? —volvió a mirar hacia la piscina, ahora además de gritar, agitaba sus brazos con gran molestia. Bufó. —Para nada. —nuevamente le dio un sorbo a su cerveza.
La loca de su hermana seguiría armando show quizás por cuanto tiempo más, y él no sería el que le quitaría la diversión a sus amigos. Él, junto con ellos, se acercaron a la piscina, donde ya había un gran grupo de personas observando como su hermana gritaba incoherencias mientras agitaba sus brazos para darle más énfasis a las estupideces que decía.
Luego de un tiempo, y de que Mimi soltara unas cuantas lágrimas, porque ella sin duda no era como su espantosa hermana, no… Mimi era una delicada señorita que no toleraba que las personas la odiaran, y con justa razón, ella era un amor de persona y su hermana no hacía más que insultarla por despecho. Matt le dijo un par de cosas para callarla, no soportaba ver que su novia derramara lágrimas, y menos que la causante de aquello sea una loca histérica y psicópata, bien merecido se lo tenía su hermana. Matt tomó la mano de Mimi, ella sacó sus pies de la piscina, se levantó, tomó sus tacones con su mano libre y salió de todo ese ambiente que le estaba destrozando el corazón. Matt pasó si brazo por la cintura de la castaña y se alejaron del lugar.
Jun por su parte iba a seguir con su palabrería, no se quedaría ahí sin más que decir, no señor, aún tenía mucho repertorio, volteó para seguirlos, aún no había terminado con todo lo que tenía que decirle a la señorita perfecta, pero sus piernas no la acompañaron. Perdió el equilibrio y cayó a la piscina.
De vez en cuando desviaba su vista del camino para voltear a ver a su hermana, y al verla no podía evitar reírse. Mantenía su codo apoyado en la puerta del copiloto y con su mano afirmaba su cabeza mientras se quejaba de lo mucho que le dolía la cabeza.
Tenía que agradecer que Tai fuese tan buen amigo y le haya pasado una toalla a su hermana para que secara su cuerpo, Sora le había prestado algo de su ropa mientras la suya se secaba y además había tenido la amabilidad de prepararle un café y luego permitirle que usara su cama para descansar un rato del ridículo que había protagonizado poco antes. Sin duda su hermana sería el alma de la fiesta, todos la recordarían por un largo tiempo.
—Eres famosa…
—¿Qué?
—¡Que eres famosa!
—¡Cállate! Me duele la cabeza, no me grites.
—Primero no escuchas, luego te estoy gritando… Eres tú la que está gritando… Te dije que eres famosa. —dijo él riendo.
—¿Famosa, por qué?
Él volvió a reír. Eran las 8 de la mañana y a su hermana aún no se le pasaba la resaca de la noche anterior. —Por tu papelón de anoche, ¿recuerdas? Los del equipo de fútbol dijeron que nunca se habían reído tanto, y Tai dijo que fue su mejor cumpleaños, porque nunca a Matt tan asustado con una chica.
Jun se reincorporó un poco en su asiento, tratando de asimilar lo que su hermano había dicho recién… Matt se había asustado con ella…
¡Había causado emociones en él!
Quizás hoy haya perdido la batalla, ¡pero no la guerra!
Ella sabía lo que era bueno para él, y no desistiría hasta lograr su objetivo: Estar con él para toda la eternidad.
Sabía que Matt ahora estaba con Mimi, aquella mujer perfecta, todo en ella era perfecto, desde su hermoso y sedoso cabello hasta sus equilibrados pies que no se doblaban pese a los altos tacones que usaba… Todo en ella le causaba envidia, sobre todo el hecho de que sea ella quien compartiera los días de Matt… Pero su reinado de perfección ya estaba pronto a acabar, pues se había enterado de que para el rubio, ella era alguien en su vida, no era una persona anónima, además, ella lo había visto, habían sido unos segundos, pero lo sintió, lo supo… Su mirada cristalina se había situado en ella…
Estaba a tan solo un paso de ser la señora Ishida, lo sabía.
xDDDDDD Bueno, así concluye un nuevo capítulo más de otro amor NO correspondido xDD No se confundan con las parejas por favor D: Nuestra motivación es destruir las pobres esperanzas de una pobre tonta como lo es Jun xD Muy simpática será, pero que entienda que Matt es SOLO de Mimi xDDD Pobrecita :/ No lo entendió muy bien :D Es optimista la weóna... En fin :D
Muchas gracias por los reviews anteriores, los leímos todos y cada uno de ellos, pero que paja responderlos ahora D: Lo haremos en un MP luego :D
Nos leemos luego, en una pronta entrega de Pídeme esta :D Quizás de Macho que se respeta xDDDDDD Ahí veremos :B
Cuídense~
Row&Len
