Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. "Este conjuntos de drabbles participa en el Reto Especial: 12 días para Navidad del Foro GJM."
Día #2: Libros y/o papelería.
Personajes/parejas: Rogue/Sting.
Extensión: 486 palabras.
Notas: Soy un desastre con patas y por eso, ahora, vengo a continuar una serie de drabbles de 12 prompts a poco del tiempo límite (nuevamente, la adrenalina es adictiva). Como dudo poder suplicar prórroga de nuevo lo más probable es que escriba a lo loco para terminar esto a tiempo. Lo dicho, un desastre con patas.
Y más cosas gays.
[Editado 02/12/2018]
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To you.
II.
Libros.
Rogue contempló la portada del libro en silencio, no muy seguro de qué debería decir en consecuencia. Había albergado un vago sentimiento de esperanza al sentir el paquete e intuir por su forma y dureza que se trataba de un libro, pero ese sentimiento había muerto en cuanto desenvolvió el regalo. Su error, no debería haberse hecho esperanzas en primer lugar considerando que el regalo venía de Sting.
—¿Pasa algo? —inquirió el susodicho, demasiado ocupado en desenvolver su regalo como para prestarle atención.
Rogue le miró sin ocultar su decepción, nunca se le había dado bien eso de fingir gratitud ante un mal regalo, por suerte para él Sting estaba más interesado en la chaqueta que acababa de desenvolver que en su persona.
—Vaya, gracias Rogue.
La expresión de grata sorpresa era fidedigna y logró arrancarle a Rogue una escueta pero orgullosa sonrisa, al menos él había acertado con su elección. Regresó entonces la mirada al libro, contemplando en silencio la portada no muy seguro de cómo plantear el tema. Dado que Sting no había sonreído culpable o de manera sospechosa intuía que no se trataba de una broma o una venganza por el libro que él le había regalado el año pasado, aunque si le preguntaban «10 pasos para dejar de ser un idiota» era un regalo bastante apropiado para Sting, con eso en cuenta tendría que ser un regalo sincero, a saber por qué mierda pero lo era.
Volvió la mirada a su novio y se planteó las palabras a elegir.
—¿Dónde lo compraste?
Sting le observó con confusión y una ceja alzada.
—¿En una librería?
—¿Cuál bobo? —inquirió, frunciendo el ceño.
—¿Para qué preguntas? —reclamó Sting—. Si te digo irás a ver cuánto cuesta, ya sé que te gusta hacer eso.
Rogue rodó los ojos, ¿y qué si le gustaba saber cuánto habían gastado en él?
—Solo quería saber cómo lo elegiste —aclaró, ocultando su incomodidad lo mejor que podía y agregando—, pudieron ser muchos libros, me cuesta imaginarte en una librería, ¿vale? O sea, no me extrañaría que... —«hubieras cogido lo primero que viste» iba a decir, pero Sting se le adelantó.
—Le pregunte a la dependienta, ¿vale? Y si no te gusta bien puedes ir a quejarte tú a ella —refunfuñó Sting, mirándolo con molestia—. ¿No puedes solo aceptar un regalo sin preguntar hasta dónde compró uno el envoltorio?
Rogue volvió a rodar los ojos.
—Nada más me daba curiosidad, tarado —mintió, para luego callar. Desde ya, sabía que el dichoso libro era popular pero le seguía resultando extraño—. ¿Le preguntaste por un libro para tu pareja o qué? —cuestionó, no muy seguro de si quería saber la respuesta.
—Pues claro —respondió Sting—, ¿cómo más se lo iba a preguntar?
«¿Y aclaraste que era un novio y no una novia?» pensó Rogue, pero no lo dijo. Ya iba intuyendo como un libro dirigido a féminas jóvenes había acabado siendo su regalo.
Nos leemos.
