Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes nos pertenecen… aún… pero algún día serán nuestros, ya que Rosy y yo estamos ahorrando para comprarle los derechos de autor a Kishimoto-sama. ¡Wiii! Y por cierto: Kishimoto-sama, ¡Somos unas de tus muchísimas fans número 1!
Queremos aclarar de una vez que en esta historia aparecerá un personaje creado por Andrea: Zoey Hirutaka, 17 años. Su familia es mitad japonesa y mitad francesa. Nació en Paris-Francia y estuvo allí hasta los 14 años para luego mudarse a Japón y, por lo tanto, tiene acento francés.
Disclaimer de Andrea: Zoey si me pertenece, yo la inventé... ¡También tengo mis derechos! ¡Wiii!
.:La Teoría del Miedo:.
Capítulo I:
-Two Guys, Two Girls-
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Al cabo de una semana, decenas de invitaciones habían sido correctamente enviadas a diversos estados del país y ahora estaban en manos de sus respectivos destinatarios. Los adolescentes honrosos por el privilegio que les había sido otorgado, y movidos por el orgullo de sus progenitores, aceptarían gustosos pertenecer a la élite académica de Japón.
Tokyo. Septiembre de 2006.
Dos de los dichosos invitados, nacidos ambos en la poblada ciudad de Tokio: los hermanos Uchiha, Sasuke e Itachi, de dieciocho y veintiún años respectivamente. Conocidos por ser los herederos de las inmensas empresas Uchiha, quizá siendo inclusive los jóvenes con la mayor herencia de toda la nación.
Ambos muy parecidos físicamente, descritos por sus fans como los hombres que toda chica desearía tener: buena estatura, cuerpo de contextura delgada y muy bien trabajado; piel de porcelana, tersa y delicada a la vista; cabellos muy oscuros, llegando al negro en el menor de los hermanos pero con tonalidades azuladas; ojos negro mate, tan profundos que puedes perderte en ellos dándoles sólo un vistazo… esos sí eran hombres de verdad.
Considerados Sexy Ítems masculinos mundialmente, siendo asediados cada día por un gran número de fanáticas que incluso arremetían contra su privacidad acampando en las afueras de su mansión.
Con el pasar de los años, el Uchiha menor había aprendido a vivir con ello ignorándolas diariamente; mientras que su hermano mayor había aprendido a vivir con ello saliendo con cada una de ellas diariamente –era su pasatiempo preferido-.
El joven Sasuke pensó que su martirio acabaría al ingresar a su nueva academia, por lo que sus pertenencias ya habían sido empacadas hacía una semana atrás; encontrándose ahora tendido en su cama leyendo nuevamente su parte favorita en la carta recibida hacía dos meses, emitida desde la Academia Konoha:
"Estimado joven Uchiha, S.:
…Usted ha sido recomendado por numerosos expertos y profesionales de diversas regiones para ingresar a nuestra Institución por su impresionante rendimiento
académico desde sus estudios básicos; siendo escogido primero entre muchos. Por esta razón, le ha sido enviada cordialmente esta invitación que esperamos con
fervor sea aceptada por usted y su familia. Su respuesta será bienvenida. Buen día. Atte.: Academia Konoha.
Era obvio...
Y unos reclamos fuera de su habitación lo interrumpieron en la décimo novena vez que leía esa preciada carta. Era su hermano, quién no la apreciaba tanto como él. Aunque sus padres estaban muy orgullosos del logro de sus hijos, Itachi discutía con su madre mientras ésta intentaba ayudarle a hacer sus maletas.
- ¡Simplemente no puedo creer esto, madre! ¿Tanto nos quieren que nos envían a estudiar a una isla al otro lado del mundo? – exclamó el joven lleno de molestia, mientras dificultaba el trabajo de su madre sacando y devolviendo a su lugar todo lo que ella metía en su maleta.
- Itachi-kun, queda en este mismo país. ¿Y cuándo entenderás que es por su bien? No cualquier tonto puede entrar a esa academia; es una de las mejores y más prestigiosas del país, si no es que la mejor.- prosiguió con su labor apartando a su hijo lo más que podía.
- No lo sé. No me agrada la idea de dejar mi escuela, mi familia, mis amigos…- respondió tratando de convencer a su madre con su bien ensayada cara de perrito mojado.
- ¿Ya te mencioné que sólo es posible entrar en esa academia si recibes una invitación por parte de su director? Todos quieren estar ahí.- ignoró la cara trágica de su hijo mayor, mientras volvía a guardar en la maleta la ropa que este había sacado.
- Sí, madre. Nos lo han dicho unas… mil veces.
- ¿Todo bien por aquí, Mikoto? – preguntó su esposo, asomado en la puerta.
- Lo estaría si Itachi me dejara empacar con tranquilidad.- sentenció la ya un poco hastiada mujer.
- Hijo, no sé por qué te quejas tanto. Sasuke no ha dicho una sola palabra y empacó todas sus cosas desde hace días.- informó su padre.
- Y yo también podría empacar tus cosas muy rápido si dejaras de sacarlas de la maleta, Itachi.
El chico no pudo decir nada en su defensa, ya que en cuestión de segundos su madre lo sacó de la habitación jalándole la oreja y cerró la puerta tras de sí.
- ¡Madre, eso duele! ¿Sabías que podría considerarse como violencia doméstica? – habló desde el otro lado de la puerta tratando de abrirla para que su madre lo escuchara, y masajeando su oreja para disminuir el dolor.
- Deja que tu madre arregle tus cosas y ayúdame a guardar todo en el auto.- le ordenó Fugaku.
- Enseguida voy, padre.- respondió a regañadientes, mientras hacía mohines.
Fugaku abandonó el lugar y se dirigió a la sala. En ese momento, Sasuke se acercó a su hermano mayor.
- En serio, Itachi. Eres patético.- se recargó en la pared y le sonrió con la intención de molestarlo.- ¿Por qué no terminas de aceptar el hecho de que nos vamos?
- Gracias por tu ayuda, ototo-baka.- respondió con sarcasmo.- ¿Es que realmente quieres irte y dejar tu escuela, tu familia, tu hogar, tu mascota y tus amigos? Bueno, omitamos la parte de "amigos".- sonrió con sorna.
Sasuke frunció el ceño y se preparó para contraatacar el comentario de su hermano, pero justo en ese instante su madre le lanzó una maleta para que ayudara a bajarla.
- No quiero que empiecen con sus tontas discusiones otra vez. Y por cierto, no me convence eso de "dejar a la mascota". No pienso limpiar caca sucia todos los días hasta que vuelvan.- informó la pelinegra, mientras caminaba hacia las escaleras cargando varias maletas.
- No creo que exista la posibilidad de que sea caca limpia, cielo – le dijo Fugaku, quitándole ese enorme peso de las manos a su esposa antes de que le saliera una hernia, se le rompiera la columna o se cayera por las escaleras.
La señora Uchiha era una persona muy hogareña. Le encantaba hacer todo tipo de labor doméstica, por eso es que la casa no poseía servidumbre sino para las tareas más fuertes, asquerosas o fatigantes; pero a la hora de limpiar las 'gracias' del perro, Mikoto no podía ni acercarse a la escena, su frágil estómago no se lo permitía.
- ¿Estás segura de que dejarán entrar animales a la academia de los chicos?
- Elemental, mi querido Watson...- lo pensó un poco.- Pues, no… pero a menos que quieran ser atacados por el Centro de Protección a los Animales, deben dejarlo entrar.- aseguró muy convencida.
- Buena deducción, cariño. Por eso me casé contigo.- le guiñó un ojo, a lo que esta rió sonrojada.- Chicos, suban las cosas al auto.
- Está bien, padre.- dijo Itachi, resignado.- Iré a buscar a Cancerbero.
- Espera a que yo guarde esto, nii-san.- advirtió Sasuke con un montón de maletas encima.
- ¡Cerbero! ¡Ven muchacho!
El pelinegro esperó que su Husky Siberiano le brincara encima, pero, para su sorpresa, pasó corriendo a su lado y saltó sobre Sasuke, haciendo que todo lo que estaba cargando se le cayera al piso, incluyéndolo a él mismo; provocando que el contenido de las maletas se dispersara.
- Ups… Lo siento, ototo.
- Baka, te dije que esperaras a que guardara esto. Sabes bien que Cancerbero tiene una mente diabólica y le gusta hacernos trabajar de más.- lo decía desde el piso, mientras su diabólico perro le pintaba la cara con unas cuantas toneladas de saliva.
El astuto animal sólo le hacia su numerito de ojitos tristes a Sasuke, a lo que este suspiró cansinamente, ya acostumbrado a las travesuras de su perro. Acarició su cabeza peluda y se puso de pie.
- Lo siento.- dijo su hermano de nuevo, poniéndole el collar y la cadena al perro.- Ya está amarrado, ¿felices todos?
- No hasta que me dé una ducha.- afirmó Sasuke, quitándose la baba de encima con un pañuelo.
- Vamos chicos, ayúdenme a terminar de subir las cosas o perderán el avión.
- Aquí está lo que falta.- informó la señora Uchiha bajando el último escalón.
- Oh, oh...- susurraron los tres hombres, notando la mirada de diversión que tenía el canino hacia la mujer cargada con una pila de bolsas y paquetes.
- ¿Qué? – cuestionó Mikoto, al ver la cara de pánico que tenía su familia.
- Quieto, muchacho.- el mayor de los hermanos se acercaba cautelosamente al perro; pero, antes de poder sujetarlo, el animal salió corriendo detrás de su madre para tirar todo lo que esta traía en manos.- ¡Cancerbero! ¡Quieto! - gritó el pelinegro de coleta, pero ya era demasiado tarde, el can ya estaba lejos persiguiendo a su dueña.
- ¡No se queden ahí! ¡Ayúdenme! - gritó la aterrada Mikoto.
- ¡Sasuke, Itachi! ¡Muevan sus traseros y ayuden a su madre!
- Vamos, Itachi. Parece que el gran y honorable señor Uchiha está muy viejo, y podría romperse la columna tratando de atrapar a un simple cuadrúpedo.- veía a su padre con una cara acusadora y burlona a la vez.
- ¿¡Viejo! ¡Ven aquí, perro del demonio! – gritó en cólera Fugaku, iniciando la persecución.
- Tienes una mente siniestra, ototo...- le susurró Itachi - ¡Estoy orgulloso de ti! – exclamó con estrellitas en los ojos y su pulgar extendido.
- Lo sé, pero se pone mejor.
El señor Uchiha por fin había logrado atrapar al perro, pero éste, en un hábil movimiento se le escapó nuevamente.
- ¡Buen esposo el que me gasto! - gritó Mikoto, para luego volver a emprender carrera.
- ¡Ay! ¡Mi columna! – se quejó el adolorido Fukagu, mientras se levantaba sujetándose la espalda. Al incorporarse completamente le sonaron algunas vertebras, lo que causó que el hombre no pudiera moverse por unos minutos.
- Itachi, ¿recuerdas el programa de lucha libre que nuestra madre no quiso que termináramos de ver anoche pero que igualmente si terminamos de ver en tu habitación? - preguntó Sasuke.
- ¿Terminaron de ver ese programa tan violento? ¡Niños malos!
- ¿Qué tienes en men…? -...- Oh, ya entiendo.- susurró Itachi con mirada cómplice.
- Tú por aquí y yo por allá.- le indicó su hermano para que cada uno se colocara en una esquina de la entrada a la sala, justo por donde estaba a punto de pasar su madre y, seguida de ésta, su perro.
- Tres, dos…- Sasuke comenzó la cuenta regresiva.- uno...- el perro pasó frente a ellos.- ¡Itachi, espera!
- ¡Ahora! – el mayor se abalanzó sobre el perro y cayó encima de Sasuke, aplastándolo completamente.
- ¡Baka, quítate de encima!
Lo empujó y corrió tras aquél animal. Emboscó al perro cuando pasaba por la cocina, tirándole una manta encima y proporcionándole una llave de lucha por unos segundos, hasta que Itachi se acercó y lo ayudó a inmovilizarlo por completo.
- Lo siento, perrito… pero… ¡es hora de tus vacunas! – sonrió con malicia.
El pobre canino soltó un gemido y guardó su cola entre las patas, sus ojos se híper cristalizaron y aprovechó el tiempo para hacer su numerito de cachorrito indefenso (que, por cierto, funcionó y siempre funcionará).
- Gracias, chicos. Por fin hombres en la casa.- dijo Mikoto quitándose el polvo de la ropa.
- ¿Cómo que al fin hombres en la casa? – preguntó irritado Fugaku, quien todavía no podía moverse del todo.
- Al menos ellos pueden atrapar a un simple perro.
- Odio a esa bestia peluda.- murmuró el líder de la familia.- Vamos, muchachos. Ayúdenme a empacar lo que falta.- su voz aún sonaba adolorida por la molestia en su espalda, que seguía atormentándolo.
Sólo bastó que se fueran al auto para que el perro se levantara de repente y se lanzara contra Mikoto.
- Ayuda…- fue el último susurro que salió de su boca antes de ser tacleada por Cancerbero, quien de inmediato empezó a lamerle la cara y a mover su cola felizmente.- De verdad, seré muy feliz cuando se lleven al perro. ¡Cancerbero, quítate de encima! ¡Estás arruinando mi ropa! - gritó algo enfurecida, para luego ser salvada del mar de saliva por sus hijos.
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Luego de un rato el equipaje estaba cargado en el auto. Los hermanos se despidieron afectuosamente de su madre, a lo que ella respondió enternecida y con ganas de llorar por la partida de sus hijos, y un tanto menos por la de su mascota.
- Adiós, madre.- se despidió Sasuke, abrazando fuertemente a su progenitora. Siendo un poco disimulado para evitar la mirada -y eventualmente las burlas- de su hermano, rápidamente le dio un beso en la mejilla, a lo que está respondió con unos cientos de besitos por toda su cara.
Después de algunos segundos, Sasuke se separó de ella para que su hermano pudiera despedirse, pero al parecer no quería acercarse.
- Itachi, despídete de tu madre.- ordenó Fugaku viendo su reloj de muñeca un poco apurado por el retraso.
Al mayor de los hermanos, para sorpresa de todos, se le cristalizaron un poco los ojos.
- ¡No me quiero ir! - exclamó dramáticamente y luego asfixió a su madre con uno de sus abrazos posesivos.
- Hijo… no puedo… respirar.
- Lo siento.- se separó rápidamente y carraspeó para que su voz no sonara tan desesperada y de niño chiquito como hacía unos momentos.- Adiós, madre.- le besó la mejilla con mucho más cariño y esta vez trató de no cortarle la respiración al abrazarla.
- Ya es tarde, ¿podemos irnos de una vez? – Fugaku estaba perdiendo la paciencia, detestaba las despedidas, siempre lo hacían llorar. Los hermanos se subieron al auto junto al perro y bajaron el vidrio para ver por última vez a su madre en quién sabe cuánto tiempo.
- Mis pequeños, ¡los amo! ¡Recuerden no hablar con extraños, si alguien les ofrece caramelos no los acepten; no olviden que el alcohol, los cigarrillos, las drogas y las prostitutas son malas para la salud!... ¡Y todavía no quiero nietos! – gritó Mikoto mientras el carro partía.
- Sí, madre.- dijeron al unísono, acompañados también por un ladrido del perro asomado en la ventanilla.
Salieron de los terrenos de la mansión Uchiha. Luego de un viaje de unos veinte minutos, aparcaron en el estacionamiento del aeropuerto. Entraron y sin perder el tiempo fueron directo a colocar las maletas en la cinta transportadora, no sin antes asegurarse de que su maléfica mascota estuviese bien y cómoda en su jaula.
Dentro de poco partiría el avión.
Itachi, como de costumbre discutía con su padre sobre el dinero que nunca quería darles, mientras que Sasuke sólo veía las enormes instalaciones hallándose completamente distraído. Veía a lo lejos una tienda de electrónica a su derecha, donde divisaba la versión más reciente de una consola de videojuegos, esa misma que él ya tenía desde hacía un mes y que apenas estaba saliendo realmente al mercado. Como amaba ser un Uchiha.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que no notó a la chica que caminaba directamente hacia él, quizá un tanto más distraída con su teléfono celular. Chocaron de frente, provocando que la joven perdiera el equilibrio pero cuando estuvo a punto de caer unos fuertes brazos la sostuvieron.
- Perdone.- se disculpó la chica, incorporándose apenada.- estaba distraída.
- No es nada.- no admitiría que también estaba igual, así que lo dejaría como si hubiese sido falta de ella. Un Uchiha nunca se distrae, y si lo hace, es por error de otros; pero sólo bastó con que la muchacha levantara el rostro para que toda su atención se centrara en los brillantes ojos verdes que esta poseía.- bueno… yo también estaba algo distraído.- ¿lo había admitido? – Lo siento.- ¿se había disculpado? – Fue mi culpa.- ¿se había echado la culpa?
Ella, un poco avergonzada por su torpeza, sonrió un tanto nerviosa y bajó la mirada, percatándose de las condiciones de su celular: tirado en el piso, apagado y con la pantalla rota.
- Demonios, mi pobre celular.- lo tomó y trató de encenderlo, pero no funcionó. Al parecer había pasado a mejor vida.
- Déjame verlo.- sacó su llavero donde tenía la siempre útil navaja suiza, usándola para quitar la carcasa del teléfono y ver que todo dentro estaba en buenas condiciones.- no te preocupes, sólo es la pantalla. Podrás reemplazarla.- aseguró, dejándolo como estaba y dándoselo a su dueña.
- "Vuelo N° 73 despegará en 20 minutos, favor abordar lo antes posible" - resonó por todo el aeropuerto.
- Debo irme, se me está haciendo tarde. Gracias.- le dedicó con una sonrisa amistosa para luego irse.
La ojiverde caminó unos cuantos metros con el paso un poco acelerado; todavía sentía esa negra mirada tan tremendamente intensa sobre sus hombros. Caminó hasta uno de los pasillos y divisó a través de la ventana como dos chicas subían las escaleras que conducían al interior de un avión, que reconoció como el que debía tomar unos minutos después.
- Ese chico era… muy atractivo.- reconoció, imaginando de nuevo el rostro del asesino de su celular.- Aunque su mirada era un poco escalofriante.
Dejó esos pensamientos de lado. Cuando estaba a punto de moverse de aquél sitio, por el rabillo del ojo contempló como las dos chicas que anteriormente había visto cambiaban su aspecto totalmente: su piel parecía estar en estado de descomposición, sus cabellos habían desaparecido, dejando apenas unos cuantos y desaliñados mechones pendiendo de sus cráneos. Volteó fugaz; sus ojos no la engañaban, pero su sorpresa se convirtió en pánico cuando creyó ver a ambas criaturas mirándola directamente, mostrando su torcida sonrisa, amarilla y semi-desdentada.
- ¿Qué…?
Su corazón latía rápidamente. ¿Qué podrían ser esos horribles monstruos? ¿Y por qué todos pasaban cerca de ellas y parecían no verlas? Retrocedió, mientras observaba como sus sonrisas se curvaban más por su reacción asustada.
- Oye, ten más cuidado.- le reclamó un hombre con quien había chocado mientras caminaba de espaldas.
- Lo siento, en verdad.
Los tres segundos que le tomó voltear y disculparse fueron los mismos que les tomó a las dos muchachas el desaparecer de allí, dejando a una Sakura totalmente confundida y sobresaltada. Aún con la respiración agitada y su corazón a punto de salírsele del pecho, cerró sus ojos momentáneamente, intentando calmarse. Tenía unos minutos más, se dirigió al bar del aeropuerto, no muy lejos de su posición actual y tomó algo ligero.
- Eso fue muy extraño.
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- Padre, no seas tacaño. ¿Pretendes que sobrevivamos en esa academia con sólo dos tarjetas de platino? Además, el avión está a punto de irse, apresúrate.- reclamó Itachi, llamando al mismo tiempo la atención de Sasuke, quien hasta hace pocos segundos veía el lugar por donde la chica se había marchado.
- Pero si les doy mi otra tarjeta, sólo me quedaran cuarenta y tres.
- ¿Y? - preguntaron sus dos hijos.
- Que cuarenta y tres es un número impar. Odio los números impares.
- Pues, danos otra tarjeta y listo. No seas malo con el pobre Cancerbero, el también necesita darse sus gustitos. A él tienes que darle al menos una dorada.- le dijo Itachi.
- Pero, si les doy dos tarjetas más me quedaran cuarenta y dos.
- ¿Y? - volvieron a preguntar los hermanos.
- Pues, que cuarenta y dos es un número par que termina en dos. Odio los números pares que terminan en dos.- explicó nuevamente Fugaku.
Luego de diez minutos más de negociación y muchas venitas en la frente de Sasuke, quien esperaba a que su familia terminara de perder el tiempo, Itachi logró que su padre le diera cuatro tarjetas de crédito y cuatro de débito, todas de platino. Lo que resultó en un golpe bajo para la billetera de Fugaku. Ya satisfechos, se despidieron de su padre con un rápido abrazo.
- Recuerden lo que les dijo su madre. Pero opino que sí pueden tener novias, en especial si son tan lindas como la chica que le robó los ojos a Sasuke hace rato.- fastidió la paciencia de su hijo menor, quien se sintió descubierto pero disimuló lo obvio.- ¿creíste que no te había visto? – le guiñó un ojo cómplice.
- Ya es tarde, vámonos.- el acusado se giró y se acercó a la fila de personas que esperaban para ingresar.- Adiós, padre.
Itachi imitó a su hermano, para luego alzar la mano como despedida a su tacaño padre.
Por fin la hora había llegado. Los pasajeros comenzaron a abordar el avión. Sasuke e Itachi esperaban en la fila para entregar sus boletos. El turno del menor se aproximaba, sólo había cinco personas frente a él y la fila se movía rápido.
- Vaya, hermanito. Parece que el viejo Fugaku nos reservó los asientos en primera clase, y tocamos en asientos juntos.- informó su aniki.
Sasuke ya había tenido la desgracia de compartir un asiento de avión con su hermano, y para ser sinceros, no era una de sus anécdotas preferidas. En un rápido y hábil movimiento, introdujo su mano en el bolso de la chica que estaba delante de él dándole la espalda, por lo que no notó nada; dejó su boleto y sacó el de ella.
- Ya no.- susurró burlonamente el pelinegro menor.
- Este niño… A veces creo que no me quieres cerca de ti.
- ¿Cómo puedes decir eso? Yo soy incapaz de realizar un acto que no sea noble.- dijo sarcásticamente, con una mirada de 'inocencia' que no se veía tan inocente.
Para Sasuke fue un gran alivio el tocar en asientos separados, aunque no muy distantes el uno del otro.
Al cabo de unos quince minutos, casi todos los pasajeros estaban debidamente ubicados en sus lugares. Sasuke pudo ver a la misma rubia con quien había intercambiado su boleto hablando con la azafata sobre un cambio repentino en su número de asiento, lo que le causó un poco de gracia. Enseguida encendió su iPod y se dispuso a escuchar una de sus canciones preferidas. Levantó un poco la cabeza y pudo divisar que Itachi sacó su agenda electrónica, haciendo quién sabe qué con ella.
Recostó su cabeza; la música sonaba despacio y él comenzaba a sentirse totalmente relajado, no sentía ni un poco de tensión en su cuerpo. Sus párpados comenzaban a pesarle y un bostezo se hizo camino por entre sus finos labios. Ese lugar se le hacía extremadamente acogedor, y pensó que no estaría mal una siesta corta; ese momento no podía ser más encantador, ¿o sí?... Oyó una tierna voz desde su feliz mundito; era calmada y hermosa, aunque él no comprendía lo que ésta decía.
- Disculpe, lamento molestarlo de nuevo, ¿es éste el asiento E47? - palabras provenientes de la boca de una hermosa joven que, al no recibir respuesta del adormilado muchacho, optó por darle unos toques a su hombro para despertarlo.
Aquella interrupción logró poner al pelinegro en tierra, y con una rápida mirada notó que sólo uno que otro puesto quedaba vacío. Al voltear hacia donde provenía aquella voz, se encontró con los grandes ojos verdes que ya antes había visto, pertenecientes a la linda chica con quien tropezó antes de abordar.
- Disculpa por molestarte, ¿es este el asiento E47?
- Así es.- respondió un poco apenado de que lo encontrara en esas circunstancias.
Se sentó junto a Sasuke, colocando su bolso a un costado del asiento.
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Itachi se mantenía viendo a través de la ventanilla cómo los carritos llenos de maletas las guardaban en el compartimiento. Escuchó una voz de hombre que le hablaba y internamente le rogaba a Kami-sama por que no le tocara un viejo gordo y maloliente a su lado, como en la mayoría de las ocasiones en las que viajaba en avión.
- Disculpe joven, ¿este es el puesto B2? - preguntó, e Itachi lentamente observó el número de su asiento, siendo este el A1. Por ende, el asiento de al lado era el B2, lo que quería decir, que un hombre posiblemente gordo y maloliente le estaba hablando para sentarse al lado de él.
- ¡Sí! - afirmó con tono dramático.- es el B2. Ya puede sentarse a mi lado y humillarme durante todo el viaje.- dijo con lagrimotas exageradas en los ojos sin ver al que le estaba hablando.
- Ah… claro.- dijo el hombre extrañado por las tonterías de ese joven.- señorita, este es su lugar. Póngase cómoda.- dijo la voz para sorpresa de Itachi.
- Gracias, monsieur.- respondió una voz femenina con un notable acento extranjero.
El pelinegro observó al hombre que le había hablado en un principio y resultó ser el copiloto del avión, un hombre de edad un poco avanzada, quién le sonreía a la chica que ahora estaba sentada a su lado.
- Que tenga un buen viaje, señorita Zoey.- le sonrió el copiloto para luego volver a la cabina.
Momentos después, se sintió que el avión comenzaba a moverse y anunciaron que ya el viaje había empezado. La chica se acomodó mejor en el asiento, y con una sonrisa saludó al joven sentado junto a ella.
- Buenos días, monsieur.
Itachi estaba distraído detallando cada facción de la chica escrupulosamente, y concluyó que era muy joven y bastante linda. Debía tener cerca de 18 años, era de tez blanca, su cabello era rubio y largo, sus ojos eran de un color azul muy profundo y algo muy importante entre los gustos de Itachi: un cuerpo escultural.
La chica comenzaba a asustarse por la forma en la que el pelinegro la veía.
- Disculpe, ¿he dicho algo malo?
- ¿Eh? - despertó de sus sueños raros y vio la cara extrañada de la joven.- Ohlala, mademoiselle.- puso su expresión, voz y pose más seductora que tenía.
- Oh, monsieur, ¿usted habla francés? - preguntó inocente la joven sin darse cuenta de los planes que tenía el pelinegro.
- ¿Ah? - Itachi estaba confundido, ¿cómo es que esa chica no cayó a sus pies con sus encantos naturales como todas las demás chicas? Con una palabra ya todas se mataban por él. Tal vez con ella necesitaría dos o tres palabras más.
- Que si usted habla francés.- volvió a repetir la chica pensando que él no le había entendido.
- Sí, un poco, cariño.- la vio unos momentos y permaneció igual.- "¿Qué? ¿Cómo es que...? Es decir, no veo ni rastros de nerviosismo, o de interés en su rostro".- pensó.- Por su acento puedo notar que no es de Japón, mademoiselle.
- Así es, yo he nacido en París. Pero he estado en Japón desde los 14 años. Me parece que este país es... ¿cómo se dice? ¿Interesante? ¿Maravilloso? – se preguntaba ella misma, tratando de recordar la palabra.
- Claro. Lo que tú digas, hermosa.- se le escapó a Itachi, sin pensar en lo que decía.
- ¿Disculpa?
- Digo, hermoso... ¿hermoso es la palabra que buscabas? - preguntó con inocencia, corrigiendo la metida de pata.
- Exactamente, hermoso. Es un país muy hermoso.
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Sasuke tan sólo centraba su atención en la hermosa vista que proporcionaba la ventanilla mientras escuchaba música. Seguía sintiéndose sumamente relajado, pero después de lo ocurrido no pensaba dormir.
Por otro lado, Sakura se encontraba aburridísima. No podía distraerse con música, puesto que su celular no quería funcionar bien, pero aún así podía oír tenuemente el ritmo y parte de la letra de la canción que el chico a su lado escuchaba a través de los audífonos; para su sorpresa, extrañamente eran casi las mismas canciones que ella llevaba en su celular.
Pasaron varios minutos y sonó una canción que estaba entre las favoritas de Sakura. No pudo evitar acercarse un poco más al pelinegro para oírla mejor. A pesar de estar ya muy cerca, seguía sin percibir del todo la música, lo que la llevo a acercarse más y más tratando de no llamar la atención del chico. Y no funcionó.
- ¿Se puede saber qué haces? – interrogó el moreno, extrañado por la actitud de su acompañante.
Sakura enrojeció notablemente al verse descubierta. Trató de voltear la mirada pero el aún expectante rostro de Sasuke no dejaba de verla, esperando una respuesta.
- Nada… ¿De qué hablas?
- ¿Por qué te acercabas tanto a mí?
- Yo no me estaba acercando a ti. Tú te estabas acercando a mí.
- No es cierto.
- Sí es cierto… No, no es cierto.- terminó admitiendo.- Lo siento, quería escuchar. Amo esa canción, y recuerda lo que pasó con mi celular.
- Pudiste haberlo dicho. Me estabas asustando.- dijo pasándole uno de los audífonos.- ya creía que querías recostarte en mi hombro o algo así.
- Ja, claro.- el chico sonó algo engreído, pero ya que insistía dándole el audífono…- Gracias.
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En los asientos delanteros, cierto pelinegro seguía atosigando a su rubia compañera. Ella sólo se masajeaba las sienes disimuladamente. No quería ser grosera por más irritante que ese joven fuera.
- ¿Es verdad que el beso francés es delicioso? Yo lo he probado unas cuantas veces, por no decir cientos, y me ha parecido bien. Pero nunca con una chica con el gentilicio de ese beso. Así que supongo que podría ser mejor con una de esas.- tratando de provocar a la chica, o por lo menos de sacarle una conversación más interesante, hablaba y hablaba de los distintos tipos de beso y los que más le gustaban.
- Realmente no lo sé. Oiga, monsieur, ¿sabe dónde está el baño? – necesitaba irse al menos un segundo para que sus oídos pudiesen descansar de él.
- Están al final del pasillo.- señaló el lugar y de pronto se le ocurrió una idea ingeniosa.- ¿quiere que la acompañe? - preguntó de nuevo con todo el cargamento de seducción que tenía.- Ya sabes, por si te pierdes.
- No, gracias. Puedo ir sola.- se levantó y fue.
- ¿Qué demonios pasa con esta mujer? ¿Cómo puede resistirse al encanto Uchiha? o mejor dicho, ¿cómo puede resistirse al encanto de Itachi Uchiha? - no podía comprenderlo, eso jamás había pasado.- ¡Ya lo tengo! Posiblemente al subir al avión entramos en un portal que lleva a otra dimensión donde el espacio, el tiempo y las mujeres están alteradas mentalmente.
Parecía un demente, pero no encontraba otra explicación razonable. Tenía buen aliento, la cara perfecta, un olor delicioso y lo más importante, ropa de marca que hacía resaltar sus bien formados músculos.
- ¡Esta chica tiene que caer, nadie puede resistirse! - sin notarlo, lo dijo en voz alta y todos los que estaban en el avión se le quedaron viendo.- ¿Acaso estoy hablando con ustedes? Entrometidos.- se cruzó de brazos y suspiró porque no entendían su momento de reflexión y tragedia ante lo que sucedía con esa chica.
- Por favor, permanezcan sentados, no se levanten de sus asientos. Vamos a experimentar un poco de turbulencia. No pierdan la calma.- se escuchó decir al piloto por los altoparlantes.
- Rayos, odio las turbulencias.- se dijo Itachi en voz baja a sí mismo.
- ¿Turbulencia? ¿Qué es turbulencia? - preguntó la rubia ya llegando al asiento. Justo antes de sentarse, el avión se movió bruscamente hacia un lado haciéndola caer sobre las piernas del pelinegro.
- "¡Gracias turbulencias, las amo!" - pensó Itachi en sus adentros y desde ese momento juró que nunca más iba a odiar las turbulencias.
- Por favor, discúlpeme. No fue mi intención caer encima de usted, pero algo le sucedió al avión.- se disculpó la rubia muy sonrojada mientras se arreglaba en su asiento y veía hacia otro lado para evitar la penetrante mirada del chico.
- No te preocupes, bombón.- tomó la blanca mano de ella mientras adoptaba su sonrisa de Casanova.- "O caes en mis redes, o dejo de llamarme Itachi Uchiha".- pensó.
Ninguna chica se resistiría a él. Debía estructurar un plan ingenioso y debía ser pronto.
- Disculpa mi descortesía, mi nombre es Itachi Uchiha, para servirte.- usó un tono seductor, tomando la mano de la chica para besar lentamente su dorso. ¿Qué mejor forma de comenzar que presentándose?
- Mi nombre es Zoey Hirutaka, un placer.- un tanto desconcertada pero sin perder la educación trataba de recuperar su mano.
- Zoey. Que nombre tan hermoso tienes.- le sonrió y con su dedo pulgar acarició delicadamente la mano de la chica.
-… ¿Le importaría devolverme mi mano, por favor?
- Lo siento.- lentamente la dejó libre sin apartar la mirada de sus azulados ojos.
- Gracias.
- Bien, ahora que nos presentamos… dime, mi francesita, ¿no deberías ya haber experimentado al menos un beso francés? – preguntó el moreno al tiempo que se acercaba peligrosamente al rostro de Zoey, quien se iba alejando a medida que él se aproximaba. Ese sujeto ya la estaba incomodando.
- Ya le he dicho que no.- ella se distanciaba más y más hasta estar en el borde del asiento.- Y me parece que se está acercando demasi.- la frase quedó inconclusa. Itachi se aproximó tanto a su cara en su intento por provocarla, que lo único que logró fue que se cayera de su asiento.
- ¿Estás bien? – preguntó al tiempo que dirigía la vista a lo que la falda plegada había dejado a la vista.
Quedó maravillado ante tal visión y seguro le comenzaría una hemorragia nasal en cualquier momento. Luego de salir del trance, sacudió la cabeza para calmar a sus pervertidos pensamientos.
- ¿Te lastimaste? – le tendió la mano para ayudarla mientras seguía rememorando esa imagen en su mente.
- No, estoy bien.- respondió algo adolorida mientras sobaba la zona afectada por la caída, acción de la cual Itachi no perdía detalle.
- Podría quedarme con la mano tendida por el resto del viaje si quieres, pero me parece que estarías más cómoda en tu asiento.
Internamente el chico ya se estaba divirtiendo de lo lindo con todo lo que sucedía mientras observaba a la rubia, o mejor dicho, lo que su falda dejó al aire tras provocarle una mala pasada.
- Dime, ¿qué planeabas hacer esta noche? De seguro era algo interesante, porque yo solo uso ropa interior roja cuando voy a hacer algo divertido.
La rubia lo observó ingenua desde el piso unos segundos sin entender perfectamente lo que había insinuado, aunque esperaba que no fuese lo que acababa de llegar a su cabeza. Itachi le guiñó un ojo dándole a entender que si era lo que pensaba, haciéndole recordar tres detallitos: se había caído del asiento y cargaba una falda puesta, estaba usando ropa interior roja, y se moriría de la pena. Al menos no había más pasajeros delante de ellos, pero sí estaba de espectador ese educado pervertido en primera fila.
Tomó el borde de su falda y se tapó debidamente mientras sus mejillas adquirían un tono carmín intenso, que le hacía competencia al color de un tomate maduro con insolación pintado de rojo.
- ¿A qué se refiere con eso, monsieur? – estaba titubeando un poco por la vergüenza que traía encima, esperando que la respuesta no fuese muy directa. Se arregló de nuevo en su asiento como si nada hubiese pasado, tratando de alejarse lo más que pudiese de ese tipo.
- Vamos, linda. Sé que sabes a lo que me refiero. Nadie utiliza ropa interior roja a menos que quiera que alguien la vea.- afirmó con tono pícaro.- ¿No crees?
- Qué vergüenza. Por favor, no crea algo así de mí, monsieur.
- No te preocupes, trataré de no hacerlo.- observó la pena en la expresión de la chica y no pudo contener una pequeña risa.- sólo bromeaba, no te avergüences. Eso no es nada. Una vez perdí una apuesta y tuve que correr desnudo por el medio de una avenida principal.
- ¿Desnudo?
- Como mi madre me trajo al mundo.
- Oh…- no pudo evitar imaginárselo. Cuando se percató de sus propios pensamientos, agitó la cabeza varias veces para disipar esas imágenes tan descabelladas.
- Veo que te gustó lo que pensaste… ¿O me lo vas a negar?
- Claro, lo que usted diga.- le restó importancia al asunto para que el ego del pelinegro no le llegara a Neptuno.- Y… ¿qué es una apuesta? – había escuchado esa palabra antes, pero no recordaba su significado. Los japoneses tenían un dialecto un tanto extraño que le había llevado años aprender.
En ese instante, a la corrompida mente de Itachi llegó una idea pervertidamente pervertida, pero al ver el grado de perversidad en ella, trató de suavizarla un poco. Ir tan rápido con una chica nunca resultaba bien, y por su experiencia, sabía que eso las ahuyentaba de vez en cuando.
- Una apuesta es cuando se arriesga cierta cantidad de dinero u otras cosas en la creencia de que algo tendrá X resultado, de forma que el que gane, reciba lo que se puso en juego.- explicó.- por ejemplo, apuesto 1000¥ a que logro hacer gritar a mi hermano en menos de dos minutos.
Sacó su teléfono celular y presionó una tecla que tenía asignada un número para marcado rápido, dio dos repiques e inmediatamente alguien contestó. El pelinegro mayor colgó y se escuchó un fuerte "¡Itachi!" por todo el avión, provocando que el ya mencionado sonriera ampliamente.
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- ¿Cómo dijiste que te llamabas? - preguntó la pelirrosa haciendo memoria, pero al no recordarlo solo esperó la respuesta sonriendo.
- Nunca lo dije.- rectificó el pelinegro y trató de sonreír pero eso no se le daba bien en presencia de mujeres.- Mi nombre es Sasuke Uchiha.
- Soy Sakura Haruno, un placer conocerte.- se presentó también y embozó una tierna sonrisa.-
- Mucho gusto.
- Oye, creo que por aquí tengo la nueva carátula del CD original de...- se agachó un momento para sacarla de su mochila y por accidente tiró muy fuerte del audífono, el cual se salió de los orificios auditivos del Uchiha y dejó de funcionar.
- ¿Tratas de vengarte por lo del celular? – preguntó normal examinando el cable.
- ¡Perdón! No fue mi intención.
- Igual ya estaban viejos. Tenía que comprarme unos nuevos.- le restó importancia y se los guardó en el bolsillo.- Y en esa parte de la canción hasta el guitarrista desafinaba, no nos perdimos de nada interesante.
- ¿También lo notaste? Es patético. Hasta yo toco mejor que él.- estas últimas palabras captaron la completa atención del pelinegro.
- ¿Sabes tocar algún instrumento? – podría decirse que eso lo tomó por sorpresa debido a que las mujeres no solían entrar en esa parte de la música, o al menos eso era lo que él creía.
- Sí, guitarra eléctrica.
La impresión de Sasuke, oculta bajo su seria expresión made in Uchiha, casi se muestra ante Sakura, la única mujer que había conocido en un avión por agradarle y que hasta ahora le comenzaba a parecer interesante.
- Bueno, lo que quería mostrarte era esta nueva carátula. ¿Qué te parece?
- En mi opinión, es ridícula.
- Concuerdo contigo.
Luego de esa última frase, ambos se mantuvieron en silencio sin percatarse del hecho de estarse observando mutuamente esperando a que el otro dijera siquiera una palabra, pero nada sucedió. Simplemente se miraban a los ojos, tal vez tratando de hablarse a través de ellos.
- Oye, tus ojos son extraños.- opinó Sakura de pronto.- Son completamente negros y parece que no tienes pupilas.- no quería ni parpadear, ni apartar la vista de aquellos ojos oscuros.
El pelinegro enarcó una ceja, dándole a entender que no sabía si tomar eso como un cumplido o como si le hubiese dicho que parecía un zombi sin pupilas.
- No me mal entiendas. Son muy hermosos.- corrigió rápidamente.
- Gracias, supongo.
Sasuke rompió el contacto directo que mantenían sus ojos al voltear el rostro hacía otro lado. Nunca había visto unos ojos tan verdes ni una mirada tan intensa, quizá por eso los ojos de la chica llamaron su atención cuando se tropezaron en el aeropuerto.
- ¿Sabes, Sasuke? Me alegra saber que no soy la única que sabe realmente de música.- cambió de tema para no dejar al chico colgado.
- Y yo no creí que alguna mujer supiese de música.- lo dijo en voz baja para sí mismo y observó el panorama a través de la ventanilla algo sorprendido, pero no por la altitud o porque estaban atravesando una nube, sino porque jamás hubiese pensado que entablaría una conversación con una desconocida por tener gustos parecidos.
- ¿Qué tiene que ver el hecho de ser mujer y escuchar ese tipo de música? – al parecer, el oído de Sakura era muy bueno y no le agradó del todo el comentario. No estaba enfadada, pero no veía la lógica en la frase expresada por el chico.
- Pues, simplemente que...- el sonido de su celular lo interrumpió.- un momento, alguien me está llamando.- atendió la llamada y apenas llevó el celular a su oreja, le colgaron. Revisó la llamada y había sido…- ¡Itachi! – No pretendía gritar tan fuerte, pero sólo su hermano mayor lograba provocarle tantos instintos e ideas homicidas al mismo tiempo.
Varios pasajeros, entre ellos unos recién amargados por ser despertados, se voltearon para buscar con la mirada a la persona que les estaba quitando la paz y el silencio, pero la mayoría sólo logró ver un par de asientos vacíos.
- ¿Acaso eres idiota? – le preguntó Sakura, dándole un golpecito en la frente con los dedos para hacerlo reaccionar ante lo que acababa de hacer.
El chico trató de hablar pero el silencio fue la única respuesta que pudo emitir, pues la pelirrosa le tapaba fuertemente la boca y lo había empujado de su puesto al piso, manteniéndolo escondido entre los asientos.
Una de las azafatas se asomó a la sección del avión donde estaban, y con mirada molesta vio a todos los pasajeros buscando al escandaloso que gritaba. Todo parecía en calma ahora así que volvió a la otra sección.
- ¿Pretendes que nos saquen a patadas del avión? Dudo que nos presten paracaídas.- acercó su rostro para que sólo él pudiera escucharla.
- …
- No puedes gritar en un vuelo privado y tampoco contestar celulares. Está prohibido.
El pelinegro observaba fijamente los brillantes ojos de la muchacha, quien tenía su rostro muy cerca del suyo. Ninguna chica jamás lo había tratado tan a la ligera, normalmente todas eran "Sasuke-kun por aquí, Sasuke-san por allá"… pero ella lo había llamado idiota e incluso lo había agredido ligeramente. De verdad estaba impresionado por la forma de ser de esa extraña muchacha, pero obviamente no lo admitiría ni en un millón de años.
Rosy: Kyaaa! Amo el SasuSaku *¬*
Andrea: Yo amo las estupideces de Itachi… y las que vendrán… xD
Rosy: Hazlo sufrir como sólo tú sabes hacerlo òwó
Andrea: Daah… y esperamos que les estén gustando los cambios :D
Rosy: Y también esperamos que nos digan si les gustan a través de un insignificante review que para nosotras es lo más valioso que nos puedan ofrecer, oh, queridos lectores *-*
Andrea: Ok, ya a Rosy se le subió… no le hagan caso, está loca =)
Rosy: si wn, yo nah más y tal xD
Andrea: No me vendrían mal unos nachos =B
Rosy: y un nuevo cerebro tampoco ¬¬…
Andrea: Un.n…
R&A: Sigan leyendo que se pone bueno =D
