CAPÍTULO 2

Juego de niños

Amanecía en Hogwarts, y Rose no podía esperar a tener su primera clase de pociones. Por suerte, ese tal Severus Snape ya no se encontraba entre ellos. Porque por mucho que su tío Harry dijera que era el hombre más valiente que habia conocido, sabía de sobra que aquél hombre de nariz ganchuda se gastaba un genio de mil demonios, y al ser hija de Ron Weasley ella lo experimentaría en sus propias carnes.

No tardaron mucho en saber quién era el profesor, porque cuando los alumnos entraron por la puerta de las mazmorras, él ya estaba allí esperándolos.

-Me han pedido que los conduzca hasta la clase.- comenzó a decir, cuando todos estuvieron presentes. Aquella clase la compartían Gryffindors y Slytherins.- Pero ésto solo será hoy, luego tendrán que ir solitos. Ya son mayorcitos ¿no?.- rezongó más para el cuello de su túnica que para los alumnos.- no sé por qué tengo que hacer tareas de niñera...- siguió murmurando a medida que avanzaba por los intrincados pasillos de las mazmorras. Era un hombre anciano y, al parecer, cascarrabias.

Rose miró a Scorpius, que caminaba junto a un niño de Slytherin y hablaban sobre lo raro que parecía el profesor. Cuando entraron en la clase, la pelirroja decidió abandonar por un instante a Albus para ir a sentarse con el slytherin rubio.

-¿Puedo?.- preguntó ella, enfrente del escritorio de Scorpius. Él se encogió de hombros y miró a su compañero, que no tardó en irse a sentar con otro.

-¿Seguirás conservando la pelota, no?.- le preguntó Malfoy a Rose, receloso.

-Por supuesto. Pero ahora te toca a ti hacer algo.- respondió ella, con una sonrisa traviesa.

Mientras tanto, el profesor Travis, que así se llamaba, les había pedido que sacaran sus libros de pociones. Rose resopló en su asiento, se moría por hacer algo práctico. Aunque se temía que aquella no sería una clase muy aburrida, con el reto que acababa de lanzarle a Scorpius.

Por otra parte, todos les miraban extrañados. ¿Desde cuándo un Slytherin y un Gryffindor se sentaban juntos? Todos sabían, por una razón o por otra, que esas dos casas no se llevaban bien. Pero a Scorpius y Rose no parecía importarles, es más, pasarían más tiempo juntos que ningún otro alumno.

-Gracias señor Nott.- dijo Travis, después de que el alumno hubiera leído correctamente la realización de una poción. El profesor escudriñó la clase con sus diminutos ojos y se detuvo en Malfoy, que esperaba expectante.

-Ahora veremos qué nivel tenéis en Pociones. Es sólo un tanteo, no se asusten.- aclaró al ver como varios alumnos se tensaban en sus asientos. Algunos eran muggles y simplemente no sabían nada de magia antes de llegar a Hogwarts.- Señor Malfoy.- prosiguió.- acérquese.- el aludido se levantó de su asiento y se aproximó a la mesa del profesor, donde descansaban varios calderos de pequeño tamaño y decenas de botecitos que contenían diferentes ingredientes. Polvo de ópalo, Centinodia, Asfódelo, Ciempiés cortado, pudo leer Scorpius en algunas etiquetas.

-Bien. Ahora usted irá echando en el caldero lo que yo le diga. Las cantidades ya están medidas y todos los ingredientes cortados, sólo tendrá que verterlos. Es sencillo y verán cómo se preparan unas pociones básicas. Algo que aprenderán a lo largo de curso.- todos los alumnos asintieron, expectantes, mientras Malfoy miraba todas aquellas cosas con el ceño fruncido. Rose le miraba desde su asiento, sonriendo ¿Se atrevería a realizar el reto?

-Escarabajos machacados.- comenzó a decir Travis, y Scorpius buscó el botecito que los contenía, para verterlo.- Bien. Bilis de armadillo y por último raíz de jengibre cortada.- finalizó el profesor. El rubio echó todos los ingredientes en el caldero y los removió, pronto el líquido se espesó y emitió algunos vapores.

-Esta es la poción Agudizadora del Ingenio.- explicó Travis, satisfecho.- apuesto a que algunos de ustedes les hará falta a lo largo del curso.

-Bien, la siguiente es la poción para la curación de forúnculos.- miró a Scorpius, que asintió con la cabeza.- Ortiga seca, Colmillos de serpiente aplastados...- comenzó a decir el profesor, mientras ojeaba un pergamino que tenía entre sus manos. No parecía estar muy atento a lo que hacía su alumno, si no se habría dado cuenta de que Malfoy estaba cogiendo todos los ingredientes equivocados.

Primero, cogió algo que decía "belladona" y lo echó en ingentes cantidades, mientras sus compañeros miraban todo sin enterarse de nada. Después, cuerno de unicornio triturado. Malfoy miró la poción, empezaba a tener un aspecto asqueroso: verde y espeso, y, para colmo, olía fatal.

-Bien.- dijo el profesor, sin mirarle.- ahora unos pedazos de cuerno y púas de erizo.

Scorpius siguió cogiendo ingredientes equivocados mientras Rose se aguantaba la risa en su sitio, intentando no hacer ruido. Hasta que Travis miró el resultado y su cara se transformó en una mueca de horror. Ahora la poción era azul y borboteaba con violencia, haciendo que, de repente, al caldero estallara y arrojara el espeso líquido a la cara del profesor y a su túnica.

-¡Señor Malfoy!.- gritó, totalmente contrariado, mientras se limpiaba las gafas con un pañuelo que había sacado de su bolsillo, y que, además, también estaba salpicado con manchas azules.- ¡¿Qué ha hecho?!

-Lo que me dijo, profesor...- se excusó Scorpius, poniendo cara inocente.

-Ha echado otros ingredientes.- vociferó Travis, observando unos cuantos botecitos vacíos.- ¿Es qué está sordo?!

Scorpius mantenía la cabeza baja, aguantando la bronca de profesor, cuando observó como la diminuta pelota de tela venía rodando a sus pies. Le dio tiempo a agacharse y guardársela en el bolsillo antes de que el profesor le pillara.

-Capaz.- pronunció el rubio, sin voz, dirigiéndose a Rose. Ésta asintió efusivamente y comenzó a reír sin control, haciendo que toda la clase y el profesor le miraran como si se hubiera vuelto loca.

-¡¿Le hace mucha gracia señorita Weasley?!.- Travis dio unas zancadas hasta su pupitre y la hizo levantarse por un brazo. Después, miró a Malfoy, que hacía esfuerzos por mantenerse serio.

-Ustedes dos ¡Acompáñenme! Van ahora mismo al despacho de la directora.- bramó el profesor tomando a ambos por los brazos y sacándolos fuera de la clase.

Los tres, profesor delante, caminaron deprisa por los pasillos de las mazmorras, atravesando todo Hogwarts para llegar a la planta superior.

-Sanguijuelas.- susurró Rose.

-¿Qué?.- Scorpius la miró, confundido.

-Sanguijuelas.- repitió ella.- seguro que eso habría provocado una reacción más fuerte.

Por fin, tras un largo camino, llegaron a una gárgola. El profesor les ordenó que se taparan los oídos y pronunció unas palabras, haciendo que el feo animal abriera una puerta y les diera paso. Pronto, se encontraron ante el escritorio de la profesora McGonagall, que estaba sentada y con sus gafas colocadas sobre el puente de la nariz. Parecía concentrada en algo.

El profesor Travis le explicó a la directora rápidamente lo ocurrido, parecía realmente enfadado.

-Nunca, en mis treinta años de enseñanza, me había ocurrido esto, Minerva.- explicó entre jadeos, la larga perorata le había dejado exhausto.

McGonagall se quitó las gafas y miró severamente a los dos alumnos. Estaba bastante arrugada, pero su genio no parecía mermar con la edad. Aquella mirada de fríos ojos azules podía dejar clavado en el sitio a cualquiera.

-¿En qué estaban pensando?.- comenzó a decir en tono cortante, aunque sin alzar la voz.- ¿Señor Malfoy? No me esperaba esto de usted. ¿Señorita Weasley? Creía que era tan inteligente como su madre.

Y así durante muchos minutos, en los que la directora les relató las estrictas normas del colegio y les quitó varios puntos a su casa.

-¿Capaz o incapaz?.- murmuró Scorpius por lo bajo, pero la profesora, pese a estar de espaldas, le escuchó.

-¿Qué le pasa por la cabeza para interrumpirme, señor Malfoy?.- dijo, más enfadada que nunca. Parecía que aquella vena de la frente le iba a explotar.

-Perdone, directora.- se disculpó el chico, bajando la cabeza.

McGonagall asintió nada convencida y continuó con su discurso moralista.

-Capaz.- asintió Rose en un susurro, esta vez sin ser escuchada. A continuación empezó a dejar que sus extremidades perdieran fuerza, y fue languideciendo hasta caer de un sonoro golpe en el suelo. La directora, el profesor Travis y Scorpius se voltearon automáticamente para mirarla, mientras éste último pensaba que la pelirroja era muy buena actriz. Había cerrado los ojos y la boca estaba ligeramente entreabierta, mientras sus brazos y piernas permanecían sin vida y esparramados por el suelo, como si de verdad se hubiera desmayado.

-¡Señorita Weasley!.- McGonagall se agachó y le dio unas ligeras palmaditas en la cara, mientras Travis observaba la escena sin saber qué hacer. ¿Le acusarían de algo por haberla castigado? Estaba realmente nervioso.

-Será el estrés, directora.- apostilló Malfoy, desde su posición.- es muy sensible a los gritos ¿sabe?

La vieja Minerva le dirigió una mirada cargada de furia y en seguida ordenó al profesor de Pociones que avisara a Madame Pomfrey, hija. Travis asintió presuroso y salió por la puerta a toda prisa.

Poco a poco, Rose hacía como que recuperaba la conciencia, abriendo los ojos lentamente y parpadeando ante la luz cegadora de las lámparas.

-¿Dónde estoy?.- musitó, aparentando confusión.- ¿Quién es usted?.- preguntó a la directora.

-Señorita Weasley, ¿No me reconoce?.- preguntó, asustada, McGonagall. Rose negó con la cabeza, mientras veía como Scorpius se tapaba la boca para no soltar una carcajada.

-Esto es más grave de lo que creía ¡Vamos ahora mismo a la enfermería!.- exclamó Minerva ayudando a Rose a levantarse.

-Espere.- la detuvo la pelirroja, mirando en todas direcciones. Ya que estaba allí, aprovecharía para ver bien el despacho de dirección. Estaba lleno de cachivaches extraños y fascinantes, pero lo que más le llamó la atención fue una vasija de piedra poco profunda, en cuyo interior se revolvía una especie de gas plateado. Emprendió a sus pasos hacia allí, seguido de Scorpius, que no tenía ni idea de lo que pretendía ahora la pelirroja.

-Señorita Weasley.- la llamó McGonagall, completamente confusa, pero sin atreverse a gritarla de nuevo.

-Tal vez si observó los objetos, logre recordarlos, y recordar dónde estoy.- explicó Rose con un hilo de voz, desvalida.- ¿Qué es esto?.- señaló la vasija de piedra.

-Un pensadero.- respondió la directora, con el ceño fruncido. Empezaba a sospechar que todo aquello era una mera pantomima.

-Ah sí, he oído hablar de él. Me lo explicó mi tío Harry una vez.- dijo Rose, curioseando el resto de objetos de la habitación. Mientras, Scorpius observó el semblante serio de McGonagall y su fruncimiento de labios, se estaba empezando a enfadar.

-Rose....- le susurró Malfoy a la pelirroja, sin que la directora le escuchara.- acaba ya con esto.

La niña le miró y asintió, sin borrar la sonrisa del rostro.

-Señorita Weasley, creo que...- comenzó a decir la directora con un tono nada amable.

-¡Claro!.- Rose se dio una palmada en la frente, como si acabara de recordar algo.- Usted es la directora McGonagall. Acabo de recordarlo todo de golpe ¿No es curioso? El poder que tienen los objetos de hacerte recordar cosas. No se cómo he podido olvidarme de que estaba en Hogwarts.- dijo rápidamente, pero sin atisbo de nervios.- perdone que le hayamos hecho perder el tiempo, profesora.- se disculpó con la mejor cara que podía poner.

McGonagall miró a ambos con los ojos muy abiertos, anonadada ante la desfachatez de ambos.

-Veinte puntos menos para Gryffindor y veinte menos para Slytherin.- murmuró, colocándose de nuevo las gafas y sentándose tras su escritorio.

-Pero profesora...- se quejó Rose ¿No se había creído su magnífica actuación?

-Señor Malfoy, acompañe a la señorita Weasley a la enfermería. Le darán algo para el desmayo.- la interrumpió la directora.- si es que de verdad lo ha sufrido. Y después vayan directamente a la siguiente clase.

Ambos alumnos asintieron, pensando que era mejor no decir nada más. De cualquier modo, habían tenido suerte, no les había castigado muy severamente. Abrieron la enorme puerta de madera del despacho y salieron al pasillo en dirección a la enfermería.

Scorpius sacó la pelota de bolsillo y se la pasó a Rose.


Ya en segundo curso, y varias travesuras después, Rose se encontraba en su sala común, charlando con Anna, su amiga desde que entró en Hogwarts, y con Albus.

-Van a terminar expulsándote.- le advirtió su primo, que hojeaba un libro sobre Quidditch, regalo de su padre por navidad.

-No he hecho nada tan grave como para ello.- la pelirroja se encogió de hombros, restándole importancia.

-¿Por qué haces todo esto, Rose? ¿Es alguna especie de juego estúpido?

Rose resopló, haciéndole ver a su primo que sólo decía tonterías. A decir verdad, no le había contado a nadie ese juego que se traía con Scorpius, y no estaba en condiciones de hacerlo. Era su secreto.

-¿Por qué no te diviertes un poco, Al?.- preguntó la pelirroja, con una sonrisa.

-Lo hago, pero sin meterme en líos. Por ejemplo con el Quidditch.- aseguró, entusiasta. Ese año se había presentado a las pruebas como jugador y le habían seleccionado como buscador. No cabía en sí de felicidad.

-Distintas formas de jugar, supongo.- dijo Rose.

-Me temo que es diferente. Además...- murmuró, bajando un poco la voz. Parecía incómodo.

-¿Además...?.- le animó a proseguir la pelirroja, mientras Anna observaba la escena. Ya le había dicho a Rose varias veces que dejara de hacer ese tipo de cosas, pero no le hacía ni caso.

-Siempre estás con él.

-No sé quién es "él"

-No te hagas la tonta, Rose.- Albus entrecerró los ojos, cansado de que su prima le tomara el pelo tantas veces al día.- Scorpius Malfoy.

-¿Hay algún problema en eso?.- rebatió la pelirroja. ¿Por qué todo el mundo se empeñaba en que tenían que llevarse mal? Era un chico divertido y al que le gustaban los retos. No necesitaba más.

-Nuestras familias siempre se han llevado mal con los Malfoy.- argumentó el moreno, dejando a un lado el libro de Quidditch.- y creo que tu padre te lo ha dicho muchas veces.

-Eso son tonterías. No soy su amiga por que sea un Malfoy o no. Simplemente me divierto con él. Y me hace reír.- Rose se cruzó de brazos, no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer. Cuando era testaruda, lo era hasta el final.

-Creo que ese chico es una mala influencia para ti...- dijo Albus, frunciendo el ceño. Era cierto que Rose siempre había sido revoltosa, pero desde que se hizo amiga de ese tal Scorpius no paraba de meterse problemas.

-Vamos, Al, pareces mi madre.- rió Rose. Le encantaba ver como su primo se ponía extremadamente serio mientras le regañaba. ¿Desde cuándo el asunto era tan importante como para tomarlo así?.- ¿Dónde ves el drama?.- se levantó del sofá escarlata , alisándose la falda que había quedado arrugada.

-¿Y ahora a dónde vas?

-He quedado con Scorpius. Al parecer hay una fiesta en la Sala Común de Slytherin, por lo de ganar el partido de Quidditch, ya sabes.

Albus abrió y cerró la boca como un pez fuera del agua, eso ya era lo que le faltaba.

-¿Vas a celebrar la victoria de esas serpientes?.- preguntó, levantándose él también.

-No voy a celebrar nada. Sólo quiero divertirme un rato. Fuera está nevando y no se puede hacer nada, habrá que apañárselas dentro del castillo.- Rose se encogió de hombros y caminó despreocupada hasta la salida de la torre de Gryffindor.


La sala común de Slytherin estaba llena de alumnos, celebrando. Banderitas verdes, bufandas, carteles y todo lo que se pudiera imaginar relacionado con los Slytherins.

-Nosotros montamos mejor las fiestas.- picó Rose a Scorpius, dándole un codazo.

-Lo dudo.

Ambos se aproximaron a una mesa que hacía las veces de barra, estaba llena de frescos zumos de calabaza, y se hicieron con unos. También había comida y música, todos parecían pasárselo en grande.

-¿Por qué no te has apuntado al equipo de Quidditch?.- le preguntó Rose al rubio.

-Sólo me gusta verlo.- se encogió de hombros.- no creo que se me diera bien.

-Eso no lo sabes. No lo has probado.- rebatió Rose. - yo sería una buena golpeadora, me lo dice mi tío George cuando jugamos en verano.

-¿Y por qué no te has presentado tú?

-No me interesa. Prefiero nuestro juego.- sonrió Rose. Después, cogió de improviso la mano de Scorpius y le arrastró hasta debajo de la mesa, donde quedaron cubiertos por el mantel.

-¿Qué haces?.- preguntó el rubio a su amiga, aunque ya estaba acostumbrado a sus ataques de locura repentinos.

Rose se encogió de hombros y le dio un largo trago a su zumo de calabaza. Después, subió un poco el mantel, lo suficiente para que ellos pudieran ver como una pareja de Slytherins de séptimo se daban besos en un rincón.

-Míralos.- rió la pelirroja por lo bajo, señalándolos.- qué cosa más asquerosa.

Scorpius asintió y después miró a Rose, que había vuelto a bajar el mantel. Observó como ella tenía la pelota entre sus manos, siempre la llevaba encima.

-¿Alguna vez vas a tener novio?.- la preguntó.

-No. No lo sé. ¿Para qué sirven?.- preguntó, sin mucho interés.- ¿Y tú novia?

-Supongo.

-¿En serio? Está bien. Entonces te propongo un reto.- Rose cogió la pelota con su mano derecha y se la mostró.- Cuando estés en tu boda, le dirás que no al cura. ¿Capaz o incapaz?

-Todavía queda mucho para eso.- Scorpius frunció el ceño.- Además, ¿Qué pasaría si la novia fueras tú?

Rose negó con la cabeza y rió, convencida de que su amigo pasaba por una enajenación mental transitoria.

-No seas tonto. Yo no voy a ser tu novia. Es mejor que seamos sólo amigos.- dijo con toda la seguridad del mundo, haciéndoselas de entendida. Scorpius la miraba fijamente, sin entender una palabra de lo que estaba diciendo ¿Por qué las chicas eran tan raras? Sobretodo Rose.

-Bueno, ¿Capaz o incapaz?.- ella repitió la pregunta.

-Capaz.- respondió el rubio recogiendo la pelota.- Tira del mantel.

-Capaz.- Rose llevó sus manos hasta el extremo de la tela que colgaba de la mesa y tiró fuertemente de ella, haciendo que se desplazara un poco y decenas de botellas cayeran con estropicio al suelo. El zumo de calabaza y la cerveza de mantequilla se esparcieron por el suelo de madera y algunas alfombras, haciendo que los alumnos se apartaran de la trayectoria de aquél líquido que les manchaba los zapatos. Desde la posición en la que se encontraban, podían ver como varias alumnas corrían despavoridas porque su pelo y ropa habían quedado completamente manchados y pegajosos.

La pelirroja recogió la pelota y miró a Scorpius, desafiante.

-Ahora tú.

-Capaz.- respondió él arrebatándole a la pelirroja la pelota de sus manos. Después, tiró aún más fuerte de mantel, haciendo que éste se cayera por completo de la mesa y que todo lo que allí había se precipitara al suelo. La sala común de Slytherin se convirtió en un mar de zumo, cerveza y aperitivos salados.

-Corre.- le dijo Rose mientras salía de debajo de la mesa a toda prisa. El platino le siguió y pronto se encontraron en los pasillos de las mazmorras, para su desgracia, allí se encontraba el profesor Slughorn, jefe de Slytherin, que había oído todo el alboroto.



Bueno, fin del capítulo 2! Ya veis que estos dos están como cabras y no paran de meterse en líos eh?? xDD a lo mejor estáis pensando que es un fic un poco raro y que sólo voy a hablar de las travesuras de Rose y Scorpius, pero no, por algo he puesto Romance/Drama! ^^

Me he alegrado mucho con los reviews del primer capítulo! me alegro de que os guste la idea, yo nada más ver la peli me encantó y decidí que podía aplicarse a esta pareja, jeje. En fin, nos vemos en el siguiente, un beso!!