Actualización, chavas. Por si están interesadas/os, vengo a avisar que en unas semanas publicare un fanfic adaptado a la película de "10 cosas que odio de ti", un otayurio y viktuuri :)
Aclaraciones:
-Ennegrecidas y comillas: pensamientos.
-Palabras entre los guiones: diálogos.
-Sin guiones: narración.
-Curvado: narración del pasado.
-Subrayado: (ennegrecido) título, lugar, tiempo.
Parejas: Viktuuri, Otayurio, (pareja sorpresa), Seung Gil x Phichit, JJxIsabella, LeoxGuang Hong, Emil x Michele, etc (?)
Disclaimer: Yuri On Ice NO me pertenece, sino a Kubo-sensei (¡la adoro!), Sayo Yamamoto y al estudio MAPPA. Once upon a time y su trama no me pertenece, sino a Adam Horowitz y Edward Kitsis. El AU de Cuento de hadas es de Mon-doodles (tumblr), de ahí me basé para los roles de los personajes. Los OC´s fueron basados en una imagen que vi, y del que el autor no sé como escribir su nombre(?).
Con un gran placer, les presento este hermoso fic ¡Disfrútenlo!
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Fue encontrado cerca de la autopista, no había pista de sus padres y porque lo abandonaron en tal lugar, solo tenía una manta que citaba su nombre: Mamoru. Por como se llamaba, la gente que lo encontró pensó que era de padres japoneses, nada más. Lo dejaron en un orfanato en Boston.
A los tres años, la edad donde las primeras memorias te dejan marcado, una pareja lo adoptó, dado que no podían tener hijos. Pero lo que se veía como un bonito inicio, termino repentinamente; ellos, de milagro, tuvieron un bebé y lo regresaron al orfanato.
Decir que eso lo marcó es poco: le enseño que la felicidad es efímera.
De ahí cambiaba de hogar casi siempre, nunca parecían conformes con él. Al final, nunca tuvo una familia ni lugar fijo. Y al cumplir los 18 años, se libro del programa de adopción, pero fue lanzado al mundo real, uno cruel con quién aun mantiene ingenuidad en su ser, como era su caso, desgraciadamente.
Robar se volvió algo que necesitaba para vivir, aunque al final terminara por devolver y entregarse ante la gente, demasiado arrepentido. Extrañamente, las personas no presentaban cargos, e inclusive le dejaban quedarse con lo que robó- como lo ha sido con el caso de la comida y ropa-; él suponía que daba un aspecto de gran lástima, hiriendo su propio orgullo. Pero oportunidades así, nunca se daban, y aprovechaba para sobrevivir.
Su primer trabajo de verdad, fue en una tienda de comida rápida, conveniente, pues se alimentaba de ese mismo en el almuerzo. Sus compañeros se impresionaban de la forma veloz en la que subía de peso, y como lo bajaba; él ya estaba acostumbrado.
Un día, almorzando en el exterior, una persona se detuvo a preguntarle donde quedaba la Escuela más cercana. Conociendo un poco los alrededores, le indicó la dirección. A la mañana siguiente, ella-si, era una mujer-, quien resulto ser una maestra, apareció para darle las gracias. Así sucesivamente, hasta que empezaron a conversar en sus descansos, entablando una amistad.
La fémina descubrió lo interesado que estaba en el tema de la enseñanza, por lo que le daba cursos rápidos cuando podía. El muchacho era muy bueno aprendiendo, y a los meses tenía un conocimiento desbordante. Finalmente, le ofreció un trabajo como asistente suyo. No dudó en aceptarlo con completo gusto.
A sus 19 años, gracias al apoyo de su "maestra" se convirtió en profesor particular de algunos niños que no podían inscribirse en colegios dado al trabajo de sus padres o a unos pequeños que no podrían pagar su educación. A ella nunca lo volvió a ver luego de unos meses después de su cumpleaños, le informó por una carta, que se había ido a Inglaterra por una oferta que le hicieron, y él no pudo sino estar feliz por la mujer.
Sin embargo, el conocimiento no lograba responder algunas dudas: ¿Por qué sus padres lo abandonaron?
Cada noche al dormir, cada mañana al despertar, se cuestionaba eso.
Es que acaso...¿ellos nunca lo amaron?
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Buscaba su celular por todas partes. Siempre lo tenía y, en ese preciso momento, decide desaparecer. No todos los días un loco psicópata toca a tu puerta, hablándote con familiaridad y con un conocimiento de que día era hoy.
Mientras revisaba la cocina, no dio con que la persona en el pasillo diera una patada para poder entrar. Seguía concentrado, tanteando el interior de un mueble, cuando un carraspeo lo congela en su lugar, y le hace levantar la mirada.
−¿Buscas esto?−en su mano, el desconocido sostenía su teléfono con alarde.
Se puso blanco como el papel-más por su piel blanquecina-, sintiendo demasiado miedo por la presencia de ese extraño. Acomodo sus lentes nuevamente, pues estos se habían caído por el puente de su nariz.
−Oye, tranquilo, no soy un demente−aclaro, pero seguía desconfiado−Me presento; soy Milo, y sé quien eres porque yo...−se mordió el labio ¿debía decirle "eso" directamente? No, mejor ser sutil−Conozco a tus padres.
La sarten que Mamoru iba a usar como arma de defensa, cayó al suelo, estrepitosamente. ¿Oyó bien? Ese hombre ¿conocía a sus padres?
−Mientes−fue lo primero que dijo.
−No lo hago−seguía manteniendo la verdad de su respuesta−tienes que encontrarte con ellos; más bien, es tu deber ir a verlos.
Cuando vio que el otro se negaba a lo que decía, suspiro. El plan A no funcionó, ahora, sumando lo que pudo ver del chico, debía utilizar el plan B.
−Bien, no me creas. Maldición, yo vine para darte la noticia que cualquier huérfano moriría por saber, pero noooo, tú te niegas−desvió la mirada, fingiendo molestia. Cuando regreso a ver al otro, notó como su pequeña improvisación dio resultado; se sintió mal consigo mismo y parecía pensar que decir.
−Yo...lo siento, pero...−debía continuar su actuación, lo convencía, no lo de la forma en que quiso en un inicio, pero serviría.
Camino hacia un pequeño sofá e hizo ademán de cansancio.
−Como me he tomado las molestias y eso me ha dejado cansado-pues viajar horas en un autobús no es grato-tal vez solo debas llevarme de vuelta de donde vengo; al fin y al cabo, ya hice lo que tenía que hacer−parecía tener un raro talento para manipular al resto, pues daba frutos con Mamoru.
−Bueno...tienes razón−lo que vino, sí le sorprendió. El chico de veinte años, recogió su chaqueta, buscó sus llaves y abrió la puerta. Lo miró con sus ojos marrones, esperando que llegara junto a él−Vamos.
−¿Ahora?−inquirió.
−Puede que lo que digas sea...verdad−dice−pero no confiaré en alguien que se aparece en mi nuevo departamento y dejarlo dormir cerca mió. No soy tan ingenuo.
Asintió−"Pero llevar este desconocido es más peligroso"−reconoció que el chico era demasiado inocente, aunque lo negara.
Al final, Milo siguió a Mamoru al auto estacionado a una calle, subieron en éste, claramente el ojiverde en el asiento de copiloto y el dueño como el conductor, partieron hacia la autopista.
−¿Cómo se llama de donde vienes?−pregunto el peliplata.
−Storybrooke−sin que el veinteañero lo viera, el moreno había sonreído de lado, victorioso. Logró su cometido al viajar a Boston: llevar a Mamoru a su pueblo.
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Milo no mentía cuando dijo que estaba cansado, cayó como un saco de papas en el inicio del trayecto hacia el pueblo. Él lo movió por el hombro para comprobar que no fingía, con el resultado de un ronquido, bastante chistoso que le sacó una breve risa.
Se concentró en la carretera la mayor parte del tiempo, intentando no seguir el ejemplo del hombre a su lado.
Al pensar en eso, se dio cuenta de lo absurdo que terminó siendo su cumpleaños: un desconocido llegaba a su casa diciendo saber quién era y de donde venía. Parecía de película; si fuera así, él tenía claro que no era el protagonista, pues, fue ladrón, no tenía grandes cualidades; la valentía no la poseía, y lo único que llamaba la atención de ojos ajenos era su cabello peliplateado, peculiar. Pero no se consideraba especial; solo sería un personaje secundario o de mera relevancia.
Sus divagaciones fueron interrumpidas cuando leyó el letrero de "Bienvenidos a Storybrooke", doblando hacia el camino que se internaba hacia esa ciudad, para que ese raro chico, volviera a su casa y a su vida cotidiana, como él pensaba hacer cuando regresara a Boston.
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Aparco cerca de una vereda, notando previamente si se podía. Apago el motor, se quitó el cinturón y miró hacia el moreno.
−Oye, eh, Milo−su voz era suave, pero surtió efecto cuando el chico abrió sus ojos verdes, intentando reconocer donde estaba−Ya llegamos.
Escuchó un gruñido, como el de un gato desperezándose, pensó con diversión. El otro bostezo, mientras Mamoru abría la puerta. La fría ventisca provocó que todos los sentidos de Milo reaccionaran, dándose cuenta de que sí, estaba en Storybrooke, y sí, trajo al de pupilas oscuras consigo.
Paso uno, listo.
Paso dos; hacer que Mamoru se mantenga más tiempo hasta hacerle creer que él es el Salvador...en proceso.
−Bueno...−vio como el de piel pálida extendía su mano en su dirección, luego de salir del auto. Miró ese gesto con extrañeza−C-Creo que...fue un gusto conocerte.
Oh no, ¿se iba tan rápido? Debió preverlo, ¡pero no lo hizo! ¡Mierda! El chico se iría del pueblo y no cumpliría su destino, si no pensaba en algo. Y como si alguien lo hubiera escuchado, el bostezo del veinteañero le dio una idea.
−Si te vas a esta hora, adormilado, tendrás un accidente−determino. Cuando el peliplata pareció pensarlo, supo que tenía la batalla ganada−Hay un hotel a unas calles, te llevo ahí si quieres.
−¿Cómo confió en que no quieres que me quede más tiempo?−pregunto desconfiado.
−Soy sincero; duerme esta noche y mañana te vas. Solo eso−con un segundo bostezo, Mamoru no tuvo opción más que aceptar, confiando en su palabra; aunque, mentalmente, el ojiverde haya cruzado los dedos−Sígueme−escuchó como aseguraba el auto, con sus pasos siguiéndole. Nunca se sintió tan bien porque lo acompañaran.
A diez minutos de donde estacionaron, estaba un hotel, de estilo oriental, con un letrero en el portal diciendo "Aguas termales de Hasetsu", y abajo citaba el nombre "Katsuki". Mamoru lo observó por unos cuantos segundos, hasta que oyó como Milo le reclamaba por lo lento que era; entendió que se tomó mucha cercanía con él, a pesar de conocerse hace unas horas.
−¡Señora Hiroko!−llamó en un grito que descolocó al nuevo del pueblo.
Una mujer, de aspecto rechoncho, cabello castaño oscuro corto, hizo aparición, pero, en lugar de cansancio, como se esperaba ver el de ojos marrones, la fémina tenía una sonrisa afable. Este se acentuó al ver al de piel morena.
−¡Milo-kun! Que inesperada visita, y muy tarde para un jovencito de tu edad−dijo en un regaño bastante suave hacia el muchacho−¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre?
−Señora Hiroko, esta vez no vengo por mi−habló con una rara, pero honesta cortesía−Esta persona necesita una habitación; se quedará esta noche.
Finalmente, ella miró al forastero, y éste, pudo percibir, como sus ojos se iluminaban, intercambiando la mirada entre él y el otro chico. Se aproximó velozmente, provocando que diera un paso hacia atrás.
−¡Que alegría, Milo-kun! ¡Un cliente, uno real!−decía. Lo tomó por un brazo, sin ser brusca, adentrándose en el hotel−Te dejaré la mejor habitación, serás exclusivo, pues, han pasado muchos años desde que alguien venga a hsopedarse−hablaba tan animada que no supo como detenerla−Por cierto, ¿cómo te llamas muchacho?
−Ma-Mamoru−la sonrisa de Hiroko creció al oírlo.
−Japonés ¡como mi familia!−dijo entusiasmada−Oh, Milo, ¡es un gran día!
El mencionado sonrió de lado, despidiéndose con un gesto del nervioso peliplata que se sentía aturdido por tanta atención de una persona.
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Esas sabanas debían tener algo, pues nunca en su vida había dormido TAN bien. Se estiró en la cama-de las pocas en estilo occidental-, y buscó su celular, viendo la hora. Se sorprendió de que fueran ya las once de la mañana, muy tarde a lo que acostumbra a despertarse. Se levanto, fue al baño de la habitación.
Vio sus cabellos revueltos de una forma muy graciosa, sacando le una risilla. Se acomodó bien el flequillo con el peine, al igual que todo el resto de su pelo, lavándose la cara con agua fría para despertar definitivamente. Se seco con una toalla, y fue por sus lentes. Tuvo que usar la ropa del día anterior, por las circunstancias.
Bajo hacia donde la señora Hiroko Katsuki le avisó que servirían el desayuno, encontrándose con la misma y otra mujer con un raro peinado hacia atrás, fumando a su lado.
−Mamoru-kun, quiero presentarte ha alguien−señalo a la joven que la acompañaba−esta es mi hija Mari; querida, él es Mamoru, nuestro primer cliente en años−dice lo último con la misma emoción de la noche anterior.
Ella lo miró de arriba para abajo, estirando su mano para estrechársela −Es un placer conocerlo, señor Mamoru...eh...−se dio cuenta que no mencionó su apellido.
−Descuide, solo es Mamoru−mostró despreocupación a eso.
Madre e hija cruzaron miradas, antes de llevárselo casi a rastras a donde, suponía, deberían haber más gente desayunando.
−Te prepararemos nuestra especialidad, Katsudon−dijo la mujer mayor, yendo a la cocina, mientras Mari iba a la recepción.
A su lado se sentó, un hombre arrugado, pero de rostro amable. Segundos después, se presentó como Toshiya, el esposo de Hiroko y padre de Mari, co-dueño del hotel. La conversación fue en verdad un monologo donde el mayor relató como su mujer lo despertó en medio de la noche, contando entusiasmada sobre su cliente nuevo. La alegría era mutua.
−Por cierto, ¿qué edad tienes?
−Cumplí veinte hoy mismo−dijo.
−¡Oh! ¡Hiroko!−grito hacia donde su esposa debería estar−¡el katsudon será gratis! ¡es un evento especial!
La mencionada apareció, segundos después, con el enorme plato, sirviéndoselo y sentándose a su lado.
Mamoru, mientras la pareja empezó a conversar, se dio cuenta de que nunca estuvo en un ambiente tan de...familia. Pero, se recordó que solo estaría ahí por unas horas, y que luego no los volvería a ver. La cruda realidad lo golpeo; ellos solo eran así porque era un cliente, nada mas, no era especial.
La verdad era amarga.
−Eres un poco más joven que nuestro hijo−mencionó Toshiya.
−¿Eh?−despertó de su ensimismamiento−¿Tienen otro hijo?
−Sí, trabaja como ayudante en el estudio de ballet de Minako-senpai−habla la mujer mayor−es muy talentoso.
−Y un buen chico.
El orgullo impregnado en las palabras de ambos, causó que la envidia llegará por solo un segundo. El cariño fraternal, el apoyo, todo era algo que nunca pudo tener.
−Si quieres, te lo presento en el tour del día de hoy−la repentina aparición de Milo, provocó que se sobresaltara en su lugar, volteando a verlo, encontrándolo con una sonrisa burlona.
−E-Espera, pero el trato era que...−iba a decir sobre el acuerdo de quedarse una noche y nada más, pero, vio de reojo los rostros curiosos de la pareja anciana. Entonces, la culpa lo invadió; si se iba, les quitaría la felicidad que tenían ellos por ver a alguien quedarse, y, eran tan amables, que imaginarselos tristes le fue inconcebible. Miró al moreno, resignado−okey, luego de desayunar, iremos a pasear por la ciudad.
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−¿Cómo conociste al hijo de los Katsuki?−pregunto con curiosidad.
−Él me ayudaba cuando iba a las clases de baile de Minako; fue uno de los primeros en ver mi potencial para el baile, es un buen amigo−dijo al que era unos centímetros más alto que él.
−¿Tú bailas?−frunció el ceño, incrédulo. El moreno asintió.
−Según él, parecía un...−de un momento a otro, el rostro ajeno se tornó serio−cisne.
−Oh, eso explica muchas cosas−dice, captando la atención del chico.
−¿Qué cosas?−inquirió.
−No te lo diré−repentinamente, hizo un gesto con su mano, moviendo un dedo hacia sus labios y guiñando el ojo izquierdo. Milo se quedo paralizado, y Mamoru volvió a su actitud retraída−L-Lo siento, no se porque lo hice; suele pasar que me comportó muy raro...−se excusaba.
−Descuida, no pasa nada−dice con una sonrisa pequeña, pero nerviosa.
El resto de la caminata fue muy incomoda. Sin embargo, el chico le señalaba lo lugares y le presentaba a las personas, quienes lo trataban con cariño. Ahora se sentía celoso de Milo, sintiendo que él si pudo tener un gran vida, en comparación con la suya. El sentimiento desapareció casi al mismo tiempo que se presentó.
Para el final de su recorrido, el de ojos verdes declaró que era "el mejor lugar del mundo"; cuando vio que decía Estudio de ballet de Minako, supo que era el momento de conocer a la maestra y al chico que han sido importantes para su conocido.
Esperaba ver una hilera de niñas-y niños- con su vestimenta para las clases, pero, en vez de eso, estaban varios salones vacíos, e inclusive con polvo. La imagen provocaba pena.
En medio del pasillo, una figura femenina se aproximaba, de cabello castaño claro y muy guapa, aunque, según la señora Hiroko, era mayor que ella; pero seguía aparentando ser más joven.
−Vaya vaya, no me esperaba que mi estudiante guapo favorito me viniera a visitar−dice con los brazos cruzados y una sonrisa de lado−y menos siendo acompañado por un chico tan lindo−apenas dijo eso, las mejillas del veinteañero se tornaron rojas, expandiéndose hasta las orejas. Por dicha reacción, ella lo miró de forma maternal−Disculpa, no quería incomodarte, cielo−dice sinceramente.
−N-No se disculpe, no estoy muy acostumbrado a los...cumplidos−habla nervioso.
−Que educado~−admira la mujer−Creo que Milo debió mencionarme; soy Minako Okukawa.
−Soy Mamoru−logró controlar la incomodidad por el cambio de actitud de ella.
−¿Sabes si él está aquí?−intervino el moreno más bajo.
−Esta en el salón de danza, practicando−la maestra hizo un gesto de molestia, negando con la cabeza−Ese niño debería salir y ver el mundo, pero se la pasa bailando, perdiéndose de la vida. Lo sé por experiencia−musita lo último con melancolía−Si quieres, puedes ir a verlo−habla, siguiendo su camino, mientras el de ojos jade asiente.
Llegaron a lo que sería el salón de danza principal, de ahí se escuchaba una suave melodía. Milo echo un vistazo por el rabillo del ojo a su acompañante; sin que él lo supiera, tendría un gran encuentro con alguien especial.
Movió una de las cortinas, sutilmente para no interrumpir a quien se encontraba dentro. Con un ademán, Mamoru entendió que debía acercarse en silencio.
Fue cuando lo vio.
Un joven de rasgos orientales, cabello negro y ojos marrones mirando el reflejo del espejo, con sus pies desplazándose de una forma que no se podía quitar la mirada de encima, con una gran coordinación con sus manos, embelleciendo la danza. Era inevitable no admirarlo.
−Mamoru, te presento a mi ídolo; Yuuri−dijo en un susurro−"Tu padre"−pensó.
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Ya lo vieron ¡Mamoru conoció a su padre/madre! ¡a su familia materna! aunque no lo sepa aún, pero Milo va ir de apoco diciéndole la verdad, o sino, hará que lo metan en un manicomio.
Viktor ya aparecerá, se los prometo.
Agradezco a Pau-Neko y Aoba Ritsu, al igual que a mis lectoress y seguidores silenciosos ;) muchas gracias~
Sayonara! Goodbye! Tschuws!
