ATENCIÓN! Se recomienda cerciorarse de que todos sus quehaceres personales estén medianamente hechos y que se prepare mentalmente para leer durante la próxima hora completa (si no es que más).

Jajaja Ya, en serio. Es un capítulo suuumamente extenso (batí mi record, Kyaa!) Espero sea de su agrado y de antemano me disculpo si siguen quedando errores a pesar de la revisión. O.-


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– Entonces… ¿Eres hijo de un prestigioso Chef y una reconocida pianista de orquesta en Europa? –Preguntó por tercera vez sin poder creérselo.

– E-es un poco penoso si lo dices de esa manera, Yuzu…

– Y ya se lo has preguntado por tercera vez, también es algo cansador.

– ¡N-no quise decir eso, Uryuu…!

– No te preocupes, le molesta el hecho de no ser el que más hable en esta conversación –lo tranquilizó la pequeña sacándole la lengua a su amigo mientras que él le respondía con el mismo gesto–. Lo siento, es que es fantástico tener una familia así, posiblemente tú seas uno de esos genios de nacimiento.

– Se los llama niños prodigio –aclaró Uryuu fingiendo bostezar.

– N-no es tan así, me gusta tocar el piano y soy bueno en eso pero no me consideraría un niño prodigio en lo absoluto.

– Ja, eso es lo que dicen los niños prodigio.

– ¿E-eh?

Yuzu y Uryuu comenzaron a reír a carcajadas por haberlo hecho caer en su trampa. Kosei no lo entendía del todo pero intuyó que le habían jugado una broma, así que simplemente se tranquilizó y suspiró apenado.

– Eso ha sido malo de su parte.

– Pues acostúmbrate –le respondió Tatsuki golpeándole el hombro con su puño. Algo por lo que el pequeño debió sobarse la zona afectada algo dolorido–, nosotros no somos niños dulces que te preguntarán si quieres ser nuestro amigo o ir a tomar un helado después de clase.

– ¿Ah, no?

– ¡No! Nosotros te golpearemos, te gritaremos y te arrastraremos mientras te sumamos a realizar las mejores travesuras del año –comentó con total naturalidad enumerando cada acción.

– E-entiendo.

– Por lo que si prefieres salvarte ahora y dejarnos, este es el momento de hacerlo, amigo –aconsejó Uryuu mirándolo con una sonrisa relajada.

Los nuevos se miraron entre ellos, asumiendo que todo lo dicho anteriormente por Tatsuki era cierto. ¿Era conveniente seguir al lado de tan peligroso grupo de niños y arriesgarse a posibles futuros regaños y castigos de los profesores o de sus padres?

La primera en ahuyentar todos sus miedos fue Yoshino. Si hubiera querido resguardar su imagen ante la nueva escuela habría elegido el asiento que la otra niña tomó, bien alejada de sus compañeros.

– Me agradaría meterme en problemas con ustedes –se aventuró a decir.

– ¡Ese es el espíritu, Yoshino! –la animó Tatsuki.

– Creo que me agrada esta chica –fue el turno de Karin.

– Creo que se han malentendido las cosas –comentó Uryuu entrecerrando los ojos y frunciendo sus labios con duda.

– ¡Yo también me uno! –Se escuchó decir a Yukio desde atrás.

– Pues de no haberlo dicho te obligaríamos –susurró Renji entre dientes recordando las comodidades que había enumerado el niño al hablar de su casa.

– ¿Tú que piensas, Kosei? –preguntó Tatsuki mirándolo fijamente.

Él repasó su vista por cada uno de sus compañeros. La vida en su anterior escuela había sido muy solitaria debido a su timidez, pues muchos la confundían con antipatía o desprecio y por eso preferían mantenerse alejados de él. Sin embargo, Yuzu, Uryuu, Tatsuki, Karin y Renji habían sido los primeros niños que no rehuyeron ante su personalidad, lo habían obligado a hablar hasta cuando ya no sabía qué decir y eso le gustaba, le gustaba más que tener buenas calificaciones y una buena imagen ante sus profesores.

– Yo… yo… pienso que… –si bien la decisión estaba tomada, las palabras no se dignaban a salir tan fácilmente, su cobardía seguía ganándole–. Yo…

Uryuu hizo ademán de querer hablar, sin embargo, Tatsuki alzó su mano sin despegar su vista de Kosei indicándole que no dijera nada. Todos estaban atentos a las palabras de su posible nuevo recluta.

– Kosei… –llamó su atención Yuzu, mirándolo con algo de decepción al creer que lo habían asustado.

– ¡P-POR FAVOR… SEAN MIS AMIGOS! –gritó con los ojos y puños cerrados, tratando de evitar mayor nerviosismo–. ¡NO IMPORTA SI ME METO EN PROBLEMAS O MIS PADRES ME REGAÑAN POR ESTAR CON USTEDES! ¡POR FAVOR, SEAN MIS AMIGOS!

Yuzu, Yoshino y Karin se vieron contentas; Yukio y Renji chocaron puños; y Tatsuki y Uryuu no salían de su asombro, posiblemente fuera la primera vez que escucharan una petición de amistad como esa.

– ¿Regañarte por estar con nosotros? –preguntó Tatsuki–. No somos monstruos –Kosei intentó hablar, mas Tatsuki se apresuró a agregar con una sonrisa–, aún. El día que eso ocurra ni los dioses del Olimpo podrán contra nosotros.

– Ya, hermana. A penas hemos logrado que quiera ser nuestro amigo y tú te encargarás de ahuyentarlo.

Todos los niños rieron ante las palabras del pelinegro.

– Oigan, deberíamos ponerle un nombre al grupo, ¿no les parece?

– ¡Eso es de niñas!

– Somos niñas, Tatsuki –la corrigió Karin.

– Me refiero a niñas rosas, rodeadas de flores de colores y con olor a dulces –agregó haciendo muecas de desagrado.

– ¿Me estás llamando niña rosa, rodeada de flores de colores y con olor a dulces? –preguntó Yoshino.

– Sí.

– Oh, gracias.

– Aceleren el paso, chicos. Ya estamos cerca –anunció Yukio unos metros más adelante.

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Al llegar, sus ojos no daban crédito a lo que veían. Era… un inmenso palacio.

– Si a esto le llamas casa entonces creo que vivo en un departamento. No, espera… ni siquiera sería apropiado llamarlo departamento.

– Ver esto me hace sentir miserable.

– Creo que ni la mansión del gran Zangetsu iguala la inmensidad de este lugar.

– En realidad, a mis padres les gusta llamarla "mansión" pero es una palabra demasiado grande para mí. Me disculpo por las dimensiones del lugar, es así de grande como se ve… o incluso más –los siete niños dirigieron su perforadora mirada hacia Yukio, ¿más grande que lo que veían? ¿Enserio? –, pero mi familia y yo sólo ocupamos un tercio del lugar, el resto es sólo relleno para los invitados de mis padres cada vez que realizan sus odiosas fiestas de gente adulta.

Todos pudieron sentir ese aire solitario en sus palabras, ¿acaso Yukio sería uno de esos niños que lo tenían todo pero aun así se sentían abandonados por sus padres?

– O-oye, y… ¿Cuánto tiempo les llevó construir este inmenso palacio? –preguntó Karin para romper con la incomodidad.

Yukio suspiró.

– Estuvo listo en dos meses, aunque podría haber estado en menos de no ser por las quejas del arquitecto.

– Huelo riquezas por doquier –susurró Tatsuki a su hermano. Uryuu sólo asintió sin prestar mayor atención que a los detalles estilo barroco en algunos puntos de la mansión.

Antes de entrar, Yukio les mostró los alrededores de la mansión, el inmenso jardín lleno de flores de todos los tipos, un estanque con una fuente en forma de elefante lanzando agua por su trompa y un pequeño laberinto de arbustos en la parte trasera que tenía como punto medio otra fuente con dos cisnes formando un corazón entre ellos.

– Apresúrate a casarte con él antes de que otra te gane –comentó Tatsuki a Karin haciendo que ésta casi se ahogara con su propia saliva.

– ¡TATSUKI!

– ¿Qué? Tengo razón –se burló la pequeña corriendo metros más lejos de ella.

– Mi madre ama las flores y la naturaleza, y como mi padre la ama a ella entonces trata de consentirla en todo lo que pueda –explicó Yukio a Yuzu, Uryuu y Kosei mientras ellos miraban maravillados cada cosa que encontraban.

– ¡Eso es tan romántico! Tu madre ha de ser una mujer muy afortunada –dijo Yuzu con ojos soñadores.

– Esto no es nada, algún día yo le regalaré a mi princesa tejedora todo el parque de diversiones del Embajador de Algas y lo haré parte del jardín trasero de nuestro enorme palacio –se mofó Uryuu cruzándose de brazos y sonriendo socarronamente.

– Dudo que mi hermana acceda a venderte el parque de uno de sus personajes favoritos.

Yuzu silbó desde una nota aguda a una más grave, simulando la caída de algo. Kosei se encargó de dar sonido a una bomba imaginaria que explotaba en sus manos. Ambos niños pusieron atención a la reacción de Uryuu.

– ¡¿QUÉ?! –gritó luego de estar desconectado del mundo por unos segundos.

– Es que… la debilidad de mi padre es la familia. Nos consiente en todo lo que queramos –sonrió algo apenado.

– B-bueno pero ella comprenderá que uno hace lo que sea por amor, ¿verdad? –preguntó entrando en desesperación–. Ella entenderá que un hombre hace lo que sea por su damisela.

– Ella odia el amor –respondió con total naturalidad.

– ¡No puede odiar al amor! –exclamó con frustración–. ¡¿Quién en su sano juicio odia al amor?!

– Su primer novio la dejó plantada en la primera cita, su segundo novio resultó ser el hijo del archienemigo de nuestro padre y sólo la estaba utilizando para llegar a él, y el tercero… bueno, él la utilizaba para llegar a nuestra madre.

– Ahh… E-eso es mala suerte.

– El cuarto fue atropellado y murió luego de confesarle que era gay y estaba con ella para llegar a su amigo.

– Oh, eso es mucha mala suerte.

– El quinto, le propuso matrimonio y resultó ser un delincuente que planeaba quedarse con nuestra fortuna. ¡Ah! Y el sexto…

– Bueno, pero ¿Cuántos novios ha tenido tu hermana? –se quejó el pelinegro al escuchar cada una de las infortunadas historias de su hermana.

No contaba con que Yukio comenzara a contarlos… o que la cuenta fuera tan larga. Pobre hermana.

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– ¡¿Cómo demonios hemos llegado aquí?!

– ¡Fue tu culpa por querer seguir al conejo!

– ¡Se parecía al conejo de Alicia Maravilla!

– ¡Esa historia se llama Alicia en el País de las Maravillas!

– ¡Como sea! ¡Debo salir de aquí e ir al baño ahora!

– ¡Renji, eres un…!

– ¡Yoshino!

– ¡Renji!

Ambos niños se alegraron de haberse encontrado luego de perderse en el laberinto de arbustos. Gracias a la loca curiosidad del pelirrojo de seguir al conejo, que en realidad ella nunca había visto, y su tonta idea de seguirlo para que no se alejara del grupo, los dos quedaron atrapados entre los arbustos antes de siquiera notarlo. Y lo peor de todo es que, por culpa de la velocidad del chico, Yoshino lo había perdido de vista y se separaron tomando caminos cada vez más diferentes y distantes.

– ¿Cómo salimos de aquí ahora?

– No lo sé, deberías preguntarle al conejo que perseguías, tal vez no tenga un reloj sino una brújula –respondió a la defensiva y poniéndose cada vez más nerviosa.

– Oye, cálmate, eres peor que Tatsuki –le dijo, herido por su comentario.

– ¡Oh, no quieres saber cómo soy cuando enserio me enojo! –bramó con mirada feroz.

– Tsk, niñas… ¿Quién las entiende? Seguro está en sus días.

– ¡¿QUÉ FUE LO QUE DIJISTE?!

– ¡N-nada! Q-que seguro pronto acaba el día, hay que buscar la salida pronto o nos quedaremos atrapados y los demás no nos encontrarán –trató de desviar la conversación tomando su muñeca y comenzando a caminar hacia alguno de los caminos.

Caminaron por un rato sin encontrar la salida y hasta perdiéndose más entre los confusos caminos. Cuando comenzaron a desesperarse llamaron a gritos a sus amigos, pues no podrían estar tan lejos si notaban que ellos no estaban.

– ¿Ese es Renji? –preguntó Tatsuki en voz alta parando la batalla que estaba teniendo con Karin por el comentario anterior.

– ¡Excusas! Te haré pagar por esa tontería que has dicho.

– ¡No, no, es cierto! Escuché la voz de Renji.

– ¡Tatsuki! –escuchó gritar su nombre a lo lejos y le sacó la lengua a Karin en señal de burla.

– ¿Pero de dónde viene?

– No lo sé.

– ¡Tatsuki, maldición! ¡¿Eres sorda o la cera cubre todo el interior de tu oído?!

Eso sí se había escuchado fuerte y claro.

– ¡PUES SI ESTA SORDA Y CON CERA EN SU OÍDO TE ENCUENTRA TEN POR SEGURO QUE TE MATARÁ! –inmediatamente se dirigió hacia el laberinto de arbusto, lugar del que, estaba segura, venían los gritos del idiota ese.

– No pensarás entrar ahí, ¿verdad? Recuerda que Yukio dijo…

– Si te quedas aquí entonces luego de que los encuentre tú podrás guiarnos con tu voz –le dejó su portafolio y entró sin pensárselo dos veces.

Inmediatamente se perdió.

– Maldición… ¡RENJI! ¡¿DÓNDE ESTÁS, IDIOTA?!

– ¡Tatsuki!

Debía ser broma. ¡Su voz se escuchaba casi del otro lado del laberinto!

– Debí haber analizado antes la situación –pero el analítico del dúo no era ella sino su hermano. Ella era la de la acción.

Comenzó a recorrer cada camino que se le atravesaba, siempre llamando a Renji y manteniéndolo hablando, para guiarse por su voz. En varias ocasiones tuvo que sacarle pelea para poder escuchar su voz por más tiempo, al principio sólo para guiarse y luego por el placer de hacerlo enojar.

– ¡…PORQUE SI HABLAMOS DEL MEJOR EN EL EQUIPO DE KARATE, ESE SOY YO!

– ¡SEGURO QUE LO ERES, DESPUÉS DE MÍ, IDIOTA!

– ¡ESO ES PORQUE HACES TRAMPA! ¡¿CUÁNTAS VECES DEBO REPETIRLO?!

– ¡YO NO HAGO TRAMPA!

– ¡PUSISTE ESPINAS EN MIS PANTALONES EL DÍA QUE TUVIMOS QUE ENFRENTARNOS EN COMBATE!

– Sí, y fue genial… –comentó por lo bajo riéndose al recordarlo.

– ¡¿NO DICES NADA?! ¡ESO PRUEBA QUE TENGO RAZÓN! ¡TRAMPOSA!

– ¡CÁLLATE, COBARDE! Tuviste que haber peleado de todos modos para demostrar tu hombría –lo acusó apuntándolo con su dedo y mostrando una sonrisa socarrona.

Sonrisa que se le borró al notar las manos unidas de Renji y Yoshino.

Renji no había soltado la mano de la niña luego de ver que su desesperación crecía al no encontrar salida. A pesar de ser un espacio abierto, podía sentirse como en un encierro a juzgar por los dos metros de altura de los arbustos. Y Yoshino era claustrofóbica.

– Veo que no era necesaria mi llegada –comentó sin emoción alguna en su voz.

– Tatsuki…

– ¡Tatsuki! –Yoshino saltó a Tatsuki en un abrazo asfixiante, en opinión de la pelinegra, y rompió a llorar con miedo.

– ¿Q-qué es lo que pasa, Yoshino? –preguntó alarmada y sin saber cómo responder. Miró a Renji buscando explicación y éste suspiró guardando sus manos en los bolsillos del pantalón.

– Es claustrofóbica.

– ¿Cómo Rukia? –Renji asintió.

Ambos sabían que Rukia era claustrofóbica debido a un accidente que tuvo de niña, en el que quedó atrapada en el armario de un salón abandonado en su escuela durante cinco horas. Cada vez que llegaban al hospital por algún chequeo médico debían usar las escaleras porque le daban miedo los ascensores.

Salieron de allí tan rápido como pudieron, con ayuda de Karin y los demás que habían llegado junto a ella un rato después de que Tatsuki se hubiera adentrado al laberinto. Yukio alegó que ya era hora de entrar para no perder más tiempo y los ocho lo siguieron sin poner objeciones, pues si los alrededores de la mansión eran tan hermosos no podían imaginar lo que sería el interior.

Y como lo pensaron, no era posible de imaginar.

El lobby era enorme y de un color dolorosamente blanco impecable para sus ojos. Por el medio lo cruzaba una alfombra roja brillante que se continuaba en las escaleras, de mármol blanco y adornada con barandales negros al estilo barroco y pasamanos tan dorados como el oro –y no dudaban la posibilidad de que estuvieran hechos literalmente con oro puro–. Dicha escalera se bifurcaba hacia otras dos que dirigían al ala derecha e izquierda del segundo piso, por encima de éstas se alzaba una cúpula de vidrio que permitía el paso de la luz del atardecer –la cual poco a poco enseñaba las estrellas de la próxima noche.

Volviendo a la planta baja, del lado derecho se veía una puerta corrediza casi abierta por completo que dirigía a una sala con sillones de cuero negro y una pequeña biblioteca repleta, además del televisor a pantalla plana que cubría la mitad de una pared y contaba con un juego de estéreo de los más modernos. Y del lado izquierdo tan sólo una estatua de la época griega.

– El Pensador… –susurró Uryuu, recordando haberlo visto en uno de los libros de arte de su hermana.

– ¡Miren esto! –fue el grito que interrumpió sus pensamientos. Y quién sino era su hermana llamando la atención.

Tatsuki se colocó debajo de la gran estatua e imitó la pose poniendo su mejor cara seria y haciendo reír a todos en el proceso.

– Señorito, me alegro de que haya vuelto sano y salvo a casa –un hombre con mucho gel para el cabello en su larga… peluca los recibió llevando en una mano una bandeja plateada con copas y ¿toallas?–. Lamento no poder ofrecerle a usted y a sus amigos más que una copa de refrescos y toallas calientes, no sabía que tendríamos visitas.

– No te preocupes. Son mis nuevos amigos, estaremos en la sala de juegos y en la sala de música. ¿Podrías llevarnos algo para tomar y comer allí? –preguntó amenamente.

El mayordomo repartió las copas con refrescos de naranja entre los niños y Tatsuki y Karin tomaron varias toallas calientes que se llevaron a la cara.

– Esto se siente como en las películas.

– Ni lo digas. Me siento en Hollywood.

– Al diablo Hollywood. Esto es mejor. Yukio, dile a tus padres que estoy disponible para adopción –dijo a su amigo sin quitar una de las toallas de su cara.

– Ya vamos, tontas. Los demás se están alejando –la reprendió Renji quitando la toalla de la cara de Tatsuki.

Cuando ambas estuvieron libres de las tantas toallas calientes con las que habían rodeado su cara, cuello y cabeza, Renji pudo apreciar con diversión cómo lo único blanco en sus rostros eran sus ojos. Ambas estaban tan rojas como un tomate.

– ¡JA, JA, JA, JA, JA! –Renji necesitó arrodillarse y sujetar su estómago y aun así no podía parar de reír.

En cuanto Tatsuki y Karin se vieron entre ellas casi tropiezan hacia atrás del susto.

– ¡PARECEN DOS TOMATES ANDANTES! ¡JA, JA, JA, JA, JA!

– ¡CIERRA LA BOCA, IDIOTA! –Tatsuki le dio un buen golpe en la cabeza y luego lo arrastró un buen trecho de los pelos.

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Al llegar a la sala de música. Kosei fue el primero en entrar corriendo directo hacia el imponente piano negro que había en medio del salón. Todo tipo de instrumentos se encontraba allí, sin embargo el piano era lo que captaba toda la atención de quien entrara.

– ¡Es increíble! ¡Éste es el piano Kuhn-Bösendorfer!

– El mismo.

– ¿Cómo… cómo lo has conseguido? Se dice que es el piano más costoso del mundo. Creado por la casa L. Bösendorfer, la cual ha hecho los más gloriosos pianos desde hace más de ciento ochenta años. Decorado por el gran escultor de cristales Jon Khun, quien ha logrado la sensación de deslumbrar con tu melodía cada vez que lo tocas.

– Tiene incrustado cerca de cuarenta mil cristales cortados a mano, distribuidos estratégicamente en todo el piano para reflejar hasta la más tenue luz en la habitación, de esa manera el piano parece brillar desde su interior –explicó más detalladamente para los demás que no entendían la fascinación de Kosei.

– Increíble lo loco que uno puede estar por un instrumento musical.

– No digas eso, Karin, es un piano realmente hermoso y estoy segura que hasta tiene una melodía increíble –le reprochó Yuzu mirando al piano. Y a Kosei junto a él.

– ¿Y desde cuándo a ti te interesan los instrumentos musicales? –preguntó su hermana mirándola con recelo.

– No le importa el piano, sino quien está junto al piano –se burló Uryuu con una sonrisa ladeada.

– ¡N-no es cierto!

– Sí lo es.

– ¡No!

– ¿Por qué gritas? –se quejó Karin tapándose los oídos.

– ¡No estoy gritando!

– Claro, como digas, hermanita.

– Bueno, ustedes querían quedarse aquí, ¿Verdad, Uryu, Kosei, Yuzu? –los tres asintieron y se distribuyeron sin miedo por todo el salón.

– ¿Puedo quedarme yo también? –preguntó Yoshino tímidamente.

– Claro– respondió de inmediato Uryuu–, al menos así no estaré solo –la niña se sonrojó y desvió la mirada–. Es que con estos dos tórtolos terminaré comiendo yo solo mientras hago mis tareas –así, el sonrojo desapareció.

Luego de unos minutos explicando que podían usar cualquier instrumento y que más tarde llegaría el mayordomo con sus bebidas y "aperitivos", Yukio guio a Tatsuki, Renji y Karin a la sala de juegos.

– Debe ser una broma… –fue la frase inconclusa de Karin al ver la habitación de sus sueños.

El salón era de un color verde agua, incrustado en la pared izquierda había un biblioteca repleta, no de libros sino de juegos para PS, Xbox, Wii. Del lado derecho, se exhibían en distintos estantes consolas de juegos antiguas y que posiblemente ya no usaba.

– ¿Eso es un virtual boy? –preguntó Renji acercándose a uno de los estantes.

– Sí, a veces lo usa mi hermana, dice que es una de las pocas cosas divertidas que hay aquí.

– Pues… nunca lo he usado pero creo que prefiero la PS y la Xbox.

– Oye… ¿Coleccionas todos los tipos de consolas que existen y existieron? –preguntó Tatsuki al ver un aparato con forma triangular que sostenía a un volante del lado izquierdo y una pistola del lado derecho– ¿Qué es esto? Parece de la época de mi tatarabuelo.

– Es una Coleco Telstar Arcade. Posiblemente tus padres lo reconozcan. Salió al mercado en el año 1976, sólo tenía un juego, llamado Pong, que consistía en…

– Sí, sí, sí… ¿Qué hay de los nuevos? ¿Tienes algún juego de Karate? Tengo ganas de patear el trasero virtual de Renji.

– ¡Oye!

Yukio los acercó hacia las enormes pantallas que había en la pared frente a la puerta. Los tres niños pudieron apreciar la inmensidad de tres pantallas que ocupaban casi la totalidad del ancho de la pared, junto a otras pantallas más pequeñas a los costados.

– La del medio pertenece a la PS4, mi favorita por mucho. Suelo jugar con ella la mayoría del tiempo, más que con la Xbox –señaló la pantalla izquierda–, o la Wii –señaló la pantalla derecha–. Las demás la usan los amigos de Riruka, mi hermana. Están la PS3 y la PS2, a veces las uso para jugar unos juegos que sólo lo tienen esas consolas.

– Genial –susurraron los tres al unísono observando cada detalle del lugar.

Había dos sofás acolchonados frente a la pantalla del medio, puffs distribuidos por todos lados en el salón, luces verdes y azules detrás de los estantes de la colección de consolas, posters de diferentes juegos que de seguro eran sus favoritos –y a juzgar por la mayoría, su preferido de entre todos era el Call of Duty.

– Bien. Hora de cumplir el reto –dijo refiriéndose a Karin. La aludida sonrió de lado y tronó todos sus dedos de las manos.

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Las horas se pasaron entre juego tras juego, el reto por competencias de autos, motos, batallas de Mortal Kombat X, partidos de fútbol, béisbol, y demás parecidos. Tres horas de las cuales Tatsuki y Renji debieron entretenerse por su cuenta, pues Yukio y Karin eran tan competitivos entre ellos que no despegaban su vista de la enorme pantalla a menos que necesitaran cambiar de juego. Quisieron ir al salón de música pero tan pronto como salieron se perdieron entre los interminables pasillos de la mansión.

– Es el colmo. No han hecho más que retarse y jugar revanchas por tres horas seguidas –refunfuñó Tatsuki desde su lugar.

– Pon más atención o te ganaré.

– Ja. No podrías ganarme ni aunque me durmiera del aburrimiento, idiota –ejecutando una serie de maniobras a través del joystick, Tatsuki dejó K.O al avatar de Renji en el juego–. Aprende de la mejor.

– Cállate.

A unos pocos metros, ambos niños lograron escuchar el teléfono de Karin sonar. Sabiendo de antemano que ella no iría por él aunque lo escuchara, Renji lo tomó de su bolso y contestó la llamada.

– ¿Hola? Sí… No puede atenderte ahora tío… No me atrevería a interrumpir su juego. Están en una revancha y su cara dice claramente "Háblame y muere"… Está bien, yo les digo… ¿Tatsuki? Sí, está conmigo… ¡¿QUÉ?! ¡ERES UN PERVERTIDO, TÍO, NO DIRÉ ESO! ¡ICHIGO TIENE RAZÓN AL DECIR QUE ERES UN IDIOTA!

Luego de finalizar la llamada, Tatsuki pudo notar sin esfuerzo el fuerte sonrojo de su amigo. Éste miraba al teléfono de su prima como si fuera un aparato maldito.

– ¿Qué fue lo que te dijo?

– ¡Nada!

– ¿Por qué preguntó por mí?

– ¡POR NADA! ¡¿POR QUÉ HACES TANTAS PREGUNTAS?!

– ¿Ya viene por nosotros? –preguntó sin inmutarse por la acusación anterior, pues bien sabía cómo era el señor Kurosaki respecto a ella y su hermana cuando se trataba de Renji y el Príncipe Delincuente.

– Sí, estará aquí en veinte minutos –respondió más calmado volviendo su concentración hacia su prima–. Karin, el tío Isshin ya viene a…

– ¡GOL! –el puño izquierdo de la niña fue a parar directo a su nariz haciéndolo caer de espaldas al suelo–. ¿Has visto eso, Vorarlberna? Nadie se mete con Karin Kurosaki y sale ganando de esa.

– Tsk, eso sólo fue un golpe de suerte.

Cuando Renji y Tatsuki lograron desconectar la Xbox –luego de haber buscado incasablemente los cables de la consola, que tan bien escondidos estaban–, Renji se llevó una buena golpiza de parte de su prima, pues, según lo dicho por Tatsuki, él había tenido la idea de desconectar el aparato. Lo cual era mentira. Al final, el pobre niño pudo explicar la razón de su interrupción y, aunque Karin no quería, fueron a buscar a los demás para ya volver a casa.

Grande fue la sorpresa que se llevaron ante tan… inusual escena.

– ¡RETRÁCTATE!

– ¡NO ME RETRACTO!

– ¡QUE TE RETRACTES TE DIGO!

– ¡MIS PADRES ME ENSEÑARON A NUNCA MENTIR!

– ¡RETRÁCTATE O SERÁ LO ÚLTIMO QUE TUS PADRES TE ENSEÑEN!

– Yuzu… –susurraron Karin, Renji y Tatsuki al mismo tiempo.

– ¡TATSUKI AYÚDAME!

– ¿Hablas enserio? No todos los días tenemos la oportunidad de ver al Hulk interior de la dulce Yuzu.

– ¿Qué fue lo que ocurrió? –preguntó Renji al notar cómo Uryuu estaba atrapado entre el suelo y las garras de su tierna prima. Yuzu trataba de alcanzar el cuello de su amigo pero era separada de él por los pies del niño que la mantenía tan lejos como sus piernas se lo permitían.

– Este cernícalo me llamó mentecata por no saber la diferencia entre una flauta dulce y una transversa.

– ¿Cernícalo? –se preguntaron todos a la vez.

– ¡No vale si utilizas mis propias palabras para agredirme!

– ¡¿A QUIÉN LE IMPORTA?! ¡RETRÁCTATE AHORA!

– ¿Cuál es el problema? Nunca te importó el cómo te llamara. ¿Será que ahora que está Kosei es diferente? –preguntó provocando mayor enojo en la pequeña.

– ¡YA CIERRA LA BOCA!

Todos entendieron la indirecta a excepción del mencionado. Kosei seguía riendo divertido por las ocurrencias y tontas peleas de sus dos nuevos amigos. Junto con Yoshino, que miraba algo preocupada la escena, se acercó hasta los demás para unírseles.

– Son bastante divertidos.

– Eso es porque no has visto sus discusiones acerca de costura y repostería. Ahí es cuando dejan de ser divertidos –comentó Karin con pesar al recordar la vez que quedó en medio de una de esas peleas.

– Pero es realmente extraño ver que peleen de esa manera, sobretodo tratándose de Yuzu –observó Renji extrañado.

– Sí, ella es la más tímida y tranquila del grupo. Nunca imaginé que fuera tan temible como Karin –acordó Tatsuki observando igualmente extrañada.

– Yo creo que está bien –todas las miradas se centraron en Kosei–. Es que ¿no es así como se tratan los novios? Se ven bien juntos.

Súbitamente los gritos cesaron y el ambiente quedó en un tenso silencio. Las vistas regresaron al par que quedó inmóvil en medio de su pelea.

– ¡ESO NO ES POSIBLE! –gritaron Yuzu y Uryuu al unísono–. ¡DEJA DE COPIARME! ¡YO NO TE COPIO! ¡YA CÁLLATE!

Las risas no se hicieron esperar, sin embargo, los dos pequeños se sentían realmente enojados el uno con el otro.

– Yo jamás de los jamases estaría con un cernícalo como él –expuso Yuzu tratando, nuevamente, de alcanzar el cuello de Uryuu con sus manos.

– Pues lo mismo va para ti, mentecata –respondió él tratando con más esfuerzos de alejarla.

– Ellos tienen razón –comentó Yoshino ganándose la atención de todos sus amigos–. Uryuu y Yuzu no podrían estar juntos nunca porque son como dos hermanos.

Mientras los demás se debatían entre si se veían bien como pareja o como hermanos, los pequeños se miraron sonrojados notando la posición en la que se encontraban, casi como abrazándose, e inmediatamente se separaron desviando la mirada y dispuestos a ya no hablarse.

Al poco tiempo, Isshin llegó a buscarlos y debieron despedirse de sus amigos, prometiendo verse al día siguiente y pasar la noche del viernes nuevamente en la casa de Yukio.

Karin se apresuró a tomar el asiento del copiloto, mientras que en los asientos traseros, Renji tomó asiento junto a la ventana izquierda y con Tatsuki del otro lado, dejando a los otros dos juntos del lado derecho.

– Estás aplastándome –se quejó Yuzu empujando a Uryuu más al medio.

– No te estoy aplastando. Tienes mucho espacio.

– No es cierto. Si abren la puerta me caeré por tu culpa.

– Pues procura que nadie abra la puerta, tonta.

– ¡Papá, Uryuu invade mi espacio personal!

– ¿Y crees que tú no invades el mío? Así quieres que no te diga mentecata.

– ¡Cernícalo!

– ¡Mentecata!

– ¡Oh, por Dios! ¿Enserio pelearán por algo tan estúpido? Uryuu, cámbiame de lugar o yo aplastaré dos de tus cuatro ojos –a regañadientes, su hermano obedeció, quedando ahora al lado de Renji–. Listo. Problema solucionado. Parecen dos niñas –se quejó Tatsuki cruzándose de brazos.

– ¡Yo soy una niña!

– ¡Y yo vivo con tres en la casa!

– ¡A CALLAR! –fue lo último que se escuchó en el viaje hasta sus casas.

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OwOwOwOwO

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Antes de poder llegar a casa de Grimmjow y Nell, pasaron por un pequeño negocio para comprar algunas cosas que todavía faltaban. Luego de eso, Grimmjow se adelantó unos metros junto con Rukia para desgracia de Ichigo quien fulminaba al nuevo con la mirada.

Nell aprovechó la distracción de los otros dos para separarse junto con Ichigo y tomar otro rumbo, más precisamente un callejón sin salida. Sin perder tiempo, se acercó peligrosamente a su cara, y comenzó a desprender los botones de la camisa de Ichigo sin despegar su vista de sus ojos. Se mordió el labio inferior y se lanzó a besarlo. Sin embargo, no lo logró.

– Espera, no lo hagas –pidió Ichigo apartándola por los hombros. Nell se lo quedó viendo estupefacta.

– ¿Qué ocurre? Creí que te gustaría un poco de diversión antes de la cena.

– Yo no soy como tú crees –le respondió con seriedad.

– ¿Qué pasa Ichi? –lo abrazó por la cintura aferrándose a él–. ¿Por qué no quieres divertirte un poco conmigo? –súbitamente, se alejó para verlo con terror–. ¿O será que tal vez tú… eres gay?

Ichigo suspiró con cansancio. La misma pregunta estúpida que le hacían sus amigos y su padre antes de que comenzara a salir con Inoue. ¿Acaso era tan raro querer ser un hombre sincero y en sus cinco sentidos?

– ¡Por Dios, Nell, no! ¡No soy gay! Es sólo que no seré tan poco hombre como para hacer esas… –vaciló y tartamudeó antes de seguir– cosas de esta manera.

– ¡Ohh, ya entiendo! –exclamó más aliviada y fingiendo inocencia–. Kurosaki Ichigo no lo ha hecho aún, ¿verdad?

Recordó aquella vez luego del cumpleaños de Rangiku, en la que Rukia acabó tan ebria como él y tuvieron que ser alcanzados hasta su casa para evitar problemas con el Señor Kuchiki. Sus padres no estaban, habían salido por el fin de semana a casa de su abuela y la casa estaba sola…

Alejó esos recuerdos de su mente y se sonrojó visiblemente, incluso lo suficiente como para que Nell lo notara estando en un lugar con poca luz.

– ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Así que sí es cierto? –preguntó sonriendo con diversión–. ¡Sigues siendo virgen!

– ¡Cállate! No tengo por qué responder una pregunta como esa –respondió enfadado.

– Sigues siendo virgen porque esa enana te rechazó, ¿cierto? –preguntó esta vez más cerca de él y con voz provocativa.

– N-no es c-cierto. S-si hubiera querido y-ya lo habríamos hecho –respondió tratando de rehuir de su mirada.

– Ah, claro, como digas. Sé que eres de los que obtienen lo que quieren cuando lo quieren –comentó irónicamente pasando su nariz por su mentón y soplando en su cuello para provocarlo aún más–. ¿Estarías dispuesto a demostrármelo justo ahora? Los dos sabemos que lo quieres.

– Y-yo… ahh… yo… Nell…

.

.

– ¿Tú qué piensas I…? –Rukia se llevó una muy ingrata sorpresa al descubrir que no sólo Ichigo no estaba, sino que Nell faltaba también–. Oh, vaya, nos engañaron y se escaparon por ahí –bromeó con monotonía en su voz.

A pesar de tan glacial voz, Grimmjow notó la tristeza en su mirada. Al parecer ella sentía algo por el idiota anaranjado.

– No deberías preocuparte –comentó para sorpresa de ambos. ¿Desde cuándo él se dedicaba a confortar a las chicas?–. Nell es rápida pero al parecer ese no tanto. Nada pasará.

Rukia suspiró aliviada sin siquiera darse cuenta de ello. Tan pronto como asimiló sus palabras, frunció el ceño y lo miró enojada.

– ¿Por qué demonios debería yo estar preocupada por un idiota como él? Creo que te estás equivocando, Grimmjow. Él no es nada para mí –contestó con el valor suficiente para sonar convencida de sus palabras.

El chico la miró tratando de descubrir alguna pista que le ayudara a deducir que mentía, sin embargo Rukia era muy buena con las mentiras. Demasiado, a veces.

– Con que así es… –susurró para sí mismo sin evitar una ligera sonrisa en su rostro–. Bien, sólo lo decía por si acaso. De todos modos, ¿por qué estaban juntos en el centro comercial si no son nada? –preguntó para estar completamente seguro.

– Ah, eso. Nuestras familias son muy amigas entre sí, por eso hay veces en las que Ichigo y yo necesitamos hablar por encargo de nuestros padres, salidas, invitaciones para comer en la casa del otro o a veces hasta fiestas a la que acudir todos juntos. Es la única relación que tenemos –dijo lo último como un susurro en el viento. En realidad sólo era la típica frase con la que se convencía cada vez que debía verlo fuera del instituto. Era la única relación que tenían desde que lo suyo propio se acabó.

– Así que… sólo es el hijo de los amigos de tus padres, ¿eh?

– Sí, sólo eso –afirmó con mayor convicción y una sonrisa que cubriera sus demás sentimientos.

– Pues entonces eso significa que tengo una oportunidad contigo.

– ¡Ja! Te he visto entrar al vestidor de mujeres esta mañana, creo que ambos sabemos la respuesta.

– ¡Ohh, el vestidor! –exclamó como si recordara el paraíso del mundo escondido en ese pequeño lugar–. ¿Alguien ha preguntado por sus cosas?

– Ten por seguro que te descubrirán pronto. Con Kunieda como investigadora particular del caso creo que te quedan… aproximadamente dos semanas más de vida. Eso o que te expulsen antes de que ella te asesine.

– Pues entonces no me queda mucho tiempo –reflexionó con tranquilidad.

– ¿Para qu…?

Grimmjow soltó las bolsas que llevaba para tomar ambas muñecas de Rukia y acorralarla contra un muro.

– Supongo que tú serás la primera –susurró cerca de su oído y olfateándole la zona del cuello.

– Tsk, ¿De qué rayos hablas, Grimmjow? Déjame y toma las bolsas antes de que tu padre nos vea, ¿No has dicho que estábamos cerca? –se quejó sin rastro de nerviosismo o miedo en su voz. Algo que sorprendió al chico pero no lo hizo retroceder.

– Él no vendrá. Creo que está bien que tengamos un poco de acción ahora que estamos solos –intentó provocarla acercando su boca a milímetros de los de ella.

– Creo que estoy bien con mi vida hasta ahora –le respondió ella chocando ambas frentes.

– Nunca has hecho eso hasta ahora.

– ¿Q-qué? N-no sé cómo preguntas esas cosas con tanta naturalidad…

– No es una pregunta. Lo sé.

Rukia recordó aquella noche luego del cumpleaños de Rangiku. Ichigo y ella, solos en la casa. No lo suficientemente cuerdos.

Una sonrisa enigmática se formó en su rostro. Una que Grimmjow no supo descifrar.

– No creas que me conoces, gatito. La verdad es que no sabes ni un céntimo de mi vida.

Grimmjow sonrió por el apodo que le había otorgado. Por alguna extraña razón le gustaba. Acercó su nariz y nuevamente le olfateó todo el cuello para luego chocarla con la nariz de la pequeña pelinegra a la par que se pegaba a su cuerpo.

Rukia no hacía nada, sólo procuraba no mover su cara para que accidentalmente terminara besándolo sin querer. No lo conocía pero sabía que sólo estaba probándola, jugando a ver qué tan determinada era frente a él. Grimmjow no la lastimaría.

– Siento interrumpir, niños bonitos –instantáneamente se separaron al escuchar la voz de aquel hombre que ahora se acercaba casi corriendo a ellos–. Grimmjow, cariño, has visto a mi hermosa princesita de ojos color…

– No, no la vi. Otra vez se ha ido por ahí con un tipo, ya volverá luego de que acaben sus asuntos.

– Ah, pero que groseros son estos niños. Les he pedido junto a su padre que se cuidaran para que ningún monstruo pervertido se le acercara –comentó como todo un actor de telenovelas–. ¡¿Quién sabe por todo el miedo que estará pasando mi hermosa princesita de exuberante cuerpo?! –dramatizó a la par que simulaba las curvas de la chica.

– ¿Exuberante cuerpo? –se preguntó Rukia observando estupefacta las acciones de aquel hombre raro.

– Créeme que peor la estará pasando el monstruo pervertido del que hablas –señaló con desdén el chico–. ¿Ya te he presentado a Rukia? Ella es mi invitada para la fiesta de esta noche.

– ¡Oh, pero que grosero que soy! Mi linda y pequeña mujercita, es un gusto conocer a la nueva damisela de mi querido hijo –se acercó a ella y se arrodilló para besar su mano–. Este humilde pero rubio y de increíbles ojos pardos que ves frente a ti es Pesche Guatiche Jeagerjaques… Próximamente de Birstanne Tu Odelschwanck–dijo lo último en un susurro y guiñándole el ojo.

– Es un gusto conocerlo, Señor…

– Pesche para los amigos, cariño.

– Señor Pesche, ja, ja. P-pero verá, yo no soy novia…

– Mucha plática, poco ejercicio. Debemos llegar a casa y terminar con los preparativos para antes de las diez –se paró en seco y se pegó a Rukia–. Los invitados no se hacen esperar, ya sabes, ja, ja, ja.

Rukia fingió reír junto con él mientras intentaba, disimuladamente, alejarse del hombre. Grimmjow, por su parte, observaba divertido la escena al notar el nerviosismo de su pequeña amiga.

Al llegar, Rukia observó con detalle la sencilla, pero no por eso menos bella, casa en la que Grimmjow y Nelliel vivían. El pequeño patio delantero estaba rodeado por plantas de rosas de distintos colores, mientras que en el centro se lucían petuñas y margaritas cuidadas en planteros pintados a mano. La casa tenía una fachada simple, dos pisos, con dos ventanas en la planta baja y tres arriba. Aún faltaba terminar de pintar pero se notaba que era un diseño único.

– Aún no acabamos pero estará lista para la semana entrante. Haremos de nuestro hogar la representación de nuestro apoyo a la diversidad cultural –explicó Pesche con orgullo en su voz. Rukia sonrió ampliamente y lo halagó por tan bello trabajo.

Un hombre de complexión robusta y con enorme sonrisa –literalmente– los recibió con un fuerte abrazo a cada uno. Tomó las bolsas que Pesche y Grimmjow llevaban para llevarlas a la cocina y en menos de cinco segundos regresó con una copa de refresco de cola para Rukia.

– Gracias –fue lo único que pudo decir, sorprendida por tanta amabilidad y cariño de parte de gente que acababa de conocer.

– No hay de qué. Los amigos de mi hijo son también mis amigos –le respondió sin perder su enorme sonrisa.

– Sí, y la novia de mi pequeño Grimmi es mi hija –intervino Pesche.

– Ah, pero yo no soy…

– No soy tu hijo, soy tu sobrino. ¿Podrías dejar de asustarla, tío? –respondió Grimmjow tomándola por la cintura y acercándola a sí.

– Vamos, hijo. Tú eres mi hijo y lo serás hasta el día que mi pobre corazón deje de latir. Mi querido hermano y su esposa me han encargado cuidarte como si fueras mi propio retoño y es eso justo lo que voy a hacer – se acercó a él sin previo aviso y lo tomó por las mejillas estirándolas como si fueran de goma.

Rukia no pudo evitar reír, era una familia bastante singular.

– ¡Ya déjame, chiflado! ¡Un día de estos me iré y no volveré a ver sus caras jamás!

– ¡Qué malo! –exclamó Pesche con un pañuelo en mano y secando sus lágrimas–. ¿Nos abandonarás y dejarás a tu pobre hermanita sola? –el hombretón de antes se acercó a Pesche y lo abrazó dándole un beso en la frente.

– Esa loca es la que menos me importa –refunfuñó por lo bajo–. Vámonos, Rukia. Es mejor estar allá arriba que con estos dos chiflados.

– Oh, porque no querrán que los veamos hacer sus cosas aquí abajo, ¿verdad, Grimmi? –aconsejó el hombre de enorme sonrisa.

– ¡Dondochakka Birstanne Tu Odelschwank! –Exclamó Pesche dándole un sutil golpe en la cabeza.

– Lo siento, cariño.

– ¿Cariño? –preguntó Rukia a Grimmjow.

– ¿Y recién ahora lo entiendes? –tomó su mano y la guio a su habitación.

Una vez arriba y alejados de los dos hombres a los que Grimmjow tachaba de lunáticos, Rukia sólo pudo… asombrarse de la habitación de su nuevo amigo.

Ropa en suelo, ropa en la cama, ropa en el escritorio, en todo lugar que dirigiera su vista. Menos en el armario. Literalmente, no había ropa en el armario que se encontraba abierto de par en par. La laptop al borde de la cama aplastaba las hojas mal dobladas de un cuaderno que juraba era de la escuela; y por cierto, la cama estaba desnuda, las sábanas estaban esparcidas por el suelo junto a parte de su ropa; las paredes de color celeste estaban siendo tapadas por posters de bandas de rock y… otras cosas.

– Adelante, estás como en tu casa –dijo Grimmjow sin vergüenza alguna.

Intentó ignorar el desorden y el deseo de saber cuál sería la reacción de su madre ante semejante escena. El único cuadro en la habitación que se encontraba en una silla a su izquierda llamó su atención, ¿acaso ese era Grimmjow de pequeño?

Tal vez lo descubriría luego.

– Ah, olvidé decirte que tuvieras cuidado con esa porción de pizza. Nell lo arrojó la semana anterior mientras discutíamos y ahí quedó desde entonces.

– S-sí, e-eso creí –fue su única respuesta al ver cositas verdes sobre el queso.

Y eso definitivamente no era orégano.

– ¿Qué haces? –preguntó el chico al ver cómo su compañera le aventaba su portafolios y arrojaba toda la ropa que encontraba a una caja vacía–. ¡Oye, n-no toques eso…! Oh, mis llaves... ¿Ese es el zapato de mi tío?

– Te sorprenderías de todo lo que puedes encontrar mientras ordenas. Levanta toda la ropa que veas en el suelo y arrójala aquí. Lo que no sirve tíralo a la caja de por allá y, por Dios Grimmjow ¡Toma la laptop antes de que se destroce contra el suelo!

– Claro, no te enojes, "mamá" –contestó con sarcasmo mientras tomaba el objeto y lo dejaba en el escritorio–. Oye, ¿Qué te pasa? No irás enserio a ordenar mi habitación.

Rukia intentaba ordenar todo lo que había a su paso, si algo había aprendido –lamentablemente– de todos los regaños de su madre, era el orden.

– Bueno, "estoy como en mi casa", ¿verdad? –Grimmjow quedó pasmado por unos segundos antes de tomar otras prendas de ropa para arrojarlas a la caja.

– Dime, ¿Siempre has sido tan maternal con los desconocidos?

– Ja, ja, sólo cuando el desconocido es una buena persona.

– Creí que me veía como un tipo rudo.

– Y es cierto, tienes la apariencia de un matón, Grimmjow –el aludido guardó sus manos en los bolsillos del pantalón y la miró con una sonrisa seductora–. Pero sé que en realidad es sólo eso, apariencia.

– Oh, ¿así que puedes ver a través de las personas, pequeña mujer?

– Mmh… Sí –respondió convencida sin siquiera voltear a verlo–. "No todo es lo que parece", ¿ver…dad?

En cuanto Rukia se volteó a verlo Grimmjow ya estaba casi sobre ella. El chico tomó las sábanas que ella tenía en manos y las arrojó a un costado, sin dejar de verla ni un segundo.

– ¿Qué pasa, pequeña mujer? ¿Acaso me temes ahora que estamos solos en mi habitación? –preguntó una vez la hizo retroceder hasta acorralarla contra la pared. Recostó su antebrazo por encima de la cabeza de la pelinegra, rebajándose a su nivel y acercando su rostro a pocos centímetros del suyo.

Rukia notó el juego de seducción desde el principio, sólo que esa mirada… esa mirada la había absorbido por completo sin dejarla decir o hacer más nada que sólo retroceder. Ahora que se permitía observarlo más de cerca, Grimmjow… era muy lindo. Y no era lo más alarmante.

Lo más alarmante era que comenzaba a gustarle.

– Ahh… ah… G-grimm…jow… –no era posible, ni siquiera podía hablarle con naturalidad y el idiota comenzaba a notarlo también–. ¡N-no te rías! No es gracioso.

– Claro que lo es, ¿No notas mis ganas de reír?

– E-es mejor que te alejes –pero él no se alejaba, y aunque intentara quitárselo de encima él no se movía–. Grimmjow…

– Ja, ja, ¿Qué pasa? Creí que eras más lista que eso, Rukia. Al final resulta que sólo eres una más de las niñas buenas. Qué decepción –la provocó buscando encontrar sus miradas.

– Sólo creí que tal vez Nelliel se enfadaría al ver que no le eres fiel.

Si había algo que Rukia odiaba más que el que la llamaran nerd o poca cosa, era que la trataran como a una cobarde. Es cierto, la abrumaba la idea de tenerlo tan cerca y para colmo de males había aceptado que él se veía demasiado apuesto, pero se estaba comportando como Momo cada vez que Toshiro se acercaba a hablarle y esa no era su manera de ser. Claro que podía ser más lista que eso.

– Nelliel no significa nada para mí.

– Oh, ¿en serio? Puedo jurar que no parecía lo mismo cuando los vi en el centro comercial –respondió con mirada retadora y voz juguetona.

– Vaya, vaya, veo que has cambiado de estrategia. Pero bueno, te seguiré el juego, a ver hasta dónde eres capaz de llegar –la tomó por la cintura con una mano obligándola a colocar las suyas sobre su pecho. Era divertido verla sonrojarse por la sorpresa–. ¿Qué harás? Eres demasiado irresistible como para soltarte ahora –la provocó tomando un mechón de su cabello para juguetear con él.

– Sé cuál irresistible soy. Sin embargo, ¿qué te hace creer que voy a dejarte tenerme tan fácilmente?

– Porque siempre obtengo lo que quiero –respondió demasiado decidido para gusto de Rukia.

Tal vez era suficiente. Grimmjow era buena persona pero prefería no tener que tentar la suerte. Él no era Ichigo. Ichigo estaba con Nell. Él… estaba con Nelliel.

Y eso le molestaba.

– ¿Y eso qué? –preguntó a Grimmjow lo que en realidad sólo se estaba preguntando a sí misma. ¿Y qué si Ichigo estaba con Nelliel? ¿Y qué si antes la había engañado con Senna? ¿Y qué si ahora se permitía algo con Grimmjow? ¿Y qué?

A Grimmjow le tomó tan sólo dos segundos notar que esas palabras, esa voz y esa mirada no estaban dirigidas a él. De repente ella preguntó con un tono de sumo enfado algo, y en ese mismo momento su ceño se frunció afilando su mirada y dando la impresión de alguien que está a punto de darle donde más duele en un hombre.

– Ahh… ¿Todo bien, Rukia? –indagó en un vano intento de descubrir que siguieran estando en la misma conversación.

Rukia relajó su mirada y pestañó un par de veces antes de darse cuenta de que lo que pensó no fue sólo en su cabeza. Sus manos, aún reposando en el pecho del chico, se cerraron débilmente en puños que relajó tan pronto lo notó.

– Y-yo… Ahh… –si tuviera que responderse así misma por qué diablos las palabras se esfumaban y su mente se tornaba en blanco cada vez que más necesitaba pensar rápido, probablemente sólo le quedaría la opción de golpearse la cabeza contra la pared mientras repetía incansablemente "trágame tierra".

A veces se preguntaba si sería la única que creía aquello.

– Te lo digo, Ichigo, no tienes por qué preocuparte si tu amiga sólo está… Oh.

Rukia y Grimmjow voltearon al mismo tiempo para ver a Nell con una sonrisita de triunfo mientras, por detrás, Ichigo pasó de una mirada de sorpresa a una de completo enojo y decepción. La pelinegra notó cómo sus manos temblaban encerradas en dos fuertes puños a ambos lados de su cuerpo, su mandíbula se tensaba probablemente producto del fuerte apretujar de sus dientes y su respiración se volvía acelerada. Él no pensaba que…

– Sólo quería saber si ya estabas aquí. Tu padre me ha llamado –fueron sus únicas palabras de forma hostil y fría.

Sólo entonces Rukia fue consciente de la magnitud de la situación. ¿En qué maldito momento Grimmjow había posado sus manos en su cadera? Lo apartó de un empujón y respondió con las mejores palabras que pudo haber encontrado en ese momento y para esa delicada situación.

– ¿No sabes tocar la puerta?

Nell estiró los labios hacia adelante, divertida por alguna razón; Grimmjow alternó su vista entre los tres chicos intentando comprender la décima parte de lo que estaba ocurriendo en su habitación; Ichigo desvió la mirada, comprendiendo algo que Rukia hubiera querido evitar que malinterpretara y saliendo de la habitación con pasos largos y decididos.

¿Haría falta siquiera describir la expresión de Rukia en esos momentos?

– ¿Lo ves, Ichi? Ella se encontraba más que bien –vociferó Nell para luego dirigir su vista a la chica que tenía en frente–. No era necesario preocuparse cuando estábamos en la mejor parte.

– ¿A qué… te refieres con eso? –preguntó la pelinegra sintiendo algo molesto en su interior.

Nell elevó una ceja y fingió suprimir una sonrisa prepotente antes de cerrar la puerta a su paso. Aun así podía sentirse las risas de la chica hasta que cerró una puerta, de seguro la de su habitación.

– ¿A qué se refería con eso de la mejor parte, Grimmjow? –preguntó autoritaria para asombro del aludido.

– Tsk, ¿Por qué me lo preguntas a mí? Además, ¿Qué importa ese chico raro? ¿No estábamos nosotros en medio de algo? –preguntó intentando reanudar su jueguito de seducción.

– ¡No juegues conmigo! ¡Te hablo en serio! –vociferó luego de darle una cachetada que por poco y lo da vuelta.

– ¿Me pegaste? ¡¿En serio?! –más que enojado Grimmjow se sentía asombrado por toda la bravura que esa pequeña mujer representaba. Extrañamente, le gustaba. Y le había pegado. Pero le gustaba.

– Grimmjow…

Sólo bastó que dijera su nombre con esa voz quebrada y esa mirada de cachorro perdido para que terminara de caer.

Rukia Kuchiki lo había atrapado.

– C-creo que… Nelliel se refería que estuvieron a punto de hacerlo –respondió desviando la mirada mientras se tallaba la nuca.

– ¿A punto de hacerlo? ¿De hacer qué? –preguntó confundida, confundiendo también a Grimmjow. No podía en serio no saber lo que "a punto de hacerlo" significaba.

– Ha-hacerlo… o sea, ya sabes… hacerlo –intentó explicar con las manos pero sin explicar nada en realidad.

– Hacerlo, sí, pero ¿hacer qué? No te entiendo cuando haces esos tontos jueguitos con la mano y… Oh –terminó de comprender luego de imitar el juego de manos que Grimmjow hacía–. Ha-cerlo –se repitió a sí misma mientras observaba que Grimmjow asentía incomodo–. Ellos… estuvieron… a punto de… hacerlo.

– Sí –respondió él recorriendo con la vista el lugar, como si fuera la primera vez que lo veía.

– Ellos estuvieron… –Rukia recapacitó palabra por palabra, letra por letra, lo que aquello significaba. Ese maldito bastardo había sido capaz… luego de haberla conocido recién ese día… él…– ¡…A punto de hacerlo!

– ¿Eh? No. Rukia, ¡Rukia!

Rukia abrió la puerta y la dejó golpearse contra la pared. Sonó sus dedos, su cabeza y resopló para mentalizar mejor de qué manera tomaría la cabeza de su ex para llevársela en bandeja de plata a su padre. De seguro él estaría encantado.

– ¡ICHIGO! –vociferó con voz de desquiciada luego de casi patear la puerta de Nelliel frente a la de Grimmjow.

Grimmjow sólo observaba con horror cómo la pequeña a la que hasta recién estaba seduciendo se transformaba en un feroz ogro de dos metros en su imaginación. Pobre Ichigo, si en serio ella planeaba castrarlo en casa ajena.

Ichigo vio a su ex novia plantada en el marco de la puerta, echando fuego por los ojos y creciéndole colmillos en los dientes, probablemente estuviera exagerando pero a sus ojos ella llevaba un tridente rojo y el fuego no sólo salía de sus ojos sino que la rodeaba alto e imponente.

Era la viva imagen de la muerte. La muerte que venía a buscarlo joven a sus diecisiete años.

– ¡Rukia! –vociferó tomando a Nell por los hombros y tumbándola a un lado, ocasionando que ella gimiera y lo mirara de forma placentera.

De inmediato a Rukia la atravesó un sentimiento de dolor que se esparció por todo su pecho como si la hubieran apuñalado profundo. Nell estaba sólo con un sostén en su parte superior y hasta segundos antes de que Ichigo la tumbara ella estaba encima de él.

– Así que… ¿era cierto? –preguntó con un hilo de voz–. ¿Estuvieron a punto de… hacerlo?

– No. No, no, no, ¡Rukia, no es lo que…!

Pero ella ya había cruzado el pasillo hasta la puerta de enfrente para encerrarse en la habitación con llave.

.

.

– Rukia, él sigue aquí.

– ¿Y eso qué? –preguntó desinteresada mientras seguía haciendo sus tareas.

– Pero tú me pediste que…

– ¿Te quedarás ahí parado o terminarás las tareas que tenemos para mañana? No quieres escuchar al profesor Aizen acerca de que armará todo un plan para hacerte repetir el año.

– Tsk, yo nunca hago tareas para clase y dudo que él pueda hacerme repetir el año.

– No quieres probarlo –aconsejó antes de volver a escribir.

Grimmjow resopló y tiró su cabeza hacia atrás. Ciertamente Rukia Kuchiki era una chica bastante particular… y linda.

– Está bien pero debes pasarme tu tarea –dijo tomando su cuaderno y sentándose a un lado de ella en la cama.

– ¿Qué? ¡No haré eso! Has tú mismo tus tareas.

– Te estoy prestando mi casa y mi cama para que hagas tus ñoñerías, lo mínimo que podrías hacer para agradecerlo es pasarme las respuestas –se excusó forcejeando con ella el cuaderno en el que escribía.

– ¡No! Ja, ja, ja, ¡Ya deja mi cuaderno, tramposo! –vociferó divertida mientras reía con él.

De repente Grimmjow soltó el cuaderno. Y por acción del forcejeo… Rukia cayó de la cama.

– ¡Rukia!

– ¡Idiota, lo hiciste a propósito! –gritó arrojándole el cuaderno a la cabeza.

Grimmjow lo tomó en el aire y luego la miró. Y luego volvieron a reír. Sin duda su risa la hacía ver más bella… Y él se estaba comportando como un asqueroso enamorado de películas románticas cliché.

– Ya es suficiente. Terminemos con nuestras tareas. No te daré las respuestas pero puedo ayudarte.

– Hecho –lo que fuera por seguir hablando con ella.

.

.

– ¡Grimmi, Grimmi! ¡Es hora de…! Comer…

Pesche vio la escena con suma perplejidad. Alternó su vista entre su hijo y la hermosa chica que había logrado lo que él jamás había logrado en todos esos años. Incluso todavía no tenía en claro cómo su hijo había llegado hasta último año de preparatoria sin repetir alguno en el camino.

Así que tomó su teléfono e inmortalizó el momento.

– ¿Qué haces, viejo loco? ¡Borra esa foto!

Rukia observó con diversión esa escena tan familiar que vivía hasta hace un año… en casa de Ichigo.

Ichigo…

– Cómo sea, ¿Qué diablos quieres? ¡Vete! –obligó mientras lo empujaba fuera de la habitación.

– ¡Ñoo! ¡Ñoo! ¡Mi hijo no me quiere! ¡Rukia, querida! ¡Aguiúdame! –lloriqueaba el hombre revolviéndose detrás de Grimmjow.

– ¿Qué es esa palabra? ¿Y qué tiene que ver Rukia? Déjala en paz.

– Ahh, ja, ja, Grimmjow, creo que deberías dejarlo hablar –pidió Rukia aún riendo por lo bajo.

De inmediato, Grimmjow lo dejó pasar, resignado. Pesche observó a su hijo y luego a la chica.

– Así que así son las cosas –se dijo a sí mismo.

– ¿Qué dijiste? –preguntó su hijo a su lado.

–Ah, no, nada. Sólo vengo a informarles que ya está la cena. Te quedas, ¿verdad, Rukia querida? –preguntó Pesche todo amable.

– ¿El sujeto extraño de cabello como vómito de conejo también se queda? –preguntó de inmediato.

– Oh, qué extraño. Él también preguntó por ti.

– ¿Ah, sí? ¿Qué preguntó exactamente? –preguntó fingiendo desinterés.

– Ahh, creo que preguntó algo como "¿La enana hueca con complejo de emperatriz del mundo que se encuentra con Grimmjow se quedará?"

– ¡¿Con complejo de qué?! –se dio tres segundos para respirar profundo y calmar sus nervios–. ¿Y qué-le-dijo? –preguntó con los dientes apretados.

– Que te preguntaría y luego le avisaría.

– No es necesario que le avise.

– ¿Pero te quedas?

– Claro.

– ¡ICHIGO! ¡LA ENANA HUECA CON COMPLEJO DE EMPERATRIZ DEL MUNDO SE QUEDARÁ A COMER! –gritó a todo pulmón teniendo a Nell e Ichigo en el marco de la puerta de la primera.

Ichigo pasó de su color natural de piel al rojo vivo luego de ver el enojo de Rukia pintado en su cara.

– ¿Y-y eso qué? –preguntó desinteresado–. Vamos, Nell –dijo tomando la mano de la chica y arrastrándola escalera abajo.

– Vamos, Rukia –interrumpió Grimmjow tomándola de la mano. Rukia lo miró con asombro y luego le sonrió asintiendo.

No así Ichigo.

.

.

–…entonces nos conocimos –finalizó Dondochakka su historia tomando la mano de su amado.

– ¡Oh, pero esa no es la mejor historia, papá! –la regañó Nell abrazándose más al brazo de Ichigo–. Cuéntales sobre su primera cita, Pesche –animó mordiéndose el labio inferior y riendo como niña emocionada.

– Oh, claro, la primera cita –recordó Pesche riendo con felicidad–. Recuerdo ese día como si fuera ayer. Tu padre fue al mercado con la excusa de que compraría harina para un pastel. Sólo había dos problemas: compró manzanas, y… Dondochakka no sabe cocinar.

Rukia rio divertida al imaginar la escena. Muy romántico, divertido pero romántico.

– ¿Y qué sucedió entonces? –preguntó interesada.

– Bueno, le dije: "Oye, creí que comprarías harina, no manzanas", y el respondió: "¿Para qué quiero harina si haré compota de manzanas?". Entonces entendió su error y no le quedó más que decirme la verdad. Yo odio las mentiras.

– Lo entiendo, señor, también odio las mentiras –secundó Rukia.

– Ah, pero lo que más odio es que me oculten las cosas.

– Y que digan que eso no es lo mismo que mentir. Señor, creo que somos familia en sentimiento –dijo completamente convencida, levantándose de su asiento para estrechar la mano de Pesche.

– ¡Oh, mi nueva hija! –y la abrazó cariñosamente para asombro y confusión de los demás.

– ¿Y tú, hijo? ¿Cómo conociste a mi princesa Nell? –preguntó Dondochakka, tomando la atención de todos los presentes.

– E-en la escuela –respondió Ichigo de manera escueta luego de ver de reojo a su ex.

– Oh, claro. Son compañeros. Pero entonces ¿fue amor a primera vista?

– ¿Qué? –preguntaron Rukia e Ichigo al unísono.

– No son novios, Dondocha… ¡Auch!

– Nadie te preguntó, torpe –interrumpió Nell luego de pegarle a su hermanastro en la cabeza.

– No sabía que eras enamoradizo, Ichigo –comentó Rukia sarcástica.

– Ahh… n-no, no es eso… Nell no es…

– No lo pongas nervioso, papá. Mejor terminemos la cena antes de que…

Antes de poder finalizar sus palabras el timbre de la puerta principal interrumpió.

– Oh, hablé tarde. Los invitados han llegado –dijo con voz cantarina mientras se apresuraba a abrir.

– Creí que no vendrían –comentó Rukia al lado de Pesche.

– Oh, sólo retrasamos la fiesta para poder pasar tiempo de calidad con nuestros nuevos hijos.

– ¿A qué se refiere?

– Las parejas de nuestros niños siempre serán bienvenidos a nuestra familia.

– No somos pareja –alegaron Grimmjow y Rukia a la vez. Se miraron y rieron divertidos.

– A mí no me engañan, hasta hablan sincronizados.

– No son novios –reafirmó Ichigo con cara de pocos amigos–. Cambiando de tema, es hora de irnos, hablé con mi padre para avisar que estaríamos un rato más en lo de unos amigos pero si no volvemos ahora Byakuya tomará mi cabeza.

– No me molestaría.

– Cállate, enana resentida.

– ¡Resentido tú, cabeza de calabaza!

– Medio metro.

– Zanahoria.

– Eres hermosa.

– Ahh… ah…

– Gané –se mofó Ichigo al notar que jamás podría seguir una pelea luego de escucharlo decir eso–. Ahora es hora de irnos –repitió levantándose de su silla para ir en busca de sus cosas.

– ¿Qué? No puedes irte, llamé a tu padre y avisé que pasarías la noche aquí.

– ¿Que hiciste qué?

– ¿De dónde tomaste el número de su padre? –preguntó Rukia desafiante.

– De su teléfono –respondió Nell sin amedrentarse ni un poco.

– Jamás te presté mi teléfono, Nell.

– Tampoco ibas a pedir quedarte más tiempo si dependía de ti avisar. No le entendí bien pero sólo dijo que usaras protección.

Rukia escupió el sorbo de agua que acababa de beber.

– Maldito traidor –susurró la pelinegra con un pequeño tic en el ojo.

– Si quieres podemos llamar al tuyo también y avisar que te quedas. Luego puedo alcanzarte en mi motocicleta –susurró Grimmjow al oído de Rukia luego de tomarla por la cintura y acercarse por detrás.

Ichigo lo obligó a soltar su agarre y se interpuso entre ellos mirándolo ferozmente.

– Sólo la dejarán quedarse si saben que yo estoy con ella, así que gracias pero yo me encargaré de ello.

– ¿Quién eres, su padre segundo?

– Pues de los dos soy el único en el que su padre confía, qué crees.

– Vaya, tendré que apresurarme a presentarme ante él.

– Créeme, no aceptará a un tipo como tú.

– ¿Por qué no? Te aceptó a ti, ¿verdad?

– ¿Hola? ¿Familia Kuchiki? –ambos chicos dirigieron su vista hacia Pesche, quien ya se encontraba junto a Rukia en el teléfono para contactar a sus padres.

Punto para Pesche. Ichigo y Grimmjow: cero.

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Había alrededor de siete familias numerosas en la casa de Nell y Grimmjow, lo que significaría aproximadamente un total de veinticinco personas, sin contar a la familia de sus nuevos amigos y ellos. Lo cierto es que tener a casi treinta personas gritando y riendo a todo pulmón en una sola habitación comenzaba a ser un poco molesto. Y como si fuera poco, el alcohol y los bocadillos dulces de extraña procedencia estaban surtiendo efecto en todos los presentes. Gracias al cielo que ninguna familia presentaba niños, pero Nell, Grimmjow y un par de adolescentes de tal vez dos años menos que ellos estaban en un estado similar al de los mayores.

– Ichigo, creo… creo que esto no está bien –comentó Rukia en voz baja mientras observaba el comportamiento de los demás–. Mañana es día de semana, estoy segura que muchos tendrán trabajos y esos chicos deben estar en primero de preparatoria. Esto… ¡Esto es una locura!

– Lo sé pero qué podemos hacer nosotros si ellos quieren divertirse. Creo que ya es hora de irnos –un hombre dejó caer un vaso de vidrio y todos voltearon a ver enmudecidos. El hombre sólo dejó escapar un ligero "ups" y fue suficiente para que todos volvieran a reír y gritonear–. Toma tus cosas y nos vamos.

– Claro.

– Rukia, querida. ¿Ya se van? No pueden hacernos esto, ¡Quédense! –pidió Pesche demasiado animado–. Mira, ten. Toma esto.

– No bebo alcohol, gracias señor –respondió gentilmente.

– No es alcohol. Creo –dijo oliendo el líquido en el vaso–. No lo es pero por las dudas iré por un poco en la nevera. No creo que hayan sacado la botella de agua para poner más botellas de sake –se fue hablando solo luego de dejar el vaso en la mesita a un lado de los sillones.

– Bien, quédate aquí y espérame, iré a por nuestras cosas y vuelvo en dos minutos.

– Claro, apresúrate.

Estando ahora sola, se puso nerviosa, ¿y si alguien se acercaba a hablarle? ¿Y si alguien le ofrecía algo para comer o beber?

– Tsk, sueno a damisela en peligro. Como si necesitara de Ichigo para cuidarme –se susurró a sí misma sentándose de mala gana en uno de los sofás y sorbiendo del agua que Pesche le había ofrecido.

Sólo que no era agua. Era Vodka.

Y ella era completamente intolerante al alcohol. Es ahora cuando lo descubriría.

Sólo bastaron diez minutos para que ese pequeño sorbo hiciera efecto en su débil organismo. Hisana se embriagaba con tan sólo una copa de vino, así que posiblemente sería lógico que su hija heredara esa parte de ella.

– Rukia, la próxima vez puedes esconder mejor tus cosas –se escuchó a Ichigo decir de mal humor por las escaleras–. Me encanta jugar a las… ¿Qué diablos haces?

Rukia reía y gritoneaba tanto como las demás personas, tanto hombres como mujeres se divertían con sus chistes malos y festejaban cada vez que ella bailaba interpretando a algún famoso extravagante.

Ichigo observó el vaso que anteriormente Pesche le había ofrecido, no parecía que lo hubiera tomado… hasta que dirigías tu vista al suelo y un pequeño charco de líquido transparente confirmaba que lo había consumido por error y luego escupido al notar que no era agua.

– ¿Qué te hice, Byakuya? –preguntó al cielo imaginando que Byakuya estaría ofrendando a los dioses para que él sólo se equivocara y entonces tuviera motivos para cortar su cabeza.

Se dirigió hacia donde Rukia aún seguía bailando Oppa Gagnan Style y la tomó por los hombros rogando que no hiciera una escena.

– ¡Oye! –se quejó luego de soltarse del agarre y saltar para darle una cachetada que todos festejaron–. ¡Oh, Ichigo! –cachetada derecha–. Me hubieras dicho que eres tú –cachetada izquierda–. ¿Qué pasa? Ven y…

– Uno, no eran necesarias las cachetadas. Dos, estás completamente ebria. Y tres, deja de hacer el ridículo, nos vamos a casa –sentenció tomándola de la mano y arrastrándola hacia la puerta principal.

– ¡Adiós, amigos! –iba gritando la pelinegra en el camino–. ¡Me iré con mi ex a hacerme hombre!

– Eres mujer, idiota.

– Oh, iré a hacerme mujer en los brazos de mi…

– Cierra la boca, enana hueca del demonio –la obligó Ichigo tapándole la boca y finalmente sacándola de la casa. Gracias al cielo que ni Nell ni Grimmjow estaban cerca.

Una vez fuera, se preguntó qué debía hacer con una Rukia que se comportaba como curiosa de kínder. Byakuya definitivamente haría rodar su cabeza, y su padre… no, su madre sería peor. Ella lo llevaría con Byakuya y se ofrecería voluntaria para hacer rodar su cabeza.

Definitivamente sus casas no eran una opción.

– Ichi, tengo frío –dijo la mujer a su lado abrazándolo por la cintura y apretándose contra él.

– Lo sé, hace frío –fue lo más inteligente que pudo responder al sentirse tan nervioso por la acción de su ex–. ¿Qué te parece si llamamos a Rangiku? ¿Crees que puedes quedarte en su casa?

– Lo dudo, Rangiku se ha peleado con su madre, ahora vive con Gin y adivina lo que estarán haciendo a estas horas de la noche –le hizo señas para que se acercara y susurró unas palabras en su oído que lo dejaron ardiendo de la vergüenza.

– ¡¿Q-q-qué?! –gritó en un salto apartándola de él.

– ¡No te alejes! Tengo frío, idiota –le reprochó tomando sus manos y obligándolo a envolverla con ellas para luego volver a abrazarlo.

– Ahh… ah… bu-bueno… ¿Qué tal Momo?

– Momo vive en una familia con otros cuatro hermanos y dos adoptivos. No quieres que el teléfono suene ahora que la casa está en paz.

– ¿Y Soi Fong?

– Me pegaría si la llamo a estas horas.

Ichigo se lo imaginó, ciertamente Soi era una chica de pocas pulgas. No sólo le pegaría a Rukia, probablemente él también sería víctima de maltrato adolescente.

– Pues… ¿Qué dices de ir con Senna?

Sobria o ebria esa era la palabra prohibida. ¿Es que los chicos no entendían de cosas tan básicas como esas?

– Vete al infierno. Ya quisieras tener una excusa para ir a verla a estas horas –dijo con voz glacial soltándose de él y alejándose a pasos anchos.

– Rukia, deja de inventar cosas. No puedo entregarte a tu padre así y lo sabes.

– ¡Estoy bie…! ¡Waa! –al girarse tan deprisa sobre sus talones perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer–. Estoy bien.

– Sí, claro, y mi cabello es teñido. Deja de ser tan infantil, Senna no te ha hecho nada.

– ¡Senna te apartó de mi lado! –gritó encolerizada para asombro de ambos.

Rukia quiso gritar algo más pero en vez de eso terminó llorando histéricamente. Regla número uno al tratar con personas ebrias: Nunca los molestes de más, o las consecuencias pueden ser bastante embarazosas.

– Por Dios, ¡calla a esa chica!

– ¡Peleen en su nidito!

– ¡Algunos queremos dormir!

– ¡Llamaré a la policía y diré que la maltratas si no la callas de una vez!

Los vecinos que comenzaban a despertarse por los fuertes sollozos de Rukia culpaban principalmente a Ichigo por el estado de la chica. Y es que, hombre enfadado, más mujer llorando desgarradoramente, más previo grito de acusación de infidelidad daba como resultado un malentendido que lo abochornaba a más no poder.

– Te odio, enana del demonio.

La tomó en brazos como si se tratara de una princesa y la besó en la mejilla, ligeramente a un lado de sus comisuras. Suficiente para calmarla un rato.

Tomar un taxi y pedir que los llevara al hotel menos costoso que conociera fue lo más difícil que tuvo que hacer en toda su vida. Claro, luego de confesarle a Byakuya que estaba saliendo con su adorada hija. La cuestión era la mirada picarona que los demás les lanzaban una vez llegados al lugar y una vez se dignó a pedir una habitación para pasar la noche.

Adiós al dinero ahorrado para su nueva guitarra.

– Sólo nos queda un cuarto con cama matrimonial.

– ¡Oh, claro! Con el frío que hace podremos estar calentitos si dormimos juntos –comentó Rukia haciendo reír a la empleada.

– Cállate, no tienes idea de lo que aquí sucede –la reprendió Ichigo frunciendo aún más el ceño.

– Discúlpelo, mi ex es tan temperamental. Pero es buena gente, se lo prometo –siguió platicando con la recepcionista del lugar como si nada.

– ¿Tomarán el cuarto entonces? –preguntó amablemente la mujer.

– No.

– Sí. A menos que quieras enfrentarte a mi padre, cariño.

– Lo tomamos.

– ¡Tomo el lado de la ventana! –vociferó mientras corría hacia el elevador.

– ¿Y usted en serio cree que puedo considerarla mi pareja?

– Son las mejores durante la noche –animó el conserje que iba pasando por el lugar.

El rostro de Ichigo era un poema.

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Rukia despertó con un dolor punzante en las sienes. Su boca estaba reseca y sentía un hambre atroz, como si no hubiera comido desde hacía días. Sin embargo, más allá de eso, se sentía sumamente cómoda y bien arropada, si no tuviera que ir a clases se quedaría durmiendo hasta tarde a pesar de la hinchazón de sus ojos.

Se removió ligeramente en su lugar y abrazó la almohada a su lado. Sintió como ésta suspiraba y ese aire cálido chocaba contra su cabello. La fragancia que emanaba le era familiar y no sabía a quién le recordaba. Abrir los ojos… lamentablemente debía asistir a clase, quería saber cómo estaba Grimmjow luego de anoche y…

¿Cuándo había vuelto a casa anoche? ¿Cómo había vuelto y con quién? ¿Por qué no recordaba nada luego de haber… bebido…?

– Ay, no.

Antes de siquiera poder imaginar nada, apretó la almohada que tenía abrazando. No era tan blanda como debería ser una mullida almohada. Ahora que lo pensaba bien, las almohadas no suspiraban sobre su cabeza y no emanaban ese aroma familiar que le recordaba a… Ichigo.

Abrió los ojos de golpe y lentamente, temiendo por lo que estaba setenta por ciento segura se encontraría, comenzó a subir su mirada. Un brazo tonificado, medio pecho descubierto y notoriamente ancho, boca irresistiblemente conocida, y… cabello… extravagantemente naranja.

– ¿Qué diablos sucedió anoche? –se preguntó con un hilo de voz.

– Si prometes no gritar te cuento.

– ¡Kyaa! –gritó empujándolo y pateándolo, logrando que así cayera de la cama.

– ¡Idiota, te pedí que te calmaras! –vociferó Ichigo enojado desde el suelo.

Rukia observó que no tenía puesta la camisa ni nada, su torso estaba desnudo, pero gracias a Dios llevaba pantalones. Suspiró aliviada y se disculpó.

– Deberías por lo menos cubrirte un poco, ¿no crees? –la aludida hizo una mueca de confusión antes de observarse a sí misma. Ella sólo estaba en ropa interior.

– ¡No mires, imbécil! –gritó nuevamente antes de arrojarle todas las almohadas de la cama.

Cuando por fin las aguas se calmaron, Ichigo le contó todo lo sucedido la noche anterior, desde los bailes locos en casa de Grimmjow y Nell hasta cuando lo obligó a desvestirse si no quería que llamara a su padre diciendo que la tenía secuestrada en un hotel barato.

– ¡Yo no pude haber dicho eso! –vociferó sintiéndose humillada por sí misma.

– Lo hiciste. Cuando me quité la camisa tú ya estabas en ropa interior en la cama.

– ¿Qué diablos me hiciste? –preguntó horrorizada apretando las sábanas contra su pecho.

– ¡Pues tú hubieras querido que hiciera mucho más que encerrarme en el baño hasta que te cambiaras! –contraatacó gritando de igual manera.

– ¿Te escondiste en el baño?

– ¡¿Hubieras preferido que otra cosa sucediera?!

– N-no, pu-pues no-o… pero…

– Luego amenazaste con salir de la habitación en ropa interior si no me acosaba contigo…

– ¡¿Qué?!

– A dormir.

– Ah…

– Tanto silencio me alarmó así que salí para ver si ya te habías dormido, pero la puerta de entrada estaba abierta y eso sólo podía significar que habías salido al pasillo. ¡Eres una idiota, un tipo quería llevarte a su habitación y tú estabas yendo felizmente!

– ¡¿Y cómo diablos iba a saber yo si estaba ebria?!

– Pudiste haberte evitado probar el trago de anoche.

– ¡El señor Pesche dijo que era agua!

– ¡¿Y tú en serio le creíste?!

– Ahh… Bueno, ¿Sí? No, no… es decir…

– No puedes ser más hueca, ¿verdad?

– ¡Pues tú has sido un descuidado al dejarme salir ebria y semidesnuda para encontrarme con un desconocido! –ambos se miraron a punto de comenzar con sus típicas peleas matrimoniales. Sin embargo, a Rukia le preocupaban otras cosas–. ¿Qué sucedió luego?

– ¿Tú qué crees? –preguntó Ichigo sarcástico–. A pesar de los manotazos y las patadas que me dabas te llevé hasta la habitación y escondí la llave. Para lograr que te callaras tuve que acostarme contigo y casi de inmediato te dormiste.

– Lo haces sonar como rabieta de niña pequeña.

– Es que fue una rabieta de niña pequeña, Rukia.

– Gracias por no haberme llevado a casa anoche –dijo en voz baja desviando la mirada.

– Ni lo menciones. Aún amo mi vida como para dejarme morir en manos de nuestros padres tan joven –ese comentario hizo reír a Rukia y por ende a él mismo. Tal vez en el futuro esa historia no sonaría tan desgraciada.

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Luego de bañarse y tener sus cosas listas, ambos partieron al instituto a paso acelerado, pues no estaban sino en la otra punta de la ciudad.

– No pudiste haber escogido un hotel más alejado, ¿verdad?

– Cállate. Aún me duelen los quinientos dólares de anoche.

– Te los devolveré.

– Oh, ¿en serio?

– Algún día.

No se los devolvería.

– Sí, eso creí.

El último tramo lo corrieron y alcanzaron a llegar justo a tiempo. Sus respiraciones estaban tan aceleradas que hiperventilaban como si nunca antes hubieran corrido. Cambiaron sus zapatos y ambos corrieron hacia sus salones, donde Aizen ya terminaba de tomar asistencia.

– ¡Vaya sorpresa! Kurosaki tarde –comentó sarcástico.

Ichigo se colocó por delante de Rukia cubriéndola con su cuerpo para que no la descubriera también.

– Ahh, sí. Lo siento, m-me quedé… me quedé dormido.

– Oh, ¿Con Rukia, Ichigo?

– ¡Cállate, Keigo! –vociferó amenazadoramente–. Ahh… Profesor, vi al director hace unos momentos y lo andaba buscando.

– ¿A mí? Qué sorpresa. ¿Qué podría ser tan importante como para el Director, Yamamoto Genryuusai, me esté buscando? –comenzó a divagar acomodando sus ropa y prendiendo su saco.

– Pues parecía ser algo muy importante.

– Ja, parece ser que por fin tendré mi ascenso y me libraré de todos ustedes, mocosos insignificantes. Sabía que tarde o temprano mi plan daría resultado –siguió hablando altivo hasta salir del salón.

Sólo entonces Ichigo se apartó de Rukia.

– Gracias.

– No fue nada –respondió él con satisfacción al notar el sonrojo en sus mejillas.

Sabía cuánto ella luchaba todos los años por tener asistencia perfecta en las clases. A él, sin embargo, no le importaba coleccionar otra llegada tarde a su asistencia.

– ¡Oye, Ichigo! –se escuchó a Keigo desde el fondo–. Así que ¿Cómo estuvo la noche?

– ¿De qué hablas, Keigo?

– Al parecer nos han hecho creer a todos su jueguito y ustedes andan todos enamoradizos, ¿eh?

– Keigo, no sé a lo que te refieres pero preferiría que no me involucres en tonterías con este sujeto.

– Oh, mi hermosa Rukia, ambos sabemos que estás mintiendo.

– ¿Qué?

– Ay, Keigo sólo dilo de una vez, ¿quieres? –interrumpió Rangiku enderezándose sobre su asiento–. A nosotros no nos engañan, tortolitos –dijo ahora dirigiéndose a los acusados–. Ustedes pasaron la noche juntos.

Si el papel y la nieve eran blancos, ¿Cómo se catalogaría el color en los rostros de Ichigo y Rukia?

– Lo sabía. Son tan predecibles –alegó Rangiku.

– ¿Q-qué te hace creer que estuvimos juntos, Rangiku? Tienes una imaginación muy activa –se excusó Ichigo nervioso.

– Ahh, déjame ver… Ambos llegan tarde, agitados, con el pelo mojado, y se siente hasta aquí el aroma a rosas del champú del hotel Dark Night. Créeme, tengo mis métodos para saberlo.

El vitoreo y los aplausos de sus compañeros no se hicieron esperar y ambos chicos sentían que sus caras explotarían. ¿En qué maldito momento las cosas habían llegado a ese punto? Maldito champú y maldito vaso de Vodka. Y maldita Rangiku y maldito Gin por llevar a Rangiku a ese hotel.

– Tranquila. Te creo, enana –dijo Grimmjow por encima de los gritos una vez ésta llegó a su asiento.

Rukia sonrió y fingió molestia antes de pedir que dejara de llamarla así.

Ichigo… Bueno, él sólo rompió el lápiz que había alcanzado a sacar de su portafolio.

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Durante el receso, se escucharon pisadas fuertes y bancos que se pegaban alrededor de Rukia.

– Es un nuevo record, chicas. Empezaba a preocuparme que ni siquiera una nota de "Cuenta a todo detalle" hubiera aparecido en mi escritorio hasta ahora.

– ¿Estás loca? Estas cosas se cuentan face to face, querida. Así que comienza a tirar todo lo que tengas –pidió Rangiku cruzándose de piernas y acomodándose en el asiento de Grimmjow.

– Oye, ¿Qué haces en mi…? –comenzó a decir de forma hostil el dueño del escritorio.

– Cariño, si no quieres que ventile a los cuatro vientos información vergonzosa sobre ti te alejarás inteligentemente y nos dejarás hablar de cosas de chicas como Dios manda –interrumpió la rubia interponiendo su mano entre sus rostros.

– Dudo que tengas algo que decir de mí, pechos grandes.

Lejos de ser insultante para la rubia, ésta sonrió y se acercó a él por sobre el escritorio.

– Pruébame, traje de leoncito en tercer grado. Tengo fotos –Grimmjow borró su sonrisa y la miró amenazante–. Eso creí, ahora aléjate o tu imagen ruda se deshará ante los ojos de Rukia y los demás.

– Me las pagarás –susurró también, dando la vuelta y alejándose.

– ¿Qué fue eso? ¿Qué le dijiste para molestarlo? –indagó Rukia algo molesta.

– Oh, tranquila. Algún día tendríamos que conocernos, pero creo que nos llevaremos de maravilla –dijo lo último con una sonrisa enigmática y aterradora a ojos de las demás–. Ahora deja de cambiarme de tema y dinos todo, mujer –exigió autoritaria.

A unos pocos metros Ichigo suspiraba molesto por los últimos acontecimientos. A su lado Senna intentaba suprimir en vano la diversión que todo aquello le causaba.

– No te rías, no es gracioso –pidió Ichigo sin dejar de mirar el techo.

– Claro, claro, no lo es –repitió ella sarcástica–. Pero supongo que quieres contarme lo que sucedió antes de que Keigo y Mizuiro te lo saquen todo en un arranque de ira.

Ichigo la miró y se lo pensó. Ciertamente terminaría hablando del tema con Keigo y no de la mejor manera si no hablaba con alguien de confianza ahora.

– Está bien, pero trata de no imaginar tonterías, por favor.

– ¡Yo no hago eso!

– Claro que lo haces.

Ichigo comenzó a contarle todo, desde que estuvieron esperando como idiotas a sus hermanos hasta que acabó durmiendo con Rukia en un hotel, semidesnudos. Cada tanto Senna reía o ponía cara de enamorada empedernida, pero también había momentos en los que se abstenía de arrojarle con sus palillos sólo para que acabara de contarlo todo.

Ichigo se sentía realmente cómodo hablando con ella, era como si fuera la amiga que siempre necesitó para obtener esos consejos y regaños que sólo una chica te podría dar. No era lo mismo que con Rukia, eso era más que seguro, pero por supuesto que incluso hasta a tu pareja hay dudas que no le podrías preguntar, porque podrían hasta ser malentendidas. Si tan sólo ella hubiera aparecido antes que Rukia posiblemente su relación con la pelinegra jamás hubiera acabado. Aún no entendía por completo por qué Rukia no podía llevarse bien con Senna, ella sólo quiso lo mejor para ambos desde el principio.

– No puedo creer que hayan dormido juntos, Ichigo –gritó entre susurros más que emocionada–. Esto me suena a película romántica. Es tan… tan… ¡Kyaa! No puedo describirlo –dijo removiéndose en su asiento casi como gelatina. De repente se tornó seria y tomó su mano–. Ahora, más que nunca, debes avanzar y volver a tener su confianza. Sé que pronto volverán a estar juntos –lo animó con una amplia sonrisa que contagió al chico.

Rukia observó esa escena malinterpretando las cosas. Dejó de sonreír al contar lo que había sucedido con Ichigo y prefirió terminarlo con un resumen más breve que el decir "Hola, ¿Cómo estás?". Haberse emocionado por algo tan estúpido fue… estúpido.

Nell llegó al salón y vio la misma escena que Rukia, obviamente también malinterpretándolo todo. Ahora resultaba en que no era una enana, sino dos en su camino. Un desafío más fácil que la tabla del dos pero aun así molesto de resolver, a final de cuentas tendría a Ichigo comiendo de su mano, tal como los demás.

– ¡Ichigo! –vociferó alegremente mientras se arrojaba sobre la espalda de Ichigo–. ¿Qué haces, lindo? –preguntó observando con una mirada afilada a la chica que lo acompañaba.

– Ahh… I-Ichigo, creo que… olvidé algo… en la biblioteca. Nos vemos al rato –habló atropelladamente antes de salir corriendo de ahí.

– No, Senna, ¿Qué…? –ya luego le agradecería por dejarla a solas con quien menos quería estar en ese momento.

– Oh, déjala, se ve que es demasiado tímida –comentó Nell balanceándose elegantemente hasta el lugar que ocupaba momentos antes Senna–. Anoche te fuiste sin avisar, ¿Es cierto que pasaste la noche con tu ex? –preguntó con voz ronca mientras masajeaba la mano de Ichigo.

– Ahh… sí. Digo no. Digo… es que… –apartó la mano y recorrió ningún lugar con la mirada.

– ¿Sí pero no? –preguntó impaciente.

– Sí me fui sin avisar y sí pasé la noche con Rukia pero eso fue porque no podía llevarla a casa en el estado que estaba –respondió fugazmente.

– Claro, seguro –le dijo ella sin prestarle más atención que al mensaje en su teléfono–. ¿Quieres comer conmigo? Mira lo que me dio mi padre –canturreó agitando una pequeña cajita transparente con brownis dentro.

Ichigo recordó que Pesche los había catalogado como bocadillos mágicos la noche anterior. Y luego observó cómo esa magia volteó a casi todos los presentes. Ahora se preguntaba cómo habría terminado aquella reunión de anoche.

– No gracias. Preferiría no tener que probarlos, y tú tampoco deberías hacerlo cuando estamos en período de clases, ¿no crees? –la regañó con el ceño fruncido y sus brazos cruzados.

– Amo cuando te comportas como un padre –volvió a usar su voz ronca y se acercó a él por sobre la mesa. Su camisa estaba desprendida hasta el tercer botón, lo que hacía más notorio el hueco entre sus pechos y por supuesto, ¿a qué hombre no lo pondría nervioso? –. ¿Qué pasa, lindo? ¿Acaso te estás poniendo nervioso? –indagó mientras se acercaba más y más.

– ESTO es lo que tomé por error esta mañana en el hotel –interrumpió Rukia arrojando pesadamente dos libros sobre la mesa.

Ichigo cayó hacia atrás de su silla y Nell volvió a sentarse de mala gana.

– Sí sabes que gracias a tu fiestita de anoche tuvimos que dormir juntos en un hotel, ¿verdad?

– ¿Dices que es mi culpa?

– Yo no lo dije sino tú.

– No me preocupa, sé que nada pudo haber pasado entre ustedes –contraatacó parándose y mirándola desde arriba, claramente magnificando su altura y sus gracias de mujer.

Rukia sonrió con grandeza y prendió su camisa por el tercer botón.

– Te sorprendería saber que sin mostrar tanto como tú él prefirió dormir conmigo estando en ropa interior.

Nell borró su sonrisa de inmediato y acomodó su cabello antes de largarse a grandes zancadas de allí.

Rukia: 1. Nelliel: 0

– La próxima vez puedes llevarla a ella a un hotel para acabar lo que empezaron en su casa. Tranquilo, ya no los interrumpiré –reprochó a Ichigo pisándolo en la parte baja del estómago y pasándolo por encima.

– Ru…kia –escuchó llamarla.

– ¿Qué quieres?

– Agradece… que ya te haya visto antes en ropa… interior –respondió recuperándose de a poco y con un claro sonrojo.

Rukia abrió los ojos con indignación y acomodó su falda antes de escapar del salón. Ichigo reprimió una sonrisa de triunfo.

.

OwOwOwO

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Orihime observó salir al chico nuevo en cuanto la última clase del primer período acabó, así que decidió seguirlo. Una fuerza extraña le impidió el paso una vez que llegó al salón en el que él había entrado, al mirar hacia arriba comprendió que la sensación familiar era por estar en la biblioteca, era como si una poseída intentara entrar a la iglesia, ella no podía entrar a una biblioteca sin sentirse a punto de desfallecer.

– Al diablo con ello –se dijo a sí misma.

Ingresó a la biblioteca escondiéndose tras libros y personas. En cuanto lo identificó en una de las mesas de lectura se apresuró a esconderse en uno de los pasillos cerca de él.

Observó que aún continuaba leyendo el mismo aburrido libro del día anterior. Recordó con vergüenza los acontecimientos y golpeó su cabeza contra un libro regordete y pesado.

Sus tácticas de seducción no habían funcionado en lo absoluto. En cuanto Ulquiorra se sentó a su lado ella intentó hablar con él de todas las formas que se le pudo haber ocurrido, pero a él parecía no importarle mucho. Intentó probar con el libro de tapas oscuras que tenía a un lado durante el receso, él le respondió que se llamaba "Noches Oscuras" y como obviamente ella no hablaría de libros y lectura intentó tomar el papel de la niña asustadiza que requiere de un hombre que la proteja. ¿Su respuesta? "Por supuesto que deberías temerle a la oscuridad. Nunca sabes con lo que podrías encontrarte", un fracaso total. Ofendida, salió del salón bufando sonoramente para luego volver y tomar su bento antes de salir, nuevamente, bufando como toro enojado.

Lo que nunca supo fue de la pequeña sonrisa casi imperceptible que el pelinegro formó en su rostro.

– Idiota, ¿Acaso está ciego que no puede ver a semejante hermosura frente a él? –le preguntó al libro que aún tenía en manos como esperando a que éste le respondiera.

Suspiró sintiéndose Keigo y volvió su vista al frente, sólo para notar que Ulquiorra se acercaba a los estantes donde ella se encontraba. De inmediato se alejó hasta un rincón y abrió un libro tapándose la cara con él y fingiendo leerlo con sumo interés. Sintió como alguien le rozaba la espalda y por encima de su cabeza vio que una mano guardaba un libro en el estante más alto. No podía ser cierto…

– Si quieres algo sólo dímelo, no necesitas acosarme –le susurró antes de alejarse del lugar.

Orihime titubeó antes de siquiera poder pensar en una respuesta, sin embargo para entonces él ya había dejado el lugar. Maldito sea el momento en el que su presencia la había abrumado.

Durante las clases, Orihime no podía prestar más atención en las clases que en el perfecto perfil de Ulquiorra. Era condenadamente hermoso y sus ojos no podían despegarse de su rostro. Incluso cuando carraspeaba y escribía algo en un trozo de papel que luego se lo pasaría a ella se veía bello.

– ¿Eh? ¿Para mí? –preguntó inocentemente y sonrió sintiéndose triunfar. Era de esperarse que en algún momento caería en sus encantos. Nadie se le resistía.

Al abrirlo un tic en el ojo derecho se hizo presente.

"Deja de mirarme, acosadora"

Tomó aire y exhaló, tomó aire y exhaló, tomó aire y…

– ¡YO NO SOY UNA ACOSADORA!

Lo mandó al diablo.

– ¡Señorita Inoue! ¡Señor Cifer! ¿Pero qué significa esto? Les pido que de inmediato abandonen el salón –pidió el profesor con suma indignación.

Ulquiorra suspiró y se retiró sin decir palabra alguna, seguido por Orihime quien sentía hervir su sangre al observar los cuchicheos entre sus compañeros. Ahora serían motivo de risa. Qué vergüenza…

– Oye… Ul-Ulquiorra… –el aludido se giró para verla por sobre su hombro y luego siguió caminando.

Ella lo siguió.

Llegaron a la azotea del instituto y ambos notaron que el cielo comenzaba a nublarse, de repente la brisa comenzaba a sentirse en un frío viento.

– ¿Por qué sigues acosándome, acosadora?

– Ya te dije que no soy ninguna acosadora –respondió firme y convencida.

– Me acechas en clase, en la biblioteca. Incluso me sigues hasta la azotea. ¿Qué sigue? ¿Me violarás? –preguntó curioso y divertido.

– No te acecho y no te sigo, creí que querías que viniera.

– Pues no te lo pedí.

– Entonces me voy.

– Vete.

El viento jugó con los cabellos de la chica… y con su falda también.

– No lo viste. ¡DIME QUE NO LO VISTE! –exigió completamente avergonzada mientras acomodaba su falda entre sus piernas.

– No lo vi.

– ¿En serio?

– ¿Qué debo responder ahora? –preguntó con tranquilidad.

– ¡Eres un idiota! ¡Un pervertido! ¡Sin vergüenza! –comenzó a gritar con lágrimas en los ojos.

Ulquiorra carraspeó intentando no reír por la situación. Esa mujer estaba logrando divertirlo más de lo que acostumbraba.

– ¿Sabes qué? ¡Me rindo! –exclamó levantando los brazos al cielo–. ¡ME RINDO! ¿Me oyes? Eres un tipo raro que lee y hace cosas raras. Ni siquiera debería estar perdiendo el tiempo contigo.

Ulquiorra observó la ira en sus ojos y de pronto ya no parecía tan divertido, a pesar de él no haber hecho nada para enojarla así.

– Entiendo –fue su última palabra antes de pasar por su lado y alejarse hacia las escaleras.

Orihime agachó la mirada sintiéndose de lo más patética. Lo de Ichigo no había sido nada en comparación a lo que sentía ahora, y humillada era poco. De repente sintió cómo algo se posaba en sus hombros, el frío que estaba sintiendo se esfumó y un delicioso aroma de hombre llenó sus fosas nasales. Lejos de poder decir algo, sólo cerró los ojos y se permitió sonreír. Ese tipo raro era de verdad interesante.

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OwOwOwO

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Luego de que Rukia se dirigió hacia Ichigo y la descarada de la nueva, Soi no pudo deleitarse con la escena que se avecinó después.

– Soy Fong, el profesor Urahara te espera en el laboratorio –anunció una chica de primero antes de seguir su camino por el pasillo.

–Tu príncipe te espera, Soi –animó Rangiku guiñándole un ojo. Soi sólo rodó los ojos.

De camino al laboratorio sólo podía pensar en cómo le cortaría la lengua por haberle interrumpido su almuerzo y diversión de receso. Siempre hacía lo mismo, tenía a otros integrantes en el club como para siempre estar molestándola a ella, ¿Por qué no simplemente la dejaba en paz por un día?

– Ten cuidado, Kisuke –escuchó decir a una mujer del otro lado de la puerta del laboratorio.

– Lo haré con cuidado, tú sólo relájate –y esa… ¿no era la voz de su profesor?

– Pero, ¿dolerá?

– Tú sabes cómo es esto. Seré rápido, sólo relájate.

– Pueden vernos.

– Nadie vendrá.

– No se puede hacer esto en la escuela… ¡Ah! –gritó a modo de gemido a oídos de Soi, quien de inmediato abrió la puerta de manera estrepitosa y con los ojos echando chispas.

– ¡Oh, Soi! Había olvidado que ella vendría –le dijo a la morena que se encontraba sentada en una de las mesas y con su brazo descubierto–. Llegas tarde, quería enseñarte a colocar una inyección, siempre es útil ese tipo de aprendizaje. ¡Oh! Sólo evita decírselo a alguien, el director no lo sabe y no queremos que se entere –rio como si nada mientras terminaba de colocar una gasa en la zona del pinchazo.

– ¿Así que tú eres Soi Fong? Kisuke ama hablar de ti, cariño. Casi hasta me dan celos –comentó la morena de ojos dorados.

– Dudo que diga cosas coherentes –refutó la pelinegra mirándola con recelo.

– Bueno, pocas veces dice cosas coherentes. Soy Yoruichi Shihouin –Soi estrechó su mano y de inmediato dirigió su vista hacia su profesor.

– Será la nueva asistente de laboratorio así que por ende también del club.

– ¿Qué? Nunca había mencionado que tendríamos a alguien nuevo. Debería hablarlo primero con los chicos –protestó con su ceño fruncido y sus brazos cruzados por sobre su pecho.

– Nadie sabía que llegaría hoy, cariño.

– Soy Soi Fong.

– Claro, cariño. Te decía, el director Yamamoto es muy amigo mío y estaba necesitando de una ayuda urgente así que no dudó en solidarizarse conmigo. Y qué mejor idea que ponerme a trabajar con la persona con la que más afinidad tengo en este lugar, ¿Verdad, Kisuke? –preguntó al rubio arrojándose sobre él.

– Claro, somos buenos amigos –respondió animado y sin tomar en cuenta la indirecta.

– Somos muy buenos amigos –recalcó sentándose a un lado suyo y recostando su cabeza en su hombro.

– Sí, por lo visto su amistad rebasa límites pero en un instituto educativo deberían comportarse como los adultos que son –interrumpió Soi observando lo afectuosa que era esa mujer con su profesor. ¿En serio no le interesaba ser pescada por el director de esa manera? Qué mujer tan descarada.

– Ohh… Ya entiendo lo que está ocurriendo aquí –dijo Yoruichi con tono de picardía–. A ti te molesta verme tan pegada a tu querido profesor.

– Pues sí –respondió con total convicción para sorpresa de los dos mayores–. Están en un laboratorio, no en un Love Hotel –recriminó con enfado.

– No es sólo eso y las dos lo sabemos, ¿o no, Soi?

– ¿De qué hablas?

– A ti te gusta Kisuke.

Soi palideció al imaginarse a sí misma enamorada de su profesor. Un cosa era que sus amigas la molestaran pero que una extraña lo hiciera ya era cosa seria. ¡A ella no podría gustarle un sujeto como él en años!

– Por favor no diga tonterías. Suficiente tengo con el profesor Urahara –respondió calmadamente.

– Oh, seguro. Entonces… no te molestará que lo bese un poco, ¿no? –Soi la observó confundida–. Ya sabes, él te aprecia y te tiene mucha confianza. Yo no lo veo desde hace años y lo extrañé tanto que creo que quisiera… besarlo –dijo lo último sonriendo con inocencia.

– ¿Qué?

– Ah, creo que no lo he mencionado antes pero nosotros fuimos novios por un largo tiempo –Soi volvió su vista a su profesor pero éste no dijo nada, sólo se dedicaba a ver el suelo como si no prestara atención a la conversación–. Bien, entonces ¿guardarás el secreto, Soi Fong?

Por más que quiso responder, ninguna palabra salió de su boca. La mujer tomó la cara de su profesor y lo besó por lo que le pareció una eternidad, incluso llegó a preguntarse si no necesitaban aire. El sólo hecho de verlos tan acaramelados la asqueó, ahora resultaba que no sólo era un pervertido que la molestaba cuando tenía oportunidad, sino que era un mujeriego como todo hombre de veinticinco años.

Salió del salón cerrando la puerta con ánimos de querer romperla. Aún en el laboratorio, Yoruichi rio sonoramente y Kisuke la miró apenado.

– No debiste haber hecho eso.

– Oye, sin diversión no sirve de nada trabajar en una escuela –se defendió con voz inocente.

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OwOwOwO

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– ¿Nuevos compañeros?

– Sí, dice que son agradables y que quiere que los conozcamos.

– Es que ¿no has visto la batalla campal que se estaba armando ahí dentro? A veces no es suficiente con sólo escuchar la historia en versión Rukia –rezongó Rangiku molesta–. Además, ¿No será que quiere que conozcas a sus nuevos amiguitos?

– Te equivocas, me envió un mensaje diciendo que le gustaría que ustedes se llevaran bien con ellos. Qué lástima que Soi tiene asuntos con el club y Rukia no puede venir –dijo Momo un poco desanimada.

– Oh, sí, lástima que Rukia tiene animales que poner en su lugar. Especialmente zorras –comentó la rubia con sarcasmo.

– Ya basta, Rangiku. Creo que tendremos que hablar seriamente acerca de tu diccionario de insultos.

– Ja, ja, ja, ¡No te resistas! Hay que decir desde adentro lo que uno siente. ¡Libertad, Momo! ¡Libertad de expresión! –gritó en los pasillos llamando la atención de todos los estudiantes.

– Ho-hola, Toshiro –saludó Momo al ver que uno de los espectadores era su amigo.

– ¡Ohh, pero si es el pequeño blanquito! –exclamó Rangiku para desgracia del susodicho.

– También me alegro de verte, Matsumoto –respondió con falsa modestia.

– No puedo contar las veces que te he pedido que me llames por mi nombre –se quejó la rubia palmeándole la cabeza.

– Ni yo las veces que te pedí que dejaras de tratarme como a un niño.

– Es que eres tan adorable, ja, ja, ja.

– Rangiku, es suficiente. Deja de molestar a Toshiro –pidió Momo con voz temblorosa.

– No te preocupes, Momo –la calmó el peliblanco–. Ya luego tendré tiempo de hablar con Gin sobre las técnicas de tu amiga para convencer a los profesores de subir sus notas.

Rangiku entrecerró los ojos y sonrió de medio lado.

– Está bien, está bien. Lo entiendo. Lo siento, ¿está bien? –se disculpó sin más problemas–. Muchos creen que soy diabólica pero qué equivocados están si no te conocen a ti –comentó con diversión.

– Como sea. Les presentó a Shuhei Hisagi y Kaien Shiba. Chicos, ellas son Momo Hinamori y Rangiku Hormonas suelta… ¡Auch! –la nombrada pegó un puñetazo en uno de sus costados, doblándolo del dolor.

– Rangiku Matsumoto. Encantada –se presentó estrechando la mano de los presentes.

Estuvieron largos minutos hablando con los nuevos amigos de Toshiro, riendo y comentando cosas triviales de los pueblos de donde venía cada uno. Cuando de a poco comenzaban a quedarse sin temas de conversación apareció Rukia con mala cara.

– ¡Rukia! –exclamó Rangiku tomándola del brazo y arrastrándola hasta donde el grupo se encontraba–. Te presento a Hisagi y Kaien. Chicos, ella es Rukia, una más de nuestro grupo.

– Hola –se obligó a decir un poco más animada para no causar malas impresiones. Esos chicos no tenían la culpa de todos modos–. ¿También son de último curso?

– Son nuevos compañeros míos. Llegaron ayer –comentó Toshiro desde el marco de la ventana, donde estaba sentado junto a Momo–. Por cierto, ¿no ingresaban nuevos chicos también en su curso?

– Sí. Ulquiorra Cifer y Grimmjow Jeagerajaquez –respondió sonriendo con el último nombre.

– Creí que había una chica también.

– No es tan importante –respondieron las tres amigas al unísono y restando importancia.

– Oye, Rukia. Creo que a ti sí te conozco –comentó Kaien llamando la atención de la pelinegra–. Tú no eres la novia de mi primo.

– No tengo novio –afirmó casi de inmediato.

– Ahh… Pero recuerdo que Ichigo me dijo…

– ¿Ichigo es tu primo?

– Sí.

– Pobre de ti –dijo arrugando su cara en una de sentido pésame.

– Ja, ja, bueno, lo siento, yo creí que…

– Pues es cierto, fuimos novios pero eso se acabó hace tiempo. Él y yo ya no somos nada.

– Genial –musitó ampliando su sonrisa.

– ¿Qué es genial? –interrumpió Rangiku habiendo escuchado eso último.

– Oh, no, sólo… Sólo vi algo que un chico hizo ahí en el salón. Estuvo genial –se excusó riendo con total naturalidad.

Rangiku sólo se forzó a sonreír y lo observó por el resto del receso. Presentía que ese chico le traería problemas en un futuro.

– Bueno, es bueno hacer nuevos amigos pero creo que ya es hora de irnos a clase –Momo y Rukia la miraron y asintieron dándole la razón–. ¡Nos veremos luego chicos!

Todos se despidieron y acordaron salir juntos en alguna otra ocasión.

– ¿Y bien? ¿Qué les han parecido?

– Pues las tres son muy lindas –comentó Hisagi guardando sus manos en los bolsillos del pantalón.

– ¿Las tres?

– Sabemos que Momo es tuya amigo –intervino Kaien sabiendo hacia dónde se dirigía la conversación–. Pero sus amigas son muy lindas y divertidas.

– Ja, ja –rio el peliblanco con sarcasmo–. Momo no es mía pero tampoco se las presenté para que decidieran ir tras ellas. Olvídenlo. Matsumoto ya tiene novio y Rukia acaba de terminar con Ichigo.

– Creo haber oído que terminaron hace mucho tiempo.

– Pero es tu primo, Kaien.

–Está bien, yo no dije nada al respecto –se excusó palmeándole la espalda y entrando al salón de clases.

Por alguna razón Toshiro presintió que no había sido buena idea haberles presentado a las amigas de Momo.

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OwOwOwO

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Esa noche los tres hermanos se encontraban tumbados en las camas de las chicas. Desde hacía algunos meses habían implementado de forma silenciosa una reunión de hermanos cada tanto para así contarse sus problemas, dudas y novedades.

– Creo que odio a la chica nueva –soltó Rukia suspirando al techo.

– Creo que estoy confundido –siguió Uryuu también suspirando al techo.

– Odio a mis nuevos profesores.

– ¡Ay no!

– Arruinaste el momento.

– Eso no se hace, Tatsuki.

– Es el peor comentario de la noche.

Tanto Rukia como Uryuu comenzaron a pegarle a su hermana con las almohadas, riendo sanamente y terminando por jugar a la guerra de almohadas. Cuando ya por fin se hubieron calmado, se arrojaron nuevamente a las camas y esperaron a recuperar el aliento.

– ¿Por qué te sientes confundido, hermanito? –preguntó Rukia.

– ¿Cómo acabaste odiando a la chica nueva? –preguntó Uryuu.

– Esperaré como buena hermana a qué me pregunten por qué odio a mis nuevos profesores.

– Sigue esperando sentada, Tatsuki –respondieron los otros dos al unísono.

– Tsk, me siento rechazada –rezongó la pequeña pelinegra para risa de sus hermanos–. Pero bueno, es justo que expliques tú primero, Rukia. ¿Desde cuándo odias a la gente?

– Bueno… no es que la odie, de... odiarla. Más bien creo que… la odio.

– Odiar no es odiarla, sino odiarla. Toma nota Uryuu –pidió Tatsuki de manera sarcástica.

– Es mejor grabarla en estos casos –respondió el niño mostrando su celular.

Nuevamente, los tres rieron.

– Ya, cállense –pidió Rukia cuando volvieron a calmarse–. Es que… no lo sé, se siente raro. Es peor que Orihime. Es como… Orihime potenciada por diez.

– ¿En serio puede haber alguien peor que la bruja pechugona? –preguntó Tatsuki confundida.

– Créeme, es mucho peor. Además, parece que quiere seducir a Ichigo y a ese idiota no parece molestarle en lo absoluto.

– ¿Y a ti te molesta? –preguntó Uryuu dejándola sin habla–. Te molesta, ¿verdad, Rukia?

– ¿Sabes? No entiendo por qué se han peleado. Estaban en su mejor momento, todos enamoradizos y escupiendo arcoíris y corazones por los ojos. ¡Era enfermizo! Pero se veían bien juntos –opinó Tatsuki girándose para ver a su hermana.

– A veces las cosas no son lo que parece, hermanita –respondió Rukia cerrando los ojos y suspirando–. Lo irán descubriendo de a poco. Pero ahora quiero que me cuenten ustedes sobre sus dos primeros días –dijo en un arranque de alegría que no pasó desapercibido para sus hermanos–, ¿les ha tocado con las gemelas otra vez?

Tatsuki y Uryuu comprendieron que la separación con el Príncipe Delincuente aún le dolía a su hermana, pero lamentablemente habían aprendido a no presionarla cuando no quería contar algo. Ella lo haría cuando lo creyera necesario.

Terminaron pasando dos horas contándole a su hermana mayor acerca de los nuevos compañeros de clase y la inmensidad de la casa de uno de ellos. Hablaron con detalle de cada uno de ellos y contaron cosas que la hicieron reír. Al final de la noche Rukia fue la primera en dormirse.

– Parece estar relajada –comentó Uryuu observándola dormir pacíficamente.

– Así parece –secundó Tatsuki observándola con una sonrisa feliz–. Es lindo hacerla reír de vez en cuando.

Ambos niños mostraron lo que escondían tras sus espaldas. Pasta dental y marcadores de colores.

– Eso minimiza los posibles daños colaterales que por la mañana causará cuando la bruja interior despierte.

Sí… Algunas cosas no cambiarían por más tiempo que pasara…

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Siento que me dirijo al medio de un escenario con grillos cantando ante el sepulcral silencio... Jajajaja

Ohhh! Pero se siente tan bien volver a escribir! *W* Lo extrañaba mucho, y para que vean cuán arrepentida estoy por todos estos meses decidí dejar el capítulo así de largo (51 páginas y 17 544 palabras al final de la revisión). Disculpen si aún siguen habiendo errores ortográficos, estaba ansiosa por publicarlo (o probablemente no lo haría hasta más adelante). Tantas cosas han pasado hasta ahora que el tiempo realmente se me fue de las manos, intenté publicar en vacaciones de invierno pero mis neuronas estaban quemadas.

Pero bueno, basta de excusas! ¿Qué les ha parecido el cap? Recuerden que pueden comentar qué les pareció y qué no, me encanta leer sus comentarios y me animan muchísimo.

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Review Zone:

Frany H.Q: Frany, amiga! Como siempre amo tus comentarios a modo de testamento, siempre, sin excepción alguna me sacan una sonrisa. Créeme que no has sido la única en disfrutar de los celos de Ichi-nii, pero bueno... no será el único que la tenga díficil. ¿Cuál es el rencor con Senna? Pobre alma caritativa que sólo recibe odio TnT jajaja ya verás que mi querida Senna es clave en esta historia o.-, sólo no vuelvas a engorilarte jaja. Y pues lo de Nell... jejeje e.e Aizen es el profesor titular, como bien dices, el asesor de los alumnos, quien está a cargo del alumnado por el resto del año, sinceramente lo amo como villano frustrado. Espero que te guste esta nueva actualización y tus expectativas acerca del fic no decaigan, tengo tantas ideas revoloteando en mi cabeza. Al parecer sólo debía volver a leer mis resúmenes para activar mi loca imaginación. Gracias a ti por leer y por tomarte el tiempo de escribir tan lindas cosas para animarme.

Tsukiiiii: Jajaja siento haber publicado después de varios meses y luego volver a desaparecer. Pero tienes razón, apareció otra y esta es peor que la primera. Muaajajajaja 3:D jajaja

Kyoko: Bueno, acertaste! Este fic es súper OoC, más que OoC, hiperincreiblemente OoC, jajaja. Es la continuación de otro de mis fics y en él si lo lees puedes llegar a entender cómo se formaron esas personalidades. Quise contar una historia diferente y para ello necesitaba distorsionar un poco el mundo de Bleach, por ello me disculpo desde el principio y lo volveré hacer ahora, pues la trama seguirá tan OoC como hasta ahora, aun así espero que todavía tengas ánimos de seguir leyendo esta historia.

Momantay 3: Momantay-kun! Qué alegría saber que te han gustado mis fics, realmente me siento muy agradecida porque te hayas tomado el tiempo y les hayas dado una oportunidad. Con una mano en el corazón te digo "Gracias". Espero que aún quieras seguir leyéndola, mi hiatus por falta de tiempo e inspiración llegó a su fin y ahora más que nunca quiero dar rienda suelta a este fic que tanto aprecio le tengo.

SCarrieS: Oh, vamos! En serio tú también? La pobre Senna tiene una horda de haters que quieren darle con la chancla y la pobre sólo cometió el error de llegar a esa escuela (lo siento Senna, es mi culpa T.T) jajaja. Espero que con este cap hayas entendido quien será la nueva bruja pechugona que se interpondrá en la relación de nuestra amada pareja O.- y en cuanto al UlquiHime... *da media vuelta y sale corriendo mientras ríe como foca*...

MyMindPalace221b: Me siento mal por haberte decepcionado durante un año y meses sin actualizar. Pero recuerdo que la primera vez que leí tu comentario literalmente lloré de alegría. ¿Tienes idea de lo que eso significa para una escritora por hobby? Incluso ahora que lo leo siento que no quiero dejar de escribir, si aportando mi granito de arena para poder entretener a todo aquel que ama el IchiRuki como yo causa el regreso de un hermano ichirukista me siento más que realizada. Gracias por permitirme devolverte la fe en el IchiRuki y muchas gracias por permitirle un momento a mis fics para divertirte y entretenerte. Espero poder leer otro de tus reviews en el futuro :3

aracheli281 y Rukia-Kuchiki-Lol-14: No me maten, por favor! *se arrodilla y clama piedad* Jajaja, espero haya podido compensar mi ausencia con este extenso fic.

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Nuevamente y como siempre agradezco sus palabras de aliento y el tiempo que se dan para darle una oportunidad a mis fics. Se los aprecia mucho, chicos. Espero poder compensar aunque sea un poco de mi ausencia con este capítulo, y a pesar de que no soy propensa a cumplir mi promesa de "actualizar con frecuencia", siempre seré fiel a la promesa de "no abandonar un fic hasta haberlo terminado".

Muchas gracias y nos leemos pronto! O.-/