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En un dormitorio de paredes color negro, con un peculiar escritorio pintado igual de negro con un espejo con forma de corazón y, varias repisas con peluches de oso de color negro y ojos blancos, estaba una poni unicornio durmiendo como una potrilla en su cómoda cama negra. Su pelaje blanco como la nieve junto crin corta y cola corta chocaba con toda la ambientación de su dormitorio; solo una franja de color negro que paseaba por su crin y cola jugaba con el color de todo el lugar.

La unicornio bostezó y se incorporó pesadamente de su cama maldiciendo haber abandonado la tierra de los sueños y, con un esfuerzo monumental, abrió sus parpados, revelando unos ojos de color negro como el espacio.

-¿Qué extraño? -dijo con pereza la unicornio al no ver ningún rayo de luz iluminando su habitación. Usualmente siempre los rayos del sol pasaban por la ventana y besaban su rostro por las mañanas; quizás aun era de noche, o quizás los pegasos se atrasaron con su labor de despejar el cielo.

Volvió a bostezar de nuevo, la pereza le estaba ganando. Pero antes de perder la batalla contra morfeo, levantó su casco y se tocó el cuerno. En eso, un pavor inminente se apoderó de su ser y todo rastro de pereza y sueño desaparecieron, al notar que le faltaba algo muy importante para ella.

-¡Mi moño! -gritó sobresaltada.

Por si acaso, tocó cada rincón de su cuerno como una desesperada, e incluso, por toda su frente, pero después de múltiples búsquedas, no lo encontró.

Se levantó rápido de su cama y comenzó a buscar por todas partes; debajo de su almohada con forma de conejo negro, debajo de su cama, e incluso tiró sus peluches por los aires por si acaso uno era el que le robo su preciado moño, pero nada.

Comenzó a entrar en pánico; buscó aquí, saltó allá, tiró lejos cualquier obstáculo. Nada, hasta que su sentido común le guió a una de sus gavetas del escritorio. La abrió, y ahí estaba el moño que, no muy sorprendente, era de color negro.

Suspiro de felicidad. Sin pensarlo dos veces, agarró el moño con sus cascos y, como si manos estas se tratasen, se lo ató a su cuerno.

Luego, se sentó en una banquilla frente a su escritorio y se miró en el espejo. Vio con disgusto como su crin estaba desalineada y como su sudor humedecía toda su frente, producto de la búsqueda implacable del moño. Una de las cosas que más odiaba era verse llena de sudor, se sentía sucia por eso.

-"Necesito bañarme" -pensó.

Volteó y, luego miro todo el desorden que ocasionó, parecía como si se hubiera desatado una feroz batalla que no dejó ningún sobreviviente. Suspiró una vez más.

-"Y también arreglar todo este desorden".

Las siguientes horas se la pasó limpiando su habitación, era un poni que le gustaba que todo estuviese en total y armónico orden. Una vez que terminó, pasó otra hora metida en su tina al otro lado de su habitación, dándose un refrescante y divino baño de burbujas digno para cualquiera que deseara la total limpieza en su cuerpo.

Cuando salió, tenía un paño de color negro atado en su crin y su pelaje brillaba como el roció de las hojas en la mañana. Ya se sentía limpia como una inmaculada, sin duda, era una sensación muy satisfactoria.

Se sentó de nuevo en su banquilla, se quitó el paño y, de una de las gavetas de su escritorio, agarró un peine que también era de color negro, con los dos cascos y, comenzó arreglarse con delicadeza su crin mientras tarareaba su canción favorita. A pesar de ser una unicornio, jamás le daba uso a su magia, por lo que la convertía en un terrestre con cuerno.

Cuando estuvo satisfecha de haber arreglado su crin, sacó un lápiz labial negro con una especie de sujetador que le permitía usarlo con sus cascos con facilidad. Con cuidado y me manera hábil, se lo aplicó en sus suaves labios.

Una vez que terminó, comenzó a hurgar en sus gavetas tratando de hallar algo.

-"En donde lo puse…" -pensó mientras seguía en la búsqueda -. "¡Aja! ¡Lo encontré!"

Con su típico agarre, sacó su arma secreta: Un frasco de perfume de color blanco con una marca de producto que decía "Celestial".

No había ningún día que no lo usara y, hoy no era la excepción. Como una delicada flor del desierto, se aplicó la fragancia por todo su ser y dejó que el suave aroma la deleitara; era una de las partes que mas disfrutaba del día, el verse en el espejo y sentirse hermosa. Era su momento especial, incluso un rubor y placer creció en ella al observar su bello y hermoso reflejo. Humedeció con su lengua sus labios, gracias al labial, estos se veían más grandes y jugosos. Sintió un inmenso deseo de besar su propio reflejó.

Cerró sus ojos y lentamente acercó su boca al espejo. Ya no pudo aguantarlo más, tenía que hacerlo, tenía que sentir sus deliciosos labios tocar el espejo para liberar esos deseos que la estaban ahogando.

Hasta que inesperadamente, una imagen se proyectó en la pared de la nada y reveló a una poni de color violeta que tenía una inquebrantable sonrisa y, al parecer, un buen estado de ánimo.

-¡Muy buenos días mis queridos competidores! -dijo la poni violeta, la cual su vos también emanó de la pantalla.

La unicornio gritó del susto y saltó de su banquilla, dejando un clon de humo de ella misma. Cuando aterrizó, con una increíble velocidad, se ocultó debajo de la cama y asomó su cabeza de manera temblorosa, como si fuera una tortuga en apuros.

-Primero que nada -continuó la poni de la pantalla -. Quiero felicitar a nuestro primer ganador del gran torneo de peleas Equestre ¡Light Fire Blue!

-¿Ga…Ganador? -titubeó la poni de color blanca. No supo quien era ella o que era lo que estaba diciendo, ¿y cómo era posible que le estuviera hablando a través de… esa cosa? Parpadeó, ¡¿acaso ella era una alicornio?!

-¡En breve, la increíble repetición de la pelea entre nuestros dos competidores!

La imagen de la pantalla cambió, y en ella, revivió la batalla entre el pegaso Fire Blue y la unicornio Optical Illusion.

En eso, las piezas de la cabeza de la poni de color blanca se unieron. Impactada, salió de su zona de pánico, se vio en el espejo, y un pavor se apodero de ella, al ver que hay estaba: el pequeño aparato con forma de araña en su pecho, como si fuera una sanguijuela.

Negó con su cabeza, creyó que todo fue una pesadilla, pero la cruda realidad era diferente. Poco a poco, todos sus sentidos se alteraron.

La pantalla cambio de nuevo a la energética presentadora. Su sonrisa parecía estar burlándose del pánico de la pobre unicornio.

-¡Los invito a todos a pasar por el comedor del ala de Falabella! -dijo Beautiful Sword -. ¡Estoy segura que deben estar hambrientos! ¡Y recuerden! -La unicornio miró con terror la pantalla -. ¡Uno de ustedes serán escogidos para la siguiente batalla! ¡Estén preparados! Al menos que quieran morir fácilmente -un escalofrió escaló por la columna vertebral de la unicornio al escuchar esa última parte y, su cuerpo comenzó a temblar de los nervios -. ¡Los amo mucho mis queridos competidores, que tengan un hermoso día!

La presentadora cerró sus ojos y puso un casco en su boca para luego extenderlo con fuerza y tirar un beso en el aire. Como si fuera un efecto especial, un corazón violeta salió flotando de sus labios a la dirección del beso y, de pronto, la pantalla se oscureció.

La poni de color blanca miró con horror a la nada. Su cuerpo experimentó un miedo que no había sentido en mucho tiempo, se sintió como una potranca que temía que salieran monstruos del armario o debajo de su cama.

De repente, una puerta de su habitación se abrió sola en forma de elevador, provocando un sonido metálico que alertó a la unicornio. Ella se quedó observando el umbral, lo vio como una oportunidad.

-"¡Tengo que escapar!" -en eso, trotó con miedo hasta la salida.


Por un momento ella pensó que se toparía con la sala de estar de su morada, pero de en vez de eso, se encontró con un largo pasillo adornado con varias estatuas de ponis echas de mármol que tenían también algunos candelabros con incrustaciones de diamante que adornaban los techos; las paredes lucían un cremoso color blanco con algunos cuadros de pintura y, el piso, estaba tapizado con alfombras de terciopelo de color rojo.

Si la unicornio estuviera en otras circunstancias, se hubiera maravillado por lo elegante que se veía el lugar, pero ahora, estaba galopando sin rumbo fijo, desesperada por encontrar alguna salida.

Dobló en una esquina del majestuoso corredor y, en eso, se estrelló con un poni, haciéndola caer; pero el choque fue tan duro como si se hubiera estrellado contra una roca.

Rápidamente se tapó los ojos con sus cascos como si realmente eso le hubiera dado el poder de hacerse invisible.

-¡Por favor no me lastimes! -rogó la unicornio casi sintiendo como sus lagrimas querían escapar de sus ojos.

-¿Estás bien? -dijo una vos de aire poderoso.

Esa vos se le hizo familiar a la asustada unicornio, pero tenía sus dudas.

Apartó poco a poco un casco de su ojo y entrevió a un poni terrestre de aspecto rudo, con un color de pelaje plata, crin y cola de color dorado. Sus ojos de color morado la miraban entre preocupación y seriedad.

-¡Eres tú! -exclamó la unicornio reconociéndolo.

La poni se levantó rápido antes que siquiera el terrestre le pudiera ofrecer su ayuda.

-¡¿Estás bien, no te hicieron nada?! -inquirió la unicornio desesperada, casi ahogándose en su propia respiración.

-Eh -dijo el terrestre tratando de calmarla.

-¡¿En dónde estamos, o por que aun no nos han rescatado?! -sus palabras escupieron miedo y temor.

-¡Eh! -alzó mas su voz.

-¡Tienes que ayudarme a escapar! ¡No quiero que me lastimen! ¡Soy muy joven para…!

-¡Eh, escúchame! -el terrestre la interrumpió sujetándola de los hombros -. ¡Tú misma saldrás lastimada si pierdes el control ahora! -la poni blanca observó la mirada penetrante del terrestre. Sintió que su alma se estaba congelando -. No sé en qué parte de Equestria estamos, puede que ni siquiera estemos en Equestria -la unicornio se sobresaltó al escuchar esa parte -. Pero si perdemos la calma ahora, ten por seguro que no escaparemos de aquí. Ahora quiero que respires hondo y te calmes de una buena ves ¿entendido?

La unicornio tardó en procesar cada palabra del terrestre, jamás nadie le había hablado con tal magnitud. Sin saber que responderle, respiró hondo tal como él le dijo y exhaló una buena bocanada de aire y, en ella, sintió como sus nervios se iban evaporando poco a poco.

El poni de color plateado la soltó de su agarre y, con una vos más apacible, le habló.

-Ahora dime, ¿qué fue lo que te alteró de esa manera?

-Bu… bueno -dijo la unicornio un poco nerviosa -. Estaba en mi habitación haciendo… pues… -un rubor se presentó en sus mejillas al recordar que casi besó su propio reflejo, en eso, comenzó a chocar sus cascos de manera nerviosa y se mentalizó para nunca jamás en su vida relevar tal escena -. Pues… haciendo cosas… -rió nerviosamente -. Pero, no sé cómo y, esa presentadora apareció en la pared y… esto… -vaciló, le costó tratar de explicar todo en palabras -. De pronto, vi como ese pegaso… eem… no me acuerdo como se llamaba, pero, vi como le pegó fuerte a la poni de mal genio… y… -desvió su mirada .- Esa alicornio dijo que uno de nosotros pelearía… y eso… eso me dio mucho miedo. No quiero que me lastimen, por eso, cuando… una puerta se abrió sola y… pues… creí que podía escapar.

El terrestre hizo un esfuerzo monumental para seguir la historia de la unicornio, por suerte, él también vio en su aparente habitación todo lo que la poni blanca le decía: la pelea en esa extraña cosa en la pared.

-Ya veo -dijo el terrestre. Luego, comenzó a caminar por el pasillo.

-¿A… a dónde vas? -preguntó.

El poni de color plata se detuvo y se dio la vuelta para verla.

-Voy a ese "comedor" que dijo la alicornio.

-¿¡Es… estás loco?! -exclamó la unicornio sintiendo como sus nervios se estaban alterando de nuevo -. ¿Qué tal si nos encierran en un calabozo terrorífico? ¿O… o si nos tienden una trampa? ¡¿O… o qué tal si nos encierran en un calabozo terrorífico donde nos tenderán una trampa!? -el terrestre la miró con los ojos entrecerrados dejando claro su mensaje. Ella, al notarlo, respiró y exhaló de nuevo una y otra vez para intentar calmarse -. Lo… lo siento… -dijo sintiendo como sus mejillas ardían de la vergüenza.

-Esto me parece muy extraño -se limitó a responder el terrestre -. Dime, ¿no te has preguntado por qué no estamos encadenados como la última ves?

-Pu…pues -titubeó. Al final, negó con su cabeza.

– Algo no encaja en todo esto, ni siquiera este ambiente tan… elegante. Quiero investigar un poco más.

El terrestre volteó y siguió caminando.

-¡Es…espérame! -dijo mientras galopó para alcanzarlo -. ¡No me dejes sola!


La mayoría del camino fue recto, aunque había algunos cruses que desviaban a otros lugares, a la vez, el trayecto fue silencioso. Ambos estaban muy concentrados observando con intriga todo el extraño lugar, si fueron secuestrados, ¿por qué el sitio tenía tanta clase como si fuera un castillo?

Después de una larga caminata y, de consultar algunos mapas en las paredes para no perderse, llegaron a un enorme comedor a través de una puerta que también se abrió sola sin necesidad de magia.

La zona tenía varias mesas rectangulares a los pareceres hechos de cristal, tenía también una gran fuente que expulsaba agua de color arcoíris y sin faltar los candelabros con incrustaciones de diamante que adornaban los techos.

Lo curioso, es que no había una cantina, o algún lugar donde se pueda ordenar la comida y, lo más extraño, no había ni una sola alma rondando por el lugar.

-¿Este es el comedor? -preguntó la unicornio –. No hay nadie, es… es… aterrador.

El terrestre vio una de las mesas, tuvo la sensación de sentarse después de caminar por un buen rato. Ambos se sentaron en los puestos de la mesa más cercana, de manera que los dos quedaron de frente.

La unicornio observó con miedo el lugar una vez más, le daba cierto terror la soledad que reinaba la habitación.

-¿Tú… tú crees que nosotros seamos los únicos? -inquirió la unicornio.

-Lo dudo -respondió el terrestre con un aire de firmeza -. Me acuerdo que esa alicornio, antes de irse, dijo que tenía que "presentarse" a otros ponis.

La unicornio se quedo pensando, le intrigaba mucho esa poni.

-¿De dónde crees que salió esa alicornio?

-No lo sé -respondió el terrestre -. Incluso su presencia me parece extraña, pensé que solo existían tres alicornios en Equestria.

-¿Tres, cuales tres?

El terrestre se le hizo extraña la pregunta.

- Aparte de las princesas Celestia y Luna, esta la princesa Cadence del reino de cristal, quizás la conozcas más como Mi Amore Candeza.

La unicornio inclinó su cabeza confundida.

- Eem… creo que estas equivocado, solo existe una alicornio, la princesa Celestia. ¿Quiénes son las otras?

Stone se quedó sorprendido; ¿acaso no las conocían? Quizás no a Cadence, ¿pero tampoco a Luna? Abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido cuando la puerta principal se abrió, entrando un poni pegaso de color azul marino oscuro. Él tenía algunas vendas atadas en sus costados y alas, a la vez, miró preocupado el lugar, como si estuviera buscando algo o alguien.

La unicornio sintió pavor inminente al verlo, le recordó la imagen gravada en su mente donde él arremetió un fuerte golpe a la unicornio de color arena. Se encogió lo más que pudo en su puesto, temerosa a que él la encontrara; para su mala suerte, el pegaso la visualizo sin ninguna dificultad.

-¡Chicos! -exclamó alegre Fire Blue al verlos.

Sin dudar, comenzó acercarse con ánimos; tanto, que no notó que algo no estaba bien en la expresión del terrestre.

-¿Se encuentran bien los dos? -inquirió el pegaso mientras se estaba acercando a ellos -. ¿Algunos de ustedes han visto a Optical? Estoy preocupado de que algo malo le…

Cuando estuvo a tan solo unos cuantos pasos, inesperadamente el terrestre se levantó de su puesto y extendió un casco, bloqueándole el camino.

Fire Blue quedó perplejo ante el repentino movimiento del poni. De repente, pudo sentir como él lo veía de manera inquisitiva, si las miradas mataran, por supuesto que la del terrestre lo haría.

- Sera mejor que no te nos acerques -le respondió el terrestre con un tono frio y severo.

-¿Pero? -vaciló Fire Blue. De repente observó a la unicornio que estaba acurrucada en su puesto y temblando como una potra indefensa -. ¿Oye, estas bien? -le dijo, pero cuando iba a dar un paso para acercarse, el terrestre le dio un leve empujón, alejándolo de ella.

-Te dije que no te nos acerques -esta vez su vos fue más grave –. No quiero lastimarte, pero lo haré si no me dejas opción.

Fire Blue se sintió ofendido, pero a la vez estaba confuso.

-¡Pe… pero qué es lo que te pasa! -exigió, pero el terrestre no le respondió, solo se quedó bloqueando su camino -. ¡Solo quería saber si ella está bien! ¡Trato de ser amable con ustedes!

-No te hagas el idiota con migo.

-¡¿De qué rayos estás hablando?! ¡Yo no he hecho nada malo para que me trates de esta forma!

-¿Nada malo? La próxima vez busca a alguien de tu tamaño antes de ser un cobarde y pelear con una yegua.

En eso, la pelea con Optical se le cruzó en la mente de Fire Blue. En la mañana, él vio la repetición de la pelea en una de esa cosa en la pared mientras estaba en su habitación. Quedó desconcertado al ver como él dio el primer golpe y, lo peor, en el momento final, cuando ayudó a la unicornio a levantarse, él asestó el golpe de gracia. ¡Ese no era yo! ¡Imposible! ¡Jamás haría algo como eso!, pensaba el pegaso.

-¿Tu… tu viste la pelea? ¿Pero cómo? -dijo el pegaso, perplejo.

El terrestre daba la sensación que estaba perdiendo la paciencia.

-¡No…no fue lo que parece! -continuó el pegaso -. ¡Ese no era yo! ¡Jamás tuve la intención de lastimarla! ¡Te lo juro! ¡Y ella quería matarme! ¡Tenía que defenderme! -volteó su mirada a la unicornio -. ¡Tú me crees! ¿Verdad?

La poni blanca comenzó a retroceder en su puesto asustada. El terrestre lo tomó como hostilidad y le dio un fuerte empujón a Fire Blue haciéndolo caer de espalda.

- Sera mejor que te retires, antes de que pierda por completo mi paciencia.

Esas últimas palabras fulminaron a Fire Blue; quedó claro, no le iba a creer, ni siquiera él mismo se creyó cuando vio la batalla, y no quería otra pelea.

De mala gana se levantó, se alejó de ambos ponis y se sentó en una mesa lejana. Se sintió indignado, pero a la vez, lo inundó una tristeza instintiva. Ahora estaba solo, quizás lejos de casa y de sus amigos, ¿acaso estarán preocupados por él? ¿O quizás, ni siquiera se han dado dé cuenta de su desaparición? Todo eso le hizo recordar su infancia; solitaria, sin padres, sin amigos, sin nadie especial. Se preguntaba ¿por qué me pasa esto a mí? Nunca había sido un poni malo, al contrario, era amigable, siempre le gustaba ayudar a los demás por encima de él mismo, pero al parecer la vida conspiraba contra él, como si disfrutara verlo caer y tropezar una y otra vez. Aunque Fire Blue jamás se dio por vencido y siempre le sonreía a la vida, llegaban puntos en donde creía que su existencia era injusta y cruel. Ahora la tristeza inundó sus pensamientos, incluso sintió las ganas de llorar.

-"Los caballos no lloran… los caballos no lloran" -se repitió para sí mismo como un intento de aguantarse sus lagrimas.


El terrestre cuando vio que el pegaso estaba a una considerable distancia, se sentó de nuevo en su puesto y suspiro, liberando el estrés que lo invadió hace unos segundos.

La unicornio también suspiro, se sintió aliviada de que el pegaso se alejara de ella.

-Gra… gracias -dijo la unicornio en un tono tímido.

El poni de color plata la miró con duda.

-¿Por qué me agradeces?

-Bu… bueno… por evitar que él se me acercara y… -tartamudeó -. Po… posiblemente me lastimara… yo no hubiera sido capaz de enfrentarle, o ni siquiera de defenderme -bajó su cabeza decepcionada de sí misma.

En eso, el terrestre le puso un casco en el hombro de la poni.

-Tranquila -dijo. La unicornio levantó su mirada y lo miró. Él irradiaba calma en sus ojos, como si fuera un protector real -. Todo estará bien, te prometo que saldremos de este lugar pronto.

La poni de color blanca sintió como su corazón se aceleró y, como su sangre se acumuló en sus mejillas.

-"¿Qué es este hormigueo que siento en mi estomago? ¿Por qué de repente me siento acalorada? ¿Por qué mi corazón me duele, pero a la vez… siento un calor en mi pecho? ¿Acaso… acaso…?"

La unicornio jamás en su vida se había enamorado. Siempre pensó que al único poni que merecía su amor era ella misma, pero el poni que tenía al frente, esos ojos de pronto le parecieron los más hermosos que alguna vez haya visto, su pelaje plateado parecía brillar con una luz imaginaria, su voz, la hacía sentir segura sin importar lo grave que fuera el peligro, su físico le resultó atractivo; él se había convertido en el semental de sus sueños.

-¿Estás bien? -el terrestre comenzó a preocuparse por que ella no respondía y, al parecer, estaba mirando peligrosamente a la nada.

Tocó con su pata la frente de la unicornio y fue como si hubiera tocado una tetera con agua hirviendo, por suerte, retiró su casco a tiempo antes de que le causara quemaduras de segundo, o quizás, de tercer grado.

-¡Estas hirviendo!

La unicornio comenzó a balbucear aun atontada por su repentino enamoramiento, hasta que sus sentidos recuperaron sus funciones principales y sacudió su cabeza para entrar en razón.

-Yo… -no supo que responder, se sintió como una tonta y tenía la intención de escapar y esconderse para que nadie la encontrara.

-¿Te sientes bien? ¿Estás enferma? -preguntó preocupado.

-Yo… -tartamudeó -. No… solo me quede pensando… y… y… -tragó saliva para desatorar el nudo de su garganta. Estaba acorralada, tenía que pensar en algo astuto. Rebuscó en su mente muchas posibilidades para desviar el tema y, escogió la que más le pareció -. Y me… Y me preguntaba quizás, ¿co… cómo te llamas? -rio nerviosamente.

La cabeza de la unicornio no funcionaba del todo bien y, no fue tampoco una de sus jugadas más agiles, ya que, el terrestre se le quedó mirando sin responderle.

-"¿Acaso creerá que tengo problemas? ¡Maldición! ¿¡Por que le preguntaste su nombre ahora que es un mal momento?! ¡Sin duda me dejara de hablar! ¡Eres una tonta, tonta, tonta!" -se auto castigó la unicornio en su mente.

-Stone Break -se limitó a responder.

La unicornio al escuchar su nombre salió de sus pensamientos y lo miró, él tenía una pequeña sonrisa en su rostro, aunque no le quitaba para nada su seriedad.

-Mi nombre es Stone Break.

La poni blanca quedó embobada de nuevo, quería responderle, pero incluso se le olvidó su propio nombre.


En su mente era un caos total, cientos de unicornios parecidos a ella se movían desesperadas de un lugar a otro, hurgando por escritorios y en todos lados, como si fuera una oficina buscando la información crucial para alcanzar el éxito.

-¡En donde esta! -exclamó enojada una de las unicornios. Esta tenía unas gafas de secretaria en sus ojos y en su pecho tenía un gran número uno -. ¡No puede ser que no encontremos su nombre!

-¡No lo encuentro en sus recuerdos! -dijo otra mientras tiraba varios papeles al aire y tenía el número once en su pecho.

-Busquen en sus emociones, en sus sentimientos, ¡o incluso busquen en su subconsciente! ¡Pero el nombre tiene que aparecer, ahora! -gritó la número uno.

Todas buscaron hasta por los rincones más desolados de esa oficina. La tención se sentía en el aire, algunas estaban acurrucadas en el piso llorando, mientras otras rebuscaban y tiraban los papeles desesperadas. El tiempo se estaba agotando, era cuestión de tiempo antes de que todo se hundiera en el caos.

-¡Lo encontré! -Exclamó con alegría una unicornio con el número seis.

Todas suspiraron de alivio.

-¡Rápido, pásamelo! -gritó la número uno.

La número seis ágilmente le dio el papel a la número uno que lo recibió con su boca, luego, esta galopó a toda velocidad, subiendo por unas escaleras con forma de caracol. Al final, entró a la oficina de control que tenía una gran mesa redonda y, al fondo, estaba otra unicornio blanca que tenía al frente una máquina de escribir antigua y, en su pecho, tenía marcado el número dos.

-¡¿La conseguiste?! -dijo con nervios la número dos.

La número uno asintió y le entregó el papel.

-¡Ahora, escribe el nombre!


-Me… me llamo Lovely Shy

Stone le entendió un casco.

-Es un gusto conocerte señorita Shy

No pasaron ni cinco minutos antes de que las mejillas de la unicornio ardieran de nuevo. Con timidez, chocó su casco con el de él y se saludaron formalmente.

Lovely volteó su mirada a otra parte, no quería que Stone notara su rubor, pero en eso, se percató del pegaso; él estaba con la cabeza baja y, aun de lejos, pudo sentir su aura de tristeza. La unicornio aun le tenía miedo, pero su corazón era noble y algo le decía que él no se encontraba bien.

-¿Cre… crees que fuiste muy duro con él? -Stone también lo miró, mas no respondió a la pregunta -. Ahora que lo veo… no parece un mal chico -continuó la unicornio.

-No podemos confiar que él sea bueno, después de todo, tú también vistes lo que fue capaz de hacer.

El tiempo continúo avanzando, poco a poco, comenzaron a llegar más ponis al comedor, todos de diferentes colores y razas. Algunos se sentaron juntos, otros, solo permanecieron solitarios.

Stone no pudo evitar observar a cada uno con suma determinación, aunque fue muy difícil, detalló que todos tenían el extraño aparato en sus pechos. Concluyó que todos eran prisioneros.

-"Somos un total de dieciséis" –pensó -. "No, diecisiete, no está esa unicornio".

Supo que todos llegaron por la misma razón: por él mensaje que dejó la alicornio en esa cosa rara que no sabía que era, o si acaso tenía nombre; de seguro todos también estaban intrigados o querían respuestas.

Miró a unos cuantos. Detalló como un profesional las expresiones de cada poni, algunos estaban nerviosos, otros, como aquel poni terrestre, estaba solitario; él tenía el pelaje color amarillo, crin naranja recogida en una cola de caballo y, aunque con dificultad, pudo ver su cutiemark: una manzana dorada partida a la mitad, además, cargaba un sombrero de vaquero y un chaleco de cuero color marrón. Stone le puso más o menos veintitrés años.

-"Él debe ser de Appleloosa" -concluyó, no obstante, le intrigó ver que él tenía sus cascos cruzados entre sí y su gesto le marcaba la frente con un gran letrero que decía "poni rudo". Debía estar analizando su situación, tal como lo hacía Stone.

Decidió ignorarlo y seguir con su análisis. Concentró su vista en una poni unicornio que estaba en compañía de otro unicornio. Ambos parecían tener entre los diecinueve y veinte años de edad. La unicornio tenía el pelaje color fucsia y contaba con un lizo crin largo y bien alegrado, mientras que el otro tenía el pelaje color menta y crin corto de color verde oscuro; él, al parecer, hablaba con cierto nerviosismo.

-"Quizás ambos son de Manehatten" -su conclusión no fue exacta, ya que había algo en su fórmula que chocaba con su razonamiento; esa unicornio tenía unas enormes gafas oscuras que ocultaban sus ojos, además, usaba unos enormes auriculares. Quizás la mayor duda era ¿estaba escuchando música, o estaba escuchando a ese unicornio de color menta? Porque solo asentía y asentía sin decir ninguna palabra, ¿pero por qué escucharía música en este momento? Tal vez no se sentía presionada por el hecho de que era prisionera de la alicornio, o tal vez esa era su forma de "razonar" la situación. No pudo visualizar la cutiemark de ambos.

No le dio mucha importancia y concentró su mirada en el pegaso de pelaje azul oscuro, Light Fire Blue. Muchos de los ponis del lugar lo miraron con recelo, sin duda, todos los presentes vieron la pelea en esa cosa, pero cambiando de razonamiento, Stone escuchó cuando él dijo que estaba en una de sus "prácticas de vuelo" antes de perder la memoria; dado que es un pegaso y, por la forma de su cutiemark: Una flama que terminaba en forma de rayo, podría ser de Cloudsdale o Ponyville, ambos lugares eran perfectos para las prácticas de vuelo.

Cambió su vista a Lovely, ella estaba observando con timidez a los demás ponis, como si fuera un gato cuando se percata del peligro. Stone tenia curiosidad con su moño, ¿por qué lo cargaba en el cuerno? Pero más aun lo inquietaba, ¿a qué se refirió cuando dijo que no conocía a las otras princesas?

En eso, se acordó que ella dijo que se estaba dirigiendo a Canterlot en tren antes de que misteriosamente apareciera encadenada. Trató de analizar las rutas más cercanas y los pueblos que estuvieran conectados, ¿acaso era de Ponyville? ¿O quizás de Dodge City o FillyDelphia?

-Señorita Shy -la llamó, lo cual hizo que ella se sobresaltara -. ¿Podrías decirme en que parte de Equestria vives? preguntó con sutileza.

Lovely balbuceó, su lengua la traicionó e impidió que ella pudiera hablar con claridad.

-So… soy de Bal… Baltimare.

-"Baltimare" -analizó, era una ruta un poco más larga, pero directa a Canterlot.

-¿Y tú? -dijo la unicornio sacándolo de sus pensamiento.

-¿Cómo dices?

-Bu… bueno… -por un momento se sintió intimidada. Tragó saliva -. ¿Don… donde vives?

- Vivo en Tall Tale -respondió.

-¿Tall tale? Nunca había escuchado ese lugar.

-Quizás sea porque Tall Tale queda muy alejado de todo, al noroeste de Equestria. Es muy común que pocos ponis conozcan del lugar, además, Tall Tale está sufriendo una fuerte crisis económica, sus tierras no son buenas para el cultivo y casi nadie quiere invertir en nuevos negocios. Por mucho tiempo, la mayor fuente de ingresos era la venta de carbón, pero luego del desastre de las minas de Smokey Mountain, Tall Tale dejó de generar capital, acumuló muchas deudas y, los precios subieron hasta las nubes. Temo que dentro de pocos años, la situación empeore a tal punto, que todos los ponis querrán marcharse de la ciudad, o peor aún, que desaparezca por completo del mapa.

La unicornio se quedó asombrada con tal explicación.

- Sin embargo, algo aquí me parece extraño -continuó el terrestre.

-¿Eeh? ¿Qué te parece extraño?

Stone le hizo una señal a Lovely para que observara a los demás ponis prisioneros con disimulo.

–Estoy seguro que todos de aquí somos de al menos de algún lugar de Equestria.

-Pe… ¿pero cómo lo sabes? -inquirió.

-Suelo analizar mucho los detalles, en especial los rasgos de los ponis. Me di de cuenta que cada uno tiene una cierta característica única ligada al lugar donde nació, como por ejemplo, la manera como hablan, como se comportan -hizo una pausa -. Incluso puedo deducir de donde provienen gracias al cutiemark, no es muy común que consigas un poni con cutiemark de cereza en Manehatten, sino en Dodge City, donde abunda la cosecha de cereza.

Lovely quedó boquiabierta, para ella todos los ponis les parecían iguales. Volteó para ver una vez más a los prisioneros solo para aplicar la teoría del terrestre, pero como si fueran abejas, todos les seguían pareciendo iguales.

-Pe… pero -dijo la unicornio blanca fijando su mirada a Stone -. ¿Qué tiene que ver eso con lo que te parece extraño?

-Que todos somos de al menos de algún lugar de Equestria. Solo piénsalo, si esa alicornio quería hacer un torneo, ¿no le sería más fácil secuestrar ponis en un solo lugar, que secuestrar ponis por toda Equestria?

Lovely se sintió como si estuviera en un concurso de preguntas de las cuales no se sabía ninguna respuesta.

-¿Entonces significa que…?

-Significa que la alicornio quizás ya sabía de nosotros -miró una vez más a los demás ponis -. No estamos aquí al azar. Quizás, somos importantes para ella.

-¡Pe… pero eso es imposible! ¡¿Por qué estaría interesada en mí?! ¡Solo soy una escritora de poemas! -dijo con vos alterada.

-"Buen punto" -pensó Stone. Si ella decía la verdad, ¿entonces qué razón tendría traer a una escritora a un torneo de peleas? Se notaba que ella era débil y, por supuesto, tímida; no tenia madera de que sabia luchar, o muchos menos, defenderse, entonces, ¿por qué la alicornio estaría interesada en ella?

-¡Ya me canse de esperar! -gritó una voz con acento de vaquero. Todos los presentes voltearon su mirada y observaron al terrestre de pelaje amarillo y sombrero de vaquero -. ¡Vine aquí por la comida, y ni siquiera veo algo que se pueda comer!

-"¿Comida?" -pensó Stone estupefacto.

-¡Quiero un pie de manzana en este preciso momento! -gritó el vaquero estampando un casco en la mesa, como si esta tuviera la culpa.

De pronto, como si fuera por arte de magia, varios rayos verdes aparecieron en su mesa y, como en un festival de luces, moldearon a una increíble velocidad la forma exacta de un pie, para luego desaparecer y transformarse en lo que pidió el vaquero: Un pie de manzana. Arriba del pie, apareció una señal hechas de luces que marcaban "-10 FP". Después de unos segundos, la señal desapareció.

El terrestre de color amarillo se quedó observando el pie con los ojos bien abiertos, casi desorbitados y con la boca abierta, ¡ni siquiera movió un musculo! Su cerebro era incapaz de procesar lo que acabó de ver. Y no solo él, todos los ponis del lugar quedaron boquiabiertos, parecían que todos concursaban por quien era capaz de llegar la boca al piso primero. Los lentes oscuros de la unicornio fucsia resbalaron por su nariz y cayeron al piso, revelando sus ojos de color violeta llenos de incredibilidad. Stone Break tampoco se salvó, por más que intentó buscar la lógica, no pudo explicarse a si mismo lo que paso.

-Por todas las manzanas… -dijo el vaquero cuando por fin su cabeza se recuperó.

Sintió el aroma que emanó del pie, olía muy bien y, parecía que lo tentaba para que le diera un mordisco. Acercó su boca con vacilación estando entre: probar el pie que misteriosamente apareció de la nada sin ninguna razón fuera de su entendimiento o, no arriesgarse y aguantar las protestas de su estomago. Eligio la primera.

Mordió una pequeña migaja y lo masticó con la mayor lentitud que su boca le permitía, para luego, tragar con fuerza, como si se hubiera tragado una barra de acero.

En eso, puso una mueca de terror. Todos se sobresaltaron y temieron lo peor, ¿acaso estaba envenenado?

-Santos matorrales de mi abuelo, ¡este pie esta delicioso! -hundió toda su cara en el pobre pie y, sin piedad, comenzó a devorarlo.

Ahora todos estaban sin creérselo. El comedor tan solo se escuchó las masticadas y los gemidos del vaquero disfrutando su comida.

Una vez que el vaquero terminó, levantó su cabeza y, usando su lengua, se restregó por toda su cara como si fuera servilleta, eliminando cualquier rastro de comida.

-¡Ahora quiero una sidra de manzana! -exclamó alegre como si le estuviera hablando a algún mesero.

Nuevamente los rayos verdes aparecieron y dibujaron una jarra tridimensional en la mesa. Luego los rayos desaparecieron, sustituyendo en su lugar una jarra con sidra de manzana y, arriba de ella, el letrero con la seña "-10 FP" apareció, para luego en unos cuantos segundos, desaparecer.

Esta vez el vaquero no se inmutó por la aparición de su pedido. Sin dudarlo, tomó la jarra y comenzó a beber a fondo. Cuando terminó de tomar por completo, estampó la jarra contra la mesa y pegó un grito similar a los típico vaqueros del viejo oeste.

-¡Esta es la mejor sidra de manzana que he probado en mi vida!

Una pegaso de pelaje azul marino y crin amarillo le invadió la curiosidad, aunque dudaba, decidió intentar lo que hizo ese vaquero.

-Quiero un… -por un momento se lo pensó -. ¿Un sándwich de margaritas?

En eso, los rayos aparecieron de nuevo. La pegaso brincó del susto como acto involuntario. Después de unos segundos, apareció en frente de ella su orden: el sándwich de margaritas. De igual forma, arriba aparecieron los números "-10 FP" para luego esfumarse.

Vaciló, ¿debería comérselo? Mordió una esquina del sándwich y, pronto su rostro dibujó una enorme sonrisa.

-¡Es muy bueno! –expresó.

Todos comenzaron a murmullar e intercambiar miradas cómplices y, de repente, el comedor fue inundados de pedidos.

-¡Quiero heno frito!

-¡Quiero un cupcakes!

-¡Quiero papas a la francesa!

-¡Quiero ensalada de lechuga!

Como no era de esperarse, un mar de rayos verdes zigzaguearon por las mesas y, en cuestión de segundos, las comidas que pidieron cada poni se presentaron en frente de ellos, seguido del letrero "-10 FP" y, cada uno gozó de su plato como si fuera el último; era la comida más deliciosa que alguna vez hayan probado.

La unicornio de color fucsia, con los lentes ya puestos, solo miró la mesa y, en un par de segundos, los rayos aparecieron y materializaron su comida como si la hubiera ordenado con las palabras de su mente: Espaguetis. Sonrió ante eso.

Stone Break estaba perplejo, ¡nada de esto tenía sentido! ¿Por qué la comida aparecía con solo decir "quiero"? ¿Acaso era algún tipo de magia? Pero los unicornios no eran capaz de crear comida de la nada, si fuera asi, acabaría con el hambre en toda Equestria, ¿o acaso si existía tal tipo de magia? Pero en el comedor no había nadie más que los ponis prisioneros, y todos los unicornios tenían esa cosa en el pecho, ninguno era capaz de usar sus dotes mágicos.

-Esto…

Stone salió de sus pensamientos cuando escucho la vos de Lovely. Observó que ella miró la mesa con timidez, ¿acaso también iba a ordenar?

-Qui… quiero una… una ensalada de pétalos de rosa -pidió

Los rayos se hicieron presentes una vez más. La unicornio blanca gritó y se ocultó debajo de la mesa a la velocidad del rayo, como si fuera su nuevo bunker de pánico. Stone se quedó observando con intriga cómo los rayos moldeaban a la perfección la contextura y la forma de los pétalos. En cuestión de segundos, los rayos desaparecieron y, en la mesa, estaba posando la ensalada de pétalos de rosas. A continuación, los mismos números de "-10 FP" se presentaron. Antes de que desapareciera, el terrestre de color plata analizó esos números y letras.

-"¿Menos diez FP? FP… F… ¿P?..." -por alguna razón esas palabras se le hicieron conocidas, ¿pero en donde? Era como si tuviera la respuesta en la punta de la lengua.

-¿Ya… ya se acabo? -dijo Lovely con vos temblorosa.

-Si… -respondió Stone de manera involuntaria, aun estaba analizando esas misteriosas palabras: FP.

Lovely entre asomó su cabeza para mirar de reojo su pedido. Dentro de sí juraba que su comida explotaría en cualquier momento. Observó los pétalos unos segundos más. Nada, al parecer, no explotarían, aun.

La unicornio salió lentamente de su escondite improvisado, se sentó de nuevo en su puesto y observó su comida con miedo una vez más, solo para asegurarse de que no explotara su pedido de manera inesperada.

En eso, sus tripas rugieron. Maldijo el hecho de que esa ensalada de pétalos se veía deliciosa y, que si no comía algo, su estomago terminaría por devorarse a sí mismo. Acercó con temblor su boca pintada de negro a los suaves pétalos, cogió unos cuantos y comenzó a masticar con la mayor delicadeza posible, y en eso, lo que explotó, fueron sus papilas gustativas por lo delicioso que era su ensalada. Quedó maravillada, quiso saltar de su puesto y clavar toda su cara en la comida para devotarla toda de un solo bocado, pero se limitó hacerlo, no solo porque era una dama, sino porque Stone estaba ahí y no quería que pensara era una poni de pocos modales y, mucho menos, que se había vuelto loca.

Entonces, con la mayor actuación de una poni refinada, tomó una pequeña porción de pétalos y, con extrema delicadeza, masticó de forma constante y con los ojos cerrados, rezando para que el terrestre la viera y quedara asombrado por sus perfectos modales.

Cuando tragó su comida y abrió sus ojos, notó que Stone no la estaba mirando a ella, sino a la ensalada de pétalos, dando la impresión que quería probarlos. Por dentro, ella se desilusionó, ya que su primera jugada para impresionarlo y hacer que él se interesara en ella falló, pero aun tenía otra carta que jugar.

-Amm… oye… -dijo Lovely con una vos casi susurrante. Stone la miró -. Te… ¿Te gustaría probar mi ensalada de pétalos? Están muy buenos y… -de pronto sintió que sus mejillas ardían. "Maldición, ¿por qué mis sentimientos me torturan de esta manera?" Pensó -. Bueno… noté que estabas mirando mi comida y… supuse que querías un poco.

Stone se sintió apenado, no estaba mirando la ensalada de la unicornio porque quería, sino estaba sumergido en sus pensamientos por esas extrañas palabras: FP.

-Señorita Shy -respondió Stone -. No estaba observando tu comida porque se me antojaba un poco. Además, sería muy grosero de mi parte si te pidiera, pero aun asi, gracias por tu cortesía.

-¿Pe… pero si te gustaría un poco, verdad? –inquirió.

-Sería muy grosero de mi parte si…

-Por favor -le interrumpió -. Insisto, se que te gustará -empujó el plató de pétalos y lo puso enfrente del terrestre.

Antes de que Stone pudiera protestar, Lovely puso su mejor cara de cachorrito triste. Stone pareció que se quedó petrificado, pero en realidad estaba luchando con la mirada tierna y triste de la unicornio, una dura batalla que, por desgracia para él, perdió. Al final, exhaló un enorme suspiro de derrota.

-Está bien -accedió de mala gana -. Pero solo tomare un poco.

Stone pudo jurar que escuchó un chillido de peluche cuando Lovely sonrió de oreja a oreja, aunque no le dio mucha importancia. Acercó su boca sin dudar a la comida, decidido a probarla y librarse de la obligación de Lovely, pero antes de que pudiera tocar un pétalo, de pronto, Stone sintió una fuerte corriente eléctrica que provino de su pecho y le recorrió por su cuerpo hasta que chocó con su cabeza, provocándole la peor jaqueca junto con un mar de dolor insoportable.

El terrestre reprimió el grito de dolor, pero la intensidad fue tal, que retrocedió con los cascos en sus sienes y apretando sus dientes, como un intento de apaciguar el dolor.

-¡Stone! -gritó Lovely y se dirigió a él como si fuera una madre en búsqueda de su hijo lastimado -. ¡¿Estás bien?! ¡¿Que te paso!?

Stone sintió como el dolor iba disminuyendo hasta el punto que se volvió soportable. Inhaló una buena bocanada de aire y exhaló. Ya no sintió más dolor.

-¡Stone! ¡Háblame! –Lovely sujetó los hombros de Stone y comenzó sacudirlo como un intento de reanimarlo -. ¡Por favor respóndeme! -sintió como sus lagrimas querían escapar de sus ojos.

-¡Oye, Tranquilízate! -Lovely dejó de sacudir violentamente a Stone y sintió la mirada seria y molesta del terrestre. Por un momento ella sintió que se estaba encogiendo -. Estoy bien -continuó Stone -. Solo quede aturdido por un momento nada más.

La unicornio se sintió como una idiota sobre protectora, dejo que el pánico se apoderara de ella de nuevo y, ahora, Stone de seguro estará pensando que se volvió loca.

-"¡Maldita sea! Porque no puedes comportarte como los ponis normales" -pensó auto regañándose -. "Cierto, no soy normal, y ahora Stone de seguro me odia por la estupidez que hice".

-Señorita Shy -dijo Stone sacando de los pensamientos torturadores de Lovely -. Aprecio que te preocupes por mí, pero creo que ya puedes soltarme.

Lovely se sonrojó de la vergüenza, se había olvidado que tenia sujeto a Stone de los hombros. Rápidamente lo soltó y se dirigió de nuevo a su puesto con la mayor pena que pudo cargar en su espalda.

–Lo…lo siento mucho… -se disculpó apenada.

Stone pareció no escuchar la disculpa de su compañera, solo porque estaba concentrado en otra cosa. ¿Qué fue lo que paso? ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué el repentino dolor en su cabeza? El terrestre miró la ensalada de pétalos de rosa, ¿acaso…? No, no puede ser cierto, pero…

Observó con determinación a los demás ponis del comedor, al parecer nadie se enteró de su repentino dolor, o de los gritos de la unicornio, pero le inquietó ver, que todos aun seguían comiendo, ordenando y hablando como si no se dieran cuenta de la situación en la que en verdad estaban, ¿acaso este era un plan de la alicornio? ¿Distraernos con comida deliciosa? Pero no tenía sentido, ¿qué eran esas palabras que aparecían como por magia después de ordenar? Pero algo más lo inquietó. Observó de nuevo los pétalos de Lovely.

-Señorita Shy -dijo sin apartar de vista los pétalos.

-¿Si? -respondió casi de inmediato, como si ella hubiera esperado que le hablara.

-Antes de mi repentino dolor de cabeza, ¿notaste algo raro?

-Amm… bueno… no. Solo espere que probaras un poco de mi ensalada… y…pues… -vaciló -. De repente estabas retrocediendo con un gesto de dolor y, me asuste mucho. Pen… pensé que te había pasado algo grave y…

Lovely siguió hablando, pero Stone solo escuchó la parte "solo espere que probaras un poco de mi ensalada". De su ensalada. Nadie estaba compartiendo su comida, pero solo porque era muy deliciosa y, aparte con decir "quiero", aparecía de la nada, pero una corazonada no dejó de repetirse en su cabeza, aunque por dentro sabia que pareciera muy extraña.

-Señorita Shy -la llamó de nuevo el terrestre, esta vez mirándola a los ojos. Lovely pareció parar en seco lo que fuera que estaba diciendo -. ¿Te molestaría si tomo un poco de tu ensalada?

-Aam… ¡claro! No… no me molestaría. Al contrario, me… me gustaría -posó una débil sonrisa.

Stone comenzó acercar su boca con vacilación a los pétalos. La teoría que se le vino a la mente era una de las más extrañas que había pensado, pero ya había bastantes cosas raras y, al menos, quería estar seguro de esta.

En eso, cuando estuvo a punto de tocar la ensalada, sucedió otra vez: miles de volteos y corrientes eléctricas serpentearon desde su pecho hasta dirigirse ferozmente a la cabeza de Stone y, después, un inaguantable dolor de cabeza lo azotó de nuevo. Dio la impresión de que esta vez fue mucho más fuerte que el anterior, porque Stone no pudo reprimir el chillido del dolor. Era como si su cabeza fuera a explotar, ni siquiera la presión en sus ojos y dientes ayudó a calmar el dolor.

Lovely reaccionó casi al instante. Se acercó a Stone que se estaba retorciendo de dolor. No supo qué hacer, trató de calmarse, pero era una tarea imposible para ella ¿qué se suponía que debería hacer? Comenzó a hiperventilarse y vio que Stone no estaba mejorando, ¿¡debería pedir ayuda?! Pero ella no confiaba en nadie aparte de Stone ¿¡Por qué nadie ni siquiera se molesta en mirar lo que le está pasando?!

Con un casco sujetó la nuca de Stone y, con el otro, trató de sobar la cabeza del terrestre como un intento de apaciguar su dolor. Por un momento pensó que funcionó, ya que Stone dejo de estremecerse, pero ahora notó que no se movía; sus ojos estaban cerrados y no parecían tener indicios de querer abrirlos.

-¿Stone? -lo sacudió un poco, pero no respondió -. ¡Stone! -gritó. Lo sacudió una vez más y con más fuerza, pero nada. Miró con terror a todos lados, los demás ponis parecían que ni siquiera le importaban lo que estaba sucediendo, ¿acaso no nos escucharon? ¿O no veían que Stone necesitaba ayuda? Estaba a punto de gritar auxilio, pero en eso sintió un débil movimiento en los cascos de su compañero. Concentró rápidamente su vista y vio un milagro; los ojos del terrestre se estaban abriendo poco a poco y una marejada de felicidad se apodero de Lovely.

-¡Stone! -exclamó la unicornio y encerró al recién despertado terrestre en un abraso.

Stone aun estaba aturdido, pero cuando se recuperó del todo, notó que Lovely lo estaba abrasando y… ¿estaba llorando?

Stone rompió gentilmente el abrazo y vio que Lovely si estaba llorando, ella tenía las mejillas rojas y sus ojos negros brillaban por las lágrimas que salían de estos.

-¿Qué fue lo que te pasó? -preguntó el terrestre.

-¡Me… me asuste mucho! -respondió entre sollozos -. Estabas… estabas sufriendo del dolor y… y no supe que hacer… tenía miedo que algo grave te paso… y… ¡por un momento ni siquiera respondías…! –se puso a llorar.

-"¿Quede inconsciente?" -pensó. Solo recordó el repentino dolor y después… nada, pero antes de eso, sintió algo que provino de su pecho. Se llevó un casco al pecho y sintió un pequeño objeto de textura metálica, ¡el aparato! Recordó que la alicornio dijo que hacían otra cosa, ¿acaso era la causante del dolor? Pero ¿por qué? ¿Acaso, se activó cuando intentamos comer la comida de otros? Pero ¿por qué aria algo asi? Si la comida era gratis y aparece cuando uno lo pidiera, ¿por qué no permitir que compartamos?

En eso, vio que la unicornio aun estaba llorando.

-Señorita Shy, ya no llores, estoy bien -Lovely levantó su mirada entreviéndolo entre sus lagrimas; sintió como un aura tranquilizadora envolvió todo el ser de Stone -. Necesito que seas fuerte, algo no está bien aquí, y temo que de un momento a otro las cosas empeoren -Lovely no respondió, pero se sorbió los mocos y se limpió las lagrimas de sus ojos -. Quizás los demás no lo noten –siguió el terrestre -. Pero creo que somos como una especie de conejillos de india. Esa alicornio nos mantiene distraídos, El lugar, la comida, todo parece como una enorme distracción, pero la verdad es que seguimos siendo sus prisioneros -Stone señaló con un casco su dispositivo en el pecho. Lovely lo miró sin vacilar -. Y esta es la prueba, tenemos que estar atentos y andar con cuidado y no caer en los engaños de la alicornio ¿está bien? -Lovely asintió -. Y una cosa más –continuó -. No le ofrezcas tu comida a nadie y ni siquiera aceptes la comida de otros, o intentes tomarla.

-¿Pe…pero porque? -inquirió con duda.

-No sé cómo explicarlo, pero creo que el aparato que tenemos en nuestro pecho se activó cuando intente tomar un poco de tu ensalada, lo que me provocó la repentina jaqueca.

Lovely aspiró aire del asombro. No pudo evitar sentirse culpable, si no le hubiera insistido que probara su comida, él jamás hubiera pasado por semejantes dolores, se sintió como una miserable.

-¡Yo… lo siento! ¡No debí insistir en…!

-No tuviste nada de culpa, tú no lo sabías, pero… -se quedó pensando un momento -. Se que debe haber una razón por la cual no nos permita tocar las comidas de los otros. Solo aléjate de la comida de los demás, no quiero que pases por semejante dolor.

Lovely sintió los latidos de su corazón, ¿acaso Stone se estaba preocupado por ella? De nuevo sintió los cosquilleos en su estomago y el intensó calor en su pecho. Maldijo porque sus sentimientos la hicieron enamorar. No quería un romance, pero aun asi, los sentimientos la llamaban y, por más que quería resistirse, estos ganaban; era presa del amor.

-¡Optical! -gritó un poni.

Stone, Lovely, y la mayoría de los ponis fijaron su mirada en Fire Blue que estaba levantado sobre la mesa y tenía una expresión preocupado y, casi como si todos hubieran pensado en lo mismo, voltearon su vista a la entrada del comedor, y justo en el umbral, se encontró una poni unicornio de pelaje color arena y crin y cola de color dorado, tenía un parche en una de sus mejillas y algunas vendas distribuidas por todo su cuerpo, pero ella solo parecía estar fijando su vista en un solo poni, en Light Fire Blue.

Dio la impresión de que por cada segundo que transcurría, crecía cada vez más el enojo de Optical, como si fuera una bestia fuera de control. Sus ojos parecían botar chispas y, por cada vez que daba un paso hacia su víctima, se sentía como si el suelo estuviera temblando.

Mientras, el poni vaquero tenía cierta emoción marcado en sus ojos. Rió entre dientes.

-¡Esto será más interesante que los rodeos de mi prima Apple! -dijo para sí mientras tomó la quizás tercera sidra de manzana y se acomodó en su puesto para disfrutar del espectáculo.

-¡Tú! -gritó Optical mientras se estaba acercando cada vez más a Fire Blue. Sus palabras parecían escupir fuego -. ¡Estúpido, miserable, mal nacido, dos caras, mequetrefe, hipócrita, embustero!

-¡Optical Espera! -Fire Blue trató de tranquilizarla, pero antes de que pudiera decir otra palabra, la unicornio arena, con toda su ira cargada en la punta de su casco, lanzó un severo golpe en la nariz del pegaso, empujándolo por la fuerza del impacto.

Fire Blue cayó y llevó rápido su casco para cubrirse su nariz, estaba lagrimeando por el efecto del golpe y sintió como la sangre resbalaba por los orificios de su nariz.

-¡No puedo creer que haya confiado en ti! -bramó la unicornio. Al instante, se lanzó hacia él para arremeter otro golpe.

El pegaso rápidamente esquivó el ataque por poco, sintió como el roce del golpe de la unicornio cortó el aire.

-¡Por favor Optical, escúchame! -exclamó Fire Blue al incorporarse -. ¡No peleemos ahora!

Optical hizo caso omiso a todo lo que le dijo el pegaso, estaba muy furiosa como para escuchar alguna palabra de ese mentiroso, después que le diera el casco para ayudarla ¡la apuñalo por la espalda!

La unicornio cargó una fiera de ataques hacia su contrincante. Fire Blue pareció no estar moviéndose a la misma velocidad que antes, ya que, aunque esquivaba algunos golpes, recibía otros a tal velocidad, que no le daba tiempo para reaccionar. Si no podía usar sus alas, no podía tener la misma velocidad, ni los mismos reflejos.

El pegaso se cubrió su rostro intentando protegerse de los ataques, pero sintió múltiples golpes en diferentes partes de su cuerpo como si le estuvieran arrojando piedras: en su costilla, en el pecho, en su espalda; Fire Blue no quería pelear, solo trató de aguantar los golpes y esperar el momento para inmovilizarla, pero era inútil, parecía que ella no se estuviera cansando en lo más mínimo y, sus golpes eran tan veloces como el rayo que no podía ni siquiera predecir en donde sería el siguiente golpe.

Muchos de los ponis estaban estupefactos, daban la impresión que lo único que pasaba por su mente era la imagen de la unicornio moliendo a golpes al pegaso. Otros querían interferir con la pelea, pero unos temían que la poni de color arena también los atacarían, mientras que otros, pensaron que el pegaso se lo tenía bien merecido.

Lovely en cambio, se sintió aterrada, estaba presenciando un acto salvaje, quería que pararan, pero sus suplicas no se hacían realidad. Si no detenían la pelea pronto, un nuevo ataque de pánico se apoderaría de ella, otras ves.

-¡Tienes que hacer algo Stone! -exclamó con nerviosismo. Pero cuando dirigió su mirada al terrestre, notó que ya no estaba, como si hubiera desaparecido. Parpadeó en caso de que sus ojos la estaban engañando, pero Stone ya no estaba ahí.

Trató de buscarlo con la vista y, cuando lo encontró, vio que se estaba dirigiendo hacia los ponis peleoneros, dispuesto a parar la pelea.

Stone ya se quedó sin hacer nada suficiente tiempo como para saber que esa pelea estaba mal. No sintió lastima por el pegaso, pensaba que se lo tenía merecido, pero la unicornio ya estaba fuera de control, si seguía así, lo iba a matar. La alicornio quería que todos nos peleemos y nos matemos los unos a los otros y Stone no iba a permitir tal lujó, tenía que detener la pelea y hacer entrar en razón a la unicornio. Pero cuando estaba por acercarse, el poni terrestre de pelaje amarillo y sombrero de vaquero se interpuso en su camino, con aun la jarra de sidra de manzana a medio tomar en su casco.

-¡Tranquiliza esas riendas vaquero! -dijo el poni vaquero -. No querrás entrometerte en los problemas de esa linda pareja -tragó a fondo lo que le quedaba de sidra y lanzó la jarra. A lo lejos, se escuchó la jarra rompiéndose.

Stone lo ignoró y siguió con su camino, pero en eso, el vaquero utilizando su pecho, empujó de manera amenazante a Stone, aunque solo lo apartó por unos centímetros.

Stone permaneció calmado y con su gran seriedad. Por dentro tomó como si él no lo hubiera empujado.

-Escúchame bien -dijo con un tono severo -. No tengo nada en contra tuya, ni quiero causar un problema innecesario, te pido que te apartes de mi camino y que no me obligues a lastimarte.

El vaquero soltó una carcajada, como si le hubieran contado un chiste.

-¿Me estas amenazando? Ahora ¡tú! escúchame bien, si quieres avanzar, tendrás que pasar sobre mi ¿entendido compadre?

Ambos quedaron intercambiando miradas, esperando quien de los dos atacaría primero. Algunos ponis se fijaron en ellos, temiendo a que estallara otra pelea en el comedor.

Fire Blue estaba a punto de colapsar, ya casi no podía aguantar los golpes de la unicornio, pero cuando estaba a punto de recibir el golpe de gracia, una poderosa vos inundó todo el comedor:

-¡Atención ponis!

Optical detuvo su mar de golpes y volteó su mirada de golpe, Fire Blue con mucho esfuerzo y dolor también lo hizo. Stone y el vaquero no se quedaron atrás.

Al igual que todos los ponis de la habitación, voltearon su mirada hacia la dirección de la poderosa vos y, en la entrada del comedor, estaba un gigantesco minotauro; toda su piel era de color grisáceo, era musculoso de pie a cabeza, media casi como tres ponis parados entre sí, sus cuernos parecían como los del diablo, tenía una pantalla tableta en una de sus manos y, los mas resaltante, tenía un aparato con forma de araña en su pecho con varias extensiones metálicas que se extendía como si fuera una red por todo su pecho y espalda.

-¡Ahora, formen filas! -gritó el minotauro con aire poderoso.