Flores de Antimonio
Por: Lady Norbert.
Traducción: Evelyn Fiedler
Capítulo Dos: Sublimación.
Sublimación: Propiedad de varias sustancias, la cual les permite ir directamente desde el estado sólido al gaseoso sin pasar por la fase líquida.
Ed está menos que complacido por el repentino llamado. Sin embargo, técnicamente aún conserva el título de Alquimista Estatal, a pesar de la inhabilidad de realizar alquimia, así que rehusarse no es una opción. Y no detesta al General cabeza de chorlito como antes, ni siquiera tanto como le gusta pretender. Aún así, no es exactamente un momento conveniente para ser invitado (usa la palabra vagamente) a Ishval, y Winry lo deja muy en claro. Ella ya andaba bromeando con planes para un vestido de boda hecho de automails, un concepto que lo divierte y exaspera a niveles insospechados para incluso ser descritos. Con una sacudida de cabeza él la besa a modo de despedida y aborda un tren con rumbo a Ishval.
Dieciséis horas de soledad en un compartimiento de tren y su pierna de automail no se lo agradece. Olvida el dolor, sin embargo, cuando avista el panorama de toda la reconstrucción liderada por el General Imbécil; Amestrians e Ishvalitas trabajan en conjunto para levantar la devastada tierra. Él no diría que se respira un ambiente de paz, pero hay mucha menos tensión de lo que alguna vez debió haber.
―¡Edward Elric!
Uh-oh. No hay forma de esconderse de esa voz.
Antes de que Ed pueda ofrecer un saludo débil, está siendo abrazado por un familiar hombre musculoso de bigote, y su camisa siendo empapada por una lluvia torrencial de lágrimas de felicidad.
―Hola –Mayor-Armstrong ―murmura entrecortadamente por la mandíbula apretada.
―¡Oh, mi querido muchacho, que magnífico es volver a verte! ¡Y sólo mira cuanto has crecido! ―lloriquea Armstrong, a lo que Ed decide perdonarle sus costillas rotas.
―Es bueno verlo ―dice él una vez que el gigante lo suelta―. ¿Pero qué hace aquí? Pensé que estaba en Briggs o Xing o algo así…
―He estado en ambos lugares desde que nos vimos la última vez. Pero tenía que venir a ver al General Mustang. Mi hermana tiene un mensaje para él, y uno para Miles también, así que yo los estoy entregando por ella. Nunca ha sido del tipo de persona que confía en los correos, si puede evitarlo. De cualquier manera, como estoy por el vecindario el General me preguntó si podría escoltarte desde la estación hasta los cuarteles generales.
―Oh ―Ed supone que tiene sentido, así que recoge su maleta y camina hasta el Mayor―. Parece que anda muy ocupado, de todas formas.
―Ciertamente, joven Edward ―Armstrong comienza a describir todos los cambios que están sobre ruedas en Ishval, empezando con el cauteloso retorno de los ciudadanos, aún impactados después de casi una generación en el exilio, a sus hogares en ruinas. Diez ciudades han sido erigidas para alojar a los trabajadores; está el asunto de construir escuelas y hospitales, y reinstaurar las antiguos rutas de comercio y relaciones públicas. El Führer Grumman ha sido liberal en la distribución de recursos y ayudas, y además se ha hecho una proclamación pública acerca del mal proceder de la milicia en todo el asunto durante la guerra. Los Amestrians de todos los cuarteles han sido urgidos a recordar que los Ishvalitas son sus hermanos, y la respuesta al llamado de asistencia humanitaria ha crecido lentamente más entusiasta. La culpabilidad de Bradley en el conflicto regional ha sido minimizada, un encubrimiento de la historia que, aquellos que sabían quién él realmente era, desprecian al mismo tiempo que reconocen como necesario.
Ed escucha solo medianamente interesado, su mente vagando acerca de los detalles mientras su mirada recorre los alrededores. Algo acierta en su conciencia, sin embargo, y se da cuenta de que necesita una respuesta.
―¿Mayor? ¿Ha hecho el Führer, alguna clase de decisión sobre aquellos que participaron en la guerra de Ishval?
―Te refieres a represalias oficiales contra los alquimistas estatales y otro personal, presumo.
―Aja ―específicamente, piensa en cierta conversación sostenida alguna vez con Riza Hawkeye, sentado en la mesa de su cocina bebiendo té y observándola limpiar su arma. Ella le había confiado la explicación de las ambiciones del General Caza-faldas, lo que para él había sonado como un suicidio planeado.
―Un extenso tribunal militar fue conducido. Se determinó que la mayor parte de la culpa recaía en los oficinales de alto rango que dieron las órdenes. La mayoría ya han sido arrestados por su colaboración con los homúnculos, y su poder había sido reducido incluso antes de que el tribunal comenzase. El Führer Grumman es muy selectivo con las personas en quienes confía. Hay algunos descargos por actos antiéticos y de deshonra, y algunas sentencias a prisión.
―¿Qué hay del resto?
―El General Mustang fue declarado limpio de cargos, si eso es lo que preguntas. No estaba complacido, para ser honestos, pero ha aceptado el perdón.
―¿Y la Coronel Hawkeye?
―También limpia. Aquí entre nos, sospecho que esa fue la única razón para que el General accediese a su propio perdón ―Armstrong luce bastante divertido―. Contrariamente, pienso que, el que él fuese declarado inocente fue la única para que ella aceptase. Excelente compañerismo.
―¿Y usted?
―Como lo ves, sigo en libertad.
―Cierto. Así que… ¿para qué fui llamado aquí, entonces? El General-Arrogancia no me dio detalles.
Armstrong duda ―Eres el blanco de un poco de preocupación ahora ―dice cuidadosamente―, eso es lo único que puedo decirte.
―¿Cuánta preocupación puedo yo generar? ―Objeta Ed―. ¡Ni siquiera puedo hacer alquimia!
El mayor de los alquimistas se encoge de hombros. Llegan al edificio de los cuarteles generales y se encaminan hacia la oficina de Mustang. Ed puede oír la voz de Hawkeye justo antes de que la puerta se abra reprendiendo a su superior acerca de cosas, y sonríe involuntariamente. Es bueno, piensa, saber que hay cosas que nunca cambian.
Cuando sigue a Armstrong a través del umbral de la oficina, Mustang levanta la mirada. Ed admite, en privado, que se alegra de ver de nuevo al Alquimista de la Flama. Una ligeramente cómica expresión cruza el rostro del General, de un bufido que es medio agitación, medio bienvenida.
―Acero, eres el único tipo que conozco que puede volver su matrimonio en un incidente internacional.
Hola gente!
Muchas gracias a todos los que se animaron a leer y especiales agradecimientos a quienes dejaron un comentario. La historia es excelente, ya van a ver como se ponen de interesantes las cosas con el tiempo.
Ya tengo un par de capítulos adelantados, así que en la medida de lo posible publicaría cada diez días; de esa forma voy adelantando más y no dejaría espacios largos entre capítulo y capítulo (Que siempre ha sido uno de mis defectos más grandes y a la vez de las cosas que más me molestan). Eso está bien? Si no les parece me dicen ^_^.
Nos leemos en diez días!
Evelyn Fiedler
