Extra:

Café con leche

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El Omega dejó caer su cabeza sobre el hombro de su Alfa respirado agitadamente. Su cuerpo pegajoso, caliente y húmedo se estremeció de gusto cuando Victor gruñó dulce en su oído, provocando así que un agradable ronroneo comenzara en su garganta en respuesta. Satisfechos ambos de estar unidos y felices en la intimidad de su nido.

El platinado lo arrulló mimosamente, sus labios rotos e hinchados coquetearon con el sonrojado lóbulo de la oreja del japonés. Su sensible olfato captó el perfume de las pequeñas gotitas de blancuzco fluido dulce que cruzaban su abultado pecho hasta perderse en los costados de su cintura hinchada, un gemido agudo brotó de sus labios maltratados cuando sintió un suave movimiento de caderas de su pareja y un nuevo chorro cálido unirse al desastre en su interior.

―Bien, muy bien, mi Omega. Eres tan bueno conmigo, krasavitsa. Apretando así el nudo de tu Alfa aún estando embarazado, manteniendo todo en tu interior―El Alfa frotó el vientre gestante con cariño, el Omega sollozó feliz ante la caricia, contrayéndose deliciosamente ante los cumplidos cariñosos, en su piel aún presente el fantasma del orgasmo―¿Te gusta eso, malysh? Ser llenado e impregnado por tu Alfa, hasta estar redondo y pesado con mis cachorros creciendo en tu interior.

―Ahhm... A-Alfa...―Sollozó mareado el azabache, tratando de resguardar su rostro sonrojado en el cuello perfumado de su marido. El Alfa gruñó complacido ante una nueva contracción que apretó su nudo.

―Eres tan bello, lapochka. Tan dulce y apretado para mi. Todo mio, solo mio.

Para Yuuri las últimas mañanas habían sido particularmente movidas; su Alfa había comenzado su ciclo reproductivo o ciclo de calor, una rutina que duraría mínimo cinco días donde las hormonas y el deseo sexual se elevaba a límites insoportables, y su lobo interno se apoderaba del control mental y corporal entero del Alfa, volviéndolo una bestia dominada por los instintos con la única necesidad de dominar a su pareja (al ser un Alfa enlazado) y reproducirse.

Las hormonas de Yuuri se verían afectadas también, su cuerpo produciendo slick* en masa y su Omega se empeñaría en pasar tiempo con su compañero, buscando complacerle sin negarse, presentando un celo precoz que asegure la concepción de un cachorro. Sin embargo, en un estado de preñez avanzado y con su Omega centrado en la vida en su interior, Yuuri no tenía posibilidad de acompañar a su Alfa en su rutina, así que durante este calor permaneció sobrio ante la ausencia de un celo, y embriagado al mismo tiempo, debido a las fuertes feromonas que emanaba de pareja.

Esa mañana Victor lo había despertado con una intensa ronda de sexo, excitado por el olor embriagante y dulce de Yuuri tras haber comenzado a lactar, y la emoción de cumplir por fin una de las más grandes fantasías que ambos habían compartido desde el comienzo del embarazo. El ruso no se despegó de su pecho hasta quedar satisfecho, jugó y se burló de sus pezones tanto como pudo.

No había sido especialmente brutal como posiblemente sería una rutina fuera del embarazo. Yuuri recuerda con la carita arrugada de dolor la primera rutina que pasó con su esposo, fue tan alocado y brutal que llegó a sangrar durante una de las tantas rondas, y la mañana post-calor ambos habían amanecido completamente destrozados, su nido era un desastre de sábanas húmedas por el sudor, semen y slick; sus cuerpos eran lienzos decorados con mordidas, chupones, hematomas y fluidos de todo tipo, despertaron un poco deshidratados y hambrientos, y Yuuri estando tan lleno que su vientre se había hinchado hasta el límite de simiente.

Durante este calor, las feromonas maternas de Yuuri producidas durante el embarazo, las cuales estaban cargadas de oxitocina, le impidieron a su esposo ser dominado por su salvaje lobo interno completamente, así que Victor había mantenido un carácter más racional que instintivo durante su rutina bianual.

Pero eso no significaba que le bajaba la intensidad a su deseo sexual.

Ahora mismo se hallaban en el comedor, ignorando olímpicamente los platos llenos de melocotón, bayas y panqueques frente a ellos; con el azabache sentado en el regazo del platinado, ambos cubiertos de sudor y vestidos en traje de Adán anudando por cuarta vez esa mañana.

―Victoru... Uhhh...―Yuuri gimoteó llorosamente con su voz Omega, estremeciéndose al sentir la mano grande de su marido pasearse con cariño por su abultado vientre, el refugio de su cachorro.

―Eres el mejor, zvyozdochka. Dándome un heredero y cuidándome tan bien―A los cariñosos arrullos se le sumaron lamidas continuas a su marca de enlace. Victor sabía que su Omega era una perra de elogios, dicho y hecho, el ronroneo consentido de su azabache se volvió mucho más fuerte en respuesta a los murmullos cariñosos en su oído―Eres tan perfecto para mi, voy a tomarte, Omega. Una y otra vez, te llenaré tantas veces, tendremos tantos cachorros que me rogaras que pare―El Alfa tomó a su Omega por las caderas y rotó las caderas lentamente, provocando la estimulación interna gracias al frote del nudo contra la carne estirada.

El pobre japonés ya desesperado intentó desviar el tema y distraer a su esposo, demasiado agotado como para soportar el ritmo de otra ronda.

―Vi-Victoru, anata, el desyuno... S-se-Ohh―Gimió después de sentir una nueva descarga y un gruñido ronco en su oreja―S-se e-e-enfría. Debes comer, por favor A-Alfa―Llamó agudamente con su voz Omega e intentó observarlo detrás de sus pestañas.

―Por supuesto, por supuesto―Aceptó al Alfa al ruego adorable de su pareja. Gracias al calor, Victor había llegado a comer poco o nada, permitiéndoselo solo a Yuuri, y el ojímiel estaba realmente preocupado debido al ayuno de su marido. El ruso tomó de la mesa su taza de café y la acercó a sus labios para dar el primer sorbo a algo que no fuese agua desde hace tres días. El lujurioso Alfa relamió sus labios entrecerrando los ojos con aire crítico―Le falta...

―¿Eh? ¡A-ahhm!―Yuuri gimió miserablemente cuando la mano de Victor presionó fuertemente uno de sus pectorales hinchados, el tibio chorro blanco y fragante de leche calló limpiamente en la taza, el oscuro líquido caliente tomó un apetecible color beige. El platinado lo bebió con ceremoniosidad, disfrutando la manera en la que su Omega se retorció sobre su regazo, Yuuri jadeó por aire en un sorpresivo orgasmo, el slick resbalando desde su pene hasta su pierna―Ohhhm...

―Vkusno, Yuuri―Besó la mejilla carmesí de su rendido Omega con cariño―Eres delicioso.


*Slick: Es el nombre que se le da al lubricante natural que emanan los Omegas. Su traducción literal sería "mancha".


¡Iré a la iglesia este domingo, lo juro!

-Inserte en meme se shrek- Sí, claro. Como si esas cosas pasaran.

Bueno, cariñitos mios. Aquí lo tienen, tal y como me lo pidieron ¡Un extra! Espero no los haya decepcionado Hoy sábado me toca sufrir en la concentración de DIN en la Universidad, así que posiblemente llegaré a mi hogar echa polvo, por lo tanto se los dejaré publicadito antes de irme a dormir para despertar a la 4am ;v;!

¡Oh, Dioses! ¡Estoy que lloro de la emoción! Jamás pensé que estas pequeñas tonteras llegaran a gustar tanto, espero que puedan apoyar mis otros proyectos también.

¡Los amo a todos!

¡besos!

Zoey Namine.