Because I love you
Trama:"Si esa no es razón suficiente, no sé cual la será". No sabía quién era él realmente. Pero lo que si sabía, era que ella lo amaba. Y lo amaría por siempre. Confía en la gente que te quiere. AU
Disclaimer: Todo le pertenece a JK Rowling. Inspirado en Abduction.
Aria Dream's Productions presenta…
A Alex Pettyfer como Scorpius Hyperion Malfoy
A Lily Collins como Lily Luna Potter
A Skandar Kaynes como Albus Severus Potter
A Marina Ruy Barbosa como Alison Samanta Malfoy
A Drew Fuller como James Sirius Potter
A Rachel Hurd-Word como Julliet Sabine Malfoy
-Ñ-
La habitación ya estaba vacía. Una muchacha de cabello anaranjado estaba apoyada en el marco de la puerta, mirando fijamente la habitación que no tenía nada. Una mujer castaña, de ojos miel y piel blanca que estaba detrás suyo le sonrió.
-Lily, ya debemos irnos.
-Sí, tía Hermione –sonrió ligeramente su sobrina.
Lily Mackenzie era una joven muy atractiva. Tenía dieciséis años. Su prima, Rose Mackenzie, era también muy bonita. Solo que era más alta que Lily. Era pelirroja de cabello enmarañado y ojos celestes. Luego estaba su primo Hugo, de cabello castaño rojizo y ojos miel.
-¡Rose, Hugo! –Llamó Hermione-, ¡A la camioneta!
Durante el viaje, Lily y Rose se la pasaron cantando canciones mientras movían los brazos. Hugo murmuraba cosas como: "Locas", "Dementes" y "No me pueden ver con ellas". Ellos vivían hasta ese momento en Filadelfia. Ahora se mudarían a Los Ángeles, Westchester.
-Realmente, no me interesaría ir a la escuela secundaria St. Bernard –murmuró Hugo, chequeando en su celular último modelo.
-Sí, mejor sería ir a la escuela superior Westchester ¿no crees? –comentó Lily.
-Yo estoy de acuerdo –admitió Rose.
Hermione chasqueó la lengua. Se mudarían a Berger Ave. Estaba muy cerca de la escuela superior Westchester, lo que permitiría que los chicos fueran o caminando en moto o algún vehículo. El viaje duró un buen par de horas, pero finalmente llegaron. El camión de mudanza llegó justo detrás de ellos. Lily miró el lugar. Era bonito. La casa era de dos pisos y grande. Tenía un jardín delante y al parecer uno detrás. Rose sonrió y preguntó:
-¿Cuántas habitaciones tiene, mamá?
-Cuatro habitaciones. Bueno, entren.
Lily entró y vio todo con admiración. La casa estaba vacía, peor la pintura combinaba perfectamente con el suelo de madera. Rose y Hugo subieron corriendo y ella los alcanzó. Hugo se metió a cualquiera habitación y Rose a otra. Entonces, ambos gritaron: ¡Esta es mi habitación!
Lily vio la otra, porque sabía que la del medio era la de sus tíos. Entró y sonrió. Tenía un balcón que daba para el jardín de atrás. Se podía escalar fácilmente. La habitación era amplia, cómoda y luminosa. El suelo era de felpa, había un walk-in-closet color blanco y un baño sencillo.
-Muy bien ¡A desempacar! –anunció Hermione.
Lily empezó a subir sus maletas y abrir todo. Ese era su hogar ahora.
-¿Y qué dices, amigo?
-Que eres un imbécil –se río este, dándole un golpe en el hombro.
En la casa de enfrente, Scott Paterson se reía a carcajadas con su mejor amigo, Elías Dawson.
-¡Pero si recontra…!
-Sí, si lo sé –le cortó Elías, refiriéndose a Katherine Survey-. Pero tiene novio…
-¿Y eso me ha importando alguna vez? –enarcó la ceja Scott.
-Ay, amigo, algún saldrás verdaderamente lastimado…
-Pero mientras tanto…
-¡A divertirse, se ha dicho!
Scott se río. Era rubio, de ojos grises y piel clara. Tenía unos diecisiete años.
-¿Quiénes son los nuevos vecinos? –inquirió Elías, mirando por la ventana.
Un camión de mudanza estaba estacionado en la cera del frente. Vieron a una chica muy guapa de cabello lacio pelirrojo. Muy tranquila, bajaba sus cajas.
-¡Eh, preciosa! –Gritó Scott desde su ventana y la joven levantó la vista, mientras Elías se tiraba al suelo para que no lo vieran, sin parar de reír-. ¿Eres nueva?
-¿Qué te hace suponerlo? ¿Qué no me hayas visto aquí antes o que hay un camión de mudanza? –respondió en voz alta con sarcasmo esta.
Scott le obsequió una sonrisa y se apresuró hacia las escaleras, con Elías muerto de risa tras de él.
-Hola, bonita –dijo seductoramente Scott.
-Hola –contestó con indiferencia esta.
-¿Cuál es tu nombre?
-Lily.
-Yo soy el grandísimo y guapísimo Scott y este es Elías.
-Hola –saludó Elías.
Elías tenía el cabello castaño y ojos verdes almendrados.
-¿Y cuántos años tienes?
-Dieciséis.
-Solo un año menor que nosotros…
-Lily, ¿Con quién hablas?
Una joven un año mayor apareció. Parecía cansada y llevaba una caja.
-Hablar con estos… chicos, si se les puede llamar así. ¿Qué llevas ahí? –inquirió Lily.
-La colección de herramientas de mi papá –rodó los ojos Rose.
-¿Son hermanas…? –preguntó Elías.
-No, somos primas.
-¿Y tus padres?
-Eso no te importa –dijo fríamente Lily, de repente, enmudeciendo su expresión-. Rose, volvamos.
Ambas se fueron.
-¿Y yo qué hice?
-¿Eres o te haces? –se burló Elías.
Scott se encogió de hombros y volvieron a su casa. En la sala habían fotos de él, de un hombre de cabello negro, ojos castaños y piel clara, la de un joven igual, pero sin los ojos castaños, sino azules y de una mujer rubia con los mismo ojos del anterior joven. Los dos chicos de las fotos parecían tener la misma edad.
-Por cierto ¿Y Toby?
-¿Ya te olvidaste? Está en ese campamento en el que viajas alrededor del mundo. ¡Y para colmo es mixto! Ósea, chicas guapas, muy guapas, con él las 24 horas del día, junto con las extranjeras. ¡Y las extranjeras siempre están buenísimas!
Elías río y ambos jóvenes empezaron a hablar de trivialidades. Mañana era el primer día de clases del último año para ellos.
-Era guapa, ya sabes, la chica nueva… Ya sabes, la tal Lily.
- ¿Te gustó?
-No, no. Si no qué… era muy guapa, admítelo.
-Sí, lo era –admitió Scott-. Mucho, de hecho.
En otro país y lugar…
Un joven de dieciocho años bostezó aburrido. Vivía en Alemania, pero sus padres eran ingleses.
-James ¿ya está todo listo? –inquirió una mujer.
Su cabello era miel y sus ojos de color ámbar. A su costado estaba un hombre de cabello negro y ojos del mismo color.
-Sí, mamá –respondió él.
Sus padres irían con él a Alemania, a visitar a sus abuelos y primos.
-Perfecto, cariño.
En otro lugar…
-Debimos decírtelo antes –suspiró una mujer de cabello negro.
La joven negó con la cabeza. También tenía dieciocho, su cabello era de color rojo fuego, con ojos violetas.
-Te dejaré sola, hija.
Sus padres habían considerado apropiado decirle que ella era adoptada. Miró por la ventana de su alcoba. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Eran totalmente diferentes.
En otro país…
Un joven de cabello azabache, ojos avellana y piel morocha caminaba tranquilo por las calles. A paso ligero. Entonces una camioneta se estacionó junto a él y un hombre bajo la ventanilla.
-¡Alan! ¡Sube al auto!
-Ay, papá –se quejó este-. Déjame en paz.
-¡Alan!
-Vale, vale, cómo quieras –bufó él.
El joven se subió al asiento del copiloto, mientras su padre comenzaba una charla que no distinguió de que se trataba.
-¡ALAN!
-Lo siento, me aburrí.
-Hijo, ¿Qué te pasa…? Has cambiado mucho. Sé que al muerte de…
-Solo conduce.
Su padre suspiró y siguió conduciendo.
Minutos antes, en otro lugar.
-¡Mamá, papá, ya llegué! ¿Annie, estás ahí?
-¡Ali! ¡Hermanita! -chilló una niña pequeña-.
La joven de diecisiete años sonrió en toda respuesta.
-Cariño, estamos aquí. Vengan, vamos a ver una película en familia –llamó su madre.
-¡Traje pizza! –dijo su padre.
Cada persona siguió su camino.
No el correcto.
Pero trazó uno.
Y lo siguió.
Pero eso no implica que no podamos mirar atrás…
…Y arrepentirnos. Nunca es tarde para eso.
