Disclaimer: Los Pinguinos de Madagascar no me pertenecen, sino que a Tom McGrath y a Eric Darnell. Supongo que eso es bueno, porque si me pertenecieran... muajajajjajajaja XD

Advertencia: Por si no lo habían notado, este fic es YAOI (chicoXchico). Si esto no es de tu agrado, te pediré amablemente que no leas la historia. ¡Gracias!


Capitulo 2: Científicamente inexplicable

Obviamente, luego de un retorno invadido por un silencio sepulcral, Kowalski y Private habían llegado a su habitad al mediodía. Kowalski se había encerrado en su laboratorio todo el día, haciendo quién sabe qué. Private, por su parte, se había quedado con Rico y los dos habían comido sus helados, nadado un rato en su estanque o visto la tele juntos.

La noche había llegado al zoológico. Recién en ese momento, Skipper llegó al cuartel. Al entrar, se había encontrado con una escena un tanto graciosa: Rico se encontraba frente al televisor, "viendo" distraídamente un episodio de los Lunacornios, mientras regurgitaba pequeñas bombas que al explotar, lanzaban chispas brillantes al aire. En un rincón, yacía Perky, tirada y olvidada por su "novio". Observó a todos lados y vio a Private dormitando en su litera y la puerta cerrada del laboratorio.

—Buenas noches—saludó, aclarando su garganta para llamar la atención de su soldado.

Rico se sobresaltó un instante, pero enseguida se recompuso. Le dedicó una vaga mirada a su líder y luego continuó en lo que estaba haciendo, ignorándolo. Skipper frunció el ceño ante aquella falta de respeto, o como él lo llamaba, "insubordinación".

—Dije "Buenas Noches"—repitió, con tono de exasperación. Nada—. ¿Rico? ¿Acaso no me escuchas?

Espero apenas unos segundos, y al no recibir respuesta decidió actuar. Se paró frente a él y apagó el televisor. Lo dedicó una mirada severa. Por su parte, Rico se puso inmediatamente de pie, observándolo de igual forma. Skipper gruñó. Odiaba ser más bajo. Odiaba sentirse indefenso.

—¿Por qué no respondías, soldado?—cuestionó el capitán, sin dejarse intimidar por la estatura de su compañero

Llegas tarde—masculló Rico, entre gruñidos—. ¿Por qué?

—¿Tengo que darte explicaciones?—murmuró Skipper, cruzando sus aletas sobre su pecho. Rico frunció el ceño y sus ojos parecían más agresivos. Skipper no supo por qué, pero respondió—. El asunto que hablé con Marlene me llevó más tiempo del que esperaba. Tuve que hacer muchos papeleos y estoy muy, muy cansado. ¿Contento?

Para sorpresa de Skipper, la expresión en el rostro de Rico cambió, pasando de una amenazante a una amable. Le sonrió a su líder y asintió.

Está bien—dijo, encogiendo sus hombros—. Te prepararé algo de comer.

Se alejó de él y se dirigió a la cocina. Y allí dejó a su líder, parado frente al televisor con la mirada perdida. Sólo salió de su trance cuando oyó la puerta del laboratorio abrirse, dejando salir a un malhumorado Kowalski, quien murmuraba de forma continua cosas que Skipper no logró entender. Skipper volvió a aclarar su garganta, buscando a ahora la atención de su teniente.

—Ah, Skipper—soltó Kowalski, levantando la vista del suelo—. ¿Qué tal te fue con Marlene?

—Temas del corazón—masculló Skipper, poniendo los ojos en blanco—. Resulta que se ha enamorado y... ¡bah, demasiadas cursilerías!

—¿Y te tomó todo el día?—cuestionó el más alto, acercándose a su líder con sus cejas arqueadas—. Quiero decir, no es de mi incumbencia, pero...

—Lo lamento, Kowalski—negó el capitán, encogiendo sus hombros lánguidamente—. Pero le di mi palabra de honor a Marlene de que no hablaría de esto con nadie más. Ni siquiera contigo, soldado.

Kowalski chasqueó la lengua, restandole importancia. Se acercó a la mesa donde solían comer y se sentó, cruzado de aletas como niño encaprichado.

—¡Private! ¡La cena estará lista, despierta!—exclamó Skipper, también sentándose a la mesa

El niño se sobresaltó de tal forma que cayó de su litera directo al suelo. Tal vez, más rápido que la velocidad de la luz, Kowalski se había lanzado hacia allí. No logró atraparlo, pero se aseguró de que no estuviera lastimado.

—Kowalski...—murmuró Skipper, viéndolo con sospechas—. Sólo fue una caída, ¿por qué tanta preocupación?

—¿Eh? ¡Podría haberse lastimado!—se defendió Kowalski, aunque sonaba un poco nervioso

—En realidad...—intervino Private, quien estaba rojo de vergüenza—. Mi litera es la más baja, así que...

Una risa traviesa y familiar los interrumpió. Rico ya había dejado una bandeja con sushi en la mesa y les sonreía.

—¡Cena!—exclamó, para luego agregar, guiñándole un ojo a Private—. El conejo blanco brinca...

El niño asintió, entendiendo el mensaje.

Kowalski alzó una ceja ante aquello, pero aún así ayudó a Private a levantarse, por segunda vez aquel día. Los dos se acercaron a la mesa y se sentaron a cenar.

Private sonrió mientras tomaba una pieza de sushi. Observó a los tres pinguinos que lo acompañaban, charlando sobre trivialidades, riendo por tonterías... ellos eran su familia. La única familia que conocía, y la única que siempre estaría ahí.

Primero, estaba Skipper. Su capitán, aunque para él, siempre había sido como su padre. Recordó que desde el día que lo conoció, cuando aún era un polluelo, su líder le había prometido sacarlo adelante, que aquello recién comenzaba. Tenía toda la razón.

Luego, estaba Rico. Aquel psicópata experto en armas era sin dudas ese hermano mayor que siempre había querido tener. No, Rico no era bueno a la hora de los sentimientos, pero era el único que conocía todos sus secretos. Incuso aquel secreto.

Y después, luego de eternas luchas internas, estaba Kowalski.

Kowalski. ¿Qué podía decir de él? Él era... él... era... ¿qué era? Ni siquiera él lo sabía. Durante mucho tiempo, había sido solamente un amigo, tal vez el más distante, pues cada uno vivía en su mundo. Mientras él sonreía con sólo ver una rosa florecer u oír la risa de un niño, Kowalski sonreía cuando... bueno, casi no sonreía. Eran más bien muecas cordiales, para no parecer maleducado.

Pero el tiempo fue siguiendo su curso, y cuando volvió a parpadear, veía a Kowalski con una sonrisa alegre. Pudo recordar a la perfección que ese día, el científico le devolvió la mirada, y el niño pudo ver nacer en su rostro una tímida sonrisa. Una sonrisa. Una de verdad.

Y desde aquel día, nada había sido lo mismo. Desde aquella sonrisa, muchas otras llegaron. Cada vez más brillantes, cada vez más hermosas... Private conservaba en su memoria cada una de esas sonrisas, y ellas eran su tesoro. Todos le preguntaban por qué nunca perdía la alegría.

La respuesta era muy simple: le bastaba con traer a su mente alguna de aquellas sonrisas, y la tristeza se alejaba, tan lejos que se olvidaba de que existía.

Volvió a la realidad, con una sonrisa soñadora en el pico. La cena casi había terminado, y él aún tenía en su aleta aquella pieza de sushi. Rico lo observaba expectante, sentado al otro extremo de la mesa, fingiendo morir de hambre. Private no pudo evitar reír, lanzando la pieza en la boca de Rico, quien le sonrió divertido. ¿Mejores amigos? ¡Eso era poco! Hermanos, era mejor.

—¡Pero miren qué hora es!—exclamó Skipper, observando el reloj de pared con el ceño fruncido—. ¡Es hora de dormir! ¡Mañana no habrá día libre, señores!

Rico se levantó de un salto y corrió hasta su litera, gritando mientras subía la escalera: "¡Cama, camita!". Skipper negó con la cabeza, sonriente, y también se dirigió a su propia litera. Se paró junto a la pared, frente al interruptor de la luz.

—¡Muevan esas patas, soldados!—ordenó a Kowalski y Private, quienes seguían a la mesa, cada uno en su mente—. ¡Las luces se apagan en 2 minutos exactamente! ¡Ya, ya, ya!

Kowalski fue el primero en levantarse, ignorando a su compañero y arrastrando los pies hacia su litera. Private no dejó que su sonrisa se quebrantara. Sabía que el científico estaba enfadado por lo que había ocurrido esa mañana. O al menos, esa era su teoría.

Cuando todos sus soldados estaban en su correspondiente litera, Skipper apagó la luz y subió la escalera hasta su propio lecho.

Private abrazó a su lunacornio morado, mientras metía su aleta bajo su almohada, sacando de allí su deleite personal: un Winky. Era parte de su rutina: todas las noches, cuando estaba seguro de que todos dormían, tomaba un Winky y lo disfrutaba silenciosamente.

Sin embargo, oyó un pudo sentir que alguien bajaba la escalera de las literas y se acercaba a él. Rápidamente escondió el Winky y fingió dormir profundamente, abrazado a su lunacornio contra su pecho.

Kowalski observó al niño detenidamente, buscando la mínima señal de que estuviera despierto. Finalmente, se dirigió otra vez a su laboratorio, seguro de que el muchacho estaba descansando tranquilamente.

Dejó la puerta del laboratorio abierta; al fin y al cabo: ¿quién iría a interrumpirlo? Se sentó en el suelo y recostó su espalda contra la pared. Cerró los ojos, suspirando.

Había una pregunta que le revoloteaba en la mente desde la mañana de aquel día. Era, en su opinión una pregunta tonta, pues no podía creer que un tema de tan poca importancia le quitara el sueño de aquella forma.

¿Qué es el amor?

Sí, esa era la pregunta. Kowalski creía saberlo, pues él amaba a Doris. Y Doris NO lo amaba a él. Eso, estaba más que claro. No obstante, su pregunta no hacía referencia a una definición de amor. Él quería saber que se sentía ser amado. Aunque sea una vez. Aunque fuera mentira.

Una lagrima solitaria escapó de sus párpados. Nadie lo amaba y nadie lo amaría. ¿Por qué? Ya quisiera saberlo. Era devastador, saber que nunca lo habían amado en su miserable vida.

Jamás.

Sin poder evitarlo, estalló en llanto. Cubrió su rostro con sus aletas, mientras sollozaba furiosamente en aquel rincón olvidado.

—¿K-Kowalski?

El científico reaccionó casi a la defensiva, levantando la vista mientras sus ojos eran nacimiento de una cascada. Frente a él, Private lo observaba con los ojos húmedos. No supo por qué, ni siquiera supo cómo, pero cuando quiso darse cuenta, abrazaba a Private por la cintura y enterraba el rostro en su pecho.

Private no pudo evitar sorprenderse, pero se recompuso lo más rápido que pudo para poder reconfortarlo. Lo acercó más a él, cuidando de no molestarlo, sólo para acariciarle la espalda en forma de consuelo.

—Shh... tranquilo, aquí estoy...—le susurró, de forma dulce y relajada

Kowalski continuó desahogándose unos minutos más, en los cuales los dos permanecieron en completo silencio, sólo escuchando los latidos rítmicos de sus corazones, que iban a la par. Paulatinamente los sollozos se fueron apaciguando y la respiración del científico volvía a la normalidad.

Se apartó de Private con lentitud y suspiró. Private le tendió las aletas y le ayudó a levantarse. Cuando estuvo de pie, Kowalski no pudo hacer más que evitar cualquier tipo de contacto visual con el niño. No obstante, Private buscaba desesperadamente verlo a los ojos.

—Kowalski, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea... ¿cierto?—preguntó entre susurros, aún sin soltar a su acompañante

Kowalski asintió vagamente, aunque tenía la vista fija en un punto inexistente por encima de Private. El niño frunció el ceño al no obtener una respuesta verbal, por lo que continuó:

—¿Por qué estabas tan angustiado?

El científico negó con la cabeza, suspirando hondo mientras soltaba las aletas del niño. Sabía que Private era el más indicado para hablar de eso (¿quién mejor que él en temas del corazón?), pero no sabía ni por donde empezar.

—He estado pensando... y me di cuenta de algo...—comenzó a explicar Kowalski, ahora viendo el techo con nerviosismo—. Yo... yo nunca...

—¿Tú nunca...?—Private lo instó a continuar, pues los nervios lo tenían con las "plumas de punta".

—¡Yo nunca fui amado! ¡Nadie me ama!—estalló el científico, cerrando los ojos con furia—. Sólo quería saber... aunque sea una vez... como se siente el amor...

Private pudo sentir como un calor inesperado le cubría las mejillas, y sonrió casi sin darse cuenta. ¿Eso era todo? Sintió algo de calma al asimilar que no era nada grave, pues el pinguino más alto estaba muy equivocado en sus afirmaciones. Él si era amado... tal vez, más de lo que se pudiera demostrar con palabras.

—Kowalski...—susurró el niño, sonriendo un poco—. Mírame, por favor.

El más alto se rehusó por un instante, pero no pudo evitar bajar la vista hasta su acompañante. Se arrepintió mucho de haberlo hecho. Los ojos azul cielo de Private ahora brillaban de una manera especial, tan especial que Kowalski podía jurar que algo bueno vendría. No estaba muy equivocado.

Private tomó las aletas de Kowalski entre las suyas y lo vio directamente a los ojos como nunca lo había hecho antes. Nadie podría haber preparado a Kowalski para lo siguiente.

—Te amo, Kowalski.

El científico abrió sus ojos azul océano de forma desorbitada, mientras un fuerte sonrojo se hacía presente en su rostro. Intento ignorar una extraña sensación en su estómago, un cosquilleo placentero que lo sorprendió gratamente. Era una sensación que nunca había sentido antes, ni siquiera con Doris. Doris... ¿quién es Doris? La verdad, no tenía ni idea. Tampoco le importaba.

—Puedes sentirlo, ¿cierto?—le preguntó Private, sonriendo dulcemente mientras ladeaba la cabeza con curiosidad—. Ese cosquilleo...

Kowalski asintió, aún inundado de aquella sensación que de a poco (y para su pesar) lo iba abandonando. Cuando ya no pudo sentirlo, se dio cuenta de lo valioso que era aquello. Otro hecho que lo confirmaba: Private era un maestro con el corazón.

—Bueno, Kowalski, así se siente el amor—confirmó el niño, soltándolo de una vez e intentando actuar con normalidad—. Espero que te haya ayudado...

—No lo dudes—aseguró el científico, asintiendo otra vez—. Muchas gracias.

—¡No hay problema!—exclamó Private, alegremente, para luego retirarse de allí con sus clásicos bamboleos

Estaba justo en la puerta, cuando...

—¡Private!

—Dime, Kowalski.

—Dulces sueños.

Private soltó una risita, pero asintió al susurrar: "Dulces sueños a ti".

Kowalski sólo pudo sonreír, mientras el niño lo dejaba a solas. Ya no sentía angustia, ni dolor. Ni siquiera había rastro de estos en él. Ahora lo sabía.

Él había sido amado. Aunque sea una vez. Aunque fuera mentira...

¿...o no?


¡Hola, gente que está leyendo esto! Quiero agradecer enormemente a aquellos que se han tomado el tiempo de dejar un valioso review. Sí, valioso porque me hace sentir bien recibir un cumplido, o bien, una crítica.

Por eso, les responderé, como debe ser:

PentypusKoop: ¡Hola! Sí, amo el yaoi y veía que hacía falta un poco en este fandom. Entonces me dije: ¿por qué no? Así empezó esto XD ¡Me alegra mucho saber que seguirás esta historia! Espero no defraudarte con los caminos que tomará el fic. ¡Gracias por tu review!

Angelofdeath241107: ¡Hola! ¡Qué bueno que te haya gustado! Ah, y me había olvidado de agradecerte por el Watch en DeviantArt, así que ¡gracias! Espero que te haya gustado este cap, ¡gracias por tu review!

Skipper7098: ¡Hola! Aquí tienes la continuación, espero que la disfrutes. ¡Gracias por tu review!

Thedoregirl: ¡Hola! Kovate también es mi pareja favorita *¬* Espero de corazón que te guste este cap, ¡gracias por tu review!

Y a aquellos que leyeron, pero no dejaron review, de todas formas gracias.

Quiero aclarar una cosa. Como habrán notado, en este capítulo Rico "habla" con fluidez. Pues no, no habla. Lo que hace es gruñir y murmurar (como en la serie) pero yo lo escribo así para que ustedes lo entiendan mejor, ¿sí?

Algo más. X (me pidió que no develara su identidad ¬¬'') me preguntó lo siguiente por PM: "habrá lemon en este fic?". Bueno, X, si estás leyendo esto ya sabes la respuesta XD, pero para que todos sepan: la respuesta es SÍ. Pero será en capítulos muy lejanos, nada muy explícito y yo les advertiré cuando ocurra para que no lo lean si no les gusta. Ah, y pondré en fic en Rated: M cuando sea necesario.

También me preguntó: "habra mpreg? di que shi, por faaa!" (se los escribo textual, YO NO ESCRIBO ASÍ). La respuesta es: TAL VEZ. Aún no lo sé, puede que sí... puede que no... ¡no lo sé!

Ah. Otra cosita más (XD): ¿tienen cuenta en DeviantArt? ¿Cuál es? La mía es KovatePrivalski97. ¡Búsquenme! Y dejen sus cuentas, así les doy Watch ;)

En fin, creo que eso es todo.

Ya saben, si les gustó este cap, dejen un review. Y si no les gustó, también pueden dejar uno, ¿qué les cuesta? :D

Me despido, nos leemos.

_-*-_-*-_Love Is Toxic, Baby._-*-_-*-_