Una segunda oportunidad

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¡Disculpen la tardanza! Entre todo lo que debía hacer no tenía tiempo de escribir, pero aquí traigo la continuación, espero que les guste.

Disclaimer: Naruto y compañía no me pertenecen, son de Kishimoto.

Nota: En la primera parte Zetsu y Madara tenían 17 años

Nota 2: Aparición de OC, o sea, personajes de mi creación -w-

Disfruten.

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Tres años después~

Un joven de tan sólo 20 años de edad terminaba de despertarse en aquella cama desordenada que había compartido con cualquier desconocido, se talló los ojos y miró el reloj que se hallaba colocado en la pared. Las siete de la mañana, no tendría que irse a la facultad sino hasta dentro de una hora. Giró su cabeza hacia el calendario que yacía al lado y suspiró aunque su mirada no denotaba ninguna emoción, ese día se cumplían tres años de su intento de suicidio y también del día en que todo cambió en su vida.

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Pronto comenzó a perder la conciencia, las pasillas hacían efecto y sonrió por última vez, al fin todo su sufrimiento se iba, al final se iba a ir… Pero como bien era conocido, a él nada podía salirle bien.
En ese momento, uno de los hermanos intermedios de la familia, Tobirama Senju, entró a su habitación para avisar que la cena estaba lista, al ver a su hermano en tal estado, con la cara roja por la fiebre y la respiración agitada se acercó preocupado a ver su estado. Le tocó la frente con la palma de su mano pero la retiró inmediatamente debido a lo caliente de su piel. El albino llamaba a Zetsu pero éste apenas podía escucharle y sonrió a su hermano con sus últimas fuerzas, lo único que escuchó antes de perder la conciencia fue el grito desesperado de su hermano.

En su mente todo quedó blanco, tranquilo y pacífico, como no había estado nunca, y sólo un pensamiento llegó, por fin había muerto.

Sintió que había estado en ese letargo por una eternidad, cuando de pronto comenzó a escuchar unos suaves murmullos a su alrededor. Intentó abrir los ojos pero su cuerpo no lograba obedecerle, sentía todo su cuerpo adormilado. Por un momento creyó que ya estaba en el paraíso que todos decían, o quién sabe, podría ser que en realidad estuviera en el infierno por haber acabado así con su vida, quería ver para asegurarse, pero le era imposible.

Pasaron más eternos momentos y todo comenzó a hacérsele más claro, sus ojos lograron entreabrirse, aún así su vista parecía empañada, los murmullos se hicieron más fuertes, ¿En dónde se encontraba?

Logró abrir un poco más sus ojos y girar levemente su cabeza, pero tuvo que volver a cerrarlos por el exceso de luz de la habitación en donde estaba, así que comenzó a abrirlos poco a poco.

El techo era blanco, al igual que las luces que tenía, ahí se encontraba silencioso pero afuera se podía escuchar el ruido de gente pasar, giró su cabeza lentamente en varias direcciones, estaba en una habitación blanca, acostado en una camilla, tenía algo incrustado en su brazo: un suero. Definitivamente, estaba en un hospital. Una lágrima efímera resbaló por su mejilla, él no tenía que estar ahí, debía de haber muerto, ¿Por qué la vida era tan mala con él? Eso era tan injusto.

De pronto escuchó el ruido de una puerta abrirse, seguido de un murmullo de sorpresa, era la enfermera, quien parecía sorprendida de verle despierto.

¡Doctor, ha despertado! —enseguida entró en dirección al menor—. Tu familia ha estado muy preocupada por ti, no se han separado de este hospital desde que te trajeron.

Zetsu sonrió con ironía para sus adentros, ahora que había estado en peligro de morir resultaba que ya lo querían, pero sabía que ni así podría tener el cariño de sus padres, seguro todo eso era un teatro para dar lástima y aparentar ser una familia muy unida, seguramente todos pensaban que le recibirían en casa con unas flores, una fiesta, una pancarta de esas que les ponen a las personas cuando logran algo, pero no, le esperarían miradas despectivas, regaños, palabras dolorosas y cosas por el estilo, no le perdonarían hacer quedar mal su apellido, pues seguro en todos los periódicos saldría que el menor de los Senju intentó suicidarse.

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Bufó al recordar aquellas escenas, ya no valía la pena. De pronto sintió que la figura a su lado se movía, mientras un brazo se enroscaba en su cintura.

—Es muy temprano dulzura, ¿Ya vas a levantarte? Podríamos repetir antes —sugirió con picardía el hombre a su lado.

—Sabes que no repito, ayer te dije mis reglas, no nombres, no sentimientos, no interacciones fuera de la cama y no repetición —aclaró con una media sonrisa el peliverde.

—Oh vamos, no me dirás que no fui el mejor amante que has tenido —el sujeto se reincorporó y le besó el hombro.

—No seas egocéntrico, no diré que estuvo mal, porque sería hipócrita, pero sin duda he tenido mejores —sonrió haciendo que el otro gruñera.

—Puedo hacerlo mejor…

—No, perdiste tu oportunidad, iré a bañarme y cuando salga quiero verte fuera de aquí —se levantó para irse al baño mientras el hombre le seguía con la mirada su cuerpo desnudo.

—¿Seguro no quieres repetir? —se levantó de la cama mostrando su bien formado cuerpo, pero eso no funcionaba para el menor.

—Nunca he estado más seguro en mi vida —sonrió con fingida pero creíble felicidad y se metió al baño. Al otro hombre sólo le quedó gruñir por lo bajo y comenzar a recoger sus pertenencias para retirarse del departamento.

El de piel blanca se bañaba cuando escuchó el sonido de la puerta cerrarse y suspiró, que persistente y egocéntrico era ese hombre, no sabía ni porque lo había elegido como conquista de la noche, porque sí, desde que había cumplido los diecisiete años su vida sexual había comenzado, esos pensamientos idiotas de guardarse para su novio –el maldito que lo había engañado- se fueron junto con él, sus amigos reprobaban esa actitud, por eso no tardó en encontrarse otros amigos quienes lo habían iniciado en el mundo de los vicios, bares, sexo, etc.

A los diecinueve consiguió trabajo para seguir pagando sus estudios y un pequeño departamento, no era mucho pero tampoco era una pocilga, perfecto pero un joven soltero.

Quiso quitar cualquier conexión con su familia, sus padres no se opusieron, al contrario, ellos mismos se encargaron de la mudanza, y si te ponías a pensarlo era gracioso, al menos para el peliverde, porque el que tuviera mala relación con ellos sólo significaba que podía perjudicarlos cuanto quisiera, con tan sólo tener el apellido Senju todo lo que hiciera le importaba al mundo, en los periódicos podía publicarse que era un alcohólico y a él no le dirían nada, serían sus padres quienes lidiarían con las preguntas de cómo permitieron que su hijo menor cayera en eso.

Terminó de bañarse y salió de nuevo a la habitación, ya no había nadie dentro y eso le tranquilizó, odiaba cuando querían quedarse, como si fuera a iniciar una relación con ellos, le daba asco que pensaran que podría enamorarse de alguien con quien sólo tuvo sexo ocasional, era incluso tonto.

Se vistió formal para irse a la Universidad a la cual asistía, estudiaba ciencias y quería especializarse en botánica, siempre le había llamado la atención el mundo de las plantas y si iba a estudiar algo al menos que le gustara.

Desayunó sin apuro un tazón de cereal con leche, no tenía apetito para otra cosa. Lavó los platos y después de recoger sus cosas salió finalmente a comenzar su día.

Después de un tranquilo viaje en autobús llegó al edificio y entró, aún faltaban unos cuantos minutos para que las clases iniciaran, pero le gustaba ser puntual, entró al aula que tenía asignada y se sentó en la esquina de enfrente, no le gustaba llamar mucho la atención pero tampoco era de los que se sentaban hasta atrás.

Pronto todos comenzaron a llegar, le saludaban tan sólo por cortesía, él no era de hablar con muchos, y la gruesa coraza que se ponía él sólo no hacía más que alejar a quien quisiera hablarle amistosamente, sólo unos cuantos lograban traspasarla (o simplemente la ignoraban) y se acercaban a él, sus amigos que formaban un grupo llamado ''Akatsuki'', un grupo de chicos malos, no eran los típicos que molestaban a los demás por diversión, sólo de vez en cuando rompían las reglas para pasar un buen rato, y todos eran listos, las calificaciones de Akatsuki eran las más altas del instituto, por eso casi siempre se salvaban de castigos severos, reduciéndolo a limpiar salones o simplemente unas cuantas horas en detención.

Por la puerta fueron entrando estos, primero fue Pain, un chico de cabello naranja y ojos morados con perforaciones por todo su cuerpo. Konan, su novia y mejor amiga del peliverde, cabello azul y hermosos ojos naranja profundo, con sólo un pequeño piercing bajo su labio. Itachi Uchiha, de cabello y ojos negros, de carácter serio e inteligente. Kisame Hoshigaki, cabello y piel azul, con ojos negros y una altura y músculos que excedían lo normal, su actitud era bastante alegre y bromista, otro de los mejores amigos del albino. Sasori, cabello rojo y hermosos ojos miel, inteligente y serio, tenía una actitud bastante parecida a la del ojiamarillo. Deidara, un chico rubio de ojos azules, de apariencia un tanto afeminada, pero su actitud era completamente diferente: extrovertido, peleonero y su rasgo más distintivo, pirómano*. Kakuzu, un chico de cabello castaño a mediana altura con complexión similar a la del peliazul, con tatuajes en todo el cuerpo que daban el efecto de estar cocidos, su fanatismo al dinero era su rasgo más distintivo, el mejor alumno para contaduría en definitiva. Finalmente Hidan, un chico albino de ojos lilas, con el físico que muchos desearían, pero su personalidad lo arruinaba todo, al menos en opinión de los demás Akatsuki, pues era extrovertido, instintivo, temperamental, tonto y sólo vivía para rendirle culto a su supuesto dios ''Jashin''.

Todo el grupo le saludó y se sentaron a su alrededor, aunque este sólo les respondió con una sonrisa para finalmente dar inicio a la clase.

Al terminar salieron todos juntos en dirección a la siguiente clase, todos hablando de cómo les había ido el fin de semana.

—Konan y yo planeábamos ir a la plaza el próximo fin de semana, pero pensamos que sería más divertido con ustedes —habló el pelinaranja, captando la atención de todos, quienes asintieron felices.

—Entonces ya está, ¡Nos vamos a explotar el centro comercial, hm! —exclamó el rubio, quien enseguida recibió quejas e insultos de sus compañeros y amigos.

El peliverde tan sólo les mirada con ligera irritación, si bien eran sus amigos y los estimaba, sin duda sabían sacarlo de sus casillas, pero iba tan metido en eso que de pronto sintió un fuerte choque que le hizo caer al suelo, haciendo que los demás cerraran la boca sorprendidos. El peliverde molesto se levantó a reclamar al sujeto que se atrevió a chocar con él.

—¡¿Por qué no te fijas?! —exclamó molesto, provocando que sus amigos retrocedieran, Zetsu no era de enojarse, pero cuando lo hacía era mejor mantener distancia, ahora los chicos sólo sentían pena por el pobre muchacho.

—¡Y-yo lo siento! En verdad no quería lastimarte, pero me perdí y sólo miraba el número de los salones, en verdad lo lamento —se disculpó el chico haciendo una pequeña reverencia.

Zetsu le miró con una ceja levantada, era un chico moreno de cabello y ojos negros como el carbón, su peinado era algo rebelde y parecía tener unas leves cicatrices en el lado derecho de su rostro, como si hubiera sufrido un accidente. Su mirada y palabras parecían sinceras, así que el albino suspiró y se dio la vuelta, sólo para darse cuenta que sus amigos ya habían huido.

—Cobardes… da igual, fíjate por donde caminas, no todos te tendrán la misma indulgencia —dijo serio dándole la espalda al otro chico.

—Sí, lo siento mucho, soy tan despistado —sonrió abiertamente, el peliverde se giró un poco para mirarle extrañado.

—Té eres raro, ¿Sabes?, ¿En qué clase te toca? —no sabía porque le ayudaba, simplemente le nació la pregunta.

—Mmm… creo que me tocaba la clase de Economía, pero no tengo idea en donde queda…

—Estás de suerte, también voy a economía, sígueme —comenzó a caminar y el otro muchacho -sonriente- comenzó a caminar a su lado.

—Por cierto, mi nombre es Obito, pero me llaman Tobi —se detuvo sonriente y le estiró su mano—. ¿Tú cómo te llamas?

El peliverde mordió su labio levemente y respondió:

—Kuro, mi nombre es Kuro —le dio su mano y ambos comenzaron a caminar nuevamente.

Fin.

Espero que les haya gustado n.n como verán Tobito ha hecho su aparición OwO

Si tiene alguna duda díganme y se las responderé con mucho gusto, antes que nada haré una aclaración.

*Por si no lo habían notado, en el prólogo Zetsu tiene la personalidad de Zetsu blanco (un poco más sensible), a lo que me refiero es a más sentimental, mientras que a partir de este cap., tendrá la personalidad de Zetsu negro, por eso al final dice que su nombre es Kuro, por si no habían entendido :)

*Pirómano: sujeto que se siente atraído a generar y propagar fuego. (Haciendo uso como referencia al gusto de Deidara por explotar cosas) x3

Gracias por leer y se agradecen los reviews!

Sayoo~