Capítulo 1

Convencimiento

"¿Qué temor más grande que el miedo a lo desconocido?"

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- ¿Crees que Hanji alguna vez me haya amado?

- Joder, no empieces con pláticas melosas de borrachos, me taladra el cerebro.

- No estoy ebrio… y eso te pasa por beber demasiado…

- Sí, porque pensé que así me quitaría el dolor de cabeza.

- Deberías ir a ver a un doctor… de preferencia a Hanji y preguntarle si aún me ama.

Un gruñido molesto y un suspiro fue la única respuesta que recibió el rubio.

El deportivo negro prosiguió su marcha a través de las oscuras y solitarias calles del centro de la ciudad, siendo el silencio la única melodía que amenizaba el tenso ambiente creado entre ambos hombres.

Las luces, algunas parpadeantes, otras chillonas; todas provenientes de diversos carteles, señales y anuncios, se reflejaban en el vidrio, atravesándolo y dando de lleno en el pálido rostro que veía fijamente hacia afuera. Todos los colores, pasando fugazmente por su retina, se filtraban hasta lo más profundo de su ser, aumentando el molesto e irritante dolor, como fuegos artificiales que subían y subían y finalmente hacían explosión, chispeando, incendiando y carcomiendo el interior del cerebro de aquel pobre hombre.

Frotó sus sienes y cerró los ojos, intentando no pensar en nada, todo en un vano intento por filtrar el torturante malestar. Llevaba semanas así, sin ninguna píldora o pastilla que le sirviera de consuelo o menguara siquiera aquellas punzadas que le taladraban lo más interno de la cabeza; no, por el contrario, cada día, minuto y segundo que pasaba el dolor acrecía; persistente, inmune, casi inhumano. Claro, él era fuerte, por algo había resistido tanto y se negaba fehacientemente a ir a realizarse un chequeo, no por miedo o fobia, sino por lo irritante del proceso; el perder valiosas horas en algo, según él, innecesario no estaba entre sus planes. Aguantaría. Si el alcohol no podía alivianarlo, entonces buscaría otra forma.

Iba sumido en esos pensares cuando su acompañante volvió a hablar.

- Lo digo en serio, Levi, deberías ir al médico – murmuró el rubio sin quitar la vista del camino.

- Tsk… sólo cuando me esté muriendo, Irvin.

El auto se detuvo frente a un semáforo en rojo en un cruce y el pelinegro volvió su vista el exterior.

Lo que sucedió a continuación transcurrió en apenas un par de segundos, pero por algún motivo, para él todo fue en cámara lenta.

Un rechinido agudo y prolongado se escuchó cerca, demasiado cerca. Una luz blanca y cegadora iluminó toda la parte delantera de su vehículo. La voz ahogada de Irvin diciendo algo que no llegó a oír. Una mano tratando de jalarlo. La visión de un camión de carga pesada impactando directamente contra ellos.

Tan rápido como un pestañeo, un enorme Volvo 700 fuera de control arremetió contra el deportivo negro, toda la magnitud de aquel monstruo con ruedas colisionando exactamente del lado del copiloto y desviándose posteriormente con un giro casi acrobático hasta quedar frente a frente, arrastrando con ello el parachoques y el capó, convirtiéndolos en piezas inservibles y deformes de acero laminado e inundando el lugar con el típico y casi chispeaste sonido metálico del acero haciéndose mierda y el cristal rompiéndose y lloviendo en todas direcciones. Esto en cuestión de segundos apenas, para después cada cual saliera expelido en direcciones opuestas, el auto de Levi girando descontroladamente, marcando el asfalto y posteriormente la vereda para finalmente acabar colisionando contra un árbol mientras que el camión simplemente se daba vuelta un poco más adelante y prendía en fuego, iluminando la negrura y reflectándose en los restantes pedazos troceados de vidrio que quedaban en las ventanas y parabrisas de ambos vehículos, simulando un arcoíris lleno de irónica belleza.

Se podría decir que ése fue el hecho trágico que marcó el comienzo del final de la vida de Levi.


Lo siguiente que supe fue que desperté en una fría habitación de hospital. Y que podía verme. A mí, a mí mismo. A mi cuerpo. Tendido en aquella cama, con un montón de cables conectados y vendas cubriéndome la cabeza.


Después de inhalar y exhalar profundamente un par de veces, Eren salió del baño y retornó a la habitación 135. Adentro estaba únicamente la doctora Hanji, sentada en el sillón en el que anteriormente hubiera visto a aquel ser.

- Era sólo mi imaginación… – susurró aliviado el castaño.

- ¿Ya estás bien? – interrogó la pelirroja, parándose y dando alcance al ojiverde en medio del cuarto.

- S-si – balbuceó Eren en un tono oíble – Uhm… ¿Y mi padre?

- Volvió a su oficina – explicó simplemente – Ven, vamos a mi oficina, debo ponerte al tanto del caso de Lev… este paciente – dijo mientras pasaba de largo hasta la puerta.

- Claro… – soltó el castaño, siguiéndola.

Siguieron recto por el pasillo hasta llegar al elevador. Ingresaron y Hanji presionó el botón con el número uno para descender al primer piso, donde se hallaban todos los consultorios.

Una vez abajo, la de lentes ingresó al primer despacho a la derecha, justo al lado del ascensor. Afuera ponía un pequeño cartel colgante con la inscripción "Dra. Hanji Zoe. Neuróloga."

Dentro ambos, la de lentes invitó a Eren a sentarse y ella hizo lo propio detrás del modesto y desordenado escritorio de madera.

- Bueno – empezó la mujer, aclarándose la garganta – Eren, querido, cuéntame un poco de ti. ¿Cuántos años tienes?

- Pensé que íbamos a discutir el caso del Sr. Rivaille – espetó algo seco el ojiverde, no le gustaba que se metieran en su vida privada, peor aún que le hicieran perder el tiempo.

- ¡Wow, tranquilo! – exclamó con voz cantarina la de lentes – Recién estamos comenzando, tenemos todo el día para conocernos y hablar de nuestros pacientes.

- Tengo entendido que sólo el Sr. Rivaille será mi paciente, ¿o me equivoco? – replicó a la defensiva el castaño.

- Hahaha…

La risa de Hanji en un inicio enérgica, fue decayendo poco a poco hasta tornarse en una incluso satírica, pero a la vez llena de dolor y frustración.

- Ah… – suspiró – Si, Eren, Levi va a ser tu único caso por un tiempo… – tomó una pausa en donde aprovechó para quitarse los lentes y colocarlos sobre un par de papeles desparramados a lo largo de la mesa – Ambos, tu padre y yo, tenemos fe en que serás capaz de ver algo que, quizás, he pasado por alto… – cada palabra salía de sus labios lentamente, casi en un susurro, como si temiera admitir en voz alta que tenía sus esperanzas depositadas en él.

Aquello no hizo más que molestar al joven doctor.

- Aún no entiendo – soltó con algo de rabia mal contenida – No me ha dicho nada congruente. ¿Qué es esto? ¿Acaso esperan que mágicamente salve a un hombre que ustedes dan por desahuciado?

- ¡No! – chilló Hanji, levantándose de la silla y asustando a Eren – ¡Levi no está desahuciado!

- ¿Entonces? – bufó el joven.

La doctora suspiró pesadamente.

- Glioblastoma multiforme – dijo al cabo de un rato – situado en medio de los lóbulos frontal, parietal y temporal.

Eren abrió los ojos un poco shockeado. Aquello le tomó por sorpresa. Un glioblastoma multiforme era un tumor altamente maligno, una especie de cáncer no ramificado pero letal, sin cura definitiva. Es decir, si existía un tratamiento, pero aún así el promedio de vida no sobrepasaba los dos años. Con suerte.

Tragó duro antes de volver a hablar.

- ¿Por qué no…?

- ¿La operación? – lo interrumpió Hanji a sabiendas de lo que iba a preguntar – No, no era factible. Es decir, él llegó acá con una ligera contusión debido a un accidente automovilístico, pero cuando le realizamos una radiografía craneal para ver si había algún daño interno nos topamos con una mancha oscura bastante grande… – sus manos se hicieron puños sobre la madera y su ceño hasta ahora relajado se tensó casi dolorosamente – mandé a sacar una tomografía computarizada de su cerebro y… ahí estaba.

- Pero…

- No pude, Eren – confesó bajando la mirada y apretando hasta que sus nudillos quedaron blancos – Creí que podría, pero cuando estábamos en el quirófano, con su cabeza ya abierta y todo… era demasiado riesgoso. Las posibilidades eran de menos del veinte por ciento. Era más probable que lo matara de una hemorragia o que se desangrara antes de que llegara siquiera a encontrar la parte superior del tumor.

El castaño permaneció en silencio, analizando lo que la de lentes le estaba diciendo.

- No podía… – continuó la mujer – Yo… con esas posibilidades… si él muriera a mis manos, yo… – con cada sílaba su voz decaía y se volvía un incongruente tartamudeo.

- ¿Lo conoce? – preguntó de la nada el ojiverde – Mejor dicho, ¿son amigos?

Afonía.

Por lo general lo peor que un médico podía hacer era establecer algún tipo de lazo o relación estrecha con un paciente. Tampoco era recomendable tratar con amigos o familiares. Cualquiera de las dos circunstancias acababa derivando en la creación de una especie de atadura implícita, una cuestión de responsabilidad y culpa que muchas veces nublaba o entorpecía el buen proceder de los galenos.

- Él… – empezó Hanji mientras tomaba asiento – es uno de mis mejores amigos… aunque jamás lo haya querido admitir.

- ¿Y có…? – pero la pregunta de Eren se detuvo a medio camino.

El joven, aún con la boca abierta, vio estupefacto como el mismo hombre del que se encontraban hablando en ese momento y se suponía yacía postrado en una cama en la habitación 135 hacía acto de presencia detrás de la exaltada doctora, apareciendo prácticamente de la nada y parándose justo al lado de la mujer, una mano apoyada en el respaldo de la silla y la mirada clavada en su persona.

- ¿Eren? – le llamó Hanji al ver que se había callado de repente.

- ¿Eh? – dijo el aludido, pestañeando un par de veces, aún incrédulo del ser que sus ojos veían – Ah… iba a… – hizo una pausa, los profundos orbes azul grisáceo de Levi ofuscando su coordinación motora – ¿Cómo sucedió el accidente? – finalizó tras unos segundos.

- Bueno, Irv… otro amigo y él iban en el carro, estaban algo tomados, pero ¡no fue su culpa! – exclamó al ver la expresión de desaprobación que pasó por el rostro de Eren – Un maldito beodo en un camión los chocó cuando se detuvieron en un cruce. No fue tan grave por suerte, Levi sólo tenía una lesión en la cabeza por haber ido en el asiento del copiloto y a la otra persona lo salvó el airbag, apenas unos cuantos cortes y magulladuras.

El castaño hacía como si escuchara atento todo el relato, pero en verdad lo único que clamaba su atención eran aquellos penetrantes ojos que parecían colarse dentro de su mente y cuerpo, haciéndolo temblar, no de miedo, más bien de excitación y ansiedad. Como una presa a la espera de que su cazador dé el primer movimiento, jamás sabiendo con anticipación cuál será el resultado final.

De repente, el sujeto alzó un brazo, más específicamente el que tenía cerca de la espalda de Hanji. Eren abrió los ojos, expectante de lo que fuera a hacer Levi.

Con parsimonia, jamás apartando su mirada el uno del otro, el pelinegro posó ligeramente su mano sobre el hombro de la doctora, apenas rozándolo con las yemas de los dedos, una suave caricia, más al viento que a la carne.

El ojiverde parecía contener el aliento mientras que Hanji seguía hablando, ignorante de aquel reto mudo entre el joven doctor y el espíritu detrás suyo.

Como una exhalación, en el transcurso de un pestañeo, con un brusco movimiento de la muñeca, Levi hundió su mano hasta el antebrazo en la mujer, provocándole un escalofrío bastante notorio.

- ¡Ugh! – gimió la de lentes, estremeciéndose – ¿Q-qué fue eso?

Eren, quien había permanecido todo ese tiempo atento, a la defensiva, fue tomado por sorpresa, reaccionando con un pequeño brinco al momento en el que el pelinegro se enterró en la doctora.

- Q-quizás es el aire acondicionado – dijo recuperando la compostura.

- Debe ser eso. Ya se acerca el invierno, no hay mucha necesidad de prenderlo – concordó la pelirroja a la vez que echaba un vistazo al Split a sus espaldas.

Una pequeña sonrisa socarrona se formó en los labios del hombre de ojos afilados, y con un paso lento pero seguro, fue acortando la distancia que le separaba del castaño.

Eren por su parte, observó como un pajarito indefenso cómo Levi se le acercaba, incapaz de huir o siquiera pedir ayuda a la mujer que ahora yacía en cuclillas, revisando unos compartimientos en un mueble metálico contra la pared del fondo. Sabía que era inútil, pues nadie aparte de él podía…

- Puedes verme.

…Verlo…

No era una pregunta, no había el menor rastro de duda en esa voz ronca y algo rasposa. No, claro que no. Eso era una afirmación.

Levi sabía que Eren podía verlo.

Al castaño se le secó la garganta, sus músculos se tensaron y su mandíbula crujió de lo fuerte que se le cerraron sus dientes.

Afonía.

El cuarto quedó sumido en una incómoda y densa afonía tras aquella declaración. Sólo resonaba el ruido de algunos papeles y folders siendo ojeados, cortesía de la doctora, quien ajena a ese decisivo encuentro seguía buscando algo entre sus archivos. Pero pronto la tensión fue rota.

Levi siguió su camino, mudo, sin agregar ni una palabra más.

Cuando sintió que la presencia no estaba, Eren soltó el aire que tenía acumulado.

¿En qué momento contuvo la respiración?

- Cariño, estás pálido – habló la neuróloga, siendo este el ultimátum para que el castaño volviera totalmente a la realidad.

- Es su imaginación. Estoy bien.

- Si tú dices. Bueno, cómo sea, aquí encontré el expediente del enanín – dijo extendiéndole un folder amarillo con el nombre "Levi Rivaille" en él.

- ¿E-el enanín? – cuestionó Eren, alzando una ceja y ligeramente divertido.

- ¡Ups! – expresó con su usual tono cantarín – Fuerza de costumbre, hehe…

- Uhm… – murmuró el ojiverde agarrando el expediente - ¿Lo reviso aquí o…?

- Si quieres ve a mi laboratorio en el segundo piso. Es el primero en el ala norte.

- Está bien.

Hanji rebuscó unos instantes entre los bolsillos de su bata para luego entregarle una llave cobriza al joven.

- Sólo procura no tocar nada – fue la última advertencia que oyese Eren antes de salir de aquel consultorio.


En la segunda planta, tras un poco de desorientación momentánea, el castaño dio por fin con el lugar indicado.

Se adentró con premura y, tras cerrar bien la puerta, se dejó caer contra la pared, resbalándose hasta dar contra el limpio piso. Llevó ambas manos a sus cabellos y tironeó suavemente de ellos, apenas con la fuerza necesaria para que llegase a sentir el jaloneo pero sin causar dolor. Un mero recordatorio de que estaba ahí, despierto y con un fantasma, espíritu o lo que sea al acecho.

Bufó molesto. Hacía años que no interactuaba o siquiera veía un ente no corpóreo. Si bien había tenido la extraña capacidad de ver espíritus desde pequeño, no era algo que vislumbrara a menudo, al menos no en su entorno cotidiano.

Su madre también había tenido esa receptividad para con esa clase de seres, enseñándole desde chiquillo a que no debía molestarlos ni interferir con cualquiera sea fuera la razón por la que estuvieran vagando por la vida. Gracias a los sabios consejos de su progenitora, nunca pasó problemas o tuvo encuentros verdaderamente cercanos con alguno de ellos, y es que había dos clases de espíritus; como cualquier cosa en el mundo, como la luz y la oscuridad, estaban los que eran buenos y también los que eran malos.

Pero… ahí entraba la cuestión…

¿Qué era Levi?

Es decir, el hombre no estaba muerto. Prueba de ello era el cuerpo que reposaba, comatoso pero aún con vida en el piso superior.

Con pesadumbre, Eren se levantó del suelo, cuidando de coger el folder con toda la información del pelinegro en el proceso. Logró llegar hasta la barra de mármol a un costado, la única que se veía despejada, con apenas unos cuantos papeles esparramados a un lado y se dejó caer en el banquillo alto que estaba un poco más allá.

Menos de media hora después, el ojiverde estaba que se pegaba un tiro.

Después de ojear lo que serían los expedientes de Levi, corroborando lo que Hanji ya le había dicho, el joven doctor se había tirado a la flojera, recostándose casi totalmente sobre la mesa y jugueteando con un bolígrafo que encontró debajo de todos los archivos esparcidos, incapaz de concentrarse, sus pensamientos recayendo inevitablemente en ciertos iris azul grisáceo.

Cansado, se irguió de sopetón, decidido a ir a despejar su mente y luego retornar y hacer su trabajo con seriedad.

Vamos, él no era así. Siempre se comportó apasionado y responsable cuando debía tratar con pacientes; desde que estudiaba hasta en sus prácticas, siendo siempre elogiado por su sensatez y dedicación para con la neurología o cualquier tema que estuviera relacionado con el cerebro humano.

Se palmeó ambas mejillas con fuerza para despabilarse y se encaminó hasta la puerta. Pero justo cuando estaba abriéndola una voz lo tomó por sorpresa.

- ¿A dónde vas, mocoso?

Se congeló en el acto. Un temblor recorriéndolo desde lo más bajo de su espina dorsal hasta acabar en su cuello, haciéndose aquella ronca pregunta un eco en su cabeza.

- ¡Eh, mocoso! Respóndeme.

Eren permaneció impávido, totalmente petrificado en la pose que estaba; una mano en la perilla y la otra colgando a su costado.

- Joder, no te hagas el desentendido, sé que puedes verme.

Estaba atrapado. Podía huir, claro, hacer como que no escuchó nada, fingirse ignorante, pero… algo dentro suyo le impedía hacerlo. Le gustaba sentirse entre la espada y la pared. La adrenalina corría por sus venas. Sentía, no, presentía que si dejaba que este ser se cruzara en su vida, su destino podría cambiar, para mejor o peor, no estaba seguro, pero si era casi cien por ciento cierto que, al menos, así saldría de la horrible rutina y monotonía que venía gobernando su día a día desde hace años.

Con suma lentitud, bajó la mano que sostenía el pomo y con la misma parsimonia se dio vuelta, encarando por fin a Levi.

Se veían fijamente, al comienzo analizándose. Levi buscando cada pequeño defecto o inseguridad del castaño que pudiera percibirse a simple vista, cualquier detalle que pudiera usar en su beneficio, para obligarlo a que cumpliera con la petición, no, con la orden que iba a darle. Eren, Eren simplemente se perdió en aquel hombre, en sus rasgos, en su cuerpo (no palpable pero si visible), en su cabello, en… en sus ojos; sus hipnotizantes y mortíferos ojos azul grisáceo.

¿Era legal? ¡No podían ser de dos colores a la vez! Y si fuera una mezcla, debería existir un nombre que describiera esa tonalidad tan…

¡Un momento! ¿Qué hago pensando en cosas así? ¿Importa? ¡Claro que no! Este hombre está prácticamente muerto…

- ¿Jaeger? ¿Eres hijo del director? – fue la cortés manera en la que Levi rompió esa pequeña conexión que se había formado entre ambas miradas.

- S-si – la voz le salió temblorosa. No era su intención, pero le flaqueó. ¡Maldición! - ¿Y tú… eres Levi?

- Tus ojos son jodidamente grandes ¿y aún así no puedes ver lo obvio? – fue la respuesta sardónica que recibió – Tsk…

- ¡Hey! – se quejó, molesto por la actitud del mayor – Soy tu doctor, trátame con respeto.

- Eres un mocoso, te llevo mínimo 10 años, no puedes exigirme respeto.

- Tengo 24, ¿ya? – mentía, no del todo pues los cumpliría en menos de un año, pero no podía dejarse menospreciar por aquel hombre.

- Y yo 35, así que eso nos deja una diferencia de 11 años, MOCOSO – refutó con arrogancia el pelinegro a la vez que fruncía el ceño.

Eren sintió la necesidad de hacer un puchero y sacarle la lengua a aquel cretino, pero se detuvo a medio camino, recordando que tenía 24 y no 15 como para hacer algo tan infantil.

Nuevamente una ola de mudez llenó la habitación.

El joven médico se removió incómodo. No se sentía bien estando en silencio, necesitaba romper el hielo; después de todo si quería darse la posibilidad de cambiar su autómata vida, primero debía establecer alguna especie de lazo con Levi.

- Ehm… – empezó algo dudoso – Tú… ¿cómo es que…? – se detuvo, pensando que se había dado a entender, pero la ceja alzada y la expresión casi estoica del otro le indicaron que no habían quedado claras sus intenciones – ¿qué mierda eres? – soltó al final con impaciencia y frustración.

- Como si lo supiera – fue la simple respuesta que obtuvo a cambio.

- ¿Eh? Pero es decir, estás vivo, eso me consta, ¿cómo es que tu…? ¿espíritu?...

- Alma – corrigió el pelinegro.

- ¿Qué? – Eren llevó el dorso de su mano a la altura de la boca – E-eso… eso…

- ¿Cuál es el problema? – reclamó Levi frunciendo el ceño en clara molestia.

- E-eso… sonó tan… cursi – soltó al final el castaño junto con la carcajada que en vano había tratado de reprimir.

- Mocoso de mierda – lo insultó el otro mientras rodaba los ojos – claro que sé que es ridículo, pero es la puta verdad.

- Hahaha – continuó riendo el joven – p-pero entonces es sólo volver a meterte a tu cuerpo, ¿no?

- Idiota, como si pudiera…

Eren paró en seco, limpiándose las pequeñas lágrimas que se habían juntado en las comisuras de sus ojos. Su expresión cambio a una seria de repente.

- ¿Qué quieres decir? – preguntó en un susurro.

- Mira, cuando desperté, lo único que veía el puto y blanco techo de la habitación en la que "me encuentro" – hizo el amago de las comillas con los dedos – Me pesaba el cuerpo, o eso creí. También estaba aturdido, pero lo achaqué a la anestesia o algo – hizo una breve pausa, agachando ligeramente la cabeza – para cuando me sentí capaz de moverme e intenté sentarme, lo hice. Yo. Mi cuerpo no.

- ¿O sea…?

- Éramos dos, él yo postrado, conectado a un respirador y vaya a saber que mierda… y el yo que era… sólo esto que ves. Un ser incorpóreo – terminó su explicación con un cansado suspiro, más sin embargo ninguna emoción, de ningún tipo se plasmó en su rostro.

Era la indiferencia en persona.

- Pero… ¿por qué no volviste a recostarte? ¿no se supone que así…? – balbuceó el ojiverde, algo contrariado, no captando del todo la información. No, negándose a creerla.

- Mierda, mocoso, ¿por qué eres tan denso? – espetó totalmente irritado el pelinegro – ¡Claro que li intenté! Joder, de todas las formas traté de meterme de vuelta pero…

- No puedes volver a tu cuerpo… – finalizó por él Eren.

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Llegué.

Después de muuuuuuuuuuchas distracciones. AL FIN actualizo. ¡ALELUYA!

Vale, primero que nada, sé que esto va lento. Paciencia, el angst no está a la vuelta de la esquina, de hecho falta bastante pa que sufran.

Segundo, hice lo que pude, y since ninguna (creo) de ustedes es doctora, si soy poco fiel a la medicina moderna (?) pss ni modo xD una hace lo que puede con google y "sala de emergencias" en… discovery, creo xD

Tercero, los primeros pensamientos (así, así, así) son de Levi y los de más acá abajo, de Erencito.

Y… eso c:

Ahora, detalles de pk me atrasé tanto (y espacio publicitario)

1.- Flojera.

2.- Oyasumi Punpun (muy buen manga por cierto, super bizarro y lleno de feels, deprime un poo eso si D;)

3.- Otros mangas que sigo y debía ponerme al día (Beelzebub, The World God Only Knows, Sankarea, Akuma to Love Song)

4.- Bloqueo mental (de hecho ahora tardé desde las 11:30 am hasta ahora 23:30 pm en escribir)

5.- Estrenos (espacio publicitario: VEAN NORAGAMI gfaghfrgasrah y… Hoozuki no Reitetsu owo)

Y eso xD pa las que leen, las amo.

Pa las que no, jamás verán esto, así que… tu mamá ò_ó.