El fic es un pedido especial realizado por Cannelle Vert. Este constará de tres partes y pues como nunca he escrito nada de comedia antes, pues espero no desepcionarte.
Para quienes también decidieron leer, recomiendo que chequen las notas del final. ¡Sólo por si les interesa!
"Y sigues siendo tu"
"Parte I"
De todas las cosas que Rachel Berry había estado esperando escuchar esa helada tarde de invierno, cuando Kurt prácticamente le rogó desesperado durante una muy larga conversación telefónica necesitaba reunirse con ella urgentemente en aquella pequeña, aunque confortable cafetería que frecuentaban desde hacía ya algunos años, definitivamente el tema a tratar nisiquiera se acercaba a lo que usualmente solían charlar. Aún demasiado impresionada, parpadeó repetidas veces como si con tan común acto pudiese lograr convencerse a si misma escuchó bien semejante descabellada confesión.
—Espera sólo dos segundos, ¿quieres? —dijo incrédula—. ¿Qué cosa has dicho?
Hummel, sentado justo frente a la mujer que desde la escuela preparatoria consiguió convertirse en su mejor y más preciada amiga, no pudo más que suspirar pesadamente, revelando profundo cansancio le aquejaba. En realidad, ya venía pronosticando una reacción semejante. Nisiquiera se molestó en "inyectar" ninguna otra emoción al asunto; a decir verdad, llevaba meditando tal decisión radical durante meses completos.
Día tras día, debió lidiar innumerables e inquietantes sentimientos confusos hasta casi hacerlo enloquecer; al final, concluyó necesitaba hablarlo con alguien o explotaría. Rachel era la única persona lo suficientemente cercana a él en todo New York a quien pudiese confiarle algo así. Aunque ella claramente casi perdió la cabeza en el proceso.
—Por favor, no me hagas repetirlo de nuevo — pidió notablemente apenado, dibujando círculos imaginarios en el vaso térmico del café que mantenía entre sus manos como tabla de salvación. Sin embargo, al encarar el femenino rostro aún impactado, supo sería necesario—. Estoy considerando terminar con Blaine —soltó mortificado—. ¿Contenta?
Rachel automáticamente se llevó ambas manos directo a la boca, amortiguando un pequeño gemido espantado que surgió desde su garganta. Ella lucía como si le hubiesen revelado la peor y más grande blasfemia del planeta entero. En seguida, cambiando al instante su humor, prosiguió a estrellarlas contra sus muslos repetidas veces, causando ruidos secos chocantes.
—¡¿Por qué carajos harías semejante locura?! —casi le gritó cada palabra, elevando dos decibles su chillante tono de voz.
Kurt, avergonzado y nervioso, miró en todas direcciones cuando percató otros clientes cercanos a ellos les dirigieron cierta curiosa atención—. ¡Rachel! —siseó, inclinándose unos cuantos centímetros sobre la meza. Por un breve instante, casi creyó estar representando el arriesgado papel de un agente en medio de una misión ultra secreta. Y le pareció gracioso. Pero recobrando la compostura perdida, Kurt no podía culpar a su amiga por conocer los motivos por los cuales estaba siquiera tomando en cuenta semejante idea descabellada. Todos sus amigos creían Blaine era adorablemente perfecto. Un nombre maravilloso salido directo de una novela romántica. Lo irónico radicaba en que él creyó esto también durante épocas más felices, las cuales yacían olvidadas en recónditos confines de su memoria—. Mira, no es nada definitivo todavía, ¿de acuerdo? Pero es una posibilidad; lo he estado meditando mucho últimamente.
La joven soprano, escéptica, empequeñeció sus ojos marrones discretamente maquillados—. ¿Qué hiciste, Kurt? —quiso saber, sacando a flote su maniaco lado acosador. Kurt, sorprendido, casi escupió el trago de café que se recién había sorbido en su boca.
—¡Yo no hice nada, Rachel! —se defendió ante tan injusta acusación—. ¿De qué condenado lado estás tú? —indignado, limpió con servilletas el desastre producido con el cálido líquido derramado segundos antes—. Se supone eres mi amiga, no de Blaine ¿recuerdas?
—Soy amiga de los dos, cariño —corrigió ella al echarse atrás un largo mechón de cabello con ligeros movimientos sutiles. A oídos del castaño, sonó con la clara actitud de una educadora sabionda que se dirige a un niño pequeño no muy listo—. Eso significa —prosiguió —, puedo expresar ciertas opiniones cuando considero oportuno hacerlo.
—Sea como sea, por ahí no va el asunto —Hummel dirigió toda atención directo al techo de la cafetería. Desde pequeño abandonó eso de creer en Dios pero, justo ahora reconsideraba restablecer su fe perdida y suplicarle le brindase suficiente paciencia. Terminar encerrado por cometer asesinato ciertamente estaba fuera de sus planes futuros—. Intento decirte que…
—Espera —Rachel parecía sufrir compulsivos impulsos de interrumpir a Kurt aún sin darse apenas cuenta. Sobre todo cuando creía tener ciertas "revelaciones" respecto a detalles importantes. Justo igual a aquel—. ¡Oh, maldita sea! ¿Acaso fue él? —ante conjeturas tan poco coherentes, Hummel revoleó sus claros ojos azules exasperado—. ¡Esto apesta! Gay o hetero, todos los hombres son iguales —concluyó decepcionada.
—A ver, en primer lugar —comenzó harto, enumerando cada punto utilizando los dedos, aferrándose a la vaga esperanza de que ella pudiese entender—, ni Blaine y mucho menos yo hemos sido infieles en ningún sentido —dijo, sufriendo una gran necesidad por defender al moreno porque pese a todo, él seguía siendo un muy buen chico—, en segundo quiero recordarte yo también soy hombre, en consecuencia entro en tu terrible clasificación al igual que tu marido.
—No es lo mismo.
—Da igual —agitando la mano, imitando a quien espanta un bicho asqueroso, le restó importancia—. ¿Ahora si vas a dejarme hablar? —dejándose caer contra su silla, Rachel asintió concediéndole autorización—. Blaine y yo tenemos serios problemas —desmoralizado, comenzó a relatar—. Nuestra relación ha sido genial durante estos últimos años, sin embargo, parecemos habernos estancado. ¿Entiendes lo qué quiero decir? No vamos hacia ninguna parte y cuando compartimos tiempo juntos, siento me asfixiaré en cuestión de segundos —enfatizó con un chasquido rápido—. Lo más frustrante resulta ser que me es imposible determinar cuándo o cómo sucedió esto. Sólo…una mañana desperté y "ese algo" especial simplemente pareció esfumarse.
—Oh, Kurt —Rachel comprendió al instante qué quería decir su amigo con eso. Ella pasó infinidad de veces por situaciones semejantes junto a Finn, chico del cual estuvo locamente enamorada desde el primer día que lo vio entre los abarrotados pasillos de McKinley High. Los dos debieron afrontar muchos altibajos, situaciones difíciles e incluso tanto tiempo uno al lado del otro ocasionó desgaste tal, que temas primordiales como el romanticismo, compartir sueños e ilusiones y hasta la desenfrenada emoción por compartir cualquier momento con esa personita especial, acababan desvaneciéndose, diluyéndose cual tinta entre agua sin apenas darse cuenta. Aún así, Rachel Berry podía asegurar que, cuando dos personas nacían para estar juntas nada ni nadie les separaría. Dos fantásticos años de feliz matrimonio le avalaban—. Quizá sólo necesitan darse espacio —aconsejó, regalándole una comprensiva sonrisa afectuosa—. Eso ayuda a veces.
Hummel apoyó el mentón contra su mano. Tenía cara de estar resolviendo una ecuación algorítmica compleja—. Estoy tan confundido y ya no sé qué pensar al respecto.
—¿Qué hay con Blaine? —preguntó cautelosa. Aquel era terreno minado y si movía la conversación hasta ciertos límites inapropiados, amenazaba con provocar una explosión. Kurt enfadado daba mucho miedo. Prefería tantear terreno conocido primero, gracias—. ¿Ya hablaste con él al respecto?
—Lo intenté —resopló frustrado—, pero siempre cambia el tema o casi nunca tiene tiempo para mí porque debe terminar su estúpida tesis. ¡Casi creo estarle hablando a una jodida pared! —derrotado, apretó el puente de su nariz—. Aunque apuesto obtendría mayores resultados si discutiera con alguna —concluyó moviendo su cabeza de derecha a izquierda respectivamente.
—Cielo, en verdad siento mucho esto que está pasándote —la soprano extendió el brazo, hasta envolver su mano con la del hombre pálido, brindándole evidente apoyo moral—. Puedo charlar con Blaine si tú quieres —ofreció desinteresadamente—. O Finn, tal vez mi marido pueda hacerle entrar en razón.
—Considero imposible ustedes logren nada que yo no, pero igual gracias, Rachel —Kurt dejó escapar un profundo suspiro derrotado al consultar su teléfono celular. Sorprendido, comprobó las últimas tres horas habían transcurrido demasiado rápido—. Escucha, debo marcharme ahora o perderé la video conferencia que Isabelle organizará dentro de un rato —poniéndose en pie, reunió todas sus pertenencias—. Gracias por venir —depositando un suave beso sobre la morena mejilla femenina, prosiguió a salir del local—. En verdad lo aprecio bastante.
—Llámame —le escuchó decir a Berry desde la distancia, a lo cual Hummel respondió mostrándole su pulgar en ese universal gesto de aceptación.
Ajustándose meticulosamente su chaqueta y bufanda resguardándose de los desagradables efectos del gélido clima frío tan característico en New York durante esa época del año, Kurt caminó distraído entre las calles iluminadas con luz artificial amarillenta, preguntándose qué debería hacer. Hummel sabía Blaine era un muy buen tipo, lo intuyó desde el primer momento de conocerse cuatro años atrás, sin embargo, necesitaba más. Aún tenía esperanzas de que Anderson debía ser la persona indicada, ese alguien con quien tendría hijos, hipotecas impagables, un perro y hasta nietos. Pero todo eso lo veía demasiado distante.
Sin proponérselo, nostálgico recordó cómo sus caminos se cruzaron por mera obra del destino.
En aquel entonces, Kurt y Rachel recién habían sido aceptados en la universidad de sus sueños, y Finn, un año mayor, aprovechaba las vacaciones para visitarles desde Ohio, tomándose así un breve descanso tras concluir exitosamente su primer semestre en la licenciatura de educación. Pero, más tarde ambos amigos descubrirían las verdaderas intenciones del futuro profesor cuando este les mencionara durante días completos ansiaba asistir a uno de las exposiciones más populares relacionadas con comics y videojuegos que New York solía organizar cada año.
Rachel pensando de manera anticipada, logró zafarse satisfactoriamente del compromiso alegando aún debía organizar muchas cosas, puesto tenían muy pocas semanas ocupando su nuevo e improvisado departamento.
Kurt no tuvo tanta suerte; en realidad pocas veces solía disfrutarla.
Finn prácticamente rebotó emocionado entre cada stand disponible nada más estuvieron allí, metiéndose en conversaciones —inentendibles a oídos del castaño— con otros fans sobre temas que sólo ellos comprendían y regateando precios cuando creía encontrar un tesoro invaluable. Sobraba decir Hummel, aburrido hasta la muerte, comenzó a preguntarse muy seriamente cómo diantres podían existir personas adictas a esa clase de aficiones extrañas. Conforme las horas transcurrían, Kurt encontró tedioso vagar sin rumbo definido entre presentaciones, exposiciones o firmas de autógrafos.
Entonces, gracias a un estúpido descuido, sucedió.
Kurt juraba haber apartado sus ojos durante escasos treinta segundos, tiempo que tontamente decidió desperdiciar en prestar cierta atención al colorido disfraz que una chica llevaba puesto, cuyo curioso diseño le pareció interesante, para acabar perdiendo entre decenas de desconocidos a su inquieto hermanastro. Un instante Finn caminaba justo a escasos pasos frente a él, absolutamente fascinado por la amplia variedad entre historietas, muñecos coleccionables y videojuegos, para al siguiente desaparecer sin dejar rastro. ¡¿Cómo diantres alguien de metro noventa se desvanecía cual suave humo en el aire?! Oficialmente, Kurt, ya harto, se enfadó tanto con Hudson que ideó unos muy buenos insultos desagradables que memorizó para cuando lo encontrara. Le gritaría, por supuesto que lo haría. ¡Y también lo castigaría! ¡El muy torpe debería comprarle café cada maldito día hasta su viaje de regreso a Lima!
No obstante, esa reprimenda jamás ocurrió.
Hummel, demasiado absorto en repasar sus argumentos no alcanzó a eludir un variopinto grupo de adolescentes entusiastas que prácticamente pasaron corriendo demasiado cerca, empujándolo irremediablemente contra dos expositores repletos hasta los topes con cómics. Desesperado, Kurt manoteó repetidas ocasiones pretendiendo sujetar cualquier objeto sólido que le permitiera mantener el equilibrio. Todo en vano. Nada evitó cayese directamente contra los expositores, causando un alboroto de grandes proporciones. Instantes después, Kurt irremediablemente aterrizó contra el duro suelo pulido conforme decenas de tomos "edición especial o limitada" lo sepultaron casi entero. El recién iniciado estudiante universitario creyó conveniente quedarse quieto mientras curiosos, atraídos gracias al estridente sonido, decidieron acercarse y averiguar qué diablos ocurría ahí.
Inhóspitamente enojado consigo mismo, Hummel se preguntó si acaso estaría destinado a protagonizar grandes ridículos en su vida. Primero Lima, luego McKinley y ahora también New York. Perfecto, simplemente perfecto. Avergonzado, reunió suficiente orgullo para comenzar a ponerse en pie muy lentamente, manteniendo siempre la barbilla elevada, demostrándoles le importaba muy poco las constantes murmuraciones y miradas desaprobatorias. Mientras comenzaba a erguirse cuan alto era, preparó diversas respuestas inteligentes a cualquier posible reclamo dirigido a él, sin embargo, nada adecuado pensó en el remoto caso de recibir ayuda.
Fuertes manos cálidas reposaron suavemente sobre la cintura del joven contratenor adicionándole sólido apoyo físico extra, evitando con ello, pudiese derrumbarse otra segunda ocasión. Increíble voz grave y masculina flotó cual dulce melodía embriagante hacia sus oídos, deseando saber si se había hecho daño. Kurt, demasiado atontado, apenas contestó cada pregunta en piloto automático pues tenía enfrente al hombre más atractivo que jamás tuvo oportunidad de conocer. Y cuando sus ojos, hasta ese momento ocupados en otras cosas, se toparon, electricidad pura saltó entre ellos. Caliente, atrayente e hipnotizante.
Resultó ser amor a primera vista.
A partir de ese día, poco a poco comenzaron a introducirse en la vida del otro sin apenas percatarlo. Pequeños detalles aparentemente superficiales les permitió acercarse más; también sirvió mucho compartir breves retazos de información puesto que conforme transcurrían las semanas fueron capaces de profundizar en otros temas, iniciando interesantes conversaciones cuya duración bien podía extenderse durante horas. Primero comenzaron intercambiando mensajes vía telefónica cada tanto, obsequiándose ocasionales saludos motivacionales. Meses más tarde, descubrieron las llamadas serían asunto más práctico que escribir varios textos. Cada noche antes de irse a dormir hablaban sobre sus actividades escolares, desviándose luego a meras eventualidades cotidianas.
Después pactaron "no citas", como a Kurt le gustaba denominarlas. Se trataban de reuniones ocasionales, charlas breves sobre todo o nada, horas en que emprendían largos paseos juntos disfrutando la magnificencia del Central Park, o bien, cualquier otro sitio al aire libre dispuesto para ello. Reían, soñaban y compartían mutuamente planes relacionados con el futuro, los cuales, desde aquella perspectiva todavía los vislumbraban demasiado lejanos. Cupido rondó cerca durante aquellas épocas, flechándoles, enamorándolos irremediablemente del otro. Conforme continuaba evolucionando su relación a algo más profundo, Kurt creyó haber encontrado esa pieza faltante en su vida. Esa pieza primordial para hacerle sentir completo.
Y hasta podría sonar estereotipado pero aún así creyó Blaine paulatinamente comenzaba a convertirse en un autentico príncipe azul; ese que durante toda su solitaria adolescencia había anhelado con tantas fuerzas. Cuando decidió estudiar en New York, tenía plena conciencia no sería para nada sencillo, sin embargo, Hummel se prometió a si mismo relegar el papel de espectador a otros. Iba a darse las oportunidades que en Lima no podía permitirse, y Anderson cumplía cada requerimiento necesario. ¡Con honores además!
Vivir una experiencia tan maravillosa incluso le hizo replantearse si realmente estaba sucediéndole aquello. Porque bueno, Blaine era un hombre atractivo, dedicado, sin vicios autodestructivos, amable y adorablemente gracioso. ¡Todo cuanto hubiese podido desear!
Fue tan malditamente feliz.
Pero lo que Kurt jamás imaginó durante esas épocas tan importantes en su vida, fue que su relación acabara así: consumida lentamente ante una siempre constante rutina. Como bien le dijera Rachel mientras conversaban minutos antes, muchas parejas solían desgastarse mutuamente porque los años compartidos juntos lo propiciaban, no obstante, aunque Kurt era muy consiente sobre ello, aunque intentara encontrar miles de escusas o pretextos más, no significaba dejara de doler menos. La vida real distaba mucho de los cuentos; era dura, tenía altas y bajas horribles y además, mostraba poca compasión con los débiles.
Regresando al presente luego de divagar amargamente entre sus recuerdos y pensamientos, Hummel aceleró el paso cuando debió internarse entre las poco acogedoras profundidades del subterráneo que le permitiría retornar a casa. Ese sitio donde Blaine estaría trabajando arduamente en su tesis, olvidándose existía mundo real afuera del departamento que compartían juntos. Esperar le resultó ameno, todavía faltaban unos cuantas semanas para comenzar las festividades navideñas y los transportes públicos gozaban cierta libertad. Cuando navidad llegase, entones todo se convertiría en un reverendo caos, protagonizado más que nada por compradores compulsivos. Nada distinto.
Casi media hora más tarde, Kurt arribó al departamento.
Aliviado ante tan acogedora sensación que reinaba en el cálido ambiente interior, cortesía sin dudas de una calefacción que ese año auguraba funcionaría sin mayores contratiempos, Kurt depositó sus llaves donde correspondía entre ligeros tintineos metálicos. Deshaciéndose también de su abrigadora ropa, procedió a colocarla ordenadamente sobre los percheros ubicados junto a la puerta dispuestos para ello. Aquella vivienda si bien no contaba con espacios generosos, resultaba suficientemente bueno para una pareja independiente sin hijos. Cuando se mudaron juntos, Kurt y Blaine volcaron grandes expectativas en la convivencia conjunta. Poco a poco hicieron suyo el sitio, resultándoles increíble cuantos momentos inolvidables compartieron.
Muchos agradables, otros no tanto, pero siempre fueron nuevas experiencias.
Masajeándose cansinamente parte del cuello y hombros, Hummel borró todo aquello de su mente nada más toparse con una imagen cada vez más recurrente; Blaine sentado en el sofá más pequeño dándole la espalda, sumido entre altas pilas de gruesos libros cuyas páginas resaltadas presentaban ya cierto grado de deterioro debido al uso constante. Igualmente le rodeaban libretas abiertas espaciadas sin orden, tazas vacías y platos sucios.
Todo un reverendo y asqueroso desastre.
Como si cierta fuerza extraña hubiese girado un interruptor, una inexplicable rabia irracional recorrió cada terminación nerviosa del joven castaño fluyéndole incuso hasta las entrañas, instalándose ahí obstinadamente igual que un persistente malestar estomacal. Y Kurt en verdad necesitó respirar profundo, evitando así alterarse demasiado. Luego de trabajar tantas horas continuas sin descaso en los preparativos relacionados con la nueva portada de VOUGE, literalmente estaba exhausto. Justo ahora, lo único que quería era concluir esa importante videoconferencia con Isabelle, darse un relajante baño y después meterse a la cama.
Pero aparentemente Blaine tenía otros planes porque, con semejante actitud sólo parecía importarle una cosa: fastidiarle.
¿Así que su novio buscaba jugar pesado, no? ¡Perfecto! Kurt igualmente conocía muchos trucos efectivos capaces de arruinarle satisfactoriamente la existencia al muy cretino malagradecido. Aprovechándose que Anderson todavía prestaba desmedida atención a la computadora portátil que yacía en su regazo, avanzó sigiloso hasta el tomacorriente más cercano encontrando ahí su objetivo principal: el cargador del dichoso aparatito. Sin pensárselo dos veces, Kurt haló la conexión ocasionando que el ordenador se apagara automáticamente. Sólo así, de tal manera drástica Blaine pareció reaccionar. Alarmado y confundido, emitió maldiciones frustradas porque no tuvo suficiente cuidado de guardar cambios al documento en el cual estuvo enfrascado durante horas.
Y entonces, enfadado, Blaine notó la presencia del contratenor. Kurt mientras tanto no se permitió amedrentarse ante aquella mirada dorada que conocía casi tan bien como la suya propia, por lo tanto, elevando su barbilla meneó descaradamente frente al otro hombre el cable negro recién desenchufado.
Sobraba decir eso fue suficiente para detonar la bomba; sin necesitar palabras los dos aceptaron el reto recién lazando—. ¿Pero qué rayos crees estás haciendo? —demandó saber Anderson levantándose con un brinco, dispuesto a iniciar una pelea—. ¡Arruinaste toda una tarde de arduo trabajo! ¿Qué sucede contigo, carajo?
Kurt entrecerró los ojos, impaciente—. Créeme cariño, yo he estado haciéndome la misma pregunta desde hace casi seis meses — espetó mordaz dejando caer el cable sin mayor interés, prosiguiendo después a imponer cierto orden dentro de aquella habitación.
—Odio cuando mencionas cosas entre líneas. Si tienes algún problema sólo suéltalo y asunto arreglado —espetó inclinándose lo suficiente para recuperar la pieza eléctrica pérdida. No obstante, Kurt le ignoró; sólo continuó levantando platos y tazas acumulándolas entre sus brazos sin importarle demasiado pudiese dejar caer alguna—. ¿Al menos podrías mirarme mientras te hablo? —preguntó siguiéndolo hasta la compacta cocina cuyos electrodomésticos apenas eran los elementales.
—Ya sé cuáles estupideces estás a punto de decirme, Blaine. Te aseguro no es necesario las repitas otra vez porque ya me las sé prácticamente de memoria —Hummel depositó sin mayor cuidado dentro del lavabo los platos, causando que estos chocaran entre si y un fuerte sonido aumentase la tensa atmosfera.
El moreno, creyéndose incapaz de soportarlo más, decidió lo mejor era irse por esa noche—. ¿Sabes qué? Eres detestable cuando actúas así.
Retornando a la estancia, Anderson metió descuidadamente dentro de una desgastada mochila unos cuantos libros, su computadora y teléfono celular. También incluyó su cepillo dental así como ropa limpia que sacó del dormitorio que compartía con Kurt. Quien pese a escucharlo moverse apresurado por todo el departamento, nisiquiera intentó detenerle pues siempre era igual. Blaine solía emprender las retiradas cuando creía todo empeoraba, impidiéndoles resolver sus problemas como dos adultos maduros. ¿Su novio necesitaba tiempo a solas? ¡Bien! Tampoco le caería nada mal pasar unas cuantas horas lejos de él.
—Mándales mi saludos a Nick y Jeff —dijo sarcástico cuando Blaine procedía a marcharse sin siquiera despedirse—. Supongo es ahí dónde vas, ¿no?
Guiado por el orgullo, Blaine evitó contestarle nada. Simplemente se fue sin mirar atrás azotando la puerta al hacerlo.
Kurt dejó escapar un profundo suspiro apesumbrado. Decidiendo sería mejor dejar la limpieza para otro momento, caminó a su habitación ahora demasiado consiente sobre cuán silencioso parecía todo cuando Blaine no estaba ahí. Mientras se desnudaba para darse meterse bajo la ducha, se dijo que, como siguieran así lo más sano sería terminar aquella relación infructuosa.
Y entonces, ya libres, cada uno podría tomar el camino que mejor creyesen conveniente.
Sé que debía este One Shot desde hacía bastante tiempo, pero la inspiración no venía a mi. ¡Lo siento por eso! Bueno, ya tengo avanzada la segunda parte del escrito y a último minuto decidí integrar Niff a la ecuación. ¡Me divertí mucho escribiendo una escena en particular entre ellos dos!
Bien, nunca antes había elaborado nada relacionado con comedia, así que espero no haberlo arruinado o algo peor. Debo decir esta primera parte sirvió para aterrizar la idea sobre cómo puede llegar una relación a deteriorarse con el tempo. En el segunda parte, estaré entrando de lleno con la trama y pues ya veremos cómo resulta.
Ok, entonces siguiendo mi ciclo rotativo, ahora seguiré con "I Knew I Loved You", voy avanzada un tanto así que espero tenerlo para el sábado más tardar.
Pese a ser la reyna de la irresponsabilidad, igualmente agradezco mucho sus comentarios. ¡Tengo Shots pendientes también! Pero no se preocupen, tarde, pero los entrego xD
¡Gracias por leer!
