La morena seguía notando el contacto de su mano contra su hombro, una sensación de confort embargaba su cuerpo en aquellos instantes. Como si quisiese que aquella mano nunca se separará de su hombro. Algo extraño teniendo en cuenta que no conocía al dueño de esta, pero era como si le hubieran puesto una chaqueta o agregado una capa a su vestimenta.

Giró la cabeza topándose con el causante de aquella sensación. Sin duda podía asegurar que era un extraño, una persona que no conocía, ni de vista y menos de hablar con el. Quizás fuera un joven nuevo en el pueblo, ya que era un lugar pequeño donde prácticamente todos se conocían y solían saludarse con una amplia sonrisa. Algunas fingidas otras reales, y a veces con abrazos que te dejaban en el suelo. Pero al fin y al cabo todos se conocían. Pero la morena no conocía aquel chico, algo que le mosqueaba, aunque no tuviera razones.

El chico parecía aparentar unos 18 años, uno más uno menos, eso no importaba. Mostraba una sonrisa ladeada, como si algo que el deseará se hubiera cumplido, una sonrisa lo que se dice victoriosa. Sin duda la chica desconocía aquel hecho que había alegrado al joven, pero tampoco se debía meter en asuntos ajenos, y más si son de un completo desconocido. Aunque quizás eso era lo de menos. Tenía una pelo corto, y este alborotado. Como si se lo hubiese peinado y quisiera dejar ese efecto en el. Y unos ojos azules intensos, no le dio tiempo a comprobar más el aspecto del chico, la morena se había quedado mirando esos intensos ojos.

Cuando al fin volvió a tocar la realidad después de unos segundos, desvió la mirada hacia la carretera para comprobar si estaban sus padres y así dejar de mirar al joven, de seguir haciéndolo incluso podría asegurar que algo de babilla se le caería. Nadie estaba en esa calle, y las farolas de estas comenzaban a iluminarse dando a entender que la noche ya comenzaba. El joven apartó la mano del hombro, haciendo que la morena, maldijera a ese chico por ese acto. Si hubiera sido capaz de leer sus pensamientos quizás no la hubiera quitado. Pero obviamente no lo iba a anunciar en voz alta , sería.. ¿raro?

-Disculpa. -Se justificó el chico de pelo oscuro y ojos claros por haber mantenido su mano tanto tiempo. -¿Tienes frío?

A la chica no le dio tiempo a formar ni asentir a aquellas palabras, ya tenía puesta la cazadora del joven sobre los hombros. Aquel gesto lo había leído infinidad de veces y visto en televisión y novelas de amor. Y solo una persona lo hizo por ella, su novio, Matt. Pero estaba claro que ese chico no era su novio, a diferencia de este, el cabello de Matt era de un tono cobrizo como el oro y ojos de un azul más tornado a oscuro.

La chica se le quedó mirando, no conseguía articular palabras debido al frío que había aparecido en el ambiente. ¿Qué debía decir? ¿Gracias? ¿O toma no la necesito? Al fin y al cabo acababa siendo un extraño más. Una persona que a pesar de su aspecto no se puede fiar de ellas porque no se conocen sus verdaderas intenciones y tampoco sus verdaderos propósitos. Pero tampoco podía negar que aquella chaqueta comenzaba a media la temperatura de la piel de la joven, y le costaba renunciar a ella sin una buena razón. Peleó con su mente porque debía hacer mientras que en la realidad se comenzaba a crear un silencio del que no se estaba dando cuenta.

-Oh, gracias. -Dijo pasado unos segundos por fin haciendo callar a ambas voces y dándole la razón a una de ellas. Había tomado la decisión correcta para su salud, no deseaba coger ninguna enfermedad que la dejará en cama un temporada. El hecho de no poder estar en movimiento le alteraba bastante.

-Soy Damon. -Dijo, cogiendo la mano de la morena y depositando un delicado beso en ella. La chica sorprendida por su acto, no pudo evitar mirarle extrañada y soltar una ligera risa ante su acto. Sin duda no estaba acostumbrada aquella clase de cortesía por parte de los miembros masculinos. Le recordaba a épocas antiguas donde ese era el saludo según las clases de historia.

-Lo siento, lo siento. -Dijo al notar al notar la extrañada mirada del chico extrañado sobre ella. -Pero.. aquí no estamos a costumbrados a esa clase de saludo. -Se justificó, aunque no pudo negar casi se derrite al notar el contacto de sus labios contra su piel. Aunque todo aquello lo evadió con una risa, ya que no podía pensar aquello cuando tenía novio y ella no era una de las típicas chicas que se enrollan con el primero que pase.

-¿Aquí los chicos no saben como tratar a una chica? -Dijo el joven con una sonrisa ladeada, la que había mostrado antes pero con un toque de seducción y picardía.

-Aquí los chicos no son anticuados. -Y comenzó a reír de nuevo la chica. -Me llamo Elena. -Dijo la morena intentando cesar sus risas con efecto.

-Vaya, pues me tendrás que enseñar vuestras costumbres, ¿no? -Conservando esa sonrisa en su rostro y con la mirada clavada en la chica que esta la tenía fija en la carretera. -Así que Elena, ¿sabes Elena? Me recuerdas a alguien.

Miró al chico, dispuesta a contestarle cuando un coche emitió el sonido de su bocina en modo de aviso. La chica instintivamente desvió la mirada hacia de donde provenía y allí estaba. El coche grisáceo con la matrícula desgastada y unos leves arañazos en la carrocería apenas visibles, si ella no supiera de su existencia no se habría enterado. Se agachó a recoger su mochila, y se giró para despedirse del chico y devolverle la chaqueta cuando se dio cuenta de que no estaba. Se quedó allí parada de pie unos instantes. Mirando a todos lados por si estaba cerca de allí, se había ido de una manera que ni había echo ruido y tan rápido que ni se le veía.

-Elena, ¡Date prisa! -Gritó su madre dentro del coche y esta se acercó a él. Con la chaqueta del joven en la mano. Entró en el asiento trasero y se quedó observando por la ventana. Allí en un árbol volvía estar aquel cuervo negro, parecía observarla detenidamente examinándola como había hecho anteriormente. El coche comenzó a andar y así la mirada del pájaro se iba quedando atrás, al igual que el instituto. Se iba transformando en una mancha difuminada. Su madre había comenzado a parlotear de algo que la morena no se estaba enterando, ya que ahora mismo no estaba con la mente en aquel coche.