El Rapto
2
Emil
No tardo en llegar corriendo a la plaza, la fogata está encendida, como siempre, y casi todos están reunidos aquí. No somos muchos, si tenemos en cuenta que solo las mujeres viven más de dieciocho años, supongo que en todo Black Mud habrá unos pocos cientos de personas. Cuando se produce un Rapto todos venimos aquí. Hay un banquete, como si eso aliviara el penoso ambiente, y odio admitir que normalmente funciona, todos estamos acostumbrados a esto, es ley de vida, no podemos cambiarlo.
Pero cuando veo a mi hermano sentado en esa silla, con sus conocidos haciendo fila para despedirle, noto un nudo en la garganta. Me sorprendo a mi mismo al descubrir que no puedo llorar.
Respiro lenta y profundamente y me pongo al final de la fila, incómodo y nervioso. Se supone que ya debería tenerlo asimilado. No sé cuanto tiempo me quedo mirando el fuego.
Me toca.
-Hola, Emil. -Dice, con su habitual calma.
-Hola. -Me siento bastante idiota al no poder decir nada más.
-Te has perdido el banquete.
Me encojo de hombros, pensando en lo estúpido de la situación. Dudo mucho que cuando me toque a mi el año que viene yo pueda mantener esa calma que tiene Lukas ahora. Seguramente seré uno de los que se desmoronan y se dejan llevar por el pánico en la ceremonia.
-No pareces afectado.
-Supongo que es mejor disfrutar de los últimos momentos, ¿no crees? -Me habla con tranquilidad, con esa calma imperturbable suya. No recuerdo haberle visto alterado o realmente destrozado nunca... o, bueno, cuando Matt fue víctima del Rapto. Lloró, pero se supone que yo no le vi. Así que hago como si no lo supiera. De todas formas, aunque por aquel entonces se comportó con naturalidad, creo que cambió un poco. Practicamente dejó de sonreír.
Se inclina hacia mí y, antes de que llegue a abrazarme, me lanzo a sus brazos y me agarro a él con fuerza. Corresponde al abrazo y empieza a acariciarme el cabello mientras me murmura palabras tranquilizadoras en el oído.. y se supone que yo debería consolarle a él, y no él a mi. Que bien se le da hacer de hermano mayor. Me siento patético.
El abrazo se me hace demasiado corto y ninguno de los dos llora. Natalia me pone una mano en el hombro, no sé cuando se ha acercado a nosotros, pero sé que tengo que apartarme ya.
-No te preocupes, Emil. Nos veremos pronto. -Me susurra Lukas al oído antes de dejar que me suelte, y cuando me aparto, veo que me guiña un ojo, y me deja bastante confundido con ese gesto en un momento como este. Retrocedo, veo como Natalia le da un corto abrazo a mi hermano y murmura un "adiós" antes de apartarse. La pequeña Kristen corretea por ahí, es demasiado pequeña para entender nada, pero ante unas palabras de su madre, se acerca corriendo a Lukas y se le sube en las piernas de un salto.
Mi madre está muerta y los demás fueron víctimas del Rapto. Primero mi padre, al que apenas conocí. Luego Mathias, que era practicamente como de la familia. Y ahora mi hermano. El Rapto se los lleva a todos.
La niña abraza a Lukas y le planta un beso en la mejilla antes de salir corriendo junto a los demás críos. No sabe nada, y creo que nadie sabe como explicarle que mañana su padre ya no estará aquí. Mi hermano dirige la mirada hacia mi y me sonríe de manera tranquilizadora, mientras toda la gente se aparta de él, atentos.
Primero el suelo empieza a temblar. El temblor crece rápidamente, un ruido ensordecedor corta el aire y una fuerte luz cae desde el cielo, cegándome. Todo da vueltas. Intento controlar las náuseas. Casi todos caen al suelo de rodillas, incapaces de mantener el equilibrio, y yo normalmente a estas alturas estoy en el suelo hecho un ovillo e intentando no vomitar, pero me obligo a mantenerme en pie y con los ojos fijos en mi hermano, a pesar de que la luz me ciega y me hace daño en los ojos. Se produce un estallido de luz y me veo obligado a cerrar los ojos.
Cuando los abro, todo cesa tan rápido como empezó, y todo sigue igual. Excepto la existencia de mi hermano, que ha desaparecido. Me dejo caer al suelo de rodillas y los ojos me escuecen por las lágrimas, que aún así no salen. Siento como si me hubieran arrancado un trozo de carne del pecho.
Estoy solo.
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Me siento como cuando perdimos a mamá, solo que esta vez no tengo a Lukas para ayudarme, porque él es el que se ha ido esta vez. Los primeros días me comporto con normalidad, intentando olvidarlo, como si Lukas simplemente se hubiera marchado unos días, y consigo sobrellevarlo. Pero odio como mi propia mente juega conmigo. Me encuentro esperando a que llegue la hora de cenar para verle entrar por la puerta, o le noto andar por la casa detrás de mi, para encontrarme con la habitación sola y vacía cuando me doy la vuelta.
Aguanto así un par de semanas, y entonces me derrumbo. Sé que no va a regresar, estoy aterrado, y no quiero que nadie lo sepa. Me paso toda la noche en la cama, sin dormir, ahogando sollozos en la almohada.
No me queda nadie. Ni mi madre, ni mi hermano, y tampoco soy una persona con amigos. Teníamos a Mathias, claro, pero despareció, como todos. Natalia se comporta con normalidad conmigo, lo cual creo que me alivia, no soportaría si ella también me mirara con pena y se compadeciera de mi, casi prefiero que siga siendo desagradable; y a pesar de lo que me dijo el día del Rapto de Lukas, me deja ver a Kristen. Pero yo no puedo ser un padre para la hija de mi hermano, ni mucho menos.
Odio que la gente a mi pasa me lance miradas de pena, pero nadie me dice nada. Oh, vamos, sé que soy un espectáculo para ellos. El inútil y gruñón hermano del perfecto Lukas, que SÍ sabe controlarse y caía mucho mejor a la gente simplemente por su calma y manera de afrontar las cosas. Estoy seguro de que cuando me llegue la hora del Rapto, nadie sentirá tanta pena por mi. Nadie va a llorar mi desaparición.
Que asco de todo.
Y mientras pienso en que solo me queda un año, menos de un año, para mi Rapto, me recorre un estremecimiento de temor.
Intento evadirme de todo en la enfermería, Lukas lo hacía mucho mejor que yo y era más amable y delicado con la gente, supongo que a nadie le gusta que ahora yo me encargue de curar sus heridas. Que les jodan, aunque tampoco les culpo. La enfermería está vacía mientras yo garabateo en un cuaderno, cuando la puerta se abre.
-Xiang. -Murmuro con desagrado, frunciendo el ceño al verle acercarse a mi. -¿Has vuelto a quemarte o qué? Si es eso, jódete, y deja de jugar con el fuego.
-Me encanta este servicio tan amable. -Me responde con un claro tono sarcástico, coge una silla para darle la vuelta y se sienta en ella en dirección contraria, con el respaldo por delante, apoya los brazos y la cabeza en él y me mira. -Aún no hablamos de la asignación.
Vaya, lo había olvidado. Pero es que tampoco creí necesario volver a pensar en ello. Le dejé claro que no pienso aceptarla, ¿por qué demonios viene ahora a molestarme con eso?
-Sí hablamos. Y te dije que no. Si no quieres nada más..
-Ese es el tema. -Me interrumpe, y me doy cuenta de que me mira casi con cara de aburrimiento. La idea le gusta tan poco como a mi, pero entonces, no entiendo por qué vuelve a sacar el tema. -Esto no nos hace gracia a ninguno de los dos. Pero si pasamos juntos unas semanas el Consejo creerá que estamos haciendo lo que quieren, nos dejarán en paz, y pensarán que su estúpida bromita para castigarnos ha funcionado. Si finguimos que lo estamos haciendo bien, no nos emparejarán con más gente, y así no tendremos que volver a preocuparnos de más asignaciones.
Guardo silencio un momento y le examino con los ojos, intentando ver si tiene alguna otra intención. Que demonios, claro que la tiene. Molestarme, maldita sea, le encanta. Desde siempre, desde que eramos unos críos, nos hemos llevado mal de una manera extraña. No llega a ser odio, pero discutimos, peleamos y nos fastidiamos mutuamente. Ni siquiera sé si llegamos a ser amigos, joder.
-Vale. -Respondo por fin. -Como sea. ¿Qué hacemos?
-¿Ahora?
-Si, ahora mismo. -Frunzo el ceño y recogo mis cosas, levantándome.
-Vaya, veo que estás impaciente.
Le lanzo una mirada asesina, que no tiene ningún efecto en él. Se levanta, se estira lentamente y se encoge de hombros. Odio no saber nunca en qué demonios está pensando.
-Vamos al lago.
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Xiang
Aunque intenta disimularlo, cuando llegamos a mi pequeño lugar secreto, Emil se queda sin habla. Solía venir aquí con Yao, antes de que desapareciera, claro. Es una colina que domina el agua, nos rodean flores y campanillas que nos llegan casi hasta las caderas, y es bastante gracioso como Emil intenta andar sin tropezarse entre ellas, porque es bastante más torpe que yo. Y que cualquiera, claro.
El caso es que me siento en un lugar donde la hierba es menos alta, y él se sienta a cierta distancia de mi, claramente desinteresado en cualquier cosa que tenga que ver conmigo. Arranca briznas de hierba distraídamente, con la mirada fija en el lago. Estamos un rato en silencio, hasta que se decide a decir algo.
-Este sitio es bonito.
-Ajá... Supongo que después de que tu hermano haya desaparecido no habrás salido mucho de casa o de la enfermería.
Frunce el ceño y sé que eso le molesta. Lo sé perfectamente, y me gusta.
-Eso sobraba.
-Oh.
-No vas a dejar de ser un insensible. -Bufa. -Puede que si pensaras un poco antes de hablar...
-Mira quien habla.
Aprieta los dientes, claramente fastidiado. Sabe que no es el indicado para reprocharle a cualquier persona que no piense en sus actos, él es impulsivo bastantes veces, sobretodo si se enfada, con ese mal carácter que tiene.
-Que te den.
-¿Mh? En todo caso, te darían a ti, y...
-¡Cállate!
Le sale un gracioso gallo agudo en la voz al irritarse, y hago un pequeño esfuerzo por no seguir con la discusión. No es que no quiera, pero me da cierta pena, su hermano desapareció hace poco. Le daré un poco de tregua por ahora.
Un buen rato después, habla, ya calmado.
-Odio las asignaciones.
-Y yo.
-¿Has cumplido alguna?
Asiento, pero no le digo cuantas. El número es mayor del que me gustaría reconocer, sí, al principio las aceptaba, aunque jamás me acosté con ninguna, solo pasaba algo de tiempo con las chicas y luego me asignaban a otra. Luego simplemente dejé de aceptarlas, y ni me molestaba en finguir que lo hacía.
-¿Y tú?
Duda unos segundos.
-Una. -Responde, manteniendo la mirada fija en el lago. De modo que me equivocaba, los rumores no eran del todo ciertos: Emil sí aceptó una asignación. -Lily. Me gustó, y fue muy amable ese mes, así que creí que... sentía algo parecido. Incluso quise seguir asignado a ella. -Puso una pequeña mueca de disgusto. -No sé por qué creí que conseguiría algo. Fui estúpido. Al siguiente mes estaba asignada a otro chico, y luego...
Guarda silencio y frunce el ceño, veo que se muerde el labio, sé que hace eso cuando está nervioso, incómodo, o simplemente se arrepiente de haber dicho algo. Lo entiendo, Lily cayó enferma después de que su hermano mayor fuera víctima del Rapto, y no pudieron salvarla. Murió. Supongo que es uno de estos casos donde se puede decir que... bueno, murió de pena.
Emil sacude la cabeza.
-Fue horrible que le ocurriera eso. Pero bueno, yo solo tenía catorce años, ya casi no me acuerdo del mes que estuve con Lily.
-Todos desaparecemos al final. -Murmuro, cerrando los ojos cuando una suave brisa recorre la colina. -No sirve de nada ir de un lado a otro. No viviremos más de dieciocho años. Sería mejor... encontrar algo bueno y conservarlo.
-¿Te refieres a estar con una sola persona? Más allá de lo que dura una asignación.
Le miro de reojo, supongo que ahora me dirá que no diga cosas estúpidas o algo así.
-Seh. Una persona.
-Mh... -Se remueve un poco, encogiendo las piernas y abrazándoselas. -Como los pájaros.
Me extraño un poco por esa comparación, pero asiento.
-Supongo.
Otro momento de silencio, en el que me encuentro observándole. Tiene el ceño levemente fruncido, retuerce briznas de hierba arrancada entre los dedos, y le brillan los ojos, como si fuera a llorar. Pero no lo hace, sé que no lo hará, menos delante de mi.
-No me parece estúpido. -Dice entonces, soltando la hierba antes de arrancar otro puñado. -Todo esto es raro. El Rapto, el Muro... todo. Si tan solo no existiera el Rapto... -Su voz tiembla ligeramente, y aprieta los puños sobre la hierba.
-Nademos.
Me mira, perplejo, aunque creo que piensa que estoy bromeando. Que inocente.
-¿Nadar, ahora?
-Tú mismo.
Me levanto y camino colina abajo hacia el lago. Cuando llego a la orilla, me deshago de la ropa hasta quedar en calzoncillos, y entro rápidamente en el agua. El frío del agua me congela los pulmones, pero me siento mejor, y cuando saco la cabeza a la superficie ya casi me he acostumbrado al frío. Me giro y veo a Emil en la orilla, se ha metido hasta los tobillos, está descalzo, y se remanga los pantalones para que no se mojen. No parece muy convencido.
-¿Vienes o qué?
-¡Está muy fría!
Pongo los ojos en blanco y nado hasta acercarme a la orilla, lo suficiente para salpicarle.
-¡Eh! ¿Eres idiota? ¡Está congelada, joder! -Retrocede con el ceño fruncido, pero entonces parece pensárselo mejor. -Te vas a enterar.
No le doy importancia a su amenaza, y nado de vuelta al centro del lago. Cuando vuelvo a mirar, sus pantalones ya están en el suelo y en menos de unos segundos se ha tirado de cabeza al agua. Me sorprendo al ver que nada bastante bien y no tarda en alcanzarme. Tiene puesta la camisa, ya empapada, supongo que como ya se la he mojado, le da igual bañarse con ella.
-Lento. -Me vuelvo a apartar de él antes de que llegue a alcanzarme, dejo que se acerque, y nuevamente me aparto justo antes de que pueda tocarme. Eso le molesta bastante.
-¡Estate quieto! -Protesta mientras vuelve a intentarlo y de nuevo me aparto en el último momento. Gruñe y se queda quieto unos segundos, y cuando creo que va a rendirse, se lanza hacia mi mucho más rápido de lo que se ha movido antes. Consigue colocarme las manos en los hombros y me hunde en el agua. Admito que me ha cogido por sorpresa. -¡Já! Eso por salpicarme.
En vez de salir a la superficie, nado hacia abajo y le agarro de las piernas bajo el agua, creo que se asusta porque da un respingo, y tiro de él hacia abajo para hundirle. Le observo bajo el agua, y me mira un par de segundos antes de enseñarme el dedo corazón, puedo adivinar que es una de sus formas de hacerme entender lo que opina de ese 'ataque', y sale rápidamente hacia la superficie. Cuando salgo, me salpica en la cara de un manotazo.
-¡No me has dejado coger aire! ¡No podía respirar!
-Pareces una chica cuando te pones así.
-¿¡Qué!?
Antes de que me de tiempo a sonreír de manera burlona, se mete bajo el agua para salir detrás de mi y hacerme otra ahogadilla. Reconozco que si, lo consigue, y además pone todo su empeño en no dejarme salir del agua hasta que esté medio muerto, pero me lo quito de encima con facilidad y puedo salir a los pocos segundos.
Seguimos así un rato, él intentando atacarme y yo evitando sus ataques. Cuando lleva demasiado sin conseguir atraparme, me dejo alcanzar para que pueda hundirme, y a veces le arrastro conmigo. Incluso sonríe. Oh, si, Emil sonriendo. Jamás creí que vería algo así.
-Vale, tú ganas. -Digo cuando salimos del lago, mientras uso mi camisa para secarme el pelo y me pongo los pantalones. -Pero no tendrías ninguna oportunidad contra mí en suelo firme.
-Tú sabes pelear. -Replica, ya vestido y despegándose la camisa del torso, el pelo se le pega al cuello y a la cara, y parece que empieza a arrepentirse, porque empieza a oscurecer, hace más frío, y está empapado. -Enséñame. Y luego veré si puedo ganarte.
-¿Enseñarte? -Alzo una ceja y asiente, parece convencido. -Está bien, mañana. Aunque dudo que tengas alguna oportunidad de ganarme.
-Eres mayor que yo, has-
Se interrumpe, y abre mucho los ojos al decir eso. Me mira y abre la boca para hablar, pero sé lo que va a decir, sé lo que ha pensado, y no quiero escucharlo. Sacudo la cabeza y le pongo mi camisa encima del pelo, para que al menos se seque un poco con algo, y antes de que pueda decir nada, me alejo caminando.
Cuando llego a casa, me detengo en la puerta y suspiro. Yong no está, pero supongo que no tardará en venir. Voy a mi cuarto y saco la libreta que tengo escondida, sacando una hoja de papel vieja escondida entre las páginas. Desdoblo la nota y leo de nuevo aquellas líneas, que me dejan igual de confundido que todas las veces que he intentado averiguar su significado. No pretendía contarle nada a nadie, ni siquiera a Yong, pero creo que he cambiado de idea.
Puede que deba contárselo a Emil. Después de sorprenderme al confesar que opina igual que yo sobre lo estúpido de las asignaciones, puede que no sea solo un crío caprichoso como pensaba. Además, trabaja en la enfermería, y allí tienen archivos. Puede que me sirva de ayuda para entender esto.
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Emil.
Cuando el señorito sépelearmejorquetú se marcha... bueno, digamos que creo que parezco estúpido, me quedo unos segundos sin reaccionar y luego ladeo la cabeza para dejar caer la camisa, cogiéndola con una mano. Me seco un poco el pelo, y me cuelgo la prenda del brazo.
No sé como demonios ni siquiera pensé en eso antes. Acabo de caer ahora mismo. Yo tengo diecisiete años, me queda apenas un año para que el Rapto me toque. Xiang tiene casi un año más que yo.
Le quedan unas dos semanas.
XXX
¡Gracias por los reviews, follows y favoritos! *^* Me alegro de que a algunos les guste esta cosa que escribo~~ ¡Y siento la tardanza! Intentaré actualizar al menos un capítulo por semana.
En el próximo capítulo veremos a Emil intentando aprender a pelear (?)... más sobre la extraña nota de Xiang, y algunas cosas más.
¡Nos leemos!
