Imperfecta Amistad
II
Regina manejaba ensimismada por las calles de Storybrooke, disfrutando la calma que muy pocas veces tenia aquel pueblo. Los transeúntes eran conocidos, nadie corría, nadie gritaba y el cielo claro y despejado no mostraba ningún color tenebroso, por lo que esa noche podía considerarse un éxito. Una vez terminara esta rápida diligencia volvería a su casa con Henry y se relajaría como pocas veces podía hacerlo. Estacionó su Mercedes frente al apartamento y tomó de la guantera las llaves que vino a entregar, gruñendo molesta pero haciendo un esfuerzo por no molestarse con la dueña ya que Swan, como muchos en el pueblo, tenía muchas cosas con que lidiar.
Recordó como había llegado a su casa esa tarde para dejar a Henry, como siempre retrasada, como siempre deprisa, pero a diferencia de días pasados ahora hacia el esfuerzo de no reprocharla, sonreírle (o al menos no destrozarla con la mirada) y ofrecerle sentarse unos minutos para descansar antes de salir corriendo donde sea que el deber la llamara. Para su sorpresa la salvadora se encariñó rápidamente con esa metodología, sonriéndole con todos los dientes y esperando pacientemente por la copa de jugo, cidra o vino que le esperaba.
Sin embargo hoy Charming pasó a recogerla de improvisto por una situación en el bosque que la requería de inmediato por lo que Emma se arrojó la sidra en la boca, se despidió con las mejillas llenas y salió disparada por la puerta mientras tocia frenéticamente. No fue sino hasta que Regina dejó de reírse en la privacidad de su cocina que se dio cuenta que las llaves del escarabajo amarillo se quedaron sobre la mesa y como fue de esperar, la tarde se volvió noche y nadie se manifestó para recogerlas, por lo que la alcaldesa decidió poner en riesgo su noche de paz y hacer su buena acción del día.
Entró al apartamento y subió las escaleras mientras jugaba con las llaves entre los dedos, pensando en durar la menor cantidad de tiempo posible. El pirata se mudó con Swan así que si todavía esta con Charming de seguro te tocara lidiar con él y la noche no está para eso se dijo a sí misma, estremeciéndose ante el pensamiento. Al llegar a la puerta buscó en los bolsillos de su chaqueta la copia de la llave que Emma le había dado (Siempre eres bienvenida le dijo aquel día, con los ojos enormes y llenos de expectativa) y decidió entrar sin tocar a fin de que nadie supiese que estaba ahí y solo le tomase un segundo tirar las llaves en la mesa y salir corriendo.
Por supuesto Regina sabia que un segundo era todo lo que se necesitaba para arruinar un buen día pero algunas veces la gente se confía demasiado, por lo que esa noche le tocó aceptar que fue su culpa el no tocar y encontrarse a Emma caminando en su dirección, vestida en lencería negra y con un andar que solo podía describirse como una mujer que no había usado su caminar seductor en mucho, mucho, mucho tiempo.
"Bienvenido al muelle Swan Capitán Jones, donde cuidaremos de su barco con mucho cariñ-" Emma detuvo en seco su (algo confusa e incómoda) fantasía al encontrarse con el rostro de completa apatía y decepción de Regina. Petrificada por unos segundos, su única reacción fue saltar en dirección al sofá que tenia al lado, fallando por unos centímetros y cayendo al suelo con un fuerte sonido.
Tú te lo buscaste Regina Se dijo la alcaldesa en voz baja mientras negaba con la cabeza y se frotaba el puente de la nariz con los dedos. Caminó en dirección a la cocina y lanzó las llaves con fuerza sobre la mesa, sonando en toda la sala. El sonido hiso que Emma asomara la cabeza desde detrás del sofá, vergüenza pintada en todo su rostro.
"Regina, hola!" Exclamó mientras intentaba sonar casual, cosa que debía saber, era imposible en aquel momento. "No te... no te esperaba. Por favor, siéntete como en casa!"
"Estoy más que segura que no me esperabas Swan." Respondió Regina sin mirarla. Hiso un gesto con la mano y sobre el mueble se materializó una bata blanca. Emma chilló y se abalanzó sobre ella como si su vida dependiera de ello. Una vez cubierta salió de su escondite y se acercó temerosamente hacia la alcaldesa mientas sentía su rostro arder.
"Hola Regina!" Repitió, mostrando lo nerviosa y agitada que estaba. "Que te trae por aquí?"
"Pues vine a traer las llaves que dejaste en mi casa." Empezó la alcaldesa mientras caminaba por la pequeña cocina. "Y ahora que fui testigo de lo que serán mis pesadillas por los próximos días voy a tomar una copa de este vino barato que tienes, respirare profundo varias veces y me iré de aquí, que te parece?"
"Mis llaves! Sabía que eventualmente iban a aparecer!" Exclamó Emma risueña, corriendo hacia la mesa para tocarlas como quien se reencuentra con un valioso objeto. "Gracias!"
Regina no respondió, limitándose a servirse del horrible vino que tenía a mano. Su boca estaba a centímetros de la copa cuando notó que Emma aun se encontraba de pie al lado de la mesa, tensa y con ansiedad. Rodó los ojos con tal fuerza que sintió dolor detrás de la cabeza y sirvió una copa en el asiento de al lado. "Swan, podemos actuar como adultas y no sacar esto de proporción? Cálmate!"
Emma se sentó y se abrazó a si misma mientras le sonreía una tímida sonrisa. "Gracias Regina, aunque no estoy agitada por eso. Es solo que..."
Por favor no digas nada raro, por favor no digas nada raro, por favor no digas nada raro se decía Regina en la cabeza, incapaz de aguantar más por esta noche.
"Quiero mucho... Amo a Killian y quiero ser alguien especial para él, pero honestamente soy un desastre y la mitad de las veces no sé lo que estoy haciendo cuando se trata de relaciones. Antes era una experta en todo eso de, bueno, tu sabes" se apuntó a si misma de arriba a abajo, "pero con el pasar del tiempo en Storybrooke algunas veces apenas me reconozco y esto de tener a alguien en mi corazón me hace actuar como una anormal a veces."
Regina exhaló disimuladamente y miró de reojo a Emma, quien se veía notoriamente deprimida. La alcaldesa nunca dejaba de sorprenderse como las facciones de la salvadora era tan expresivas, pues su rostro de tristeza era tan desalentador que la obligó a responder. "Es en serio Swan?"
"Vamos Regina, eso ya es muy cruel, incluso para ti." Murmuró Emma cabizbaja, incapaz siquiera de enojarse en ese punto.
"Me entone mal, lo lamento." Aceptó Regina, quien realmente no quería sonar tan cortante. Se aclaró la garganta e hiso lo posible por pensar bien sus palabras. Finalmente (y quizás fue la mirada patética de Emma), decidió sacrificarse y tomar un enfoque diferente ya que esta noche no podía ponerse peor. "Swan, cuando fue la última vez que me viste usar uno de mis vestidos apretados con escote ridículo?"
Emma estalló en risas de tal forma que empezó a toser, intentando contener el vino. "Qué?!"
"Ya me oíste." Dijo Regina con voz altanera, fingiendo no estar entretenida con los cambios de humor de Emma. "Cuando fue la última vez que me viste con un vestido de esos?"
"Hace mucho supongo." Respondió Emma, pasándose una mano por los cabellos.
"Y aun así Robin y yo estuvimos felices por mucho tiempo." Dijo Regina, sintiéndose en paz con los buenos recuerdos que tenia de Robin." Y si eso fue conmigo, que te hace pensar que un hombre que duró años, AÑOS, de puerto en puerto, de bar en bar y de falda en falda y que ahora está vuelto loco por ti, querría algo más que estar contigo así como estas ahora, anormal y todo?"
El rostro de Emma se iluminó como el sol. "Regina..."
"Así que, si quieres hacer esta... película de terror de la que estoy loca por salir, hazlo porque quieres, no porque piensas que eso es lo que él quiere. Por todos los cielos Swan, ya estamos viejas para esto y ya hemos lidiado con demasiado como para preocuparnos por cosas como esta, así que toma mi consejo: relájate, ten plena seguridad que el pirata no se irá a ningún lado y se feliz con lo que ti- Swan? Swan que estas hac- Swan, TE JURO que si te me acercas...!"
Regina apenas pudo terminar la amenaza pues Emma se levantó de su asiento y se abalanzó sobre ella, abrazándola con fuerza mientras reía a más no poder. Regina se quedó petrificada, recordándose porque ya nada la sorprendía en Storybrooke.
"A veces eres tan buena conmigo Regina." Suspiró Emma, rebosante de felicidad.
"Por favor deja de hablar." Murmuró la alcaldesa entre dientes. De repente se escuchó un toqueteo en la puerta. Los ojos de Regina se abrieron de par en par y sintió como si un balde de agua fría callera sobre ella. Ay no! gritó su cerebro.
"Swan, estas aquí amor?" Se escuchó la voz de Hook desde el otro lado de la puerta, haciendo que el pelo de la nuca de Regina se erizara.
Repleta de confianza y felicidad, Emma soltó a Regina y le levantó un pulgar mientras le deletreaba un gracias con los labios. Se paró en la sala y empezó a soltar la bata, ignorando la mirada de horror de la alcaldesa. "Aquí estoy Capitán Jones. Bienvenido al puerto Swan. Listo para estacionar su nave?"
Esta fue la noche que te buscaste Mills! se culpó nuevamente Regina antes de escapar en una nube purpura a toda velocidad, aborrecida por las cosas que tenía que ver y lidiar en esta vida, convencida de lo injusto que era que ningún otro héroe tenia que lidiar con problemas de esa índole. Ya se acabaron los dragones, monarcas manipuladores y desastres naturales se dijo. Estas son las buenas acciones que quedan.
Fin.
