Se encontraba de pie en su oficina, acomodándose el chaleco antibalas que acababa de ponerse. Odiaba usarlo, era tan pesado e incómodo que no le dejaba moverse con facilidad pero lamentablemente ciertas situaciones riesgosas lo ameritaban, por lo menos eso era lo que su compañero y mejor amigo siempre le decía... más bien le obligaba a creer. Se adecuó un mechón café de cabello que le quedaba mal ubicado sobre la frente y continuó tomando su arma de servicio, su pistola automática, acomodándola en su bolsillo especial para aquel artefacto, en el lado derecho de su cinturón. Ya preparado para comenzar su día de trabajo, como era de costumbre, se mantuvo de pie mirando su calendario el cual yacía sobre su escritorio. Hace ya dos semanas se cumplían 6 años desde la muerte de quien fuera su hermano, Yuuta. Aun recordándolo como si fuera ayer, prefirió no pensar demasiado en aquello... No era el mejor momento ya que aquellos recuerdos siempre le demandaban demasiada nostalgia...

Centrado en sus pensamientos, un ruido en la puerta lo desconcentró. Al ser alertado con un toque de 3 tiempos sabía perfectamente de quien se trataba. Una cabellera pelirroja se asomaba dentro de la oficina al momento que la puerta se abría.

- Ne, Fujiko. ¿Estás listo? Estamos en la hora si queremos aprovechar la jornada- El joven colega ya estaba dentro de la oficina, como si se tratara de la suya, tomándose atribuciones que solo podía realizar con su mejor compañero de trabajo.

- Sí, estoy listo Eiji. Vamos.- Dicho eso, tomó su billetera y prosiguió saliendo de la oficina en compañía de su mejor amigo.

Llevaba trabajando en aquel edificio desde 6 años, el tiempo que cumplía siendo detective. Conocía el trabajo a la perfección, el papeleo, los procedimientos, las retenciones, absolutamente todo. Aquel lugar era su segundo hogar, se sentía en comodidad trabajando en aquel sitio ya fuera de día o de noche. Es más, olvidaba ya el tiempo que pasaba trabajando jornadas completas tanto en la oficina como en la calle realizando operaciones. De algo estaba seguro, le encantaba su trabajo y más ahora que había sido ascendido hace una semana, junto a su compañero y mejor amigo, Eiji Kikumaru.

- ¿Tomaste desayuno? -Preguntó Eiji mientras caminaban por los pasillos centrales de la estación de policía con el fin de llegar al ascensor.

- ¿Desayuno? Jajaja Contigo al volante mejor no hacerlo - Dijo Fuji con una sonrisa. Su mejor amigo al volante era un peligro público. Era como si algo dentro se desatara en búsqueda de acción y emoción, muy parecido a lo que sería jugar al GTA.

- ¡Nya Fujiko! Que cruel eres. Me he controlado desde la última vez que tuvimos ese accidente en la carretera, además no fue mi culpa ¡se nos cruzó ese auto que salió de la nada! - Exclamo Eiji moviendo sus brazos expresivamente, llamando la atención de algunos detectives de pie en el pasillo por el que transitaban.

- Jaja Está bien, era sólo para molestarte. Sí tomé desayuno, estoy bien.

- Nya, a veces eres muy cruel, te costará un café si quieres que te perdone.-Refunfuño el de cabello rojo mientras se subían al elevador, marcando el subnivel donde el vehículo que buscaban se encontraba. - ¿cómo te fue ayer con Saeki?

- Ah... ¿de verdad quieres saber? - Preguntó el castaño mientras observaba a su compañero mostrándole sus ojos azules, con una mirada picarona.

- Oh Dios Nya, mejor no. Ya me lo imagino - Conociendo de quién venía esa pregunta, sabía que la respuesta era sólo una. Sexo desenfrenado.

- Jaja No sé qué estarás pensando pero sea lo que sea, no lo es - Se bajaron del ascensor llegando al estacionamiento subterráneo del edificio de policía, caminando en dirección recta, encontrándose con el vehículo buscado, un Mercedes-Benz CeBIT 2013- Decidimos no vernos más... en esas circunstancias, sólo espero que no haya quedado demasiado afectado- Dijo Fuji al tiempo que entraba al auto, después que su amigo conductor desactivara la alarma del auto a distancia.

- ¿Nya, por qué no se verán más? después de todo ya eran... ¿3 meses?

- A veces ciertas cosas llegan a un límite, y es mejor finalizarlas antes de que terminen de mala manera – Dijo Fuji mientras ambos se subían al vehículo, el castaño asegurándose de ponerse el cinturón de seguridad de inmediato - Tu sabes que estábamos juntos sólo para una cosa y esa era…

- ¡Nya, ya lo sé! no es necesario que me lo recuerdes. Cada vez que lo mencionas se me viene a la mente esa imagen mental tuya con él, cuando los encontré en mi habitación de invitados, en mi casa Nya. Aun no me pagas las sabanas de la cama... En todo caso conociéndolo es probable que te guarde rencor, se notaba que estaba interesado en ti Nya. Espero que no tome represalias en el trabajo, aunque siendo nuestro jefe... - Eiji encendió el vehículo poniéndolo en marcha. Bajó el freno de mano y encendido el GPS.

- Si... –

Fuji sabía que la relación con su feje Saeki constaba de encuentros sexuales ocasionales. Una llamada telefónica pidiendo juntarse para tener sexo y nada más. Las cosas con él habían sido así desde el principio, y es más, Fuji se sorprendía de la reacción de Eiji respecto al tema ya que el castaño siempre se había relacionado así con sus parejas amorosas. No se molestaba por intentar mantener algo serio, muy por el contrario, sólo buscaba relaciones esporádicas ya que solía "aburrirse" muy rápido de la gente, como si pudiera leerlas en un primer instante y no encontrar nada más en las siguientes citas. Por eso prefería sólo mantener relaciones basadas en el sexo y no mezclarlas con sentimientos ni nada por el estilo, y aquella había sido la tónica durante más de 6 años. De hecho, olvidaba si alguna vez había tenido un novio estable durante su vida... Por supuesto esta situación no era algo que aquejara al de ojos azules. A sus 26 años se diría que estaba bastante cómodo en relacionarse así con sus amantes ya que no había sentido nunca la necesidad de contar con alguien a su lado. Por otro parte y no menos importante, Fuji sabía además que su trabajo no le permitiría ese tipo de interacciones con otros debido a los ritmos de su profesión.

- 5: 30 am - Menciono el castaño mientras miraba su reloj - Siento que este día promete algo... - Pensaba mientras observaba el panorama de las calles de la ciudad por la ventana del auto. Se encontraban en camino hacia el barrio más peligroso de toda la zona en busca de un homicida, como generalmente acostumbraba. El trabajo siempre era muy parecido. Reconocidos como la mejor dupla de toda la brigada de homicidios, habían sido ascendidos a detectives superiores, lo cual significaba una cosa: Casos más complejos y, por supuesto, más riesgosos. Si el trabajo ya lo era, esta vez las cosas serían más peligrosas aun, pero eso no era algo que preocupara demasiado al joven de ojos azules. La adrenalina que sentía cuando las cosas se tornaban negras, cuando se presentaba ante la muerte, cuando pareciera que todo lo definiría el destino lo apasionaba, le encantaba sentirse en el limbo de la vida. Cualquiera pensaría que el joven estaba loco al querer enfrentarse ante tales situaciones, y de hecho muchos colegas en el trabajo así creían, pero Syuuske no estaba interesado en encontrar una respuesta.

- ¿Cómo se llamaba el sujeto que estamos buscando? - Pregunto Eiji sin quitarle la vista al camino.

- Seichi Sakuragi, orden de arresto por homicidio de su pareja, 4 puñaladas, herida mortal. Cabello oscuro, estatura media -Fuji continuo abriendo la guantera del auto, tomando la ficha de detención del sujeto para mirar su fotografía de perfil y así poder reconocerlo -tiene una cicatriz enrome en su mejilla derecha.

- Hoi Hoi -Respondió el pelirrojo mirando de reojo la fotografía del tipo prófugo - Ne Fujiko... ¿seguro que todo bien con el jefe Saeki? - Eiji se notaba preocupado por su mejor amigo. Aun acostumbrado a tener que ser partícipe implícito de una manera u otra en los encuentros amorosos del castaño, no podía menos que preocuparse por el bienestar emocional de su dupla. Fuji hace poco había tenido una recaída afectiva debido al aniversario de muerte de Yuuta, y Eiji creía que Saeki sería la persona quien pudiese ayudarlo a superar de una vez por todas aquella pérdida... Pero ver al detective tan centrado en alejarse de quienes lo buscaban sólo lograba alarmar al pelirrojo.

-Estoy bien Eiji, de verdad. Si me pasara algo te lo diría... - No quiso continuar en el tema y prefirió centrarse en observar el panorama y ponerse serio con la misión que les competía en ese momento.

Registraba visualmente el vecindario en busca de la casa del sujeto que buscaban, intentando discriminar las viviendas que la verdad eran todas iguales. Fuji era un muy buen observador, podía captar distintos detalles en una simple inspección superficial de cada imagen. Siendo un detective muy suspicaz y atento se podría decir que nunca bajaba la guardia pasando la mayor parte del día hipervigilante, lo cual, por cierto, lo agotaba. Por otra parte, su pareja de equipo era todo contrario. Eiji era una persona muy volátil y fugaz, incluso en el orden y continuidad de sus pensamientos. Comprenderlo era algo a veces un poco difícil, pero Fuji estaba entrenado para aquello. A pesar de esto, si algo caracterizaba al pelirrojo era su intrépida agilidad. La rapidez y flexibilidad a la hora de ponerse en acción para atrapar sospechosos e imputados era única, y aquello era algo que Fuji no poseía a cabalidad. Si bien ambos demostraban grandes estados físicos, el castaño no podía competir contra la naturaleza de su amigo. Pero más allá de las diferencias que los identificaban, se podría decir que eran una dupla perfectamente complementada, no por nada se habían convertido en un dúo magnífico.

- Eiji, creo que lo veo, a las cuatro en punto - Dijo el castaño dirigiendo su mirada en un sujeto que caminaba lentamente a pocos metros del vehículo.

-¿dónde?...

- Detén el auto - dijo Fuji abruptamente al ver que el sospechoso se encontraba más cerca de lo que creyó. Era él, estaba seguro. Su aguda vista pudo identificar la similitud compartida con la imagen que tenían de referencia.

Eiji rápidamente detuvo el auto para darse cuenta que Fuji ya había descendido de aquel estando en movimiento. Se apresuró a bajar del auto siguiendo la carrera que su dupla había emprendido detrás del imputado.

Fuji ya estaba agitadamente persiguiendo al sospechoso, quién se había puesto en marcha al darse cuenta de la presencia de aquel Mercedes poco habitual en la zona periférica… Supo de inmediato que iban detrás de él. Corrió lo más rápido que pudo hacia cualquier dirección, con claras intenciones de desaparecer del campo visual del castaño, ilusamente sin lograr su objetivo.

Emprendiendo una maratón tras el sujeto, los detectives no se mostraban muy sorprendidos ya que aquella persecución no era la gran cosa, una simple intervención rutinaria para la dupla, por lo cual no hizo falta el siquiera pensar en utilizar sus armas de servicio. Esta vez, como de costumbre en esos casos, lo atraparían como la ley manda. Cuerpo a cuerpo.

Fuji era el primero tras el sospechoso. El sujeto era rápido... muy rápido. Syuuske ya comenzaba a percibir aquella sensación adrenalinica que lo satisfacía tanto al sentirse en una especie de aventura peligrosa. Apresuró el paso para acercarse más pero el sujeto era bastante veloz, poseía piernas más largas y el castaño se veía claramente en desventaja.

Siguiendo al homicida, se encontraron corriendo a través de una plaza pública, ante la presencia de varios transeúntes. Para variar abría escándalo, pensaba Syuuske. Era muy común que los amigos, familiares y conocidos de los arrestados se interpusieran en la captura de los prófugos, ya que entre ellos siempre existía una especie de hermandad a pesar de conocer los crímenes. Para evitar aquel posible escenario Eiji se activó como de costumbre y aceleró la persecución intrépidamente, siendo capaz se sobrepasar a Fuji respecto a su marcha, acercándose a pocos metros de sujeto. Se apresuró por ejecutar un salto acrobático por sobre la espalda del homicida cayendo sobre él, inmovilizándolo rápidamente atrapando los brazos del sujeto tras su espalda.

- ¡Te tengo! estas arrestado por homicidio, tienes derecho a guardar silencio... ¡deja de moverte hoi ! - Grito Eiji exaltado, intentando que el tipo dejara de moverse

- Yo no hice nada, ¡lo juro! - Exclamaba el homicida, intentando zafarse a como dé lugar de las manos del joven acrobático.

- Cállate, y quédate quieto- Dijo Fuji sacando las esposas que guardaba en su pantalón - No intentes resistirte.

Al momento que Eiji aflojaba e agarre de los brazos del sujeto para que Fuji lo esposara, en un movimiento más que ágil, el homicida empujo a Eiji con la fuerza de su torso, levantándose para sacar un cuchillo de su zapato.

- ¡hijos de puta, los voy a matar! - El tipo con el cuchillo en la mano se aproximó a Eiji para apuñalarlo en el rostro a sangre fría, sin embargo no logró a aproximarse demasiado cuando el intrépido castaño ya se encontraba con su arma automática en las manos, proporcionándole un tiro en el hombro sin vacilar.

- ¡Quédate quieto! - Fuji puso el pie sobre la cabeza del imputado después que este cayera al suelo estrepitosamente por el dolor de la bala en su cuerpo.

- ¡ Ahh, qué han hechos malditos, mi hombro! - Gritaba el sujeto retorciéndose de dolor en el suelo, implorando por piedad.

- ¡ Que te calles ! - Fuji presionó la cabeza del sujeto con más fuerza, abusando de la autoridad que le otorgaba la ley, sin mostrar resentimientos al hacerlo. No sentiría empatía si la vida de su mejor amigo se encontrara en peligro.

Eiji volvió en sí mismo rápidamente, y esposó al sujeto con sus propias esposas, a pesar de los gritos de dolor que el imputado imploraba.

- ¡Suéltenme por favor, me duele mucho, ayuda!

- Venga, si te vamos a ayudar, pero en el hospital- Dijo Eiji, levantando al tipo tomándolo de los brazos.

Sin importarles el sufrimiento del delincuente, emprendieron un rumbo rápido hacía el vehiculo ubicado a unas cuadras, a vista de muchos vecinos de la población quienes salieron a observar y cotillar al escuchar el escándalo que el sujeto sostenía. En ese momento arremetieron rápidamente al auto, ya que siempre en esas poblaciones algo inesperado podía pasar, como el ataque de una pandilla para librar a sus cercanos.

Después de una caminata más que rápida, llegaron al auto. Eiji se dispuso a conducir aprovechando de la libertad que tenía para arremeter rápidamente al hospital para que el sujeto que quiso matarlo no se desangre. Fuji por otra parte se subió con el tipo en el asiento de atrás, para mantenerlo inmóvil. Al estar los 3 ubicados dentro del auto, Eiji optó por encender la baliza azul que yacía sobre el techo del vehículo y no dudo en presionar el acelerador a fondo.

Mientras conducía aproximadamente a 110 km/h, rebasando por supuesto cualquier ley del transito que se cruzara en su camino, Eiji llamaba por teléfono al hospital de la zona para confirmar su llegada junto con la del herido. Por otra parte, en el asiento de atrás el homicida estaba notoriamente mareado al borde del desmayo, aunque no sabía bien si perdía el conocimiento por la hemorragia de su hombro, o por el mareo proporcionado por la forma de conducir de Eiji... por lo menos esta última afirmación era lo que le ocurría a Fuji. Estando en el asiento trasero, cada giro y vuelta que Eiji daba se sentía con mayor fuerza...

-Eiji, ¿podrías conducir un poco más despacio?

- ¿despacio nya? hoooi pero si vamos lento, si bajo la velocidad se nos muere el tipo en el auto. Y no quiero que la tapicería se ensucie con sangre, ¡sabes que da mala suerte! Además, a ti te gusta la emoción…

- Si Eiji, pero no de este tipo- Exclamo Fuji mientras intentaba mantener la vista en un punto fijo para no marearse más.

Una sonrisa pícara se hacía entrever por el espejo retrovisor. Eiji estaba extasiado conduciendo para el lamento de su compañero. Por lo menos aquella forma temeraria de manejar tenía sus recompensas. En menos de 15 minutos, que para Syuusuke fueron eternos, estaban ya en la puerta del hospital de la zona. "Seigaku General Hospital"

Eiji se estacionó arbitrariamente en el sector reservado para las ambulancias con el fin de detenerse rápido. El estacionarse, apagó la sirena del vehículo y bajo de éste, ayudando a Fuji a sujetar al herido para que el castaño también pudiera bajar del auto. Ya los 3 en tierra firme, para la alegría de Syuuske, caminaron velozmente hacia urgencias, en realidad casi cargando al homicida el cual estaba al límite del desmayo. Al entrar a urgencias, vieron cómo una señora, enfermera a simple viste, se acercaba para ayudar al herido a mantearse de pie.

Los 4 ahora se acercaron a un mesón amplio donde encontraron a un joven de bata azul oscura y delantal blanco.

Fuji se quedó observando sin decir ninguna palabra a aquel joven que le llamo profundamente la atención. Su cabello café desordenado, y un aspecto de no haber dormido en años lo atraparon en la incertidumbre. La perspicacia de Fuji no tardó en darle una revisión visual acabada al castaño oscuro en menos de 2 segundos. Aun cuando estaba sentado, por su porte se notaba que era un hombre alto, con un físico envidiable... y deseable al mismo tiempo, con facciones serias que denotaban misterio, evidenciando decisión en su rostro...

El doctor subió la mirada al responder al llamado que la vieja enfermera le hacía...

Sus ojos café profundo lo atraparon. Era la mirada más penetrante que había sentido alguna vez, se creyó atravesado hasta lo más profundo de su. Aquel doctor era un joven muy guapo a pesar de su presentación personal marcada por el cansancio, sin embargo esto no fue impedimento para que el castaño menor pusiera toda su atención en él. Por el contrario, había quedado más que cautivado por aquel encuentro visual eléctrico, el que creía que no proseguiría de ninguna otra manera ya que el doctor parecía estar petrificado sin decir nada... Fuji sintió la mirada de su compañero pelirrojo sobre sus hombros... Aquel Eiji era único. Se había dado cuenta de lo que estaba pasando por la mente de su dupla... Fuji Se había decidido en conquistar a como dé lugar a quién lo miraba con aquellas orbes cafés.