Disclaimer:Los personajes, lugares y demás pertenecen a J.K. Rowling, la trama es producto de mi mente y no saco ningún tipo de beneficio con ella.
Aquí el segundo capítulo, espero que lo disfrutéis :)
De escobas y besos a medias.
Capítulo II
A las ocho de la mañana Oliver ya estaba cansado de correr. Llevaba desde las seis en pié, y desde las seis y media entrenando.
Oliver era muy estricto con lo que respectaba a los entrenamientos de quidditch, sobre todo con los suyos. Sabía que la mayoría de gente pensaba que estaba obsesionado, que lo suyo no era sano, pero él lo tenía claro: era su sueño e iba a luchar por ello con todas sus fuerzas. No pararía hasta conseguirlo, y esto iba más allá de ganar la copa, como muchos pensaban. No se limitaba a ello. Oliver jamás se había sentido tan libre como cuando estaba sobre una escoba, y deseaba poder vivir de ello en un futuro.
Se montó sobre la escoba y disfrutó un par de minutos volando a gran altura. Desde allí, el sol recién salido clareaba el ambiente, reflejándose en las cristalinas aguas del lago, perdiéndose entre las copas más altas de los árboles del bosque prohibido, colándose entre las ventanas del castillo.
Cuando empezó a ver movimiento en el castillo y alrededores —postigos abriéndose, alguna cara somnolienta asomándose por una ventana, Hagrid gritándole a su perro—, decidió que ya era hora de parar.
Aterrizó con elegancia al lado de los vestuarios y se adentró en ellos para darse una buena ducha. Cuando ya se encontraba fresco y limpio, salió al exterior y empezó a organizar las cosas que necesitarían para las pruebas. Al acabar, cogió la libreta que utilizaba para anotar las jugadas que podrían estar bien, las posiciones de los jugadores y demás, y empezó a repasar lo que tenía pensado para los próximos entrenamientos.
—Hey, Oliver.
Alicia y Katie acababan de llegar, ésta última algo ausente.
—¿Preparadas chicas? —les preguntó emocionado Oliver.
Alicia se echó a reír y Katie simplemente sonrió a medias. Oliver la notó algo rara y pensó en hacer alguna broma, pero cuando iba a hacerlo, Marcus Flint, el entrenador del equipo de Slytherin, y varios de sus jugadores aparecieron por el campo.
—Leoncitos, ¿entrenando para perder? —casi escupió Flint.
Las serpientes empezaron a reír entre espasmos, y Katie casi las acompañó.
—¿Ni siquiera os informáis antes de venir a joder? —les dijo sin poder contenerse.
Alicia soltó una carcajada y Oliver sonrió con orgullo.
—Cállate fea.
Los Slytherin se sentían humillados y cuando Oliver se lanzó sobre Montagne se alegraron de al menos haber provocado pelea.
—¡Eh!
Entre Alicia y Katie agarraron a Oliver y lo apartaron de encima de Montagne, pero sin poder evitar que Oliver le diese un buen puñetazo en la cara.
—Serás…
Cuándo Katie y Alicia creían que no podrían seguir sujetando a Oliver, y Montagne estaba a puntó de lanzarse sobre ellos tres, McGonagall apareció y con dos gritos controló la situación.
Cuando los Slytherins se marcharon y McGonagall se cercioró de que todo estaba bien, empezaron a llegar los aspirantes y el resto de los jugadores del equipo.
Oliver, que no quería perder el tiempo contando lo que había sucedido, empezó con las pruebas de inmediato, y Katie y Alicia les contaron a los gemelos, Angelina y Harry lo sucedido.
—Siempre fastidiando, se enterarán —prometió Fred, guiñándole un ojo a George.
El buen clima aun aguantaba, aunque los días ya eran más cortos y los árboles perdían las hojas. Los alumnos de Hogwarts aprovechaban el poco tiempo que les quedaba antes de que empezarán las lluvias y el frío para salir al exterior, y con todos los dementores que protegían los alrededores del castillo del fugitivo Sirius Black, el frío y el tono gris era algo que no iba a tardar en reinar en el ambiente.
Katie y Leanne estaban sentadas bajo un árbol, de cara al sol y ojeando un ejemplar atrasado de Corazón de bruja.
—Esto es ridículo —rió Leanne ante un artículo que afirmaba que el mago de tus sueños sería al que vieras en un espejo tras pronunciar tres veces un hechizo con demasiadas rimas.
Katie asintió, pero no rió, no estaba de humor.
Desde esa mañana, poco antes de las pruebas, cuando él la había defendido, había dejado de estar del todo presente, ni siquiera sabía como había hecho un trabajo más o menos bueno durante las pruebas.
Él se había lanzado sobre Montange por llamarla fea, o al menos por meterse con un compañero de su mismo equipo. Sí, pero ese compañero era ella. La había defendido. Y eso hacía que algo cálido creciera en su interior, quizá no era tan extraño que él pudiese sentir algo por ella, al menos algo más que simple y llana cordialidad y compañerismo deportivo.
Sin poder aguantarlo más, Katie le confesó sus esperanzas.
—No sé que decirte Katie.
Y ella sabía por qué. No era algo fuera de lo posible que Oliver realmente la considerara una buena amiga, pero estaba claro que nada más. Ella no era más especial que Angelina o Alicia, y desde luego, no más que las compañeras de curso de él.
—Da igual Leanne, no hace falta.
Suspirando, se tumbó sobre la hierba y cerró los ojos, disfrutando del sol contra su cara.
—¿Qué piensas hacer? ¿Vas a intentar…?
—¿Intentar qué? ¿Conquistarle? —Katie no pudo más que reír— Oliver no se enteraría de que voy detrás de él ni aunque le lanzara las bragas a la cara.
—¡Pero mira que eres bruta! —rió Leanne.
Durante la semana siguiente los profesores bombardearon de apuntes a todos los alumnos de séptimo, pero Oliver lo llevaba bien. Nunca había sido un alumno brillante, y tampoco pretendía buscar serlo este año, sólo aprobar las justas por si debía buscarse un futuro alternativo al quidditch, Merlín no quisiera.
Los de quinto tampoco se libraron, y a pesar de que Katie tampoco había sido nunca una alumna brillante, al contrario de Oliver, aspiraba a sacar mejores notas este año, por eso pasaba la mayor parte de su tiempo libre entre libros, pergaminos y plumas.
—Vamos, o no llegaremos a adivinación.
Katie asintió y recogió sus cosas con rapidez. Ella y Alicia tenían adivinación, mientras que Leanne y Angelina, aritmancia, así que se despidieron de ellas y salieron de la sala común.
Cuando estaban a medio camino se cruzaron con Oliver, o mejor dicho, pasaron ante sus narices y él ni las vio. Estaba demasiado ocupado hablando con una chica de su curso de Hufflepuff, bueno, él hablaba, ella se limitaba a tontear y ponerle ojitos.
Katie, repentinamente furiosa, aceleró el paso, adelantando a Alicia, pero no pudo evitar girarse en cuanto llegó a la esquina del pasillo. Ver a Oliver con la mano puesta sobre el hombro de esa tipa la desinfló. ¿Para qué enfadarse? Ella no era de las que negaban la realidad, era mejor ir preparándose y aceptándolo, por si acaso.
—Tampoco hace falta que corras, Katie, Trelawney siempre llega tarde.
Alicia, a pesar de haber dicho esto con toda naturalidad, en su gesto dejaba claro que sabía que ella no corría por eso, pero Katie prefirió hacerse la tonta.
—Por si acaso, nunca se sabe lo que esa mujer se ha podido meter en el té, igual se le cruzan los cables y ya está en clase.
Siguieron recorriendo pasillos y subiendo escaleras hasta llegar al aula de adivinación. A cada paso que habían dado Katie se había ido poniendo más y más triste. Ver a Oliver con una chica ya la habría hecho ponerse mal, pero encima ver como la tía tonteaba con él, y como él parecía haberse dado cuenta y encima empezaba a toquetearle el hombro y a sonreír con esa sonrisita dulce y a la vez rebelde que hacía que Katie se derritiese…
Cuando Trelawney empezó a hablar del más allá y como el grim parecía haber vuelto a sus andadas, Katie se abandonó y se dejó caer sobre la mesita de té que compartían con Alicia.
—Así acabarás durmiéndote —la avisó Alicia, la cual se mantenía recta en el pequeño taburete y con las piernas juntas, en una posición a la vista incómoda que pretendía darle algo de seriedad a esa chorrada de clase y de paso, evitar que acabara durmiéndose.
Katie soltó una especie de gruñido y después dijo:
—Ojalá.
La profesora seguía hablando sobre malos augurios, asesinos y visiones tétricas, pero Katie no podía concentrarse en su voz, en su cabeza la imagen que acababa de ver se repetía una y otra vez, y ni siquiera lo entendía. Cuando iba a tercero, había visto a Oliver besándose con una en Hogsmeade, y, le había sentado mal, por supuesto, pero no le había dolido como esta vez, casi como un dolor de estómago, y eso que se estaba besando con otra, no tonteando. Claro estaba que por aquel entonces sólo le gustaba, no estaba enamorada de él.
—Qué asco —murmuró mientras se alzaba un tanto e imitaba la pose de Alicia.
Ésta la miró con cierta preocupación. Sabía lo que le pasaba, era algo bastante obvio, pero no podía decírselo tan directo como le gustaría porque Katie no se lo había dicho, no había confiado en ella para eso, y a pesar de que era algo que le fastidiaba, era más importante que ella estuviese bien en ese momento.
—No vale la pena —le susurró al fin, cuando vio que sus ojos empezaban a brillar, demasiado húmedos.
Katie la miró sorprendida y algo asustada. Llevaba un par de días sospechando que Alicia y Angelina sabían más de lo que decían, pero había preferido hacerse la tonta, más que para evitar la charla que conllevaría a ello, para encontrar una razón de peso que darles para justificar el no haberles contado nada.
—¿Tan evidente es? —le preguntó al fin, después de que Trelawney pasara por su mesa, dejando un suave olor a brandy en el ambiente.
—¿Qué están loquita por Oliver? Apenas… —contestó con un tono de broma, relajando el ambiente.
Katie suspiró.
—Lo siento.
—¿El qué?
—No habértelo dicho, no habéroslo dicho a ti y Angelina.
Alicia le sonrió.
—No pasa nada, no te podemos obligar a que confíes en nosotras.
—Lo hago pero… Ya sabes que me cuenta hablar sobre sentimientos y esa clase de cosas.
—Lo sé, lo sabemos, por eso… Nos fastidia sí, pero sabíamos que al final nos lo contarías.
Katie le devolvió la sonrisa, algo más tranquila, y después le resumió en un par de frases lo que se podía considerar su historia con Oliver, si es que se le podía considerar algo así.
—No sabía que te gustaba desde hace tanto. A ver, el año pasado se empezó a notar, hasta nos lo comentaron los Weasley, pero como a finales empezaste a salir con el tío este de Ravenclaw y parecía que ibais en serio, pues lo medio olvidamos, pero éste año es más que evidente.
—No me digas eso —le contestó Katie, asustada y avergonzada. Tenía ganas de que se le tragase la tierra.
Alicia rió al ver como se tapaba el rostro con las manos.
—A ver, evidente para nosotras que somos tus amigas y para según que persona observadora, sobre todo mujeres, pero tranquila, seguro que Oliver no tiene ni idea.
Katie rió y no sabía si alegrándose de que Oliver no los supiese o enfadada por el hecho de que él jamás se daría cuenta.
—Señorita, yo que usted me tomaría las cosas con más calma, una sombra negra va tras usted, va a sufrir, no tenga prisa por ello —le comentó Trelawney, atraída por su risa.
Katie bufó molesta, lo que le faltaba.
—Ésta mujer cada día está peor.
Angelina rió como una loca cuando Katie le pidió disculpas por no haberle contado que le gustaba Oliver — había preferido obviar el 'estoy enamorada de él'— y finalmente le acabó dando un abrazo y el pesamen.
—Lo que tiene de guapo lo tiene de soso.
Alicia no pudo más que asentir, y Leanne, que hasta el momento estaba enfrascada en una apasionante novela muggle, lanzó el libro por los aires y fue a abrazar a Angelina.
—Y, ¿qué queréis que haga? Que me ría con las bromas de Fred y George no significa que quiera arriesgarme a tener un futuro novio que a la mínima pueda embrujarme el cepillo y dejarme calva solo porque sea divertido.
Tras decir esto Katie le guiñó el ojo a Angelina, y ésta, al fin, paró de reír.
—Esta bien, ya paro. Pero que sepas que lo sigo pensando.
—Quien sabe —empezó Alicia—, quizá, detrás de esa seriedad, esos músculos y esa sonrisa de niño bueno se encuentre el dios del sexo.
Todas empezaron a reír, incluso Leanne que se mostraba horrorizaba por la clase de comentarios que les había dado por hacer a sus compañeras.
—Desde luego pinta de virgen no tiene —finalizó la conversación Angelina, antes de que Leanne le lanzara un almohadón a la cara y toda la habitación de las chicas de quinto acabase llena de plumas.
Tras la pelea de almohadones todas habían acabado yéndose a dormir, todas menos Katie. No tenía sueño, y en cambio, muchas cosas que pensar. Ahora que ya había más que asumido sus sentimientos y que se había atrevido a contárselo a sus compañeras, debía decidir que es lo que quería hacer. Pasar del tema era, de lejos, la elección más fácil, pero no sabía si era capaz de soportarlo. Por el contrario, decirle lo que sentía a Oliver era la elección más difícil y la que lo solucionaría todo, aunque no tenía pinta de que esa solución fuese buena para ella.
Suspiró y subió las piernas al sofá, abrazándola con sus brazos, y poco a poco, fue deslizándose hasta acabar tumbada. Por suerte la sala común estaba vacía y en silencio.
Tras unos minutos de silencio en lo que Katie casi se duerme, el ruido de unos pasos la sorprendió.
Oliver acababa de pasar por el hueco del retrato. Venía de dar una vuelta por el castillo, y al ver una sombra en la sala común, creyó que era Percy, esperándolo para otro de sus sermones por sus paseos nocturnos, por eso, pegó un respingo al ver como una Katie, despeinada y en pijama, se resbalaba del sofá al suelo.
—¡Katie! —murmuró con sorpresa.
Se acercó a ella y la ayudo a ponerse en pié.
—Qué susto me has dado —lo regañó.
Oliver sonrió.
—¿Tampoco puedes dormir?
—Sí y no. Estaba a punto de quedarme dormida.
—En ese caso: a la cama.
Katie bufó y arqueó una ceja.
—Ni que ahora, después del susto que me has dado, pudiese.
Oliver rió por lo bajo y se sentó a su lado en el sofá. Era agradable.
—¿Estás bien? —le preguntó al cabo de unos segundos.
Katie, sonrió.
—Claro, ¿por?
—Llevas unos días rara, y después de lo de Montagne, pues…
Oliver dejó la frase en el aire, no sabía exactamente como explicarlo. Katie había estado ausente toda la semana, como lo había estado el domingo de las pruebas. La única razón que podía haber era el estrés y que le hubiese dolido lo de Montagne y que estuviese preocupada por una posible represalia.
—Oh, eso, tranquilo. Me lo he cruzado dos veces por el pasillo y lo único que ha hecho es ponerme caras de burla. De todos modos, gracias por preocuparte, y por defenderme ese día.
—Eres mi amiga, no hay porqué darlas.
Katie se sentía tan bien con él que si hubiese tenido alas, estaba segura de que habría empezado a revolotear a su alrededor. Él la consideraba su amiga, ya era algo seguro.
—De todos modos, me defendiste y te las debía.
—Sabes que no me gusta que la gente diga mentiras, y él lo hizo. Se merecía el puñetazo.
Oliver sonrió, y Katie no pudo más que quedarse embobada. Su pelo moreno despeinado, sus ojos azules brillantes, y sus labios…
—Buenas noches, Katie. Yo voy a intentar dormir —se despidió Oliver.
Se levantó de un salto y subió las escaleras hacia su cuarto, esperando no despertar a Percy.
Katie, por su parte, estaba demasiado pletórica para poder dormir. Él había dicho que Montange había mentido al llamarla fea, ¡le había dicho guapa!
Tras dar saltitos como una idiota, paró. Eso estaba muy bien, pero el que ella hubiese estado a punto de besarle no.
Chasqueando la lengua, subió las escaleras directa a su cuarto, sin poder evitar bailotear. Seguía sin saber que hacer, pero tenía una clara idea de cómo enfocar el asunto.
Parece que Katie ya sabe más o menos lo que hacer, Oliver por su parte... Vive feliz xD
Espero de veras que os haya gustado.
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Un besazo, LainaM
