DÍA 2
En toda la maldita noche, mis ojos permanecieron abiertos, ni un segundo los pude cerrarlos. Volví a casa cansado, pero la inseguridad me invadía, por lo tanto no sentía el suficiente sueño ¿Habrá sido por la sensación de ser observado? Me había levantado varias veces para verificar desde las ventanas si alguien se encontraba rondando afuera de mi casa… O fijarme en mi habitación o en la cocina por si se adentró. No recibí ninguna señal, ni siquiera la sombra de la noche anterior.
Agarro mi celular para verificar la hora. 9 A.M. Incluso si fuera día libre no había necesidad de seguir acostado si no me iba a volver a dormir.
Me levanto de la cama y empiezo a marearme.
-Maldición, si sigo así tendré que empezar a tomar pastillas- Pienso, agarrándose la cabeza. -No, concéntrate David- y voy directo a lavarme la cara.
-Tengo que estar concentrado en mi trabajo- Voy directo a lavarme la cara.
Mis pensamientos andan atormentándome. ¿Qué habrá pasado esta noche? ¿Alguien habrá muerto? Espero que no.
Salgo del edificio con un pedazo de pan que empiezo a comer en el camino, emprendiendo una caminata por el pueblo.
Beatrice Forest, famoso por su hermoso paisaje boscoso y campos de cosecha, así como también de una larga y tradicional historia relacionada a su carismático fundador, Maynard Forrest. Este pueblo fue fundado alrededor de los años 1776, cuando pequeños grupos de personas escaparon de los desastres que provocaba la Guerra de independencia. El nombre del pueblo fue llamado temporalmente Skylar, dedicado a un hijo que pudo haber nacido, Skylar Forrest. Pero su esposa, Beatrice, no pudo concebir al hijo con normalidad, y nació fallecido. Ambos murieron enfermos y sin herederos, siendo Beatrice la primera, dejando solo a Maynard sin otra voluntad para resistir la vejez y una fuerte tuberculosis. En su lecho de muerte, Maynard bendijo el pueblo con el nombre de su esposa, de ahí el nombre de Beatrice Forest, que combinaba bien con su ancho bosque alrededor. Fue por un largo tiempo uno de los mayores lugares para vacacionar y disfrutar en familia… Hasta el evento que hizo que el pueblo temblara de horror como nunca antes.
En medio del paseo, mis pulmones inhalan la inmensa tranquilidad que el viento demuestra en el día, algo que en la noche no sucede. Mi investigación llevo a descifrar que el asesino ataca de noche, pero quizás se canse de esa rutina y empiece a matar a la luz del día. ¿Cómo lo sé? Experiencia en casos de asesinatos.
En medio de esa contemplación al paisaje y una búsqueda entre mis recuerdos, se oyen unos llantos de suma tristeza y miedo, pero me es imposible ver de donde provienen. Empezaban a penetrar mis oídos y a golpear mi pecho. Una sensación apenada.
Mis pasos se vuelven veloces en busca del causante del llanto estruendoso.
-¡NOOO! ¡POR FAVOR! ¡ERIC!- Sale una mujer anciana persiguiendo una camilla con un cuerpo tapado con una manta.
Logre identificarla. Era la señora Reeves. Una mujer de 68 años, viuda y de lo que escuche es que tiene un hijo de 21 años. ¿No será que el cuerpo que se llevan se trate de su hijo?
La ambulancia se alejaba del lugar, haciendo sonar su sirena dando aviso a una emergencia. No podía ver bien a la sufrida por las familias curiosas que salieron de sus casas, pero después de que se fuera la ambulancia, volvían a sus respectivos edificios.
Empecé a acercarme de a poco, pero algo me detuvo. Los llantos de la señora eran tan afligidos que me dejaban inmóvil.
Sus ojos cansados derramaban lágrimas y sus manos arrugadas sostenías su cabeza con fuerza. No podía ni imaginar el dolor que ella sufría desde el fondo de su corazón, que debilitaba cada vez más su anciano cuerpo.
Después de un rato sin movimiento, decidí volver en otro momento cuando las cosas se calmen un poco. Siguiendo los rastros de la ambulación, me dirigí al único hospital del pueblo.
Al entrar al hospital me encuentro con un joven en visita a la víctima número 25. El joven tenía una campera blanca con la capucha puesta, pero si no me equivoco, ya lo había visto.
-Disculpe, vengo a visitar a Elizabeth Evans-
-Se encuentra en la sala 5, por favor de sacarse la capucha y no realice ningún ruido molesto por seguridad- Dijo la recepcionista.
-Está bien- El joven se baja la capucha y revela su identidad. Resulta ser Christopher.
En una mirada rápida al lugar, él nota mi presencia. Me acerco a la secretaria para registrarme.
-Buenas tardes, vengo a visitar a la paciente Evans-
-Muy bien, en la sala 5- Me dice la señorita haciendo las mismas acciones que realizó con Christopher.
Me acerco con pequeños pasos hacia él.
-Buenos días Señor Raymond ¿Necesita algo?- Pregunta con inocencia.
-Si quieres que te cuente algo importante, ven un momento- Le susurre desde lejos.
Él me miró y nos dirigimos al patio del hospital que estaba casi deshabitado. Nos sentamos en un banco y comencé…
-Hace unos momento, se llevaron otro cuerpo- Le conté con seriedad viendo para otro lado, verificando si había alguien.
-¿Obra del asesino?- Pregunta con frialdad.
-Desearía pensar lo contrario, pero mejor esperaré un poco el alta y así hablar con los forenses- Contesto con preocupación.
Chris toma un leve respiro, agarrando su capucha y se la vuelve a poner.
-¿Puedo preguntar el porqué llevas la capucha y una campera si no hace tanto frio?- Pregunto dirigiéndole la mirada.
-A disculpe… Tengo los ojos algo irritados y me duelen cuando veo la luz y no tengo anteojos de sol- Me responde con una voz inocente.
-¿Lloras mucho por tu hermana?- Pregunto con un tono triste.
-Creo que es lo último que mi hermana querría, pero no es por eso- Responde.
-Y ¿Por qué es?- Pregunto con curiosidad.
-Es por estar mucho pegado a la computadora- Responde con una pequeña risita. –Buscando más datos sobre los asesinatos. Pero te lo contaré luego-
-Vamos a ver a tu hermana- Dije levantándome.
Notaba los pasos de Chris siguiéndome y vigilándome. Llegamos a la habitación y abrimos la puerta con tranquilidad.
-Permiso- Dije.
Al entrar notamos a la señorita Evans cubierta de tubos y aparatos a su alrededor. Nos acercamos a ella, Christopher se sentó en una silla que estaba al lado de la cama. La respiración de la niña era algo exaltada. Estaba completamente pálida. Me quede mirando un rato…
-Iré a su casa después de estar un rato con ella- Me dijo con una voz sin vida y sin mirarme.
Por su tono, sentí que no le agradaba mucho estar en medio de esa reunión entre hermanos.
-Me retiro, hablaré con los paramédicos- Dije saliendo de la sala.
-Ye… Yeki- Murmuro débilmente una voz femenina proveniente de Elizabeth. Volteo, pero antes de preguntar.
- No es nada. Está llamando a su amigo imaginario. Cuando está triste o desesperada, pide que la acompañe. Hasta luego Sr. Raymond- Me responde con seriedad su hermano mientras cerraba la puerta, quedando al final afuera del cuarto.
Caminé por todo el hospital, en busca de los paramédicos que se llevaron el cuerpo. Me acuerdo perfectamente sus rostros, así que no iba a ser un gran problema. Después de 10 minutos rondando, encuentro a uno de ellos almorzando un sándwich en la sala de espera.
-Disculpe, soy el Señor Raymond, del departamento de investigación policial- Me presento.
-Soy Richard Cannon, mucho gusto- Se presenta con educación.
-Quizás no sea aun el momento de hablar de eso, pero ¿Tiene alguna información del cuerpo que trajeron recientemente?-
-Mmm, si. Si no me equivoco fue del Señor Eric Reeves, al parecer dejaron la ventana abierta y entraron las bestias-
Por su respuesta, note que creyó la historia de los perros.
-¿Tiene algo de información de la victima?- Continué.
-Pues no mucha, solo sé que era amigo de mi hermano- Me respondió dándole una mordida a su almuerza.
Después de un momento, nos distrae una enfermera que parece buscar a alguien. Parecía tener alrededor de 25 años, cabello castaño, muy largo atado con una cola de caballo y ojos verdes.
Al dar varias vueltas, nos mira y se acerca.
-Ahh Disculpe. Richard lo llama el doctor Smith- Dijo con una voz amable.
-¿Ahh? ¿Otra vez? Recién empiezo a comer- Se quejaba pero con gracia alejándose del lugar.
-Ahh. ¿Usted es el señor David Raymond?- Me pregunta dirigiendo sus ojos tan puros a los míos.
-Si- Le respondo directamente.
-El doctor Collins me mando a buscarlo. Sígame por favor-
Caminando por un largo pasillo, ignoramos una gran cantidad de puertas hasta que nos detuvimos en una. Ella toca la puerta para demostrar su presencia y la abre dejándome entrar. Era una oficina, un hombre se para y se acerca a mí.
-Señor Raymond, soy el Dr. Víctor Collins- Se presenta con un apretón de manos.
El Dr. forense Collins era la única persona del hospital que savia lo que realmente estaba pasando. Intercambiábamos información, pero solo con llamadas telefónicas, nunca lo había visto en persona. Era de mi misma estatura, aunque se veía que él era más mayor que yo. Tenía el cabello marrón no muy largo, algo de barba, moreno, ojos marrones oscuros y con grandes ojeras
-Mucho gusto. Detective David Raymond, departamento de investigación policial- Respondí.
Me invitó a sentarse y empezamos con la charla.
-Como ya se habrá dado cuenta, hay otra víctima- Me dijo con una mirada de cansancio, mientras juntaba sus manos cerca de la boca.
-Y no va a ser la última si no lo atrapamos- Me cruzo de brazos.
-Órganos destirpados, apuñaladas en la cara y una aterradora sonrisa contada hasta las mejillas. En verdad no entiendo cual es su objetivo- Su voz se pone enojada mientras mira el techo. Doy un pequeño suspiro cerrando los ojos.
-Conozco casos de que, algunos asesinan solo por diversión, otros por aversión total hacia la sociedad - Agrego.
-Eso no es nada humano… Solo los demonios lo hacen- Dice en la misma posición.
La habitación queda en un silesio absoluto por mucho tiempo.
-Esta es la víctima número 26, son demasiados asesinatos en un poco más de cinco días-
-Desde que trajeron los primeros cuerpos me empecé a devastar, todos tenían esa característica sonrisa… - Se detiene por un momento.
En parte el doctor Collins tiene razón. No pasó con todas sus víctimas, Elizabeth inclusive, pero algunas terminaron con las mejillas cortadas dejando una sonrisa forzada y en ocasiones con los labios arrancados para mostrar los dientes para mostrar una cara sonriente.
-Hace días no puedo dormir. Ese temor de ser el próximo me llena la cabeza y no me deja trabajar tranquilo. Por ahora puedo controlarme un poco antes de perder la cordura- Dice con una tenebrosa tranquilidad.
-Se nota que está muy cansado-
-Usted también Señor Raymond. Puedo ver que de verdad se preocupa en este caso. Eso me deja un poco satisfecho notando que alguien está haciendo algo mientras que los demás creen esa historia patética de los perros salvajes- Dice mientras me mira y crea una pequeña sonrisa.
-Señor Collins ¿Puedo preguntarle algo?-
-Adelante- Afirma.
-Sé lo que me ha hablado de los cuerpos, sus heridas y aspectos. Pero, me gustaría ver uno con mis propios ojos ¿Podría?- Pregunto dirigiendo mi mirada hacia la de él. Él queda dudando por un tiempo.
–Muy bien, acompáñeme- Se levanta y abre la puerta.
-Aun no avisamos la muerte del joven Reeves, así que no se llevaron su cuerpo- Agrego mientras caminamos por el pasillo dirigiéndonos a una puerta que resulto ser la morgue. Víctor empieza a buscar el cuerpo del chico, revisando camas con nombre colocados y cuando lo encuentra…
-Aquí esta. Por favor sea prudente- Me recomienda.
Me acerco despacio al cuerpo tapado con una manta. El doctor corre despacio la manta. Con solo mirar el cuerpo, la piel se me puso de gallina, me dieron nauseas y unas ganas desesperantes de mantener los ojos cerrados La iluminación era escasa, puesto que los casquillos de las linternas del techo estabas casi quemadas y eran bastante viejas, pero la necesaria para poder ver el resultado de la masacre. Ese cuerpo tenía un hoyo gigante en el estomago, se notaba limpio adentro por la falta de órganos; parecía no tener la mitad del rostro por las cortadas realizadas desde la nariz hacia arriba y como último, esa repulsiva sonrisa, con los músculos de la mejillas cortadas y los labios cortados para mostrar los dientes, para que parezca una forzada y repulsiva sonrisa. Todo eso era un baño de sangre.
-Según los resultados, el chico murió alrededor de las cinco de la mañana- Añadió con seriedad.
No podía moverme, el temor me llego a todo el cuerpo, por lo que ese loco es capaz de hacer, por lo como lo hizo con sus víctimas y por lo que Elizabeth estuvo a punto de pasarle. Mi cabeza no enviaba señales al resto de mi ser, dejando mi mente en blanco a excepción de que me llegaba el llanto de la señora Reeves, recordando su dolor y de ahí sus ensordecedor llanto. No podía creer que eso lo hiciera una persona… Ya estaba dicho, no era una persona… Era un demonio.
No pude haber reaccionado si no fuera de que el Doctor Collins me tocó el hombro, haciendo que de un choque volví al mundo real. Nos alejamos lentamente de ese terrorífico cuarto con cuerpos sin vida en su interior.
- Me sorprende que la señorita Evans allá sobrevivido a esos ataques, pero eso si… no solo sus heridas sino lo demás… dudo que siga luchando pero me alegra que no haya sido peor- Dijo con preocupación.
-Yo también estoy bastante sorprendido. Mostró una increíble resistencia, espero que logre seguir luchando por su vida- Digo mirando hacia abajo, aun no me había recuperado por completo de esa terrorífica escena.
En todo el camino, ninguno de los dos dijimos ni una palabra, la tensión era muy alta. No se él, pero en mi cabeza rondaban miles de preguntas ante el exitoso escape de la pequeña.
Llegamos a la entrada del hospital.
-Sr. Raymond. Tengo algo que puede necesitarle- Dándome una carpeta.
-¿Qué es?- Pregunto abriéndola.
- Las autopsias de la gente asesinada en estos días pero no sus datos personales - Responde.
- Se lo agradezco mucho - Agradezco cerrándolo.
Doy media vuelta y me dirijo al exterior del edificio.
Llegue a casa después de una larga caminata desde el hospital. Empecé a desesperarme, daba vueltas alrededor de la entrada. Son las tres de la tarde y recién ahora me empieza a dominar el sueño. Bostezo, me desmayo y me mareo todo el tiempo. Desde hace rato analizo la información que me dio el Doctor Collins y como los demás casos, todos son perturbantes.
- Harry Peterson, apuñalado varias veces con un arma blanca en el área del corazón y desgarramiento extremidades inferiores- Miro una hoja que tengo a mano. –Es la víctima número 6 y tenía 87 años…- Digo, creando una cara de desesperación -Ese maldito las pagará caro- Digo con furia en mi mirada y tono de voz. Mis manos empiezan a arrugar la hoja sin que me dé cuenta. -Tranquilízate- Grito en mi mente.
-Randy Sergeant, cortada deslizante con un arma blanca desde la nuca hasta la espalda, apuñalado en la cabeza y una cortada a los costados de la boca formando una sonrisa… Si no me equivoco- Saca otra carpeta que tengo en un cajón. –Él era la victima numero 10, un chico de 14 años- Mientras leo las hojas de la carpeta. –Maldición, no tengo nada más de información- Digo desbastado.
Con apenas esas dos me desespero. "Ahora si ese maldito las pagará caro", lo decía en voz muy baja, con algo furia. A medida que seguía leyendo y viendo más casos de asesinato, cada una más sorpresiva que la anterior, mis manos empiezan a arrugar la hoja sin que me dé cuenta. "Tranquilízate", eso le grito a mi mente.
-¿Necesitas algo de ayuda?- Dijo una voz sin alma. Mi mente intenta deducir de quien es, mientras mi ojos señalan espanto. Miro al emisor que resulta ser el Señorito Evans.
-¿Cuándo y cómo entraste?- Le pregunte mirándolo frunciendo el ceño.
-Hace un momento, dejo la puerta medio abierta- Me respondió mirándome fijamente con sus oscuros ojos.
-Ahh-Ya se ha demostrado, el sueño me está afectando demasiado.
Nos fuimos a la sala de estar, acomodamos las laptops en forma de que nos podíamos ver las caras al levantar la mirada de la pantalla y llenamos toda la mesa de archivos y carpetas.
-Esta mañana, cuando te fuiste del hospital, empecé a investigar el reciente asesinato- Dijo el muchacho con suma tranquilidad.
-¿Cómo lo haces? ¿No creo que solamente por internet?- Pregunte mirándolo mientras él estaba en su laptop.
-No solo por ese medio, también hablo con sus familias y conocidos- Respondió instantáneamente.
-Oye, ¿no crees que eso es algo irrespetuoso? Hay que conservar la dignidad y además recuerda que estamos hablando de alguien muerto como para hablar tan cómodamente- Dije con un toque de regaño.
-Si es irrespetuoso ayudar a mi hermana, no me importa. Además no se me hace difícil convencer a la gente que hable de esas cosas- Contesto sin levantar la mirada de la pantalla. –Aquí está-
-¿Qué?-
-Eric Reeves, 21 años. Nació en California donde trabajo de mesero a los 16 años y cocinero a los 19. Vino con su familia a vivir aquí hace dos años. Trabajaba de cocinero en el pequeño bar "Seachers" a varias cuadras de aquí. Pelo negro, piel morena y ojos verdes oscuros. Amable y trabajador. Media 1,75, pesaba 67 kilogramos. Vivía con su madre, su padre murió de un paro cardiaco el año pasado y tenía una hermana pequeña que desapareció de casa hace 4 años. Tiene tíos y abuelos en California, su primo vive en la casa 12 y sus amigos en las casas 28, 63, 19 y 43- Dijo sin leer la pantalla.
-Impresionante- De verdad quede impresionado.
-No tuve tiempo de buscar más que eso, espero que sirva.- Dijo con el rostro algo decepcionado.
-No creo que necesitemos algo más de eso- lo elogié sin darme cuenta que bostece.
-Se ve cansado Señor- Notando mis ojos casi cerrados.
-No es nada en especial, sigamos- En ese momento, me sentí incomodo estar sentado en la silla. Me levante y me senté en el sillón… Gran error.
-Bien, aquí tengo escrito la información de los…- Se detuvo al notar que me quede dormido.
Desperté, ya era de noche. La oscuridad invadía la habitación, el viento empujaba las ventanas intentando entrar.
-Me quede dormido. Que falta de respeto- Regañándome.
Me levanto con dificultad y noto que las cosas de Chris ya no estaban, solo una carpeta grande con un mensaje.
"Te dejo aquí la demás información"
Admiro la gigantesca carpeta y empiezo a echar un vistazo las hojas. En medio de todo eso, noto como una briza de aire frio entra, venia de la puerta… Medio abierta.
Me acerco a ella…
-Esto es peligroso, ese niño no cerró la puerta bien- Pienso enojado agarrando la manija. -Aunque ahora que lo pienso, recuerdo que al llegar a casa la había cerrado- Mi mente empieza a crearme problemas al pensar varias teorías de las que se abrió.
Mientras la cerraba, noto en medio de la inmensa oscuridad una sombra no muy lejos de la entrada, se podría decir que estaba a 5 metros de la casa. Mis ojos se cierran por un momento automáticamente y al abrirlos, la sombra desapareció.
-Era solo una ilusión. Mi propia mente quiere matarme de un infarto- Pienso enojándome conmigo mismo.
Empiezo nuevamente a cerrar la puerta, sin antes encontrarme con un mensaje en el suelo… Un mensaje escrito con un líquido carmesí que decía:
"QUE EMPIECE EL JUEGO"
FIN DEL DÍA 2
Esss... Zuiichi TIME (n.n)
Zuiichi-chan: Ohayo Nakamas (Buenos Días amigos) /(°o°)
Antes que nada, gracias a los que se tomaron su tiempo de leer y más que nada a Iremembermylove por su Review. (^^)
Les mando un beso... (^3^)
Y ahora un mensaje de la autora todopoderosa... TodoesBueno1-Sama -(°o°-)
TeB1: Gracias y gracias a todos lo que leen mi primera historia publicada. Los amo. Perdón por tardarme mucho, tuve problemas ya que tengo en manos otro proyecto. Les aviso que el miércoles subiré el capitulo tres (aunque realmente no se llame así) y el jueves el próximo, ya que el "tercero" es muy corto. No se olviden comentar. Sin mas nada que decir (solo un gran agradecimiento y un beso a todos)
TeB1: Sayonara
Zuiichi-chan: Bye Bye (n.n)/
