Resumen: Luffy es un detective de lo paranormal en la asociación One Piece y su nueva investigación le llevará a conocer a un muy original vampiro, logrando mucho más que sólo cumplir su misión. [ZoLu, AU; parte de la recopilación ProZoLu].
Advertencias: Yaoi [chicoxchico] && AU [Universo alterno].
Pareja: Zoro&&Luffy [ZoLu].
Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a Eiichiro Oda. También cabe mencionar que el universo es inspirado en los libros de Anne Rice más no es un crossover ni una adaptación, sólo he tomado ciertas ideas.
Dedicado a Zhena Hik, porque ella lo inspiró & porque la amo.
Además, es mi manera de comenzar el festejo del próximo cumpleaños de mi más grande amor: Luffy.
––––•(-• ( Nocturno ) •-)•––––
—III—
Rememorando lo acaecido, no podía evitar reírse hasta llorar; sin embargo, en el momento que vivió aquellos acontecimientos ciertamente no le habían hecho gracia alguna. Hacer una fogata alimentada por el cuerpo desmembrado de ese vampiro amedrentador nunca le había parecido una mejor idea que en esos momentos de crisis.
Y de verdad que el siempre positivo y animado investigador se había visto sudando frío ante el percance en el que le metió aquel ser nocturno.
El primer indicio de que se encontraba en aprietos fue otorgado por el oficial que le zarandeaba para despertarle, viéndose recostado en una banca bastante incómoda en medio de un parque por demás transitado y, a pesar de que esos datos no lograban despabilarle, el continuo parloteo del uniformado con placa activó su sentido de alarma al notar que por más que este aumentara los decibeles de voz no podía entender absolutamente nada de lo que decía.
Después de ser deliberadamente sacado a empujones del parque librándose así del molesto guardia se dedicó a pasear sin rumbo fijo intentando averiguar su localización actual. Nada en particular. Vislumbró gente transitar a prisa, muchos locales vistosos, calles muy limpias, un reloj gigante, bonitos carros, escuchó conversaciones con acentos muy peculiares y admiró encantado los elegantes restaurantes que se mostraban a lo largo de la avenida que recorría sin apuro alguno.
Sonriente, metió ambas manos a los bolsillos del saco amarillo que portaba pensando en pedirle auxilio a su sabia compañera de equipo. Ella siempre resolvía sus problemas sin importar cual fuese y tenía plena fe en que apenas le llamase ella sabría encontrarle, le llevaría de regreso a la misión inconclusa y asunto arreglado.
Incluso comenzaba internamente un debate sobre por cual de todas las opciones de restaurantes mostradas antes él se decidiría o comenzaría primero para aprovechar el tiempo mientras esperaba a su rescatista personal.
Desgraciadamente, la segunda prueba de que estaba totalmente arruinado se hizo presente, comenzando por el vértigo característico de cuando sospechas que perdiste algo valioso, seguido de incontables veces de repasar cada bolsillo en sus ropas y terminando por la total certeza de que había perdido algo sumamente importante: sus pertenencias, y con ellas, la posibilidad de contactar a Robin.
Ni dinero, ni celular, ni credenciales. Nada portaba consigo.
Intentó contener su creciente nerviosismo pero el color añil se apoderó de su rostro, en especial cuando recapacitó en lo verdaderamente importante…
— ¡¿Cómo… cómo… CÓMO VOY A COMPRAR COMIDA?!— sacando los vacíos bolsillos de su abrigo y pantalón gritó en medio de la calle a lo que miradas de miedo se centraron sobre él –¡moriré de hambre!— lloriqueó dando saltitos de rabia en su lugar, siendo literalmente evadido por todo peatón en un mínimo de 2 metros a la redonda.
El valiente investigador soportó con gallardía el hambre que le provocaba la falta de desayuno, pero para la hora de la comida fuerte su bravura se convirtió en autentica sed de venganza y se prometió a sí mismo salir de ese embrollo e ir a patearle el trasero a aquel tirano vampiro.
Para la hora de la cena, en la cual aún se mantenía en ayunas, fue que el ultimátum de su palpable perdición se hizo presente para el ojimarrón.
Estaba totalmente arruinado.
Pero como bien dicen, "para casos desesperados, medidas desesperadas".
Para el día siguiente su rencor hacia el vampiro se había vuelto sólo bruma de mar, un recuerdo lejano.
— Un mes perdido, ¡es el colmo!— renegaba una muy molesta pelinaranja viendo con una mirada amenazante a Luffy quien no dejaba de carcajear y engullir los diversos platillos que le ofrecía la azafata del avión, ambas cosas al mismo tiempo para desgracia de los presentes.
Después de un mes de vacaciones no planificadas en Londres, Inglaterra según le habían informado, sólo le quedaba ver los beneficios que ese viaje obligado le había dejado:
Primeramente, la comida inglesa era de lo mejor, Sunday roast, Shepherd's pie, Ploughman's lunch y todas esas comidas que su nombre era incapaz de pronunciar pero que fue especialista en devorar.
Segundo, descubrió que tenía más opciones vocacionales.
Y por último…
— Oh, vamos Nami, no te enojes— dijo sonriéndole grandemente hasta que sus ojos se convirtieron en pequeñas ranuras — ¿Recuerdas cuando querías meterme a clases intensivas de inglés?
Nami asintió –Claro, uno donde Robin no pudiera contestarte los exámenes como en la universidad.
La aludida rió por lo bajo para seguir tomándose su café tranquilamente rememorando como en cada examen durante toda la carrera superior le había echado una mano a Luffy en los parciales, literalmente.
— Pues ya sé lo necesario— externó contento –Sé saludar, decir gracias… incluso preguntar por el baño— alardeó orgulloso.
Sí, su nivel de inglés había pasado del 0% al 0.000000000009%, eso ya era un avance tomando en cuenta que ese idioma era requisito en la orden donde laboraba.
Nami se pasó ambas manos por la cara con hastío, resoplando y contando hasta números mayores de 4 cifras para evitar degollar a su subordinado.
— Oye Luffy— llamó su atención el chico de la nariz larga –Si no tenías dinero, como es que estás más— dubitativo, buscó en su repertorio una palabra que no sonará a insulto –embarnecido.
Luffy relató a todo el equipo presente como en su desesperación había recurrido a "pedir comida a crédito" en lo que a él le había parecido un restaurante, y lo era, algo parecido. Simplemente había entrado en un local al azar. Puesto que después de pedir prácticamente todo aperitivo mostrado en el menú y sin tener dinero con que pagar su kilométrica cuenta, la mujeres encargadas del lugar le había hecho pagar con trabajos forzados, siendo "ascendido" muy rápidamente para su orgullo y vanidad. Primero le habían encargado el lavado de platos y cubiertos pero dado que había más pérdidas que ganancias, le relegaron al puesto de ayudante de cocinero, siendo el mismo problema, incluso intensificado pues las pérdidas eran aún mayores, por último, más por desesperación que por estrategia, lo pasaron a empleado de piso en lo que realmente era la especialidad del negocio, el cual era un host restaurant.
El éxito había sido tan rotundo que las hermanas Gorgona, las dueñas, habían quedado maravilladas y sacaron el máximo provecho de aquella cualidad que el moreno parecía desbordar. Luffy era definitivamente un chico muy popular. Pronto se había convertido en la estrella principal del establecimiento y como retribución el investigador obtenía tanta comida como pudiese desear y alojamiento.
Incluso las chicas que le solicitaban le llevaban postres y demás detalles comestibles que al ojimarron le hacía replantearse la idea de cambiar de profesión.
Pero su obsesión por el vampiro era demasiada para dejar el asunto inconcluso, lo suficiente como para dejar atrás ese mundo donde le atiborraban de deliciosa comida y mimos.
— Lo único molesto es que la jefa Hancock siempre decía cosas extrañas— ladeando la boca en señal de disgusto continuó –de casarnos y cosas así, aunque por esa deliciosa comida inglesa yo…—su sonrisa traviesa y su frase inconclusa fueron interrumpida por un par de coscorrones cortesía de la pelinaranja.
— Tu única jefa aquí soy yo – apuntándose autoritariamente con su dedo pulgar derecho siguió su amenazante discurso –y te ordeno que te tomes tu misión seriamente, de no ser así— una pausa que nada bueno auguraba se hizo presente mientras tomaba a Luffy por la solapa –lo lamentarás de verdad Mugiwara—
Unos cuchicheos se hicieron presentes.
— ¿En Inglaterra hay host clubs y esas cosas? Pensé que sólo en Japón— susurró un confundido Usopp.
— No, desde que fueron un éxito en Japón se pusieron de moda en todas partes— explicó un muy conocedor Sanji dándole una calada a su cigarrillo— incluso hay unos donde las mujeres se visten realmente sexy…— la mirada furibunda de Nami y la risilla divertida de Luffy, quién aún era agarrado fuertemente por el cuello de la camisa, llamaron su atención —¿…s?— terminó de pronunciar la última letra de la palabra que de sus labios salía temeroso por el futuro de su relación e incluso de su vida.
Después de más amenazas, regaños y trillones de insultos al despreocupado agente de One piece, le mandaron de regreso a su actual residencia en Kioto para continuar con las indagaciones, pero esta vez, acompañado de su compañera de equipo quien se haría cargo de que no estropeara más la situación y cumpliese con el cometido, por lo menos en la mayor medida posible.
— No creo que sea una buena idea capitán-san— alzó un poco la vista de la maqueta a escala del Everest conformada por los libros que frente a ella se encontraban y que revisaba muy cuidadosamente para después observar como la puerta del cuarto de servicio se abría dejando ver una nube de vapor cálido seguida de la estética silueta del personaje que le hubiese estado hablando desde la ducha durante casi media hora. Primero cantando, después expresando sus planes nada elaborados y carentes de lógica para después alegar en defensa de ellos.
Llevaba una toalla alrededor de su cintura, bien ceñida, que atrapaba las gotas aventureras que se deslizaban desde su cabello, por todo el firme pecho hasta morir en la tela sobre su cadera. Arqueando un poco su espalda, lanzó su cabeza hacia adelante para poder pasar más fácilmente otra toalla totalmente seca por sobre sus azabaches cabellos, frotando lentamente pero con fuerza.
Robin no pudo evitar notar como con esa acción se marcaban medianamente los bíceps que ostentaba inconscientemente su compañero. Acomodó sus lentes de lectura y centró de nuevo su atención en su faena, dejando de lado la deliciosa visión que frente a ella se presentaba.
— Realmente quiero hacerlo solo— arrojó la tela con la que secaba su cabello húmedo hacia alguna parte del suelo y sin ningún pudor comenzó a vestirse sabiendo que la especialista en arqueología no le prestaría atención. Igual si lo hacía no le importaba – tú tienes tus propios asuntos, no era mi intención interrumpirlos— su carcajada resonó por el sencillo departamento intentando restarle importancia –se me complicaron poquito las cosas, ¡pero ya verás cómo las arreglo!—
—No, gracias, no esperaré a que la próxima vez lo manden en una cajita a Tombuctú— siguiendo el camino de su ya vestido colega le vio arrellanarse en una de las pilas de libros que la rodeaban, sentado en posición de flor de loto –está vez sólo lo encontramos porque la Gerente-san notó la inactividad de su tarjeta al revisar sus estados de cuenta y cuando intentamos contactarnos con usted su celular estaba fuera de servicio así que usamos el GPS— dio la vuelta a la página que había terminado de leer – Tuvo suerte.
— Sí que la tuve ¿verdad?— sonriendo se encogió de hombros.
— Esta vez yo idearé la estrategia.
— Pero Robin…
— En realidad es mi turno Capitán-san— usó un argumento válido.
— Mejor un piedra, papel y tijeras.
— No.
— Por favor— sus mejillas infladas hicieron sonar su voz más aguda de lo normal.
— No me convencerá— sentenció.
— Te propongo algo— levantándose de un salto de su lugar, se encaminó hacia la pequeña alacena donde sacó unas cuantas galletas y se apresuró a preparar té sin dejar de hablarle a su interlocutora – dame una oportunidad más, si fracaso entonces seguimos tu plan, mientras puedes seguir tus investigaciones aquí. Si no regreso en dos días, entonces ganaste – acomodó todo en una charolita que llevó contento a Robin mostrándole una gran sonrisa— ¿Qué dices?
La morena realmente reconoció internamente que Luffy había aprendido algo de su percance en Londres, antes, esas galletas no hubiesen llegado hasta su destino.
— Es un trato— sonriendo de medio lado, se llevó la taza ofrecida hasta sus labios sorprendiéndose de que esta fuera realmente pasable.
— ¡Yosh!— alzando ambas manos al techo en símbolo de triunfo y con todas las energías posibles se concentró en pensar cuales serían sus pasos a seguir al día siguiente, optando claro, por improvisar.
Aunque su intención hubiese sido levantarse lo más temprano posible para ir al encuentro con Chopper y el malhumorado vampiro, no lo había logrado puesto que se le adelantaron. La propietaria del edificio había tumbado casi la puerta del departamento a primera hora anunciándole que tenía que desalojar el recinto ese mismo día. Luffy intentó dialogar con la casera pero cuando Robin se acercó y colocó una de sus manos sobre su hombro para después negar con la cabeza, desistió instantáneamente sin ningún tipo de cuestionamiento, dando por hecho de que el actuar de la morena tenía fundamento.
Y lo tenía. Aunque desde el comportamiento errático de la propietaria hubiese notado que algo estaba mal, gracias a su entrenamiento en la orden pudo descifrar los pensamientos de la señora. El ligero temblor de hombros y esa mirada acusadora le daba la idea de que les temían, pero no era miedo exactamente lo que descubrió al penetrar en la mente de la señora, era algo más peligroso.
Nunca se cansaría de agradecer aquellas capacitaciones que la organización One Piece te obligaba a tomar antes de convertirte en uno de sus integrantes, las cuales iban desde cómo mantener tu mente segura de otras personas o criaturas, como leer las mentes de otros, invocar espíritus, conocimiento sobre distintos tipos de magia, historia y hasta como suicidarte rápidamente en caso de peligro inminente que pudiese arrastrar consigo a los demás miembros de la orden. Claro que a este último prácticamente nadie ponía atención y sólo asistían por obligación.
Robin manejaba muy bien todas las habilidades que le habían sido instruidas, pero el moreno no corría con la misma suerte, aunque agradecía también por ello, por lo menos en esta ocasión. No quería preocuparle, por ello era una ventaja que el investigador nunca hubiese aprendido a leer los pensamientos.
Asegurándole a Luffy que ella se haría cargo de encontrar un nuevo lugar donde habitar y de la mudanza, alentó al joven investigador a que se apresurara a dar alcance al niño del que tanto le hablaba sin percatarse de que antes de terminar la conversación ya se encontraba sola.
No era la primera vez que iba a recoger a Chopper a la primaria donde estudiaba…
— Zoro tonto.
Pero si era la primera vez que lograba ver a las pobres personas manipuladas que hacían el papel de amigos del tutor de Chopper, en este caso, el demonio menos discreto del planeta.
Luffy corrió rápidamente hasta dar alcance a ese par de personas, que parecían más unos zombies o sonámbulos con ese andar tan pesado y rostros inexpresivos que portaban y sin realmente pensarlo dos veces recitó aquella frase en latín que si bien no sabía que significaba varias veces había hecho uso de ella en el pasado sabiendo que funcionaba exactamente para esos casos.
Una vez rompió la manipulación mental de esos pobres sujetos, ambos gritaron como posesos y corrieron despavoridamente, incluso el investigador había dado varios pasos hacia atrás para alejarse de la estampida humana que organizó al liberarles. Dando varios vistazos alrededor temeroso de que le hubiesen visto, pues se encontraba justo en la entrada de la primaria, observó cómo estaba rodeado de muchos infantes con ojos llorosos a punto de gritar. Inmediatamente les ofreció los bollitos de sabores que había comprado para Chopper, ya que nunca iba a su encuentro con las manos vacías, y se los repartió a cambio de su silencio. Silencio que consiguió indudablemente.
Para su fortuna, todos los padres y tutores estaban aglomerados dentro del edificio. Él se acercó con la intención de localizar a Chopper, saludó a la muy cortes maestra y le pidió indicaciones para encontrarle.
— Chopper salió al patio, seguramente está en los juegos.
— ¡Muchas gracias maestra Conis!— corrió rápidamente hasta donde sabía se encontraba el área de juegos, interrumpiendo su recorrido sólo para agregar –por hoy yo me llevaré a Chopper— obteniendo la aprobación de la rubia joven, comenzó su búsqueda observando todos y cada uno de los juegos repletos de niños siendo testigo de una escena que no le gustó para nada.
Chopper estaba sentado cabizbajo en una banca, totalmente solo, mientras los demás niños corrían y gritaban ignorándole por completo. Luffy ladeó un poco el rostro analizando la escena, ¿acaso Chopper se sentía mal y por eso no jugaba con los demás?
Con paso presuroso se acercó hasta él hincándose frente al desanimado infante, posó su mano sobre la cabellera castaña y revolvió con cariño aquellas rebeldes hebras.
—Lu…Lu… ¡Luffy!— y así mágicamente su rostro afligido había sido transformado en uno lleno de alegría, tanta, que sumada a la sorpresa y deseo de volver a ver al investigador sus sentimientos se convirtieron en una fuerza impulsora que le llevó de un salto hasta los brazos del moreno quien gustoso le cargó para montarle sobre los hombros.
— ¿Vamos a divertirnos y por dulces? Tengo hambre— comenzando su andanza sonrió complacido, había extrañado tanto a ese niño.
— ¡Claro!— abrazando el cuello del investigador comenzó a reír pues el cabello de este le hacía cosquillas –pensé que no regresarías. Zoro te asustó ¿verdad?—
—¿A mí?, a mí no me asusta nada— no importaba lo despistado que podía llegar a ser, definitivamente notaba como a su paso la gente le abría camino, sin embargo, prefirió ignorar este hecho y salir en busca de una buena panadería donde repondría los panecillos que le había comprado a Chopper y que utilizó como soborno anteriormente –y yo siempre regreso— dijo orgulloso dando inicio a una larga y amena conversación con el pequeño que sobre él llevaba.
Dado que Luffy ya se sabía de memoria la localización de cada establecimiento donde vendiesen algo comestible, rápidamente dio con una panadería que saquear.
— Y por eso estaba ahí, nadie quiere jugar conmigo— la tristeza latente en Chopper consternó a Luffy ¿cómo alguien no querría jugar con Chopper si era el niño más divertido de todos los tiempos? No lo sabía y no lo comprendía.
— Pues yo jugaré contigo todo el día, todos los días— prometió con la plena certeza de que cumpliría su palabra.
Entraron en la panadería que desde una cuadra antes llamaba al investigador con su aroma a recién horneado y haciendo una estrepitosa entrada bajó de sus hombros a Chopper para poder llevarse hasta el último pan en el local.
— Hey, señora del pan, quiero todos los bollos para llevar— al girarse y visualizar las donas, no pudo evitar desearlas también – ¡y todas las donas!
— ¡Y las conchas también! – Luffy asintió varias veces aprobando la decisión de Chopper.
— Salgan de aquí.
La dependiente del local no se miraba muy feliz por lo que Luffy decidió explicar.
— Tengo mucho dinero, no se preocupe— sonrió grandemente —¡oh! También quiero esos de ahí— emocionado señaló unos pastelillos de chocolate.
— ¡He dicho que salgan! – ante el grito, un hombre se sumó a la mujer yendo hasta la puerta principal y abriéndola como clara invitación a retirarse.
Luffy cambió su expresión a una seria mientras Chopper se escondía detrás de él, abrazándose a sus piernas.
— Tranquilo Chopper, ya nos vamos, conozco otra panadería que…— no pudo terminar la frase pues la mujer se abalanzó sobre él en un acto completamente inesperado para el joven de castaños ojos.
— ¡Demonio, sal de aquí! – en un rápido movimiento, la mujer tomó un cuchillo del mostrador y sin miramientos lo clavó por debajo del ojo del investigador quién ni siquiera se llevó las manos a la parte afectada pues, preocupado por el pequeño, se giró rápidamente para abrazarle.
Sí, lo que había leído Robin en la mente de la dueña del complejo de departamentos y que aplicaba para casi todo el pueblo, no era exactamente miedo, sino un derivado más peligroso que este: el deseo de eliminar todo aquello que está fuera de su comprensión.
El mayor error del investigador fue el olvidar que incluso las personas comunes eran mucho más peligrosas que los seres sobrenaturales.
— ¡Luffy! – el grito desesperado del niño no logró hacer que reaccionara a tiempo, rompiendo a llorar, se abrazó más fuertemente al que le cubría con su cuerpo como si de una fortaleza de tratase.
Y una punzada más de dolor aquejó al joven investigador. Una apuñalada más recibió sobre su hombro sacándole un grito de dolor que desconcertó a ambos señores.
— ¡Está sangrando!— sorprendida, dejó caer su arma al suelo, llevándose ambas manos a la boca para evitar gritar.
— Pues claro, tonta ¿Qué esperabas?— no tomó represalias contra aquellos que le lastimaron, sólo tomó de la mano a un histérico Chopper y tambaleando le dirigió fuera de la panadería, dejando atrás a sus dos muy trastornados agresores.
— ¡Tenemos que ir a un doctor! – gritaba entre hipidos Chopper mientras recorrían las calles —¡un doctor, por favor!
La gente les miraba pasar desde adentro de sus viviendas, pero ninguno se atrevió a ayudarles.
— Tranquilo Chopper, estaré bien ya verás, primero te llevaré a casa— Su hablar era pausado a causa del agudo dolor, con una mano presionaba sobre su hombro para detener la hemorragia y con la otra sostenía la de Chopper, dándole consuelo –y cuando te lleve a casa iré con mi amiga Robin, ¿te he hablado de ella? Ella es muy lista, siempre sabe que hacer— a pesar de sus intentos por distraer a Chopper y calmarle este no dejaba de llorar, incluso su llanto se intensificaba al ver su herida sangrante del rostro.
— ¡Tu ojo!— se lamentaba el pequeño totalmente alterado.
— Tranquilo, no me dio en el ojo— al ver que sacar conversación no apaciguaba los nervios del infante, optó por otra táctica — ¿Quieres ver algo extraño? – sin esperar contestación, soltó la mano de Chopper y la llevo hasta su mejilla, de la cual tiró como ningún otro humano en el mundo pudiese hacer.
— ¡Ahhhh!, ¿cómo hiciste eso?— anonadado como estaba por la habilidad única del investigador, su llanto se convirtió en genuino interés eliminando así sus lamentos y llanto — ¿tú también eres un superhéroe?— fascinado observó como el joven estiraba inhumanamente diferentes partes de su cuerpo.
— No, soy de goma— sonriéndole aliviado de que el pequeño estuviese más tranquilo comenzó a contarle como había adquirido esa característica tan peculiar.
La verdad era que el investigador había hecho un esfuerzo sobrehumano para mantenerse lucido, para su fortuna, no tardaron mucho en llegar a aquella residencia custodiada por el vampiro.
— Anda, entra— intentaba mantener una imagen compuesta lo cual se le dificultaba pues su visión se tornaba borrosa y sus fuerzas estaban en un nivel de números rojos gracias a la pérdida de sangre.
— No, no quiero que te vayas.
— Te prometo que mañana por la mañana aquí estaré, ¿de acuerdo?—
Un no muy convencido Chopper se encaminó hacia la entrada de su vivienda después del ligero empujoncito que le propinó Luffy para alentarle a entrar y refugiarse.
Luffy observó atento desde el patio delantero a que Chopper entrara a su hogar, donde sabía estaría seguro. Dándose apoyo al sostenerse de uno de los grandes árboles que rodeaban la casa, utilizó sus últimas fuerzas en realizar un conjuro de protección, llamando a espíritus para custodiar al pequeño niño.
Una habilidad que había adquirido en su tierra natal gracias a la instrucción que le diese la orden hacía ya muchos años y que apenas comprendía su utilización.
Sin más energías en su haber, se dejó caer pesadamente sobre el suelo, recargándose en el tronco del árbol e inevitablemente, dejándose vencer por la inconsciencia.
No tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido en ese estado y tampoco le era de interés, por ese momento, su atención estaba centrada en esa profunda voz que le llamaba. La escuchaba tan lejana pero le tranquilizaba ese timbre, incluso era consciente de cómo sus dolencias menguaban y sus mareos se desvanecían haciendo así la imagen frente a él cada vez más nítida.
— ¿Quién te hizo esto?— la oscuridad de la noche aunado a su deplorable estado no le dejaban vislumbrar del todo a la persona inclinada frente a él, pero esos ojos verdes que centelleaban entre la penumbra, le dio una idea más clara sobre de quien se trataba.
— Yo— sus ideas era difusas, así que sólo soltó lo primero que se le vino a la mente –a ti te buscaba.
Luffy le sonrió grandemente a lo que él vampiro desvió la mirada concentrándose en su labor.
— No hables— ordenó, de cualquier modo no necesitaba explicaciones puesto que al estar tan debilitado el investigador, hurgar en sus recuerdos era pan comido.
Cabe mencionar que lo que vio en ellos no le gustó nada. Allí el único que torturaba a ese obstinado chiquillo era él y nadie más. Cuando alguien en el poblado se atrevía a molestar a Chopper o con tan sólo hacerle algún desplante debido a su misteriosa situación, él mismo se encargaba de que recibieran su merecido. Tanto así que ya nadie se atrevía a siquiera mirar feo al pequeño pues era bien sabido que quien fuese el osado, no volvía a ver la luz del día.
En el mejor de los casos, aquella infortunada persona se convertía en la cena del sobreprotector vampiro. Pero casi nunca pasaba de este modo. En su mayoría, Zoro probaba con esos condenados la existencia de diferentes extremos de dolor nunca antes imaginados.
Ahora se encontraba atendiendo las heridas ajenas solamente por una razón, cualquier persona que protegiera de ese modo a su tesoro personal que representaba Chopper para él, era digno de su misericordia.
A decir verdad sólo por eso el investigador no se había convertido en el aperitivo de Zoro que con gusto y sin sal se lo hubiese merendado en alguno de sus anteriores encuentros. Chopper le tenía en muy alta estima, demasiada en opinión de Zoro quien no acostumbraba compartir el cariño del pequeño, pero para el vampiro había sido un alivio que llegara ese muchachito enclenque a alegrar los días del pequeño Chopper que él bien sabía sufría de una soledad terrible que él no podía compensar. Por ello, no importa cuántas veces le hubiese jugado una mala pasada, su intención nunca había sido la de herirle. Para él, el cariño que el investigador sentía por Chopper era un escudo incluso mejor y más fuerte que un collar de ajos contra sus vampíricos instintos.
La verdad es que en la última treta que le había jugado al investigador tal vez le hubiese acosado un poco la conciencia, incluso Chopper había llorado algunos días la ausencia de este prometiéndose por esto último no volver a hacer algo así, pero debían admitirlo, su ingenio era de aplaudirse.
Ahora sólo estaba retribuyendo un poco y de la mejor manera que podía su amabilidad pues al zarandear la mente del joven de cabello azabache frente a él, había visto cómo ni siquiera había intentado defenderse, no porque no pudiera sino porque ello implicaba la seguridad de Chopper. Si se hubiese atrevido a defenderse seguramente hubiese aumentado el pánico en los aldeanos quienes sólo dedicarían su existencia en martirizar a Chopper, pero al prescindir de ese derecho, había demostrado de algún modo que en él no había nada que atentara contra ellos y por lo tanto, tampoco en el pequeño.
— Hoy…no harás algún truco sucio, ¿verdad? – con dificultad logró articular aquellas palabras mientras observaba atento como Zoro le despojaba de su camisa para dejar su herida más grave a la vista.
Zoro sonrió de medio lado, dejando ver sus afilados colmillos – Lo cierto es que ya se me acabaron las ideas.— y era verdad.
Para desgracia de Luffy, no volvieron a hablar por ese día. La voz del vampiro era muy tranquilizadora, como un anestésico. El investigador se encargaría de hacerla sonar más para él, eso seguro.
Atraído por los movimientos del hombre de cabello aguamarina, observó como este se llevaba ambas manos hacía la boca, primero la derecha donde clavó sin miramientos sus colmillos por cada uno de sus dedos, después repitió ese proceso por la izquierda. Enseguida prosiguió a embadurnar su sangre por el área lacerada del investigador, frotando sus sangrantes dedos por sobre su pecho hasta el hombro.
La sensación de alivio era indescriptible.
Por último, con el dedo pulgar Zoro recorrió el corte que adornaba su cara por debajo del ojo dejando un caminito carmín a su paso y como por arte de magia, sus lesiones habían dejado de existir.
Ni siquiera se había esperado a que le diera las gracias, una vez terminada su misión, el vampiro se puso de pie y desapareció en un parpadeo, sólo dejando tras de sí una ráfaga de viento.
Luffy no pudo luchar más contra la pesadez de sus ojos. Sus heridas habían sido suturadas pero la pérdida de sangre había sido lo suficiente como para drenar toda su fuerza.
A la mañana siguiente, un animado Chopper había sido el encargado de regresarle al mundo de los vivos.
— Luffy, despierta— pedía la dulce voz del niño.
— ¿Chopper? ¿Qué haces aquí?
— Zoro me ha dicho que te despertara temprano para que te fueras— el pequeño rio divertido — ¿sabes? A Zoro le agradas— mencionó contento con el descubrimiento. Sólo su superhéroe personal había podido hacer tal cosa como sanar al investigador.
— Lo sé— carcajeó un muy animado moreno, incorporándose al instante y sorprendiéndose de verse sin ningún indicio de que hubiese sido atacado el día anterior, salvo por la pequeña cicatriz bajo su ojo que vio más tarde y la cuál siempre le recordaría al misterioso vampiro ya que lo importante no era quién te abrió una herida, la verdadera trascendencia radicaba en quién te la suturó. Por ello, esa cicatriz nunca evocaría un recuerdo desagradable, sino todo lo contrario.
El encuentro decisivo había sido totalmente organizado por Robin, quien al ver el estado de su capitán, incluso cuando no fuese tan precario como la noche anterior, había cantado victoria. Claro, después de reprender a su muy problemático compañero de equipo.
Cuando recibió la llamada de Luffy, supuso que era su turno de meter las manos en el asunto armando casi al instante un plan a prueba de fallas. Después de todo, según el relato de su capitán, el vampiro era más accesible de lo que pensó, por lo menos con Luffy y definitivamente usaría eso en su contra.
Encantada, al recibir las indicaciones del moreno, se encaminó hacia esa residencia de la que tantas veces habían corrido a su capitán. También tenía un gran deseo por conocer al niño protagonista de la misión que les encargaron y de las historias de Luffy.
Al llegar, se había quedado maravillada observando la estructura, tan al estilo tradicional japonesa. Tenía un gran patio delantero repleto de árboles, algunos eran arboles de cerezo. También hacía gala de un pequeño estanque y ostentaba un caminito de piedras por todo el jardín hasta la puerta. Esto sólo en el jardín, en cuanto a la casa, la puerta principal era de shōji la cual consiste en papel washi traslúcido con un marco de madera. A la arqueóloga siempre le habían parecido encantadoras esas puertas deslizables. En la entrada, como recibidor tenía un genkan, la famosa zona donde la gente nipona acostumbra descalzarse antes de entrar de lleno a la vivienda. La morena hasta había disfrutado el observar un verdadero geta—bako, donde como norma, dejó sus zapatillas altas. Su éxtasis había llegado a un nivel poco sano cuando se deleitó con el suelo de tatami.
No se le podía culpar, después de todo ¿Cuántas veces podía ver una estructura como esa?, por lo menos en Suecia o cualquier otro lugar al cual hubiese viajado antes, nulas veces.
Pero en realidad, lo mejor de todo era haber conocido, por fin, al tan famoso pequeño Chopper. Al principio se había mostrado bastante tímido, causándole ternura por su forma de esconderse poco efectiva, ocultando media cara detrás de la pared y todo lo demás a la vista.
— Chopper, sal de ahí, quiero que conozcas a Robin, ella es mi amiga, anda, ven— el animado investigador había casi arrastrado al pequeño Chopper fuera de su escondite, posicionándolo frente a Robin –hey, Robin, ¿verdad que está bonito? Es tan pequeño y cabezón
— Sí, es muy lindo— la arqueóloga rio por el ultimo comentario de su compañero y se inclinó para revolver cariñosamente los cabellos castaños del infante – ¡qué bonitos ojos! – halagó sinceramente al vislumbrar esos ojos tan grandes y verdes.
El niño no soporto tantos halagos de modo que, sin saber cómo reaccionar ante eso, casi comenzó a danzar de gusto. Ciertamente no estaba acostumbrado a tanta atención sobre él y esa actitud atrapó aún más a la arqueóloga.
El resto del día lo habían pasado jugando, Robin les hacía cosquillas a ambos con ayuda de su habilidad de la akuma no mi, la cual causó fascinación en Chopper, mientras les vendía la idea de ir al festival que se llevaría a cabo ese día a las afueras de la ciudad.
— Yo nunca he ido a un festival— mencionó el pequeño — ¿son divertidos?
— Si, y hay juegos mecánicos también— añadió la morena, dándoles un respiro del ataque de cosquillas.
— ¡Tenemos que subirnos a todos!— anunció un eufórico Luffy, siendo secundado por Chopper.
Entre los preparativos, los cuales consistieron en ir de compras para conseguir un atuendo adecuado a Chopper, comida para Luffy y la renta de un carro, Robin le había explicado a su compañero de equipo su elaborado plan sin margen de error.
Primeramente, la idea del festival no era al azar, Robin sabía que un lugar concurrido era el mejor escenario para atrapar al joven vampiro. Además, aunque sonara cruel, usar a Chopper como carnada era la mejor opción, así, llevándolo a la feria el vampiro no tendría otra opción más que presentarse frente a ellos. Por último, gracias a que era un festival, estos comenzaban al meterse el sol por lo que la vida nocturna del vampiro no sería un problema.
Si, ciertamente pudieron haberle comprado una linda yukata al pequeño chopper. Si, mínimo le hubieran comprado un traje común pero acorde a la ocasión, pero no, al final, ambos morenos se decidieron por comprarle un disfraz de vaquita.
El pequeño niño no había estado muy conforme con la decisión unánime de ese par, pero cuando le ofrecieron como trato comprarle todos los dulces que deseara a cambio de que se vistiese con ese disfraz, sus negaciones se esfumaron.
Así, después de dejarle una nota sobre la mesa al vampiro, los tres se encaminaron hacía el festival. Dos de ellos saltando de alegría y una divertida con la emoción contagiosa de sus acompañantes.
Por demás está decir que se subieron a todos los juegos posibles, a unos incluso dos veces, Luffy comió de todos y cada uno de los quioscos de comida mientras Chopper había optado por pedir un algodón de azúcar que indudablemente se le otorgó al instante. El algodón de azúcar era incluso más grande que él mismo.
Pasaron un par de horas en las que Chopper y Luffy corrían por todos lados maravillados, como si los hubiesen tenido atados hasta entonces, a lo que la arqueóloga los vigilaba muy de cerca. De todos modos, experiencia tenía de sobra con ese compañero de equipo.
La primera en notar su presencia fue Robin, no importaba que no hubiese visto al tipo en cuestión ni una sola vez, su presencia lo delataba, por lo menos para la arqueóloga era así. Camuflado entre la multitud, la morena lo divisó gracias a esa mirada tan fuerte que poseía. En cuanto se había sentido observada sólo tuvo que buscar y seguir esa mirada tan pesada y bingo, vampiro a la vista.
—Capitán-san –llamó al embelesado joven –ya llegó.
No tuvo que decir nada más, el investigador se acercó sin prisas hasta Robin quien le indicó la localización del peliverde, al chocar la mirada castaña contra la esmeralda, este último le hizo una señal con la cabeza, haciendo una muda invitación a que intercambiaran ese lugar por uno menos populoso.
Inmediatamente el investigador le siguió sin chistar.
— ¿Qué demonios significa esto?— el no muy feliz vampiro tiró la nota dejada para él, echa bola, hacia los pies del sonriente investigador.
El mensaje era algo así:
"Gracias por curarme. Me lleve a Chopper al festival, ven con nosotros."
La caligrafía era horrorosa, pero el garabato extraño debajo del escrito era peor.
— Dibujé una casa porque es mi especialidad, ¿me quedó muy bien, cierto?— el joven de cabello oscuro se agachó hasta tomar la bolita de papel, desenrollándola y mostrándole nuevamente el adefesio de dibujo – y mira, ahí estamos todos.
Esos dibujos eran peores que los que tenía de Chopper colgados en el refrigerador, aunque estos fueran de cuando cursaba preescolar.
Zoro, aturdido, sacudió la cabeza recomponiendo su postura altiva.
— Devuelve a Chopper— siseó con una mirada amenazante.
Y el sonido de una katana desenfundándose se hizo presente.
En un rápido movimiento y acomodando cada katana en su posición de ataque el espadachín se abalanzó sobre Luffy, quien inmediatamente se tiró hacia un lado esquivándole pero cayendo de lleno contra el suelo.
— ¿¡Donde esta Chopper?!— aunque su voz infundía miedo su sonrisa, aunque mostrara los colmillos, a Luffy se le antojaba amigable.
— Con Robin— al gran entendedor pocas palabras, pero en este caso eran demasiado pocas.
Un nuevo ataque se hizo presente, el cual Luffy esquivó habilidosamente agachándose rápidamente pero no lo suficiente para evitar un pequeño pero significativo corte de cabello – En serio está con Robin, ¿Por qué no me crees?— más ataques fueron dirigidos hacia su persona, no era sólo constantes sino veloces, por lo que esquivarlos se estaba convirtiendo en algo casi imposible. Estirando su brazo, haciendo uso de la habilidad que la fruta del diablo le otorgó en su niñez, se afianzó a uno de los arboles más cercanos y se trepó sobre él.
— Qué demonios…— él era un vampiro por lo cual no debería de sorprenderle la variedad de la naturaleza en el mundo, pero en ninguna de sus dos vidas había visto algo similar, por lo que cesó con su secuencia de ataques gracias a la estupefacción.
— ¿Ya te calmaste?
Saliendo de su trance, volvió a su posición de ataque, pero esta vez, amarrando su pañuelo negro sobre su cabeza —¿Quién es esa Robin?— sus pies se tallaron sobre el suelo para tomar más estabilidad — ¡regresa a Chopper ahora mismo!
— ¡Ah¡— Su puño derecho chocó contra su palma homologa, comprendiendo todo en ese instante –cierto, cierto, ni siquiera nos hemos presentado— de un salto, se bajó del árbol en el que se refugiaba, posicionándose justo delante de Zoro –Monkey D. Luffy, ¡mucho gusto!— estiró su brazo, ofreciéndole un saludo cortésmente y engalanado con una gran sonrisa –y soy un chico de goma— como prueba fehaciente se estiró una de sus mejillas.
— Ehhh…— no entendía muy bien la sucesión de eventos, pero nadie podía decir que era un vampiro maleducado – Roronoa Zoro— el saludo era demasiado así que sólo ignoró la mano tendida frente a él.
— ¡Cielos!, eres un gruñón y yo que pensé que ya éramos amigos –un puchero efímero se hizo presente en su rostro antes de comenzar con el monologo que Robin le había obligado a recitar miles de veces antes de ese momento – Soy un detective de lo paranormal, trabajo para la orden One piece que se dedica al estudio de cosas raras como tú – si bueno, algo así era el discurso, el mensaje era el mismo –Robin, quien cuida de Chopper en estos momentos es mi compañera de equipo, por eso, confía en ella, cuidará bien de él.
— ¿Qué es lo que quieres?— comenzaba a irritarse, ese sujeto no tenía exactamente el don de la palabra y con la sola mención de esa organización ya se había ganado boleto para una cena de dos, donde el investigador sería el platillo principal y él el comensal. Ciertamente se había topado con uno que otro miembro de la asociación hacía algunas décadas atrás terminando todos en la lista de bajas. Eran muy insistentes.
— Sólo quiero saber de tu vida— se rascó la cabeza un poco preocupado por encontrar las palabras correctas –como una biografía, eso es todo, ¿no es la gran cosa, cierto? Di que si— sus ojos pregonaban suplica.
— Dame una buena razón para cooperar contigo.
— Puedo ofrecerte un trato que beneficia a los dos, si tú me ayudas con mi trabajo, yo te ayudo a cuidar a Chopper, sabes que necesitas ayuda por el día, tú me ayudas, yo te ayudo— su risita resonó por todo el lugar – Zoro es muy obvio con sus trucos y las personas atemorizadas son peligrosas. Necesitas alguien que cuide de Chopper— sus dedos pulgares apuntaron a su propio pecho.
Dado que era la primera vez que el investigador podía ver al vampiro-espadachín en un lugar iluminado, dejó viajar su mirar por todo ese ser que tanto le había llamado desde que le hubiesen contado sobre él en la casa madre en Suecia. Su cabello le parecía increíble, de un color tan llamativo y poco común. Combinaba con sus ojos profundos y calculadores. Todo en él era atrayente y peculiar, desde los tres aretes que portaba en una de sus orejas hasta esa enorme cicatriz que se dejaba ver de entre los pliegues de la yukata. Su cara angulosa, su expresión astuta y el contraste de un ser asesino por naturaleza que sucumbía por cariño hacia un pequeño niño le extasiaban.
Por supuesto, como todo vampiro, su belleza era excepcional. Era bien sabido que no existían ni un solo vampiro poco agraciado puesto que esta era su mayor arma, como el veneno de una serpiente, y por ende, la más letal. Esta característica es como el anzuelo para los peces, ayudándoles infinitamente en la captura de presas, y aunque primordialmente le hubiese querido conocer por las admirables historias que se contaban sobre él, justo ahora pensaba en que las historias se quedaban por mucho cortas en la descripción de ese ser que portaba un cuerpo fornido, con brazos bien torneados, un pecho firme y una voz tan penetrante que…
— ¿¡En qué demonios estás pensando?! ¡Idiota!— una espada acusadora apuntaba al ensimismado investigador.
— ¿Qué?— saliendo de su trance y cayendo en cuenta de la situación entró en crisis —¡Ahhhh! Nami me va a matar, ¡por favor no le digas que deje que te metieras en mi mente!
— ¡ESE NO ES EL PROBLEMA!— su voz sobrenatural causó eco en varios metros a la redonda.
Recomponiendo su actitud y su bloqueo mental, volvió a ofrecer su mano al espadachín —¿Qué dices? ¿Es un trato?
El ojiverde le miró con el ceño fruncido por varios minutos.
— ¿Cómo sé que puedo confiar en ti?
— No eres tú quién está abajo en la cadena alienmenticia.
— Alimenticia –corrigió –o trófica.
Luffy asintió un par de veces sonriente.
— ¿Eso es un "si"?, sabes que no haría daño a Chopper— su cara se transformó en una mueca de disgusto— apresúrate, ya me duele el brazo— con ayuda de su mano libre, se ayudó a sostener su brazo derecho en la misma posición, esperando por la del espadachín.
El detective tenía un punto, de haber querido hacer daño a Chopper, oportunidades tuvo muchas y en cambio, sólo demostró afecto hacia el pequeño. Incluso mimándole de más. Otro punto clave era el cuidado de Chopper durante el día, después del altercado contra el investigador no podía estar tranquilo pensando en que los estúpidos aldeanos intentaran algo contra el niño y no había nada que él pudiese hacer al respecto, ni aún intentándolo con todas sus fuerzas.
Sabía que más temprano que tarde se arrepentiría por lo que estaba a punto de hacer pero era necesario.
Muy a su pesar, estiro su brazo hacia la que el investigador le ofrecía estrechándola con un apretón con fuerza moderada para un vampiro, pero para un humano…
— Es un trato.
— ¡Ahhhh! ¿Qué te pasa?— liberándose del agarre y sacudiendo su adolorida mano frenéticamente acusó — ¡me quieres quebrar la mano!
— ¿Qué no eres de goma?— de verdad estaba confundido.
—Si – gimoteó –pero avisa— a veces odiaba la hora en que su tutor, Shanks, le había mostrado como controlar su habilidad de la gomu gomu no mi.
— Vamos— alentó el peliverde –seguramente Chopper ya tiene sueño— acomodando su pañuelo de regreso a su lugar original, en su brazo, emprendió marcha.
— ¡Yosh!— La felicidad de Luffy era incontenible por lo que seguía muy de cerca al vampiro dando de saltos como si de un chapulín se tratara.
No tardaron mucho en localizar a la arqueóloga y a Chopper que ya yacía en sus brazos en un profundo sueño.
— ¿Por qué de vaca?
Ambos morenos se encogieron de hombros sonrientes.
— Nico Robin, mucho gusto— se presentó la morena haciendo una reverencia como las costumbres de esa región marcaban.
—Roronoa Zoro— no muy seguro, correspondió el gesto sin poder evitar sentir un poco de recelo contra la mujer frente a él, motivado por ese sentimiento, se decidió a hurgar en la mente de la morena para conseguir un perfil fidedigno de la persona en cuestión.
Sin embargo, no contaba con toparse con lo que parecía ser un recuerdo, uno que involucraba a los dos morenos que caminaban junto a él.
'—No creo que sea una buena idea capitán-san—' La morena, pilas de libros y un investigador recién salido de la ducha.
'Llevaba una toalla alrededor de su cintura, bien ceñida, que atrapaba las gotas aventureras que se deslizaban desde su cabello, por todo el firme pecho hasta morir en la tela sobre su cadera. Arqueando un poco su espalda, lanzó su cabeza hacia adelante para poder pasar más fácilmente otra toalla totalmente seca por sobre sus azabaches cabellos, frotando lentamente pero con fuerza.'
Un enfoque total en los brazos mediana pero exquisitamente marcados del investigador semidesnudo.
' — Realmente quiero hacerlo solo— arrojó la tela con la que secaba su cabello húmedo hacía alguna parte del suelo y sin ningún pudor comenzó a vestirse sabiendo que la especialista en arqueología no le prestaría atención. Igual si lo hacía no le importaba'
Como Zoro pudo comprobar, en realidad la arqueóloga nunca había desviado la atención del moreno y aunque hubiese querido parar el recuerdo antes, como todo, una vez comenzado por consecuencia deseas ver el final.
Zoro lanzó una gélida y acusadora mirada a la arqueóloga quien no borraba su misteriosa sonrisita de su cara.
A eso, en la orden, se le llamaba escudo mental lo cual sólo consistía en pensar en un recuerdo en especial para combatir el asalto mental y Robin era una erudita en ello.
Caminando hasta dar alcance al detective con Chopper en brazos, quien desde ya había comenzado su trabajo como nana, le susurró más como observación que como queja en sí –Tienes una amiga con pensamientos muy extraños sobre ti.
Luffy rio burlesco —¿pensamientos? No bromees, no lograrías leer su mente ni aunque fueras el chupacabras.
— ¿chupacabras?— ¿no se suponía que los miembros de One piece eran personas estudiadas?
— Oye Zoro, ¿y si comenzamos con el interrogatorio hoy?— emoción genuina grabada en sus ojos – dime, ¿tú cagas?—
¿Y si se comía a todos y fin de la historia?
Obviamente excluyendo al dormido Chopper.
Y así, contrario a las predicciones de Zoro que pensaba que lo peor había pasado, apenas comenzaba.
Continuara…
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Y ahora somos más ;) prepárense que el siguiente reto me toca a mí & no escatimaré en el festejo del cumpleaños del hermoso capitán que me robó el corazón.
Dudas, quejas && sugerencias serán bien recibidas ;) ¡muaks!
Oh, por cierto, si gustan del ZoLu, en mi perfil está el link de un foro hecho por y para ZoLu fans donde se recopilará todo tipo de material de esta hermosa parejita y también hay juegos de rol por si gustan darse una vuelta.
Abrazos.
