Antes que me vaya a almorzar les traigo la continuación. Como verán, algunos diálogos están sacados de la película de ATSD xDDDD.

Solo para aclarar que este fic tiene continuidad desde ese punto ;) ¡Que les guste :D!


El Código Maestro

Capítulo I

3 semanas antes…

Largas y pesadas cadenas eran arrastradas en una plataforma sobre un lago de magma hirviente. Cinco siluetas, cuatro humanas y una parecía ser de un ornitorrinco caminaban cabizbajos, camino hacia el final escoltados por robots asesinos, mientras el gobernador de aquél universo observaba con ojos maliciosos, disfrutando de la pronta muerte de los condenados. De pronto, se detuvieron frente una enorme jaula, en la que se hallaba dormitando un extraño ser, diferente a cualquier mundo. Entonces sacando una manta que la cubría, otros dos guardias robots picaron al animal con dos lanzas, ante sus miradas. El muchacho pelirrojo, curioso veía como el monstruo despertaba de su sueño, y abriendo sus demoniacos ojos, emitió un rugido estruendoso, hasta el punto de volar sus cabellos hacia atrás.

- Te seré honesto Ferb –dijo Phineas – Es difícil darle un enfoque positivo a esto. ¡Pero así es la vida! ¿No? Por un minuto vives el mejor día del mundo y al siguiente eres el alimento de un monstruo del tamaño de un almacén.

- ¿Ah, sí? Pues bienvenidos a mi vida –decía esto con sarcasmo Doofenshmirtz, pero la bestia emitiendo otro bramido, espantó a doctor, quién se ocultó detrás de un robot…

- ¿Eres un agente secreto? ¿Por qué no nos dijiste?

- Hola, yo soy Phineas y el es mi hermano Ferb…

- ¿Señor Monograma? ¿No vamos a recordar nada luego de esto?

- Así es.

- Bien…

- ¡Isabella! –despertó el pelirrojo, abruptamente como si hubiese tenido una pesadilla.

Era de madrugada, todos dormían aquella noche. El grito de Phineas no había despertado a nadie, afortunadamente, a excepción de su hermano.

- ¿Otra vez ese sueño? –preguntó.

Phineas, sentándose en su cama y restregando su rostro contra sus manos, lucía unas ojeras descomunales, dignas de un trasnochador.

- No lo sé, Ferb… pero no dejo de soñar eso desde hace dos meses… aún así cada vez que despierto no logro recordar qué fue lo que soñé.

El peliverde, preocupado, se recostó en su recámara, mirando hacia el techo.

- No te creas el único, hermano; también sueño cosas… pero como tú, no puedo hacer memoria de ellas.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? –Phineas creía que su hermano le contaba todo, hasta sus mayores secretos.

- Phineas… son solo sueños. Nada relevante.

- Pero… se ven tan reales…

- Será mejor que descanses. Mañana tenemos escuela. Buenas noches.

Y el peliverde apagó la luz. No pasaron más de cinco minutos y Ferb roncaba como tronco. Mas Phineas no tenía tanta suerte como él. No podía conciliar el sueño. Miraba hacia todas partes, distraído, pero no pegaba ninguna pestaña.

- Grrrrrr… Jkrrrrr… Grrr…

El que originaba ese ruido era Perry. Phineas, remeció cuidadosamente el pequeño animalito. Angustiado, el ornitorrinco despertó dando saltos. Con cariño, su dueño acarició su mejilla, haciendo que produjese ese reflejo involuntario con su cola.

- ¿Tampoco puedes dormir, Perry? Ven aquí.

Suavemente, acercó su mascota a su regazo. Acariciando con sus manos su pelaje, lo que poco a poco, hizo cerrar los párpados a Perry, en una especie de ronroneo, se durmió.

A pesar que estaba realmente cansado, pasó en vela toda la noche, hasta que por fin a una hora que la alarma sonara, pudo dormir.

- ¡Phineas, despierta!

Toda la familia se encontraba desayunando, cuando Linda, la madre remeció a su hijo menor. Se había quedado dormido encima del cereal con leche. Realmente se veía muy gracioso Phineas con un par de hojuelas en el cabello y la nariz empapada en leche. Ferb, fresco como una lechuga, no dudó en reírse de la apariencia de su hermano.

- ¡Jaja! –carcajeaba.

Molesto, Phineas ignoró al peliverde, no sin antes dedicarle una mirada fulminante.

- ¡Oh, vamos Phineas! No es para tanto…

- ¿Para tanto? Te apuesto que no te gustaría que se rieran de ti si te pasara lo mismo.

No era que el pelirrojo tenía mal carácter. Desde pequeño fue un jovencito optimista y alegre, pero aquellos últimos días sin dormir lo tenían de muy mal humor.

De pronto, Ferb comenzó a hacer arcadas y toser. Al reírse de Phineas se había atorado una hojuela del cereal. El pelirrojo, pensando que quería burlarse una vez más de él, palmeó la espalda del peliverde.

El chico inglés escupió la comida, estornudando y algo ahogado por la risa.

- ¿Te sientes bien, hijo? –preguntó la madre a Phineas, tratando de tomarle la temperatura con su mano a la frente.

- Mamá, no te preocupes. Solo es el estrés… sabes que la escuela no me gusta, pero no por eso voy a faltar.

- Veo que no has terminado tu comida ni hoy ni hace una semana ¿Qué te sucede Phineas Flynn?

- Solo… no tengo apetito.

Dando un suspiro, Linda sacudió con cariño el cabello de su hijo y le besó en la mejilla.

- ¡Mamá! –Phineas limpió su cara.

- Ah… Igual a su padre…

Entonces, en la calle llegó el autobús escolar. Adentro iba lleno de niños de todos los grados y edades. Ferb, que hace rato había terminado de desayunar, rápidamente tomó su morral y la mochila de su hermano; como el pobre no parecía tener fuerzas para levantarse, lo agarró de la camisa y lo empujó.

- ¡Vamos Phineas, que perderemos el autobús y llegaremos tarde!

Aletargado, el chico se dejaba arrastrar por Ferb. Era lamentable ver la cara de agotamiento que tenía, pero aún así, todavía tenía la voluntad de ir a la escuela.

- No sé que voy hacer con ese niño –dijo Linda con lágrimas en los ojos.

- Déjalo, amor –contestó Lawrence leyendo un diario –Phineas es un muchacho fuerte. Se le pasará en unos días.

Continuará...


Lo hecho, hecho está :). Torturar a Phin es divertido xDDD

Actualización: La semana que viene :B (o sea viernes)

¡Hasta la próxima amigos!