Silencio
Obscuridad
Dolor
Caer
Vacío
Una voz apenas audible, llama…
La somera cantidad de aire que puede entrar a tus pulmones colapsa…
El dolor se hace cada vez más fuerte…
Todo se nubla, el eco de aquélla voz desaparece, la ansiedad de abrazar esa obscuridad…
Una luz apenas soportable es lanzada a los ojos, todo está borroso, el cuerpo clama piedad ante el dolor…
- Señores Dupain-Cheng, ya está consiente. Pueden quedarse pero les pediré que dejen la sala en un rato.
La voz del hombre, fue apagada por los lamentos de las dos figuras que soltaron todos los sentimientos que estaban cautivos dentro de ellos…
- ¡Mi amor! ¡Nos preocupaste tanto! –la mujer de ascendencia china tomó la mano de la joven de orbes azules que apenas comenzaba a reaccionar.
- Mari, mi niña. ¿Cómo te sientes? ¿Estas bien? ¿Necesitas algo? –el hombre de bigote castaño trataba de negar el flujo de sus lágrimas, su voz cortada era señal que no lo lograría por más tiempo.
- ¿Mamá? ¿Papá? ¿Dónde estoy?
Se sentía cansada, adolorida, pero lo más importante… No recordaba cómo había llegado ahí o lo que estaba haciendo antes de estar en ese lugar.
- Estamos en el hospital. Hubo un ataque de esos villanos cerca de Notre Dame, no pudiste huir y los escombros te cayeron encima. Ladybug con sus poderes hizo que la ciudad regresara a la normalidad aunque parece que no cura heridas. Al menos eso fue lo que nos dijeron. –comentó su madre limpiándose las lágrimas de los ojos.
- ¿Cómo llegué aquí? ¿Quién me trajo?
- Los paramédicos dijeron que recibieron una llamada y un chico estuvo contigo hasta que te trajeron al hospital. –contestó su papá con voz entrecortada. –Desafortunadamente no pudimos agradecerle, ya no estaba cuando llegamos.
La cabeza de Marinette iba a explotar del dolor tan indescriptible que sentía y sólo lo podría detener la venda que tenía alrededor del cráneo, tenía los músculos adoloridos y el hecho de no recordar nada de lo que pasó la hacía sentir frustrada.
Una punzada de tal magnitud que la hizo desmayar atacó su cabeza, dentro de su mente se escuchaba la voz de alguien susurrándole: "Estaré contigo, ¡despierta!", "Por favor despierta", "Hermosa por favor debes reaccionar"…
- ¿Quién eres? –su voz resonaba, al menos en su pensamientos como contestación a esa persona que le pedía que despertará.
- Tu más ferviente admirador, no te vayas cuando esto apenas empieza…
El sol estaba saludando a la ciudad del amor, la rutina de los parisinos comenzaba ligeramente retrasada, después de un merecido descanso de fin de semana.
Mientras la chica de orbes azules trataba de caminar, pausadamente, a la escuela después de su última revisión en el hospital, las clases habían iniciado hacía unas horas. Sólo había perdido las primeras clases, pero llevaba un justificante que la salvaría del regaño de la profesora… bueno aunque todos conocían su situación.
- Marinette ¿segura que quieres asistir a clases? –preguntó una pequeña figura rojiza dentro de la bolsa de la joven de cabellos azabaches.
- Claro que si Tikki, los exámenes serán en un par de semanas. Ya no puedo perder clases, me gustaría estar en casa pero no convaleciente. –contestó Marinette.
Tocó la puerta del salón de clases, por la ventana vio el rostro de sorpresa de sus compañeros y profesora; aunque lo rogara llamaba demasiado la atención de todos. Afortunadamente el médico le había quitado todos los vendajes del cuerpo que la hacían parecer momia.
- Marinette… ¿no deberías estar de baja por salud? –preguntó Miss Bustier cuando abrió la puerta para que la joven entrara.
- Según el médico, estoy bien y debo incorporarme a mis actividades para poder continuar mi rutina de siempre. –explicó Marinette cuando le extendió a su profesora las última receta entregada por el doctor esa misma mañana.
- Aún te ves un poco pálida, cualquier síntoma que tengas; un mareo o un dolor o lo que sea por favor avísanos, le pasaré esta nota a los demás profesores. Por favor ten cuidado ¿sí? Adelante toma asiento.
Había pasado un mes desde que Marinette ingresó al hospital, después del dolor que hizo que se desmayara tuvieron que ponerla en coma inducido por semana y media para monitorear su actividad cerebral, sacaron innumerables placas pues al parecer los escombros que le cayeron encima habían causado daños internos en el cuerpo y sobre todo los médicos temían daño cerebral.
La semana siguiente, una vez fuera del coma, fue pasada a una habitación pero seguía en observación, todo indicaba que la corteza cerebral seguía inflamada tras el golpe y no daba muestras de desinflamarse.
Una semana después las heridas internas estaban mejor y el cerebro estaba "bien" aunque las migrañas eran el problema. Marinette apenas llevaba unos días en su casa, después de estar internada por tres semanas y media. Sus padres le habían pedido que reconsiderara su decisión de ir a la escuela, otra semana de reposo no le haría daño, aunque el médico dijera lo contrario: según su última revisión y las placas cerebrales mostraban una mejoría impresionante y debía volver a su vida "normal".
- ¡Ay amiga! ¿Segura que te sientes bien? –preguntó Alya después de darle un fuerte abrazo. –Traté de verte en el hospital pero los médicos te prohibieron las visitas y cuando iba a tu casa siempre estabas dormida por los medicamentos.
- Lo sé Alya, leí todos los mensajes que me enviaste. –contestó Marinette recordando los 3,258 mensajes, 598 notas de audio y los 50 vídeos que su amiga le había enviado durante todo ese mes.
- La profesora tiene razón, aun estas pálida. En el momento que te vea mal llamaré a tus padres o a una ambulancia. –dijo la morena en tono firme.
- Estaré bien, ya casi no me duele la cabeza, pero mi apetito está fatal. Aún siento la boca con sabor a medicinas y peor aún no puedo comer todo lo que me gusta… No sabes las ganas que tengo de una rica lasagna. –comentó la ojiazul en tono de desgano.
La pelinegra prestó suma atención a las clases de literatura de Miss Bustier con algunas interrupciones por mensajes de sus compañeros preguntándole por su estado de salud así que la chica los volteaba a ver y con un movimiento de cabeza asentía para demostrar que estaba bien.
Cuando el descanso llegó, casi todos se acercaron al lugar de la ojiazul, aunque Alya los alejó para que no sofocaran a su amiga.
- Marinette, ¿de verdad estas bien? –preguntó Alix.
- Marinette, si quieres puedo darte mis apuntes, por nada soy uno de los mejores de la clase. –explicó Max.
- Si te sientes mal puedes decirnos Marinette, te ayudaremos. –Rose tomó la mano de la azabache.
- No puedo creer que Ladybug no haya podido salvarte de ese ataque. –comentó Kim.
- Te equivocas Kim –interrumpió Chloé desde su lugar. –Marinette estaba en el momento equivocado, debe agradecer que Ladybug usó sus poderes para regresar todo a la normalidad, no es su culpa que ella estuviera cerca de Notre Dame para que le cayeran encima los escombros.
Marinette, después de un esfuerzo sobrehumano, tenía pequeños fragmentos de ese día: un akuma había atacado la ciudad, así que como Ladybug logró purificar el akuma, pero antes de poder usar su LuckyCharm el vitral y parte de las torres de Notre Dame le cayeron encima; con un hilo de voz llamó a su poder máximo y después… nada. Aún tenía miedo que alguien hubiera visto como regresó a su forma civil, sobre todo la voz que le pedía que no se fuera, su admirador…
Si su identidad hubiese sido descubierta… tal vez alguien trataría de chantajearla o atacar a sus personas más queridas, lo único bueno era que el día del incidente Chat no había estado presente; por alguna razón no apareció. Si él sabía su identidad, sencillamente creía que no se lo quitaría de encima, pero el chico que se había quedado con ella hasta que llegó la ambulancia, era lo único que rondaba por su mente y entre más lo pensaba más le dolía la cabeza.
- Chloé… mejor no digas nada. Adrien no le vas a decir nada a Marinette. –dijo Alya con tono ligeramente pícaro.
- Me alegra que estés bien Marinette, nos hacías falta. Te ves bien con el cabello suelto. –contestó el rubio.
- Eh… ahm… gracias. –Debido a los constantes dolores de cabeza solo se había atado un listón como diadema. Además durante todo ese mes se quedó pensando en aquélla voz y ni siquiera había pensado en el modelo.
- Bueno amiga, vamos a comer algo. Tal vez un poco de luz del sol te haga bien. Vamos al patio. –comentó Alya tomando de la mano a la pelinegra.
Fueron a una parte sombreada del patio, tampoco podía estar mucho tiempo bajo los rayos del sol, su almuerzo era reducido a frutas pues no podía comer cosas "pesadas".
Las amigas conversaban para ponerse al "corriente" de todo lo sucedido en la escuela, aunque Marinette ya sabía casi todo gracias a los detalles dados por Alya en sus mensajes; la morena quería enseñarle un video de Chat Noir que había estado patrullando por su casa por lo que regresó al salón para tomar su Tablet dejando sola a Marinette.
La pelinegra veía como Adrien jugaba soccer con chicos de otro salón, todo lo que él hacia parecía perfecto. Una parte del corazón de Marinette esperaba que las palabras dichas por el modelo: "nos hacías falta" se convirtieran en "me hacias falta"; pero según Alya cuando sus compañeros iban a ver a los padres de Marinette para preguntarle de su situación… Adrien jamás se interesó, lo excusaba por sus horarios tan apretados pero la hacía sentirse deprimida pues en todo un mes, ni siquiera por cortesía, había preguntado por ella…
- ¡Hola!
- Ahm… ¡Hola! –saludo la pelinegra a un joven de ojos azules.
- Oye, ¿eres nueva en la escuela?
- No. –contestó Marinette.
- Bueno, es que no te había visto y pensé que eras transferida igual que yo.
- Ah si, ¿en qué salón vas?
- Voy en doceavo (tercer año de instituto/preparatoria). Llegué aquí hace un mes.
- Yo voy en décimo (primer año de instituto/preparatoria). –Contestó la pelinegra
- No sé si tú quisieras ser mi amiga… aquí a lado venden unos pastelillos deliciosos, tal vez quieras probarlos…
- Oh, gracias. La pastelería es de mi familia.
- ¿En serio? ¡Oh Dios! Creo que lo estoy echando a perder…
- No, no, no te preocupes. Eres nuevo en la ciudad, debe ser difícil para ti conocer un lugar… nuevo.
- Si, de hecho, si es bastante complicado.
El chico estaba muy nervioso, tanto que hacía que Marinette sonriera sólo por verlo. Era algo complejo presentarse ante alguien cuando eres el chico "nuevo".
El joven de cabellos castaños, de piel nívea, tenía una encantadora sonrisa, aunque fuera por nervios; su acento, que no era francés, delataba que era extranjero, era alto tal vez medía 1.80. Aunque el hecho que se presentara ante ella no dejaba de llamar la atención de la joven.
- Ok, lo diré directamente. Te acabo de conocer y creo en el amor a primera vista, de verdad eres hermosa pareces un ángel pero… sin alas.
- Cómo una persona. –contestó Marinette tratando de no reír.
- Si… no… olvídalo. –el chico se cubrió con las manos su notorio rubor. Marinette no pudo más que sonreír ante los balbuceos de chico. –Perfecto ahora te ríes de mi estupidez. –el chico volvió a cubrirse el rostro.
- No, es sólo que te veo y me acuerdo tanto de las cosas que hago cuando no puedo controlar mis nervios. Ahm, yo lo siento pero me gusta alguien más. Lo lamento, pero podemos ser amigos…
- Esto no deja de ser vergonzoso. Ahora me friendzoneas.
- Ehm… este… bueno si tú quieres puedo invitarte algo en la pastelería y algún día dar un paseo, si…si tú quieres –comentó la azabache.
- Si, si claro me encantaría, cuando quieras, como tú quieras por supuesto… bueno yo… tengo que irme… lamento haberte interrumpido… bueno creo que es hora de dejar de hablar e irme… nos vemos. –El chico subió corriendo las escaleras.
- Bueno, pero si mi amiga es toda una rompecorazones, llevas unos minutos en la escuela y ya tienes nueva conquista. –comentó Alya quien había estado grabando a los dos. –Y no lo niegues Marinette que no has dejado de sonreír desde que ese chico comenzó a hablarte. ¿Quién es? Cuéntame.
Marinette no dijo gran cosa, pues ante los nervios del chico, se le olvidó preguntar su nombre, aunque al menos sabía a que grado iba. Alzó la vista hacia los salones de doceavo que estaban en el 4° piso…
- No voltees Alya –comentó Marinette bajando la mirada –Está viendo hacia acá…
- ¡Hola! –gritó la morena sacudiendo su brazo en un saludo, sólo vio como el chico estaba viendo desde la ventana y cuando ella saludó se escondió. Alguien que haga esa clase de "movimientos" no podía ser mala persona.
El descanso terminó y regresaron a su salón. Para la chica de orbes azules, una sola idea rondaba su mente. Debía regresar a su rutina, pues no sólo los exámenes estaban a la vuelta de la esquina, también habría un concurso para entrar como becario en "Agreste" Había esperado esa oportunidad desde hacía un año y tenía confianza en ella después de lo bien que le fue en el concurso de bombines. Las fotografías de Adrien con el bombín eran sus favoritas, no podía creer que el chico que le gustaba tanto estaba usando una de sus creaciones, terminantemente debía hacer lo imposible para entrar como becaria.
- Ya quita esa sonrisa. –susurró Alya durante la clase de historia.
- No sé, no puedo. Es la primera vez que un chico se me acerca y no sé como reaccionar… estoy nerviosa. –comentó entre risas Marinette.
- Pero ¿que vemos aquí?… osea que si te gustó. –exclamó la morena.
- No, sabes que me gusta… bueno ya sabes quien –susuró volteando a ver a Adrien. –pero no deja de ser lindo el detalle.
- Pues –Alya volteó a ver su celular que avisaba la llegada de un mensaje. –Creo que te tengo una sorpresa ¿quieres saber?
- No… bueno si.
- ¡Señorita Dupain! Sabemos que esta emocionada por regresar a clases, así que al menos muestre un poco de atención. –gritó la profesora interrumpiendo la conversación de las chicas. –Esta bastante retrasada en temas, así que debe ponerse al corriente para los exámenes.
- Si, lo siento. Perdón –se excuso la azabache.
- Esta bien, le pediré a alguno de sus compañeros que le ayude así que.
- Yo la puedo ayudar ¿si no le molesta? –intervinó Adrien.
- Perfecto, señor Agreste. Señorita Dupain debe ponerse de acuerdo con él para que hagan un plan de estudios. Ahora sigamos con la clase.
¿Ese podía ser el peor escenario posible?: Adrien Agreste quería ayudarla a estudiar, cuando era más que obvio que lo único que no haría… sería estudiar por que estaría embobaba o nerviosa por su presencia; eso sería malo. Si se negaba, podría hacerlo sentir mal pero si dejaba que todo siguiera su curso, sufriría las consecuencias en los exámenes, pues no estudiaría nada.
Terminaron las clases y Adrien salió primero, tan rápido que Marinette ni siquiera pudo preguntarle el por que se ofreció a ayudarla si su horario era tan complicado. Alya había hecho varias anotaciones de las clases y los profesores fueron entregandole, a lo largo del día, trabajos para que se regularizara; con eso sería suficiente. Su corazón quería estar con Adrien pero su mente le decía que debía mantener la calma, pues para él no era más que una compañera… ni siquiera una amiga. No pudo evitar sentirse mal ante ese pensamiento…
- Muy bien, quiero presentarte a alguien. –comentó la morena cuando casi todos se habían ido. Un chico moreno de ojos negros y sudadera verde apareció en el marco de la puerta, saludó a Alya –Él es Mercury.
- Mucho gusto Mercury, soy Marinette. –contestó la chica.
- Hola Marinette, ahora si me permites quiero presentarte a... –Mercury volteó a buscar a alguien – ¡Ven acá! Deja de comportarte como cachorro asustado ¡Ven o voy por tí! No te va a morder… a menos que se pongan medio cariñosos –comentó pícaramente el joven.
- ¡Cállate Mercury! –el joven castaño de ojos azules se asomo por la puerta. – ¡Ay! ¡Hola! De nuevo.
- Ho-hola –la pelinegra también estaba nerviosa.
- Marinette te quiero presentar a mi amigo Claude –comentó Mercury –el muy tonto fue a hablar contigo y ni siquiera preguntó tu nombre y mucho menos se presentó.
- No era necesario que dijeras eso Mer –contestó molesto Claude. –Ho-la soy Claude, lamento haberte molestado así.
- Ah, no, no, no fue molestia, ya te había dicho que fue un lindo detalle. Sigue en pie lo de invitarte un pastelillo. –comentó apresuradamente Marinette.
Tal vez era que ambos estaban neviosos y por eso esa conversación no estaba llegando a ningún lado. Mientras Alya y Mercury, quién era amigo de Nino, veían con ojos de complicidad todo aquello. De hecho cuando Alya estaba saludando no era por Claude, era por Mercury que estaba a lado de él. Nino se lo había presentado cuando comenzaron a salir pero la morena no era tan cercana a él, sin embargo la chica de lentes comenzó a planear como llevar acabo esa reunión cuando vio que asistían al mismo salón.
- ¡Iugh! ¡Qué asco! La panadera y el idiota en un affair, esto es demasiado bajo hasta para ti... –comentó Chloé quien aún seguía en el salón.
- ¡Nadie pidió tu opinión! –interrumpió molesto Claude.
- Lo de caer bajo, se lo decía a Marinette, pedazo de imbécil.
- Retrasada
- Tonto
- Engreída
- Torpe
- Estulta (NdE: significa falto de entendimiento)
- ¿Qué?
- Exacto
- Vámonos Sabrina, mira que insultarme a mi… a Chloé Burgeois por un... ¡hash! Carga mis cosas y llévalas a mi casa.
- Si Chloé –contestó la pelirroja.
Alya y Marinette se quedaron sorprendidas al escuchar como se peleaban los chicos, sobre todo que nadie le hablaría así a Chloé por más que se lo mereciera, y que la chica no amenazara con hablar con su padre para "denunciarlo". Claude suspiro pesadamente y volteó a ver a Marinette una vez que Chloé dejo el salón.
- Lamento que hayas tenido que observar… "eso" –se disculpo el chico de cabello cobrizo.
- No, no te preocupes, disculpa la intromisión pero ¿conoces a Chloé? –preguntó intrigada la ojiazul, no había otra forma de decirle "oye por que le dices sus verdades".
- Desafortunadamente si, mi padre es hermano de su papá, Chloé es mi prima, soy Claude Bourgeois.
- ¡¿QUÉ?!
Ese escenario no se lo esperaba Marinette, un chico tan lindo, atento y tímido era el primo de la princesa arrogante de París, algo le decía que a partir de ese instante las cosas serían un poco complicadas.
