Capítulo 2: Life never delivers anything that we can't handle

—Deja que hagan su trabajo Kate— Dijo Lanie mirándola a los ojos para convencerla. Beckett asintió con la cabeza sin mediar palabra y se levantó, permitiendo que los médicos de urgencias transportaran a Castle hasta la ambulancia. La inspectora intentó seguir al séquito formado por los doctores pero Alexis la detuvo, lanzándole una mirada cargada de ira. La joven culpaba a Beckett por la situación, por haber permitido que dispararan a su padre mientras jugaba a ser policía. Martha se percató de la tensa situación y tomó el brazo de su nieta para conducirla al interior del vehículo —No hay más sitio Kate— explicó la doctora Parish mientras llamada a Expósito.

—Tú vienes con nosotros Beckett— Interfirió Javi en aquel momento, acudiendo en ayuda de su compañera —Iremos en coche hasta el hospital, vamos a seguir a la ambulancia— añadió Ryan, aun consternado por el escenario. Kate asintió de nuevo con la cabeza mientras las lágrimas continuabas precipitándose desde sus ojos.

Durante el trayecto hasta la clínica Lanie ayudó en todo lo posible a los médicos para mantener con vida al escritor mientras Martha trataba de calmar a Alexis. —Es la decisión de tu padre querida, ella no tiene la culpa—repetía abrazando desconsoladamente a su nieta.

En el interior de coche Ryan y Expóstio mantenían múltiples conversaciones con el cuerpo de policía en busca de una pista que les permitiera capturar al tirador. Beckett por su parte permanecía en silencio en la parte trasera del automóvil, sumida en sus pensamientos.

A la llegada al hospital los doctores intercambiaron fugazmente la información sobre el paciente. —Hombre, entre 30 y 40 años, herida de bala en el costado derecho— proclamó el conductor de la ambulancia. —Tenemos que operarle de inmediato— esclareció mientras conducían la camilla al quirófano. En el interior de la sala de operaciones los cirujanos trabajaban a contra reloj para salvar la vida de aquel hombre.

Los minutos posteriores avanzaron con lentitud, como si cada segundo constituyera una eternidad. Lanie tomó asiento junto a su amiga, reconfortándola entre sus brazos —Tiene razón, Lanie, es culpa mía—confesó Beckett con una voz tan tenue que solo la doctora alcanzó a oírla —yo debería estar sobre la mesa de operaciones, no él…— Explicó la inspectora ante la confusa mirada de su acompañante.

—Kate, por favor. Tú no le has disparado—exclamó Lanie tratando de eliminar tales ideas.

—Un tiroteo no es lugar para un escritor, nunca debía haberle dejado que me siguiera— Continuó Beckett

— ¿Acaso tuviste elección? — Comentó su amiga arqueando una ceja

—No, la verdad es que no—añadió su ella, dejando entrever una sonrisa al recordar como Castle se entrometió en la comisaría con la excusa de documentarse para sus obras.

En ese momento uno de los doctores irrumpió apresuradamente en la sala, reclamando a los familiares de Richard Castle. En un instante todos los asistentes acudieron a la llamada, en busca de información sobre el estado del escritor. —Hemos conseguido detener la hemorragia— informó el médico ante las expectantes miradas de los congregados. —Sin embargo la perforación del pulmón requiere algunas horas de intervención— aclaró de nuevo. —Les recomiendo que se vayan a descansar a casa, les informaremos cuando se encuentre fuera de peligro.

Esposito y Ryan decidieron acudir a comisaría para continuar con la búsqueda del francotirador, ofreciéndose para trasladar a Lanie. Martha logró convencer a Alexis para regresar a su Loft en un taxi. Beckett sin embargo se negó a abandonar la clínica, nada ni nadie logró inculcarle algo de razón. Permaneció allí durante horas, como un fantasma vagando entre los corredores del hospital sin mediar palabra alguna. Impaciente y aterrada por la posibilidad de perder a su compañero, la inspectora paseaba intranquila, aguardando desesperadamente alguna noticia.

En algún momento de la noche intentó extraer un café de la máquina expendedora para mantenerse despierta, pero aquello le recordaba demasiado a Castle. Desechó la bebida sin haber probado un sorbo del contenido y se dejó caer sobre el frio suelo, deslizando su espalda por la pared para sentarse. Pensó en todos los cafés que Castle le había traído cada las mañana durante los últimos tres años y lo mucho que echaría en falta la sonrisa de buenos días del escritor que acompañaba a cada vaso.

El sonido del teléfono tomó desprevenida a Beckett que se levantó de un salto. —Ahá, sí. Habitación 418. Gracias— La inspectora echó a correr desbocada por todo el hospital en busca de la sala donde habían trasladado a Castle.

En la puerta de la misma una enfermera la puso al corriente —No sabemos cuánto tardará en despertar. Aún está muy débil y necesita reposo, pero puedes hacerle compañía si quieres— Kate asintió con la cabeza y entró con sigilo en la habitación.

Sus ojos se inundaron de lágrimas al contemplar a su amigo tendido en la cama, pálido, con vendajes en el toso y apariencia de haber recibido una paliza. Pero aquel aspecto no le importaba, sonrió ante el panorama porque pensaba que jamás volvería a verle. Tras unos segundos de reflexión, y con el corazón aun galopando en su pecho, la inspectora tomó una silla y la depositó junto a la cama donde él permanecía dormido.

Beckett sonrió de nuevo y entrelazó sus dedos con los de su compañero. —Lo siento Castle, perdóname— susurro a su oído aun sabiendo que este no podía oírla. A continuación apretó fuertemente la mano del escritor, aferrándose a él como si pretendiera evitar que se alejara de nuevo de su vida. Y en aquella posición, rendida ya por el cansancio y las emociones, Kate se quedó dormida.

Despertó algunas horas más tarde, sacudida levemente por alguien. —Beckett, te has dormido sobre mi pierna— exclamó el escritor aun sin fuerzas.

Ella se levantó sobresaltada, miró fijamente a Castle y se lanzó a abrazarle. El novelista dejó escapar una muestra de dolor y ella se apartó recordando las indicaciones de la enfermera. —Cualquiera diría que me echabas de menos, inspectora— recriminó Castle con su tono de voz juguetón

—No te hagas ilusiones Castle, solo estoy contenta de ahorrarme el papeleo— contestó ella aceptando el amistoso desafío.

—Al menos tenía una razón para vivir— añadió él con una sonrisa

— ¿A si? — preguntó Beckett arqueando una ceja.

—Claro, ¿quién iba a terminar el libro de Nikki Heat? — concluyó Castle con una carcajada. Ambos rieron durante unos segundos antes de quedar en silencio, compartiendo amplias sonrisas de complicidad a través de la sala.

Finalmente la inspectora decidió continuar hablando —Voy a por dos cafés, prometo no tardar mucho—dijo mientras se dirigía a la puerta.

A mitad del camino se detuvo, parando en seco un instante antes de darse la vuelta hacia su escritor preferido. —Ah, y Castle… gracias— exclamó ella en un tono suave y cargado de emociones, —Gracias por estar siempre a mi lado, gracias por salvarme— concluyo antes de continuar su trayecto. Antes de que pudiera abrir la puerta escuchó la voz del escritor y se giró de nuevo hacia la cama con una sonrisa.

—Kate—
—Dime—
—Always—