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En este momento del tiempo
Capítulo II: Paraíso perdido
Había conocido a Midna en la universidad, alta y orgullosa como una torre de marfil. Destacaba en especial su pelo rojo y su lengua filosa, su modo de hablar era como ver a una serpiente; peligrosa y aun así cautivadora. La única persona que había ganado a Zelda en un concurso oratoria y retórica. Todas las señales apuntaban que serían rivales, enemigas. Hubieran chocado de no ser por una fiesta de tercer semestre ¿Había sido en septiembre u octubre? Zelda no lo recordaba ya. Solo recordaba el sabor de la mimosa, de las cervezas. Recordaba la música a todo volumen, las risas, las luces de colores que se apagaban y prendían. Recordaba haber salido a tomar aire y encontrarse a Midna vestida como reina, sentada en la banqueta de la esquina. Recordaba sentarse junto a ella y las carcajadas. Recordaba sus besos.
Zelda no era ajena a las relaciones sentimentales, pero nunca era fácil para ella mantener dichas relaciones más allá de los 3 meses. Al principio el término "amigos con beneficios" le repelía, no por otras personas, sino por ella. A veces no podía evitar ver con admiración a Ruto, que podía disfrutar de sexo sin lazos emocionales, sin caer tan rápido en la estupidez de tener un crush.
Sin embargo esa noche se encontraba acariciando la idea de esa posibilidad, pues entre todos los besos, caricias y gemidos ambas sabían que no era necesario empujar las cosas a la formalidad. Ambas sabían que al día siguiente podían actuar como si gran cosa no hubiera pasado. Pero Zelda decidió quedarse con Midna el resto, no solo de la noche, también del fin de semana.
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Las roturas pueden ser algo divertido, especialmente cuando terminas de llorar: Hay nueva música, nuevos lugares que ver, buscar empleos, una nueva planta (tu primera planta). Una nueva actividad, una nueva película que ver en el cine, volver al gimnasio… gente nueva. Sin embargo Zelda no acababa de llorar; el vacío o mejor dicho hueco emocional que sentía era muy grande todavía como para llenarlo de cosas y actividades.
En especial porque tener tiempo significa tenerte a ti mismo, soportarte a ti mismo. Sin la escuela, sin el trabajo, sin Midna, sin su padre. El tiempo que Zelda usualmente vivía se volvía cada vez más desarticulado de la realidad con el mundo exterior. Un día podía durar una semana y una noche se volvía una hora sin sueño. Así pasó su primera semana, lejos del contacto humano, incluso lejos de las redes y mensajes de texto, haciendo nada, comiendo lo necesario y viendo cualquier cosa que hubiera, viendo porno sin sentir siquiera algo de rubor o ver un documental no absorbiendo la información.
Hubiera seguido así, de no ser porque un buen día Ruto le envió un mensaje, quería cenar en un nuevo restaurante de lujo y por el momento ninguno de sus pretendientes se encontraba con tiempo libre. Zelda suspiró y se metió al baño; la cita era para esa noche. Escogió un vestido verde, elegante pero no revelador, se puso unos tacones bajos, cargó la batería de su celular. Finalmente salió a la calle con un poco de maquillaje y perfume, llamó un taxi y se encamino al centro lujoso de la ciudad.
Ruto y ella habían sido amigas desde la más tierna infancia, al ser ambos sus padres ricos empresarios y ambas perdiendo a sus madres más o menos al mismo tiempo. Era difícil no acercarse a ella durante la escuela, solo las diosas sabían que tan afortunadas eran de tenerse la una a la otra, aunque fuera a medias, aunque su relación fuera más por lazos externos que internos, Zelda apreciaba bastante a Ruto.
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El lugar era bastante elegante, más de lo que Zelda esperaba, incluso siendo hija de alguien rico ¿Cuánto dinero era suficiente para la gente? En serio ¿Cuánto dinero necesitaban? Mientras batallaba internamente consigo misma, observando el nuevo lugar, se preguntaba que podría hacer para el siguiente evento de caridad, aunque si ella necesitaba ser honesta consigo misma, sabía que ese acto era contingente… mientras mascaba la idea de capitalismo y el pobre que es pobre porque los ricos no dejaban de chuparles la sangre (ideas que tenía como cortesía de una clase de filosofía que se había colado un buen día) Ruto apareció.
Su piel morena brillaba bajo las luces del restaurante, su vestido de color agua marina ayudaba a crear la ilusión de estar ante una sirena, sonreía mostrando todo su encanto y en su pelo corto presumía una diadema llena de brillantes swarovski. En suma: estaba preciosa y Zelda no pudo evitar una sonrisa por su parte, el entusiasmo de su amiga era realmente contagioso.
Cenaron y hablaron de cosas cotidianas, mejor dicho: Ruto acaparó la conversación entera. Hablaba de la compañía de su padre, el escándalo que formó Zelda cuando anunció salirse de la carrera (aunque fuera temporalmente), un nuevo vestido, su reciente colaboración con una compañía de joyería, de su más reciente novio (o compañía), habló de todo, menos de Midna.
Sin embargo, eventualmente y mientras esperaban el postre su amiga finalmente calló y Zelda podía sentir el sentimiento; casi subterráneo, casi imperceptible; de que por primera vez en años de amistad Ruto finalmente podía verla a través de su alma. O al menos por poco, pues pronto llegó el postre e interrumpió cualquiera que fuera el pensamiento que su amiga se estaba formando. Comieron en un silencio casi cómodo, un poco fuera de lugar, como usar ropa cerca de un balneario, como usar un lápiz sin sacarle punta. Y cuando finalmente pagaron la cuenta y se dirigieron a la salida Ruto propuso salir a un parque cercano.
—Lo siento por lo de Midna, —pronunció su amiga, en un tono de disculpa y lástima que usualmente Zelda odiaría.
Sin embargo el gesto le pareció agradable, no por el tono, sino porque Ruto de entre todas las personas reconocía su dolor, se preocupaba por ella y ella misma no pudo evitar sonreír un poco.
—Todavía duele. —Zelda esperaba que la otra chica se diera cuenta de que aún no quería hablar de ello.
—Lo siento, me prometí no hablar del tema, pero la verdad es que Midna se encuentra más irritable que nunca, bueno, no irritable. Quizá el término más apropiado sería "fría".
—¿De verdad? —Preguntó asombrada Zelda por el adjetivo.
Había dos cosas que comprender de esa conversación, uno era que Midna y Ruto no compartían ninguna clase, de hecho ellas apenas y se hablaban, no por una cuestión de celos, sino porque Midna era muy cerrada de entre su propio círculo social, al igual que Zelda. Lo segundo que se debía comprender era que Midna siempre había sido catalogada como "irritante", era grosera de una manera increíblemente formal pero dicha actitud se mostraba pocas veces, acaso cuando se enojaba por actitudes degradadoras o groseras por parte de otra persona. Así que el término "fría" era un tanto nuevo para Midna.
—No la conozco mucho, —dijo Ruto, como adivinando el pensamiento de su amiga. —Pero otros de tus compañeros de clase se acercaron a mí un día queriendo saber que te había pasado. Yo solo respondí que no sabía nada y era igualmente sorpresivo para mí, y cuando les propuse que Midna sabría mejor me respondieron, y te juro que no es mentira "tan pronto como le mencionas el nombre de Zelda se queda callada".
Zelda sintió un pinchazo en el corazón. Y muy pronto Ruto lo notó en sus ojos.
—Lo siento. Quería saber que había pasado pero veo que es muy pronto para hablar de ello.
Zelda no respondió. No sabía que pensar ¿Debía decírselo a Ruto?
—Tan pronto como supe que abandoné la carrera se enojó y me dejó. —Zelda lo dijo de manera tan natural que incluso ella se sorprendió de no haber caído en lágrimas ese justo momento.
Ruto abrió los ojos, sorprendida y anonadada.
—¿No te dijo nada?
—Ella pidió que respetara su privacidad, del mismo modo que no le conté mis razones para salirme y sin aviso previo.
—¿Qué? Wow. No sé qué decir.
—No hay nada que decir, se acabó.
En ese momento Zelda sintió su corazón caer ante el abismo: sí, se había acabado.
Quería llorar, quizá ese era el momento justo para llorar, pero la impresión de esa afirmación era más grande que no dejó espacio para otra reacción en su cuerpo excepto esa parálisis momentánea.
Ruto esperó hasta que su amiga reaccionó y dejó de hablar el resto del paseo.
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El edificio de Zelda se encontraba cerca de una pequeña librería independiente, Ruto decidió acompañarla mientras veía unas revistas, mentalmente Zelda evitó la sección de auto-ayuda y se dirigió a la sección de poemas. Mientras recorría delicadamente con sus dedos los libros acariciaba una nueva idea: leer más. Después de casi cuatro años de libros de derecho, retórica y leyes se encontraba hastiada de esa clase de lecturas, al menos las lecturas de casos eran interesantes, pero podían también ser bastante deprimentes.
Sus dedos toparon con otra mano.
—Lo siento. —Se disculpó Zelda de manera sorpresiva, pero su sorpresa fue más grande al ver al chico poeta de la otra noche.
Era más alto frente a frente, le sacaba quizá una cabeza a Zelda, su pelo rubio se encontraba atado en una cola de caballo, sus ojos eran azules y cristalinos. Pero a pesar de su inherente belleza Zelda pudo notar las ojeras del joven, los dedos curtidos por algún trabajo manual. Notó sus labios secos y en general la sensación de cansancio que despedía. Finalmente hubo un detalle por encima de los demás que hizo que Zelda desviará la mirada, pues en su cuello, de manera muy coqueta y muy mal cubiertas por una bufanda azul se encontraban unos chupetones, ciertamente recientes.
—Suertudo. —Pensó Zelda.
Lo hubiera ignorado de no ser por Ruto que lanzó un gritito de felicidad al ver al particular joven.
—¡Link!
—¿Ruto? —exclamó el joven.
—¡Lo sabía eras tú! —Saltó de felicidad Ruto. —¡Hace años que no te veo!
—Oui —respondió de manera sencilla, con una gran sonrisa en la cara que le quitó de encima parte del cansancio que arrastraba.
—Oh, ¡Mis modales! Link, ella es mi amiga Zelda, Zelda él es Link, un viejo amigo.
Zelda no pudo evitar hacer una mueca de confusión, ella también era una vieja amiga y no recordaba ni su nombre ni su apariencia en cualquier foto o conversación del joven en los años que llevaban de conocerse. Al ver su expresión de confusión Ruto aclaró algo que mientras para el susodicho Link pasó desapercibido Zelda sí recordaba.
—Es el hijo de mi mecánico.
Ahora recordaba, hacía unos años, durante sus 18, Ruto había sufrido de un mal de amores que sobrepasaba incluso los que le sucedieron después. Si no recordaba mal la historia era la siguiente: el susodicho se había ocupado de reparar un viejo clásico que Ruto amaba por ser de su madre, dicho automóvil era un Camaro de los 70's de color azul zafiro. Su mecánico le había pasado el trabajo a su hijo pues era él quien se especializaba en restauraciones de dicho tipo, trabajos que realizaba desde que tenía 15 años.
Y si no recordaba mal Ruto fue rechazada, la primera y única vez que había pasado algo de ese tipo, después de todo ¿Quién en su sana mente rechazaba a la hermosa, inteligente y adinerada Ruto? Ella intentó todo lo posible y más por conquistar al joven, pero al final 2 meses pasaron y Link le devolvió las llaves del coche restaurado y declinando una cita al cine.
Zelda le extendió la mano a Link.
—Encantada de conocerte. —Le dijo con una sonrisa cara a cara, recordando su poema y las memorias de una joven Ruto que saltaba de emoción por un joven que Zelda apenas y conocía.
—Igualmente. —En el rostro del joven una delicada sonrisa le devolvió la suya propia.
—¡Oh Link! ¿Vamos por un café? Me gustaría saber cómo has estado.
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Link aceptó la invitación pero el café tuvo que ser en el apartamento de Zelda. El restaurante que se encontraba justo enfrente de la librería había cerrado unos momentos antes. Y para ser justos la noche estaba bastante entrada, pero ninguno de los presentes se encontraba atareado: Zelda no tenía que atender a ninguna parte, Ruto tenía clases en la tarde y Link aceptó por aparente falta de sueño.
—Sufro de insomnio. —Le explicó en un susurró a Zelda, mientras ella abría la puerta de su departamento.
Mientras Zelda ponía a calentar agua podía escuchar la conversación de ambos, fue así como se enteró de cómo, a pesar del corazón roto de su amiga, ambos habían mantenido una amistad más o menos saludable por internet. Se seguían mutuamente y a pesar de no haberse encontrado cara a cara por casi 5 años, sabían, hasta cierto punto, de la vida de cada quien.
Cuando el café y las galletas estuvieron listas Zelda les sirvió la mesa y se sentó de manera discreta cerca de su amiga. Como siempre Ruto acaparó la conversación, pero Link parecía acostumbrado a ser escueto con sus palabras, escuchaba con atención y respondía con un ocasional: "Sí, no, claro". A pesar de eso Zelda llegó a enterarse bastante de la vida del joven. Como su trabajo; al parecer lo de mecánico era solo por diversión y su verdadera ocupación se centraba en el arte, supo de su reciente vida como el evento de poesía (y mientras Ruto relataba la historia de cómo no había podido ir por una cita con su padre Link observó a Zelda quietamente). Su pareja, aparentemente un hombre que le doblaba la edad y Zelda no pudo evitar pensar en los chupetones.
Eventualmente el reloj marcó la una, Ruto dio un aplauso y anunció que era mejor dirigirse a casa. Zelda y Link se dirigieron a la entrada y le consiguieron un taxi, aparentemente Link se había mudado a la zona recientemente por lo que él no necesitaba de algún servicio.
—Además soy hombre, no es cómo si tuviera miedo, —dijo a modo de burla mientras Ruto se acomodaba en el asiento trasero de un taxi, pero la verdad era que tenía razón.
—Todavía te pueden robar, —contestó en un parpadeo Zelda.
—Es cierto, pero dudo mucho que quieran algo como esto, —afirmó mientras sacaba su celular; era un modelo muy viejo.
—¡Adiós Link, Zelda! —exclamó Ruto mientras el taxi se dirigía a su destino.
Ambos agitaron sus manos en señal de adiós.
Mientras el carro desaparecía por la calle Zelda no pudo evitar mirar al joven, a su vez él también le dirigió la mirada. Se estuvieron midiendo así, por un rato, sin gran hostilidad ¿Por cuánto tiempo fue? Un minuto o dos horas no importaba.
—Te recuerdo, —finalmente pronunció el joven. —Estabas en el evento de poesía, te recuerdo porque estabas llorando y sonreías al mismo tiempo, pensé que te había llegado, que mi poema te había llegado.
—Sí, estaba ahí, —afirmó en un susurro. —No sabía qué hacía ahí ese día, si debo de ser honesta, pero me alegro haber ido.
—Ya veo, —dijo Link al extender su mano por segunda vez en la noche. —En ese caso, yo también me alegro.
Zelda le devolvió el gesto y apretó su mano, despidiéndose.
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Las roturas pueden ser divertidas cuando terminas de llorar, lo que no es tan divertido es organizar otra vez tu vida desde cero. Tener tiempo significa tener posibilidades, un sinfín de caminos y darte cuenta de que tienes que escoger entre uno u otro. Pero si había que comenzar de una manera u otra la mejor manera de hacerlo era limpiar.
Zelda comenzó lavando las cobijas de la cama y la ropa, barrió el piso, lavó los trastes, recogió la mesa… y entre las tazas de café de la noche anterior se encontraba descansando un libro de poesía.
Era una antología de poemas, y era el mismo libro que Link había comprado la noche anterior, muy posiblemente se le habría olvidado.
Decidió enviarle un mensaje de texto a Ruto.
(Tú) 12:23 pm – ¿Ruto? Tu amigo dejó su libro en mi mesa.
(Ruto) 12:26 pm – oh, uhm, dejame enviarle un mnsj ok?
(Tú) 12:26 pm – De acuerdo, gracias.
Mientras revisaba su celular se dio cuenta de que sus últimos mensajes habían sido de hacía un par de semanas y rara vez recibía algo, excepto por Ruto. Algo que era difícil de ignorar era el bloqueo de Midna así que decidió borrar sus chats de la aplicación. Algo que le costó sus buenos 15 minutos de contemplación, pero al final su nombre y su foto no aparecía entre las conversaciones anteriores.
También tenía sin leer otras conversaciones que eran un tanto extrañas y casi morbosas desde mensajes tipo "recupérate pronto" hasta un "escuché que te dejaron" y finalmente había una conversación que destacaba por las demás: Era por parte de la vicepresidenta de la compañía de su padre y una vieja amiga quien le había mandado mensaje para encontrarse con ella en una comida… de la semana pasada.
Mientras la joven contemplaba el modo de responder a ese viejo mensaje de texto recibió otro mensaje.
(Número desconocido) 2:33 pm – Hola? Soy Link
(Has aceptado este número entre tus contactos)
(Has renombrado "Número desconocido" a "Link")
(Tú) 12:38 pm – Hola Link espero no molestarte, no sé si quieras que te lo envíe por correo o nos encontremos en algún lugar.
(Link) 12:38 pm - ntp, de hecho justo ahora he tenido que salir de la ciudad por un mes y no habra nadie en mi apartamento para recibir el paquete y para ser honesto no creo que sirva que se lo des a Ruto, ella y yo apenas nos vemos de vez en cuando, pero le puedes entregar el libro a mi novio.
Por supuesto, Ruto era una de esas personas que tenía una agenda ridículamente apretada, necesitaban de otra persona.
(Link) 12:40 pm – a menos de que te incomode la idea y me esperes hasta el siguiente mes
(Tú) 12:41 pm – Por mí no hay problema. Estoy libre cualquier día a todas horas.
(Link) 12:41 pm – you lucky girl, ok, dejame le envió un mensaje de texto para hacerle saber de la situacion y cuando podrian encontrarse o si se lo envias por paqueteria express or something like that
(Tú) 12:45 pm – De acuerdo.
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Cuando Zelda finalmente terminó de limpiar su apartamento por completo estuvo bastante orgullosa de sí misma, en el proceso se había desecho de ropa y zapatos viejos (objetos que habían sido catalogados y colocados en bolsas negras para caridad), varios papeles desactualizados, plumas rotas y productos de maquillaje. Mientras comía algo de arroz recién hecho se fijó de nuevo en su celular: había recibido un nuevo mensaje de otro número desconocido.
(Número desconocido) 6:54 pm – Hola, soy la pareja de Link, aparentemente él dejó un libro con usted.
Ruto siempre se había burlado que Zelda mensajeaba como un anciano, con perfecta ortografía y puntuación, pero el novio de Link parecía ganarle con su cortesía.
(Tú) 7:12 pm – Hola, sí, es verdad. Le comenté a Link la posibilidad de enviárselo a usted por paquetería.
(Número desconocido) 7:12 pm – Creo que no hay necesidad de enviarlo por paquetería, mi correo siempre es revisado antes de que llegue a mi persona y dadas las circunstancias parece innecesario.
—¿Qué clase de correo es revisado antes de llegar a la persona de uno? Quizá de un presidente —pensó Zelda un tanto impresionada.
(Tú) 7:13 pm – Por supuesto. En ese caso ¿debería de proponer un lugar de encuentro?
(Número desconocido) 7:14 pm – Si no le importa me gustaría proponer el lugar yo.
(Tú) 7:15 pm – No, no tengo ningún problema.
(Número desconocido) 7:17 pm – Excelente, el lugar de encuentro sería en las afueras del restaurante del hotel "Mirage" a las 10:00 am ¿No tendrá ningún problema con eso?
(Tú) 7:16 pm – Me parece bien, si no mal recuerdo es el restaurante que está en el centro de la ciudad ¿verdad?
(Número desconocido) 7:17 pm – El mismo.
(Tú) 7:20 pm – Perfecto, entonces quedamos.
Cerca de ese hotel también se encontraba la empresa de su padre y finalmente supo que responder al mensaje de texto de la vicepresidenta.
(Tú) 7:24 pm – Hola ¿Impa? ¿Todavía crees que podamos desayunar juntas?
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El hotel era famoso por su longevidad, antes siendo parte de una antigua casa real hasta la Tercera Gran Guerra en dónde la monarquía de la antigua Hyrule había desaparecido y siendo reparada prontamente como parte de una restauración turística que el primer presidente decidió realizar. Se habían restaurado estatuas y cuadros así como parte de la infraestructura. Era un lugar que Zelda solía frecuentar cuando era niña y acompañaba a su padre durante el desayuno de los fines de semana y vacaciones. El exterior del edificio cubría a las banquetas de la luz del sol y en las columnas las palomas reposaban con su leve cucurreo.
Se había vestido lo más elegante y casualmente que podía, usando un vestido-pantalón azul marino y una blusa elegante blanca, se había peinado con una media cola y tenía puestos unos zapatos elegantes, sin maquillaje y sin perfume. Mientras revisaba su celular dándose cuenta pronto de un gran error que había cometido: ni el novio de Link ni ella habían intercambiado sus respectivos nombres.
Mientras esperaba pacientemente en la entrada de dicho restaurante y checaba constantemente su celular pudo observar que una limo se acercaba al restaurante, y cuando se paró enfrente del restaurante la ventanilla empezó a bajarse ¿quizá era él? ¿Quién podría ser?
Era su padre.
—¡¿Zelda?! —Su padre estaba igualmente de sorprendido que su hija y había asomado la cabeza entera por la ventanilla.
¡¿?!
—Nohansen, —otra voz interrumpió, una voz femenina, que calmó inmediatamente cualquier loca idea que Zelda estaba conjurando en su mente. Era Impa, con quien había acordado de desayunar en el restaurante. —Tenga cuidado, estamos en medio de la calle.
—Oh cierto, —se disculpó su padre.
Una tercera voz masculina interrumpió.
—Necesito bajar, si me disculpan tengo que encontrarme con alguien. —Mientras que la voz aparentaba cierta calma, no podía ocultar su prisa.
—Lo siento, es solo que mi hija está esperándonos también.
—¿Su hija? —Preguntó la voz mientras Nohansen abría la puerta y dejaba ver al tercer acompañante.
Ahí, sentado en la limosina, vestido de un elegante traje negro, con unos ojos tan duros como los vientos del desierto y una pose digna de un rey, se encontraba uno de los rivales de la compañía de su padre: Ganondorf Dragmire.
Notas de la autora:
En lo que respecta a este universo alterno podrías decir que la magia se acabó y lo que quedan son vestigios, y de alguna manera metí un par de clichés sin darme cuenta: almas gemelas… y reencarnación. Voy a ser honesta: se me escapó de las manos, así que…. Eh… no me esperaba eso… supongo que esto es a lo que llaman la muerte del autor, jajajaja. Lo chistoso es que sí me morí mientras escribía este capítulo. Me morí de gripa lol.
Por cierto un dato curioso: el modo en como Zelda escribe sus textos me lo topé con un amigo de la universidad, sí, sí hay gente que escribe así (con todo y punto final :O) y el modo de textear de Link se basa en el mío, en donde mezclo bastante el inglés con español.
Muchas gracias EgrettWilliams y a todos los lectores que han llegado hasta aquí, si gustas dejar un comentario lo agradecería mucho
¡Qué tengan buen día!
