II. La propuesta

Un gran grupo de personas deambulaba por toda la residencia de los Patata, en la decoración había muchos globos de color rosa y azul.

El pequeño Lonzo se escondía de sus padres, intentando ocultar su motín, una torre de pastelillos que había tomado de la mesa de bocadillos. Camino rápidamente del jardín hacía el segundo piso, tal vez sí los escondía en la recámara de su prima, podría comerlos tranquilamente. Cuando estaba apunto de entrar, sintió una fuerza que lo empujaba hacía atrás, y vio cómo el pomo de la puerta se giraba solo. El pequeño se quedo atónito viendo cómo la puerta se abría sola y sus pastelillos se iban flotando. Lonzo sólo atinó a correr y contar a su tía lo ocurrido.

En la habitación de Elena todo estaba en penumbras, un grupo de monstruos toco la puerta .

-¿Quién es?

- Ser yo.

- Adelante.

- ¡Gracias! ¡Hola Elena! – Saludó Bombo con alegría.

- ¡Es la grandiosa guardiana en entrenamiento para ti! ¡Irrespetuoso! – Bu le golpeo el hombro a su amigo – Discúlpalo, ya sabes cómo es.

- ¿Qué los ha traído hoy hasta aquí? – Elena estaba sentada en su escritorio mientras cepillaba a Sfrucio en sus piernas.

- Bien… nosotros querer pedir favor a Elena.

- ¡Se aparecen sin anunciarse, el día de la fiesta de mis hermanos, y a…! ¿Pedirme un favor?

- Mi sentir, no saber que ser hoy, pero nosotros necesitar tu poder.

- ¿Mi poder?

- ¡Sí el poder de… la domadora de domadores!

- Yo…

- ¡Lo que queremos es ganar los zapatos de Zick!... ¡Oh, oh! – Los monstruos vieron con espanto a Bu, que había osado interrumpir a la nueva guardiana.

-Tranquilos… pese a su comportamiento, yo los ayudaré. Aunque no logro entender cómo, ¡yo no domo domadores!

- ¡Oh claro que sí! Hemos visto tu don muchas veces. – El bobak afirmó con seguridad.

- Tú eres la única persona a la que Zick obedece y teme, nisiquiera a Greta a veces. – Todos los monstruos asintieron al mismo tiempo.

- ¿Oye Elena sabes de casualidad dónde están los mons…? – Zick entro a la habitación de su amiga de golpe, provocando que todos los monstruos y la chica se le quedaran viendo con temor. -¡Con qué aquí estaban! ¿Contra quién están complotando?

- Contra nadie… ¡Bombo inocente! – Todos golpearon sus frentes con frustración hacía el gordo monstruo.

- ¿Cuántas veces les ha dicho Timothy que no deben escapar del oasis? ¡Esta vez ya no los cubriré más! ¡Pase la última hora buscándolos!

- Ellos llevan aquí solo diez minutos.

- No es que nos detuvimos en la mesa de aperitivos.

- ¡Ya verán el castigo que Timothy les dará!

- ¡Oh vamos Zick, sólo tenían ganas de verme!

- ¡La abogada defensora ha entrado en acción!

- No soy su abogada, si no futura guardiana, vamos tenles un poco de paciencia… ¿Oh no son mis amigos también ahora?

- Claro que lo son.

- Entonces que los amigos visiten a los amigos no hay ningún problema, ¿Entonces no los acusarás?

- ¡Bien, de acuerdo! ¡Pero ya vuelvan a casa, ustedes no están invitados!

- ¡Sí Zick!

Elena guiñó un ojo a los monstruos y estos le respondieron emocionados con una sonrisa. Un fuerte lazo y una divertida complicidad se había iniciado ese día.