Capítulo 2
"Goku, el humano"
Después de decidir que la convencería, Raditz se levantó de su cama para caminar hasta ella y se acercó tanto que la chica lo intentó echar a empujones y golpes. Eso simplemente lo hacía sonreír pero no iba más allá si ella no lo quería, su intención era la de hacerla quererlo y si la forzaba no estaba cumpliendo con su palabra. Una vez que se tranquilizó y Milk lo aguantaba a dos pasos de ella, Raditz alargó un brazo para tocarle un hombro y la terrícola se tensó. No movió ningún centímetro su mano hasta que la morena volviera a relajarse y Raditz se mordió el labio inferior al saber que podía volver a intentar algo. Primero acarició con el dorso de la mano el cuello femenino y al comenzar a subir por él, sólo utilizó la punta de sus dedos para hacerla estremecer. Al llegar a su mandíbula, Milk empezó a aspirar aire tan profundamente que el pecho subió y bajó tan pronunciadamente que fue difícil de no percatarse de ello. Al agarrarla fuertemente por la mandíbula para mantenerla quieta, Milk se retorció como pudo para soltarse pero no fue lo suficientemente fuerte para repeler el beso que vino después.
Fue un beso violento porque Milk no dejaba de sacudirse y tampoco hubo tiempo de una apertura de labios apropiada porque ella sólo abrió la boca para recibir a Raditz y morderlo intensamente en la lengua. El guerrero se apartó de un salto para atrás, con la mano sobre la boca y un dedo de sangre abriéndose paso por los labios. Aunque al principio la miró ofuscado, el verla aspirando aire tan furiosamente como antes, con el pelo enmarañado sobre la cara y la mirada fija en sus pupilas, lo hizo emocionar.
El gigante se pasó la mano para retirar la sangre. Raditz se alejó con una risa a boca cerrada a donde tenía otra jarra de vino fresca y bebió un poco, la herida abierta en la lengua le ardió al instante y no hizo el intento por ocultar la mueca. Al volver a acercarse a la mujer, ella se había desplazado un metro en la dirección opuesta a la cama y se detuvo al saberse descubierta. Raditz le sonrió ampliamente con el ceño fruncido y le extendió la jarra de vino sin decir algo. Ella miró la jarra con un sentimiento de culpabilidad y esperó a que Raditz volviera a ofrecérsela un paso más adelante para aproximársele apenas como un ciervo asustado.
Al poner mano sobre el vino, Milk no pudo arrebatarle la jarra de las manos al gigante y lo miró furiosa, a punto de dedicarle un garabato, hasta que él se le pegó al cuerpo en un arrebato y esperó a que ella se tranquilizara. Acariciándole un brazo con la palma de la mano libre, Raditz logró desconcertarla y hasta logró que ella lo mirara hacia las alturas. El baile silencioso continuó cuando él arrastró la palma hasta su hombro, pasando por el cuello nuevamente y terminando en su mentón. Con la punta de las yemas acarició apenas el labio inferior y le introdujo un dedo hasta que sus dientes no lo dejaron avanzar más, fue entonces cuando lo deslizó hacia abajo. El labio inferior de Milk mostró su cara más interna, aplastado suavemente por el dedo índice de Raditz.
—¿Vino? —La pregunta fue más bien un aviso porque no esperó a que Milk asintiera o hiciera algo, la jarra fue inclinada sólo un poco para que Milk pudiera beber sin atragantarse. Sin embargo, el flujo de vino fue demasiado en comparación a la velocidad en la que tragaba y se comenzó a verter por entre la comisura de los labios terrestres. Raditz se lamió la boca antes de acercársele para sorber lo que se derramaba.
Milk no hizo esperar el empujón para que se apartara y lo vio sonreírle un paso más atrás, con el mismo hilo delgado de vino que se escurría por el mentón con fluidez.
—Sigues sin quererlo —murmuró él sin desánimo alguno y una sonrisa permanente en sus labios.
—Por supuesto que no —le rebatió con seriedad.
—Veremos cuánto te dura eso.
Raditz se llevó la jarra a la boca para dar sorbos colmados y la nuez de adán le bailó en su garganta tantas veces que Milk se vio atrapada mirándola subir y bajar. Al terminársela, Raditz dejó malamente la jarra sobre la mesa de donde había venido y se le acercó nuevamente, más somnoliento que despierto. Esta vez no fue delicado ni esperó a que ella lo golpeara para tranquilizarse, y la tomó de las muñecas con firmeza antes de voltearla para que quedara pegada a él. La abrazó con fuerza sólo para que dejara de patalear y le pasó la cabeza entre el hueco que formaban los hombros con el cuello. Después le bajó la camisola lo suficiente para que descubriera parte de la espalda y comenzó a besarla. Los besos eran lentos y estaban intercalados con su respiración profunda, Milk no supo qué fue lo que la hacía estremecer.
—¿Lo quieres? —preguntó nuevamente y a la humana le pareció que había imaginado su voz, Raditz le susurraba con la voz contenida.
—No… —respondió cuando decidió que no estaba escuchando voces irreales y sintió por primera vez el mareo del vino.
Raditz le masajeó brevemente la nuca con una mano antes de apoyarla sobre la base del cuello y obligarla a doblarse hacia adelante. La terrícola estiró los brazos para no azotarse contra la cama y el gigante se pegó a su espalda hasta que los codos se flexionaron. Antes de caer sobre la cama, Raditz la abrazó por la cintura con una mano y con la otra los sostuvo a ambos a centímetros de las pieles. Milk jadeó de la impresión y sintió cómo Raditz se reía con la boca cerrada, casi pegado a su mejilla.
—¿Ahora si lo quieres? —El aliento le acarició la oreja y la hizo jadear una vez más. El antebrazo de él se apretó contra sus piernas y Milk se pegó al nacimiento de las piernas de él en un abrir y cerrar de ojos, la calidez se sintió férrea entre sus glúteos—. ¿Lo quieres, humana?
—Nunca lo querré —volvió a responder con un hilo de voz, más sorprendida que asustada. Un gruñido fue lo que escuchó antes de que rebotara sobre las pieles con suavidad.
Ella no tuvo el valor de mirar hacia atrás hasta que lo sintió alejarse de la cama y se acomodó sobre la cama tan lentamente que Raditz no debería haberse cuenta que se estaba moviendo. Milk se deslizó por el borde hasta que sus rodillas se apoyaron el suelo frío. Estaba despegándose de las pieles cuando lo sintió revolverse enfadado y se paralizó en su posición hincada, Milk se volteó con miedo y lo vio bebiendo otra vez. A la terrícola le pareció que bebía demasiado.
—¿Es que no sabes que lo mejor que te pudo haber pasado es que yo te haya comprado? —Aquello lo hizo reírse abiertamente pero su humor cambió de burlón a enfadado en sólo un instante—. ¡Tonta! Pudiste haber terminado como presa en los reñideros o peor, en un burdel —hizo una pausa para beber otra vez—, aquí nadie puede dañarte, terrícola, y sólo tienes que estar conmigo. Sólo yo, no un centenar. Un solo hombre.
—No quiero acostarme con nadie —le respondió con tristeza, estaba apoyada en la cama y las pieles le acariciaban la mejilla. Si eso sería su vida no tenía sentido alguno vivirla. Raditz le sonrió con somnolencia mientras se le acercaba a pasos pausados y Milk se tensó cuando se hincó a su lado.
—Eso lo dice una virgen —le susurró en una oreja, el aliento le olía a vino—, pero no debes temer, lo virgen se soluciona en un momento —Raditz le sonrió con torpeza cuando le acarició miserablemente los labios—. Te prometo que sólo dolerá un poco, nada más.
Milk se permitió verlo a los ojos cuando su voz le pareció un tanto más afable y el gigante se sonrió sólo cuando eso pasó. Le pasó la yema de los dedos por la mejilla y ella tiritó de miedo, sin dejar de mirarlo a los ojos. Raditz se le acercó con lentitud. Sólo el límite de la cama la hizo detenerse cuando Milk intentó alejarse y el soldado le puso una mano en la nuca para acercársela. La terrícola no se resistió esa vez cuando Raditz la besó y aflojó la boca para que aquello terminara de una vez por todas. Nunca imaginó que estaría respondiendo después, luego de que las lenguas de fuego le calentaran las entrañas con cada movimiento de lengua o pequeño sorbo de sus labios que él le daba.
Sin percatarse cómo, Raditz le había puesto las manos en los muslos para despegarla del suelo y el perder el equilibrio la hizo abrazarse de él, con la sensación de que caería al suelo si no lo hacía. El hijo de Bardock se rió por lo bajo al verla de esa manera, llegando a pensar que esa debía ser su primera maniobra para ponerla más mansa. Cuando la apoyó sobre la cama, continuó besándola pero esta vez, Raditz estaba un tanto más desconcentrado. Él ya se encontraba desnudo desde la cintura para arriba y no se puso a pensarlo dos veces antes de tomar el cuello de la camisola de Milk y tirar. La mitad que cubría la espalda de la humana quedó en su lugar y la parte frontal quedó en el puño de Raditz antes de que él la lanzara para atrás.
—Te daré más —le aseguró Raditz al ver el rostro devastado de Milk y se la quedó mirando fijo unos momentos, su sonrisa fue la que más la hizo temblar.
El soldado se recostó a su lado, sobre el costado, cuando se cansó de sólo apoyarse con las manos y la humana no quiso moverse para no incitarlo a intentar disuadirla. Sólo podía escuchar su respiración y luego de unos momentos en los que pretendía calmarla, una mano se levantó en la oscuridad y se posó sobre su vientre. El contacto tan distinto de temperaturas produjo en ella el mismo resultado como si la hubiesen quemado y su pecho se infló tal como lo haría la contención de un quejido. Raditz se sonrió satisfecho y deslizó su palma por toda la superficie de Milk, bajo los temblores de su cuerpo. Al llegar al pecho, apretó una vez y se inclinó, la princesa esclava cerró los ojos con fuerza cuando lo vio acercarse a su pecho. Sólo sintió el beso de su lengua contra sus pechos generosos y el arqueamiento involuntario que sufrió su espalda, en parte repugnancia, en parte placer.
Lo que le siguió fue un desenfreno que no paró hasta que culminó. Luego de probarle el pecho, Raditz ya no tuvo momentos de calma y se sentó sobre su regazo para seguir besándole cada parte de su cuerpo que él consideraba suculenta. Pechos, clavículas, hombros, cuello, costillas y ombligo. Milk simplemente reposaba inerte sobre las pieles y con la vista en el techo, a veces una porción de pelo negro saltaba a la vista pero nada más. La humana sólo respiraba y a ratos, suspiraba con el deseo arrastrándose fuera de su garganta. Para cuando ya no podía tener las pupilas fijas y veía todo bajo una capa de niebla imaginaria, Milk prefirió cerrarlos y pasó la parte que más temía. Raditz tenía razón, el dolor sólo lo sintió un momento pero la vergüenza no se fue ni aunque afuera despuntara la mañana.
El gigante dormía a su lado y había pasado el brazo detrás de su nuca, por lo que Milk no podía moverse sin que Raditz lo notara. Aun así no lo hizo y limitó a mirar hacia arriba sin el deseo de dormir, el escucharlo roncar suavemente a su lado la hacía sentirse en un lugar más placentero si es que se tratara de otra persona. Milk suspiró negándose a llorar y se quitó la mitad de la ropa que le iba quedando, la inútil que sólo cubría la espalda, y su movimiento atrajo a Raditz de vuelta a la lucidez. El saiyan se reacomodó sobre su costado y le pasó el brazo por las costillas para tomar un pecho y el brazo libre le sirvió de almohada. La calidez de su estrechez la invitó a dormir luego de unos momentos y sin distinguir la realidad del ensueño, cerró los ojos hasta la mañana.
El sonido del agua corriendo fue lo que la trajo de vuelta a la vida. Había dormido más de lo que lo hubiese hecho en un día normal, imaginaba que los saiyan comían un desayuno abundante y por lo tanto, debía levantarse mucho antes que ellos para montarlo. Pero al ver a Raditz parado a unos pasos de la cama, echándose agua en los pectorales y en los hombros con pereza, y a Dende con un ojo abierto y otro cerrado; Milk no hizo más que saltar en la cama del asombro. No llevaba nada de su ropa puesta por lo que se subió hasta el cuello las pieles que Raditz tenía sobre su cama a modo de sábanas. El pelo que aún cubría el cuero le hizo cosquillas hasta el punto de ponerle la piel de gallina.
El arrebato hizo que el gigante la mirara de vuelta con una sonrisa y a Dende abrir ambos ojos tanto como pudo, seguramente no se había percatado que estaba ahí. Milk se sintió contaminada, sucia y pecadora. Raditz tomó la cadena que unía las muñecas del duende para despegarlo del suelo y alzarlo a la altura de su cabeza para torturarlo.
—Vete, gusano —le ordenó con una sonrisa antes de soltarlo y Dende se azotó contra el suelo antes de poder cumplir con su mandato. El tintinear de las cadenas que encerraban sus muñecas y tobillos cantaron hasta que sólo fueron un murmullo lejano y fue entonces cuando el gigante se volteó a verla con la sonrisa permanente.
Ella ocultó su desnudez sumergiéndose entre las mantas, la lucidez de la mañana la hacían arrepentirse de todo lo que había hecho horas antes, aunque todas sus respuestas eran «no», sabía que Raditz no iba a recordarlo. Milk sintió cómo se hundía en el colchón cuando él apoyó todo su peso en las manos que extendió a los lados de su cabeza y de pronto todos sus colores se oscurecieron, y su mata de pelo negro se deslizó por un hombro. El gigante arqueó la espalda para verla mejor y se lamió los labios antes de besarla otra vez. Milk frunció los labios al mismo que el ceño, no quería que se repitiera lo mismo que en la madrugada, se resistía. El sonido de pasos la hizo desconcentrarse un momento, juraba que escuchaba pasos lejanos, y en ese momento, Raditz le mordió el labio inferior suavemente.
—Alguien viene —se excusó un tanto ahogada por la seguidilla de roces y Raditz se sonrió pensando que mentía—, pasos…
—Nadie viene, ya eché al enano. Estamos solos otra vez —le prometió él mientras la acercaba tomándola de las caderas. Milk ahogó un chillido al verse movida y arrancada de las pieles que le ocultaban la desnudez pero eso no fue lo que oyó Raditz, sino los pasos que se acercaban con lentitud. El gigante gruñó ofuscado mientras echaba una piel sobre Milk para que Dende no la viera desnuda.
—¡Te dije que te fueras! —El grito de Raditz sonaba impaciente y ni siquiera se dignó a mirar hacia atrás para corroborar que era el niño el que volvía a irrumpir en la habitación, sin ponerse a pensar en que si las cadenas anunciaban su llegada o no. Milk en tanto enrojeció con vergüenza y miedo a la vez, mientras se cubría la cara con las manos, como si aquello hiciera que Bardock no la reconociera.
El gigante se percató de la reacción de Milk demasiado tarde y cuando se volteó a mirar a su padre en la entrada, toda la impaciencia se desvaneció tan rápido que pareció que jamás había estado ahí. Bardock miró a su primogénito con la misma expresión con la que había llegado y luego a la humana igualmente, como si su ausencia en la cocina fuera comprensible. Luego volvió a ver a Raditz sin variar la tensión de sus músculos faciales.
—Debemos hablar —aclaró con una calma seria—, ahora. Es sobre Kakaroto.
Sólo bastó esas pocas palabras para que Raditz buscara una prenda gastada para cubrirse el torso mojado, la tela pronto se pegó a la piel y dibujó los pectorales y los músculos en los brazos. Se retiró antes que su padre y Bardock se detuvo un momento para mirar los interiores de la habitación del gigante con detención, al dar con ella no titubeó al verla a los ojos.
—Ve a la cocina lo antes posible. —Y Bardock cerró la puerta sin más orden que aquella.
El barro se le pegó a las rodillas y toda la sección de la pierna con la que se apoyaba hasta los pies. El amputado se había desmayado cuando sus chicos lo movieron para que no se manchara con el charco de sangre que él mismo había formado con su herida a carne viva. Bulma se había sentado sobre los cuartos traseros del chicho y trabajaba sobre la llaga para cerrarla y así impedir que se desangrara hasta la muerte. Kakaroto no sería el primer saiyan en morir de una manera tan tonta, se lo había prometido a sí misma en una forma de expiar las culpas con respecto a su participación. La humana jamás se habría imaginado que quitarle la cola a un saiyan la haría sentirse tan miserable.
Sin percatarse de que Kakaroto había abierto los ojos, Bulma le dio las últimas suturas a su espalda más baja y se pasó el dorso de la mano ensangrentada para quitarse el sudor de la frente que le pegaba el flequillo a la piel. Se sentía cansada y en la habitación secreta de la taberna hacía demasiado calor, por lo que también se sentía sofocada. Sin percatarse, se había puesto a llorar y al limpiarse las lágrimas, las reemplazó por unas de color rojo. La sangre de Kakaroto le manchaba toda una mejilla.
—Ayúdame, por favor —su voz sonaba tan distante que Bulma habría jurado que estaba en otra habitación pero no dijo nada. Limpió lo más rápido que pudo la herida y lo cubrió con una venda que dio dos vueltas completas su cadera. El chico despertó antes de lo que habría querido y se forzó a sonreír. Su cola inerte yacía a su lado, dentro de un contenedor que la mantenía «viva».
—Calma, guapo —le dijo con la voz temblorosa, sintiéndose culposa—, el dolor pasará en un rato, te acabo de inyectar un analgésico.
—No —le dijo con sutileza—, necesito volver a mi planeta, debo decirles que Vegeta… —una punzada de dolor lo hizo apretar la mandíbula y por lo tanto, callar. Bulma le puso las manos en los omóplatos como para tranquilizarlo, quizás acariciarlo para que dejara de hablar—. ¿Por qué…? —preguntó con la voz entrecortada—. Nunca le hice algo malo a Vegeta, sólo quería ser su amigo…
—No confíes es nadie, muchacho —le dijo con seriedad—, ya viste lo que sucedió con él…—Kakaroto no dio indicios de que la hubiese escuchado y una pequeña lágrima le rodó por el ojo más próximo al suelo. Bulma no supo si se trataba de la tristeza o del letargo por el desmayo.
—¿Qué harás conmigo? —El amputado sabía que no estaba en condiciones de luchar y dependía mucho de la terrícola hasta que la columna dejara de acalambrarse, enrarecida sin su cola—. Vegeta…, Vegeta dijo que hicieras algo conmigo. Un saiyan vale mucho dinero, lo sé, pero ya no valgo tanto sin mi cola.
—Estoy segura que podrás encontrar tu camino a casa, tal como lo hice yo. —La muchacha comenzó a guardar sus implementos de curación—. Escapé de la trata de esclavos antes de que pudieran siquiera venderme —dijo ya parada a su lado al tiempo que les daba una señal a sus chicos para que se acercaran—, yo era sólo una niña y no sé nada de las peleas, a ti te irá mejor que a mí.
Kakaroto dio un quejido de dolor cuando lo tomaron de sus brazos y lo obligaron a ponerse de pie, pero por más que intentaran dejarlo erguido, él sólo arrastraba los pies. Bulma se sintió intranquila, aun no sabía si Vegeta lo había dejado parapléjico y le vio los pies con insistencia hasta que lo vio mover míseramente uno. Sólo así pudo continuar hablando.
—Te llevaremos hasta un vendedor, me dará el dinero suficiente para largarme de aquí —Kakaroto la miró con los ojos desorbitados, no entendiendo por qué tenían que traicionarlo tanto—, es la única manera de salir, yo llegué con dos chicos, no puedo salir con tres. —Bulma hizo una pausa cuando la culpa la calló—. Mira, muchacho, realmente lo lamento por lo de tu compañero pero no puedo llevarte conmigo…, es demasiado peligroso.
Bulma lo acarició con la punta de los dedos sobre su mejilla pero no soportó el contacto por mucho tiempo, si alguien la hubiese visto pensaría que la piel de Kakaroto estaba tan caliente como una brasa, pero no era el calor lo que la escocía sino que la culpa. Desde que había escapado de la subasta que la vendería como esclava, la terrícola había jurado que jamás ayudaría o confiaría en alguien, por lo que no entendía por qué se sentía mal en ese momento.
Kakaroto era demasiado joven para eso, como lo era ella en su momento, y era demasiado inocente como nunca lo fue Bulma. Pero era culpable, lo sabía, era hijo del planeta que había desolado al universo hasta que liberaron al dragón Porunga.
—Recuerda que eres un humano ahora, no eres Kakaroto —le dijo al momento de incorporarse y apartar la mirada. El rostro del amputado le decía que sí era quien ella negaba. «Es un tonto…»—. Necesitas otro nombre, uno de humano. Es más seguro así. Si alguien pregunta por tu herida, dirás que tu antiguo dueño pretendía hacerte pasar por un saiyan para venderte más caro. —Bulma lo buscó para saber si había entendido pero él no la estaba mirando ni tampoco parecía escuchar—, eres Goku, el humano.
—Goku, el humano —repitió él sin mucha fuerza, a Bulma le pareció que aún se resistía—, no soy…
—Lo eres —lo interrumpió ella—, eres Goku; no Kakaroto, el maldito. Sólo eres un humano esclavo y nadie te reconocerá. Nadie mira a los esclavos.
—Pero si no me reconocen… —aquello lo había perturbado pero ya se había puesto tan pálido que la terrícola dudaba de su lucidez—, mi padre y mi hermano jamás sabrán a donde fui. ¿Cómo irán a buscarme?
—No lo harán —le aseguró Bulma con la lengua un tanto torpe, se sentía mal—, olvídate de ellos como yo olvidé a mi familia.
El amputado frunció los labios con el mentón bailándole de arriba y abajo, sabiéndose impotente. Uno de los chicos de Bulma se movió hacia la izquierda y se acercó a la ranura que había visto cuando intentó escapar de la locura de Vegeta. La puerta auxiliar se abrió de par en par y dio paso a una luz brillante, era tan blanca que Kakaroto tuvo que cerrar los ojos para que no le dolieran. Le tomó mucho tiempo acostumbrarse a ella y para cuando lo hizo, el chico de Bulma que todavía lo sostenía lo había movido muchos pasos hacia el exterior sin que se diera cuenta. Al ver hacia abajo vio cómo sus pies no se levantaban del suelo sin que lo obedecieran en absoluto. Antes de espantarse completamente, una voz ronca lo hizo mirar hacia el frente.
—Estás vendiendo a tu propia especie —el esclavista le hablaba a Bulma, el chico lo sabía muy bien. Los labios fruncidos en una mueca de desprecio lo hizo darse cuenta de lo obvio, vender esclavos no estaba mal visto pero el vender a tus hermanos, sí. «No soy un humano, soy un saiyan…, un saiyan amputado», pensaba Kakaroto sin poder decirlo en voz alta. Su columna cortada lo había silenciado a calambres.
—Cállate —la mueca de Bulma era tan fea como la del esclavista pero el comprador aun así le extendió gemas y objetos de valor, el dinero en ese universo desordenado—, es un humano joven, puede hacerlas de guardia o de trabajos pesados.
«Guardia no, no quiero morir inmolado.»
Pero Kakaroto no podía hablar porque sabía que estaba mal. Ser humano era mejor que ser saiyan, lo sabía, nadie lo odiaría por su sangre, sólo lo despreciarían por ser débil como los de la especie de Bulma. Aun así…
El esclavista lo olisqueó de cerca, seguramente podía reconocer enfermedades por su perfume y cuando se retiró, el joven supo que tenía la esencia correcta pero sus piernas no se apoyaban por sí solas. Al patearlo un par de veces y no responder, su comprador frunció tanto las cejas como su boca, Kakaroto debía mover las piernas si quería que todo fuera bien. Pero por más que lo intentara, sólo conseguía mover miserablemente una rodilla. El esclavista le escupió entre los pies.
—¿Qué le sucede en las piernas? Está roto —Kakaroto pensaba que había sido muy tonto al pagarle antes de que se diera cuenta de sus piernas—, no puedo comprar un esclavo que no puede trabajar. No existen esclavos que se sientan a hacer nada.
—Su antiguo dueño lo hirió en la cadera para que pasara por un saiyan, está adolorido, eso es todo —Bulma parecía insegura pero aquello no lo percibió su comprador—, va a caminar por sí solo, lo juro.
Kakaroto llevó la vista hacia adelante, buscaba algún indicio de que el contrabandista se arrepintiera de comprarlo, el joven amputado esperaba que lo hiciera porque prefería quedarse con Bulma, no con ese alienígena inmundo. Pero el aludido le molestó que lo mirara a los ojos y terminó por estrellarle la palma de su mano sobre sus sienes.
—Le falta entrenamiento, debería saber que no debe mirar a nadie a los ojos, menos a sus amos. —Bulma le dedicó una mirada fea y Kakaroto no volvió a levantar la vista, aun así la miraba de reojo—. ¡Párate, inútil!
—Hazlo —le pidió ella de una manera más afable pero él quiso hacerse el sordo, si se levantaba se lo llevarían—. ¡Hazlo, Goku!
«No soy Goku, soy Kakaroto y soy un amputado, no un humano»
—Haz que se levante por si sólo o te quedas sin mi dinero, estúpida traidora —el comprador se dio la vuelta y el chico se permitió ver a Bulma directamente a los ojos como no lo podía hacer un esclavo humano. Ella tenía un semblante triste y a la vez, enfadado. No había que escucharla hablar para que Kakaroto supiera que la estaba traicionando sin saberlo, y no pudo evitar agachar la cabeza en una desilusión.
Sin saber por qué lo intentó, Kakaroto apretó la mandíbula con tanta fuerza que pensó que toda la sangre se le agolpaba en la cara hasta ponerlo rojo. Las piernas no le respondían como quería pero aun así no dejó de intentarlo, las venas de la frente se le hincharon y el alboroto que hizo al ahogar un aullido de dolor hizo que el contrabandista se volteara a mirarlo con sorpresa. El chico de Bulma que lo sostenía de un brazo lo miró también, cuando su agarre se empezaba a aflojar debido a la nueva altura que iba ganando el amputado. Las rodillas le sostuvieron el peso y sus piernas se estiraron hasta que sus pies se enterraron en el suelo arenoso. Cuando estuvo parado por sus propios medios, Bulma hizo que su chico alienígena se apartara y el chorro de sangre humedeció la espalda más baja de Kakaroto cuando su herida se abrió. La venda pasó del blanco sucio, al rosado y terminó en el rojo profundo.
Kakaroto jadeó por el esfuerzo y el contrabandista se puso a sonreír al verle el porte. El amputado jamás había sido tan alto como su hermano ni parecía ser tan bravo como su padre, pero ninguna de esas carencias le quitaba la musculatura de guerrero que siempre tuvo. El esclavista se rió más complacido que otra cosa, hizo una seña a los chicos de Bulma para que lo empujaran a su celda y Kakaroto se dejó guiar sin el menor esfuerzo, sus piernas estaban acalambradas y ya no soportaba el dolor en su columna.
—Soy Goku, el humano —se dijo más para sí que para otra persona y el contrabandista lo miró sin entender lo que decía. Al cabo de unos momentos, ni siquiera se molestaba en escucharlo—, soy Goku, el humano —repitió hasta creérselo—, Kakaroto ya no existe. —El contrabandista golpeó los barrotes para que se callara—. Soy Goku, el humano…, y sobreviviré.
—¡Estoy seguro que fue Vegeta! —El grito hizo que Tomma levantara las cejas, estando seguro de que Nappa podía haberlo escuchado en cualquier punto del planeta. Ya se había acordado que no se mencionaría nada al calvo mientras se dilucidaba lo que pasaba pero Raditz no se había medido—. Él nos vendería a todos de tener la oportunidad, ¡a todos! Inclusive a Nappa.
—Calma, muchacho —le dijo Seripa con la voz dura y los brazos cruzados—, aun no podemos hacer nada. Por lo que sabemos, el chico está siendo vendido como esclavo en algún planeta inmundo.
Bardock sólo se limitó a mirar a sus compañeros desde la cabecera de la habitación pero su semblante iba empeorando con cada palabra que se intercambiaba. Tomma lo miraba con insistencia, esperando que se pusiera a gritar más fuerte que Raditz sólo para que su primogénito lo escuchara y se callara de una vez. Ninguno confiaba realmente en Nappa porque el calvo tendía a pasarse al lado del príncipe sin titubear y creía ciegamente en él. Pero debían ser cautos para que el calvo no supiera de esa reunión secreta y ser lo más rápidos posible para no darle el tiempo necesario para que notara que ninguno de sus compañeros se encontraba presente.
El primogénito se volteó hacia el padre silencioso con premura, Bardock no había cambiado en nada su semblante ni siquiera cuando mencionó que Kakaroto estaría cautivo.
—Debemos ir a buscarlo, padre —la voz de Raditz sonaba contenida y Tomma asintió levemente sin ser visto. Tanto Seripa como Bardock se mostraban impávidos. Al no responder, el más alto de los cuatro frunció los labios—. Padre.
—No iremos a una misión de rescate, es demasiado arriesgado —al fin Bardock decía algo y se volteó para no ver a nadie, desde hacía mucho que se había vuelto tranquilo y ni siquiera respondía cuando Vegeta lo llamaba cobarde—. Esperaremos a que los contrabandistas vuelvan al planeta y pediremos información —hizo una pausa—, hasta que llegue ese momento no haremos nada.
El asombro del rostro del gigante se hizo evidente cuando se le desorbitaron los ojos. Sin duda, Bardock no era ni siquiera la sombra de lo que había sido en el apogeo de su existencia, cuando todavía se dedicaba a desolar planetas como capitán de su propio escuadrón. Era conocida su osadía en batalla y Raditz estaba seguro que en esos tiempos, Bardock no se hubiese quedado de brazos cruzados ante la misma noticia. «Los habría matado a todos», pero él ya no podía matar a nadie sin morir en el intento. El viejo capitán sólo era un guerrero cansado y olvidado.
—Lo mejor que le puede pasar es que le corten la cola —pensó en voz alta Tomma, con la mirada perdida en alguna parte y una mano en su mentón. Seripa le dedicó una mirada amargada—, lo peor es que lo obliguen a pelear en un reñidero. Si llega a matar será el fin de él.
Raditz miró a la mano derecha de su padre con desconfianza, si eran ciertas sus palabras, no había mucho tiempo para que su hermano menor pasara de ser un hombre libre a un esclavo ordinario. El gigante se volteó a su padre con lentitud, debía intentarlo de nuevo pero con la calma que no había tenido antes.
—Vale más que cualquier otro esclavo. Sólo quedamos siete, padre…
—¡Y no quedará ninguno si vamos detrás de Kakaroto! —El arrebato del antiguo capitán lo hizo ofuscarse y mostró los dientes en un gruñido, ya estaba harto—. No se hablará más de esto, ya pueden irse.
El primero en acatar su mandato fue su primogénito y lo hizo murmurando maldiciones. Seripa se lo quedó mirando con cansancio casi como si le robara energía el sólo estar escuchando la pelea por un sinsentido, desde hacía mucho que ella había tomado el rol de la más negativa del grupo y con cada año que pasaba, era la que más deseaba matar a alguien para inmolarse. A los ojos de Bardock, era la más peligrosa de los siete y había que tener un ojo encima de ella todo el tiempo. Sin dejar que eso lo intranquilizara más de lo que lo hacía a diario, miró hacia la puerta en la que se había retirado Raditz.
—Quiero que lo mantengan vigilado, no quiero que vaya a correr riesgos innecesarios —les ordenó con la voz cansada y Seripa carraspeó con los brazos cruzados.
—Eso es sencillo —dijo con rudeza la chica del grupo. Todos miraban la puerta vacía como si al hablarle, Raditz los escucharía—, déjalo jugar con la cocinera esclava y se le olvidará que tiene un hermano menor.
Seripa se marchó sin decir más, de brazos cruzado y la cola meneándose en el aire como una gata molesta. Tomma se quedó un momento más pero no dijo nada hasta que la única mujer de los siete se perdió en la puerta, a veces no soportaba su amargura exagerada. Bardock aclaró la garganta con impaciencia y al voltearse a verlo, el padre de Kakaroto lo miraba con las cejas levantadas.
—Has tenido una de tus visiones —adivinó el más alto de los dos y Bardock no tuvo que asentir, ya era malo ver imágenes del futuro, y aquella era la segunda vez que le sucedía.
La primera visión había llegado la mañana en que la maldición cayó sobre su planeta y sin saber por qué, se había llevado a su escuadrón y a sus hijos fuera de ahí. Algunos hombres respondieron a su histeria y lo siguieron, pero no habían sido más que los ejemplos de lo que les sucedería si seguían sus costumbres asesinas. Y desde ese momento, Bardock decretó que jamás irían a matar otra vez si no se les provocaba. Raditz no sabía de sus visiones y tampoco Vegeta ni mucho menos Nappa, sólo sus compañeros de escuadrón Tomma y Seripa lo sabían, por lo que sus resguardos eran comúnmente confundidos con cobardía. Pero de sus dos manos, izquierda y derecha, sólo Tomma parecía entenderlo. Seripa no hacía otra cosa más que hablar de levantar la maldición.
—Viste a Kakaroto —le aseguró Tomma cuando su capitán no dijo nada y su silencio no hizo más que afirmarle sus inquietudes—, viste que lo vendían como esclavo.
—Vegeta lo hizo —habló con un poco de dolor—, le cortó la cola pero no fue él quien lo vendió. —Tomma hizo un esfuerzo para no mostrarse sorprendido pero los ojos desorbitados no podían cerrarse—, si Raditz lo sabe y sale a buscarlo, lo lanzarán al reñidero más cercano y lo obligarán a matar hasta inmolarse.
—Por eso quieres esperar a los contrabandistas —dijo Tomma como queriendo completar el pensamiento de Bardock. El capitán alargó un suspiro molesto.
—Es lo único que se me ocurre. —La voz del viejo capitán se escuchaba angustiada y terminó por bajar la vista para que Tomma no lo viese—. Decirles que fue un aldeano el que lo había visto encadenado fue lo primero que se me pasó por la mente —y no había mentido, había descrito lo que él mismo había visto en su ensueño—, no sé si los contrabandistas puedan aportarnos más información.
Tomma frunció los labios sin saber qué más decir, hacer absolutamente nada por el momento era un buen plan, el Bardock de antes hubiese hecho lo imposible por liberar a un camarada de los contrabandistas pero eso era el pasado, cuando el matar no era mortal para ellos también. El nuevo Bardock era cuidadoso y media tanto sus frustraciones que Raditz solía rehuir de él al considerarlo un viejo capitán temeroso y desgarbado. A veces a Tomma le parecía que un día no soportaría más y se inmolaría sin querer, Bardock no tenía la personalidad para quedarse parado sin hacer nada.
—No había manera de saber lo que iba pasar —le confesó su mano derecha con un dejo de inseguridad pero Bardock frunció el entrecejo con enfado.
—Sí la había. —Pero él no había podido ver la traición de Vegeta en sus sueños y le había fallado a su propio hijo.
Nota de la Autorísima: Hola, volví a actualizar casi un mes después xD pero ya estoy de vacaciones y podré hacerlo más seguido :) Especiales agradecimientos a Schala S por haberme ayudado con las palabras para mi lime suave y a Kattie88 sólo porque es la mejor :3 Es la primera vez que hago un lime, para mi es mucho xD pero sé que es suave :P Es mi primera vez haciendo una primera vez (?) Espero que les haya gustado n.n No quise hacer más escenas porque ya quedó largo en comparación al primer capítulo pero aun así me quedó corto según yo... Pero me sentía desesperada y lo hice nomás jajaja
Muchas gracias a los comentarios de Schala S, Akadiane, Haide, kiara, haaruuhii, zuhy, fiorella03, Kattie88, Ale1008, Ashril, Diosa de la muerte, MilkGame, tourquoisemoon, Kumikoson4 y RAYMAR :) ¡Muchos comentarios! :3
Besos, RP.
