Frío... Frío invadiendo sus venas. Calor... Calor en su cabeza, sus manos frías, sus pensamientos nublados, su vista en el objetivo, sus músculos tensos, su quijada apretada, su corazón latiendo dolorosamente. Un golpe más, uno sólo y no pudo seguir soportándolo. Mentiras, traiciones, soledad. Cada célula de su cuerpo tomando vida propia, clamando sangre, venganza. El entendimiento llegó a a su cerebro, sus pensamientos se centraron en una sola cosa: Era hora de devolver el golpe. Palabras venenosas salieron de sus labios con el objetivo de herir, sus ojos fríos e implacables, su cabeza rindiéndose a la curiosa sensación de vida y vacío. Decepción, ira, burla, ferocidad y un poco de miedo mezclándose, tomando su cuerpo cómo rehén, obligándolo a actuar, a herir sin arrepentimiento alguno. La plata de sus ojos convirtiéndose en acero, su ceja platinada levantándose en un gesto desdeñoso. Al final sí había encontrado la respuesta y no había sido de su agrado. Las noches en vela llenas de llanto y dudas habían quedado atrás, el cansancio seguía pegándose a el más este sentimiento extraño lo llenaba de energía. No era bueno decir que le daba un propósito pero por una parte así era, si iba a ayudarle a mantenerse vivo se aferraría al odio que sentía en ese momento, se aferraría con uñas y dientes, se fundiría con ese sentimiento. Su progenitor lo miraba, el mismo cabello platinado, la misma tez pálida y porte aristocrático pero el Dragón sabía que había algo que siempre los separaría: el no era un cobarde cómo su padre. La mirada del mayor dejó traslucir el dolor provocado por su hijo, el menor sonrió complacido, ya no le dolía ver a su padre débil y él mismo se lo había ganado. Dicen que cuando odias una parte de ti se pierde. Sí eso era cierto Draco había perdido un poco de sí mismo el día que levantó su varita contra su padre. Había terminado de romperse. Le iba a costar repararse, pero podía vivir sin esa pieza que le hacia débil ante quién más lo había herido. Dicen que cuando odias una parte de ti se pierde. Draco no iba a extrañar esa parte de él, ya había tenido suficiente.
