Finalmente pude actualizar n.n aunque este capítulo todavía es una introducción, ya a partir del próximo comienza la historia. Espero les guste :)
CAPÍTULO II
Nace una gran amistad
- ¿Otra vez tú? –Pregunto sorprendido el joven.
- Te dije que volvería, esta vez conseguí masas, dicen que son dulces y deliciosas. De apariencia lo parecen pero… -Antes que pudiera continuar hablando de corrido la interrumpe.
- ¿Por qué volviste? –Esta vez pregunto con un tono más serio.
Ella no respondió a esa pregunta, solamente sonrió con calidez y compasión. Por un momento él sospechaba que algo tramaba o algo estaba ocultando, pero apenas tenía 9 años y eso detenía sus malos pensamientos.
- ¿Podrías aunque sea decirme tu nombre?
La niña guardo unos segundos de silencio y lo observaba con duda e intranquilidad, aunque hasta cierto punto molestaba que ella no le respondiera ninguna de sus preguntas.
- ¿Y bien? –Insistía.
- Veras… -Agacha su cabeza- Desde que tengo memoria solo recuerdo haber vivido en la calle, no sé mi nombre.
El joven quedo en silencio pensando que había molestado a la niña al ver su rostro triste. No entendía bien la situación, ni por qué ella se le había acercado, solo se le pudo ocurrir una cosa.
- Ya que no tienes nombre –Suspiro- Te pondré uno yo –A modo de querer compensar su falta de educación.
Ella alzo su mirada repentinamente cambiando su expresión a sorprendida y a la vez alegre aunque no lo demostrara.
- Veamos… -Mira detenidamente su rostro para poder encontrar un nombre adecuado para ella- ¿Qué te parece Yuuki?
- ¿Qué? –Grita molesta- No me gusta, quiero otro.
- Está bien, entonces serás… -Se quedo pensando por más de dos minutos un nombre que pudiera gustarle hasta que tuvo una idea- Rin, ¿te gusta?
La enorme sonrisa de la niña demostraba su conformidad con el nombre.
- Bien, a partir de ahora serás Rin.
Rin estaba muy contenta ya que después de 9 años por fin podía tener su propio nombre, aunque el joven no sonrió ni un momento desde que la conoció. Ella, sin preguntar por el nombre del muchacho, se sienta nuevamente a su lado a disfrutar de las masitas que había ganado en el día.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
La noche había llegado y otro día igual que los demás ya se estaba yendo. Rin ya no se encontraba junto al joven, pero conservo algunas de las masitas que ella misma decidió dejarle aunque se rehusara a aceptarlas.
Por un momento se quedo observando fijamente una de las masitas con forma de estrella y glaseado rosa, tratando de entender una y otra vez por qué esa niña era tan amable con él siendo que nunca nadie lo fue. Hubiera estado toda la noche viéndola pero los rugidos de su estomago lo obligaron a comérsela.
"¿Debería confiar en ella?"
Seguía dudando y sus pensamientos no lo dejaban dormir tranquilo. Cuando finalmente parecía haber logrado alcanzar el sueño, comienza a oír voces que perturbaron su tranquilidad.
- ¿Qué son esos gritos?
Los gritos parecían ser de al menos tres adolescentes por el tono agudo de sus voces y provenía de la misma dirección donde se suponía descansaba Rin.
- No puede ser que… -Antes de terminar de razonar aparece Rin frente a sus ojos, corriendo desesperadamente hacia él sujetando algo entre sus brazos.
La niña tropieza con una baldosa sobresalida y cae al suelo dejando caer lo que estaba sujetando, las masitas que le habían sobrado.
- Rin, ¿Qué está pasando? –Aunque lo disimulaba, el joven se había asustado al oír esos gritos y seguido a ello ver a Rin corriendo, como si estuviera huyendo de algo o alguien.
Intenta levantarse del piso, pero antes que pudiera hacerlo aparecen del lado oscuro de la calle tres adolescentes que por el estado de su vestimenta parecían ser también de la calle y estaban persiguiendo a la niña, ya que el rostro de Rin expresaba pánico al verlos.
Cuando logra incorporarse, corre inmediatamente a los brazos del muchacho intentando protegerse. Él no mostro ningún tipo de sorpresa ni rechazó a la niña que se había encimado sobre él. Solamente se preparo para cuando esos sujetos estuvieran cerca.
- ¿Qué quieren? –Pregunto mostrando un rostro enojado.
- Queremos a esa mocosa –Grito aun más molesto uno de los tres jóvenes.
- ¿Para que la quieren? –Pregunto con soberbia.
Ellos no respondieron con palabras, pero sus sonrisas macabras y rostros de maldad expresaban lo evidente, ellos querían a Rin para golpearla y robarle sus masitas.
- ¿Cuál es tu nombre? –Pregunto otro de los jóvenes.
- Sesshomaru.
- Bien, Sesshomaru, entrégame a la niña.
Sesshomaru no dio respuesta alguna, pero la expresión en su rostro decía claramente que no les entregaría a Rin lo que enfureció aun más a los tres delincuentes.
- Así que no nos entregaras a la mocosa, ¿eh? –Se aproximan hacia ambos –Entonces tendremos que darte una buena paliza y quitártela por la fuerza.
Rin estaba llorando en los brazos del joven mientras él conservaba la calma y no demostraba ninguna expresión de miedo, sin quitar su mirada frívola hacia ellos.
- ¿No vas a defenderte? –Intenta provocarlo- Vamos, ponte de pie y defiende a la niña si tanto la quieres.
"¿Si tanto la quieres?"
- En ningún momento dije que la quería –Responde con indiferencia confundiéndolos un poco- Si lo que quieren son las masitas, adelante, pueden quedárselas, pero no creo que su ego masculino crecerá si golpean a una niña indefensa de a tres, solo serán unos cobardes.
Ante el desafío que les impuso Sesshomaru, los tres sujetos lo miraron con desprecio y cambiaron de opinión acerca de masacrar a Rin. En lugar de eso, decidieron tomar las masitas y salir corriendo del lugar con la amenaza de que volverían a verse aunque Sesshomaru no los tomó muy en serio y solo se digno a tratar de calmar a Rin.
- Rin, muéstrame tu rostro.
- Otro día –Respondió llorando.
Sesshomaru suspiro y por la fuerza sujeto el rostro de Rin hasta que pudo verlo.
- Lo sabia –Murmuro un tanto triste –Te golpearon, ¿no es así?
Rin comenzó nuevamente a llorar, sus ojos estaban morados y sentía dolor en el vientre. No quería hablar, pero Sesshomaru pudo percibirlo todo.
- Te golpearon porque querían las masitas, ¿Verdad? –Comienza a acariciar su rostro lastimado- De seguro son pandilleros huérfanos como nosotros, ¿Por qué no les diste algunas como me las diste a mi?
- No puedo responder a eso, no aún –Rin agacho su mirada, frustrada.
Aun sentía dudas acerca de ella, y estaba convencido de que escondía algo que por el momento no tenía pensado revelarlo. Sin más preámbulo, decidió lo que sería mejor, al menos por esa noche.
- Puedes quedarte a dormir aquí, solo por esta noche.
Rin volvió su mirada hacia él e intento sonreír aunque el dolor en su tierno rostro no le permitía demostrar esa gran sonrisa que tenía, solo asintió con la cabeza e intento acomodarse en sus brazos.
Sesshomaru no estaba muy conforme con que ella durmiera apoyada en sus brazos, pero no podía correrla hacia un lado sabiendo que su cuerpo estaba lastimado.
- No me dijiste que tu nombre es Sesshomaru –Murmuro muy tranquilamente.
- Creí que estabas dormida y además nunca me lo preguntaste.
Rin no respondió, solo lanzo una tierna risa –Gracias por defenderme- Acomodo su cabeza y cayó en un profundo sueño.
- ¿Cómo fue que esto termino así? –Suspiro mientras intentaba él también dormir.
Al momento en que ambos lograron alcanzar el sueño, en la esquina de la cuadra de enfrente se encontraba un hombre cubierto por un tapado negro observándolos a ambos y que había presenciado todo lo que sucedió desde ese ángulo.
"Esa niña es perfecta"
