-¡Dib por favor! ¡No le digas nada de esto a nadie!-Gritó Keef muy nervioso y tomando a Dib de los hombros hasta zarandearlo un poco.- ¡Por favor, te lo ruego! ¡Si alguien se entera…!

-¡Keef tranquilízate!-Intentó calmarle.-Te prometo que no le voy a decir a nadie.

-¡¿Lo prometes?!-Le reto con una mirada llena de angustia.

-…Te lo juro.-Keef se calmó un poco. Soltó a Dib de los hombros y se llevó las manos a la cabeza haciéndose el cabello hacia atrás mientras soltaba un suspiro.-Keef ¿Por qué estás aquí?-Preguntó Dib.-Quiero decir…la pulsera que traes me dice muchas cosas pero… ¿Por qué…?

Keef dudó un poco antes de hablar.-N-no te lo diré. Son asuntos míos que no te incumben…-Desvió la mirada, avergonzado.

-Pero…solo quiero saber que ocurre…

-¿Cómo puedo saber que puedo confiar en ti?

-B-bueno… ¿Qué quieres que te prometa? Te dije que no hablare con nadie de esto.

El pelirrojo volvió a pensarlo por unos instantes y luego dijo.-Bien, te lo diré…pero no aquí.-Keef empezó a caminar, a lo que Dib le siguió. Se dirigieron a las escaleras que subían al segundo piso, cerca de donde estaba la oficina de la matrona. Los escalones rechinaban muy feo cada que los pisaban.

Ya estando en el segundo piso, lo único que se veía era otro corredor alfombrado con varias habitaciones. Las puertas de las mismas eran de madera, y tenían una placa en la que se leía su número correspondiente; solo del uno al diez. En el tercer piso estaban enumeradas del once al veinte, y así sucesivamente de diez en diez en cada planta.

Llegaron al sexto piso, donde los cuartos solo llegaban hasta el cincuenta. Y la habitación en donde se detuvieron era en la cuarenta y cuatro.

De sus pantalones, Keef sacó una llave y abrió, invitando a Dib a pasar. Después cerró nuevamente con seguro.

En medio de la habitación estaba una cama matrimonial perfectamente tendida con sabanas rojas. Justo a lado, un pequeño buró. Y en una esquina, una silla. Había otra puerta que conectaba con el baño y su regadera. En medio de una de las paredes estaba una ventana con vista hacia el frente.

Dib la abrió y se asomó; y desde la altura en la que estaba, a lo lejos se veían las luces nocturnas de la ciudad. Todo un espectáculo.

Volvió a meter su cabeza antes de cerrar al ventana.-Oye… ¿A-aquí…?-Quiso preguntar algo, pero se detuvo, puesto que no sabía exactamente como expresarse.

-Esta es mi habitación.-Dijo Keef tranquilamente.-Casi no salgo porque hay muchas personas que atender. Aquí pasó gran parte de mi tiempo, solo hasta cuando es la hora de irse a casa.

-Sí…Ya entiendo…

Keef se acercó a la cama y se sentó, haciéndole una invitación a Dib para que hiciera lo mismo.- ¿Conque quieres saber qué ocurre?-Preguntó sin mirarle fijamente.

-Aja…primero dime porque no has ido a la escuela.

-Sí. Veras Dib; dejé de ir a la escuela porque…m-me…me he quedado huérfano…-Mencionó incómodo.

-¡¿Cómo?! ¿P-pero cómo paso eso?

-Mis papás no solían pasar conmigo mucho tiempo debido a su trabajo. Ambos eran abogados, y de los mejores. Una noche yo estaba en mi casa, solo, como de costumbre. Acababa de cenar. Miré la hora y ya era muy tarde como para que mis padres siguieran en el trabajo. Los llamé a los dos pero ninguno contesto sus celulares; intenté lo mismo en sus despachos, pero nada.

Me puse a ver la tele un rato. En esos momentos no me preocupe demasiado. Pero tiempo después de eso, por la ventana vi que se estaba estacionando una patrulla. Se bajó un policía y tocó la puerta. Me asuste, pero tuve que salir a abrirle.

Fue ahí cuando me mostró las identificaciones de ambos. Me preguntó si los conocía y le dije que sí. Él me dijo lo que ocurrió. Todo fue culpa de un conductor ebrio que volcó el auto de mis padres al no frenar a tiempo. Mi papá no logró sobrevivir, pero mi mamá estaba en el hospital y era muy grave.

Lloré como loco. El oficial me hizo ir en su patrulla a la morgue para reconocer el cuerpo de mi papá.

Fue horrible. Estaba irreconocible. Hasta tuve ganas de vomitar. No quiero recordarlo. Seguí llorando durante toda esa noche sin que nadie me diera consuelo. Pero aún me quedaba mi madre.

El policía me hizo el favor de llevarme al hospital para verla, pero los médicos me advertían que no había muchas esperanzas…Y tenían razón. Cuando me quede dormido mientras la vigilaba, me despertó el ruido de la máquina que indicaba que también se estaba muriendo. Quise pedirles ayuda a los doctores para que la socorrieran pero…fue muy tarde.

Fue todo un proceso para que darles un entierro digno ¿Sabes? Fueron todos los colegas que alguna vez los conocieron. Me acompañaron esa vez; me daban el pésame, y a pesar de eso…nunca me sentí tan solo en toda mi vida.

Me quería morir. Créeme que sí. Sufrí de insomnio toda la semana siguiente y no lo soporté más. Solo quería ver a mis padres de nuevo. Intenté suicidarme dos veces. Quise cortarme las venas de las muñecas, o ahorcarme, pero…fue en vano. En ambos casos, mi abuela me salvó.
-¿Ves esto?-Keef se bajó un poco el cuello de la chamarra que traía puesta para mostrarle a Dib. En su cuello tenía una marca rojiza. La maraca de la soga con la que intentó su suicidio. Y después le mostró las muñecas con varias cicatrices de cortes que se hizo.
Ella no sabe que este es mi trabajo. Es muy vieja, y como por las noches tiene el sueño pesado, yo puedo venirme tranquilo hasta acá y volver antes de que amanezca sin que se dé cuenta.

Ella también morirá pronto. Tiene el corazón muy débil; y no sé cómo es que no le dio un ataque cuando intenté matarme. Cuando fallezca también ¿Qué será de mí? Sé que tengo herencia suya y de mis padres pero…necesito un empleo. Esto es lo mejor que pude conseguir. ¡Ya ni siquiera tengo virginidad! ¡Hasta eso perdí!

También pensé en lanzarme desde la ventana de aquí, pero…no. Las alturas me dan miedo.

Hace poco recibí la carta de unos tíos que tengo en Alemania. Se enteraron de todo, y me decían que quieren llevarme con ellos para que empiece de nuevo y continúe mis estudios. Mi abuela quiere irse allá, pero yo no. Es que esas personas me odian. Nunca les caí bien, nunca sabré porque, pero siempre ha sido así. Quizás se deba a que ellos nunca pudieron tener hijos, y envidiaban a mis papás por eso. Solo me ofrecen su caridad porque se sienten obligados al ser mis parientes, pero es extraño, porque si hubieran pensado diferente, seguramente me hubieran dejado a la deriva con una abuela agonizante y moribunda.

Con aquellas palabras Keef finalizó su relato, y no pudo evitar que sus ojos empezaran a lagrimear por el triste recuerdo. Dib por su parte de quedó anonadado por lo que acababa de oír.

-Keef…yo…no sé qué decirte. Tu historia es muy triste y…-Antes de terminar, se dio cuenta de que Keef ya lo estaba abrazando, y su llanto aumentó aún más.

-¡Por favor abrázame!-Le suplicó sollozando.- ¡Me siento tan infeliz! ¡Soy infeliz!

Dib estuvo a poco de decirle que no llorara, pero era una estupidez; con todo lo que el chico vivió hace algunos días atrás, era normal que quisiera desahogarse llorando. Solo pudo corresponder a ese abrazo de manera fraternal.-Esta bien Keef. Déjalo salir.-Dib le frotaba la espalda cariñosamente y de vez en cuando le daba unas palmaditas para consolarlo.-No digas esas cosas Keef. Tú no eres infeliz, eres todo lo contrario. Eres el chico más alegre que he conocido. Simplemente pasaste por una mala etapa. Fue mala suerte.

-¡¿Pero por qué yo?! ¡¿Por qué me tuvo que pasar a mí?!-Se lamentaba, aun sin romper contacto con Dib.

-A cualquiera le pasa. No eres el único, y ya verás que puedes superarlo.

A cada minuto, Keef se iba sintiendo mejor hasta que dejó de llorar.-Muchas gracias Dib. Contigo desahogué todas mis frustraciones. Eso me ayudó mucho.

-De nada.-Sin que el chico se lo esperar, recibió un beso en la mejilla por parte del pelirrojo.

-L-lo siento.-Se disculpó este, desviando la mirada y sonrojándose.

-N-no, descuida. E-está bien.

-No pude evitarlo. Eres muy lindo y amable conmigo, Dib.

-Es lo menos que puedo hacer.-Dib inexplicablemente se puso nervioso y se rascaba la nuca.

-Oye, a propósito, no me has dicho porque estás aquí… ¿Acaso venias a…?

-¡No! No, nada de eso. La verdad yo no quería venir. M-mis amigos fueron quienes me trajeron porque hoy es mi cumpleaños y… ¡Oh, es cierto! ¡Quizás estén buscándome para irnos!-De un salto se levantó de la cama y se acercó hacia la puerta.

-¡E-espera! ¿Te vas tan pronto?

-B-bueno, es que…ya tenía un rato esperándolos allá abajo, y tal vez deben estar esperándome a mí ahora.

-¿Quieres decir que ellos también están aquí?-Preguntó con temor.

-Pues…sí. Ellos…

Keef suspiró quedamente.-Oye Dib, por favor no te vayas. Me agrada que estés conmigo. ¿Puedes quedarte un poco más?

-¿E-estas seguro?

-Por favor…-Le miró suplicante y juntando ambas manos.

Dib miró a Keef, luego hacia la puerta, y de nueva cuenta a Keef.-Mhm…está bien. Supongo que mis amigos se siguen divirtiendo. Apuesto a que ni siquiera se acuerdan de mí.-Volvió a la cama y esta vez se acostó en ella, con los brazos tras su cabeza en una posición relajada. Cerró sus ojos; al parecer comenzaba a darle un poco de sueño. Keef le hizo compañía, acostándose junto a él. Se quedó callado por un momento, viendo el rostro de Dib. Parecía que estaba muy feliz. Quería hacerle tema de conversación para no quedarse callado, pero no pudo pensar en nada. Volvió a darle otro tierno beso y rodeó a Dib con sus brazos.

El chico se despertó al sentir otro beso, y cuando se fijó, ya tenía a Keef abrazándole de nueva cuenta.- ¿…Keef?

-Mmmm...¿Sí?-Musitó con una sonrisa en sus labios.

Dib se sintió incómodo con la situación. Se levantó de la cama, lo cual impidió que Keef lo siguiera abrazando.-Ya…en serio, ya tengo que irme.-Dijo apenado.

-Pero dijiste que te quedarías…-Reclamó con voz triste.

-Ya sé, pero...Gaz debe estar preocupada por mí, ya es tarde; y…nunca se sabe, puede que mi papá llegue a casa de improvisto, y si no me ve, no quiero soportarle un sermón suyo.-Esta vez su ida sí fue definitiva.

Cuando se encontró en el pasillo, se fue corriendo, bajó todas las escaleras lo más rápido que pudo. Estaba muy agitado y nervioso, casi sudando.

Una vez volviendo a estar en la sala en donde vio a Keef la primera vez, ahí estaban sus amigos tomando cervezas en el mini bar. Parecía que sí lo habían estado esperando.

-¡Oigan! Miren quien viene.

-Hola Dib ¿Te la pasaste bien?-Preguntaban burlonamente.

-Ehhh…yo…eh sí, sí. Estuvo muy bien.

Los demás se emocionaron con la noticia.-Bueno, si alguna vez te interesa volver, solo dinos y con gusto te traeremos de vuelta.

-…Claro…-Respondió secamente.

Una vez que se acercaron por la puerta en donde habían entrado, el mismo hombre musculoso les abrió y los dejó irse.

Todos subieron de nuevo al auto, y al parecer iban hablando de cómo les había ido con sus chicas esa noche.

Dib no era parte de la conversación. Se mantenía distante y pensativo, recargando su rostro en la ventana mientras miraba aquella casona alejándose y haciéndose más pequeña cada vez que el auto avanzaba más, hasta que ya no se vio nada.

El hermano de Torque se encargó de dejar a cada muchacho en su casa. Como la de Dib era la que quedaba un poco más lejos, él fue el último en llegar.

Gaz como siempre, le reclamo la razón del por qué no le contestó su llamada, y el por qué se demoró tanto en regresar.

La excusa de su cumpleaños fue la cuartada perfecta; que solo ignoró su llamada porque no escuchó sonar el celular, y encima se le acabó la batería, y que regresó tan tarde porque se estaba divirtiendo mucho.

De esa forma Gaz ya no le reclamó otra cosa.

Ya de vuelta en su habitación y con el pijama puesto, Dib no podía dejar de pensar en el pelirrojo, en lo que le había contado.

Todo eso era bastante triste. ¿Cómo Keef fue capaz de soportar esa tragedia que vivió? Claro, había intentado suicidarse porque la presión era mucha, pero fuera de eso, seguía con vida; intentando salir adelante, con un empleo poco ortodoxo, pero era lo que tenía.

Dib se puso a pensar, que en el lugar de Keef él no hubiera soportado aquello. Keef era un muchacho fuerte, sin duda.

Después de pasarse varios minutos dando vueltas al asunto, el sueño lo venció.

Lo más curioso de todo, fue que esa noche, Dib soñó con el pelirrojo; ambos estaban en la habitación, acostados, dándose caricias mutuamente en todo el cuerpo que disfrutaban mucho.

Ese sueño era confuso. Le venían varias escenas alternas entre ellos dos, pero siempre de manera lasciva. Casi poda escuchar los gemidos de Keef que llenaban sus oídos, todo era muy real.

Fue entonces que se despertó repentinamente. De nuevo sudando; se pasó la mano por la frente.
Se sorprendió al descubrir que nada de eso pasó, que solo soñaba, pero, momentáneamente ese hecho lo puso…triste.

Y no solo eso, ese sueño húmedo le había provocado una erección. Tenía que deshacerse de ella o si no, no conciliaría el sueño otra vez.

Mordió un poco de la cobija de su cama para evitar hacer ruido que molestara a su hermana, y luego se encargó de empezar a masturbarse, siempre teniendo la imagen de Keef en mente.

Clamaba su nombre en sus pensamientos, e intentaba recordar parte de aquel sueño reciente para mayor placer.

"Debes verlo de nuevo."-Se dijo en algún momento.

Justo después de que se le hubiera ocurrido esa idea, fue que le llegó su orgasmo.

Cuando terminó, se encargó de cambiar las sabanas de su cama y cambiarse él mismo de pijama, poniendo la sucia en el cesto.

Al volver a acostarse, esta vez cayó en los brazos de Morfeo aún más tranquilo y con más calma.