- ¡Vaya...! - exclamó Gaudi, mirando alrededor.

- Sí... Vaya - susurró Rina.

El viaje había durado una larga semana, durante la cual las peores tormentas se habían desatado en el cielo. El camino había sido terrible, plagado de charcos de lodo, despeñamientos e inundaciones, y más de una vez Rina y Gaudi se habían sentido en verdaderos apuros. Sin embargo, ahora que ya estaban allí, no parecía que el reino de Seyruun hubiese sufrido los últimos días en lo absoluto. Todo estaba lleno de vida y color. Todo, desde las calles y tiendas, hasta las personas.

- En verdad que se prepara una gran fiesta... - comentó Rina, mientras ella y Gaudi caminaban calle adentro.

En todas partes sonaba música, tonadas alegres tocadas por juglares aquí y allá, y las casas estaban decoradas con guirnaldas blancas y rosadas. La gente reía, y se pasaba cargamentos de distintas cosas de aquí para allá, todos atareados, todos divertidos. Asimismo, en cada esquina se repartían muestras de comida.

- ¡Prueben, prueben un pedazo de pastel! Si es el mejor, ganará el concurso para hacer el pastel de bodas - pregonó un comerciante, y estampó más que les dio un trozo tanto a Rina como a Gaudi.

- En este reino sí que la gente quiere a sus soberanos - dijo Gaudi, mordisqueando el pastel.

- Bueno, no es para menos. Phil podrá ser un excéntrico, pero defiende y cuida a su gente. Y Amelia es exactamente igual - opinó Rina, llevándose una mano a la cintura.

- ¿Señor Gaudi? ¡Señor Gaudi! - gritó una vocecita entre la multitud. Rina y Gaudi se dieron vuelta, y entonces vieron a lo lejos a una alta doncella de cabello largo y negro, que los saludaba feliz ondeando un brazo.

- ¡Sylphiel!

Ambos corrieron a su encuentro, y Sylphiel los saludó nuevamente a su modo educado con una media reverencia.

- ¡Sabía que vendrían! - dijo, convencida.- En el palacio me dijeron que sus invitaciones ya habían sido enviadas.

- Claro que sí, y llegaron - dijo Rina.- Aunque un poco atrasadas diría yo, hemos venido casi corriendo.

- Oh... Debería haberlas enviado antes. Yo llevo casi tres semanas aquí, y esto se está volviendo un poco aburrido. A decir verdad, los estaba esperando.

Rina miró mejor a Syplhiel. No llevaba su atuendo habitual, sino que estaba vestida con un atuendo blanco de bordes rosados, muy similar al que Amelia usaba en sus viajes con ellos. Vista de cerca, se veía como una versión demasiado alta de la propia Amelia. "Qué rara está" pensó Rina.

- Qué rara estás - dijo Gaudi, sin ninguna delicadeza. Rina le dio un codazo.

- ¿Eh? ¿No... No le gusta mi atuendo, señor Gaudi? - Sylphiel bajó la cabeza y sus mejillas se tornaron de un vivo color rojo.- Me... Me lo dieron en el palacio cuando llegué, ya que participaré en la boda... Yo me encargaré de ordenar a los invitados.

- El atuendo es genial, Gaudi sólo es tonto - dijo Rina, conciliadora.- Y cuéntame, Sylphiel, ¿qué está sucediendo aquí? ¿Cómo es eso de que Amelia se casa? Si llevas tres semanas aquí, me imagino que habrás averiguado algo...

- Oh, sí... La boda se realizará en la capilla del palacio, que está junto a los jardines... El pastel de bodas será horneado por el ganador de un concurso donde participan casi todos los panaderos y...

- No - Rina puso los ojos en blanco.- Me refiero a algo sobre Amelia, y el príncipe con quien se casará, ese tal Zaide.

- Sí... Zaide Dio Amtertod, de Amtertod - dijo Sylphiel, bajando la voz.

Rina la miró expectante unos segundos.

- ¿No has averiguado nada, verdad? - preguntó luego, resignada.

- ¡Es que es casi imposible averiguar algo aquí! - Sylphiel hizo un gesto de disculpas con las manos.- Aunque se ha anunciado la boda, la cuestión se está manteniendo en un secreto casi absoluto. Ni siquiera he visto a Amelia, aunque...

- ¿No has visto a Amelia? - preguntaron Rina y Gaudi a la vez.

Sylphiel volvió a hacer el gesto de disculpa, pero Rina se adelantó con una actitud casi temeraria.

- Si hasta Gaudi se da cuenta de que eso es raro, estás en problemas - dijo, seria.- Has nombrado como tres veces el palacio, ¿con quién has hablado allí si no es con Amelia? ¿Acaso con Phil?

- No, el príncipe Phil está algo enfermo... Neumonía, creo. Está guardando reposo en su habitación.

- ¿Pero entonces con quién has hablado?

- Pues con... Con el príncipe Posel de Taforasia - respondió Sylphiel, empezando a tartamudear bajo la mirada penetrante de Rina.

- ¿Pokota?

- Sí... Él se ha hecho cargo de casi todo, la organización, las invitaciones, todo... Creo que Amelia lo ha nombrado su consejero, pues también se encarga de llevar los anuncios oficiales del palacio. A ella ni se la ve, no sale de sus habitaciones, pero él transmite todas sus órdenes.

Rina y Gaudi se miraron, Gaudi con una expresión confundida y Rina aún más seria que antes. ¿Qué estaba sucediendo allí?

- Si conozco a Amelia, y creo que después de tantos viajes puedo decir que la conozco... - empezó, pensando en voz alta.- Si conozco a Amelia, diría que en el caso de casarse, ella misma querría ocuparse de todo, en especial de los anuncios y las invitaciones. Hay algo muy extraño en todo esto.

La expresión de Sylphiel se tornó tan confusa como la de Gaudi.

- Pero... ¿Qué puede haber de raro? Siempre hay algo de misterio en las bodas reales - dijo la muchacha.- Además, Amelia es una princesa. Tarde o temprano se casaría con un príncipe.

- ¿Sabes? Lo mismo dijo Zel - comentó Gaudi.- Y creo que eso lo hace aún más raro.

Rina y Sylphiel lo miraron sin entender, pero Gaudi no pareció percibir aquellas miradas, pues sólo asintió sabiamente con la cabeza. Rina gruñó. Como siempre, sólo Gaudi se entendía a sí mismo.

- Zelgadis... ¿El señor Zelgadis está con ustedes? - preguntó Sylphiel.

- No... El muy imbécil no va a venir.

- ¿Eh? ¡Pero...! ¡Pero Amelia se pondrá muy triste...!

- Tengo algo más importante en mente que Zelgadis ahora...

Rina bajó la vista y pateó el suelo, levantando una nubecilla de polvo.

- Rina... ¿En qué piensas? - preguntó Sylphiel, aún temerosa.

- No lo sé aún - dijo Rina, y luego, poniéndose firme, empezó a caminar a grandes zancadas, dejándolos pronto atrás.

- Rina... ¡Rina! ¿A dónde vas? - preguntó Gaudi, siguiéndola.

- ¡A buscar a Pokota! - respondió Rina en un grito.- ¡Me juego la cabeza a que ese pequeñajo sabe algo más de lo que dice!

- ¡Rina... Señor Gaudi! - Sylphiel trató de seguirlos, pero pronto la dejaron atrás.

No fue realmente difícil encontrar a Pokota, considerando que el palacio de Seyruun, si bien era amplio, estaba muy bien señalizado. En cuanto estuvieron adentro, un cartel con una flecha señalaba a una habitación cercana.

"Por aquí asuntos de la fiesta"

- Esto puede considerarse un asunto de la fiesta - dijo Rina, y tomó rápidamente la dirección de la flecha, seguida por un desorientado Gaudi.

Una larga fila de personas esperaba en la habitación, cada uno por un encargo diferente, y algunso llevando cajas repletas de todo tipo de cosas. Pero lo que le interesó a Rina fue, al comienzo de la fila, un amplio escritorio, y sobre él, de pie con sus piececitos de peluche, el mismo Pokota, sosteniendo una pluma en las manos.

- ¡Disculpen! ¡Disculpen, abran paso! ¡Soy amiga de la familia real! - Rina trató de abrirse paso entre la gente.

- ¡Espere su turno, señorita! - le espetó un hombre muy gordo vestido de blanco.

- ¡Oiga, esto es una emergencia!

- ¡Lo dudo mucho! Llevo dos horas aquí y no voy a cederle a nadie mi turno.

- Bien, usted se lo buscó... - Rina juntó las manos, haciendo nacer de ellas una especie de energía. Por fortuna, Gaudi la detuvo a tiempo, y con sus gruesos brazos la ayudó a formar un camino entre la gente de un modo más delicado.

- Disculpen... Disculpen... Tenemos una emergencia aquí... Disculpen, con permiso... Si fueran tan amables... - iba diciendo Gaudi, a la vez que apartaba a las personas y tiraba de la mano de Rina. Rina quisó zafarse, pero la mano de Gaudi era fuerte y la sostenía a la vez con firmeza y cuidado. De pronto sintió que las mejillas se le entibiaban, y eso la molestó... No podía ponerse así sólo por... Sólo por...

- ¡POKOTAAAAAA! - gritó, perdiendo la paciencia.

- ¿Eh? - Pokota levantó la vista.- ¡Rina!

- ¡Pokota, pequeñajo! ¡Dile a esta gente que se aparte!

- Para ser justos, ellos estaban primero... - murmuró Gaudi, mirando la fila de vecinos, que les echaban miradas asesinas.

- ¡Cállate, Gaudi!

De algún modo, tal vez por la sorpresa de los gritos, las personas que estaban frente a ellos se apartaron un poco, y así Rina y Gaudi alcanzaron el escritorio.

- ¡Chicos! ¿Qué... qué están haciendo aquí? - preguntó Pokota.

- Oh, nada, de vacaciones... - ironizó Rina, y luego apoyó un codo en la superficie de madera.- Escucha, Pokota, quiero algunas explicaciones. Fui invitada a una boda, pero hasta ahora no entiendo nada. ¿Cómo es esto de que Amelia se casa? ¿Y quién es ese tal Zaide Dio?

- Ehh... - Pokota dudó antes de responder.

- Ah, y otra cosa, ¿por qué nadie puede ver a Amelia? ¿Está encerrada o qué?

- Oigan, estoy trabajando - Pokota se puso serio.- Si quieren pueden esperarme por allí y cuando termine mis deberes...

- Bah, todo esto puede esperar, ¿o no? Pero yo no puedo esperar. Me huelo algo muy raro aquí.

Rina apoyó el otro codo en el escritorio, y entonces Pokota, tan similar a ella, pareció perder también la paciencia.

- ¡Oye, te dije que estoy trabajando! - gritó.- ¿Por qué eres tan maleducada, pechoplano?

Rina arqueó peligrosamente una ceja.

- ¿Cómo me llamaste?

Gaudi, presintiendo el peligro, se colocó con los brazos abiertos entre los dos.

- Oigan, oigan, no hay que pelearse... - dijo, sonriendo forzadamente.- Rina sólo quiere saber un poco más de la boda de... De...

- ¡Amelia! - completó Rina.

- Cierto, cierto, Amelia.

Pokota arqueó una ceja, en un gesto de nuevo tan similar al de Rina que hasta a alguien tan distraído como Gaudi llegó a darle grima.

- Sí, hay una boda, y sí, Amelia va a casarse. Su futuro esposo es el príncipe Zaide Dio Amtertod, del reino de Amtertod, una rica región extranjera - replicó Pokota finalmente.- Ella no sale de las habitaciones del palacio porque está cuidado a su padre, que padece una fuerte neumonía, así que yo estoy a cargo de todo.

- Oh... - Rina suavizó el gesto. Eso parecía lógico.

- Si tienes que saber algo más, el vestido de bodas ya está terminado, todas las invitaciones fueron enviadas y el pastel será hecho por quien quiera que gane un concurso que se lleva a cabo en el reino - siguió Pokota, y esbozó una sonrisa burlona.- ¿Desea saber algo más la pechoplano?

- Grr - Rina apretó los dientes.

- Yo quiero saber algo - dijo Gaudi, aún sonriendo.- ¿Dónde se conocieron Amelia y ese príncipe?

- Ehh... - Pokota dudó de nuevo.

- Porque para haberse conocido y enamorado en tan poco tiempo tiene que haber pasado algo muy interesante allí...

Gaudi continuó hablando, distraído. Pero Rina había notado algo, y su sexto sentido volvió a vibrar.

- Sí, Pokota... ¿Dónde se conocieron? - preguntó, volviendo a apoyar los codos en el escritorio.

- Ehh... - Pokota se echó hacia atrás.

Entonces un pequeño chirrido los interrumpió. Mirando por sobre el hombro, Rina pudo ver una cabecita familiar asomada a una puerta, y luego pudo también verla desaparecer a toda velocidad.

- ¡Amelia! - gritó Rina, y se abalanzó hacia la puerta.

- ¡Espera! - gritó Pokota a su vez, siguiéndola junto con Gaudi.

La puerta se abrió, revelando un pasillo, y al final del pasillo a Amelia, que escapaba corriendo.

- ¡AMELIA! - volvió a gritar Rina.

Amelia se detuvo, con la cabeza gacha. Luego, muy lentamente, levantó la vista y se volvió hacia ellos.

- Ho... Hola - musitó.