Mil, mil gracias por todos sus reviews, debí subir éste capitulo en cuanto recibí los 25 reviews pero no tuve tiempo, ya es viernes, me despedí de mis alumnos y ahora sí, aqui estoy.
Las letras en diagonal son recuerdos.
Estaban en la sala de la madriguera, ella y Harry tomados de la mano frente a sus padres que se veían mutuamente preocupados.
- Pero ¿están seguros?
- Si, papá, Harry y yo nos amamos y hemos decidido casarnos – dijo Ginny segura de sí misma.
- ¿Por qué no lo piensan mejor? Casarse es un paso muy importante.
- Lo sabemos Molly, pero yo no voy a dejar nunca a Ginny.
- Están muy jóvenes, Ginny tienes poco tiempo que acabas de terminar la escuela y recién empiezas a trabajar en el profeta – les dijo Arthur.
- Papá, ustedes conocen muy bien a Harry, ha vivido con nosotros desde que tiene once años, ustedes son sus tutores y se han hecho cargo de su educación en Hogwarts. No tienen porque desconfiar de él.
- No lo hacemos, Ginny, sabemos que Harry es un gran chico – Harry bajo la mirada apenado.
- Nada, papá, Harry y yo nos vamos a casar.
Ginny suspiró ante el recuerdo ¿Por qué no les había hecho caso a sus padres?
- ¿Cómo olvidar que tú y yo seguimos casados?
- Pues al parecer lo olvidaste por ocho años.
- ¿Ya firmaste los papeles del divorcio?
- No – le contesto Harry empezando a cocinar.
- ¿No te llegaron?
- Si, tu abogado fino y elegante vino a buscarme la semana pasada.
- ¿Y? Debiste firmarlos y entregárselos.
- No, nena, quería que tú me pidieras el divorcio.
- No me llames nena – le dijo entre dientes.
- ¿Quieres cenar?
- Quiero el divorcio.
- Si te soy sincero, no creí que fueras a venir personalmente a pedirme el divorcio tan pronto, pensé que ibas a tardar un poco más, pero veo que te urge mucho.
- Así es.
- ¿Y puedo saber por qué?
- Me voy a casar.
Harry se quedó inmóvil por unos segundos dándole la espalda a Ginny y fingiendo que seguía cocinando. Respiró hondo y continuo.
- Vaya, debí imaginármelo ¿Y se puede saber quién es el afortunado?
- Es un empresario.
- Felicidades – dijo con sarcasmo.
- Gracias ¿Dónde están los papeles del divorcio?
- Debo buscarlos, cuando vino tu abogado yo recién venia llegando de una fiesta, así que no recuerdo donde los dejé – mintió.
- ¿No los has leído?
- No ¿Seguro que no quieres cenar?
- Ya te dije que no – Harry se encogió de hombros y se sirvió lo que había preparado en un plato – pues bien, a grandes rasgos lo que decían esos papeles es que doy mi consentimiento para que te quedes con todo lo que tenemos aquí – Harry soltó una carcajada – esta casa también es mía, los dos trabajamos para poderla pagar.
- Está bien, de acuerdo ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Darte las gracias?
- Firmar el divorcio.
- Necesito buscar esos papeles – le dijo Harry empezando a comer.
- No te preocupes, tengo una copia en mi maleta – le sonrió Ginny, Harry se quedó muy serio pero aun así continuo comiendo – voy por ellos, los firmas y terminamos con esto de una buena vez ¿Dónde tienes un paraguas?
- Nena, un poco de agua no le hace daño a nadie.
- No me llames nena ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? – Harry levantó las manos en señal de paz.
- No tengo, así que tendrás que mojarte un poco, pero deja mis pantuflas aquí, no quiero que las llenes de lodo.
Ginny bufó aventando las pantuflas y salió de la casa dispuesta a que Harry le firmara el divorcio. Chester inmediatamente se levantó atento a todos los movimientos que hacia ella. Estaba lloviendo mucho, y ya estaba oscuro, así que Ginny corrió hundiéndose cada vez más en el lodo y mojándose en cuestión de segundos. Abrió la cajuela y buscó en su maleta los papeles, pero recordó que los había dejado debajo de su ropa, así que decidió sacar toda la maleta y adentro de la casa buscarlos bien. Sin cerrar bien la maleta, la cargó y justo cuando iba a cerrar la cajuela, Chester se le fue encima pensando que en la maleta llevaba comida.
- No, no, hazte a un lado – le decía Ginny cargando la maleta lo más alto que podía, pero debido a la lluvia y a que sus pies descalzos estaban hundidos en el lodo, no tenía mucho equilibrio - ¡Harry, ayúdame!
Chester saltaba y ladraba queriendo alcanzar la maleta.
- No, perro malo ¡HARRY!
Pero sin poder soportar más el peso de la maleta y tratar de esquivar los saltos del perro, la maleta salió volando un par de metros. Chester inmediatamente corrió hacia ella y empezó a sacar todo lo había dentro.
- No, no ¡NO! – chillaba Ginny tratando de llegar hacia donde estaba su maleta, que por no haberla cerrado bien, ya estaba toda su ropa mordida, mojada y llena de lodo – perro malo, muy malo ¡HARRY!
De pronto se quedó paralizada, los papeles del divorcio, ahí estaban en un folder. Ginny llegó tratando de quitar al perro, pero era demasiado tarde, Chester los había tomado en su hocico y los rompía como si les tuviera mucho coraje.
- ¡NO! Dame eso ¡Dámelo! – trataba de quitárselos pero solo conseguía que el perro los rasgara mas pensando que Ginny quería jugar con él. Así que Chester de un jalón salió corriendo con lo que quedaba de papeles hacia la parte trasera de la casa - ¡No puede ser!
Ginny empezó a recoger su ropa y zapatos que estaban esparcidos en el lodo, casi toda su ropa estaba rasgada y sus zapatos babeados. Como pudo regresó a la casa completamente mojada y con los pies cubiertos de lodo. Se paró frente a Harry quien seguía cenando muy tranquilamente.
- Te estuve llamando – le dijo con coraje y chorreando agua.
- Estaba comiendo.
- Mira lo que hizo tu perro – le mostró su maleta con toda la ropa dañada.
- Es roja.
- ¿Qué?
- Tu maleta es roja – Ginny lo vio sin entender nada – la bolsa de su comida es roja, pensó que traías comida.
- Se llevó los papeles del divorcio.
- Ups, estamos en problemas.
- Necesito cambiarme y así ayudarte a buscar tus papeles.
- Tuve un día muy complicado, así que yo voy a descansar.
- ¡No, vamos a buscar tus papeles!
- Insisto, lo mandona no se te ha quitado – le dijo Harry levantándose de la mesa y con un hechizo haciendo que su plato se lavara solo – voy a acostarme a ver la televisión.
- Me voy a quedar esta noche aquí.
- Claro, esta es tu casa, tú me ayudaste a pagarla ¿o no?
- Necesito que me prestes ropa, la mía ya no sirve.
- Toma lo que quieras.
Ginny se dio un baño y sin saber porque le vinieron recuerdos de ella y Harry bañándose juntos en esa misma regadera. Sacudió la cabeza, eso ya había quedado atrás. Abrió la gaveta del baño y sonrió, Harry tenía todo muy bien acomodado como siempre. Con solo una toalla alrededor de su cuerpo se fue a la habitación principal, aquella en donde ella y Harry habían compartido muchas noches juntos. Abrió el closet en donde siempre había estado la ropa de Harry, todo seguía igual, su ropa acomodada según los colores, así como Molly los había acostumbrado a ambos. Volteó hacia el otro lado del closet, donde ella guardaba su ropa. Sin poder resistirse y saber que guardaba ahora ahí Harry, lo abrió. Toda la ropa que ella había dejado, estaba debidamente acomodada y limpia. Se sorprendió al darse cuenta que Harry aun conservaba la ropa de ella, pensó que él había tirado todo a la basura, sobre todo después de aquella pelea que tuvieron antes de que ella se marchara.
- ¡No te puedes ir!
- ¿Qué no lo entiendes, Harry? Es una gran oportunidad, mi artículo sobre Quidditch llegó hasta América y ahora quieren que vaya a una entrevista en una de las mejores revistas.
- Ginny, huyendo no vas a solucionar las cosas.
- No estoy huyendo, quiero superarme, no ser solo una reportera de segunda y una vendedora de frutas.
- También eres mi esposa – le dijo dolido – hemos sido muy felices, a pesar de que…
- Pero puedo ser mucho más que tu esposa, tengo talento para escribir, muchas personas me lo han dicho, aquí… aquí simplemente nunca voy a ser alguien importante.
- Eres importante para mí.
- Harry, necesito hacerlo.
- Lo haces porque te sientes culpable ¡Quieres huir!
- ¡Piensa lo que quieras! ¡YO ME VOY!
Se soltó a llorar de solo recordar lo que había pasado. Ocho años no habían servido para que ella alejara ese sentimiento de culpabilidad, aun seguía sintiendo lo mismo. Se limpió las lagrimas y tomo un vestido rosa pálido que su madre le había hecho cuando era una adolescente. Se vio en el espejo, le quedaba un poco corto pero se sintió orgullosa de que conservara la misma talla.
Harry seguía viendo la televisión acostado en el sillón, cambiaba de canal tratando de encontrar algo entretenido, pero en realidad solo lo hacía sin estar consciente de lo que estaba viendo. Ginny había regresado para pedirle el divorcio, sabía que tarde o temprano eso iba a ocurrir, y cuando llegó el abogado no hizo otra cosa que deprimirse, había llegado el fin de su relación con Ginny. No sabía porque aun conservaba alguna esperanza, en donde ella llegara y todo volviera a la normalidad.
- Aun conservas mi ropa – le dijo Ginny sacándolo de sus pensamientos.
- A Hermione no le quedaba, así que ahí la dejé.
Harry volteó a verla quedándose perdido en su cuerpo. Con ese vestido volvía a ser la Ginny de la cual él se había enamorado. Aun recordaba la primera vez que la había visto en su vida, llevaba un vestido de ese mismo color.
- Perdón, me pueden decir como hago para llegar al andén 9 ¾ - le dijo Harry de once años a Molly.
- ¿Vas a Hogwarts, cariño? Ron también, es su primer año.
Harry asintió y después volteó a verla a ella, era la niña más hermosa que jamás había visto. Su cabello pelirrojo y esas pequitas en sus mejillas la hacían verse como un ángel.
- Hola – le susurro.
- Hola, soy Ginny.
- Harry – sonrió nervioso.
- ¿Cuál es tu apellido? – le pregunto Ron.
- Potter, soy Harry Potter.
- ¿Tus padres no son James y Lily Potter?- preguntó Molly frunciendo el ceño.
- Si.
- Oh cariño, lo siento mucho, supe lo del accidente, tu madre y yo fuimos compañeras en Hogwarts, aunque yo me gradué primero que ella, pero aun así convivimos mucho, ya después yo me casé y solo nos veíamos de vez en cuando en el supermercado o en el callejón diagon, era una gran mujer – suspiro Molly - ¿Con quién vives ahora?
- Con mis tíos, son muggles.
- ¿No me digas que con la hermana de Lily?
- Sí, mi tía Petunia.
- Pero recuerdo que Lily me platicaba que ella era muy…especial.
- Sí, me odia, dice que soy un anormal – Ginny le sonrió y Harry le correspondió.
- No me extraña – hizo una mueca Molly – cariño ¿no te molestarías si pasara a hablar con tu tía Petunia?
- ¿Para qué?
- Quiero hablar con ella de mujer a mujer – dijo Molly levantando la ceja.
Ginny se sentó en el sillón dándole una mordida a un durazno que había tomado de la cocina, regresándolo al presente. Ese presente en donde Ginny se había alejado de él después de muchos años juntos. Al comienzo conviviendo como hermanos, después de que su tía Petunia muy amablemente le cedió su patria potestad a los Weasley, pero que en su cuarto año de Hogwarts, ya no era más su hermanita, sino una chica increíblemente divina, maravillosa y atractiva.
- ¿Qué ves?
- No hay nada bueno – continuo cambiándole de canal.
- No me extraña, aquí todo es aburrido – Harry la vio de reojo pero no le dijo nada, solo continuo cambiándole de canal - ¡Ahí déjale! Es mujer bonita, me encanta esa película.
Harry aventó el control remoto y salió a sentarse en el porche junto con Chester, que ahora lucia tranquilo al haber destruido los papeles de Ginny del divorcio. Suspiró, así era cuando estaban juntos, la única diferencia es que Ginny se acostaba en el mismo sillón que él, abrazándolo, para ver sus películas favoritas.
Tenía muchos años que no fumaba, pero justo en ese momento se le antojo un cigarro. Sacó la cajetilla que tenia escondida detrás de un block mal puesto. Sonrió al recordar como tenía que esconderlos muy bien para que Ginny no se diera cuenta donde los guardaba, ella odiaba cuando él fumaba. Y sin saber porque, después de que ella se marchó, dejó de fumar.
Aun estaban en buen estado, los había guardado en una bolsita de plástico y acomodado muy bien en ese hueco que tenia la casa. Lo prendió y se relajó al instante. Seguía lloviendo, así que se sentó en la mecedora que tenía en su porche y Chester se acomodó a un lado de él esperando a que su dueño terminara su cigarro. Pero no nada más fue uno, sino tres… que bien se sentía volver a fumar.
Después de un tiempo, regresó a la casa y encontró a Ginny dormida en el sillón. Todo su cabello esparcido en el almohadón, su boca medio abierta y sus brazos estirados ocupando todo el espacio. En la forma en que dormía, definitivamente no había cambiado nada.
La cargó en sus brazos para llevarla a la cama, sabía que si la dejaba ahí, al día siguiente soportaría quejas de dolor de espalda. Ginny lo abrazó de su cuello al sentir que Harry la cargaba, estaba más dormida que despierta, pero aun así distinguió el olor.
- Fumaste – le dijo sin abrir los ojos – maldita sea, Potter, odio que fumes.
- Lo sé – la acostó en la cama – duérmete.
- Esto no se queda así – le dijo abrazando la almohada – mañana tu y yo tendremos una… conversación… muy seria… sabes que odio…que fumes – y se quedó dormida.
Harry se quedó observándola dormida, era tan hermosa, tal y como siempre la recordaba. Se acercó a ella, le acomodó un mechón de cabello que tenia sobre su cara y le susurro en el oído.
- Mañana, durante el desayuno, me regañaras por haber fumado y yo te haré cosquillas, después te cargaré sobre mi hombro, no sin antes darte una nalgada para hacerte enojar más, y te traeré a esta cama para hacerte el amor. Con eso, señora Potter, se le quita el coraje – le dio un beso en la boca – te amo, nena.
Saludos a todos!
