Nunca te comprendí muy bien… ni a ti, ni a tu extraña forma de ser, cada que te preguntaba solo decías que querías estar a mi lado… pero nunca te regodeabas presumiendo que estabas conmigo, yo me esperaba quizás alguna mención en los programas de chismes, un artículo en el periódico o revistas, los paparazis molestando por declaraciones pero siempre fuiste discreto y reservado, después esperaba que me pidieras regalos o dinero para no decirle a nadie que estábamos juntos pero el que traía cosas para mi eras tú, detalles tontos y cursis cartas de amor, chocolates comerciales, flores de papel, luego espere que me pidieras que te sacara de viaje o que moviera influencias para que la tienda de tu abuelo tuviera más éxito pero nunca me exigiste nada… solo pedias un beso o un abrazo a cambio de ¿qué? Yo nunca te exigí fidelidad y aun así decías que no ibas a amar a nadie como a mí, nunca te exigí tiempo y aun así te quedabas tan cerca de mí. Aún recuerdo esas veces… después de haberse cumplido un mes de esa fecha desastrosa, en las que ibas a mi oficina y esperabas a que yo saliera, solo para poder verme… debo decir que era molesto, pero lo hiciste casi por dos meses hasta que te dije que no fueras más, pero no te rendiste y ahora en lugar de esperarme en la oficina te metías a mi casa y me esperabas en la habitación, decías que solo querías hablar, yo no te contestaba y escuchaba tu parloteo por casi una hora hasta que te decidías a irte, le dije a Mokuba que no te dejara entrar de nuevo pero no sé cómo lo convencías para que me desobedeciera, según las palabras de mi hermano tú me hacías bien, que tontería… a pesar de que te quedabas en mi habitación nunca te acercaste de mas, decías que estabas allí para mi… me hartabas al punto de quererte meter en una caja con destino al África, pero debía admitir que tu presencia me hacía sentirme menos solo… y que al entrar a mi cuarto estaba ansioso por encontrarte allí, con esa sonrisita boba dibujándose en tus labios mientras estabas sentado en la alfombra o el pequeño sofá junto a la ventana con alguno de mis libros en las manos.
Recuerdo la primera vez que te tome… era el primer año en que se cumplía esa estúpida fecha… si ese maldito perro no se hubiera largado hubiese sido el primer aniversario de nuestro matrimonio, pero según su carta "tenía miedo de que estuviéramos precipitándonos, que éramos muy jóvenes para casarnos y que quizás nos arrepentiríamos de esa decisión…" arrepentirnos… el único arrepentido allí era el, y yo… yo me arrepentía por haber gastado mi tiempo con un cobarde que solo estuvo jugando conmigo y mis sentimientos, lo amaba tanto que al recibir esa carta sentí como me arrancaban el corazón y congelaban el hueco que había quedado, no pude evitarlo y allí en el escritorio de mi despacho me puse a llorar… no solía hacerlo pero aun su recuerdo era una daga atravesándome el pecho, lo ame tanto… ame cada uno de sus detalles, su cabello dorado como espigas al sol, sus ojos marrón profundos y brillantes, esa piel blanca un poco dorada y suave al tacto… su ser entero, su sonrisa fresca… no entendía, después de un año no entendía que sucedió, si el juraba que me amaba y yo a él, discutíamos algunas veces, nuestros caracteres chocaban entre si constantemente pero siempre tratábamos de solucionarlo; estaba tan sumido en mis pensamientos y mi dolor que no me di cuenta cuando entraste al despacho y tal como un gatito silencioso te acercaste y pusiste una de tus pequeñas manos sobre las mías, levante la mirada y note en tu rostro esa sonrisa que delineaba tus labios con una mirada de… ¿compasión, lastima? Aparte tu mano limpiándome seguidamente el rostro.
-No necesito tu pena Yugi, déjame en paz - mi voz sonó firme y autoritaria, me aliviaba un poco que no estuviera temblorosa
-Te equivocas… no es pena… ni compasión, mucho menos lastima, me duele verte así… me entristece saber que aun su recuerdo te afecta a este grado… - me dijiste con una dulce voz mientras te acercabas hasta estar a mi lado, tus ojos… tus bonitos y grandes ojos del color de la amatista relucían y reflejaban esa preocupación
-¿Por qué? ¿En qué te afecta que este triste o no? No es tu maldito problema - me levante mirándote con enojo, eras tan entrometido siempre indagando en mi vida, me miraste un poco sorprendido por esa reacción pero aun así no retrocediste ni me tuviste temor, solo parpadeaste y tus ojos reflejaban ahora algo más profundo, algo que no supe descifrar.
-Porque eres importante para mí… - fue tu única respuesta, estaba harto de ti, de su recuerdo, de todo
-Bien… veamos qué tan importante - te tome de la muñeca y te bese con fuerza, no me moleste en tomar atención de tu sabor, de tus labios o el temblor de tu cuerpo, estaba enojado y muy dolido, solo quería desahogarme y tu… eras mi víctima de sacrificio.
Te lleve a mi habitación y tras arrancarte la ropa ate tus manos a tu espalda con mi corbata, así no podrías defenderte, me quite el cinturón azotándote con él, tus gritos de dolor calmaban la tormenta que llevaba dentro, nunca me pare a pensar, no estaba siendo nada racional, era instinto puro y tal como una bestia en celo iba a tomarte, si me tome la molestia del lubricante no había sido por ti, si no había humedad me dolería a mi también y el dolor solo te lo quería infringir a ti, un grito desgarrador salió de tu garganta cuando arremetí contra ti, tu cuerpo se tensaba y gemías de dolor pude ver correr por tu rostro lagrimas recorriendo tus mejillas pero no me importo, cuando termine un ligero hilo de sangre mezclada con mi semen manchaba tus muslos, si te lastime o si te dolió no fue de mi importancia, esperaba que con eso hubieras aprendido tu lección de no meterte donde no te llaman. Cuando el enojo había pasado un poco repare en las marcas de tu cuerpo, moretones cubrían tu blanca piel al igual que rasguños, con dificultad podías moverte a penas, esa mañana cuando desperté no estabas allí, deje de saber de ti por una semana después de aquello y creí que por fin me había librado de tu presencia… mas no fue así, pasada la semana estabas en mi cuarto de nuevo esperándome con esa sonrisa llena de ternura y amabilidad, con esa mirada violeta llena de cariño… en serio eres masoquista, a partir de allí solo si yo quería lo hacíamos obligándote a hacer cosas que te avergonzaban, allí me di cuenta que yo fui quien te arrebato la virginidad, eras tan inexperto y tímido, seguro esperabas tener una primera vez mágica, llena de amor y ternura, pero la verdad es que yo no tenía intensión más que de tener sexo contigo de la forma que yo quisiera, llegue a pensar que me ibas a exigir que cambiara, que no siguiera tratándote así, pensé que no resistirías pero otra vez me sorprendí contigo, no solo resististe si no que fuiste acostumbrándote y tomándole el placer a eso, pero solo eras un pervertido masoquista en la cama, fuera de ella, cuando no quería hacerlo tú con paciencia me mostrabas tu ternura, tu cariño y seguías sin pedirme nada, cuando teníamos sexo muchas veces me gritabas que me amabas… y una noche me preguntaste que si te podría llegar a amar… que tontería, ¿por qué querría volver a enamorarme después del golpe tan duro que me dio ese sentimiento?
Han pasado ya tres años desde que estás conmigo y sigues estando incondicionalmente a mi lado, a pesar de que fuiste el mejor amigo de quien era mi pareja me aseguraste que contigo también corto comunicación, a pesar de que en nuestra época de estudiantes yo te trataba como si no valieras nada, tuviste el valor de acercarte a mi después de lo que paso y te quedaste a mi lado sin pedirme nada… sin exigirme incluso que te amara, nunca te vi llorar ni entristecerte, siempre te vi feliz, las mañanas en las que amanecías en la mansión te escuchaba tararear contento mientras te dabas un baño o al bajar las escaleras me esperabas con uno de mis desayunos favoritos; realmente no te pude entender. Cuando me entere que Joey había regresado intente no darle importancia, después de todo el ya no era parte de mi vida pero me hacía replantearme cada cosa en mi presente, incluyéndote a ti, hacía poco él fue a verme a la oficina asegurándome que todo había sido un error, que se había equivocado al irse así, que yo era lo mejor que había pasado en su vida y que lo dejara regresar a mí, esa visita revolvió todo en mí, estos años guardando tantos sentimientos, ¿lo seguía amando? Quizás… unos días después de que fuera a verme me envió un mensaje, quería que nos viéramos en aquel lugar que fue especial para ambos, no sé porque razón acepte, ahora iba en camino a la mansión mi mente era un mar de enredos pero de pronto tu saltaste en mis pensamientos, eras una molestia pero… habías estado a mi lado cuando sentía que estaba solo, habías limpiado mis lágrimas inconscientes y recibido mi ira… estabas loco… pero eras tan paciente, a pesar de lo poco que te hablaba o mi falta de atención. De pronto me plantee otro escenario imaginándote en los brazos de alguien más… imaginando a ese otro besando tu cuerpo con devoción y ternura, demostrando en cada una de sus caricias suaves su amor por ti, pero lo peor fue cuando te imagine gimiendo entre sus brazos mirándolo de esa forma entregada y perdida… la forma en la que a mí me miras… gimiendo su nombre pidiéndole por mas… jurándole amor… como lo haces conmigo y mi sangre hirvió en ese momento, entonces me di cuenta que estaba sintiendo celos de mis propios pensamientos, que solo imaginar que pudieras amar a otra persona me vuelve loco. Entonces pensé en qué haría sin ti… sin tu bella mirada amatista iluminando cada noche con su ternura, sin tus brazos que no se cansan de darme su calor… cuidándome preciosamente como si fuese su tesoro, sin tus labios pronunciándome sus palabras de cariño, brindándome cada beso con un amor profundo. Me di cuenta entonces, que ese extraño amor tuyo, loco y aferrado casi obsesivo, era el amor más puro que alguien me hubiera dado… desinteresado, sin egoísmos, paciente y lleno de ternura… que soportaba todo sin debilitarse, Yugi… mi precioso Yugi…
Suspire con profundidad mirando hacia la ventana, debia alejarte, mientras siguiera confundido, mientras no definiera mis sentimientos, mientras analizaba si iba a dejar que Joey volviera a mi vida si me daba cuenta que lo seguia amando… despues de saber que hacer sabría también que hacer contigo. Al llegar a la mansión subo directo a mi cuarto, sé que estarás esperándome allí, pero al abrir la puerta un suave aroma de jazmín llena el aire, la habitación esta iluminada tenuemente y se escucha una melodía suave -¿Yugi?- pregunto confundido pero una silueta se mueve de la cama
-Aquí estoy… - tu voz resuena clara y seductora como un cristal, te acercas a mí con una elegancia atrapante, y reparo en lo que traes puesto… pareces como una muñeca de porcelana, con ese Kimono purpura y dorado ajustándose a tu cintura estrecha y delicada, la tela se resbala un poco de tus hombros revelando tu suave piel, estas tan arrebatador… solté el aire que sin darme cuenta había retenido, pero simplemente estabas tan sensual que no podía quitarte la vista de encima, me tomaste la mano y me hiciste sentarme en la cama, tal como un doncel al servicio de su amo me dijiste con voz sumisa pero seductora que me ayudarías a relajarme, tus manos hábiles quitaron el saco de mis hombros y desanudaron la corbata para después desabrochar mi camisa, comenzaste a masajear mis hombros sintiendo al instante una gran relajación, tus manos son mágicas mi pequeño amante
-¿Porque estas tan juguetón Yugi? - te pregunto un poco confundido, tu no sueles ser así, odiabas ponerte trajes, aún recuerdo tu cara de indignación cuando te hice ponerte un uniforme de chica muy muy corto y más cuando te obligue a usar el traje de maid, escuche un tipo de risita escapar de tus labios diciéndome que querías complacerme y que estabas dispuesto a todo lo que yo quisiera, era más de lo que yo esperaba, tu dulce voz seductora, tu calor en mi espalda, sentir tus labios rozar mi piel, estaba excitándome, cuando me di cuenta te arrodillaste frente a mí y de forma tímida y juguetona me preguntaste si quería que te hicieras cargo mientras tus manos ya habían revelado mi miembro duro, joder… solo mámalo…, no recuerdo que respondí pero con fingida timidez comenzaste a lamerlo, te miraba atento calentándome mas y más, ¿en qué momento te volviste tan erótico? Un gruñido escapa de mi garganta al sentir que lo engulles por completo chupándolo y acariciándolo con tu lengua haciendo esos sonidos vulgares pero que me ponían cada vez más caliente, tus manos acariciaban mis piernas y sentía derretirme de placer, tome tu cabello con mis manos obligándote a tragarlo más profundo sintiendo como ibas moviendo tu cabeza, era tal la sensación que mi mente se puso en blanco, por minutos me deje llevar solo por esa sensación, no pude resistir más y termine corriéndome con fuerza en esa deliciosa boquita, te solté dejando que te separaras y pude verte lamiendo de tus labios mi esencia tragándotela sin quejas, si pensaba que no podías darme más sorpresas vi que estaba muy equivocado; estaba reponiéndome aun de ese placer obtenido cuando repare en que estabas masturbándote, te recostaste en la alfombra separando tus piernas dándome una bella visión de tu cuerpo excitado, el kimono se había abierto dejándome ver tu pecho blanco mientras te acariciabas a ti mismo gimiendo mi nombre, haciendo que la excitación volviera a subir por mi cuerpo, y un enorme deseo de ti nació desde lo más profundo de mi ser, cuando te corriste te dejaste caer en la alfombra para reponerte pero te tome de la muñeca y te hice ponerte de pie frente a mí, termine por desnudarte por completo mirando tu cuerpo sin cubiertas, a pesar de que no habías crecido mucho para tener 19 poseías cierto encanto y sensualidad natural desbordándose por cada poro de tu piel, por primera vez fui consiente de tu cuerpo, aunque pequeño y delgado era hermoso, cada parte bien proporcionado, fino y frágil, como una escultura en mármol tallada por el mas dedicado artista, levante la vista y tu rostro tenía un sonrojo haciendo aún más adorable tu expresión, eres hermoso Yugi… por ese pequeño momento me sentí perdido solo en tus ojos y tu piel sintiendo verdadero deseo y una pasión que sobrepasaba mi cordura, me sentí afortunado de tener para mi tal belleza tan dispuesta a mis deseos, te arroje sobre la cama y ante tu mirada comencé a desvestirme, sentía en mi tu mirada cargada de deseo ante mi figura desnuda, eres tan transparente mi pequeño, con solo ver el brillo de tus ojos sé que me deseas aún más de lo que eres capaz de contener por ti mismo, me recosté sobre ti y empecé a besarte con hambre, con un ardiente deseo que nunca antes había llenado mi interior, tus gemidos de súplica, tus movimientos sensuales… tu cuerpo abandonándose a la pasión, me enervaba y me enloquecía totalmente… Yugi, mi pequeño y dulce Yugi, tan lindo, tan tierno y a la vez tan sensual y enloquecedor, esta noche te has entregado sin medida, sin barreras; no ha sido como otras noches en las que solo tenemos sexo, esta vez… ¿me estás haciendo el amor? ¿Aun cuando yo solo juegue con tu cuerpo te has arriesgado a tal acto de confianza? Eres tan incomprensible para mí. Llego a mi limite en tu interior y mi esencia llena tus entrañas marcándote mío de nuevo, aunque esta vez… por primera vez, me doy cuenta de lo que eso significa, de lo que significa considerarte mío, de ser dueño de tu pasión… ser, sin quererlo el dueño de tu corazón tan puro y aun así rechazarlo, hago que me mires recostados en la cama y acaricio con suavidad tu rostro aun sonrojado, húmedo por la lluvia de hace un rato y siento que es la primera vez en que te veo realmente, cada hermoso y fino detalle de tu rostro de adolescente, aun infantil, con esa mirada de inocencia pero que a través de ellos esconden un sentimiento complejo y profundo que solo me das a mi… que solo quiero que me des a mí, siento como tomas mi mano y la besas con delicadeza, casi con fervor como si algo quisieras decirme pero el silencio es lo único que me responde, tomo tu dos manos y las beso de la misma forma fervorosa, adorándolas, estas manos benditas que me han brindado tanto calor, que me han acuñado entre ellas sosteniendo mis penas, mis enojos y mi dolor, estas manos que me acarician y me atesoran, vuelvo a pensar inconscientemente… Yugi ¿qué haría yo sin ti?… que haría sin la luz de tus ojos iluminando mi tristeza, sin la ternura de tu persona dispuesta a acabar con mi dolor, sin tus caricias que me sanan, sin tus labios que inyectan dulzura a este amargo personaje en el que me he convertido… estoy dudando de mí mismo. Siento como te aferras a mí y me besas con fuerza, con locura, con más ganas, me pides que te tome de nuevo pero ahora quiero hacer más, quiero hacer que disfrutes, que el placer aturda tus sentidos, por una vez, solo una vez antes de despedirme por tiempo indefinido de ti, no sé qué me pasa, no sé si es porque estas tan insaciable y demandante de atención, o que yo estoy más confundido de lo que había pensado pero no puedo con este deseo enorme de hacerte mío, de hacer que me entregues aún más de lo que ya me has dado, te deseo con locura. Entre besos recorro tu cuerpo escuchando con satisfacción esos gemidos de placer que se te escapan de la boca mientras tu cuerpo se estremece debajo de mí, entre besos y lametones, por primera vez soy consciente de la textura y el sabor de tu cuerpo, Yugi… mi dulce Yugi, eres tan cálido, tan suave, tu piel es tan aterciopelada y fina como seda blanca e impecable, así eres tu… sin ninguna mancha que te corrompa… sabes dulce pero no eres empalagoso, es tu sabor natural porque solo así tú has podido sobrellevar toda mi amargura regalándome momentos de alivio con tu dulzura y amor… ¿cómo no me di cuenta antes? ¿Cómo pude ser tan tonto de no disfrutar de ti apropiadamente en todo este tiempo? Eres un manjar digno de un rey y yo fui un ciego por no haberte disfrutado así antes. No me puedo detener ahora, quiero más, quiero mucho más, baje hasta tu miembro ya erguido deseoso de atención y separe tus piernas para probarlo pero me detuviste y te apartaste de mi pude ver entonces ese rostro que no había visto hacía tiempo, había inseguridad, confusión, y miedo reflejados en tus bellas amatistas confundidas, yo solo sonreí de lado y te jale hacia mi alcance comenzando a lamerte, te dije que solo lo disfrutaras, y aun con resistencia de tu parte seguí disfrutando de ti y esos gemidos que podían ser confundidos con llanto pero que yo tanto disfrutaba de arrancarte de la garganta, levante la mirada solo para observar tus reacciones, tu rostro sonrojado, tus ojos cerrados y tus labios entreabiertos eran la gran recompensa para este momento, sentí tu mano sobre mi cabeza pero no jalaste mi cabello como yo contigo, aun con todo me tienes cierto nivel de respeto, dejas que te destruya pero tú siempre me cuidas a mí, succione con más fuerza hasta sentir ese dulce estremecimiento en el que me apodere de tu esencia completa.
Veo tu rostro sonrojado y en tus ojos la petición muda de que continúe y movido por esa envolvente mirada vuelvo a hacerte mío de forma desesperada y hambrienta, quiero absorber todo de ti ¿qué clase de hechizo has puesto en mi hoy para necesitarte de esta forma? Estoy a punto de terminar nuevamente y por tus gemidos sé que estas igual, estoy absorto en esa imagen tuya entregándote sin reservas "te amo… te amo" escucho tu voz repitiéndome aquellas palabras necias que tantas veces has pronunciado, ahora vuelves a afirmármelo pero no sé porque mi corazón se ha acelerado aún más al escucharlas, como si me emocionara oírlas pero al mismo tiempo hay un temor que no puedo explicar. Calló tus labios con un beso hambriento y ansioso, no quiero oír más tu confesión, me siento abandonado en ti pero me confunde más el escucharte. Con violenta fuerza termino corriéndome en tu interior nuevamente llenándote de mí, sin embargo ahora me siento cansado, completamente satisfecho y con dudas creciendo en mi cabeza, sin soltarte de mis brazos poco a poco me voy perdiendo en el sueño.
"Adiós…" escucho una voz… una voz cristalina muy familiar sin embargo oírla ahora solo me hace sentir miedo, un miedo que no había sentido antes, como el preludio a una tragedia, entre esa oscuridad puedo divisar una pequeña luz, parpadeante y cada vez más pequeña, como si estuviera apagándose, corro hacia ella pero es tan denso el aire que no puedo acelerar, como si al acercarme esa luz se alejara más de mi sin embargo no dejo de correr, debo alcanzarla "Adiós… adiós…" sigo escuchando esa voz, viene de esa luz que no logro alcanzar, y al igual que ella se va haciendo más y más tenue, con desesperación grito tratando de acelerar y al fin llego a ella, puedo notar una silueta… esa silueta que me observa en silencio en todos mis momentos pero que siempre tiene una sonrisa para mí, mas ahora su sonrisa esta borrada, de sus ojos de amatista escapan ríos de brillo que poco a poco lo van desapareciendo -Yugi… - mi voz se oye ahogada pero el voltea a verme con esas luminosas lágrimas en los ojos, no se molesta en intentar sonreírme
-Adiós… mi cruel y amado príncipe…- me dice con la voz quebrada, estiro mi mano para tocarlo pero al solo roce su cuerpo blanco e inmaculado comienza a cubrirse de sombras, él era esa luz que iba siguiendo pero ahora se está apagando, su luz desaparece y lo último que logro ver son sus ojos mirándome con dolor, con horror miro a mi alrededor pero no hay nada "Tú lo has consumido" escucho mi propia voz en esta oscuridad profunda… yo soy esa oscuridad…
Despierto agitado con la respiración irregular, restriego mi rostro aclarando mi vista, volteo a la mesita de noche y el reloj me muestra las 9:00 de la mañana, volteo a ver a la ventana y el cielo está claro, respiro más tranquilo y al mirar a mi alrededor la habitación está limpia, no hay velas consumidas, el reproductor de audio está apagado y todo en orden y su correcto lugar. Te levantaste temprano para limpiar esto, siempre eres así, me levanto envolviéndome en una bata y camino al baño esperando escuchar el agua de la ducha pero solo hay silencio, no hay vestigios de tu ropa tampoco, quizás estas abajo, así que después de darme un baño y vestirme bajo esperando recibirme el aroma de comida y café mas todo está en completo silencio, una mala punzada me atraviesa el cuerpo, no hay rastro de ti aquí y sé que eso no es normal pero trato de ignorar esa corazonada, alegrándome un poco por ver que al fin no estas aquí merodeando por la mañana, eso me da un poco de tranquilidad, ahora puedo pensar bien en mi encuentro con Joey esta tarde, no negare que lo de anoche fue una excelente distracción, sin embargo hay un algo, que no deja de preocuparme desatado por lo de anoche, no era normal en ti ese comportamiento ¿qué fue todo eso? No lo sabía, todo era tan confuso. Fui a la oficina pero no logre concentrarme, mi mente divagaba en tu recuerdo, en lo hechizado que me había sentido la noche anterior, en tus ojos mirándome de esa forma tan entregada y sumisa, un suspiro escapa de mi boca y sé que lleva tu nombre, anoche estuve a punto de corresponder tus palabras de amor pero me contuve, no quería decirte algo dejándome llevar por el momento, además… a quien amo es a Joey… ¿no es así? Ya no lo sé, ya no estoy seguro de que me sucede, mi mente divaga en sus pensamientos hasta que escucho la alarma de mi teléfono indicarme que es hora de ese encuentro, más en mi camino hacia allá aun pensaba en ti. El lugar del encuentro fue uno donde hacía mucho solíamos llamar "nuestro lugar especial" un mirador poco conocido que daba hacia el mar que encontramos en una de nuestras travesuras de amantes locos. Yugi, tú y yo no tenemos un lugar especial… pero… ¿porque íbamos a tenerlo? Nunca salimos, solo tuvimos esos momentos en mi mansión… aunque no todos fueron de intimidad… esas mañanas cuando me serbias el desayuno dibujando con crema en el pan una sonrisa para mí, formando soles y corazones con lo que servias en el plato, los cálidos besos que depositabas en mi mejilla deseándome un buen día, o las tardes lluviosas donde te quedabas sentado junto al sillón de mi despacho mirándome trabajar mientras en silencio leías un libro solo por acompañarme, o las noches frías donde recostados en la cama acariciabas mi cabello mientras me contabas algo a lo que pocas veces ponía atención… no, puede que no tengamos un lugar especial como este pero si tenemos momentos nuestros que volvieron especiales esos lugares. Al irme acercando a aquel sitio pude divisar de primera instancia esa figura alta coronada de rubios cabellos que al notarme volteo a verme con una sonrisa que antaño me desarmaba al primer instante pero ahora no me parece tan radiante… no comparada con la tuya tan luminosa y llena de amor, lo observo acercarse a mí y yo no siento el corazón palpitándome de emoción ni el estómago borboteando en desagrado, no hay reacción alguna, es como si todo lo que creí aun sentir ya no estuviera
-Seto… pensé que no ibas a venir - me dice con un leve sonrojo pero no me inmuto
- Te dije que vendría y Seto Kaiba nunca falta a su palabra
-Lo sé... yo... no sabes cuánto he estado pensando en ti, es solo que… no sé cómo explicarlo…
-Yo también he pensado mucho en ti - me mira con los ojos brillantes y una ligera sonrisa se dibuja en sus labios - y no me debes explicaciones, después de tanto tiempo no necesito palabras vacías y rebuscadas para justificar lo que fue evidente, no estabas seguro de tus sentimientos hacia mí
-No, no era eso… es solo que estaba asustado… todo estaba pasando tan rápido que tuve miedo… yo quería estar a tu nivel… no solo quería ser solo tu esposo abnegado... necesitaba experimentar el mundo por mi cuenta antes de poder entregarme por completo a ti, pero he regresado a ti, ha sido difícil… no pude dejar de amarte, y si aún me aceptas… te pido que volvamos a intentarlo - sus manos se reposaron en mi pecho mientras me miraba fijo, no podía creer todo esto
-No sabes cuánto ansié escucharte decir eso, no sabes cómo había anhelado tu regreso y volver a tenerte conmigo
-Por eso estoy aquí amor… regrese a ti, para que podamos ser felices - veo como recuesta su cabeza en mi pecho y se acurruca en mi con confianza, más lo tomo de los hombros y lo separo de mi cuerpo mirándolo directamente a esos ojos confundidos que alguna vez ame
-Pero no te confundas, tardaste mucho y yo no iba a esperarte, por mucho que te amé en el pasado ahora eso solo es un recuerdo, tú ya no significas nada para mí - me di la media vuelta dispuesto a regresar por donde llegue pero lo siento tomarme de la chaqueta
-No, tú dijiste que siempre ibas a amarme, debe quedar una posibilidad
-Entiende que no hay nada, puedo perdonarte ahora por aquello pero no volvería a dejar que entres a mi vida
-¿Por qué? ¿Qué me impide volver a ti? - sus ojos están llorosos y me mira desesperado, antes esa escena hubiese tirado mis barreras pero ahora ya no siento más que lastima
-Ya no siento nada por ti, todo lo que alguna vez hubo está olvidado, logre borrarte de mi
-¿Como? ¿Cómo borraste algo que me juraste que nunca se iría? - lo vi comenzar a llorar, que patético
-Tuve ayuda, de alguien que a pesar de todo nunca perdió la fe en mí y siempre estuvo allí… el logro borrar ese dolor, lo recibió y me regreso a cambio su alegría… su amor… su dulzura que transformo tanta amargura en dulces momentos… es mi ángel… mi ángel que estuvo siempre allí para no dejarme caer - mientras hablo tu imagen se muestra en mi mente, tan radiante y alegre, con esa sonrisa que todo lo ilumina y esa determinación que hace brillar tus orbes amatistas, Yugi… hasta ahora me doy cuenta de lo valioso que eres para mí, que en estos tres años has calado por completo en este duro corazón y todo lo has transformado… que el amor que alguna vez sentí por esta persona frente a mí se transmuto en un amor aún más profundo que jamás he sentido… el amor que siento por ti…
-Seto…
-No hay más que decir, no vuelvas a buscarme, no te quiero de regreso - dije con indiferencia ante su llanto derramándose y me fui de allí dejándolo atrás como debió ser desde el inicio.
Al llegar a la mansión no me di cuenta de lo ansioso que estaba hasta que me vi corriendo las escaleras hacia mi habitación, pero quiero verte, ver tu rostro y abrazarte, besarte con locura y esta vez hacerte mío de la forma correcta; sin embargo al abrir la puerta el cuarto está completamente oscuro, al encender la luz lo que hay es solo una habitación vacía, una punzada de angustia me recorre y vuelvo a sentir miedo, de golpe llega a mi ese recuerdo de mi sueño, con desesperación tomo mi teléfono llamándote insistente pero no respondes… no, esto no es normal, algo te ha pasado, salgo de nuevo esta vez hacia tu casa, a donde sea que pueda encontrarte, al llegar a la casa-tienda todo está a oscuras pero noto una irregularidad, la puerta esta entreabierta, un escalofrió aún más grande me recorre y sin pensar entro allí, sin tocar nada enciendo el interruptor de la luz pero todo parece en orden, sin embargo logro ver tu mochila en la sala, mis latidos estaban descontrolados, siguiendo un extraño instinto subo las escaleras viendo todo a oscuras, esto es tan raro, ¿dónde estás? ¿Dónde está tu abuelo? Enciendo la luz y las puertas de las habitaciones están abiertas, excepto una que esta entrecerrada, siento un vacío en el estómago al irme acercando, hay una silueta en la bañera y una opresión en mi pecho se hace presente, al encender la luz quiero que esto sea una pesadilla, que no sea verdad, no puede ser verdad, me quedo estático por lo que me parecen momentos interminables mientras el aliento se me escapa y todo me parece irreal, me obligo a mí mismo a avanzar mientras veo una botella de whiskey en el piso y píldoras regadas, sin ser dueño de mis acciones y sin importar mojarme adentro mis brazos en el agua envolviendo tu cuerpo inerte y frio apegándote a mí y sacándote del agua, lagrimas comienzan a recorrer mi rostro mientras te acuno en mis brazos acariciando tu rostro y delineo tus ojos cerrados… no… no te puedes ir… no ahora… mi ángel… regresa a mi…
