Disclaimer: Lo que reconozcas es de Jotaká y le doy las gracias por ello. En ningún momento pretendo robárselo o lucrarme de ello. La trama del fic, en cambio, es mía, así que te pediría que la respetaras :)
Gracias a Booh por el beteo. Y gracias también a Lalwens, Nasirid, saralpp, M.Mago, Dubhesigrid, Nell Charentes y princess179. (prometo contestar los reviews esta misma semana).
COMO NIÑOS
Capítulo II
El primer partido estaba cada vez más cerca. Sólo era un amistoso, pero para Katie iba a ser su prueba de fuego. Tenía que darlo todo. Estaba entrenando más duro que nunca, y cada vez que llegaba a casa, empapada, sudando y cubierta de barro, recordaba los entrenamientos con Oliver, cuando él quería ganar costase lo que costase, y les obligaba a entrenar a las seis de la mañana, bajo una lluvia torrencial o a merced de un viento que les manejaba como marionetas.
Aquel día también llegó a casa hecha polvo. Le dolían todos los músculos del cuerpo y los párpados se le cerraban cuando llegó hasta la salita. A duras penas se arrastró hasta su habitación, dejándose caer de cualquier forma sobre la cama, pero cuando apenas se estaba quedando dormida se abrió la puerta y la voz de Leanne la sacó de su ensoñación.
-…nes visita.
Katie maldijo mentalmente a Leanne y a su visita, y también su descuido de no haber cerrado la puerta. Se levantó a duras penas y, sin contener un tremendo bostezo, salió de la habitación. Su visita estaba sentada en una de las butacas frente a la chimenea, y en un primer momento, lo único que fue capaz de pensar fue que estaba soñando. O algo así.
-Hola, Katie.
Parpadeó un par de veces. Estaba casi igual que lo recordaba, con sutiles diferencias aquí y allá. Ahora era algo más musculoso y la miraba con una calma que nunca había visto en sus ojos. Oh, y claro, no le pasó desapercibida la sombra de barba que asomaba en su rostro, como si llevara un par de días sin afeitarse, pero cuidadosamente arreglada. Tragó sonoramente, intentando acabar con ese nudo en su garganta. Estaba realmente impresionante, no era lo mismo verle en los periódicos que cara a cara.
-Hola.
-¿Cómo te va?
Después de tantas felicitaciones insulsas y noticias a medias, y de conocer qué era de su vida a través de las columnas de cotilleo de Corazón de Bruja -rumores de boda que Leanne se empeñaba en leerle a pesar de que no le interesaran-, la conversación entre ellos era incómoda. La situación era tensa, no podía dejar de notarlo, y ni siquiera sabía cómo responder. ¿Debía responder con el habitual (y educadísimo) 'bien, gracias'? ¿O quizás seguía habiendo entre ellos confianza suficiente para hablar distendidamente? No sabía cómo comportarse.
-Bien, ya sabes, entrenando duro.
-En dos semanas tendrás tu primer partido, ¿no?
-Sí, eso creo. Contra los Arrows.
-Dicen que, a pesar de la lesión, sigues haciéndolo tan bien como en Hogwarts. En ese caso, no creo que tengas nada de qué preocuparte. Anne dice que cuando se vaya uno de nuestros cazadores, tú ya tendrás experiencia suficiente para unirte a nosotros. Quizás algún día te conviertas en una leyenda de los Magpies.
La sonrisa no llegó a su rostro. Anne. La chica que había acaparado las portadas de Corazón de Bruja durante unas pocas semanas. La noticia había saltado a la palestra hacía ya casi dos años. De pronto, las revistas se habían hecho eco de la relación entre la por entonces nueva revelación del quidditch británico, Wood, y la descendiente de una poderosa familia de sangre limpias alemana, de la que se rumoreaba que había apoyado a Voldemort de forma indirecta.
Durante algún tiempo, los periodistas se habían dedicado a seguirles cámara en mano y a investigar cada pequeño detalle de su pasado. Casi dos años después, no se sabía de ningún avance en su relación, pero tampoco habían salido a la luz crisis ni problemas en la pareja. Todos apostaban por el futuro del matrimonio Wood. Y Katie solía sorprenderse a sí misma enumerando las razones por las que Oliver jamás se casaría con una chica tan sosa y tan fría. Y esa vocecita que resonaba en su cabeza diciendo que en realidad no la conocía y que por tanto no podía juzgarla, era fácilmente domable. Al menos, por el momento.
-Se hace lo que se puede, ya sabes. Si te han rechazado de tres equipos, y el Puddlemere United te ofrece un puesto en su plantilla… haces lo que sea para mantenerlo.
Esta vez fue Oliver quien sonrió. Probablemente él veía en sus ojos algo más que la indiferencia que pretendía aparentar. Posiblemente, veía la necesidad que sentía de mantener ese puesto, de seguir volando sobre su escoba y marcar tantos. Quizás era capaz de ver más allá del nerviosismo que parecía ocupar cada una de sus células, y notaba las ansias que sentía de volver a jugar en un estadio repleto de gente.
-Bueno, yo… -se levantó y, por primera vez, pareció inseguro-. Tengo que irme. Sólo venía a desearte suerte.
Se despidieron en la puerta con dos besos, y cuando la cerró, se sintió extraña. Como si hubiera deseado esa visita aún sin saberlo. Oliver desapareció de su vida poco a poco, sin que se notara demasiado. Le costó acostumbrarse a caminar por el colegio sin su presencia, pero lo logró. Luego le costó acostumbrarse a que las cartas, tanto las enviadas como las recibidas, fueran cada vez menos frecuentes y las palabras más tibias. Pero se acostumbró también. Y, finalmente, tuvo que hacerse a la idea de que su contacto no pasaría de unas líneas un par de veces al año, y un saludo de cabeza cuando se encontraban en el Callejón Diagon. También muy de vez en cuando.
Y ahora se presentaba en su casa para felicitarla.
"Hemos recibido varias recomendaciones sobre su buen juego…"
Sonrió. Recomendaciones sobre su buen juego. En el Puddlemere United.
Gracias, Capitán.
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-¡Los jugadores saltan al campo! ¡Doherty! ¡Beaumont! ¡Los hermanos Dalton! ¡Alegría! ¡Y las nuevas incorporaciones: Chang y Beeeell!
Había sentido miedo. No, miedo no, había sentido pánico unos minutos atrás. El estadio estaba repleto de seguidores. Incluso había podido reconocer caras de ex compañeros de Hogwarts con sus omniculares. Levantaban los estandartes azules con varitas entrecruzadas, cantaban el himno del club y agitaban sus bufandas. Era apabullante.
Ella no había llegado a jugar en un estadio como ese jamás. Cuando salió de Hogwarts, la Segunda Guerra aún estaba en pleno apogeo, y la mejor opción había sido quedarse ayudando en el negocio familiar. Y cuando aquello terminó, se quedó allí, con su familia. Los hermanos de su madre habían muerto en la Batalla de Hogwarts y ella misma no se sentía con fuerzas para encarar nada, y mucho menos, una posible carrera como jugadora. Por fin, con veinte años recién cumplidos, se había embarcado en su sueño, pero nunca había pasado de ser una suplente del Pride of Portree que jugó unos cuatro amistosos en toda la temporada (ninguno en estadios como aquel), hasta que, en el último, una bludger le había destrozado la rodilla.
Y ahora volvía a tener una oportunidad. No podía sentirse más feliz. O sí, claro que podía, pero sólo si lograban ganar ese partido. Era un amistoso, pero eso no importaba. Tenían que ganarlo.
En eso pensaba mientras sobrevolaba las gradas, con los gritos de la afición aún resonándole en los oídos. Después de unos segundos de impresionante vuelo, se acercó al centro del juego, colocándose junto a Ian.
-¿Nerviosa?
-Un poco.
-Sólo hazlo como en los entrenamientos. Ganaremos.
El árbitro dio el partido por comenzado justo en ese instante, e Ian se alejó, guiñándole un ojo. Durante un instante tuvo miedo de no estar a la altura, mientras veía a los dos hermanos lanzándose la quaffle y esquivando jugadores a toda velocidad, pero pronto se vio inmersa en el juego. La quaffle volaba de sus manos a las de los hermanos, y de pronto, aquellos jugadores no se diferenciaban tanto de sus oponentes en Hogwarts.
-¡Otro tanto de Dalton, señores, esta chica sabe lo que se hace! ¡El Puddlemere gana por tan sólo diez puntos, y las nuevas incorporaciones aún no se han dejado ver demasiado en este partido!
Cho sobrevolaba el terreno, nerviosa, pisándole los talones al buscador de los Arrows e intentando abarcar con su mirada todo el campo para encontrar el veloz reflejo dorado.
"Que no nos hemos dejado ver, ¿eh?", pensó, un tanto molesta por el comentario.
Ian le pasó la quaffle en ese mismo instante y Katie no se paró a pensarlo. Se inclinó sobre la escoba, hizo un par de virajes y voló en zigzag, esquivando a los cazadores contrarios, las bludgers e incluso los bates de los golpeadores. Y lanzó.
Antes de ser consciente de lo que había hecho, las gradas se levantaron, celebrando un nuevo tanto del equipo, y la voz del comentarista empezó a gritar su nombre, mientras David le guiñaba un ojo y Rebecca asentía satisfecha desde la lejanía. Katie Bell supo en ese instante que si había algo para lo que había nacido, era para jugar en un campo como aquel durante el resto de su vida.
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"¿Cómo se siente después de este debut?"
"¿Está satisfecha con su actuación?"
"¿Ha recibido el apoyo de sus compañeros de equipo?"
"¿Cree que podría forjarse un futuro en el Puddlemere United?"
Mientras caía rendida en el sofá de su salón de estar, las preguntas de los periodistas aún resonaban en su cabeza. La rueda de prensa había sido especialmente dura para ella y Cho, las nuevas, aunque Pierre también había estado allí, algo callado y huraño, como venía siendo costumbre en él. Los periodistas se habían abalanzado sobre ella y sus siete tantos. Cho había cogido la snitch casi por casualidad, y al golpeador lo conocían de sobra. Ella era la novedad.
"Se rumorea que en Hogwarts, usted y el ex guardián del Puddlemere United, Oliver Wood, fueron algo más que amigos. ¿Qué tiene que decir a eso, señorita Bell?"
Que ya le hubiera gustado a ella. Que era una niña que sí, se moría por su capitán, a pesar de que él nunca había puesto los ojos en ella de esa forma. Pero en lugar de eso había sonreído diplomáticamente y había respondido que "eso son sólo rumores, nada es cierto. Oliver era mi capitán y mi amigo, pero nunca fue mi novio", sin poder añadir que cuando tenía catorce años lo había soñado una y otra vez y que el día en que ganaron la copa y él la abrazó como si no hubiera nada más en el mundo y lloró en su hombro, se había repetido durante años en sus sueños.
-¿Katie? ¿Estás despierta?
-Mmm… sí.
-Felicidades, he oído lo del partido.
Leanne acababa de aparecerse en el salón, con el carmín corrido y el pelo hecho un desastre, y la miraba con ojos brillantes.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué hora es? ¿Por qué has vuelto tan tarde?
-Roger y yo hemos vuelto.
Le hubiera gustado decirle lo que realmente pensaba, claro. ¿Pero quién era ella para decirle que no le convenía y que acabaría con el corazón hecho pedazos? La última vez habían acabado gritándose y lanzándose trastos a la cabeza (literalmente), así que optó por sonreír y felicitarla.
-Me iré mañana.
Y un segundo después se dirigió a su habitación, no sin ciertas dificultades, y volvió a dejarla sola, pensando ya en su próximo partido. Desde que había entrado en el equipo, sólo pensaba en el quidditch. Tanto el entrenador como sus compañeros, y algunos aficionados, la habían felicitado por su actuación, pero sabía que tenía que demostrar mucho más si quería asegurarse un puesto fijo en el equipo que le abriera las puertas a la plantilla los Magpies. Y eso era precisamente lo que quería.
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-El entrenador quiere verte.
Aún estaba amaneciendo, pero la cabeza de uno de los ayudantes del entrenador estaba ya en su chimenea, despertándola y diciéndole que fuera urgentemente a verle, porque tenía algo importante que decirle. Sin hacer mucho caso a su perorata, Katie se levantó, se recogió el pelo de cualquier forma y se echó por encima la primera túnica que encontró (y que no estaba segura de si era suya o de Leanne). Cinco minutos después, se aparecía en su despacho.
-¿Quería hablar conmigo, señor Curtis?
-De hecho, sí. Siéntate, por favor. Lamento haberte despertado tan pronto, pero es mi única oportunidad para hablarte del partido de mañana.
-El partido… Creí que no…
-Creíste que no ibas a jugar. Y así iba a ser. Teóricamente, ayer terminaba el tratamiento de Charles. Mañana tenía que ser su regreso al quidditch, y tú volverías a ser suplente. ¿Quieres un té?
-No, gracias. Y… ¿qué ha pasado?
-¿Seguro? ¿Un zumo? ¿Tostadas? -negó con la cabeza, impaciente-. No estoy seguro, en realidad. Pero el medimago que se encarga de su tratamiento me ha comunicado que, de momento, no podrá jugar. Lo que significa que volverás a jugar tú.
Sonrió. No le alegraba la lesión del jugador, claro que no. Pero cuanto más tiempo permaneciese lesionado, más fácil le resultaría a ella consolidar su posición en el equipo y en el quidditch profesional. Y cuanta más fama, más puertas abiertas. Aún mantenía la esperanza de que los Magpies le ofreciesen un puesto en su equipo, aunque fuese como suplente (otra vez).
-¿Sabes, Bell? Esto no me hace ninguna gracia. Mañana jugamos contra los Magpies, y el guardián… Bueno, se rumorea que fuisteis algo más que amigos. No es que suela hacer mucho caso a las habladurías que oigo por ahí, pero estas cosas me dan bastante… miedo.
-No sé a qué tiene miedo, sinceramente…
-A que no seas capaz de marcarle. Es un buen guardameta, pero su mejor baza sería hacerte dudar -el entrenador golpeó la mesa, y se levantó para empezar a dar paseos a su alrededor-. Eres una novata, Bell. Una de las estrategias para poner nerviosos a los nuevos es precisamente ésa: apelar al pasado común, desequilibrar emocionalmente al contrario.
Y entonces lo recordó. Oliver había aparecido en su casa justo en el momento en el que ella jugaba su primer partido, el anterior al que la enfrentaría a los Magpies. ¿Había sido casualidad? ¿Sería él capaz de intentar manipularla, de ponerla nerviosa…? No, claro que no. Conocía a su capitán, él no hacía esas cosas. Él creía en la justicia del quidditch, en la belleza de ese deporte…
Él… adoraba ganar. Él siempre quería ganar.
No pienses eso, Kat.
-Lo haré bien, señor –comentó, sin mencionar aquella extraña aparición de Oliver-. Me esforzaré al máximo. Y no dude ni por un momento que lo daré todo, sea quien sea el que defienda los aros. Ganaremos.
Notas: Segundo capítulo y ya empiezan las complicaciones, je. No era yo si no retorcía un poco la historia, qué queréis que os diga. Y ya sabéis, vuestra opinión es oro para mis ojos ;)
