Capitulo II
– Tienes que tomarte esto, Potter.
– Esta bien, gracias.
– ¿Que dijiste?
– Dije gracias.
– El desmayo debió de haberte afectado. – dijo con un gesto de desagrado que aparentemente tenía por el. Lily se alejo de su cama, caminando hacia la oficina de la enfermera a poner en su lugar el frasco de poción energética de la cual Harry estaba tomando.
Después de su desmayo, fue despertado en la enfermería por la señorita Pomfrey, quien después de regañarlo por dejar que sus niveles de energía bajaran tan dramáticamente lo había dejado bajo el cuidado de Lily, alumna de la cual parecía estar muy orgullosa. Harry supuso que el nivel de energía reducido en su cuerpo se debía a su "viaje en el tiempo" o ¿seria poseer el cuerpo del otro ser humano históricamente en tiempo acontecido? Bueno, lo que fuera que había pasado, prefirió no decir nada y dejo que la enfermera asumiera que no había comido como debiera y soporto estoicamente la reprimenda.
– ¿Así que eres alumna de la señorita Pomfrey o algo así?- pregunto Harry cuando vio a su "madre" salir de la oficina.
– Soy aprendiz de medimaga, Potter. Anda, apresúrate a tomarte eso que no te podré aguantar mucho tiempo aquí.
– ¿Que clase eres? – pregunto Harry. Tenía mucha curiosidad por esto, en especial porque nunca nadie se lo había dicho.
– Eso no te incumbe.
– Debes ser bastante buena para que la señorita Pomfrey te tenga como única alumna.
– Hubo unos cinco que aplicaron para la clase, pero ellos están en otra hora.
– Entonces si eres la única significa que tiene que enseñarte algo avanzado, lo quiere decir que eres una medimaga de clase 5, 6, o 7. Vaya, Lily, esos son de los más poderosos. – dijo Harry con una verdadera sonrisa, estaba orgulloso de su madre. La amiga de Harry, Hermione, había descubierto que era medimaga clase 6, lo cual le daba bastante poder para curaciones, aunque la clase más poderosa era la 7 que podía curar sin varita.
– Es Evans, Pot... – Antes había estado dándole la espalda, arreglando innecesariamente algunas camas, pero ahora se volvió hacia el y se quedo boquiabierta ante esa sonrisa. No era la sonrisa que James Potter daba a cualquier chica que pasaba por su camino, era una de total alegría y pura inocencia. Aunque, claro, inocencia no era una palabra que describiera a James Potter. – ¿Porque sonríes así?
– ¿Que clase eres?
– Solo un tonto responde una pregunta con otra pregunta.
– Sabes, Lily, eres bastante agresiva. Yo solo quiero saber que clase de medimaga eres.
– Clase 6. ¿Porque sonríes así?
– Wow, eso es genial. – dijo Harry, sonriendo. La señorita Pomfrey entro con paso apurado.
– Señor Potter, aún sigue aquí. Debió de salir hace diez minutos, el señor Lupin y el señor Black no han querido ir a sus clases por que usted no ha salido, así que a su clase. – dijo haciendo señas para apurarlo a salir de la cama, mientras Lily entraba por una puerta aislada, viendo a lo que en su opinión era un James Potter muy extraño en comparación con el que ella discutía todos los días.
PPPPPPPPPP
– ¿Remus?... ¿eres t... – se obligo a callar su sorpresa, ya sin ella Remus se veía bastante preocupado.
– James ¿que fue lo que paso? – preguntaron Sirius y Remus en unísono. Posiblemente alguna vez te pasado lo mismo: decir algo al mismo tiempo que un amigo. Después uno de los dos dice algo como embrujado o atrapado para luego decir que el otro le debe una bebida, al menos así era en el mundo mágico( para niños menores de siete años). Pues esto es algo parecido.
– Atrapado, me tendrás que conseguir una sita con Amber Vogel.- se apresuro a decir Remus. Claramente dando por hecho que Cornamenta estaba bien.
– ¿¡Amber Vogel!? Pero si es amiga de Lily " no se acerquen merodeadores" Evans y además no te soporta. –se quejo Sirius.
– Lo siento, tu encanto debe de servir para algo, tu que crees James.
– Nada que Sirius Black no pueda hacer. – aporto Harry, animándose a entrar en conversación ahora que Remus lo incitaba a hacerlo.
– Con la primera bofetada que me de, no lo intentare más. – advirtió el chico de ojos grises.
Los tres comenzaron a andar hacia el gran comedor, Sirius le dijo a Harry que no irían a la siguiente clase porque de todas maneras tan sólo restaban diez minutos para la comida. Se sentaron en la mesa del gran comedor y continuaron charlando, Harry sorprendiéndose así mismo ante lo fácil que era hablar con los dos. Sirius era definitivamente el más... extrovertido, mandaba miradas sugerentes a chicas de otras casas y comiendo inclusive más comida que Ron, con un poco más de elegancia. Remus, aunque era más calmado, siempre parecía saltarse sus propios límites en cuanto a divertirse se trataba, y al parecer nunca tenía nada malo que decir sobre alguien, a menos que ese alguien usara corbata verde e insignia de serpiente.
El joven que Harry tenía delante parecía ser un retrato de lo que el Remus de su mundo hubiera sido, no un retrato de lo algunas vez fue, pues era casi surreal que el hombre demacrado, delgado y de calmada actitiud– demasiado apacible en opinión de Harry– hubiese tenido alguna vez la energía que despedía este joven con tan sólo una mirada.
Harry algunas veces se había imaginado a Remus, por cruel que pueda ser, como un bache a mitad de una calle principal. Todo el mundo lo quiere fuera, cubierto de concreto. Y era duro pensar que su amigo se les había unido a ese mundo; ya desde hacia unos meses estaba más cansado de lo que normalmente estaría, cansancio emocional como Molly solía llamarlo. Aunque Harry sabia que Remus aún no pasaba de los cuarenta, cuando se lo topaba en lo pasillos de Grimmauld Place tenía la vaga sensación de que veía a un hombre de edad avanzada.
El tiempo es algo bastante confuso, pero la vida de Harry en si ya lo confundía lo suficiente como para ponerse a pensar en el efecto que éste tenía en los seres humanos. Muchas mujeres mayores, he incluso algunas de sus compañeras, se abastecían hasta la saciedad de cremas que juraban y perjuraban que mantendrían su belleza intacta regenerando la piel. Y ahora, interactuando con un Remus Lupin de 17 años, se pregunto si esas cremas tendrían tanta popularidad si la gente viera lo que le bailaba enfrente de los ojos: que no es el tiempo el que hacia viejo a una persona sino el dolor de los años, de vidas que no parecen ser justas, pero que si sabemos disfrutarlas nos hacen joven de nuevo.
El Remus de su mundo había sufrido tanto ya que su único motivo de vida parecía ser aportar algo para que la guerra terminara. Lo demás eran días sin emoción, ahorrando energía que gastaba por su estado de licántropo. Pero el Remus que había en el mundo de James y que Harry ahora conocía tenia más de una esperanza, más de una ilusión, y sus sueños aún no se habían sofocado ante la discriminación de su mundo. Harry se pregunto como hubiera sido Remus si sus dos mejores amigos quienes tal vez fueron las únicas personas que lograron convencerlo, al menos cada luna llena, de que su condición de licántropo no era razón para no luchar con fiereza por su bienestar no hubieran muerto. Posiblemente seria un poco menos maduro, pero definitivamente hubiera sido más feliz.
Harry fue sacado bruscamente de sus pensamientos cuando un par de decididos brazos movieron su cabeza para encontrarse besando a una atractiva chica trigueña. Harry aún no había salido del estupor inicial cuando la chica, con bastante convicción, trato de profundizar el beso. Se separo despacio de ella, la estupefacción ganando sobre su instinto de macho apasionado que seguramente hubiera vencido si la joven hubiera sido más persistente.
– Hola, James. – fue el saludo que recibió con una sonrisa seductora. Harry no supo que decir ante la chica, y ella tan sólo amplio su sonrisa. Se pregunto si debería decir algo, pero en esos momentos algo más llamo su intención.
No más de cinco o seis asientos lo separaban de un par de chicas que observaban a los tres merodeadores y a su acompañante. Por el semblante fruncido pudo darse cuenta de que ninguno de los chicos les era de agrado, pero después verifico, no sin algo de desconcierto, que la mirada de enfado estaba dirigida exclusivamente a el y a la joven que, sentada a su lado, no paraba de acariciarle la cara sin que el a penas lo notara.
– Tan dulce como siempre, Camila. – Sirius le guiño un ojo a la chica que hasta el momento había ignorado la presencia tanto de Remus como del perruno animago sin poder mantener su mirada a menos de dos centímetros de los labios de Harry/James. Como respuesta tan sólo recibió un escueto "Hola Sirius, Remus" y antes de que Harry pudiera siquiera descifrar porque Sirius y Remus se despedían con maliciosas sonrisas, el joven Potter, ocupando el cuerpo de su padre, se sintió jalado fuera de el gran comedor por la joven que parecía ser más que una amiga pero menos que una novia.
– Sabía que me extrañabas, James. – dijo la chica cuando lo hubo llevado hacia un aula en desuso.
– Eh... Camila, veras yo no... – ¿Y aquí que? Saltándose detalles, basta con decir que Harry era todo un iluso con respecto a las chicas. Había intentado conseguir consejos de sus compañeros de dormitorio en su tiempo, pero supuso que después de que la chica de revenclaw que había invitado a salir le diera una cacheta, el consejo de Seamus sobre abordarla por la espalda para jalarla a un beso robado no fue de las mejores ideas. Inclusive al segundo después de haberlo hecho se pregunto que lo había poseído para pensar siquiera intentarlo. Así que, ¿que se le dice a un chica que no conoces, que al parecer te conoce más de lo que quisieras; que no te atrae físicamente, y que además te mira como si fueras el único hombre del planeta con potencial sexual? – Veras, yo estoy seguro de que me agradas mucho y ... – ella se fue acercando a el lentamente y antes de que pudiera saber que pasaba la joven había puesto a Harry contra la pared de tal forma que el chico creyó que de un momento a otro penetraría la estructura de mármol a su espalda. Mientras, la joven le proporcionaba al muchacho una buena sesión de arrumacos que fueron bajando condescendientemente hasta el cuello del chico. Hermone y Ginny solían decir que cada generación femenina mostraba más independencia que la anterior. Viéndose atacado por la pantera en celo llamada Camila, Harry se pregunto que grado de independencia tendría la generación que esta joven educaría.
– ¿Lily que ocurre? – voces se escucharon eco en el aula y sin saber exactamente porque, Harry empujo a la tal Camila lejos de el para luego voltear a la puerta y encontrarse con una boquiabierta Lily Evans y a las dos chicas que había visto en el comedor no hacia más de unos minutos.
– Nada Amber, solo Potter y su novia. – respondió Lily parada en la puerta del aula, a Harry le preocupo la acides empleada y los preocupados murmullos que las dos amigas de Lily le comunicaban alejarse de ahí y que la pelimorada prefirió ignorar.
– Si nos perdonan estábamos ocupados – dijo Camila, abrazando a James/Harry por el cuello y prácticamente escribiendo "Propiedad mía" en la frente cuando le dio un beso en la mejilla.
– Nos perdonaran ustedes, pero esta aula prácticamente nos pertenece a nosotras durante el almuerzo ya que aquí es donde estudiamos. – dijo una de las amigas de Lily.
– Así es, así que si hacen el favor de salir – señalo la chica que Lily había dicho ser Amber.
Harry, indiscutiblemente avergonzado, tomo a su acompañante del brazo y la dirigió hacia la puerta, pasando de lado por la tres chicas con semblante bajo. Estaba comenzando a pensar que estar en el cuerpo de su padre no era tan grandioso como en un principio había pensado. Sin notar que todavía seguía con Camila, siguió caminando hasta que se paro de repente en un corredor vació cuando la joven lo jalo del brazo.
– Escucha, Camila, estoy seguro de que... – dijo alejándose de ella antes de que la chica pudiera intentar siquiera algo.
– Siempre es por ella ¿verdad James?
– Ah... ¿perdón?
– Ella: Evans. ¿Acaso crees que no me doy cuenta de que si te lo pidiera, me dejarías sin chistar? Aunque eso ya lo has hechos dijo con una sonrisa triste.
– ¿A que te refieres?
– A que la única razón por la que ahora estas aquí conmigo es porque ella te dejo hace una semana.
– Pero... ¿que? – ¿Que su madre había dejado a su padre? no- ¿Pero como? – ni siquiera noto que lo último lo había dicho en voz alta.
– Simplemente dijo "te odio James, olvídate de mi" – dijo Camila, antes de levantar la mirada y mirarlo con orgullosos ojos azules. – Adiós, James.
Harry vio a Camila alejarse como si fuera un fantasma. Todo hubiera esperado menos esto, sintió como un helado miedo lo comenzaba a asfixiar, el miedo que combate con sigo mismo. Las posibilidades sobre su regreso a su tiempo habían pasado a segundo plano. ¿Que haba hecho su padre para que su madre lo dejara? Y principalmente ¿tendría el que hacer algo para arreglar el problema? ¿Era acaso esa la causa de que el estuviera ahí?
– Necesito hacer algo.
– Muy tarde, Camila ya se esta reconciliando con Diggory. – dijo Sirius, apareciendo de repente a su lado. Sin darse cuenta, sus pies lo había llevado a Harry hasta la mesa de Gryffindor de nuevo en el gran comedor.
– ¿Que paso conmigo y Evans? – Sirius se atraganto con el jugo, Remus desquebrajo la tostada que tenía en le mano y el tenedor con el cual iba a untarle puré de patatas cayo a la mesa. Más de una mirada se volvió hacia James/Harry, claramente interesados, y reprimiendo cualquier sonido por temor a perderse la conversación.
Después de recuperarse, Sirius fue el primero en hablar, Remus parecía contenerse para no comenzar a gritar. – Pues... resulta que Evans es...
– Aquí no, Sirius. Vamos James, ven con nosotros. – lo interrumpió Remus, inquietantemente serio.
°—°—°—°—°—°—°—°
