02
Su cabeza le martillaba. Era una ironía tener un dolor de cabeza en el momento en que su oficina estaba prácticamente vacía, libre de todo sonido. Desde el momento en que llegó no recordaba tener para sí un día como este. Siempre había bullicio, algunos cuantos aviones de papel revoloteando y personas yendo de un departamento a otro. Hoy era todo lo contrario.
Dejó la pluma a un lado. Masajeó su sien, haciendo pequeños círculos con ambos pulgares. Todavía le faltaba llenar otro pergamino. La prosa nunca fue su fuerte. Podía hacer resúmenes y remarcar los datos más importantes, pero no podía hacerlo de una manera más amplia y general… Era en estos momentos en los que necesitaba la presencia de Lorcan. Llevaba tratando con él seis meses y lo conocía de hacía años. Siendo Lorcan novio de Lucy Weasley y siendo él amigo de Albus y su hermano James, era más que obvio que alguna vez en su vida ambos hubiesen cruzado más de dos palabras. Ahora, que estuvieran trabajando juntos era otra cosa. Descubrió con el tiempo que Scamander tenía toda la fama de excéntrico que se rumoraba en Hogwarts. Siempre hablaba hasta por los codos con palabras grandes, poco usadas y hacía las analogías más extrañas, pero muy precisas en los momentos que más se necesitaban.
Hoy, le aseguraba Albus, lo único que quedaba eran las analogías extrañas. Y que también su manera conversadora era mucho mayor a la que tiene ahora. No obstante, Scorpius difería. Cuando Lorcan se lo proponía, podía hablar, y hablar y hablar.
No le vendría nada mal un poco de su ingenio en estos momentos.
El pergamino leía:
Si bien la poción Matalobos protege la consciencia del sujeto y hace que el lobo desaparezca de dicha consciencia durante la transformación, el objeto de la poción Antilobo no es igual. Similares en el sentido de aislamiento, pero con un resultado distinto. La poción Antilobo crea un escudo en el flujo sanguíneo: encapsula al gen licántropo y evita que se multiplique y que destruya a los glóbulos blancos. Una vez completada la primera fase del proceso de eliminación, el gen licántropo se va deteriorando poco a poco debido a la falta de alimentación, es decir, contacto con los nutrientes del flujo sanguíneo…
Lo demás era más que obvio. Había presentado este mismo papel a su jefe, que le indicó con cierto deje de dureza que todo lo relacionado con discursos e información para divulgar debía ser tratado con Rose Weasley, la representante del producto ante la Confederación Internacional de Magos. Haciendo caso, tuvo la intención de entregar el pergamino al término del primer ensayo. Consideró el escrito lo suficientemente decente, puesto que la Weasley no había interrumpido su lectura —podía verse en su cara la irritación y Scorpius imaginó, de nuevo, que se debía a que lo había hecho bien.
Suponer nunca era algo bueno.
Ni siquiera había terminado de salir la gente cuando ella ya le había agarrado su codo atrapado en su huesuda y callosa mano. Lo había llevado al pasillo al lado de la sala y había empezado su perorata.
—…puedes hacer tu ensayo y esperar que esté bien a la primera. ¿Qué nadie te dijo cómo tenías que hacer un pergamino para la Confederación? Scorpius, este es un trabajo en equipo y debemos hacer las cosas juntos. Sé que a ti te encanta toda la atención que estás recibiendo, y créeme, nadie te culpa, pero por favor no pongas en ridículo toda la operación. Tenemos suerte de que éste sea sólo un ensayo y no el gran evento.
Scorpius estaba tan estupefacto que no pudo articular palabra. Lo que sí recuerda haber hecho es una mueca de disgusto. ¿Cómo se atrevía a hablarle de esa manera? Puede que él no sea su superior, pero ella tampoco lo era. Si acaso, debían de considerarse una pareja profesional. Pudo haberle dicho muchas más cosas; empezar por ejemplo en la razón por la que se encuentra bajo el comando de Bones (una posición muy deseada en el Ministerio británico), o la razón por la que se encuentra trabajando junto a él. De todas maneras daba igual, porque era exactamente la misma. Él había logrado llegar hasta su posición mediante esfuerzo, dedicación y miles de horas de desvelo, mientras que ella solo mencionaba su apellido.
He ahí la razón de su jaqueca. Rose Weasley.
Podía agregar más cosas en su reporte. Él tenía el vocabulario, podía aprender a usarlo para llenar más el pergamino. Pero también tenía la oportunidad de sacar a Weasley de sus casillas una vez más y no podía desperdiciarla. Por otro lado, hacerlo no haría más que retrasar el avance que ya se tenía y no quedaba mucho tiempo.
Agregó lo demás en menos de cuatro oraciones, cortas y precisas que llevaron a la conclusión del objetivo de la poción. Ni siquiera pudo llenar el resto del pergamino y sonrió ante el resultado. Debía terminar la lista de beneficios y la lista de desventajas, así como un párrafo para apelar por la legalización. Todo eso tenía que verlo junto con ella, así que ya era tiempo de que se reunieran. Se estremeció al pensar en el mal rato que iba a pasar y luego la comisura de sus labios se alzó un poco al saber que no solo él iba a detestar la reunión.
Recogió todos los pergaminos importantes y algunos borradores que tenía ya hechos. Metió los menos importantes en sus bolsillos, mientras que los demás los sujetó bajo su brazo. Estaba bien, quería hacerla pasar un mal rato, pero también terminar de una vez el reporte. Mientras menos reuniones requisieran, mejor. Hacía apenas unos meses que les habían otorgado un lugar en la asamblea de la Confederación y el tiempo se aproximaba. Y si algo le otorgaba a la chica, era su responsabilidad con los deberes y seguramente su tarea ya debía estar terminada.
El piso en el que se encontraba su departamento era el último, por lo que la espera del ascensor era algo larga. Para su sorpresa, ésta vez llegó más rápido de lo usual. Saludó al trabajador de mantenimiento antes de entrar y oprimió el botón al piso cinco, no sin antes sujetarse del cordón de oro más cercano. Antes de llegar, se detuvo en el octavo piso. La gélida voz anunció El Atrio y las otras estructuras encontradas en ese piso al tiempo en que se abrían las rejas. Unos cuantos magos, cada uno con túnica de distinto color, entraron apresurados y uno de ellos oprimió el botón que los llevaría al tercer piso: Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas.
Scorpius arqueó la ceja ante la actitud que adoptaron al darse cuenta que no estaban solos en el ascensor. Pronto el murmullo dejó de escucharse e incómodos saludos fueron entregados. Scorpius sólo apretó sus labios y asintió su cabeza, devolviéndoles el saludo. No pudo reconocer ninguno de los presentes, pero por el color de sus túnicas supo que dos pertenecían al Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas y otros al de Seguridad Mágica.
Quería preguntar cuál era la razón por la cual actuaban tan tensos, tan ansiosos. El que estaba a su izquierda apretaba con gran fuerza su cordón de oro y uno en la parte de atrás tamborileaba sus dedos incesantemente en lo que Scorpius suponía que era su muslo, a juzgar por el sonido que hacía. Quería hacerlo, pero debía admitir que su popularidad y reconocimiento físico sólo se extendía a su departamento. Nadie sabía cuál era el rostro del mago que había creado la poción que muchos esperaban en los últimos años; muchos ya debatían si era bruja, y no mago, la persona detrás de la poción. Si se acercaba a la bruja a su lado y le preguntaba, seguramente lo mandaría a dar un paseo.
Lo único que podía hacer era esperar. O preguntarle a Weasley si sabía algo. Lo más seguro es que sí, varios de sus familiares trabajan en ambos departamentos.
Era una desgracia tener que salir del ascensor antes que los demás magos. Cuando se anunció el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, Scorpius musitó un cordial «con permiso» y uno de los magos le respondió con un ansioso «¡Éxito en la conferencia!». Muy desconcertado, no pudo hacer nada más que ver las rejas cerrarse mucho antes de que identificara al mago, pero todos allí lo observaron con terrible solemnidad que hizo revolver el poco contenido de su estómago. No hizo nada, no dijo nada. Sólo dio un pequeño movimiento de cabeza. Observó cómo el ascensor se iba hacia arriba y se quedó ahí por unos segundos.
Se dio cuenta que la cabeza ya no le punzaba tanto. Tal vez lo que le faltaba hacer era un poco de ejercicio.
—Pude haber preguntado qué sucedía —susurró bajo sus alientos, irritado y a la vez exaltado ante la idea de ser reconocido. No pensó en las razones por las cuales no le dijeron algo al respecto. Debía recordar que aparte de él, el mago de mantenimiento también estaba presente.
No era la primera vez que visitaba el Departamento. Ya estaba un poco familiarizado con su adoquinado de madera, muy similar al que tenían en su departamento. La Oficina de Ley Mágica Internacional era otro asunto, no sabía dónde se encontraba. Con todas las personas corriendo de un lado a otro iba a ser difícil conseguir a alguien que lo guiara hasta allá. Todos parecían tener algo que hacer. Un interno tenía en su mano una taza de café caliente y otras seis flotando a su alrededor mientras se hacía paso. Una funcionaria iba escupiendo sus palabras a una vuelapluma que escribía furiosamente en el pergamino. Los memos se encontraban volando más alto de lo usual debido a lo concurrido que estaba el lugar.
En realidad, su sección nunca se vio como éste. Por supuesto, siempre había un bullicio, algo impresionante para un departamento de tan solo sesenta trabajadores y cinco internos, pero no podía compararse con lo que tenía frente a él.
Y hablando de eso… unos cuantos metros más adelante estaba Bones discutiendo agitadamente con un mago.
Scorpius frunció el ceño tratando de reconocer al mago. Era su jefe. Ambos parecían estar en apuro; se movían con rapidez entre la multitud de personas. Estaban lejos de él, pero si daba algunos codazos y en vez de caminar daba zancadas, seguramente llegaría hasta ellos.
Por un momento olvidó a qué venía. Comenzó a dar sus primeros pasos. Esquivó a varios magos, tuvo que dar algunos codazos muy estratégicos para evitar que sus pergaminos se cayeran, pero no recibió ningún comentario (en un departamento como este los codazos eran usuales, se imaginaba). Vio a Bones y Thomas doblar a la derecha y se dio cuenta que se dirigían a uno de los ascensores. Tenía que llegar a ellos pronto. Pero antes de que llegara a dar la vuelta, alguien lo sujetó y jaló de la túnica. El movimiento fue brusco y lo hizo trastabillar un poco.
—¿Qué crees que estás haciendo? —le susurró Weasley, que en segundos lo encaró y agarró del cuello de la túnica. Le sorprendió la fuerza que tenía.
—¿Qué crees que estoy haciendo? Trato de hablar con mi jefe y…—empujó su mano con poca delicadeza y dobló su cuello en dirección al ascensor. Bones y Thomas no estaban a la vista—. ¡Muchas gracias, Weasley! Una vez más te has entrometido en lo que no debes. Tienes un talento muy especial, ¿lo sabías? —exasperado alzó las manos en signo de derrota. Ésta vez, los pergaminos se cayeron y maldijo al tiempo que los levantaba.
—No me vengas con estupideces. Sea cual sea la emergencia, nos vamos a enterar tarde o temprano. —Se encogió de hombros. Sacó su varita rápidamente y recogió los pergaminos restantes—. Lo más importante en este momento es terminar el pergamino y la lista. Confío en que ya tienes el reporte preparado, puesto que es algo que te concierne y afecta a miles de personas —lo observó con detenimiento y Scorpius pudo ver en su expresión facial la ironía con la que hablaba, a pesar de no expresarlo así en el tono de voz. La forma en que sus cejas se alzaban y sus labios se fruncían sólo lo hacían enojar más.
Soltó un bufido y puso los ojos en blanco.
—No me digas que no te interesa saber de qué están hablando. Eres familiar de Albus, así que al menos debes ser un poco curiosa. —Alzó su ceja y dio un paso al frente para intimidarla.
Weasley sólo lo observó estoica antes de dar la vuelta e indicarle con el dedo que lo siguiera. Tenía dos opciones: podía ignorarla completamente e ir a conseguir más información o seguirla y acabar con la tarea de una buena vez. La opción era obvia.
Weasley se movía a través de la turba como pez en el agua. Era como si conociera perfectamente los pasos que sus compañeros de trabajo daban; no era de sorprenderse si trabaja ahí diariamente. Pronto dejaron el bullicio atrás y se encontraron en la Oficina correspondiente. Había una misma cantidad de personas que en la parte central del Departamento, pero éstas trabajaban sorpresivamente en silencio. Escribían en pergaminos que luego transformaban en memos o escribían en cuadernos con cubierta de piel.
—Todos en ésta oficina están trabajando en algo relacionado con la Confederación. Mike —Señaló a un mago a la izquierda— está recibiendo mensajes que luego serán transmitidos a mi jefe de Oficina y, por supuesto, Bones. Lauren —Señaló al que estaba a su lado— está haciendo estrategias junto con cinco compañeros más y hace unos minutos yo me encontraba leyendo una lista de los representantes de cada país para esta Confederación y así preparar buenos argumentos. —Se detuvo frente a una puerta que leía «Sala de reuniones» en la parte superior. Abrió la puerta y entró. Scorpius la siguió y cerró la puerta a sus espaldas. Weasley se dio la vuelta con las manos en su cintura y un horrible ceño fruncido acompañó su rostro lleno de pecas—: Todos aquí estamos haciendo algo. Nos importa lo que has hecho y estamos emocionados por lo que hará dentro de unos años. Así que no entiendo cuál es tu desinterés en hacer que esto funcione. —Recargó su cuerpo en la larga mesa detrás de ella y cruzó sus brazos.
Scorpius soltó un gruñido apenas audible. Dejó todos los pergaminos al lado de la Weasley.
—No es desinterés. He estado trabajando, pero no sé hacer toda esa cosa que ustedes hacen en los pergaminos. Mi poción no es tan complicada de comprender. —Weasley alzó la ceja y Scorpius tuvo que admitir, de nuevo, que tenía razón—: Está bien, el procedimiento es complicado. ¡Pero los resultados no! Así que no entiendo por qué debo poner tanto rollo para completar un pergamino entero cuando ya tengo otro listo. Weasley, ya no estamos en Hogwarts. —La exasperación en su voz era obvia. Azotó su mano en la mesa, señalando el pergamino en cuestión y alzó la otra para rascarse detrás de la oreja, un acto reflexivo que hacía sólo en situaciones donde ya no sabía qué hacer.
Weasley dejó de cruzar los brazos, dio media vuelta y se puso a leer uno de los pergaminos. Pudo ver cómo sus hombros se relajaban un poco. La vio dar un suspiro. Se volvió y sus palabras lo sorprendieron un poco, pensó que lo antagonizaría un poco más antes de comenzar a trabajar:
—Tienes razón. Ni tú ni yo hemos hecho bien las cosas. Será mejor que comencemos y terminemos algo sólido. Bones ha estado insistiendo mucho, y he estado aplazando su revisión por dos días, así que será mejor que lo hagamos hoy. —Tomó asiento en la cabeza de la mesa y cogió uno de los pergaminos más cercanos. Scorpius hizo una mueca al ver que era el pergamino con las cuatro frases anticlimáticas.
—Creí que eras tú la que me revisaba a mí —apuntó confundido.
Sin despegar la vista del pergamino, le respondió:
—Sí, es cierto. Yo te superviso a ti, mientras que Bones me supervisa. Es la primera vez que voy representando un producto, en especial de gran importancia, así que debe asegurarse de que todo esté bien. —Continuó leyendo sin hacer ningún comentario más.
Olvidó que era más cortante de lo usual cuando interrumpían su lectura.
Para no desperdiciar más el tiempo, cogió una pluma del tintero más cercano y se sentó tres lugares lejos de ella. Tomó un pergamino en blanco, uno moderadamente arrugado, y comenzó a hacer la lista de los beneficios. Empezar por lo fácil en estos casos es lo recomendado.
Anotó el porcentaje aproximado del ascenso de la licantropía en Gran Bretaña e Irlanda en los últimos tres años, así como el porcentaje aproximado de descenso que habría si la poción era legalizada. Como tercer punto agregó algo acerca del Estatuto Internacional del Secreto Mágico y siguió anotando los porcentajes que harían la diferencia.
La voz de Weasley lo sobresaltó, haciendo que agarrara la pluma con más fuerza. Se volteó para mirarla como si tuviera tres cabezas. Weasley sólo lo observaba inadvertida.
—Me gustó mucho el inicio. El desarrollo tiene potencial. El final es un asco. Tú puedes hacer más que eso. Créeme, muchos aprecian lo directo y honesto, libre de embellecimiento, pero lo que nosotros buscamos en ese tipo de conferencias es el punto intermedio.
—No puede ser tan narrativo, pero tampoco puede ser tan científico —trató de afirmar, pero al finalizar la oración pareció más una pregunta.
Weasley asintió.
—Exacto. Si es impersonal, no preguntarán lo que nosotros queremos. Se aburrirán o no entenderán. Si es demasiado pasional, entonces comenzarán las preguntas que no queremos ni debemos responder. —Le lanzó una mirada tan profunda y llena de significado que por un segundo Scorpius pensó que ella sabía; algo que había mantenido en secreto por tantos años… pero no era posible.
Aún así, era mejor asegurarse. Recuperándose del leve ataque de pánico, se reclinó hacia atrás.
—¿Como qué tipo de preguntas? —cuestionó despreocupado, pero su corazón parecía latir en sus oídos y combatía el impulso de limpiar el sudor detrás de su cuello.
—Oh, tú sabes. —Weasley recargó su codo en la mesa y movió su mano, ahuyentado su pregunta. Su reacción no fue la esperada; tampoco hizo lo necesario para aliviar sus dudas.
—¿No crees… que sería mejor darme un ejemplo? Así puedo estar más prevenido, si llegara a pasar. —Se humedeció los labios y resistió la necesidad de llevar su mano detrás de su oreja.
Weasley frunció los labios nuevamente. Sus facciones se tranquilizaron antes de darle el ejemplo.
—¿Está seguro que todos los pacientes tomaron la poción dentro del periodo de probación aprobado por el Ministerio Británico de Magia? Por la gran pasión con la que ha presentado la poción, siento que es mi obligación preguntarle esto. Hay ocasiones en las que un fabricante está tan emocionado con su poción y en buscar el resultado deseado que olvida ciertas normas.
Scorpius sintió su pecho ser descomprimido. El aire volvió a sus pulmones. La chica hablaba de política y no de aquello. Soltó una risa e indignado preguntó:
—¿Quién rayos querría preguntar eso? Y si lo hacen, ¿importa mucho si lo probé fuera de tiempo? Cosa que no hice, Thomas me asesoró en todo el procedimiento —agregó al ver cómo su expresión se alarmaba con cada palabra que decía—. Lo que importa es que la poción funciona, ¿no?
Weasley realizó la mueca que hace cada que está incrédula. Sacudió su cabeza suavemente y lo observó como si fuera la mejor broma en todo el universo.
—Deberías leer un poco sobre ley mágica. En especial las que conciernen a los fabricantes que quieren hacer su poción legal. —Volvió a confeccionar otra mueca y tuvo el descaro de agarrar su cabeza en señal de derrota. Se tomó unos momentos para continuar—: No importa si la poción funciona o no, eso no es lo más importante. Aquí lo importante es hacer que todos, o la mayoría de los representantes, estén de acuerdo en hacer la poción legal. ¿Cómo se logra eso? Tienes que darles datos, beneficios y consecuencias que no causen daños colaterales imposibles de ser arreglados en un futuro inmediato. Para eso hay que seguir un protocolo; y si se enteran que en la realización de la poción te saltaste la más mínima etapa, o no completaste alguna o empezaste antes de tiempo, los representantes que no estén a favor de tu poción sacarán mil y un argumentos que, ¡en un segundo!, acabarán con el trabajo de todos. No sólo el tuyo.
—¿Quién no querría una poción que acaba con la licantropía?
—Italia es un buen ejemplo. Es en donde se rumora que los hombre lobo nacieron. Las islas de Sicilia están llenas de hombres lobo que están orgullosos de su condición y no lo toman como una maldición. —Con su mano le indicó que le pasara el pergamino que estaba escribiendo y le dio una rápida ojeada antes de continuar—: El hecho de que hayas presentado una —Creó con sus manos unas comillas imaginarias— "cura" es buen motivo para que Italia piense que tienes algo en contra de ella. —Al terminar, volvió al pergamino frente a ella. Asintió e hizo algunos modismos típicos que mostraban su inconformidad, pero Scorpius no estaba prestando atención.
—¿Por qué nadie me dijo que estoy a punto de crear una guerra entre Italia y nuestro país? —preguntó en un susurro.
De todas las cosas que pudo haberle dicho el día de hoy, tuvo que decirle lo más impactante. Si hubiera sabido esto, ¡ya hubiera acabado el maldito pergamino desde hace años y la lista también! ¿Qué otra cosa no sabía? ¿Qué otra cosa podía causar si cometía un error?
—Se supone que tú eres el experto en licántropos. Tú deberías saber ya lo que te acabo de decir.
—¡Soy experto en la condición, no en su cultura! ¿Quién rayos podía pensar que un fabricante que se pasa más de la mitad de su tiempo en su oficina sabría algo más allá de sus pociones? ¿En qué cabeza cabe que yo podía saber algo así? —Tomó un respiro. La pluma que todavía sostenía empezó a doblarse antes de que la soltara.
De un salto se puso de pie. Empezó a pasearse por la habitación. Esta vez sí permitió que su mano viajara hasta detrás de su oreja. El gesto no le ayudó mucho. La sala tampoco era muy grande. Comenzó a transpirar. Sentía cómo la ropa debajo de la túnica se le pegaba a la piel. Tenía mucho que digerir y era apenas la primera reunión que tenía con la Weasley. Se volvió hacia ella y le tranquilizó ver que ella también parecía consternada. No tanto como él, pero ya era algo.
Mordía su labio y tamborileaba sus dedos en la mesa. Al sentir su mirada, ella se la devolvió y alzó las cejas expectante a cualquier otra reacción. Scorpius volvió a sentarse, pero no estaba del todo calmado. Todo le había caído de golpe y por primera vez se dio cuenta de lo poco que sabía. ¿Qué más había dejado pasar? Él, que se jactaba de saber todo acerca de su trabajo… Había estado tan ensimismado en hacer que la poción funcionara que dejó pasar cosas que en ese momento no parecían tan determinantes.
—Es nuestro trabajo, de tu Departamento y el mío, saber todo acerca del público a quien le planeas vender tu producto. Es algo básico, creí que tú lo sabrías —le informó con tentativa suavidad.
No obstante, por muy suave que lo hubiese dicho, como el comentario venía de Weasley... ya era suficiente para ponerlo de mal humor.
—La poción es para los mordidos recientemente, no para aquellos que ya llevan años así. —Al ver que estaba a punto de abrir la boca y decir algo que lo pondría de peor humor, agregó rápidamente—: Pero estás en lo correcto. Fue error mío y ahora que lo sé lo corregiré. Gracias. Continuemos.
Agradeció a Merlín el silencio que se produjo después. Estiró su cuello para ver qué más agregaba y vio que continuaba la lista de beneficios y hacía algunos comentarios en el margen. Decidió empezar con la lista de desventajas.
Italia,anotó como primera desventaja y comenzó a elaborar. Dejó diez centímetros para el párrafo que agregaría una vez en casa, después de pasar a comprar los libros necesarios. Continuó con la segunda desventaja: la elaboración. No cualquiera sería capaz de recrear la poción Antilobo. Cualquier desvío podría desatar consecuencias letales para el fabricante mismo o la persona que la beba. Nombró entonces a algunos de ciertas compañías pocioneras que serían capaz de realizarla. No eran muchos, pero por suerte eran renombradas en la comunidad mágica internacional.
Las desventajas no eran muchas, aun así, tenían un gran peso. Si no se lograba transmitir en una manera positiva su poción, esas desventajas cobrarían caro. La sala se quedó en silencio a excepción del rasgueo constante de la pluma contra pergamino. El suyo era pausado mientras que el de la Weasley era rápido, sin siquiera un pequeño descanso. Scorpius no podía creer que hubiera algo más que anotar y se rehusaba a pensar que algo más pudiera ser agregado. Su subconsciente le decía cuán equivocado estaba.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero se encontraba aliviado de, al menos, tener un pergamino de cincuenta centímetros completo. Las desventajas se veían bien, por muy raro que sonara. Las había explicado de una manera despreocupada. Solo faltaba el sello de aprobación de Weasley. Carraspeó para llamar su atención, pero el sonido quedó opacado. Alguien tocaba a la puerta.
—Adelante —señaló Weasley y ambos tornaron su atención a la persona que los interrumpió.
—Rose, es hora del almuerzo —Scorpius hizo todo lo posible para no poner sus ojos en blanco. De todas las personas que pudieron haberlos interrumpido, tuvo que ser Cattermole. Verla la ponía de mal humor. No era su culpa, la chica tenía buena reputación en el Departamento de Aurores, era considerada una de los mejores, además ser considerada demasiado amable y entusiasta. No sabía cómo ambas habían entablado amistad y no lograba comprender cómo personas tan opuestas pudieran hacerlo en tan poco tiempo. Estaba también hastiado de los comentarios que Albus hacía de ella. No entendía si eran por celos, admiración o ambos. Conociendo al mago, lo más seguro era ambos, sí.
—¿Tan rápido se nos fue el tiempo?
—Fue una eternidad —apuntó Scorpius sólo para llevarle la contraria, aunque pensaba lo mismo.
—Terminaremos después del almuerzo. Nos vemos aquí dentro de una hora. —Sin darle un vistazo a los pergaminos frente a ella, o al suyo, se levantó y salió deprisa.
Scorpius no pudo evitar pensar en lo informal y poco profesional de su actitud. Luego pensó en que el futuro de su poción estaba en sus manos y soltó un sonido parecido a un gemido adolorido.
